Mensaje del Dr. Armando Hart Dávalos a la clausura del taller conmemorativo del aniversario 60 de la primera Dirección Nacional constituída por el movimiento 26 de Julio. 12/06/2015

clipart-bandera-cubana-8241-png

hart           Queridas compañeras y compañeros:

Cuando evoco la fecha fundacional de aquella primera Dirección Nacional del Movimiento de la Generación del Centenario —que ya había recibido el nombre de 26 de Julio en homenaje a los héroes y mártires de la gloriosa fecha del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes— recuerdo, como conté en mi libro Aldabonazo, que Fidel nos habló de la expedición y de la huelga general y de que había que constituir una dirección de apoyo a estos empeños; también nos explicó, que la dirección debía quedar integrada por los compañeros de diferentes tendencias que habían aceptado el plan.

Recuerdo, de la misma forma, que una noche, semanas antes de su partida hacia México, se produjo una reunión en una casa situada en la calle Factoría No. 62. Fue en esa reunión cuando, por primera vez, a través de un planteamiento de Fidel, conocí que la organización se denominaría Movimiento 26 de Julio.

Allí quedó constituida la Dirección del Movimiento en Cuba, presidida por Fidel e integrada por: Raúl Castro —no estuvo presente pues tuvo que salir para México—, Pedro Miret, Jesús Montané, Faustino Pérez, Haydée Santamaría, Melba Hernández, José Suárez Blanco, Pedro Aguilera, Luis Bonito, Antonio (Ñico) López y yo. Fidel señaló también que en Santiago contábamos con un compañero de grandes condiciones. Recuerdo que antes de que terminara la frase le dije: «Ése es Frank País»; efectivamente, un compañero de tan extraordinarias condiciones en Oriente no podía ser otro que Frank País García.

No puedo olvidar que el proceso de integración de la Dirección del Movimiento se caracterizó por la unidad. Nosotros proveníamos de otra organización y fuimos recibidos con amplio espíritu de colaboración. Desde el comienzo, Faustino y yo pudimos trabajar muy ligados a Pedro Miret, Ñico López, Jesús Montané, Haydée Santamaría, Melba Hernández y otros muchos compañeros.

También es muy significativo que se conozca que la Dirección del Movimiento, constituida en 1955, y los cuadros más importantes agrupados a su alrededor en el trabajo clandestino, provenían esencialmente de dos vertientes de la Ortodoxia: los que habían participado en el Moncada; bajo el liderazgo de Fidel o que habían estado bajo su influencia política en el seno del Partido del Pueblo Cubano, y los que procedíamos del MNR, que por entonces estaba prácticamente disuelto y cuya bandera principal había sido Rafael García Bárcena. Estas corrientes políticas tenían su origen en el amplio movimiento de masas que había generado en el país Eduardo Chibás. Todos los compañeros de la Dirección constituida entonces en Cuba permanecieron fieles a la Revolución.

Desde Oriente, María Antonia Figueroa, fungió como tesorera, en esa provincia, el centro de todo el Movimiento era Frank País, quien tenía, como se ha explicado, una extensísima red clandestina en casi toda la región. Junto a Frank laboraban Vilma Espín, Julio Camacho Aguilera, Léster Rodríguez, Taras Domitro, Pepito Tey, Tony Alomá, Otto Parellada, Arturo Duque de Estrada, Enzo Infante, Agustín Navarrete, Carlos Iglesias y decenas de cuadros. En esta provincia era donde más había avanzado la organización.

En La Habana teníamos los más importantes encuentros y puntos de contacto en la casa de Jovellar 107, en el tercer piso. Allí vivían Melba Hernández y sus padres, quienes trabajaban con todos nosotros de manera intensa y decidida. Esta casa se comunicaba por el fondo con el apartamento de Pedro Miret y su esposa.

La casa de Melba había sido visitada por Cayita Araújo y María Antonia Figueroa. Ellas se entrevistaron con Fidel y un grupo de nosotros; allí se habló de la historia de Cuba, de Martí, de Maceo, de los próceres, de las luchas por la independencia. Fue una hermosa jornada cargada de recuerdos patrióticos. Durante la misma Fidel esbozó el proyecto revolucionario que había concebido.

María Antonia Figueroa se refirió a ese encuentro en una entrevista que la revista Santiago publicó:

[… ] me reuní en la casa de Jovellar 107- casa de la compañera Melba Hernández con Fidel, Haydée Santamaría, Armando Hart, Jesús Montané y otros; es decir, los compañeros que formaban la incipiente dirección de lo que iba a ser, a partir de ese momento, el Movimiento Revolucionario 26 de Julio.

En esta reunión, que duró aproximadamente entre siete y diez horas, Fidel nos expuso los lineamientos del Movimiento. Nos leyó la carta de despedida al pueblo de Cuba, puesto que ya él estaba próximo a partir al exilio de México para preparar la insurrección armada. Nos informó también del viaje que pensaba hacer a los Estados Unidos siguiendo la misma ruta que en el siglo pasado siguió José Martí [… ].

Otro lugar muy frecuentado por aquellos días eran las oficinas del Partido del Pueblo Cubano, en Prado 109. Hasta aquel sitio íbamos Faustino, Ñico, Pedro, Haydée, Montané, Melba y otros compañeros. Organizábamos reuniones, hacíamos labor de captación para nuestra causa, y salíamos discutiendo nuestras ideas por el Malecón hasta llegar a Jovellar 107.

Igualmente, vienen a mi mente tres documentos de la época que, recogieron de manera clara e impecable, los propósitos del naciente movimiento, sus principios y objetivos. La impronta de Fidel se evidencia en cada uno de ellos y su lectura al cabo de seis décadas nos permite llegar a valiosas conclusiones y enseñanzas, confirmándonos la capacidad y habilidad política desplegada desde entonces por nuestro líder histórico, combinada sabiamente con la firmeza, la lealtad a las más entrañables ideas cubanas y una extraordinaria visión de futuro. En ese caso podemos decir que nunca a la inteligencia le faltó el valor, ni al valor le faltó la inteligencia.

El día 8 de agosto de 1955 se suscribió por Fidel, en nombre del Movimiento Revolucionario 26 de Julio, el documento conocido como Manifiesto número 1 del 26 del Julio al Pueblo de Cuba, encabezado por dos pensamientos, uno de José Martí y otro de Antonio Maceo, los que constituyeron así todo un símbolo. Merece la pena recordar aquí sus palabras iniciales:

“Bajo este nombre de combate, que evoca una fecha de rebeldía nacional, se organiza hoy y prepara su gran tarea de redención y de justicia el movimiento revolucionario cubano. Por acuerdo expreso de sus dirigentes se me confió la redacción de este primer manifiesto al país y los que en lo sucesivo verán la luz en forma clandestina.

Al cumplir esta misión que me impone el deber, no vacilo en asumir la responsabilidad que implica calzar con nuestra firma estas proclamas que serán una constante arenga al pueblo, un llamado sin ambages a la revolución y un ataque frontal a la camarilla de criminales que pisotea el honor de la nación y rige sus destinos a contrapelo de su historia y de la voluntad soberana del pueblo”.

Pocos meses más tarde, el día 10 de diciembre de 1955, vio la luz también desde México, el Manifiesto número 2, que hacía un resumen de la intensa actividad del Movimiento desde sus inicios, dictaba normas y exhortaba a la imprescindible recaudación de fondos para la lucha. Entre otras cosas decía: “no somos malversadores, si no somos ricos, ¿cómo vamos a obtener los recursos indispensables para la lucha, si no es pidiéndoselos al pueblo? ¿Y cómo vamos a pedirle al pueblo si no le hablamos al pueblo y le decimos para qué se quieren esos recursos?”

Luego en la edición de la revista Bohemia, del 1º de abril de 1956, bajo el título de “El Movimiento 26 de Julio” y con fecha 19 de marzo, aparece el que, a nuestro juicio, constituye el más esclarecedor de los documentos, correspondiente a la etapa anterior al desembarco del Granma, algunos de cuyos párrafos finales —leídos a estas alturas de la Revolución cubana— resultan conmovedores y nos permiten concluir que tanta lucha, tanto sacrificio, tantos heroísmos y tanta sangre derramada no han sido en vano. Estos dicen así:

“Ahora la lucha es del pueblo. Y para ayudar al pueblo en su lucha heroica por recuperar las libertades y derechos que le arrebataron, se organizó y fortaleció el Movimiento 26 de Julio. ¡Frente al 10 de marzo, el 26 de julio!”

[…] El Movimiento 26 de Julio es la organización revolucionaria de los humildes, por los humildes y para los humildes.

El Movimiento 26 de Julio es la esperanza de redención para la clase obrera cubana, a la que nada pueden ofrecerle las camarillas políticas; es la esperanza de tierra para los campesinos que viven como parias en la patria que liberaron sus abuelos; es la esperanza de regreso para los emigrados que tuvieron que marcharse de su tierra porque no podían trabajar ni vivir en ella; es la esperanza de pan para los hambrientos y de justicia para los olvidados.

El Movimiento 26 de Julio hace suya la causa de todos los que han caído en esta dura lucha desde el 10 de marzo de 1952 y proclama serenamente ante la nación, ante sus esposas, sus hijos, sus padres y sus hermanos que la revolución no transigirá jamás con sus victimarios.

El Movimiento 26 de Julio es la invitación calurosa a estrechar filas, extendida con los brazos abiertos, a todos los
revolucionarios de Cuba, sin mezquinas diferencias partidaristas y cualesquiera que hayan sido las diferencias anteriores.

El Movimiento 26 de Julio es el porvenir sano y justiciero de la patria, el honor empeñado ante el pueblo, la promesa que será cumplida”.

Compañeras y compañeros:

El pueblo cubano mantendrá el compromiso de seguir extrayendo lecciones de esta valiosa historia y seguirá siendo muy necesario que el pueblo norteamericano y el mundo conozcan las esencias más profundas de estos hechos para que como dijo el Apóstol cubano no olviden jamás que: “Un error en Cuba, es un error en América, es un error en la humanidad moderna”.

¡Gloria eterna a los héroes y mártires de la Patria! ¡Viva el Partido Comunista de Cuba! ¡Vivan Fidel y Raúl!

HASTA LA VICTORIA SIEMPRE

Junio de 2015

 

60 años después: Vivencias de los expedicionarios del yate Granma en diciembre de 1956

tribuna-logotipo           clipart-bandera-cubana-8241-png

yate-granma1-jpg-111111

(I)
Viernes, 02/12/2016 17:07 PM
Domingo 2 de diciembre de 1956: Han transcurrido siete azarosos días por un mar embravecido desde la salida de Tuxpan, México. Desembarcan Fidel y otros 81 expedicionarios del yate Granma por Los Cayuelos, a dos kilómetros de Las Coloradas, el lugar previsto. Comienza una odisea para esos hombres que venían a cumplir la promesa del Líder revolucionario: Seremos libres o seremos mártires.
Apenas queda combustible en los tanques para unos minutos de navegación. Fidel pregunta si ese que se vislumbra es territorio firme de Cuba. Ante una positiva respuesta del capitán, le dice: “Bueno, entonces ponme los motores a toda velocidad y enfila por ahí mismo hacia la costa hasta donde llegue”.
Más o menos a las 6:30 a.m., encalla la embarcación a unos sesenta metros de la orilla. Bajan de la nave con el agua a la cintura o el pecho. Les espera “la peor ciénaga que jamás haya visto u oído hablar de ella”, según escribió Raúl Castro ese día en su diario. Ahora la lucha es contra el mangle.
Lecho fangoso, movedizo, traicionero. Andan más de una hora y apenas han avanzado. Largo rato después, desfallecidos, con las manos heridas por las espinas y los filos de las hojas que desgarran los uniformes, acompañados por una nube de mosquitos y jejenes, llegan a tierra firme. Cada uno por un lugar distinto. Luis Crespo descubre a lo lejos una casa y hacia allí se dirigen.
“No tenga miedo, dice el jefe al dueño, yo soy Fidel Castro. Estos hombres y yo venimos a libertar a Cuba”. El campesino se ofrece a preparar algo de comer, pero se escuchan unos disparos a lo lejos y Fidel da la orden de reiniciar la marcha. Llegan a un montecito y permanecen ocultos para esperar al pequeño grupo de Juan Manuel Márquez, el segundo jefe de la expedición. Poco después vuelve a ordenar: “avanzar a toda costa, aun en caso de dispersión, hacia la Sierra Maestra”.
Alrededor del mediodía la vanguardia de la columna tropieza con otro campesino. Ofrece agua a cada uno en la medida que van pasando. Extenuados, hambrientos detienen la marcha, descansan Relata Raúl en su diario: “Avanzamos por una manigua de mucha hierba, pero de pocos árboles. Había que tirarse en el suelo cada rato. Ese día no habíamos probado bocado alguno de comida. Estuvimos dando varias vueltas completamente perdidos hasta que valiéndonos de las orientaciones del primer campesino pudimos orientarnos algo. Dormimos todos extenuados esa noche y sin comer. Faena inmensa la de ese 2 de diciembre.”
(Fuente Diario de la guerra. Diciembre de 1956…)
(II)
Sábado, 03/12/2016 10:52 AM
Lunes 3. Pienso que fue la bulimia la que despertó a los hombres del Granma, quienes agotados durmieron la noche y madrugada anterior a la intemperie. “Al levantarnos sentíamos como si la tierra se moviera; eran los efectos del barco, que aún nos duraban. Seguimos caminando en fila india. El avión Catalina de la Marina nos obligaba a escondernos a ratos”, describe así Raúl Castro en su diario.
Caminan por un bosque y seguidamente el diente de perro les rompe las botas. El andar se hace harto difícil. Llegan a la casa de Zoilo Pérez Vega. La familia sacrifica gallinas y hace caldo para los más débiles, cocina yuca y brinda panales de miel. Los recién llegados sacian la sed y llenan las cantimploras de agua, algunos de miel, recogen boniatos crudos y prosiguen la marcha hacia el sureste en busca de una trocha en el monte que divide las tierras de la BeattieSugarCompany de las de otros latifundios.
“Ya oscureciendo, apunta Raúl, y después de una agotadora jornada con varios intervalos de pequeños descansos por un trillo muy bien protegido por los árboles que los cubrían arriba, llegamos a un claro del bosque, donde tres campesinos están haciendo carbón. Pero resultó que cuando estos vieron a nuestra vanguardia, con el negrito Armando (Mestre), camuflajeado con yerbas en la cabeza y una ametralladora en la mano, se dieron a la fuga y hasta dejaron las hachas.” Crespo salió tras los carboneros y no regresó.
Pernoctan en el bosque, algunos preparan algo de comer con lo existente en el lugar. Continúa describiendo Raúl. ” Partimos con la tristeza de perder a un compañero más (…) Ya habíamos perdido a nueve compañeros por extravío, sin tener un solo combate. (…) distribuimos las guardias y a dormir. Se sentían unos cangrejos grandísimos caminar por las malezas que parecían tanques de guerra pequeñitos”.
(Fuente Diario de la guerra. Diciembre de 1956…)
(III)
Lunes, 05/12/2016 10:18 AM
Martes 4. La noche del día 3 para el 4 reinó la intranquilidad entre los expedicionarios. Saben que ya los guardias de la tiranía andan tras ellos; además, desconocen el destino de nueve compañeros. Al escuchar disparos piensan si no habrán caído en una emboscada. Al amanecer conocen por Crespo que el grupo de Juan Manuel Márquez está a salvo en la casa de un campesino. Este les dice que cerca hay una bodega y hasta allá varios encaminan los pasos y compran algunos alimentos. Los demás esperan la llegada de Juan Manuel. Inmensa la alegría al encontrarse. Alrededor de las 8:00 a.m.. Fidel ordena continuar la marcha.
Recoge el diario de Raúl: “Partimos en fila india todo el destacamento. Íbamos por un camino que después se convirtió en vereda. En poco tiempo tuvimos que ocultarnos más de 30 veces de los aviones.”
Arriban a la vivienda de dos campesinos. De nuevo hay comida: arroz, bacalao, yuca, papas y un pedazo de chivo comprado esa misma mañana. Calman el hambre y la sed, por el momento. Comienza a oscurecer y emprenden la marcha, siempre hacia el Este.
En una bodega al final del bosque adquieren galletas, chorizos y cigarros. Se internan en los cañaverales de la New Niquero Sugar Company. Poco después despiden a dos campesinos que les habían servido de guías, y un rato más tarde, para despistar, se desvían hacia un lugar que ya conocían. Reseña Raúl: “Consistía en ir por las guardarrayas a la izquierda y el lindero del bosque a la derecha, y desde ahora caminaríamos siempre de noche y dormiríamos de día. Cuando hubiéramos dejado atrás esa zona, doblaríamos hacia el noreste y cruzaríamos un llano de cañaverales como de 30 kilómetros. A Las doce de la noche nos acostamos: dormimos en el cañaveral”.
En las notas del diario del Che de ese día se lee: ”Empezamos la marcha con paso lento. (…) Salimos por la noche y caminamos hasta las 12:30. Hacemos un alto en un cañaveral tres horas. Se come mucha caña, se dejan rastros, caminamos hasta el amanecer.” Habían llegado a las cañas de Alegría de Pío.
(Fuente Diario de la guerra. Diciembre de 1956…)
(IV)
Lunes, 05/12/2016 13:23 PM
Miércoles 5. La traición delata la presencia de los expedicionarios por los alrededores de las cañas de Alegría de Pío. A las 4:30 p.m. se desata la debacle. Elocuentes palabras de Raúl de ese día en su diario:”Fuimos sorprendidos por el ejército, y como a esa hora, de nuestra tranquilidad nos sacó un disparo primero y después una descarga cerrada, degenerando en nutridos tiroteos que duró largo rato. Como las balas atravesaban el follaje de los arbolitos que nos protegían y muchas silbaban picaban y silbaban cerca de nosotros, la confusión y el correcorre eran tan grandes, que lo único que tuve tiempo fue de agarrar mi canana de balas y mi fusil, dejando abandonada, como todo el mundo, la pesada mochila”.
Diferente reacción la de los compañeros ante la inesperada situación. Una parte responde al fuego; otros buscan mayor resguardo. El enemigo conmina a rendirse. Ahí surge la histórica respuesta de Juan Almeida, jefe del pelotón del centro: “Aquí no se rinde nadie”. Continúa el combate. Raúl Suárez dispara frenéticamente. Es el primer herido. Un disparo le destroza la muñeca izquierda., se la venda Faustino Pérez. También recibe un balazo en el pecho José Ponce y Emilio Albentosa, en el cuello. Al Che le dan a sedal en el cuello cuando rescata una caja de balas de otro compañero, cae al suelo cubierto de sangre. Faustino se le acerca y cree que le han roto la arteria yugular.
Humberto Lamothe, Oscar Rodríguez e Israel Cabrera son las primeras bajas. Quizás dos murieron en acción y uno asesinado. Fidel ordena la retirada a quienes aún están combatiendo y sigue disparando. La idea no era enfrentar al enemigo, sino llegar a la Sierra Maestra. Trata de reagrupar la columna a fin de hacer una retirada organizada. Es grande la confusión entre los hombres, pierden contacto. La dispersión del contingente es total. Los soldados observan su repliegue y le siguen tirando, prenden fuego a las cañas mientras la aviación ametralla el lugar hasta hacerse de noche.
Setenta y nueve expedicionarios abandonan el campo de batalla con la tristeza del revés sufrido. Muchos quedan solos, algunos en pequeños grupos. Desconocen cuál ha sido el desenlace del fatídico encuentro y si Fidel ha salido ileso. Muchos reafirman la decisión de proseguir hacia la Sierra Maestra, compromiso contraído con el máximo líder. Emprenden el difícil y riesgoso camino de la supervivencia.
Con Fidel está y juntos siguen disparando Universo Sánchez, y después llega Juan Manuel Márquez. Ya todos se han ido. Avanzan a tramos hacia el Este, pero en uno de ellos no aparece Juan Manuel. Universo regresa dos veces a buscarlo, infructuosamente. Continúan. De pronto ven aparecer una figura y se disponen a tirarle. A través de la mirilla telescópica ven que es Faustino y lo llaman. Se internan en un bosque y pasan toda la noche en guardia. Escuchan los pasos de los guardias por la zona.
Raúl, Ciro Redondo, Efigenio Ameijeiras, René Rodríguez, Armando Rodríguez y César Gómez mantienen sus armas. Echan a andar entre las cañas. Una vez ven a Miguel Saavedra y otros compañeros detrás de ellos, después no los vieron más. Señala Raúl en su diario: “Al parecer, se detuvieron y tomaron otro rumbo., aún se sentían disparos de fuego a discreción y algunas ráfagas de ametralladoras. Tres aviones del Ejército volaban en esos instantes sobre nuestras cabezas en forma de círculo.
En breve tiempo atravesamos dos cañaverales, escondiéndonos varias veces en los plantones de caña al paso de los aviones que volaban bastante bajo y por fin logramos alcanzar el bosque, extenuados y con sed. Ya de noche, por un rato, siguieron sintiéndose los aviones y algo más tarde ruido de camiones. Decidimos dormir, cosa que fue imposible por el frío, las pesadillas que me daban relacionadas con el problema de la sorprendida que nos dieron, y porque era un terreno, el lugar que escogimos para dormir, de piedras dentadas y de mosquitos”. La preocupación por la suerte de Fidel y los demás compañeros es la causa esencial del insomnio.
Junto con Almeida han salido el Che, Ramiro Valdés, Reynaldo Benítez y Rafael Chao. En breves minutos, cruzando guardarrayas, penetran en la espesura. Sobre el diente de perro andan rumbo al Este. Hacia la meta trazada. Lo suponen. La noche, el extremo cansancio, el hambre, la sed, los tambalean y tienen que detenerse. El Che anota en su diario: “Nos internamos en la selva y caminamos oyendo el ruido de los cañaverales incendiados. Debimos hacer un alto pues no teníamos orientación ninguna”.
La noche de ese aciago día, alrededor de cincuenta jóvenes decididos a triunfar o vencer, la pasan no muy lejos unos de otros, sin saberlo. Lo tupido del bosque los oculta.
(Fuente Diario de la guerra. Diciembre de 1956…)
(V)
Wednesday, 07/12/2016 13:43 PM
Jueves 6. Faustino convence a Fidel de volver a los cañaverales, porque allí, y no en el monte donde están, encontrarán con que calmar la sed y el hambre. Ambos y Universo atraviesan campos de caña. Son descubiertos por la aviación. Corren. Sobre el lugar donde estaban, a cincuenta metros, cae la metralla enemiga. Siguen corriendo hasta un cayo de la planta gramínea y se cubren con paja. El sueño quiere vencer al conductor del destacamento, quien antes de cerrárseles los ojos por la falta de sueño, se coloca la punta del cañón del fusil debajo de la barbilla y el dedo en el primero de los gatillos. Asegura que vivo no lo capturarán. Duerme varias horas. Al hacerse de noche, emprenden la marcha hacia el Este. En un cañaveral más crecido, a un kilómetro, vuelven a acostarse, con hambre y sed, tapados otra vez con la paja de las cañas.
El grupo de Raúl desconoce que uno de los propósitos del ametrallamiento que escucha es sobre Fidel y sus dos acompañantes. Sus integrantes despertaron temprano y ese día él escribe varias veces, en una dice: “Detienen el pequeño bombardeo y yo sigo escribiendo y mientras esté con vida, que tal vez se acabe hoy o mañana, seguiré reportando en mi diario, en el instante, si no estoy corriendo, las cosas que vayan ocurriendo”. Más adelante anota: “Están ametrallando el bosque. ¡Bueno, esto es emocionante, peligroso y triste! En otra parte: “¡Confío en que la naturaleza nos proteja hasta que podamos salir de este cerco!”. La única comida de esa jornada será una papa cruda para los seis y no tienen agua. “Creo que esta noche tendremos que alejarnos de aquí de todas formas, ya que tenemos cuatro amenazas: los aviones, los soldados, el hambre y la sed, sin contar el cansancio y la falta de dormir. Los aviones vuelan hasta el oscurecer”.
En el inhóspito sitio –diente de perro- donde pernoctaron Almeida y quienes van con él es imposible seguir. Además, casi no les queda agua y el único alimento para seis: una lata de leche condensada que llevaba en un bolsillo Reynaldo Benítez, al sacarla estaba vacía. Sin darse cuenta la había colocado boca abajo y casi toda se había derramado. De día permanecen ocultos y caminan de noche.
Encuentran una cueva grande y allí se esconden. Para la posteridad, el Che dejó las siguientes líneas sobre ese día: “Oímos ruido de combate a poca distancia. Los aviones ametrallaban. Salimos a la noche orientándonos por la Luna y la Estrella Polar hasta que se perdieron y dormimos”. Ignoraban que el ruido de los ametrallamientos iba dirigido principalmente a Fidel.
(Fuente Diario de la guerra. Diciembre de 1956…
(VI)
Wednesday, 07/12/2016 13:46 PM
Viernes 7. Los soldados siguen dando vueltas alrededor del cañaveral donde están Fidel, Faustino Pérez y Universo Sánchez. Ellos inmóviles. Si se mueven el ruido y el agitar de las hojas de las cañas pueden delatarlos. El líder del Movimiento 26 de Julio piensa en sus compañeros. ¿Los habrán capturado, asesinado, cuántos habrán podido escapar…? Para llegar a la Sierra Maestra faltan por atravesar muchos kilómetros de campos llenos de peligro.
Sabe que el mayor trofeo para la dictadura de Fulgencio Batista es él. Está consciente de que el enemigo ha puesto todos sus recursos en la búsqueda de los expedicionarios, sobre todo en los lugares de acceso a la montaña. No obstante la adversidad, la idea de subir hasta esa ansiada meta está en su mente y lo hará aunque sean solo tres hombres y dos armas. Por ello arrostrará cualquier sacrificio. Por el momento, agotados, acalambrados, sedientos, hambrientos permanecerán bajo la paja. De esa manera, los contrarios creerán que serán fácil presa.
No muy lejos, Raúl y sus acompañantes esperan que acabe el acoso de la aviación y el cerco para proseguir el avance. Continúan dentro del bosque, que los protege, y relativamente cerca de los campos de caña, única vía de conseguir algo para ingerir y calmar el hambre y la sed. Han tomado las medidas necesarias para no ser sorprendidos por los guardias, que, al parecer, deben estar por la orilla de donde ellos se encuentran.
A las ocho de la mañana escribe: “De los aviones que esperábamos, que a estas horas ya estarían dando vueltas, nada. Estábamos acostumbrados a la bulla de los aviones y a sus ráfagas, que la tranquilidad de hoy nos mete miedo”
Muestra de su sentido del humor hasta en los peores momentos, anota: “Anoche un cangrejo me despertó, mientras me comía los pelos de la coronilla de mi cabeza. Si me los sigue comiendo hoy parecería un cura.” (…) Hoy como a las seis a.m., llegamos al cañaveral, tres nos cubrieron la retirada y en operación rápida los otros tres arrancaron algunas cañas; esa será nuestra comida de hoy.” Y más tarde: “Ya nos comimos nuestra ración de caña, bastante mala y escasa, pero es peligroso volver al cañaveral. (…) Hoy por la mañana sentí un ligero y pasajero mareo, debe ser debilidad, ya son muchos días sin comer.”
Almeida y su grupo prosiguieron andando sobre el diente de perro y otros obstáculos del monte. Al Che es a quien más afecta la sed, porque ha perdido mucha sangre por la herida en el cuello. Utiliza la bombita del nebulizador antiasmático para sacar algunas gotas de agua corrompida de los agujeritos de una piedra, que solo sirve a los compañeros para mojarse los labios. Pasan el día en blanco, mientras el estómago y su estado de extenuación se los recuerda. Apunta el argentino que después sería también cubano: “Nos internamos en la selva rumbo al Este. Tomando agua en los huecos de los arrecifes de coral (…) No comimos nada.”
(Fuente Diario de la guerra. Diciembre de 1956…)
Nota: Este día son asesinados once combatientes: Miguel Saavedra Pérez, en Alegría de Pío; René Bedia Morales y Eduardo P Reyes Canto, en Pozo Empalado; y. en Boca del Toro, por el sanguinario Julio Laurent, del Servicio de Inteligencia Naval, y fuerzas bajo su mando: Miguel Cabañas Perojo, Noelio Capote Figueroa, Cándido González Morales, Antonio –Ñico- López Fernández, René O Reiné García, Tomás D Royo Valdés, José R Smith Comas y Raúl Suárez Martínez. (Fuente: De Tuxpan a La Plata. Sección de Historia de la Dirección Política de las FAR).
(VII)
Viernes, 09/12/2016 16:00 PM
Sábado 8. Con la misma convicción de vencer o morir en el empeño de libertar a Cuba, Fidel y los dos compañeros que quedaron junto con él afrontan los rigores de la supervivencia. Ocultos en el mismo cañaveral, físicamente agotados por el cansancio, el hambre y la sed, no pierden la esperanza de llegar al destino propuesto: la Sierra Maestra. Esperan la oportunidad de emprender de nuevo la marcha.
Desconoce que un grupo de expedicionarios ha sido asesinado. Quienes están con Raúl realizan la misma operación del día anterior: buscar el único alimento posible: cañas. Oyen ladridos de perros y a gallos cantando. Piensan en que cerca debe de haber una casa y de ser verdad lograr alguna información; sin embargo no lo hacen, porque escuchan algunos disparos y ruido de camiones. Caminar por terreno tan agreste y con sueño acumulado, más la falta de comida los mantiene muy débiles.
Raúl: “El avión dio una vuelta ahora bastante cerca. Quisiera escribir ahora -11:15 a.m.- mil cosas que se me ocurren y sobretodo detallar lo más posible nuestra situación, pero temo que se me agote el poco papel que tengo y no pueda seguir fielmente este ¨Diario¨.(…)
“Hay dos aviones dando vueltas, pero sobre ninguna zona determinada, parece que tratan de localizar a alguien, lo que nos hace albergar la esperanza de que el grueso de nuestro destacamento, el ´Antonio Maceo¨, se haya salvado. (…) Hemos decidido firmemente esperar aquí pase lo que pase, hasta que se aclare la situación por esta zona.
Pasando hambre y sed. Solo comiendo caña.”Llegan Almeida y sus compañeros al borde de las terrazas superiores de la costa, a la altura de Punta Escalereta. Bajar es peligroso.
Buscan un lugar mejor para hacerlo. Rodillas y manos destrozadas por el filo de las piedras. Se acaba la luz del día y todavía no han llegado abajo. “Seguimos rumbo al Este -redacta el Che-. Al mediodía avistamos el mar bajo unos farallones de arrecifes muy grandes y con selva intrincada. Al anochecer hicimos alto sin poder llegar abajo”. Ignoran que José Smith y otros compañeros bajaron por ese lugar y fueron asesinados.
(Fuente Diario de la guerra. Diciembre de 1956…)
Nota: Este día asesinan a Luis Arcos Bergnes, José R. Martínez Álvarez y Armando Mestre Martínez, en Macagual; Félix J Elmuza Agaisse; Santiago Hirzel González y Andrés Luján Vázquez, en un lugar no precisado. (Fuente: De Tuxpan a La Plata. Sección de Historia de la Dirección Política de las FAR).
(VIII)
Sábado, 10/12/2016 14:09 PM
Domingo 9. Intenso el calor. Por la noche, frío y humedad. El Líder no aguanta más hablar en susurros y comienza a conversar de sus planes revolucionarios y el futuro. Ni el agotamiento, el hambre y la sed han menguado sus ideales de ver libre a la Patria y el compromiso de triunfar o morir en el empeño.
Para Raúl y los reunidos con él la jornada pasa igual que las anteriores. Prosigue el vuelo de dos aviones y no lejos se oyó un disparo. Escribe en su diario: “Hoy fue el cumpleaños de Ciro (Redondo), brindamos con caña. Nos acostamos temprano, aún no había oscurecido completamente.”
Al fin logran tocar la arena tras peligrosa y forzosa bajada desde el farallón, Almeida y sus compañeros. Caminan por la orilla del mar hacia el Este. En una playita formada por el batir de las olas y el tiempo, se meten y bañan. Continúan su andar. Comen pequeñas frutas de tunas que encuentran. Divisan un ranchito y él y el Che se aproximan. Almeida, con el fusil preparado por si son soldados.
Sorpresa. Ahí están Camilo Cienfuegos, Pancho González y Pablo Hurtado, quienes han seguido, paralelamente, el mismo camino. Preguntan por los demás, en particular por Fidel. Al reiniciar la marcha, son ocho hombres, todos armados.
Lunes 10. Perciben más tranquilidad en el movimiento de los soldados. El jefe del Movimiento 26 de Julio considera, al llegar la noche, seguir la marcha. Él y sus otros dos acompañantes atraviesan las guardarrayas tras asegurarse que no hay peligro. Andan cuatro kilómetros al Nordeste. Su hermano –Raúl- ha tomado la misma decisión: emprender el camino hacia la Sierra Maestra. En un bohío que divisan no lejos hay soldados. No se acercan. En su diario anota: “(…) a la 1:35 de la tarde partimos rumbo al Este, siempre por los bosques y esquivando los caminos, tratando siempre de encontrar algún bohío por el camino; comimos yuca y maíz crudos y la inevitable y salvadora caña. Oscureciendo nos internamos más en el bosque y nos acostamos”.
Sin haber clareado el día, salen bordeando la orilla del mar Almeida y el resto de los patriotas con él. Al subir el Sol solo han recorrido un kilómetro. Nadie ha desechado el propósito de llegar al sitio previsto por Fidel. Allí se reunirán días después. Solo el desgaste físico los hace llevar un paso lento.
Che narra lo acontecido en las horas transcurrida del día 10: “Al amanecer nos internamos en la selva a buscar agua, conseguimos muy poca. Los que habían comido cangrejo sufrieron mucha sed. De nuevo seguimos por la noche hasta llegar a una bahía que luego supimos se llamaba Boca del Toro. Oímos cantar gallos, esperamos el amanecer”.
Todos los de los tres grupos mencionados enfilan sus pasos, por diferentes caminos, hacia el mismo objetivo.
(Fuente Diario de la guerra. Diciembre de 1956…)
(IX)
Domingo, 11/12/2016 20:57 PM
Martes 11.Tras pasar la noche con las mismas incomodidades de los días anteriores, Fidel, Faustino Pérez y Universo Sánchez, atraviesan sigilosamente entre dos casas donde hay soldados. La Sierra les sirve de referencia en el avance. Arriban al Alto de Conveniencia. Bajando la pendiente viene el río Toro y después ya estarán en el inicio del ansiado objetivo. En la bajada ven como a cien metros otra casa, mas el jefe determina detenerse, aunque aún es de noche. Se turnan para observarla.
Por otra parte, la tropa junto a Raúl internada en el monte se pone en camino en la mañana. A los lejos ven el mar. Llegan cerca de una casa. Un campesino apiña leña. Escuchan el sonido de un radio y patas de caballo y ven un soldado que llevaba algo en la cintura. Oyen voces: “Vengan a comer los seis primeros (…) traigan los platos de campaña”, escribe Raúl. Evidentemente, allí había soldados.
Desconocían que era la vivienda del campesino Manolo Capitán*, que delató a varios compañeros el día 7.
Más adelante, relata: “A la una menos tres minutos nos encontramos frente al último cañaveral, detrás de él la airosa majestad de la Sierra Maestra, nuestra ansiada meta. En cinco minutos cruzamos en línea recta, la única vez que hicimos esto con un cañaveral. (…)
Después de atravesar la caña y una pequeña y estrecha faja de monte, nos encontramos con las primeras fajas o laderas de montañas cultivadas. Vienen a ser algo así como las estribaciones de la Sierra.”
Descansan. Siguen caminado hasta llegar al borde de una pendiente. Prosigue la narración de Raúl: “Después fuimos descendiendo al fondo de la ladera y vinimos a dar a un despeñadero que tenía como unos 700 metros, pero se podía bajar con cuidado (…). Fui el primero en bajar”.
Los combatientes que van con Almeida reciben una inyección de energía al contemplar en la lejanía la Sierra Maestra. Pasados unos minutos ven una casa. Camilo, Che y Benítez se aproximan y regresan a donde está Almeida. Han visto a un soldado. Desechan la idea de ir a pedir agua y comida. Era la de Manuel Fernández, conocido como Manolo Capitán. Ya le había parecido al Che demasiado buena y desde el principio estuvo en desacuerdo en acercarse, pues podía ser amigo de los guardias.
Es pleno día cuando se esconden en la hendidura de una roca. Desde allí contemplan la Boca del Toro y el cambio de la guardia de marinos en un guardacostas. Sienten como si estuvieran encerrados. Ni se mueven. Toman la escasa agua que les queda. Resulta para todos el día más difícil desde la llegada a Cuba.
Al caer la noche salen del escondite. Suben por una de las terrazas del farallón. Comen mazorcas de maíz tierno. El hambre disminuye un poco. Bajan al río. Es ya medianoche cuando están a su lado, se tiran al suelo y meten las cabezas en el agua, toman el añorado líquido hasta saciar la sed..Rebosan las cantimploras, cruzan y empiezan a escalar por el otro lado, por las faldas de la loma del Muerto. En un llano de la pendiente, en un montecito poco poblado, se hace de día.
*Fusilado por traidor en 1957.
(Fuente Diario de la guerra. Diciembre de 1956…)
(X)
Wednesday, 14/12/2016 10:07 AM
Miércoles 12. Tras horas de observación, como a las cuatro de la tarde Fidel pide a Faustino Pérez bajar hasta la vivienda y pedir comida para veinticinco personas. Una treta para despistar. Viven allí Daniel Hidalgo y su esposa, campesinos humildes que sufren los abusos de los dueños y los guardias.
No forman parte de la red creada por Celia para ayudarlos al tocar tierra cubana ni pertenecen al M-26-7. Bastó saber de quiénes se trataba para enseguida ofrecerles de cuanto tenían.
A Universo Sánchez les dan unas alpargatas y puede quitarse la yerba de entre las medias que usaba a modo de botas. Les informan lo escuchado acerca del desembarco y de los asesinatos por parte de los gendarmes de varios expedicionarios. La noticia los entristece. Ya de noche emprenden la marcha.
Un amigo de Daniel Hidalgo los guía por el río Toro, caminos y lomas hasta la de la Yerba.
Neno, hermano de Daniel Hidalgo, hace días da atención a Ernesto Fernández; cuando llega con los campesinos a llevarle el desayuno, encuentran a otros cinco: Raúl y sus compañeros. Regresan y a eso de las dos de la tarde les traen bastante almuerzo y agua. Arriban con él Baldomero Cedeño y Crescencio Amador. También les hablan de los asesinatos de otros combatientes. Lo que queda del día descansan.
“Por la noche decidimos dormir en un platanal que estaba a unos 30 metros más abajo, porque en las piedras no se podía dormir bien”, anota Raúl en su diario. “La noche estaba magnífica, sin frío y sin mosquitos. Vine a dormirme como a las doce. Parece que la digestión me molestaba, ya que hacía días el estómago no trabajaba. Lloviznó un poquito a las 11.”
Quienes van con Almeida, avanzan divididos a fin de no ser sorprendidos. Sobre sus cabezas ven volar a baja altura una avioneta, desde donde, por altoparlantes, escuchan que dicen algo. Seguro no han descartado que haya expedicionarios y los instan a rendirse. Eso significa que hay otros iguales que ellos, sin haber sido detectados.
Nada comen ese día. Prosiguen. En Las Guásimas oyen música de orquesta. Ramiro y Che se aproximan. Escuchan a alguien pedir un brindis por otros debido a su extraordinaria actuación en esos días.
Evidentemente son guardias que celebran haber dado alevosa muerte a patriotas a partir del 5. Ante la evidencia, siguen hacia el alto del lugar adonde están. Caminan muy lento, solo la voluntad les imprime alguna fuerza, pero su estado no le permitirá insistir en el empeño si no prueban alimentos.
Jueves 13. Al fin, Fidel y Raúl, cada uno por su lado, encuentran la red organizada por Celia Sánchez para recibir la expedición del Granma.
El Líder llega adonde viven los hermanos Tejeda, integrantes de esa red. Antes allí habían dado atención a Gino Donne y Rolando Moya (escaparon de la persecución). Rubén Tejeda y Eustiquio Naranjo conducen a Fidel hasta la vivienda de Enrique Verdecia. Este les ofrece comida, poco tiempo después continúan avanzando. Desde la noche anterior han recorrido más de diez kilómetros.
Monta guardia Universo en la entrada de un pequeño campamento en el monte. Ve acercase a un campesino con un cubo en una mano y mira a todas partes. El combatiente le da el alto, registra lo que lleva el recipiente. Es Adrián García, el padre de Guillermo, quien al saber de la presencia de los expedicionarios por la zona salió a llevarles comida. Reconoce a Fidel por las fotos que ha visto en Bohemia hace tiempo, aunque este le da por nombre Alejandro.
Al poco rato muchos vecinos conocen que él está vivo, y esa misma tarde se le presentan unos veinte jóvenes decididos a sumárseles. Accede a recibirlos una vez que estén reunidos y organizados todos los sobrevivientes. Fidel permanece en el mismo lugar, aunque su presencia ya es conocida. Se siente seguro y entre gente de confianza., además espera a un guía para cruzar la carretera de Pilón a Niquero. En este sitio el enemigo tiene tendido su cerco principal.
Raúl y los demás que están con él continúan recibiendo atención de los campesinos. Neno Hidalgo les comunica que circulan informaciones no verificadas de que quizás Fidel este vivo y que ha pasado por la zona. El jefe del grupo pide un práctico para comenzar el avance de nuevo. Escribe en su diario: “(…) Aquí pasamos un día muy contentos y llenos de esperanzas de encontrarnos en la Sierra con Fidel y nuevas aventuras.” Lo planificado no tiene éxito. Anota: “Lamentablemente ya no podemos irnos hoy. No encontraron al guía”.Esa noche los sorprende un aguacero y los empapa.
La pasan –dice-” tiritando de frío y calados hasta los huesos”. Con lo que tienen tapan las armas. Esta vez lo cangrejos le comieron la manga derecha de su camisa.
Les llegó la suerte a Almeida y sus compañeros. Han llegado de noche a una casa amiga, la de Alfredo González, adventista miembro de los campesinos organizados para ayudar a los expedicionarios. Comienza, se lee en las anotaciones del Che: “un festival ininterrumpido de comida”.
Las luces del alba los sorprenden y no pueden continuar camino. Vecinos cercanos, enterados de su presencia, van a verlos. Algunos les llevan más comida. Su aspecto de once días de tantas vicisitudes es deplorable. Una señora –Ofelia- se echa a llorar. “Denle una tacita de café, que ella se ha emocionado al vernos” sugiere el Che.
El argentino redacta en su diario: “Al caer la tarde (del día 12) emprendimos la marcha con rumbo norte y en dirección a un pueblo que luego supimos era Pilón. A la 1 de la mañana, contra mi consejo se fue a un bohío, nos recibieron muy bien y nos dieron de comer, la gente se enfermó de tanto comer. Pasamos el día encerrados. Vinieron a vernos muchos adventistas. (…) Nos enteramos de que hay 16 muertos, 8 de ellos en Boca del Toro, todos asesinados al rendirse. (…) Sabemos que se han entregado 5 compañeros y están vivos. (…) Sabemos que grupos de compañeros han pasado rumbo a las montañas”.
Al hacerse oscuro, ArgelioRosabal y el hijo de Ofelia, Ibrahim Sotomayor, les entregan ropa de campesinos. Les plantean que es mejor dejar las armas, escondidas, hasta tanto puedan recogerlas.
Almeida y Che mantienen sus pistolas ametralladoras. Pablo Hurtado está enfermo y hasta le es imposible pararse Se queda en casa de Alfredo, junto con las armas.
(Fuente Diario de la guerra. Diciembre de 1956…)
(XI)
Jueves, 15/12/2016 13:29 PM
Viernes 14. Guillermo García va al encuentro de Fidel. Le da detalles de todo lo preparado para recibir la expedición, de algunos de los asesinados, capturados o de aquellos que han establecido contacto con los campesinos colaboradores. El jefe revolucionario desea atravesar la carretera de Pilón de inmediato. Ante los argumentos de Guillermo determina esperar al día siguiente, cuando, le dice el recién llegado, el Ejército piensa levantar el cerco.
Luego, en unión de un hijo y un sobrino de Crescencio Pérez –Ignacio y Baurel- el grupo avanza hasta La Manteca. Intercambian opiniones mientras esperan el momento de cruzar la carretera.
Guillermo sale en busca de comida y de seguir localizando hombres del Granma. No obstante la eficiencia demostrada como colaborador y los pormenores dados por Guillermo, el recelo de guerrillero no lo abandona y enseguida suben a una lomita cercana. Desde allí le es posible estar a la mira de cuanto les rodea.
El guía esperado por Raúl no llega, determina continuar. Lo hacen sin Ernesto Fernández, enfermo y con los pies muy lastimados. Al pasar por Las Guásimas conocen de la existencia de guardias y, a campo traviesa, inician el ascenso de las primeras estribaciones de su deseada y esperada meta: la Sierra.
“Seguimos subiendo y bajando hasta las dos de la madrugada, en que completamente exhaustos de cansancio, nos acostamos al lado de un maizal, aprovechando yerba seca que había allí, para hacer un nicho más cómodo que los anteriores”, escribe en su diario, y finaliza: “Creo que nos será difícil localizar a F (Fidel) pero lo lograremos”.
Mientras Almeida, Che, Pancho González y Chao descansan y se alimentan en la casa de Argelio Rosabal, Alfredo González se va de lengua sobre lo sucedido en su casa, alguien lo escucha y avisa a los guardias. Poco después estos se presentan y se llevan detenido a Pablo Hurtado, y junto con él las armas escondidas. Rosabal conoce del hecho por la noche, le avisa a Guillermo, quien más tarde traslada a los compañeros hacia Palmarito, donde vive Carlos Mas. Che continúa anotando en su diario cuanta información van recibiendo y concluye: “De Fidel no hay noticias concretas”. Hasta que el líder no haya cruzado la carretera de Pilón, Guillermo no les dirá que está vivo y avanza hacia la Sierra.
Después de lo acontecido con Pablo Hurtado y por temor a que la guardia registre todas las viviendas, Freddy Sotomayor, hermano de Ibrahim, esconde a Camilo –estaba en su casa- en un pozo ciego, y a Ramírez y Benítez -quienes pernoctaban en la vivienda de Ofelia Arcís- debajo de unos bejucos de guaniquique.
Sábado 15. Día trágico. Capturan a Juan Manuel Márquez en Estacadero.
Desde Alegría de Pío había quedado solo. Sin orientación anda por cañaverales y montes con sed, hambre, fatiga. En San Ramón lo asesinan. El Ejército, creyéndose vencedor, quita el cerco.
A las ocho de la noche Fidel echa a andar, alegre al saber que Guillermo encontró al grupo de Almeida. Llegan a la carretera de Pilón y, con extrema cautela, la cruzan por una alcantarilla.
Avanzan 30 kilómetros, subiendo y bajando lomas, cruzando pequeños ríos, siembras… Alcanzan la cima de la loma de la Nigua. Hacen un alto. Fidel se queda dormido al instante. Es mucha la tensión y el agotamiento de los días transcurridos. Casi han llegado a su destino.
Oculto próximo a una casa en el área de Los Chorros, permanece el grupo de Raúl. Como solo caminan por la noche, al caer la tarde inician el avance. Según lo escrito en su diario, él y Ciro Redondo llegan a un bohío, donde el dueño le dice haber tenido escondidos a dos compañeros, pero era tanta la miseria que solo tenían para brindarles un poquito de frijoles negros que, seguramente, habían guardado para el almuerzo del otro día.
Julián Morales, el campesino que los ha atendido, los lleva hasta una tienda más adelante, donde les dan abundantes víveres. Raúl deja una carta de agradecimiento al dueño, Luis Cedeño, en la que expone la ayuda ofrecida por él para que le sea pagada cuando triunfe la Revolución. El hecho muestra su convicción en el triunfo. Vuelven a lo de Morales y hacen una gran comida. A las nueve de la noche emprenden de nuevo la marcha hacia el nordeste, después al norte, en busca de La Manteca, desde donde había marchado hacía unas horas Fidel para cruzar la carretera de Pilón.
Leemos en su diario: “Seguimos la ruta por trillos, y fue increíble lo que avanzamos en dos horas y media. Llegamos hasta seis kilómetros de Pilón, y ya cuando divisamos sus luces, desde la guardarraya de un cañaveral, nos desviamos hacia las montañas, por las que unas veces caminábamos por trillos y otras por el bosque, hasta que de nuevo encontrábamos otro caminito. La Luna llena de estos días seguía en toda su plenitud”.
En una cueva en el monte han escondido los campesinos a Camilo Cienfuegos, Ramiro Valdés y Reinaldo Benítez. Allí, a pocos kilómetros de la casa de Sotomayor, los siguen atendiendo. A Almeida y Che, quienes permanecen ocultos en la finca de Carlos Mas, les llega esa noche un recado de Guillermo García. Deben mantenerse en ese lugar, les dice, pues ya se ha establecido comunicación con Faustino Pérez.
El Che anota: “Hay indicios de que se va a dar con Alejandro (Fidel)”.A la vez, Almeida manda a decir a Camilo que lo encuentren en Palmarito. Su intención es reunir a todo su grupo y tratar de encontrarse con el resto de los hombres que se hallan a salvo también.
La misma noche del 15 los tres supervivientes salen de la cueva y encaminan sus pasos hacia la casa de Carlos Más.

(Fuente Diario de la guerra. Diciembre de 1956…)

(XII)
Viernes, 16/12/2016 09:29 AM
Domingo 16. Casi a las 7:00 a.m. Llegan Fidel y sus compañeros a la casa de Mongo Pérez. Uno de los prácticos va hacia donde este está y le informa del acontecimiento. Enseguida vuelve, conversan. El jefe insurrecto pide a Guillermo salir en busca de otros expedicionarios y recoger las armas que encuentren o estén guardadas. Entre unas palmas nuevas, en un pequeño campo de caña, cercano, fija el campamento. Descansan. Por primera vez le es posible dormir sin preocupaciones de ser sorprendidos.
El grupo de Raúl se instala en La Manteca después de haber andado la madrugada. Ingieren yuca cruda. Escuchan un tiro. Los ve un niño y cambian la posición. Anota en su diario: ”Tuvimos que bajar por tremendos farallones, y en forma de cadena íbamos pasándonos los rifles y nuestra pequeña jabita, que ya lo único que contenía era un poco de aceite, ajo, sal y un poquito de café, además del machete, algunas laticas vacías”.
Avanzan sin detenerse. Esconden un fusil sobrante. Raúl hace un croquis del sitio donde lo deja a fin de recuperarlo después a través de Guillermo. Agotadora marcha. Ante ellos la carretera de Pilón a cuatro kilómetros de la alcantarilla atravesada por Fidel.
“Salimos a un maizal, nos comimos dos o tres mazorcas crudas –escribe-, y al subir por una cañada, nos topamos con la carretera. Sale Armando a explorar y nos confundió, pues como este tramo era de mejor aspecto, pensó que el anterior era un camino y esta de ahora es la verdadera carretera. Y medio confundidos e incrédulos, volvimos a pasar. Subimos una hondonada pedregosa y debajo de unos arbolitos en un pequeño bosque nos acostamos como a las once de la noche. Aunque teníamos la ropa algo mojada, por lo extenuados que estábamos dormimos enseguida.”
Guillermo regresa para conducir a los siete bajo el mando de Almeida hasta la casa de Mongo Pérez y seguir buscando armas por distintos lugares. Al encontrarse Fidel en un punto protegido, seguro, les corrobora lo que ya pensaban. Anota Che: “Se confirma la presencia de Alejandro. La reunión será en las montañas”.
Lunes 17 El lugar previsto por Celia y demás organizadores de la red para el recibimiento del Granma, entre los campesinos de la zona, es Cinco Palmas, en la finca de Mongo Pérez. Ese engranaje posee varias ramificaciones, todas las cuales acaban en esa propiedad.Raúl y demás expedicionarios cruzan la carretera. Como a un kilómetro van a una casa donde son bien acogidos. El dueño, Santiago Guerra, les brinda comida y se ofrece para ayudarlos a seguir. Él les indica el camino hasta Purial de Vicana, pero eran tantos los que cruzaban, escribe Raúl, “que por fin nos perdimos: también para suerte nuestra”. Avanzada la madrugada han transitado por cuatro kilómetros más allá de donde habían planificado. No saben que llegaron a 1 300 metros de Fidel.
El paso de los hombres de Almeida es lento. Camilo y Ramiro van enfermos del estómago, por eso se quedan en la casa de Perucho Carrillo. Los restantes cinco prosiguen, porque piensan cruzar la carretera de Pilón. Al enterarse de la presencia de soldados por la zona, vuelven y pernoctan en medio de un sembrado de yuca, cerca de donde están sus dos compañeros.
Martes 18. Amanece. Reina la tranquilidad donde está Fidel con sus acompañantes. A eso de las diez de la mañana un muchacho le trae una cartera que le han dejado en la casa de Mongo. Dentro tiene la licencia de conducción mexicana de Raúl. ¡Qué alegría! “¿Dónde está mi hermano?”, pregunta. Y añade “¿Anda armado?” Faustino y Universo se aproximan contentos. Alguien plantea que debe tenerse cuidado no vaya a ser un ardid para coger desprevenido a Fidel.
Este busca una solución. Escribe en un papel al muchacho los apodos de Ernesto Guevara – Che- y el dominicano Mejías –Pichirilo-. Si te los dice bien, ese es Raúl. Así lo hace. Va hasta la vivienda de Hermes Cardero, donde está el grupo de Raúl, y regresa por la tarde contento con una respuesta positiva para el jefe guerrillero, que a partir de entonces es todo impaciencia. Mas, debe aguardarse a la noche para traer a los compañeros, que llegan a medianoche.
Bajo las palmas nuevas del cañaveral de Mongo Pérez – Cinco Palmas- se unen los hermanos en un fuerte abrazo y tiene lugar el histórico diálogo: “-¿Cuántos fusiles traes?, inquiere Fidel.” –Cinco”, responde Raúl.” –¡Y dos que tengo yo, siete! ¡Ahora sí ganamos la guerra!, dice Fidel”. Conversan, se cuentan todo lo que han pasado, inquieren por los demás expedicionarios y hablan sobre el futuro.
Todo el día 18 Almeida y los suyos esperan ocultos en el mismo lugar. Vecinos llegan a saludarlos y ofrecer ayuda. Él piensa seguir avanzando por la noche. Aparece Guillermo con indicaciones de que esperen. El eficientísimo campesino-colaborador se hace acompañar de Chao para ir a recoger unas armas que han aparecido.

(Fuente Diario de la guerra. Diciembre de 1956…)

(XIII)
Lunes, 19/12/2016 12:08 PM
El jueves 20, tras el encuentro de los grupos de Fidel y Raúl en Cinco Palmas, acuden a visitarlos vecinos confiables de la zona, pero desconocen que uno de ellos es el máximo jefe del M-26-7. Charlancon ánimo. Junto a Crescencio Pérez, a quien han mandado a buscar, viene Calixto Morales. Este permanece en el campamento. Fidel envía a Mongo Pérez a Manzanillo y Santiago de Cuba a informar de su llegada a ese lugar, a Celia, Frank y otros dirigente del Movimiento y levarles orientaciones.
En una de sus jocosidades, Raúl le dice a Severo Pérez que “cuando triunfe la Revolución le vamos a hacer un monumento a usted cargando esos tres cubos de comida”. (Se cumplió: en Cinco Palmas existe el
reconocimiento al campesino Severo, su hijo Omar y Crescencio Pérez). Almeida y sus compañeros comienzan a avanzar, de nuevo, en busca de la carretera de Pilón. Lo acompañan Carlos Más y otros dos colaboradores. La atraviesan y marchan hasta Las Cajas.
Fidel conversa con varios residentes en la zona comprometidos con el Movimiento. Raúl expresa: “Tienen una organización bastante buena y estamos perfeccionándola, sobre todo los enlaces y el espionaje.
Cualquier movimiento en todos estos alrededores nos es inmediatamente comunicado”. Esperan por Almeida. Temen que en el último tramo les suceda algún percance. Trasladan el campamento hacia un cafetal tras un campo de caña, donde están aún más resguardados, y además, se acercan a un arroyo, donde podrán darse un buen baño.Nada han ingerido de alimento en todo el día Almeida y sus compañeros.
A las 5 p.m. el jefe del grupo y Benítez salen a buscar comida. Al no aparecer el guía previsto desde Cinco Palmas, después de comer siguen andando con algunas indicaciones de un campesino. En
horas de la madrugada, toman el camino más corto de la loma de la Nigua y llegan al cafetal de Mongo Pérez en la madrugada del viernes 21, donde los esperan Fidel y los otros ocho expedicionarios.
Ahora suman 15 los sobrevivientes del Granma, más Rafael Chao, quien salió con Guillermo a continuar rescatando armas, y Calixto García y Carlos Bermúdez, que esperan la orden de Fidel para incorporarse. Hay otros en camino. Pero ese día solamente existen siete fusiles. El jefe guerrillero, aun cuando prevalece la alegría del encuentro, reprende a los seis nuevos integrantes por haber dejado las armas.
Escribe Raúl: “Los compañeros llegados hoy presentan el mismo aspecto de nosotros hace unos días, cansados y desnutridos. Nos mataron un lechoncito que comimos en fricasé. Ya se vislumbran más esperanzas. Somos 16 contando al H (Crescencio Pérez), aunque no todos están armados, ya que los últimos solo traían una pistola ametralladora. El Che; muy mejorado hasta ahora, tenía esta noche por falta de Medicina, un ataque de asma. Oímos disparos lejanos. Nuestro servicio de información investigó que dos soldados borrachos los dispararon al aire”. Che anota: “Pasamos el día en espera de armas que tienen que
llegar (…) Me da un ataque de asma y paso mal la noche”.
Sábado 22. Cambian otra vez el lugar del campamento. Reciben las armas localizadas por Guillermo y Chao. Este se queda. Apunta en su diario Raúl que llegan “varios campesinos con ocho armas más, envueltas en sacos y una pistola ametralladora, una ametralladora Thompson sin peine. Inmediatamente se limpiaron”. De vuelta Mongo Pérez. Da detalles a Fidel de lo conversado con Frank y Celia. Le entrega ropas, botas, medicinas, …, además de un poco de dinero mandado por ella.Los rodea el cariño de todos los locales de la zona en quienes Mongo ha confiado. “Es admirable cómo se desviven por atendernos y
cuidarnos estos campesinos de la Sierra, apunta Raúl. Toda la nobleza y la hidalguía cubana se encuentran aquí”. El domingo 23 hace siete días del arribo de Fidel, Universo y Faustino, pero el líder determina
seguir esperando por la incorporación de más expedicionarios, rescate de otras armas y el contacto directo con el M-26-7 en el llano.
En lo redactado por Raúl se lee: “Pasamos el día normal. Por la tarde se dio una falsa alarma de presencia próxima de soldados. La mayoría reaccionó bien. Algunos hubo rezagados. La maniobra, por la seriedad que se rodeó, quedó bien”. Al rato de transcurrido el ejercicio sorpresivo indicado por el jefe, arriban Enrique Escalona, Rafael Sierra y Eugenia Verdecia, enviados desde Manzanillo. Cien balas, tres fulminantes y nueve cartuchos de dinamita trajo la mujer debajo de su saya.
Ellos dan cuenta a Fidel de la actividad del Movimiento y él les imparte nuevas disposiciones. Hace hincapié en la urgencia de armas y parque para mayor desarrollo de los planes y el aumento de los combatientes. Se van por la noche. Los acompaña Faustino a quien él da instrucciones de ir para La Habana a reorganizar el M-25-7 y llevarles sus indicaciones a los jefes clandestinos. Se las da en Santiago a Frank, Armando Hart, Vilma Espín, Haydée Santamaría y María Antonia Figueroa.
(Fuente Diario de la guerra. Diciembre de 1956…)

Publicado en Tribuna de la Habana Por Argentina Jiménez

Después del desembarco. De Alegría de Pío a Cinco Palmas. Grupo de Fidel.

clipart-bandera-cubana-8241-png

Después del desembarco
De Alegría de Pío a Cinco Palmas.

Grupo de Fidel

5 DE DICIEMBRE

Desde el cañaveral, Fidel sigue impartiendo órdenes a los combatientes que se retiran. A su lado está Universo Sánchez. Los dos disparan con sus fusiles de mirilla. Llega junto a ellos Juan Manuel Márquez.

—Fidel —le dice a gritos entre el ruido ensordecedor de los disparos—, ya se fue todo el mundo. Hay que retirarse porque te van a coger vivo.

Comienzan a retirarse entre los surcos, en dirección general hacia el Este. Avanzan a saltos, de tramo en tramo; en una de estas etapas, Juan Manuel no llega. La caña es baja y rala. Resulta peligroso permanecer en ella. No obstante, Fidel ordena a Universo que vuelva atrás a buscar al compañero. Dos veces regresa el combatiente sobre sus pasos, pero Juan Manuel no aparece. En vista de ello, siguen adelante, atraviesan varios cañaverales y pronto llegan a la guardarraya que separa el último campo de caña de un pedazo de monte.

Deciden esperar la noche para cruzar, ya que suponen, con razón, que la zona está repleta de soldados. Los dos han conservado sus fusiles, Fidel con 100 balas y Universo con 40. Cuando ya está empezando a oscurecer, desde la posición que ocupan, ven acercarse una figura que de lejos parece un soldado.

—Tírale cuando esté bien cerca —dice Fidel a Universo. Este apunta su fusil de mira telescópica, pero cuando la figura se aproxima se da cuenta de que se trata de Faustino Pérez.

—¡Médico! ¡Médico! —lo llaman en voz baja.

Los tres combatientes cruzan la guardarraya en la oscuridad y se internan unas cuantas decenas de metros en el monte. Allí pasan la noche en vela.

6 DE DICIEMBRE

Al amanecer del día 6, Fidel y sus dos compañeros discuten qué hacer. Fidel confía en que todos aquellos que hayan logrado escapar y tengan la suerte de no ser capturados o caer en emboscadas, cumplirán su orden de marchar hacia la Sierra.

Prefiere permanecer en el monte y moverse dentro de él hacia el Este, en busca de la Sierra. Faustino argumenta que en la caña, y no en el monte, es donde podrán encontrar con qué calmar el hambre y la sed. Al fin, deciden salir de nuevo a los cañaverales.

Alrededor del mediodía son descubiertos por los aviones que han comenzado a sobrevolar desde el amanecer. Tratan de ocultarse en la manigua de un lote de caña en demolición. El avión ametralla a menos de cincuenta metros y se dan cuenta de que no pueden permanecer allí. Corren unos cuantos metros hasta el cayo de caña más cercano y se cubren con la paja. El avión vuelve a pasar y ametralla exactamente el lugar que acaban de dejar. Un pase, otro, otro. Después de cada uno, se llaman a gritos para comprobar si todos están vivos.

Aprovechan un momento de calma para cambiar de escondite, como medida de mayor seguridad. Ahora se hunden en la paja a unos cincuenta metros de distancia. A Fidel lo vence el cansancio, pero antes asegura la culata del fusil entre sus piernas dobladas, le quita el seguro al arma, oprime ligeramente con el dedo el primero de los dos gatillos —el que funge como suavizador para lograr una mayor precisión en el disparo— y apoya la punta del cañón debajo de la barbilla. En caso de sorpresa, el enemigo no podrá capturarlo vivo. Así duerme varias horas. Al caer la noche los hombres avanzan hacia el Este hasta un cañaveral crecido, y de nuevo se sumergen en la caña.

7 DE DICIEMBRE.

Los soldados siguen rondando el día 7 por la zona donde están ocultos Fidel, Faustino y Universo.

La aviación, en cambio, no muestra tanta actividad como el día anterior. Los tres combatientes pasan todo el día en una inmovilidad absoluta. Saben que mientras no delaten su presencia, es muy improbable que los guardias se decidan a registrar el interior de los cañaverales.

Fidel ignora cuántos expedicionarios pueden haber sido muertos o hechos prisioneros. Sabe, además, que la Sierra está lejos. Está consciente de que la persecución y la vigilancia estarán concentrados especialmente en él.

8 DE DICIEMBRE

El día 8 es terrible en la suerte de un cierto número de expedicionarios. Esa mañana, en la boca del río Toro, son asesinados Ñico López, José Smith, Cándido González, Miguel Cabañas y David Royo. Por la noche, en el mismo lugar y delatados por el mismo individuo que entregó al primer grupo en manos de los asesinos, son hechos prisioneros y ametrallados los expedicionarios Raúl Suárez, René Reiné y Noelio Capote.

En la mañana del propio día son sorprendidos en el potrero de Salazar, cerca del río Toro, Luis Arcos, Armando Mestre y José Ramón Martínez. A la caída del sol, en las cañas de Alegría de Pío, el Ejército captura a Andrés Luján, Jimmy Hirzel y Félix Elmuza. Estos seis prisioneros son llevados al puesto de mando del batey, y por la noche son sacados en una camioneta y muertos a tiros.

También esa noche René Bedia y Eduardo Reyes Canto caen acribillados a balazos en una emboscada tendida por los guardias en Pozo Empalado. Más al Norte, en Media Luna, es posible que haya sido esa noche cuando Miguel Saavedra es asesinado tras haber sido hecho prisionero el día anterior.

Fidel no conocerá el trágico destino de estos compañeros hasta pasados varios días. El 8 de diciembre su mundo sigue siendo el del cañaveral donde se oculta. En la caña, Fidel resiste y espera.

9 DE DICIEMBRE

Después de cuatro días, el jugo de los pocos tallos que los combatientes se atreven a arrancar, no atenúa el hambre. Por las noches, la sed se aplaca a medias con el rocío de las hojas. Enterrados en la paja, el calor los abrasa bajo el sol implacable del cañaveral. No pueden moverse, por temor a ser descubiertos en cualquier momento por la avioneta que no cesa su acecho. Apenas pueden hablar en susurros. Pero ese silencio forzoso es insoportable, y Fidel se pone a conversar quedamente sobre sus planes revolucionarios para el futuro de la revolución.

10 DE DICIEMBRE

La actividad del enemigo ha ido decreciendo. Fidel decide que ha llegado el momento de iniciar la marcha hacia la Sierra. Cuando cae la noche, los tres combatientes comienzan a avanzar. Lo hacen con toda precaución. Universo, que dejó sus botas en Alegría y se ha rellenado las medias con paja de caña, ocupa generalmente la vanguardia. Esa noche avanzan unos cuatro kilómetros en dirección general al nordeste.

11 DE DICIEMBRE

Fidel, Faustino y Universo pasan el día 11 ocultos de nuevo entre la caña.

Al oscurecer reinician el avance con las mismas precauciones de la noche pasada. La silueta de la Sierra que se perfila en la noche de luna les sirve de punto de referencia y acicate.

Alcanzan finalmente el alto de la Convenencia, donde el terreno se desguinda hacia el cauce del río Toro. Después de este río comienza propiamente la Sierra Maestra. Los combatientes comienzan a bajar y llegan a unos cien metros de una casa. Es noche todavía, pero Fidel decide esperar al día siguiente.

12 DE DICIEMBRE

Durante toda la madrugada y parte del día 12, bajo un intermitente aguacero, Fidel y sus dos compañeros se turnan en la observación de la casa. Están apostados en el monte, a menos de 200 metros, en la cima de una pequeña elevación.

A las 4:00 de la tarde no se ha observado nada que resulte sospechoso. La familia campesina se ha dedicado a sus ocupaciones normales. A esa hora Fidel ordena a Faustino que baje hasta la casa a buscar información, y le dice que pida comida para veinte o veinticinco hombres a fin de desorientar con relación al tamaño del grupo expedicionario.

El dueño de la casa se llama Daniel Hidalgo, y su esposa Cota Coello. Al conocer quiénes son los que han llegado, ofrecen lo poco que tienen. Esa tarde los combatientes sacian su hambre vieja con lechón y vianda, y toman agua por primera vez en siete días. Universo consigue un par de alpargatas en la casa, lo cual le permite botar los mazos de hierba que tiene metidos en las medias.

Fidel interroga a los campesinos. Estos le informan todo lo que han oído sobre el desembarco y los crímenes que han cometido los guardias con los expedicionarios. Le explican también los distintos caminos que pueden seguir para internarse en la Sierra.

La familia Hidalgo Coello no forma parte de la red campesina creada por Celia Sánchez para recibir el desembarco. Ni son militantes del Movimiento 26 de Julio, ni han participado jamás en actividades políticas. A muchos como ellos se debe también en gran parte el hecho de que una buena cantidad de expedicionarios hayan salvado sus vidas.

Esa misma noche los combatientes prosiguen la marcha. Un amigo del dueño de la casa los lleva hasta la loma de la Yerba.

13 DE DICIEMBRE

Después que el práctico los ha conducido hasta la loma de la Yerba, el grupo de Fidel baja hasta la casa donde viven los hermanos Rubén y Walterio Tejeda. Han hecho contacto finalmente con la red de recepción preparada en la zona por gestiones de Celia Sánchez, y en cuya organización han trabajado Guillermo García y Crescencio Pérez. Los hermanos Tejeda forman parte de esa red. Después de comer algo siguen camino y caen sobre el arroyo Limoncito, en la finca de Marcial Areviches, donde establecen campamento.

Poco después del mediodía, Universo está de posta en el acceso al pequeño campamento en el monte, cuando detecta a un campesino que se acerca al lugar. Es Adrián García, el padre de Guillermo, que se ha enterado por Eustiquio Naranjo que hay expedicionarios en la zona y les trae arroz con guanajo, pan, leche y café.

Aunque Fidel se ha presentado con el nombre de Alejandro, Adrián García no se ha dejado engañar. Por la conversación con Alejandro y su evidente autoridad, el campesino ha llegado a la conclusión de que se trata de un jefe. Recuerda, además, unas fotos de Fidel que ha visto publicadas en la revista Bohemia. A las pocas horas se ha corrido la voz entre los vecinos de que Fidel Castro está vivo y en la zona. No obstante, Fidel decide no moverse. El lugar es relativamente seguro y está en manos de personas de confianza.

14 DE DICIEMBRE

Guillermo García llega a la finca de Areviches a la 1:00 de la madrugada del día 14. Se produce el encuentro con Fidel en el campamento del pequeño grupo de combatientes. Allí es cuando Fidel conoce quiénes son algunos de los expedicionarios asesinados, cuántos han sido capturados, con cuáles han establecido contacto los colaboradores campesinos. Ese mismo día, Guillermo y otros dos campesinos acompañan a los tres expedicionarios hasta La Manteca. En el cañaveral de la finca de Pablo Pérez, deciden acampar en espera de la oportunidad de cruzar la carretera de Pilón.

15 DE DICIEMBRE

Faustino Pérez.

Hasta el día 15, las fuerzas de la tiranía han logrado capturar a 17 expedicionarios del “Granma”. Otros 21 han muerto, la inmensa mayoría asesinados a mansalva.

Ese mismo día ha sido muerto Juan Manuel Márquez, el segundo jefe de la expedición. En la dispersión de Alegría de Pío, Juan Manuel se queda solo. El día 15 es capturado en Estacadero y asesinado cerca de San Ramón.

A esta altura de los acontecimientos, los mandos militares del tirano levantan finalmente la línea de cerco más importante que han establecido con el fin de encerrar a los combatientes del “Granma” en un territorio estrecho y difícil, de espaldas al mar.

A las 8:00 de la noche Fidel ordena iniciar la marcha. En poco más de dos horas de camino a campo traviesa, cubren la distancia de La Manteca a la carretera. Cruzan la vía con gran cautela, por una alcantarilla.

Siguen caminando sin descanso durante toda la noche. Más de treinta kilómetros cuesta arriba y cuesta abajo, hasta la cima de la loma de la Nigua. Aquí hacen un alto. Es tanto el agotamiento y la tensión de los últimos días, que Fidel se sienta en el suelo y al instante se queda dormido. Han llegado casi a su destino.

16 DE DICIEMBRE

Comienza a clarear el día cuando el grupo desciende por una falda de la loma. Atraviesan los cafetales, y salen al fondo de la casa de Mongo Pérez. Son cerca de las 7:00 de la mañana.

A los pocos minutos aparece el dueño de la finca y, después de un cambio de impresiones con él, Fidel establece su campamento entre unas palmas jóvenes, en el centro de un pequeño campo de caña. El resto de ese día y esa noche, los combatientes reponen sus gastadas energías.

17 DE DICIEMBRE

La finca “El Salvador”, de Mongo Pérez, ubicada en Cinco Palmas, era el punto seleccionado de antemano por los organizadores de la red de recepción del desembarco, para agrupar y organizar a los expedicionarios antes de su partida hacia las zonas más intrincadas de la Sierra.

Desde hace meses, todos los grupos conspirativos del Movimiento 26 de Julio en la costa de Manzanillo a Pilón, han trabajado en función del desembarco. Celia Sánchez es la figura clave del Movimiento en la región y ha logrado incorporar a la organización a un buen número de campesinos y obreros, y a un grupo de estudiantes.

Celia, sobre todo, ha organizado una completa red de recepción entre los campesinos de la zona, cuyos centros principales son Guillermo García, en El Plátano, y Crescencio Pérez, en Ojo de Agua de Jerez.

18 DE DICIEMBRE

Universo Sánchez junto a Fidel.

La mañana del 18 comienza tranquila para Fidel, Faustino y Universo. Alrededor de las 10:00 de la mañana se acerca al lugar Primitivo Pérez, un muchacho que vive y trabaja en la finca. Trae una cartera de piel que le han entregado en la casa de Mongo para que la lleve a Fidel. Dentro está la licencia de conducción mexicana de Raúl.

—¡Mi hermano! —dice Fidel con alegría cuando ve el documento—. ¿Dónde está? y luego inquiere de inmediato, sin esperar la respuesta a la pregunta, anterior:

—¿Anda armado?

Primitivo le explica que esa mañana Hermes Cardero, un vecino, ha traído la cartera para entregársela a Mongo.

Hermes dice que se la dio un hombre que llegó esa madrugada a su casa, y que se identificó como Raúl Castro.

Faustino y Universo se acercan, contentos. Alguien observa que es preciso tener cuidado, pues puede ser una estratagema del enemigo para sorprender a Fidel. Este medita un momento, y da con una solución.

—Mira —le dice a Primitivo—, yo te voy a dar los nombres de los extranjeros que vinieron con nosotros. Hay uno argentino que se llama Ernesto Guevara, y le dicen Che; otro, dominicano, que se llama Mejía y le dicen Pichirilo… Y escribe los nombres y apodos en un pedazo de papel.

—Tú te aprendes estos nombres, y regresas, y le preguntas a él que te los diga, con los apodos. Si te los dice todos bien, ése es Raúl.

Primitivo parte ligero hacia la casa de Hermes. Poco después del mediodía regresa, con la noticia de que el interrogado ha pasado la prueba. No cabe duda de que es Raúl, y viene con otros cuatro, todos armados.

Al fin, a la medianoche, sienten acercarse a unos hombres. Bajo las palmas nuevas del cañaveral de Mongo Pérez los dos hermanos se estrechan en un emocionado abrazo, y se produce un diálogo histórico.

—¿Cuántos fusiles traes? —pregunta Fidel a Raúl.

—Cinco.

—¡Y dos que tengo yo, siete! ¡Ahora sí ganamos la guerra!

19 DE DICIEMBRE

Al amanecer del día 19 llega Crescencio Pérez. Posiblemente haya sido ese mismo día, cuando Mongo parte hacia Manzanillo y Santiago de Cuba, enviado por Fidel para comunicar su llegada a Cinco Palmas a Celia, Frank y demás dirigentes clandestinos del Movimiento en esas ciudades, y trasmitirles las orientaciones necesarias.

La felicidad del reencuentro de los revolucionarios se refleja en el testimonio de Raúl:

El día de ayer, las peripecias, coincidencias y de-talles, obras todas del destino, que nos trajeron a unirnos a estos compañeros, necesito un capítulo aparte que será redactado en el futuro.

Como todos los días, aparece Severo Pérez, cuñado de Mongo, trayendo el desayuno, el almuerzo y la comida. En una de estas ocasiones, el campesino carga tres cubos repletos de arroz, viandas y carne.

—Cuando triunfe la Revolución —le dice Raúl entre risas—, le vamos a hacer un monumento a usted cargando esos tres cubos de comida.

Al final de las notas correspondientes a este día Raúl escribe:

Ese día lo pasé bastante mal por la maleza de estómago y un dolorcito interior en el costado izquierdo bastante molesto. Apenas comí por la noche; primer día sin apetito.

20 DE DICIEMBRE

El día 20 acuden a entrevistarse con Fidel diversos campesinos de la zona comprometidos con el Movimiento, encuentro que Raúl comenta con las siguientes palabras:

Tienen una organización bastante buena y estamos perfeccionándola, sobre todo los enlaces y el espionaje. Cualquier movimiento en todos estos alrededores nos es inmediatamente comunicado.

Todo el día los nueve combatientes se mantienen en espera de la llegada del grupo de Almeida. Por la noche Fidel decide mudar el campamento para el cafetal que está detrás del campo de caña. Raúl concluye sus anotaciones de ese día con las palabras:

Después de hacer todas las comidas, además de caña, cuando lo deseáramos, partimos para un cafetalito cercano que a dos metros no se veía nada. Por la noche nos llevaron una cena de queso, galleticas, leche condensada y maltina.

21 DE DICIEMBRE

En la madrugada del día 21 se produce el tan esperado encuentro de los combatientes del grupo de Almeida con Fidel y los demás expedicionarios. Ya son quince los sobrevivientes del “Granma” que se han reunido para continuar la lucha: Fidel, Raúl, Almeida, Che, Camilo, Ramiro, Ciro Redondo, Faustino Pérez, Efigenio Ameijeiras, René Rodríguez, Universo Sánchez, Calixto Morales, Pancho González, Reynaldo Benítez y Armando Rodríguez. Rafael Chao, del grupo original de Almeida, anda con Guillermo localizando armas, y otros dos —Calixto García y Carlos Bermúdez— están en Manacal esperando la orden de Fidel para incorporarse. Hay más expedicionarios en camino, que se unirán varios días después.

Pero solo hay siete fusiles. En medio de la alegría del encuentro, Fidel tiene palabras muy duras al enterarse de que los seis nuevos hombres han perdido sus armas.

—-No han pagado la falta que han cometido —expresa Fidel—, porque el dejar los fusiles en estas circunstancias se paga con la vida; la única esperanza de sobrevivir que tenían en caso de que el Ejército topara con ustedes eran sus armas. Dejarlas fue un crimen y una estupidez.

Publicado en el periódico Granma en ocasión del 50 Aniversario del Desembarco del yate “Granma”.

Alegría de Pío (Pasajes de la guerra revolucionaria) por Ernesto “Che” Guevara

clipart-bandera-cubana-8241-png

images   Ernesto “Che” Guevara

Alegría de Pío es un lugar de la provincia de Oriente, municipio de Niquero, cerca de Cabo Cruz, donde fuimos sorprendidos el día 5 de diciembre de 1956 por las tropas de la dictadura.

Veníamos extenuados después de una caminata no tan larga como penosa. Habíamos desembarcado el 2 de diciembre en el lugar conocido por playa de Las Coloradas, perdiendo casi todo nuestro equipo y caminando durante interminables horas por ciénagas de agua de mar, con botas nuevas; esto había provocado ulceraciones en los pies de casi toda la tropa. Pero no era nuestro único enemigo el calzado o las afecciones fúngicas. Habíamos llegado a Cuba después de siete días de marcha a través del Golfo de México y el Mar Caribe, sin alimentos, con el barco en malas condiciones, casi todo el mundo mareado por falta de costumbre de navegación, después de salir el 25 de noviembre del puerto de Tuxpan, un día de norte, en que la navegación estaba prohibida. Todo esto había dejado sus huellas en la tropa integrada por bisoños que nunca habían entrado en combate.

Ya no quedaba de nuestros equipos de guerra nada más que el fusil, la canana y algunas balas mojadas. Nuestro arsenal médico había desaparecido,  nuestras mochilas se habían quedado en los pantanos, en su gran mayoría. Caminamos de noche, el día anterior, por las guardarrayas de las cañas del Central Niquero, que pertenecía a Julio Lobo en aquella época. Debido a nuestra inexperiencia, saciábamos nuestra hambre y nuestra sed comiendo cañas a la orilla del camino y dejando allí el bagazo; pero además de eso, no necesitaron los guardias el auxilio de pesquisas indirectas, pues nuestro guía, según nos enteramos años después, fue el autor principal de la traición, llevándolos hasta nosotros. Al guía se le había dejado en libertad la noche anterior, cometiendo un error que repetiríamos algunas veces durante la lucha, hasta aprender que los elementos de la población civil cuyos antecedentes se desconocen deben ser vigilados siempre que se esté en zonas de peligro. Nunca debimos permitirle irse a nuestro falso guía.

En la madrugada del día 5, eran pocos los que podían dar un paso más; la gente desmayada, caminaba pequeñas distancias para pedir descansos prolongados. Debido a ello, se ordenó un alto a la orilla de un cañaveral, en un bosquecito ralo, relativamente cercano al monte firme. La mayoría de nosotros durmió aquella mañana.

Señales desacostumbradas empezaron a ocurrir a medio día, cuando los aviones Biber y otros tipos de avionetas del ejército y de particulares empezaron a rondar por las cercanías. Algunos de nuestro grupo, tranquilamente, cortaban cañas mientras pasaban los aviones sin pensar en lo visibles que eran dadas la baja altura y poca velocidad a que volaban los aparatos enemigos. Mi tarea en aquella época, como médico de la tropa, era curar las llagas de los pies heridos. Creo recordar mi última cura en aquel día. Se llamaba aquel compañero Humberto Lamotte y ésa era su última jornada. Está en mi memoria la figura cansada y angustiada llevando en la mano los zapatos que no podía ponerse mientras se dirigía del botiquín de campaña hasta su puesto.

El compañero Montané y yo estábamos recostados contra un tronco, hablando de nuestros respectivos hijos; comíamos la magra ración -medio chorizo y dos galletas- cuando sonó un disparo; una diferencia de segundos solamente y un huracán de balas -o al menos eso pareció a nuestro angustiado espíritu durante aquella prueba de fuego- se cernía sobre el grupo de 82 hombres. Mi fusil no era de los mejores, deliberadamente lo había pedido así porque mis condiciones físicas eran deplorables después de un largo ataque de asma soportado durante toda la travesía marítima y no quería que fuera a perder un arma buena en mis manos. No sé en qué momento ni cómo sucedieron las cosas; los recuerdos ya son borrosos. Me acuerdo que, en medio del tiroteo, Almeida -en ese entonces capitán- vino  a mi lado para preguntar las órdenes que había, pero ya no había nadie allí para darlas. Según me enteré después, Fidel trató en vano de agrupar a la gente en el cañaveral cercano, al  que había que llegar cruzando la guardarraya solamente. La sorpresa había sido demasiado grande, las balas demasiado nutridas. Almeida volvió a hacerse cargo de su grupo, en ese momento un compañero dejó una caja de balas casi a mis pies, se lo indiqué y el hombre me contestó con cara que recuerdo perfectamente, por la angustia que reflejaba, algo así como “no es hora para cajas de balas”, e inmediatamente siguió el camino del cañaveral (después murió asesinado por uno de los esbirros de Batista). Quizás ésa fue la primera vez que tuve planteado prácticamente ante mí el dilema de mi dedicación a la medicina o a mi deber de soldado revolucionario. Tenía delante una mochila llena de medicamentos y una caja de balas, las dos eran mucho peso para transportarlas juntas; tomé la caja de balas, dejando la mochila para cruzar el claro que me separaba de las cañas. Recuerdo perfectamente a Faustino Pérez, de rodillas en la guardarraya, disparando su pistola ametralladora. Cerca de mí un compañero llamado Arbentosa, caminaba hacia el cañaveral. Una ráfaga que no se distinguió de las demás, nos alcanzó a los dos. Sentí un fuerte golpe en el pecho y una herida en el cuello; me di a mi mismo por muerto. Arbentosa, vomitando sangre por la nariz, la boca y la enorme herida de la bala cuarenta y cinco, gritó algo así como “me mataron” y empezó a disparar alocadamente pues no se veía a nadie en aquel momento. Le dije a Faustino, desde el suelo, “me fastidiaron” (pero más fuerte la palabra), Faustino me echó una mirada en medio de su tarea y me dijo que no era nada, pero en sus ojos se leía la condena que significaba mi herida.

Quede tendido; disparé un tiro hacia el monte siguiendo el mismo oscuro impulso del herido. Inmediatamente, me puse a pensar en la mejor manera de morir en ese minuto en que parecía todo perdido. Recordé un viejo cuento de Jack London, donde el protagonista, apoyado en un tronco de árbol se dispone a acabar con dignidad su vida, al saberse condenado a muerte por congelación, en las zonas heladas de Alaska. Es la única imagen que recuerdo. Alguien, de rodillas, gritaba que había que rendirse y se oyó atrás una voz, que después supe pertenecía a Camilo Cienfuegos, gritando: “Aquí no se rinde nadie…” y una palabrota después. Ponce se acercó agitado, con la respiración anhelante, mostrando un balazo que aparentemente le atravesaba el pulmón. Me dijo que estaba herido y le manifesté, con toda indiferencia, que yo también. Siguió Ponce arrastrándose hacia el cañaveral, así como otros compañeros ilesos. Por un momento quedé solo, tendido allí esperando la muerte. AImeida llegó hasta mí y me dio ánimos para seguir; a pesar de los dolores, lo hice y entramos en el cañaveral. Allí vi al gran compañero Raúl Suárez, con su dedo pulgar destrozado por una baja y Faustino Pérez vendándoselo junto a un tronco; después todo se confundía en medio de las avionetas que pasaban bajo, tirando algunos disparos de ametralladora, sembrando más confusión en medio de escenas a veces dantescas y a veces grotescas, como la de un corpulento combatiente que quería esconderse tras de una caña, y otro que pedía silencio en medio de la batahola tremenda de los tiros, sin saberse bien para qué.

Se formó un grupo que dirigía AImeida y en el que estábamos además el hoy comandante Ramiro Valdés, en aquella época teniente, y los compañeros Chao y Benítez; con Almeida a la cabeza, cruzamos la última guardarraya del cañaveral para alcanzar un monte salvador. En ese momento se oían los primeros gritos: “fuego”, en el cañaveral y se  levantaban columnas de humo y fuego; aunque esto no lo puedo asegurar, porque pensaba más en la amargura de la derrota y en la inminencia de mi muerte, que en los acontecimientos de la lucha. Caminamos hasta que la noche nos impidió avanzar y resolvimos dormir todos juntos, amontonados, atacados por los mosquitos, atenazados por la sed y el hambre. Así fue nuestro bautismo de fuego, el día 5 de diciembre de 1956, en las cercanías de Niquero. Así se inició la forja de lo que sería el Ejército Rebelde.

[Verde Olivo, 5 de enero, 1964]

 

 

Cabaiguán abraza a Fidel

clipart-bandera-cubana-8241-png

escambray

Periódico de Sancti Spíritus
Viernes 02 de Diciembre de 2016

Arriba la caravana a Cabaiguán, pueblo que amaneció hoy en la calle; allí, en cunetas y aceras, están sus hijos. Se ven de todas las edades, algunos arropados de verde olivo, otros visten los variopintos uniformes de la escolaridad, muchas manos sostienen banderas, todos llevan el pecho apretado.
Frente a ellos pasan los restos mortales de Fidel, que viajan hoy desde Santa Clara hasta Camagüey, en un recorrido en sentido contrario, reeditando aquel que emprendieran el líder de la Revolución cubana y sus compañeros de luchas, cuando el 2 de enero de 1959 partieron de Santiago de Cuba rumbo La Habana.
Desde la radio local se describe el paso de la caravana, la urna de cedro abrazada por la bandera cubana y rodeada de rosas blancas con las cenizas de Fidel Castro atraviesa la ciudad, se cobija por unos minutos bajo los laureles del Paseo; el pueblo está allí, acude a despedir a su líder histórico; Cabaiguán abraza a Fidel.
Justo donde termina el Paseo está esperándolo, atrapado en bronce, Faustino Pérez, el mismo que lo acompañó en el Granma, el que permaneció a su lado en el cañaveral en aquellas horas aciagas de Alegría de Pío. El cortejo con las cenizas casi roza la estatua. Una parada, se canta el Himno Nacional. Otra vez, juntos, Fidel y Faustino.

caravana-en-cabaiguan-karel-lopez

En Cabaiguán, la caravana se detuvo frente a la estatua de Faustino Pérez, expedicionario del Granma. (Foto: Karel López/ La voz de Cabaiguán)

…………..

Jose Luis Camellón.
Jueves, 1 diciembre, 2016

(Extracto del artículo)

La Voz de Cabaiguán

En Cabaiguán Fidel se encontró con Faustino y los guerreros de los nuevos tiempos

Por: Aramis Fernández Valderas

…………

Hoy después de 57 años cuando los cabaiguanenses esperaron el paso de la Caravana de Tributo a Fidel, el pueblo se desbordó de nuevo; esta vez de tristeza notable en cada rostro de los miles de hombres y mujeres de este territorio quienes se ordenaron a lo largo de la carretera central desde Ojo de Agua hasta la Trinchera, puntos limítrofes con los municipios de Placetas y Sancti Spiritus, respectivamente.

Existió un profundo silencio, fueron momentos de reflexión de respeto, de admiración por un líder de talla mundial. Sombreros campesinos, cascos de constructores, uniformes escolares, personas ya jubiladas formaron un retrato íntimo de esta tierra heredera de las tradiciones isleñas.

En la ciudad cabecera puedo verse ese mismo paseo de 1959, sus árboles nuevamente brindaron sombra al Comandante que no va en retirada, muy por el contrario, marcha en la Caravana hacia el futuro, hacia la eternidad. En una de sus puntas lo esperó el Comandante Faustino Pérez, no para despedir al amigo, al jefe al hombre con quien unió su suerte en el Yate Granma y Alegría de Pío, sino para ir de nuevo al combate.

En este sitio se detuvo la Caravana de Tributo a Fidel, el pueblo coreo su nombre como si estuviera en la tribuna. Se cantó bien alto el Himno Nacional. Los cabaiguanenses siguieron gritando sus consignas y se atrincheran con sus ideas porque entienden a la perfección que “Revolución es sentido del momento histórico” y es este un tiempo histórico. Muere el guía pero dejó un partido, un pueblo que se ha tomado muy en serio que cada uno de sus integrantes es Fidel.

…………..

(Extracto del artículo)

Responsive image

2 de diciembre de 2016

 

EL HOMBRE QUE ENAMORÓ  A SANCTI SPIRITUS

 ………

El río humano que salió a despedir al Jefe de la Revolución atravesó los municipios de Cabaiguán, Sancti Spíritus y Jatibonico y se extendió a lo largo de 71 kilómetros por toda la Carretera Central desde la zona de Ojo de Agua, en los límites con Villa Clara, hasta Trilladeras, en la frontera con Ciego de Ávila.

No podía ser de otra forma para el hombre que surcó las lomas del Escambray cuando aquella guerra ruin impuesta por el imperialismo amenazó a la patria; para el soñador que concibió la presa Zaza y el plan arrocero Sur del Jíbaro; para el mentor que bajo un ciclón inclemente y traicionero se preocupó por la magnitud de las inundaciones y quiso saber hasta la suerte que había corrido la torre de Manaca Iznaga; para quien ideó hacer biotecnología al lado de los potreros o para el que alguna vez le dijo a un guajiro de Venegas que le iba a dar cuatro jonrones en el mismo juego.

Por todo ello quizás cuando la caravana se detuvo en Cabaiguán junto al monumento a Faustino Pérez, el luchador clandestino que lo acompañó en el Granma, en Alegría de Pío, en la Sierra y en la Revolución, fueron pocos los rostros que quedaron sin lágrimas mientras se escuchaba el Himno de Bayamo.

…………

 

logo_jr_h

 Nadie faltó a la cita

Sancti Spíritus.— Nadie faltó a la cita. Con banderas cubanas, del Movimiento 26 de Julio, carteles y consignas, el pueblo todo formó un extenso cordón humano de alrededor de 71 kilómetros en este territorio para, como en enero de 1959, darle la bienvenida al Comandante en Jefe.
img_1156  IMG_1157.JPG Su paso invicto topó, cerca de las 9:45 de la mañana, con el primer tramo de carretera espirituana. No llegó de madrugada, como hace 57 años, para recibir el abrazo multitudinario de quienes esperaban mucho antes del alba.
Con nitidez y fuerza se escucharon frases de confirmación al legado fidelista, y una y mil veces el ¡Hasta la victoria siempre!
Cabaiguán,Guayos,Sancti Spíritus,El Majá y Jatibonico acogieron el paso del cortejo este 1ro. de diciembre, y el dolor se fundió con la convicción de seguir los pasos del eterno joven rebelde.
Hombres, mujeres, personas de la tercera edad, niños y niñas escoltaron al Comandante y al unísono corearon: «¡Se oye, se siente, Fidel está presente!». Con la misma vitalidad de hace 57 años, se escuchó el Himno Nacional.
En esta jornada que se recordará por siempre, Fidel se encontró otra vez con una historia que está viva: con Serafín Sánchez y su marcha indetenible; con Faustino Pérez, arropado en miles de batas blancas, y con el Che, en constante ascenso al lomerío del Escambray.
Día de dolor, pero de firmeza, en el que todo un pueblo confirmó una vez más su lealtad a Fidel al repetir con convicción: ¡Comandante en Jefe, ordene!

texto y foto LISANDRA GÓMEZ GUERRA
Publicado en EDICIÓN ESPECIAL 17 juventud rebelde  MARTES 13 DE DICIEMBRE DE 2016

 

60 aniversario del Desembarco del yate “Granma”: 02/12/1956-02/12/2016

clipart-bandera-cubana-8241-png

yate_granma

Expedicionarios

Estado Mayor

Comandante en jefe

1- Fidel Castro Ruz

Jefes de Estado Mayor

2- Capitán Juan Manuel Márquez Rodríguez
3- Capitán Faustino Pérez Hernández

Jefe de Intendencia

4- Pablo Díaz González

Ayudantes

5- Félix Elmuza Agaisse
6- Armando Huau Secades

Jefe de sanidad

7- Teniente Ernesto Guevara de la Serna

Oficiales adscritos al Estado Mayor

8- Capitán Antonio López Fernández
9- Teniente Jesús Reyes García
10-Teniente Cándido González Morales

Otros integrante del Estado Mayor

11-Onelio Pino Izquierdo
12-Roberto Roque Núñez
13-Jesús Montané Oropesa
14-Mario Hidalgo Barrios
15-César Gómez Hernández
16-Rolando Moya García

Pelotones

Jefe pelotón de vanguardia

17-Capitán José Smith Comas

Jefe pelotón del centro

18-Capitán Juan Almeida Bosque

Jefe de pelotón de retaguardia

19-Capitán Raúl Castro Ruz

Jefes de escuadra Primer pelotón

20-Horacio Rodríguez Hernández
21-José Ponce Díaz
22-José Ramón Martínez Álvarez

Jefes de escuadra Segundo pelotón

23-Fernando Sánchez-Amaya Pardal
24-Arturo Chaumont Portocarrero
25-Norberto Collado Abreu

Jefes de escuadra Tercer pelotón

26-Gino Doné Paro
27-Julio Díaz González
28-René Bedia Morales

Integrantes de los Pelotones

29-Evaristo Montes de Oca Rodríguez
30-Esteban Sotolongo Pérez
31-Andrés Luján Vázquez
32-José Fuentes Alfonso
33-Pablo Hurtado Arbona
34-Emilio Albentosa Chacón
35-Luis Crespo Castro
36-Rafael Chao Santana
37-Ernesto Fernández Rodríguez
38-Armando Mestre Martínez
39-Miguel Cabañas Perojo
40-Eduardo Reyes Canto
41-Humberto Lamothe Coronado
42-Santiago Liberato Hirzel González
43-Enrique Cuélez Camps
44-Mario Chanes de Aramas
45-Manuel Echevarría Martínez
46-Francisco González Hernández
47-Antonio Mario Fuentes Alfonso
48-Noelio Capote Figueroa
49-Raúl Suárez Martínez
50-Gabriel Gil Alfonso
51-Luis Arcos Bergnes
52-Alfonso Guillén Zelaya Alger
53-Miguel Saavedra Pérez
54-Pedro Sotto Alba
55-Arsenio García Dávila
56-Carlos Israel Cabrera Rodríguez
57-Carlos Bermúdez Rodríguez
58-Antonio Darío López García
59-Oscar Rodríguez Delgado
60-Camilo Cienfuegos Gorriarán
61-Gilberto García Alonso
62-René Orestes Reiné García
63-Jaime Costa Chávez
64-Norberto Godoy de Rojas
65-Enrique Cámara Pérez
66-Raúl Díaz Torres
67-Armando Rodríguez Moya
68-Calixto García Martínez
69-Calixto Morales Hernández
70-Reinaldo Benítez Nápoles
71-René Rodríguez Cruz
72-Jesús Gómez Calzadilla
73-Francisco Chicola Casanovas
74-Universo Sánchez Álvarez
75-Efigenio Ameijeiras Delgado
76-Ramiro Valdés Menéndez
77-David Royo Valdés
78-Arnaldo Pérez Rodríguez
79-Ciro Redondo García
80-Rolando Santana Reyes
81-Ramón Mejias Castillo
82-José Morán Losilla 

Fuente: Ecured

Nota de Faustino a Fidel escrita en 1991 desde la Ciénaga de Zapata, un año antes de su fallecimiento, con motivo del 35 aniversario del desembarco,  y que reproducimos hoy como homenaje a este 60 aniversario, y como actual tributo al Comandante en Jefe 

20150707_1558372 de diciembre de 1991

Fidel: A 35 años de la gran aventura, siento el deseo íntimo de expresarte el orgullo de saberme soldado de tú causa y la felicidad de seguir combatiendo si no con la misma fuerza física, sí con el mismo espíritu y la más profunda convicción y entrega.
– Gracias por tú ejemplo insuperable y permanente
– Gracias por tú absoluta consagración a la causa del pueblo
– Gracias por tú inconmovible fé en la victoria
Con la mayor admiración y cariño,
Faustino

Encuentro Fidel- Matthews: una entrevista que hizo historia

1fidel-mathews La foto que dio la vuelta al mundo; con clipart-bandera-cubana-8241-pngMatthews en febrero de 1957.

 

En febrero de 1957 Faustino Pérez, quien llegó a Cuba en el Granma y viajó a La Habana con tres misiones asignadas por Fidel, cumplió la tercera de forma tan brillante que tuvo amplia resonancia internacional

Son los días postreros de enero de 1956 y el fino cierzo invernal hace tiritar de frío al hombre delgado de ojos claros, fino bigote y espejuelos de gruesa armadura que aguarda en un lugar convenido a Miguel Ángel Quevedo, director de la prestigiosa revista Bohemia. Es Faustino Pérez Hernández, expedicionario del yate Granma y uno de los revolucionarios más buscados por los cuerpos represivos de la tiranía.

Faustino, quien ha llegado a La Habana a fines de diciembre en unión de Frank País, otro artífice de la lucha clandestina, ha cumplido con rapidez vertiginosa las dos misiones iniciales de las tres que le encomendó Fidel a raíz del reencuentro afortunado de los sobrevivientes del desastre de Alegría de Pío en la finca Cinco Palmas; a saber: reorganizar la dirección del Movimiento 26 de Julio en la capital -muy golpeada por el régimen- y crear una red de apoyo a los combatientes de la Sierra Maestra.

Ahora se trata de llevar a un periodista a la Sierra para que informe a los cubanos que Fidel está vivo y que lucha al frente de sus hombres a fin de desmentir los infundios de la dictadura, propalados a partir de la debacle inicial de los expedicionarios y la noticia divulgada por Francis L. McCarthy, corresponsal en Cuba de la agencia norteamericana Associated Press (AP), de que el líder insurrecto estaba muerto.

Pero el señor Quevedo se mostró evasivo, como antes había estado Guillermo Medrano, subdirector del diario Prensa Libre: él no podía arriesgar a uno de sus reporteros en misión tan difícil e incierta para después no poder publicar nada a causa de la censura imperante, alegó.

FIDEL DOBLA LA PARADA

No quedaba, pues, más remedio que explorar otras vías. El viernes primero de febrero de 1957 llega a Manzanillo René Rodríguez con instrucciones de Fidel de trasladarse a La Habana e informar a Faustino de la situación real de la guerrilla y transmitirle la orientación de que busque a un periodista norteamericano dispuesto a subir a la Sierra para que divulgue internacionalmente la lucha entablada en Cuba.

Al día siguiente Rodríguez llega en ómnibus a la capital, se reúne con el espirituano y lo pone al tanto. Faustino decide utilizar a Javier Pazos, miembro del Movimiento 26 de Julio e hijo de Felipe Pazos, conocido economista y colaborador del “26”, persona muy relacionada con algunos corresponsales de prensa estadounidenses residentes en La Habana.

El lunes 4 de febrero, en su oficina del edificio Bacardí, en la calle Monserrate, el señor Pazos concreta la entrevista de René Rodríguez con la señora Ruby Hart Phillips, corresponsal del The New York Times. La Phillips reacciona con mucho interés y pregunta si puede ser ella misma, pero como se trata de una mujer mayor y la tarea es ardua y harto peligrosa se le convence de que sería preferible un hombre.

Por tanto Ruby, quien conoce de la intención de su colega Herbert L. Matthews, jefe de la plana editorial de su diario, de venir a La Habana a palpar de cerca la situación existente en Cuba, cablegrafía de inmediato a Emmanuel R. Freedman, editor internacional del Times en Nueva York, para sugerirle que Matthews viaje urgentemente para un asunto importante.

Freedman cumple su cometido y al día siguiente da respuesta afirmativa a la señora Phillips. Ya el 7 de febrero la reportera confirma a Javier Pazos la llegada de un representante de su periódico en las próximas horas. Javier lo informa a Faustino y a René.

NUESTRO HOMBRE EN LA HABANA

Majestuoso, el Super G Constellation de la National Airlines toca tierra a la hora señalada en el aeropuerto de Rancho Boyeros. Entre un grupo de turistas norteños, vestidos con sus típicos y folclóricos atuendos de colorines y portando cámaras fotográficas, desciende del avión una pareja de mediana edad. Él es alto -más de 6 pies de estatura-, delgado, algo caído de hombros, ojos claros y mirada penetrante.

Como Hemingway, el recién llegado ha sido corresponsal de guerra en España y antes lo fue en Abisinia, tiene varios libros publicados, algunos premios y se ha especializado en la problemática de América Latina. Ese propio día 9 de febrero en La Habana, el hombre, que no es otro que Herbert Lionel Matthews, se reúne en la oficina del Times en la calle Refugio con Felipe y Javier Pazos.

Ya Ruby Phillips ha puesto al tanto a su colega acerca del asunto que reclamó su presencia y el veterano periodista de eterna pipa colgando de la boca ha estado a punto de soltarla. Herbert comprende que lo que tiene en la mano es una “bomba”. Javier Pazos le comunica que deberá estar listo para emprender viaje en dos o tres días. Faustino es informado de lo acordado y avisa a Celia en Manzanillo.

EL AZAROSO VIAJE

Los Matthews, que se han hospedado en el hotel Sevilla, aguardan con impaciencia la partida. Por fin salen en la noche del 15 de febrero en un Dodge del 57 color negro, propiedad de Lilliam Mesa, que lo va conduciendo. En el auto viajan además Javier Pazos, que actuará como intérprete, y Faustino Pérez.

Cuando el grupo apenas rebasa Cabaiguán, ya de madrugada, el vehículo tuerce a la izquierda y se interna en una finca rústica donde viven los padres y algunos hermanos de Faustino, a quien no veían desde su partida para México. La emoción resulta extraordinaria.

Poco después siguieron viaje y al amanecer desayunan en el Gran Hotel de Camagüey. Tras la breve parada continúan por la Carretera Central y llegan a Bayamo, donde doblan rumbo a Manzanillo, la parte más arriesgada del trayecto; no sin varias peripecias y sobresaltos por la agresiva presencia de soldados batistianos, que en una ocasión los detienen, logran arribar a su destino.

A las dos de la tarde del sábado 16 de febrero están en la bella ciudad del Golfo de Guacanayabo. Se hospedan en la casa de Pedro Eduardo Saumell, que es el punto de contacto previamente acordado. Allí los esperan con impaciencia los compañeros del 26 de Julio. Fidel y su pequeño contingente guerrillero ya se encuentran en la finca de Epifanio Díaz, en la vertiente norte de la Sierra Maestra, donde se desarrollarán la entrevista con Matthews y una reunión de la Dirección Nacional del Movimiento.

Felipe Guerra Matos, quien ya ha dado ha dado en su jeep un viaje cargado de víveres y personas entre Manzanillo y la Sierra, conduce en el segundo a Faustino Pérez, Armando Hart, Haydee Santamaría y Vilma Espín. Por último, aproximadamente a las siete de la noche recoge a Matthews, René Rodríguez y Javier Pazos. En el vehículo viajan también Quique Escalona y Nardi Iglesias. Nancie, la esposa del reportero, queda en casa de Saumell.

LA ENTREVISTA

Próximas las cinco de la mañana del 17 de febrero de 1957 el periodista llega al campamento rebelde en la finca de Epifanio Díaz. Juan Almeida le explica que Fidel está en el Estado Mayor y que vendrá al amanecer a este asentamiento, que es uno de los varios que mantiene la tropa en esta zona. Poco después del alba se anuncia la llegada del líder rebelde.

Fidel trata por todos los medios de dar aire marcial a su pequeña tropa, cansada y maltrecha, pero optimista y combativa. Los combatientes pasarán una y otra vez a cierta distancia para aparentar ser más numerosos. A poco, entra bajo la cobija de yaguas y saluda al norteamericano. Javier Pazos y Vilma Espín, activa militante y chofer de Frank País, actúan como intérpretes.

La conversación, fluida y profunda, dura cerca de tres horas. Matthews toma incansablemente notas en una pequeña libreta negra mientras René Rodríguez tira fotos con una camarita de cajón que trajo de Manzanillo. Nunca pensó que una de esas instantáneas, la de Matthews con Fidel, sería reproducida por medios de prensa del mundo entero.

A las cinco de la tarde de ese histórico 17 de febrero de 1957 ya el yanqui de la cachimba está saliendo con su esposa desde Manzanillo para Santiago de Cuba. Está sumamente impresionado con Fidel, su juventud y sus ideas. Él escribirá días más tarde: “…uno sacaba la impresión de que en este momento es invencible”.

REPERCUSIÓN

Por simbólica y feliz coincidencia, el primero de la serie de tres trabajos escritos por Matthews sobre Cuba vio la luz en el Times el 24 de febrero, cuando se cumplían 62 años del histórico Grito de Baire. El 25 y el 26 serían publicados los otros dos reportajes. Fue como un trueno en cielo despejado que conmovió al país entero, a América y al mundo. Batista, que había decretado con anterioridad el levantamiento de la censura para el 26 de febrero, no pudo echarse atrás y la prensa cubana reprodujo al día siguiente el escrito inicial del afamado periodista.

Fidel Castro estaba vivo y era invencible. Lo dijo Matthews y el dictador tuvo que reconocerlo en un libro titulado Mi Respuesta, publicado en México en 1960. Ante Fidel fracasó Batista y se estrelló el imperio. Hace tiempo que en Washington se sienten impotentes frente el revolucionario inclaudicable.

Bibliografía:

-De los Llanos del Infierno a la finca de Epifanio Díaz, trabajo de Pedro Álvarez Tabío y Otto Hernández, publicado en el periódico Granma los días 28 de febrero y primero de marzo de 1979.

-Entrevistas realizadas por el autor a José Díaz y Arnol Rodríguez, quienes participaron en la lucha clandestina contra la dictadura batistiana a las órdenes del doctor Faustino Pérez Hernández.

julio 28, 2008 por Cuba Lucha Clandestina
Por: Pastor Guzmán Castro

 

Herbert Matthews – Wikipedia, la enciclopedia libre                                                                                                                       Herbert Lionel Matthews (Nueva York, 10 de enero de 1900Adelaida (Australia), 30 de julio de 1977) fue un periodista del New York Times que adquirió renombre internacional al publicar en 1957 una entrevista a Fidel Castro en su   campamento guerrillero de Sierra Maestra, considerada como una de las más famosas entrevistas en la historia del periodismo.