Encuentro Fidel- Matthews: una entrevista que hizo historia

1fidel-mathews La foto que dio la vuelta al mundo; con clipart-bandera-cubana-8241-pngMatthews en febrero de 1957.

 

En febrero de 1957 Faustino Pérez, quien llegó a Cuba en el Granma y viajó a La Habana con tres misiones asignadas por Fidel, cumplió la tercera de forma tan brillante que tuvo amplia resonancia internacional

Son los días postreros de enero de 1956 y el fino cierzo invernal hace tiritar de frío al hombre delgado de ojos claros, fino bigote y espejuelos de gruesa armadura que aguarda en un lugar convenido a Miguel Ángel Quevedo, director de la prestigiosa revista Bohemia. Es Faustino Pérez Hernández, expedicionario del yate Granma y uno de los revolucionarios más buscados por los cuerpos represivos de la tiranía.

Faustino, quien ha llegado a La Habana a fines de diciembre en unión de Frank País, otro artífice de la lucha clandestina, ha cumplido con rapidez vertiginosa las dos misiones iniciales de las tres que le encomendó Fidel a raíz del reencuentro afortunado de los sobrevivientes del desastre de Alegría de Pío en la finca Cinco Palmas; a saber: reorganizar la dirección del Movimiento 26 de Julio en la capital -muy golpeada por el régimen- y crear una red de apoyo a los combatientes de la Sierra Maestra.

Ahora se trata de llevar a un periodista a la Sierra para que informe a los cubanos que Fidel está vivo y que lucha al frente de sus hombres a fin de desmentir los infundios de la dictadura, propalados a partir de la debacle inicial de los expedicionarios y la noticia divulgada por Francis L. McCarthy, corresponsal en Cuba de la agencia norteamericana Associated Press (AP), de que el líder insurrecto estaba muerto.

Pero el señor Quevedo se mostró evasivo, como antes había estado Guillermo Medrano, subdirector del diario Prensa Libre: él no podía arriesgar a uno de sus reporteros en misión tan difícil e incierta para después no poder publicar nada a causa de la censura imperante, alegó.

FIDEL DOBLA LA PARADA

No quedaba, pues, más remedio que explorar otras vías. El viernes primero de febrero de 1957 llega a Manzanillo René Rodríguez con instrucciones de Fidel de trasladarse a La Habana e informar a Faustino de la situación real de la guerrilla y transmitirle la orientación de que busque a un periodista norteamericano dispuesto a subir a la Sierra para que divulgue internacionalmente la lucha entablada en Cuba.

Al día siguiente Rodríguez llega en ómnibus a la capital, se reúne con el espirituano y lo pone al tanto. Faustino decide utilizar a Javier Pazos, miembro del Movimiento 26 de Julio e hijo de Felipe Pazos, conocido economista y colaborador del “26”, persona muy relacionada con algunos corresponsales de prensa estadounidenses residentes en La Habana.

El lunes 4 de febrero, en su oficina del edificio Bacardí, en la calle Monserrate, el señor Pazos concreta la entrevista de René Rodríguez con la señora Ruby Hart Phillips, corresponsal del The New York Times. La Phillips reacciona con mucho interés y pregunta si puede ser ella misma, pero como se trata de una mujer mayor y la tarea es ardua y harto peligrosa se le convence de que sería preferible un hombre.

Por tanto Ruby, quien conoce de la intención de su colega Herbert L. Matthews, jefe de la plana editorial de su diario, de venir a La Habana a palpar de cerca la situación existente en Cuba, cablegrafía de inmediato a Emmanuel R. Freedman, editor internacional del Times en Nueva York, para sugerirle que Matthews viaje urgentemente para un asunto importante.

Freedman cumple su cometido y al día siguiente da respuesta afirmativa a la señora Phillips. Ya el 7 de febrero la reportera confirma a Javier Pazos la llegada de un representante de su periódico en las próximas horas. Javier lo informa a Faustino y a René.

NUESTRO HOMBRE EN LA HABANA

Majestuoso, el Super G Constellation de la National Airlines toca tierra a la hora señalada en el aeropuerto de Rancho Boyeros. Entre un grupo de turistas norteños, vestidos con sus típicos y folclóricos atuendos de colorines y portando cámaras fotográficas, desciende del avión una pareja de mediana edad. Él es alto -más de 6 pies de estatura-, delgado, algo caído de hombros, ojos claros y mirada penetrante.

Como Hemingway, el recién llegado ha sido corresponsal de guerra en España y antes lo fue en Abisinia, tiene varios libros publicados, algunos premios y se ha especializado en la problemática de América Latina. Ese propio día 9 de febrero en La Habana, el hombre, que no es otro que Herbert Lionel Matthews, se reúne en la oficina del Times en la calle Refugio con Felipe y Javier Pazos.

Ya Ruby Phillips ha puesto al tanto a su colega acerca del asunto que reclamó su presencia y el veterano periodista de eterna pipa colgando de la boca ha estado a punto de soltarla. Herbert comprende que lo que tiene en la mano es una “bomba”. Javier Pazos le comunica que deberá estar listo para emprender viaje en dos o tres días. Faustino es informado de lo acordado y avisa a Celia en Manzanillo.

EL AZAROSO VIAJE

Los Matthews, que se han hospedado en el hotel Sevilla, aguardan con impaciencia la partida. Por fin salen en la noche del 15 de febrero en un Dodge del 57 color negro, propiedad de Lilliam Mesa, que lo va conduciendo. En el auto viajan además Javier Pazos, que actuará como intérprete, y Faustino Pérez.

Cuando el grupo apenas rebasa Cabaiguán, ya de madrugada, el vehículo tuerce a la izquierda y se interna en una finca rústica donde viven los padres y algunos hermanos de Faustino, a quien no veían desde su partida para México. La emoción resulta extraordinaria.

Poco después siguieron viaje y al amanecer desayunan en el Gran Hotel de Camagüey. Tras la breve parada continúan por la Carretera Central y llegan a Bayamo, donde doblan rumbo a Manzanillo, la parte más arriesgada del trayecto; no sin varias peripecias y sobresaltos por la agresiva presencia de soldados batistianos, que en una ocasión los detienen, logran arribar a su destino.

A las dos de la tarde del sábado 16 de febrero están en la bella ciudad del Golfo de Guacanayabo. Se hospedan en la casa de Pedro Eduardo Saumell, que es el punto de contacto previamente acordado. Allí los esperan con impaciencia los compañeros del 26 de Julio. Fidel y su pequeño contingente guerrillero ya se encuentran en la finca de Epifanio Díaz, en la vertiente norte de la Sierra Maestra, donde se desarrollarán la entrevista con Matthews y una reunión de la Dirección Nacional del Movimiento.

Felipe Guerra Matos, quien ya ha dado ha dado en su jeep un viaje cargado de víveres y personas entre Manzanillo y la Sierra, conduce en el segundo a Faustino Pérez, Armando Hart, Haydee Santamaría y Vilma Espín. Por último, aproximadamente a las siete de la noche recoge a Matthews, René Rodríguez y Javier Pazos. En el vehículo viajan también Quique Escalona y Nardi Iglesias. Nancie, la esposa del reportero, queda en casa de Saumell.

LA ENTREVISTA

Próximas las cinco de la mañana del 17 de febrero de 1957 el periodista llega al campamento rebelde en la finca de Epifanio Díaz. Juan Almeida le explica que Fidel está en el Estado Mayor y que vendrá al amanecer a este asentamiento, que es uno de los varios que mantiene la tropa en esta zona. Poco después del alba se anuncia la llegada del líder rebelde.

Fidel trata por todos los medios de dar aire marcial a su pequeña tropa, cansada y maltrecha, pero optimista y combativa. Los combatientes pasarán una y otra vez a cierta distancia para aparentar ser más numerosos. A poco, entra bajo la cobija de yaguas y saluda al norteamericano. Javier Pazos y Vilma Espín, activa militante y chofer de Frank País, actúan como intérpretes.

La conversación, fluida y profunda, dura cerca de tres horas. Matthews toma incansablemente notas en una pequeña libreta negra mientras René Rodríguez tira fotos con una camarita de cajón que trajo de Manzanillo. Nunca pensó que una de esas instantáneas, la de Matthews con Fidel, sería reproducida por medios de prensa del mundo entero.

A las cinco de la tarde de ese histórico 17 de febrero de 1957 ya el yanqui de la cachimba está saliendo con su esposa desde Manzanillo para Santiago de Cuba. Está sumamente impresionado con Fidel, su juventud y sus ideas. Él escribirá días más tarde: “…uno sacaba la impresión de que en este momento es invencible”.

REPERCUSIÓN

Por simbólica y feliz coincidencia, el primero de la serie de tres trabajos escritos por Matthews sobre Cuba vio la luz en el Times el 24 de febrero, cuando se cumplían 62 años del histórico Grito de Baire. El 25 y el 26 serían publicados los otros dos reportajes. Fue como un trueno en cielo despejado que conmovió al país entero, a América y al mundo. Batista, que había decretado con anterioridad el levantamiento de la censura para el 26 de febrero, no pudo echarse atrás y la prensa cubana reprodujo al día siguiente el escrito inicial del afamado periodista.

Fidel Castro estaba vivo y era invencible. Lo dijo Matthews y el dictador tuvo que reconocerlo en un libro titulado Mi Respuesta, publicado en México en 1960. Ante Fidel fracasó Batista y se estrelló el imperio. Hace tiempo que en Washington se sienten impotentes frente el revolucionario inclaudicable.

Bibliografía:

-De los Llanos del Infierno a la finca de Epifanio Díaz, trabajo de Pedro Álvarez Tabío y Otto Hernández, publicado en el periódico Granma los días 28 de febrero y primero de marzo de 1979.

-Entrevistas realizadas por el autor a José Díaz y Arnol Rodríguez, quienes participaron en la lucha clandestina contra la dictadura batistiana a las órdenes del doctor Faustino Pérez Hernández.

julio 28, 2008 por Cuba Lucha Clandestina
Por: Pastor Guzmán Castro

 

Herbert Matthews – Wikipedia, la enciclopedia libre                                                                                                                       Herbert Lionel Matthews (Nueva York, 10 de enero de 1900Adelaida (Australia), 30 de julio de 1977) fue un periodista del New York Times que adquirió renombre internacional al publicar en 1957 una entrevista a Fidel Castro en su   campamento guerrillero de Sierra Maestra, considerada como una de las más famosas entrevistas en la historia del periodismo.

 

El asalto a La Universidad del aire

clipart-bandera-cubana-8241-png

La primera acción brutal de la tiranía batistiana tras el golpe del 10 de marzo de 1952 fue contra los estudiantes universitarios, y tuvo lugar un día como hoy hace 60 años

Por Luis Hernández Serrano
21394-fotografia-m  Esta foto de Hart fue publicada por la revista Bohemia, y muestra el estado en que quedó tras el asalto a La Universidad del aire por agentes represivos de la tiranía batistiana.

El domingo 4 de mayo de 1952, un grupo de jóvenes universitarios de la capital del país escuchaban tranquilamente la conferencia de un panel de intelectuales cubanos en el programa radial La Universidad del aire, en el estudio 15 de Radiocentro, hoy ICRT, en la capital, cuando agentes represivos de la tiranía irrumpieron y golpearon de forma brutal a dos de los estudiantes: Armando Hart Dávalos y Faustino Pérez Hernández.
Han transcurrido 60 años de aquel hecho y lo traemos a nuestras páginas porque precisamente las primeras víctimas de la tiranía que había tomado el poder el 10 de marzo de 1952, encabezada por el dictador Fulgencio Batista, fueron representantes de la juventud universitaria, bastión indiscutible de nuestras luchas libertarias.
El hecho lo conocimos de boca de ambos combatientes revolucionarios, el 17 de mayo de 1979, en el bohío del «Santaclarero», en La Plata, Sierra Maestra, cuando el diario nos envió —también al colega Amado de la Rosa Labrada, entonces corresponsal de la provincia de Granma y hoy el periodista más antiguo en nuestra plantilla—, a reportar el aniversario 20 de la Primera Ley de Reforma Agraria.
Las vidas del doctor Faustino Pérez —quien falleció en 1992— y del también doctor (abogado) Armando Hart —director de la Oficina del Programa Martiano y presidente de la Sociedad Cultural José Martí— están cargadas de audacias, peligros y aventuras.
Hart, por ejemplo, se escapó varias veces de las cárceles del tirano y, cuando lo golpearon sorpresivamente aquel día en pleno rostro, aún no había cumplido 22 años. Después, como clandestino, se vio obligado a emplear los seudónimos «Darío», «Alfredo» y «Jacinto», para no caer en las garras de los mismos enemigos que aquel día lo agredieron criminalmente.
En el capítulo Desde el llano, de su libro Aldabonazo, referido a la clandestinidad revolucionaria cubana, Hart cita una nota que Fidel le envió por medio de Celia Sánchez, en abril de 1957, que no deja lugar a dudas sobre la confianza del líder de la Revolución en la capacidad y la lealtad del joven:
«(…) Exprésale a Jacinto que la Dirección Nacional del Movimiento cuenta con toda nuestra confianza; que debe actuar con plenas facultades según lo requieran las circunstancias; que virtualmente resulta imposible consultarnos a tiempo en muchos casos; que confío en su talento para ir sorteando las dificultades y adoptando los pasos más convenientes al triunfo definitivo de nuestra causa. En dos palabras, que puede actuar como representante de nuestro Movimiento. Yo pienso como él: que nada impedirá la Revolución Cubana (…)».
El propio joven abogado Fidel Castro, en su alegato La historia me absolverá, comentaría de esta forma aquella insólita golpeadura:
«De inmediato, después del 10 de marzo, comenzaron a producirse otra vez actos verdaderamente vandálicos que se creían desterrados para siempre en Cuba; el asalto a La Universidad del aire, atentado sin precedentes a una institución cultural, donde los gánsteres del SIM (Servicio de Inteligencia Militar) se mezclaron con los mocosos del PAU (Partido Acción Unitaria)», de Batista.
Ese día, nos contó Hart, disertaban el profesor universitario Elías Entralgo y el profesor de Segunda Enseñanza Gerardo Canet. Integraba también el panel del espacio, su director, el conocido biógrafo de José Martí, Jorge Mañach.
Ya desde ese momento, el joven Hart se vinculaba con la vida y la obra de nuestro Apóstol. Se impartía un curso denominado Saldo del Cincuentenario. Entralgo acababa de pintar un cuadro objetivo de los 50 años de república, pero uno de los personeros del régimen, sentado en el público, se puso de pie y dijo que allí no se podía hacer política.
Luego del cuartelazo de Batista, el programa fue utilizado por los estudiantes universitarios para formular preguntas acusatorias a la tiranía, aunque todo dentro de un lenguaje esencialmente académico, científico y cultural, nos explica Hart.
Cuenta que él iba a salir y se abrió la puerta abruptamente y, cuando trató de que no le dieran y se viró, recibió un tremendo golpe en la cara. También fue agredido Faustino Pérez.
Al regresar a los dos o tres días al aula, los compañeros lo recibieron con un sorpresivo aplauso y posteriormente le hicieron un pequeño homenaje.
Anécdota aparte, lo más significativo es que tal suceso constituyó la primera acción brutal de la tiranía después del golpe de Estado. Las primeras víctimas del dictador fueron precisamente los estudiantes universitarios.
La Universidad: una trinchera
Justamente La Universidad del aire fue una tribuna del estudiantado universitario y, en definitiva, de nuestro pueblo. En aquellos momentos la revista Bohemia, siempre al tanto del latido revolucionario juvenil, publicó la gráfica que uno de sus fotógrafos le tomó en su propia casa, en 25 y Paseo, a uno de los dos jóvenes agredidos. Tenía solo 21 años. La publicación de aquella foto hizo que relevantes intelectuales revolucionarios fueran a visitar a Hart a la casa de sus padres, como, por ejemplo, Vicentina Antuña, ensayista, lingüista, profesora de Latín y directora después de la entonces Escuela de Letras y de Arte de la Universidad de La Habana.
Sin duda la Universidad capitalina devino trinchera de combate. Hart ha dicho que desde el 10 de marzo de 1952 y hasta el 26 de julio de 1953, la Colina universitaria habanera se transformó en el centro político revolucionario más importante del país en la lucha contra la tiranía batistiana.
Armando Hart ingresó en el curso 1947-48, y aunque siempre le interesaron la Historia, la Sociología y la Filosofía, decidió estudiar Derecho para encauzar su vocación de lucha por la justicia. En el último curso de esta carrera, era vicepresidente de la Asociación de Estudiantes, cuando el golpe del tirano. En junio de 1955 fue uno de los miembros fundadores del Movimiento 26 de Julio y de su Dirección Nacional, como también lo fue Faustino Pérez.
Apresado y encarcelado en abril de 1957, escapó audazmente en julio y fue nombrado coordinador nacional del Movimiento 26 de Julio tras el asesinato de Frank País, el 30 de julio. Desde mediados de noviembre de 1957 subió a la Sierra Maestra para sostener consultas políticas con Fidel y otros dirigentes del Ejército Rebelde.
Cuando, en enero de 1958, retornaba a sus actividades habituales en el llano, él y otros líderes del Movimiento fueron arrestados y puestos en prisión. Gracias a la pronta acción y a la campaña pública de la organización, salvó la vida. Estuvo preso todo 1958 y pasó la segunda mitad del año en la prisión de Isla de Pinos, donde estaban encarcelados cientos de prisioneros políticos. Como hicieran sus compañeros de aula de entonces, el Diario de la Juventud Cubana les rinde hoy este modesto homenaje.

Publicado en el diario Juventud Rebelde el dia 3 de Mayo del 2012

La Administración Civil del Territorio Libre (ACTL)

clipart-bandera-cubana-8241-png

La Administración Civil del Territorio Libre del Primer Frente fue la institución administrativa creada por la Comandancia General del Ejército Rebelde en el I Frente Oriental José Martí ubicado en La Plata, Sierra Maestra, con el objetivo de atender asuntos referentes a los campesinos y controlar las actividades del territorio libre de la Sierra Maestra.
Antecedentes
Después de haberse instalado la Comandancia General en La Plata, esta había desempeñado un papel determinado en toda la organización militar y acciones principales que van a demostrar que ya el ejército rebelde es invencible, se hace necesaria la creación de la administración civil del territorio libre (ACTL) del Primer Frente Oriental “José Martí”.
Objetivos
Esta administración surge producto de la necesidad de atender asuntos campesinos y controlar las actividades ciudadanas del territorio libre, consolidado ya por el Ejército Rebelde, por los éxitos obtenidos durante la guerrilla.
Composición y labor realizada
En las propias laderas de La Plata radicó la ACTL, responsabilizando a Faustino Pérez con la organización general y dirección de la misma. Allí radicó también la auditoria de La Plata, a cargo de Jorge Mendoza, y el departamento de propaganda a cargo de Carlos Franqui. Según se multiplicaron las actividades de la ACTL se fueron ampliando los locales cerca de la casa del Comandante en Jefe.
En un boletín oficial titulado “Mensaje al Hombre de Campo” se dio a conocer la estructura de la ACTL , que era : Responsable General : Dr. Faustino Pérez, Secretario General :René Paz Rivero, Auxiliar de oficina : Héctor Domínguez. Para un mejor funcionamiento y control el territorio se dividió en ocho distritos, en cada uno de ellos se creó una delegación para que cooperara con todas las dependencias de la ACTL en la zona que atendía velando por su desarrollo y buen funcionamiento.
Los distritos y delegaciones se crearon en Cienaguilla, Sevilla Arriba, La plata (sede de la ACTL), Las Peñas, El Guayabo, La Estrella, Las Vegas y Tercer Frente o zona de Almeida y una delegación especial. Se creó un departamento de justicia bajo la dirección del Dr. José Maria, con juzgados y departamento en Sevilla Arriba, San Vicente, Cienaguilla, Las Vegas, La Plata, El Guayabo, La Estrella, Las Peñas, Tercer Frente, Puerca Gorda y Cienaguilla. Existían Cárceles en Puerto Malanga, Los Cocos y San Vicente.
El departamento de Salubridad y Asistencia Social estaba dirigido por el Dr. René Vallejo, en hospitales en Pozo Azul, Las Peñas, La Lata, el hospital Mario Muñoz y en dispensario médico Las Vegas. El Departamento de Asuntos Agrarios y campesinos, estaba a cargo del comandante Cresencio Pérez. Se crearon asociaciones campesinas que atenderían las asociaciones creadas legalmente, las cuales contaban con un comité ejecutivo compuesto por un presidente, un vicepresidente, un secretario, un vicesecretario, un tesorero, y tres vocales.
El departamento de Promoción y Administración de Industrias, dirigido por José Pillón, fomentó industrias como tostadero, descascaradora de café, panadería, fábricas de zapatos, de uniforme, talleres de carpintería, ordeño y matadero.
El departamento de Control de Personal y Suministro, a cargo del ingeniero Jorge Rivas Salcedo, con estaciones de control en Canavocoa y en la Comandancia general, un delegado y un jefe de almacén en La Plata y responsables de la administración y cuidado del ganado en las zonas del territorio.
El departamento de educación, dirigido por dos inspectores escolares se crearon más de una veintena de escuelas, así como la biblioteca “René Ramos Latour”. El departamento de finanzas, cuyo responsable era René Raz y Rivero Aranda.

Fuentes: EcuRed

descarga.jpgplata 2 images.jpgplata 4 descarga.jpgplata 5

descarga.jpg plata 1 IMG_2447.JPG actl descarga.jpg plata 8 Sierra 1 - Copy Sierra 3 20150527_192300  faus 102 464    Fotos actuales de algunas instalaciones de la Comandancia General en La Plata, Sierra Maestra, del Comandante Faustino Pérez en esa etapa de la lucha, y posteriormente, cuando en la década de los años ochenta visitó el lugar acompañado de Pedro Alvarez Tabío, Director de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado.

“Solo me queda apuntar, por último, que también en plena ofensiva comenzaron a sentarse las bases del aparato administrativo que, al cabo, a partir del mes de septiembre , quedó constituído en la Comandancia de la Plata con el nombre de Admistración Civil del Territorio Libre (ACTL), al frente de la cual estuvo Faustino Pérez hasta el final de la guerra. Esta administración se dedicó al necesario manejo de la vida económica y social de la montaña rebelde, vasto territorio definitivamente liberado, cuya población carecía casi en lo absoluto de todo, y llegó a estar integrada por ocho departamentos encargados, de asuntos agrarios y campesinos, salubridad y asistencia social, justicia, promoción, industrias, obras públicas, suministros y finanzas. Aspectos relevantes de su labor fueron la asistencia médica, la escolarización, la alfabetización, el desarrollo de infraestructuras para producir alimentos y la creación de no menos de 35 cooperativas campesinas.
Al igual que las instituciones creadas por Raúl en el Segundo Frente, la organización civil desarrollada en la Sierra Maestra en los meses finales de la guerra elevó a un plano superior las relaciones existentes, desde el inicio de la lucha en la montaña, entre el Ejército Rebelde y los campesinos, y constituyó la semilla del nuevo Estado que surgiría tras el triunfo revolucionario, fiel al espíritu democrático y popular de la Revolución.”
Fidel Castro Ruz

Del libro "La victoria estratégica. La contraofensiva estratégica." Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado.

 

El secuestro de Fangio por los castristas

clipart-bandera-cubana-8241-png

Por: Alfredo Relaño

En España todo el mundo recuerda el secuestro de Di Stéfano en Caracas. Pero son muchos menos los que saben que esa operación estuvo inspirada por el secuestro, cuatro años antes, del pentacampeón de Fórmula 1 Juan Manuel Fangio por parte del Movimiento 26 de julio que dirigía Fidel Castro, entonces guerrillero en Sierra Maestra.
Al poco del accidentado desembarco del Granma, en diciembre de 1956, Castro envió a La Habana a uno de sus barbudos, Faustino Pérez, a fin de difundir el movimiento y crear agitación en La Habana. Su primer éxito fue enviar a Sierra Maestra a un periodista del New York Times, Hebert Matthews. También consiguió en los primeros meses enviar allí un equipo de televisión de la CBS.
Pero lo que de verdad hizo célebre la guerrilla de Castro fue el secuestro de Juan Manuel Fangio, entonces de lejos el deportista más célebre del mundo. La NBA no era seguida fuera de Estados Unidos, Pelé aún no había estallado, Joe Louis llevaba años retirado… Fangio había ganado los Mundiales de Fórmula 1 de 1951, 54, 55, 56 y 57, con cuatro marcas distintas: Alfa Romeo, Mercedes, Ferrari y Maserati. Había sido segundo en 1950 y 1953. En 1952 no había podido participar por un gravísimo accidente en la primera de las carreras.
La dictadura de Batista introdujo el Gran Premio de Cuba en 1957 para darle más brillo al Día de la Fiesta Nacional, el 24 de febrero. Ya en esa edición Faustino Pérez proyectó el secuestro, pero el mismo día hubo una caída de militantes, lo que le hizo aplazar la operación. La idea quedó viva para la edición siguiente: se trataba de secuestrar al piloto, tenerlo retenido hasta el final del premio y luego soltarlo. Eso haría su causa internacionalmente conocida. Y darles un golpe así a las autoridades les añadiría calor popular y prestigio.
Faustino Pérez encargó el operativo a Óscar Lucero, capitán de milicias, que cuenta con varios hombres para llevarlo a cabo. Colaborará con ellos Elio Constantin, periodista deportivo de la revista Carteles, que en la anterior edición ha hecho amistad con Marcelo Giamberto, apoderado del piloto. A Constantin le resulta fácil saber dónde va a estar Fangio en cada momento. Éste llega a La Habana el viernes 21 (la carrera es el lunes 24) y se hospeda en la habitación 810 del hotel Lincoln, en el centro de la ciudad. En la puerta de la habitación hay una guardia armada del SIM (la policía especial del régimen), así que ni pensar en capturarlo en la habitación. Por la noche tiene una entrevista en la televisión CQM, pero la compañía es mucha. Regresa al hotel a cenar y no sale más. Imposible. Se ha perdido el viernes.
El sábado se dispone un seguimiento: un coche tras él donde vaya. Otros dos vehículos esperan junto a un teléfono. Cuando cambia de lugar, el primer coche dice a uno de los otros el nuevo destino y éste le reemplaza. Así, con el seguimiento rotatorio, no se llama la atención. El sábado descansa toda la mañana. Luego, acude a un cóctel al Hotel Nacional. Parece un lugar propicio, pero una bronca entre un fotógrafo y un policía crea un alboroto. Regresa al Lincoln. Después de cenar, ya de noche, recorre caminando el circuito, pero de nuevo acompañado de seguridad, amigos y curiosos. Imposible actuar. Regresa al hotel. Otro día perdido. El domingo por la mañana, mientras Fangio hace las sesiones de entrenamiento (ganará la pole), Faustino Pérez se ve con Óscar Lucero, al que acusa de irresoluto. “¡Hay que hacerlo! ¡Si es preciso tomamos el Lincoln con los hombres que haga falta!”.
La ocasión se presenta cuando saben por Constantin que, ya al atardecer, Fangio va a bajar al hall del hotel a tomar un refresco junto a otros pilotos. Le esperan a la puerta del ascensor. Cuando ésta se abre, aparecen Fangio y Giamberto. Se adelanta un comando, Manuel Uziel, que primero quiere asegurarse:
—¿Quién de ustedes es Fangio?
—Yo.
—Acompáñeme. Está usted secuestrado por el Movimiento 26 de julio.
Fangio sonríe, pensando que es la broma de un admirador, pero Uziel saca una pistola del bolsillo y se la clava en las costillas.
—Es en serio. No haga nada y no le pasará nada.
Al tiempo amenaza a los acompañantes.
Suben a Fangio a un Plymouth verde. La obsesión de los secuestradores es tranquilizarle y convencerle de sus buenas intenciones, porque les preocupaba mucho la imagen que diera de ellos al soltarle. Así que Uziel le lleva primero a su propia casa, a presentarle a su mujer y a su bebé. Luego, con otro coche, a un piso franco en el que convalece un militante, Ramoncín, con graves quemaduras cuando intentaba fabricar un lanzallamas casero. Finalmente, a un chaletito de dos plantas en El Nuevo Vedado, propiedad de la viuda de un revolucionario, que vivía con sus dos hijas, de 17 y 21 años. Llegaron a las diez de la noche. El chalet contiguo es de una bailarina del Tropicana, amante de un pez gordo del régimen, siempre muy custodiado. Los secuestradores pensaron que nadie iba a suponer que lo escondieran en tal vecindad.
Le dieron la mejor habitación. Cenó filete con patatas. La mañana siguiente le llevaron el desayuno a la cama. Comió arroz con pollo con los secuestradores. Mientras, la ciudad era un pandemónium de registros y falsas noticias. Aunque había televisión, Fangio no quiso ver la carrera, ni escucharla por radio. Prefirió escuchar música.

fangioFangio, en el momento de su liberación. /DIARIO AS

La carrera fue un fracaso y tuvo un desarrollo trágico. Los organizadores retrasaron la salida, en la esperanza de que Fangio fuera rescatado. Empezó media hora tarde. En la sexta vuelta, el piloto local García Cifuentes pierde el control y su coche arrolla al público, con resultado de seis muertos y 40 heridos. Se da por terminada, con victoria para Stirling Moss, que en ese momento estaba en primera posición. Le avisan a Fangio, que entonces sí oye la radio y se muestra muy afectado.
Todo había acabado… O no. Ahora llega lo más difícil: devolver a Fangio. ¿Cómo, dónde? No estaba previsto. Un informador de los revolucionarios en el gobierno les avisa de que la intención de este es matarlo cuando aparezca, para cargarles el crimen. Se piensa en el mediador de la entrega: en un cura, en el director de la revista Bohemia… Ninguna alternativa parece buena. Mientras, se suceden los llamamientos de Giamberto y de la esposa de Fangio por la radio pidiendo su devolución. Hay nervios.
El propio Fangio sugiere que le entreguen a su embajador. Pero las proximidades de la embajada están custodiadas. El periodista mexicano Manuel Camín, amigo de los revolucionarios (y que gozará de la gran exclusiva de la entrevista al piloto), monta la entrega no en la embajada, sino en el apartamento del agregado militar de la misma, Mario Zaballe, que está de viaje, así que su apartamento no está vigilado. Allí acudirá el propio embajador, Raúl Aurelio Lynch, por una rara coincidencia primo del padre del Ché Guevara (Ernesto Guevara Lynch). Lynch sale de su embajada escondido en la trasera de un coche, para no ser seguido. Arnol Rodríguez, que luego contará la peripecia en su libro Operación Fangio (que inspiraría una película del mismo título, no fiel en todos los detalles, en la que Darío Grandinetti incorpora a Fangio), es el encargado de la entrega. A Fangio le intentan poner un sombrero. Todos le quedan pequeños. Sólo le colocan unas gafas para disimular su aspecto y le suben a un Cadillac con Arnol y dos chicas. Antes de medianoche está en el apartamento del agregado militar, donde le recibe su embajador. Arnol le despide con estas palabras: “Fangio, usted será nuestro invitado de honor cuando triunfe la Revolución”.
El golpe estaba dado. La revolución se aceleró. Fidel Castro ganó adeptos y su guerrilla saltó de Sierra Maestra para extenderse al resto de Cuba. Al amanecer del 1 de enero de 1959, Batista abandonaría Cuba. El 8 de enero, menos de 11 meses después del secuestro, Fidel Castro entraba en La Habana.
Fangio se retiró aquel mismo año de 1958. Siempre habló bien de sus secuestradores, pero no cumplimentó la invitación hasta 1981, cuando regresó, como presidente de la Mercedes. Se reencontró con Faustino Pérez y Arnol Rodríguez y conoció a Fidel Castro.
El Hotel Lincoln aún existe. Su habitación 810 está dedicada a Fangio.

Publicado en el Diario El País el 17 de Marzo de 2013

images.jpg fangio fausto fidel Foto (insertada por el editor de esta página web) del encuentro de Fangio (a la derecha) con Fidel Castro y Faustino Pérez (centro) en visita realizada a la  Habana en 1981.
image Fangio y Faustino en su reencuentro en la Habana en 1981 (Foto insertada por el editor).

Huelga del 9 de abril de 1958: Era preferible morir peleando

clipart-bandera-cubana-8241-png

7-Mapa-de-las-Compañias-1-580x361

En aquellos días de principios del año 1958 existía una máxima: “Una Revolución se puede hacer con el Ejército o sin el Ejército, pero nunca contra el Ejército”, pero también había creado una gran ilusión el derrocamiento del dictador de Venezuela General Marcos Pérez Jiménez el 23 de enero, por una huelga general realizada por el combativo pueblo venezolano que tantas muestras de simpatía por nuestra revolución había manifestado.

Santiago de Cuba, después del 30 de noviembre de 1956 se había convertido en una ciudad en Revolución. Todas las actividades sociales, culturales, deportivas, recreativas habían desaparecido. Y más aun después del vil asesinato de su hijo más querido, Frank País García, que en compañía de su fiel compañero Raúl Pujol Arencibia, había con su caída levantado un pueblo en una huelga espontánea que casi llego a ser nacional estremeciendo a la Dictadura… ¡Santiago de Cuba era Revolución en esos días de abril de 1958!

La Dirección Nacional del Movimiento “26 de Julio” se había reunido con su Comandante en Jefe en los primeros días de marzo en los Altos del Naranjo, Sierra Maestra. Allí estuvieron junto a Fidel y Celia Sánchez, Rene Ramos Latour, Faustino Pérez, Haydee Santamaría, Marcelo Fernández, Vilma Espín, David Salvador, Luis Buch y José Aguilera Maceira.

De esa reunión salió el manifiesto “Al pueblo de Cuba”, del 12 de marzo de 1958.Documento conocido como: “Manifiesto de los 21 puntos” que entre los cuales se expresaba:

“(…) Reunida en el campamento de la Columna No. 1, Comandancia General de las Fuerzas Rebeldes, la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio acordó por unanimidad lo siguiente:

1ro.-Considerar que por el resquebrajamiento visible de la Dictadura, la maduración de la conciencia nacional, y la participación beligerante de todos los sectores sociales, políticos, culturales y religiosos del país, la lucha contra Batista ha entrado en su fase final.

2do.-Que la estrategia del golpe decisivo se basa en la Huelga General Revolucionaria secundada por la Acción Armada.

3ro.-Que la acción revolucionaria debe irse intensificando progresivamente a partir de este instante hasta desembocar en la huelga que será ordenada en el momento culminante. (…)

…”A partir de este instante el país debe considerarse en guerra total contra la tiranía (…) La nación entera está dispuesta a ser libre o perecer”.

Fidel Castro Ruz,                                                                                         Faustino Pérez,

Comandante en Jefe de  Fuerzas Rebeldes               Delegado de la Dirección Nacional

El Comandante en Jefe Fidel Castro creyó oportuno hacer otro documento a los trabajadores cubanos desde la Sierra Maestra el 14 de marzo en el que expresó que el Frente Obrero Nacional no era un organismo sectario por lo que todos los trabajadores tenían el derecho a integrar los Comités de Huelga de los centros de trabajo independientemente de su militancia política o revolucionaria.

“La revolución pondrá fin a la abominable práctica de nombrar directivas en los cuarteles o en las oficinas del Ministerio del Trabajo.”

“Es preferible morir peleando a ser destrozados física y moralmente en cámaras de torturas por verdugos cobardes que se ensañan como fieras contra víctimas indefensas”.

“La huelga y la lucha armada deben proseguir resueltamente hasta que la tiranía se desplome y el gobierno democrático de carácter estrictamente civil se haya construido”

“..apelo a todos los compatriotas a cerrar filas tras la consigna de huelga general, lanzarse a la lucha por encima de banderías políticas o rivalidades personales que no deben empañar con actitudes egoístas esta hora hermosa de Cuba…” concluía Fidel.

A partir de estos acuerdos y decisiones los preparativos para la huelga se aceleraron nacionalmente creándose el Comité Ejecutivo para la Huelga General integrado por los dirigentes del Movimiento Revolucionario 26 de Julio Marcelo Fernández Font (Zoilo) coordinador nacional, Faustino Pérez Hernández (Ariel) coordinador en La Habana, Rene Ramos Latour (Daniel) jefe nacional de Acción y Sabotaje, Octavio Louit (Cabrera) en representación de David Salvador, jefe de la Sección Obrera, Arnold Rodríguez Camps (Fernando) jefe de Propaganda, Manuel Ray Rivero (Pedro) responsable de la Resistencia Cívica en La Habana y Luis Buch Rodríguez (Roque) en su calidad de responsable de Relaciones Públicas.

El Comité Ejecutivo propuso comenzar la Huelga el 30 de marzo y con esa propuesta Marcelo Fernández y Luis Buch viajaron a Santiago de Cuba a reunirse con la Dirección Nacional del 26 de Julio que radicaba en esa ciudad.

En Santiago de Cuba, por orden de la coordinadora de la ciudad, Vilma Espin (Deborah), se había constituido el Comité de Huelga, que convoco de inmediato una reunión con la presencia de Marcelo Fernández (Zoilo), Luís Buch Rodríguez (Roque), en representación de Faustino Pérez (Ariel), Rene Ramos Latour (Daniel), Haydee Santamaría (María), Vilma Espin (Deborah), Agustín Navarrete (Alberto), Belarmino Castilla (Aníbal), Alonso Hidalgo (Bebo), Luís Clerge (Pomponio) y otros responsables de milicias.

En esta reunión se analizó los pros y los contras de la fecha y se determinó que fuera el 9 de abril. De esta forma se podría tener el criterio del Comandante en jefe en la Sierra Maestra y poder recibir por La Habana armas dispuestas desde México.

Frank País había concebido la idea de organizar las milicias del 26 de Julio territorialmente y durante el segundo semestre de 1957 el Comandante Daniel la puso en práctica y en abril de 1958 las fuerzas revolucionarias de Acción estaban perfectamente organizadas en cuatro Escuadrones dirigidos por Capitanes:

-. Escuadrón “Hermanos Díaz”, que tenía como jefe a Miguel Ángel Ruiz Maceira (José Antonio), operaria en Paseo Martí y parte del barrio Sueño;

-. Escuadrón “Josué País”, su jefe era Miguel Ángel Manals (Miki), operaría en el centro de la ciudad (parque Céspedes y la plaza de Marte);

-. Escuadrón “Armando García”, su jefe era Salomón Alvis (Oscar Ñico), operaría en la parte de Aguilera-Trocha-carretera del Morro;

-. Escuadrón “Milián Castilla”, su jefe era Manuel Jacas (Héctor) que actuaría en la carretera de Siboney y de El Caney, Vista Alegre, Garzón, Sueño y parte de Santa Bárbara.

Cada Escuadrón tenía tres compañías de 77 milicianos cada una. Cada Compañía, tres pelotones con 19 milicianos cada uno, y cada pelotón era formado por tres escuadras de seis milicianos. El jefe de todos las milicias de acción en Santiago de Cuba lo era Belarmino Castilla Mas, el Cmdte. Aníbal.

Bajo la dirección del Comandante Daniel se elaboró un Plan de Acciones de apoyo a la huelga, que comprendió:

1.- La realización de acciones armadas por las milicias para ocupar el centro de la ciudad de Santiago.

Se ocuparían los edificios altos con francotiradores; se bloquearían las calles para impedir la libre circulación de los carros patrulleros y micro ondas; utilizando “cócteles molotov” contra los tanques, carros blindados y microondas que trataran de moverse por la ciudad; Utilizando las características de la ciudad se derramaría aceite quemado por las lomas de las calles y también se evitaría la acción de los rompehuelgas.

Para la protección de los combatientes clandestinos se contaba con los planos del alcantarillado de la ciudad, los que en grandes tramos tenían tubos de hasta 48 pulgadas de diámetro, y en especial con la tradicional protección de la familia santiaguera que siempre abría las puertas de sus casas para guarecer a los combatientes clandestinos. .

Para el cumplimiento de estas misiones se previó ir acuartelando en casas de familias convertidas en cuarteles a los luchadores clandestinos de los distintos Escuadrones con sus armas de plantilla, así como en coordinación con la Resistencia Cívica se organizaron lugares con personal especializado para brindar los primeros auxilios a los combatientes.

2.- Con vista a ir creando un estado beligerante en los accesos a la ciudad, se designó una escuadra de milicianos que bajo el mando del Sargento Roberto Letuse Gomero operaria en la carretera Central entre Melgarejo y Quintero con la misión de entorpecer el transito.

3.- Con miembros del Escuadrón “Millán Castilla”, bajo el mando del Teniente de las milicias Roberto Castilla Más, Betón, concentrados en los accesos a la Cordillera de la Gran Piedra, atacarían el cuartel de Ramón de las Yaguas y se mantendrían operando en la carretera de Siboney a Santiago de Cuba.

4.- Miembros de las milicias de la zona de la Calle Martí y la Entrada de Cuabitas bajo el mando del Teniente de Milicias Higinio Díaz Acne, Nino, se concentraron en los alrededores del pueblo de Boniato, en la afueras de Santiago de Cuba, con vista a atacar el cuartel de ese poblado y a continuación operar en los alrededores del poblado del Cristo y Dos Caminos de San Luís, estableciendo la cooperación con las fuerzas rebeldes de la Columna 6 “Frank País” bajo el mando del Cmdte. Raúl Castro Ruz, quién desde el 11 de marzo se encontraba operando en la Zona Norte oriental.

5.- Producir alzamientos de grupos de milicianos de los pueblos de Palma Soriano, Contramaestre, Baire y Jaguaní bajo el mando del Cmdte. Campos, Luis Clerge, y tomando como base la Carretera Central atacar los cuarteles de Dos Palmas y Baire estableciendo la cooperación con las fuerzas de la Columna 3 “Santiago de Cuba” bajo el mando del Comandante Juan Almeida Bosque.

Todos estos planes se fueron llevando a cabo con la mayor discreción y seguridad dada la organización y disciplina que existía entre los miembros clandestinos del Movimiento Revolucionario “26 de Julio”. No obstante las fuerzas de la Tiranía fueron tomando medidas y a fines de marzo y principios de abril habían ocupado posiciones en todos los edificios altos de la ciudad, así como los lugares claves, tales como las oficinas de Correos, la Empresa telefónica, la Aduana, la Zona Fiscal, las Terminales de Trenes, ómnibus y muelles de la bahía. También se dedicaron a visitar los Centros de Trabajo exigiendo la plantilla de los empleados, controlando su asistencia y creando un Estado de Sitio, que incluyó seguir asesinando.

Así el 3 de abril aparecieron los cadáveres de los jóvenes revolucionarios Víctor Ruiz Martínez y Ramón Madruga Delgado en la carretera de Ciudamar. Ese mismo día apareció el cuerpo sin vida del joven combatiente revolucionario Gil Suárez Neyra en la llamada Loma Colorada, cerca del Club de Cazadores.

Para garantizar la preservación y preparación de las fuerzas, la Dirección del Movimiento Revolucionario dio la orden de acuartelar a los grupos de acción con sus armas constituyéndose una docena de casas cuartel.

El 4 de abril los esbirros de la tiranía detectaron la presencia de jóvenes en la casa de la familia Nogués Vera en la Avenida de Bélgica No. 312 esquina a Yarayó y procedieron a registrar la casa. Fueron recibidos por el fuego de las armas de los ahí acuartelados bajo el mando del teniente Roberto Ramos Campos. Tanto él, como Eugenio Nogués Vera y Adrián Troncoso Castro, ofrendaron sus jóvenes vidas combatiendo allí. También fueron asaltadas dos casas cuartel del teniente Santiago Romanidi del Escuadrón “Hermanos Díaz” en Mejorana No. 18 y 20 y una de las casas cuartel del teniente de las milicias Emiliano Corrales del Escuadrón “Josué País”, no teniendo que lamentar perdidas de vidas, pues fue detectada la presencia de las fuerzas represivas y se logro romper el cerco sin combatir.

Nuestro grupo de acción se acuarteló en la casa de mis parientes Francisco García y Constancia Cuza en la calle Santa Rita y el callejón General De Feria. Ahí bajo mi mando tuve acuartelados disciplinadamente a una veintena de combatientes clandestinos. A medida que iban llegando se le entregaba un arma y una posición a defender en la casa. No se podía hablar y solo fumar uno a la vez. La comida me la garantizó Electra Fernández y se confecciono en la cafetería de su padre “El Águila de Oro” y la transportamos en cantinas.

La situación fue tensa, pues casi frente a nuestra Casa-Cuartel, estaba el Colegio religioso de las Hermanas Oblatas. Un edificio de dos plantas de alto puntal que fue tomado por las fuerzas del ejército de la Dictadura. Allí estuvimos solo un día.

El día 5 de abril el Comandante. Daniel salio a realizar un reconocimiento por la ciudad en compañía del Capitán de las milicias Miguel Ángel Manals y pudo comprobar personalmente que la ciudad estaba tomada por las fuerzas de la Dictadura. Esto motivo una reunión de análisis con los Comadantes. Agustín Navarrete, Alberto, y Belarmino Castilla Mas, Aníbal,, en casa de la familia Fresneda en la calle 6ta. entre M y N, reparto Sueño. Allí se decidió no emplear las fuerzas de los luchadores clandestinos en una batalla frontal contra un enemigo muy superior en fuerzas y medios, no realizar otro 30 de Noviembre de 1956, sino sacar esa fuerza de combatientes clandestinos acuartelados en las Casas-Cuarteles para las afueras de Santiago y con ella organizada en una Columna del Ejercito Rebelde, atacar el cuartel de Boniato y hacerle una fuerte emboscada a las fuerzas del Moncada que acudieran en su auxilio; Y enfrentar al enemigo en las calles de Santiago de Cuba con fuerzas limitadas de combatientes clandestinos que realizaran acciones rápidas y desaparecieran en las casas de la revolucionaria población santiaguera.

Para la formación de esa Columna del ER y las acciones a realizar en la ciudad, se contaba con unas 25 ametralladoras Thompson calibre 45 enviadas por la organización del 26 de julio en el exilio en autos a bordo del Ferry Cayo Hueso-La Habana. Taras Domitro Terlebauca, Roberto, Cuartel maestre nacional las recibió y de variadas formas las hizo llegar a la ferretería de Trocha y Cristina propiedad de los militantes revolucionarios santiagueros Rene y Juan León Fourquemín,

Integraban también el arsenal carabinas M 1, fusiles Mendoza, escopetas de cartuchos y pistolas traídas desde Miami, Florida, por las heroicas combatientes de la clandestinidad santiaguera, Angelita Montes de Oca y sus hijas Elsa y Gloria Casañas, Amalia Ross, Nenita Cuza, María Ruiz Bravo, Ásela de los Santos, Lucia Parada, Marcia Céspedes Somoza, Merceditas Verdecía Fernández y Dionis Ornella, quienes iban a los Estados Unidos aparentando viajes de turismo y regresaban con ese valioso armamento bajo sus anchas faltas. ¡Más de 600 pistolas fueron introducidas así en Cuba!

Una vez tomada la decisión para las acciones para la huelga, se procedió a sacar de Santiago de Cuba a los combatientes clandestinos designados a formar la nueva Columna guerrillera y a atacar el cuartel de Boniato en la madrugada del 9 de abril. De ello se ocuparon las valientes muchachas del “26 de Julio”, las que en los carros de los militantes revolucionarios trasportaron a una treintena de combatientes y a las armas para la finca “El Cañón” de Juan José Otero en el Alto de Boniato en las afueras de Santiago de Cuba. Fue extraordinaria la tarea cumplida por la familia Céspedes, el curro Manolo, Juancito, Anita y Marcia. Por Gerardo Rivas, Esther María de la Torre, por la Tía Angelita y su hijas Gloria y Elsa Casañas, Oscar Rosales, Virginia Amador, Luis Calvo y sus hijos Olga y Wicho Calvo Montes de Oca, Juan y Rene León, Josefina Joa y por Luis Felipe Rosell.

Gracias a ellos, el 8 de abril, se armó, vistió, y avitualló a la naciente Columna 9 del Ejercito Revolucionario, la que unos días después adoptaría el glorioso nombre de José Tey.

Para los que habíamos sido seleccionados a integrar la nueva Columna guerrillera todo era felicidad. Estábamos viendo realizarse nuestro sueño de combatir a la Dictadura vistiendo el glorioso uniforme del ER y atacando de frente sus posiciones. Ese día 8 de abril de 1958 lo recordamos como un día de inmensa alegría.

Para dar inicio a las acciones combativas que se avecinaban, a las 9 PM del 8 de abril en casi todo Santiago de Cuba se escucho la explosión de una potente bomba preparada para que explotara dentro del cuartel Moncada, pero que por casualidad fue transportada por los militares para la Empresa Cubanair en calle 2 y Paseo de Martí.

Después de escuchar la explosión emprendimos la bajada del Alto de Boniato, agarrándonos de los árboles para no rodar loma abajo, hasta llegar a la casa cuartel de Rene León en la carretera de Boniato al poblado minero de El Cristo, donde nos reunimos con el Grupo de la Entrada de Cuabitas bajo el mando del Tte. Higinio Díaz Acne.

Allí se nos ordenó dejar nuestras mochilas en un carro y en dos filas, a ambos lados de la carretera partimos hacia nuestro objetivo: atacar el Cuartel de Boniato. Por la carretera llegamos hasta un camino vecinal que circunvala Boniato. Antes de salir de nuevo a la carretera, el Comandante Daniel ordenó a un grupo de nosotros ocupar posiciones en un herbazal paralelo a la carretera y cuando él abriera fuego le tiráramos al cuartel que quedaría frente por frente a nosotros.

Así lo hicimos bajo el mando de los Capitanes Miguel Ángel Manals y Manuel Jacas Tornes. El Cmdte. Daniel apoyado por los Tenientes Orlando Regalado, Higino Díaz y Javier Gómez, por el Sgto. Antonio Enrique Lussón, por Rolo Monterrey, Teobaldo Castillo, Oriente Fernández Barrios y Luis Felipe Rosell, combatió desde todas las posiciones, alentando a sus subordinados con su valeroso ejemplo. Los guardias rurales al sufrir el fuego de nuestras armas apenas ofrecieron resistencia huyendo por la parte trasera del cuartel hostigados por el fuego de los combatientes Jesús Padilla y Reinaldo Ínsula .

En el Crucero de ferrocarril de Villa Elvira un grupo de 11 combatientes bajo el mando del Sgto. Idalberto Lora Sánchez, paró en seco a los camiones con guardias y a la tanqueta que enviaron desde el Cuartel Moncada.

En ambos lugares se combatió unas dos horas, hasta que el Comandante Daniel ordenó la retirada y fuimos hacia las lomas del Bonete.

Nuestra Columna tuvo que lamentar la pérdida de los dos combatientes que quedaron en el carro cuidando nuestras mochilas, pues estos fueron sorprendidos por un carro microonda de la Dictadura que procedente del poblado del Cristo los tomó por la retaguardia. Allí cayeron combatiendo Antonio Robert Ducás y Armando Suárez Sotomayor y herido José Miguel de Lázaro.

Mientras esto sucedía en la ciudad de Santiago de Cuba se había recibido, como en toda Cuba, la señal de Huelga General a las 11 de la mañana a través de las estaciones de radio en la voz del combatiente revolucionario del “26 de Julio” Wilfredo Rodríguez Cárdenas y que fuera reproducida por la CMKC santiaguera por el combatiente clandestino Noel Pérez:

“Atención cubanos es el Movimiento 26 de Julio, llamando a la Huelga General Revolucionaría, Hoy es el día de la libertad. Día de la huelga general revolucionaría. Adelante cubanos, desde este momento se comienza en toda Cuba la lucha final que solo terminará con el derrocamiento de la Dictadura, Obreros, estudiantes, profesionales, patrones, a la huelga general revolucionaría, desde este momento. Soldados, policías, marinos, a la lucha junto al pueblo, a conquistar su libertad. ¡Pueblo a la calle! Lanza cócteles molotov, obstruye el transito, celebra mítines relámpagos. La huelga general desde este momento. 6 años de lucha culminará en victoria. A la calle pueblo de Cuba, a conquistar la libertad.”

De inmediato las milicias del Movimiento Revolucionario que se encontraban acuarteladas y armadas salieron para la calle a la orden del Comandante. Belarmino Castilla Mas, Aníbal:

Combatientes del Escuadrón “Josue País” bajo el mando del teniente Rafael Casade, Fello, se lanzaron a tomar las estaciones de radio y cerrar los comercios de las céntricas calles de Aguilera, Santo Tomás, Enramadas, San Pedro y Corona y efectuar ajusticiamiento a esbirros de la Dictadura.

Milicianos de este Escuadrón bajo el mando del teniente Jorge Barrial, veterano combatiente del 30 de noviembre de 1956, quemaron los Servicentros de Trocha y Aguilera y de Trocha y Paraíso en la mañana del día 9.

El Escuadrón “Hermanos Díaz”, bajo el mando del Capitán Miguel A. Ruiz Maceira, José Antonio, se dirigió a ocupar los edificios altos de la zona de Carnicería para neutralizar al Cuartel de la Policía Nacional ubicado en los bajos del Gobierno Provincial, así como operar en la zona Sur de Santiago incluido Cuabitas, Quintero, Marimón, Los Olmos y La Ceiba.

El Escuadrón “Armando García” comandado por el Capitán Salomón Alvis Riverí, Oscar Ñico, tenía sus milicianos en cinco puntos de concentración:

En Aguilera y calle 8 en el Reparto Santa Bárbara, en la parte baja de la escuela de Artes y Oficios; en la prolongación de San Félix y calle 3; en Carretera del Morro y calle 11 y en la Calle 4 y 3ra. del Reparto Sorribes.

Este Escuadrón tenía la misión de cerrar el tránsito de los ferrocarriles y quemar ómnibus urbanos, cerrar tiendas de víveres y comercios, así como impedir la salida de los bomberos a sofocar los incendios que se provocaran en la ciudad.

El escuadrón “Millán Castilla” cumpliría la misión de cerrar el tránsito por las carreteras de El Caney y Siboney, así como preparar el ataque al cuartel de Ramón de las Yaguas.

En el Puesto de Mando de la Huelga, en Rey Pelayo No. 160, La Cueva, residencia de los esposos Claudia Rosés y Carlos Ortega, se contó con una planta de radio con la frecuencia de la Policía operada por Josefina Joa, por lo que Aníbal, con Oscar Ñico y los tenientes jefes de compañías, Emiliano Corrales y Rafael Casade, desde allí dirigieron acciones enviado refuerzos a los lugares que ellos escuchaban que presentaban problemas con las fuerzas de la Dictadura.

La primera compañía del Escuadrón “Hermanos Díaz”, bajo el mando del teniente Rosendo Lugo Torres (Narciso), acuarteló al grupo de Víctor, Raúl y Jorge Remón Macías, José Antonio González, Guillermo Jiménez Varona, Roger Hernández y Miguel A. Díaz Mejías en la casa de Olivia Mejías en el Reparto Jiménez. Ellos realizaron variadas acciones en la zona de Cuabitas desde el Paseo de Martí hasta la loma de Quintero, donde se voló parte de su puente. En una de estas acciones del 9 de abril cayó en combate el jovencito de tan solo 17 años Miguel Ángel Díaz Mejías.

Ese día en Santiago se cerraron los comercios y los vecinos lanzaron todo tipo de desperdicios a las calles para bloquearlas, convirtiéndose la ciudad en una ciudad en revolución.

Los carros microondas, con un soldado, un policía y un marinero, recorrían las calles santiagueras y sus repartos, tocaban en las casas y obligaban a sus moradores a barrer las calles. Si encontraban resistencia la sofocaban con golpes y detenciones.

La represión no pudo impedir que se le diera candela a la fabrica de ron Rovira, a la fabrica de alpargatas Rubio y que se incendiara una tienda de ropas en la céntrica calle Enramadas y San Agustín, acción que le costo la vida dos días después a Miguel Genaro Vázquez Dinza de 18 años de edad.

El teniente Joaquín Quinta Solá, del Escuadrón “Armando García” en compañía de Sergio Riera, Nicolás Rizo, Carlos Fernández Gondín y Camacho tomaron las oficinas y el anden de la terminal de trenes y conminaron a todos los trabajadores a paralizar el funcionamiento de los ferrocarriles, lo que se realizó en breves minutos dada la disposición de los ciudadanos en apoyar la huelga decretada. Otros miembros de la Compañía bajo el mando del teniente Quinta Solá destruyeron los equipos de bombeo del Servicentro de Trocha y carretera del Morro y quemaron ómnibus, así como impidieron que pudieran salir los bomberos a sofocar los incendios provocados en la zona.

El día 10 de abril al ir a ajusticiar a un conocido esbirro en Aguilera y Corona cae en frontal combate con fuerzas de la policía motorizada bajo el mando del teniente Enrique Despagne, el valeroso combatiente Héctor Pavón García, fundador de las Brigadas Estudiantiles junto a Félix Pena Díaz.

Después de su participación en la huelga de abril, mueren en combate o asesinados por las fuerzas represivas, Mario Enrique Hernández Sarmiento, Fernando Mendoza Rivera, José Cuevas Mustelier, José Rodríguez Limonta, Luis Mariano Durruti Sagarra, Ángel Espinosa Gómez, Adolfo Lescay SOA, Sixto Efraín Medina Cala, Rubén Guzmán Castilla, Edilberto Reyes Pérez, Alberto Sánchez Fernández y José Agustín López Blanco.

Continuando la persecución de jóvenes revolucionarios, dos carros patrulleros asaltaron la casa de la familia Marañón Pérez en Aguilera No. 860 el 17 de abril llevándose a los hermanos Sergio, Melquíades, Conrado y Hernán y al primo de ellos, Marcelo Pacheco Pérez, asesinándolos a todos y tirando sus cadáveres en los caminos vecinales entre Santiago de Cuba y Baire.

Así la ciudad santiaguera vio inmolarse a muchos de sus mejores hijos. Las milicias se enfrentaron valerosamente a las fuerzas del tirano, escribiendo páginas de gloria en diferentes lugares de Santiago de Cuba y el resto del país. En La Habana dos santiagueros ofrendaron sus vidas en acciones combativas en apoyo a la huelga en la Capital del país, Marcelo Muñoz Zamora y Luis Armando Morales Mustelier.

La consigna lanzada de Huelga General Revolucionaria, fue apoyada plenamente por el pueblo organizado en las valerosas milicias revolucionarias que se lanzó a las calles de Santiago de Cuba, en respaldo al llamamiento de la dirigencia del Movimiento Revolucionario emitida el 12 de marzo de 1958 y firmada por el Delegado de la Dirección Nacional, Faustino Pérez Hernández y por el Comandante en Jefe de las Fuerzas Rebeldes 26 de Julio, Fidel Castro Ruz.

¡Gloria eterna a los héroes y mártires de la Huelga General Revolucionaria del 9 de abril de 1958!

Por Contralmirante ® José Luis Cuza Téllez de Girón. Capitán del ER, jefe de la Compañía B “Pedro Sotto Alba” de la Columna 19 “José Tey”, Segundo Frente Oriental “Frank País”.

Publicado en Cubadebate el 9 de abril de 2016

Un revés convertido en victoria

clipart-bandera-cubana-8241-png

11 de abril de 2016

Antier sábado, hace 58 años, se lanzaron parte del pueblo cubano revolucionario, a las calles a brindando su esfuerzo, sudor y sangre, una vez más, para acabar con la tiranía del dictador Fulgencio Batista. Fue el acontecimiento de la Huelga del 9 de abril de 1958.

El jefe guerrillero urbano, comandante Faustino Pérez Hernández, tuvo a su cargo este movimiento insurreccional para apoyar las luchas que se llevaban a cabo en montañas y montes de Las Villas y Pinar del Rio, pero sobre todo en el Oriente donde se dirigió todo este operativo bajo al mando del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz y donde ya existía todo un Ejército Rebelde luchando.

Para solo describir un poco mejor aquellos momentos, recurrimos a una narración del protagonista principal de aquella huelga frustrada y que tantas vidas costó a la insurrección. Solo este pequeño relato bastaría para vincularse con la historia de aquél día aciago.

Cito: “…Sería prácticamente imposible no solo enumerar, sino ni siquiera conocer la cantidad y diversidad de acciones de todo tipo y magnitud, los paros e intentos de paros, los sabotajes y combates que, sin alcanzar los objetivos propuestos de derrocar la tiranía, mostraron una vez más la irreductible decisión de lucha y sacrificio de nuestro pueblo revolucionario y su voluntad de victoria”

Más adelante continúa esta narrativa del comandante Faustino Pérez: “…Sin contar las numerosas acciones de los frentes guerrilleros en apoyo a la huelga, que incluyeron la intrépida presencia de Camilo Cienfuegos en los llanos del Cauto, podemos mencionar como hechos más significativos a través del país: el asalto a las emisoras nacionales y la transmisión por sus canales del llamamiento a la huelga general revolucionaria, el asalto a la armería de La Habana Vieja, la voladura de registros de electricidad, los paros y sabotajes en varias terminales del transporte, la quema de gasolineras y de vehículos, la interrupción del tránsito de entrada y salida de la capital, los sabotajes, acciones y paros en Guanabacoa, el Cotorro, Madruga, el asalto a la emisora de Matanzas dirigido por Enrique Hart, el descarrilamiento de trenes en Jovellanos, el ataque al cuartel de Quemado de Güines y la interrupción de la Carretera Central en Manacas, las acciones del Condado en Santa Clara, la paralización y el dominio absoluto de Sagua la Grande, el asalto y sabotaje a la planta eléctrica de Vicente en Ciego de Ávila, acciones diversas en Camagüey, y la paralización prácticamente completa de todo Oriente por la acción combinada de las fuerzas guerrilleras y de la clandestinidad, incluido el ataque al Cuartel de Boniato por las milicias de Santiago de Cuba dirigidas por René Ramos Latour, “Daniel”, sustituto de Frank en la Jefatura Nacional de Acción en la Sierra Maestra durante el último combate del Movimiento, que después cayó heroicamente contra la ofensiva de la tiranía.

Otro párrafo importante extraído de aquel relato es: “…Sería prácticamente imposible no solo enumerar, sino ni siquiera conocer la cantidad y diversidad de acciones de todo tipo y magnitud, los paros e intentos de paros, los sabotajes y combates que, sin alcanzar los objetivos propuestos de derrocar la tiranía, mostraron una vez más la irreductible decisión de lucha y sacrificio de nuestro pueblo revolucionario y su voluntad de victoria”

Para mi particularmente a esta fecha me une al recuerdo imborrable de amigos y compañeros de lucha que perdieron su vida en ese intento.

Hoy los emigrados que nos encontramos mudados transitoriamente para este país, E.U.A. y agrupados en la Alianza Martiana en Miami, honramos los nuestros que hicieron posible un 1ro. de enero en 1959.

¡ GLORIA ETERNA A LOS HÉROES Y MÁRTIRES DE LA HUELGA DEL 9 DE ABRIL !

Roberto Solís                                                                                                                                                       Publicado por Radio Miami TV

 

La Huelga del 9 de abril de 1958 (*)

clipart-bandera-cubana-8241-png ¨La Revolución tuvo muchos días tristes, la Revolución tuvo el fracaso del ataque al Moncada, la Revolución tuvo el fracaso del ataque al Goicuría, la Revolución tuvo el fracaso de la insurrección de Cienfuegos, del desembarco del Corynthia, del ataque al Palacio Presidencial, de la dispersión de los expedicionarios del “Granma” y de la huelga frustrada del 9 de abril. No fue el triunfo del pueblo un triunfo fácil. Muchas veces tuvo que sufrir nuestro pueblo la humillación de la derrota y la represión que siguió a cada una de aquellas derrotas. Fidel Castro¨ (**)

Por: Mario Mencía

Parte I 
Ante la imposibilidad de exponer brevemente una crónica abarcadora de los sucesos relacionados con la Huelga del 9 de abril de 1958, cuya re­creación y valoración integral aún faltan en nuestra historiografía, solamente me propongo modestos objetivos: ofrecer un mínimo de información básica, esbozar varias reflexiones en torno a aquel acontecimiento y, de paso, rechazar algunos dudosos criterios que todavía se dan como ciertos casi medio siglo después:
· Que la Huelga del 9 de abril estaba avalada como método por la huelga de agosto de 1933.
· Que lo ocurrido el 1ro de enero de 1959 demuestra la eficacia del método huelguístico para el derrocamiento de la segunda dictadura batistiana.
· Que a principios de 1958 el régimen dictatorial estaba debilitado a tal punto que podría ser liquidado mediante la huelga general.
· Que Fidel Castro tuvo una concepción invariable de la huelga general, y que esta se diferenciaba de la que se asigna esquemáticamente al resto de la dirigencia del MR­26­7 en el llano.
· Que los dirigentes todos del MR­26­7 en el llano sostenían una uniforme e invariable concepción respecto a la huelga general y a la lucha armada en las montañas.
· Que únicamente la dirección del Movimiento en el llano apreció con excesivo optimismo el resultado que tendría la huelga en aquel momento.
· Que factores como la falta de unidad con otras fuerzas antibatistianas fueron suficientes para provocar por ellos mismos el fracaso de la huelga.
Al mencionar la Huelga del 9 de abril me estoy refiriendo a uno de los más importantes planes concebidos para su realización al unísono en todo el país, y que formaba parte del proyecto estratégico insurreccional del Movimiento Revolucionario 26 de Julio desde su integración.
De hecho, el 9 de abril se hicieron coincidir un sinnúmero de paros obreros, patronales y profesionales, acciones armadas y sabotajes de diverso carácter y dimensión en gran parte del territorio nacional. Su resultado en combatientes caídos en acción, apresados, torturados, asesinados, dispersos y exiliados desarticularon sensiblemente el movimiento clandestino.
Hasta donde he podido llegar en los cómputos, 83 revolucionarios perdieron la vida en las ciudades: 1 en Mariel, Pinar del Río; 3 en Matanzas; 4 en Ciego de Ávila, provincia de Camagüey; 14 en Oriente (16,8%), todas en Santiago de Cuba; 27 en Las Villas (32,5%), 14 en Sagua la Grande, 7 en Santa Clara, 3 en Ranchuelo y 3 en Santo Domingo; y 34 en La Habana, el 41,0%, (23 en la capital, incluido Marianao, 7 en El Cotorro y 4 en Güines).
Distintas versiones hacen ascender las pérdidas de vidas de los revolucionarios desde 93 hasta más de 100, pero ninguna ha podido sustentarse —hasta donde conozco— con los nombres de los que cayeron, dónde sucedió y cuándo ocurrió. La cifra de 83 que reporto está respaldada por lugares, fechas y los correspondientes nombres; menos el de un desconocido que murió combatiendo en Sagua la Grande.
Esta cifra de 83 incluye a tres jóvenes milicianos que cayeron la noche del 3 al 4 de abril en Santiago de Cuba, durante un enfrentamiento que duró horas contra las fuerzas represivas, cuando fueron cercados en una casa de la carretera de Cuabitas donde se encontraban acuartelados ya para su participación en la huelga, razón por la que se consideran caídos en ella. (1)
Aún si se incorporaran al cómputo los 13 combatientes que cayeron del Ejército Rebelde en acciones planificadas para apoyar la huelga (2), 5 de la Columna 1 al mando del Comandante en Jefe y 8 del II Frente Oriental “Frank País”, comandado por Raúl Castro, el número aumentaría solo a 96. De los combates realizados con ese fin por el Ejército Rebelde, los que se efectuaron en el poblado de El Cobre el día 11, por tropas del III Frente Oriental “Mario Muñoz” bajo el mando personal del Comandante Juan Almeida Bosque, y los de la ciudad de Guantánamo el día 13 por rebeldes del II Frente y milicianos del MR­26­7, fueron los únicos que ejercieron efecto directo y provocaron el paro general revolucionario por efectuarse en zonas urbanas aunque ya muy tarde, los días 11 y 13 de abril, respectivamente.
En abril de 1958 acababan de cumplirse seis años del golpe militar reaccionario del 10 de marzo. Desde 1952 se habían producido notables acontecimientos revolucionarios en el país. Entre muchos otros, en 1953, el fallido plan de la toma del campamento de Columbia por el Movimiento Nacional Revolucionario el 5 de abril y el asalto a los cuarteles del ejército en Santiago de Cuba y Bayamo, el 26 de julio. En 1955, la excarcelación de Fidel Castro y los demás moncadistas presos, la integración del Movimiento Revolucionario 26 de Julio, la fundación del Directorio Revolucionario; tres grandes protestas y huelgas obreras, la ferroviaria, la bancaria y la azucarera. En 1956, la denominada conspiración militar de “los Puros” el 4 de abril, el asalto al cuartel “Goicuría”, de Matanzas, 25 días después; el cierre de la Universidad de La Habana el 27 de noviembre, que se sostendría durante 25 meses hasta el derrocamiento de la tiranía, y el inicio de la guerra a final de ese año. Y en 1957, el ataque al Palacio Presidencial y la caída con 24 combatientes más del máximo dirigente de la FEU y del Directorio Revolucionario, José Antonio Echeverría, el 13 de marzo, seguida por el asesinato de su sucesor, Fructuoso Rodríguez, el 20 de abril; la masacre de 16 de los expedicionarios del yate Corinthia, incluido su jefe Calixto Sánchez White, el 28 de mayo; la caída de Frank País el 30 de julio; el alzamiento civil militar del 5 de septiembre en Cienfuegos; y el asentamiento en noviembre de un destacamento del Directorio Revolucionario 13 de Marzo en el Escambray.
En abril de 1958, el Movimiento Revolucionario 26 de Julio abarcaba con variable grado organizativo la totalidad del territorio nacional, se extendía ampliamente en el extranjero, y era capaz de asestar fuertes golpes a la tiranía, ganando día a día más apoyo popular. El Ejército Rebelde del Movimiento 26 de Julio había ganado importantes combates, incrementado su efectividad militar frente al ejército enemigo, abierto segundo y el tercer frentes orientales y comenzaba a tener creciente control en algunas de las área Con la rectoría de Fidel, el Movimiento 26 de Julio y el Ejército Rebelde asumían el papel protagónico en el acontecer nacional, presionando definiciones y determinando posiciones —por antagonismo o aproximación— de las organizaciones políticas y revolucionarias y sectores y fuerzas sociales.
El accionar mismo de la tiranía quedaba cada vez más en dependencia de las iniciativas revolucionarias, concretando su riposta a un incremento de la crueldad represiva, sin que por esto pudiese cumplir su objetivo de liquidar a las fuerzas opositoras ni doblegar la rebeldía del pueblo.
Una rápida observación de varios de los más sobresalientes acontecimientos que venían sucediéndose en el país en los meses anteriores a abril de 1958, basta para confirmar esas aseveraciones.
El 22 de octubre ocurría la espectacular fuga de once de los combatientes que se encontraban presos en el Castillo del Príncipe, entre ellos Sergio González López, “El Curita”, el más destacado e influyente jefe de grupo de acción del Movimiento en la capital en aquel momento.
Dos semanas después, la noche del 8 de noviembre, se hacían estallar más de cien bombas en La Habana. Centro de este impactante despliegue de propaganda armada, coordinados por “El Curita” actuaron decenas de hombres y mujeres del aparato de Acción y de las Brigadas Juveniles y Estudiantiles dirigidas por Gerardo Abreu “Fontán”, sin que se produjera la detención siquiera de uno solo de los participantes. El conmocionante suceso comportó previamente peligrosas operaciones de un buen número de combatientes que se dedicaron a la obtención de los explosivos, niples, detonantes, las mechas, al traslado de todos esos materiales desde distintos lugares hasta donde se confeccionaron los artefactos, y su posterior distribución a quienes los harían explotar. Fue una obra maestra del trabajo clandestino.
Antes y después, las pequeñas acciones de sabotaje a tendidos eléctricos y telefónicos, a las líneas férreas, el uso de fósforo vivo en comercios, paraderos de ómnibus, talleres y fábricas, así como alteraciones del orden público por mítines relámpago, la pintura de consignas en paredes, distribución de volantes e infinidad de otras acciones eran cotidianas en todo el país. A ella vendría a agregarse la quema de cañaverales desde diciembre con el inicio de la zafra azucarera, actividad esta que se incrementaría en los tres siguientes meses.
Al comenzar 1958, el derrocamiento de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez en Venezuela, el 23 de enero, tuvo gran repercusión en Cuba. Varios años de lucha del pueblo venezolano habían desembocado en una insurrección popular ­militar culminada en huelga general.
Pero el Movimiento 26 de Julio también sufría reveses. El 10 de enero de 1958 el Coordinador Nacional, Armando Hart Dávalos “Jacinto” , era capturado por efectivos del ejército y, junto a él, Javier Pazos Vea y el Secretario Nacional de Propaganda del Movimiento de Resistencia Cívica, el médico Antonio Buch Santos “Vila”, cuando bajaban de la Sierra Maestra después de una reunión con el Comandante en Jefe.
La Dirección Nacional del 26 de Julio quedaba forzada así a una nueva y urgente reorganización. Marcelo Fernández Font “Zoilo”fue elegido Coordinador Nacional, y Enzo Infante Uribazu “Bruno” pasó a cubrir Propaganda, en tanto que Celia Sánchez Manduley “Norma” era incorporada al ejecutivo como Delegada de la Sierra en calidad de enlace con el llano, aunque se mantenía al lado del Comandante en Jefe. La restante dirigencia nacional quedaba sin alteración: Faustino Pérez Hernández “Fausto”y“Ariel”, Coordinador de La Habana, Vilma Espín Guillois “Deborah”, Coordinadora de Oriente, René Ramos Latour “Daniel”, Acción, Haydée Santamaría Cuadrado “Carín” y “María”, Finanzas, David Salvador Manso “Mario”, Obreros, en lugar de Antonio Torres Chedebau “Ángel”, quien estaba enfermo y debía someterse a una operación quirúrgica. A finales de marzo, Haydée sería designada Responsable de la Sección de Suministros al Ejército Rebelde, y Manuel Suzarte Paz “Martín” pasaría a ser el financiero nacional.
El Movimiento de Resistencia Cívica debió ser igualmente reestructurado. José Antonio Aguilera Maceiras “Cervantes”, su Secretario de Organización, quien al mismo tiempo fungía de Secretario General interino desde que Ángel María Santos Buch partió hacia los Estados Unidos en noviembre de 1957, cubría ahora en propiedad la máxima responsabilidad. Enrique Ortega Arza pasaba a la secretaría de Organización, Antonio Ravelo Nariño se encargaba de Propaganda y Emilio Catasús Rodríguez “René”continuaba como Tesorero, responsabilidad que desempeñaba desde el inicio del MRC. Los cuatro eran de Santiago de Cuba. (3) El ingeniero civil Manuel Ray Rivero “Pedro”, Responsable de La Habana, fue incorporado al ejecutivo nacional como quinto miembro y Secretario Adjunto. (4)
El 25 de enero, día mismo en que un comando clandestino hacía trasmitir por el potente Circuito Nacional de Radio un sorpresivo mensaje del 26 de Julio denunciando los crímenes del régimen, se producía la voladura de uno de los grandes tanques con 400 000 galones de gasolina de alto octanaje de la refinería Esso Belot, de la Standard Oil Company, en el lado este de la bahía habanera. Las enormes llamas y la tromba de humo que se elevaba hacia las nubes, fueron perceptibles a gran distancia durante tres días.
El 4 de febrero, en circular dirigida a los “Comandantes provinciales de las Milicias del Movimiento 26 de Julio”, “Daniel” informaba la puesta en vigor de un reglamento con las medidas a implantar para la transformación de los grupos de acción y sabotaje en una estructura militar jerarquizada así como los procedimientos disciplinarios. (5)
El 7 de febrero ocurría la primera gran pérdida irreparable de ese año: el apresamiento, tortura y asesinato de “Fontán”. Fundador con “Ñico” López de las Brigadas Juveniles y Estudiantiles, había sido su máximo organizador en La Habana.
Al siguiente día, procedentes de la Florida, arribaban a Nuevitas los expedicionarios del Scapade.
Encabezados por el Secretario General del Directorio Revolucionario 13 de Marzo, comandante Faure Chomón Mediavilla, venían con un importante alijo de armamento, una parte del cual fue llevado para el Escambray y el resto hacia La Habana, con vistas a promover acciones armadas coincidentes con una huelga general que también integraba la estrategia del Directorio.
Numerosos hechos de variable magnitud e importancia se sucederían en febrero y marzo de 1958, como la quema de cinco ómnibus interprovinciales Santiago­ Habana realizada por uno de los comandos del fuerte grupo de Acción de Efraín Liriano Alfonso “Cheché”, en su estacionamiento de la capital, el asalto de las oficinas de la Cámara Nacional de las Compensaciones Bancarias del Banco Nacional en La Habana por un grupo del “Curita”, donde se les dio fuego a los cheques y otros documentos que reflejaban conciliaciones por unos 87 millones de pesos, y otras muchas acciones a las que no puedo referirme en aras del espacio disponible. Solo mencionaré brevemente cuatro de ellas.
El secuestro del campeón mundial de automovilismo, el argentino Juan Manuel Fangio, el domingo 23 de febrero, lo que impidió su participación en la carrera que habría de efectuarse como principal atractivo por el 24 de febrero. Fue una impecable operación de propaganda armada, planeada por Faustino Pérez y ejecutada por Oscar Lucero Moya “Noel González”(6)y un pequeño grupo armado en un hotel del centro de la capital. La noticia recorrió el mundo a través de las agencias internacionales de prensa, las que se vieron obligadas a reflejar la situación de guerra revolucionaria aquí existente.
El 24 de febrero se escuchaba por primera vez el impresionante “Aquí Radio Rebelde, desde la Sierra Maestra, Territorio Libre de Cuba”, que noche tras noche, hasta el 1ro de enero de 1959, esperaría ávidamente el pueblo. A la adquisición, traslado y montaje de los equipos y la planta eléctrica para su funcionamiento se habían dedicado muchos recursos económicos y el trabajo de numerosos compañeros de la clandestinidad, igual que al equipamiento y materiales para la edición e impresión en la Sierra Maestra de El Cubano Libre, y los talleres artesanales que también estarían a cargo del Che.
Iniciado en los institutos de Segunda Enseñanza número 1 de La Habana y el de Camagüey el 28 de febrero, a lo que siguió el asesinato de dos alumnos en Santiago de Cuba el 3 de marzo, día mismo en el que van al paro las Escuelas Profesionales de Comercio de La Habana, Marianao y Morón y el Instituto de esta última ciudad, el cese de actividades se generaliza ya el 4 de marzo a todos los centros secundarios del país, en seguimiento al llamado del Frente Estudiantil Nacional. (7) La huelga general así iniciada en este sector duraría hasta avanzado el mes de abril, e incluiría a todos los planteles de enseñanza privada incluidas algunas de sus universidades. (8)
El lunes 3 de marzo, uno de los comandos de “Cheché Alfonso”, mandado por Juan Borrell, ajusticiaba en la Habana Vieja a uno de los más connotados jefes de los delatores a sueldo de la policía.
Esta apretada síntesis de sucesos conformaba la atmósfera política y revolucionaria predominante en el ámbito urbano el 10 de marzo de 1958, cuando se reunieron con Fidel en El Naranjo, Sierra Maestra, losmiembros de la Dirección Nacional del Movimiento que radicaban en el llano (9), y se decidió convocar al pueblo para la huelga revolucionaria.

 NOTAS:
 1. Este párrafo y el siguiente no figuraban en la versión oral .
 2. Tres perdieron la vida el 8 de abril en el combate de San Ramón; exactamente el 9 de abril, en las primeras horas de la madrugada del 8 al 9, cayó el capitán Ciro Frías Cabrera, en el frustrado intento de tomar el cuartel de Imías, en la costa sur entre Guantánamo y Baracoa; el día 10, dos combatientes mueren en El Pozón, Manzanillo; y el 13, siete en tres acciones del II Frente.
 3. Santos Buch, médico y propietario de un laboratorio farmacéutico; Ortega, médico cardiólogo; Catasús, dentista y profesor de inglés del Instituto de Segunda Enseñanza; Ravelo, contador público y profesor de la Universidad de Oriente; y Aguilera Maceiras, pedagogo y Superintendente Provincial de Escuelas.
 4. Ver José María Cuesta Braniella: La Resistencia Cívicaen la guerra de liberación de Cuba. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1997.
 5. René Ramos Latour: a “Comandantes provinciales de las Milicias del Movimiento 26 de Julio”, febrero 4de 1958. Firma Daniel, Comandante en Jefe de las Milicias del Movimiento 26 de Julio. Fondo René Ramos Latour, documento 263, Archivo de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado de la República de Cuba, en lo adelante OAH.
 6. Antes había utilizado los pseudónimos Omar Sánchez, Narciso Montejo y Héctor García (Renán Ricardo Rodríguez: El héroe del silencio, Editora Política, La Habana, 1986).
 7. Manuel Graña Eiriz: Clandestinos en prisión, obra inédita.
 8. Ricardo Alarcón de Quesada: Intervención en el Panel Testimonial del Primer Seminario “La lucha revolucionaria en La Habana”, patrocinado por la filial provincial de la Unión Nacional de Historiadores de Cuba, la Asociación Nacional de Combatientes de la Revolución Cubana de La Habana y el Comité Provincial de Ciudad de La Habana del Partido Comunista de Cuba, efectuado en el Teatro “Manuel Sanguily” de la Universidad de La Habana, en noviembre de 1988. Transcripción en archivo de Mario Mencía.
 9. En el encuentro con Fidel participaron Marcelo Fernández, “Daniel”, Haydée, David Salvador, Aguilera Maceiras, Faustino, Vilma y Celia. No estuvieron Enzo Infante y Manolito Suzarte

Parte II
Concepción de la huelga general revolucionaria
El recurso de la huelga general revolucionaria había estado en el centro del proyecto revolucionario de Fidel aún antes de la integración del Movimiento 26 de Julio. Formaba parte de sus planes desde los días del asalto al Moncada, y a partir de su salida del reclusorio de Isla de Pinos se integraba explícitamente a su estrategia para el derrocamiento de la tiranía y la toma del poder.
Este aspecto está claramente expresado en sus escritos de esa época: “Insurrección armada, secundada por una huelga general revolucionaria y un sabotaje completo de todos los medios de comunicación del país en el momento de la acción”, definió en carta del 17 de septiembre de 1955 al Frente Cívico de Mujeres Martianas. (1) Obsérvese que ambos factores se conciben actuantes a un mismo tiempo, huelga general y acción armada, solo que la huelga debe secundar a la acción armada.
En los dos factores principales que conforman el centro de su proyecto cuenta con el pueblo. Esta era la esencia de su pensamiento político desde siempre. Mas, ahora, no habla simplemente de lucha armada sino de insurrección armada, lo que equivale a la acción del pueblo con las armas en las manos; esto, a principios de 1958, se representaba principalmente en el Ejército Rebelde y las Milicias de Acción del 26 de Julio; y, por otra parte, al referirse a una “huelga general revolucionaria” está claro que se trata de la incorporación de la organización celular obrera, juvenil y profesional del propio Movimiento 26 de Julio, en primer lugar, y del resto de las masas populares, al enfrentamiento contra la tiranía.
El papel interinfluyente de esos dos factores, insurrección y huelga, había sido aclarado por Fidel en un trabajo que publicó en Bohemia el 10 de noviembre de 1955, en el que tomaba distancia respecto a los fracasados métodos de los años treinta: “El episodio del Hotel Nacional, donde se refugió la oligarquía militar responsabilizada con el machadato —decía Fidel—, no puede compararse ni moral ni históricamente con el ataque al Cuartel Moncada; ni tampoco el combate de Atarés que fue el choque de los movimientos surgidos de la revolución anti­machadista. La Huelga de Marzo [de 1935] fracasó porque no fue unida a una insurrección armada como era lo correcto”, terminaba aseverando. (2)
Dos meses después de su llegada en el Granma, el 20 de febrero de 1957, Fidel esclarece el orden en el que ubica a la huelga general, en un manifiesto de 12 páginas que equivale al primer documento programático de la Sierra Maestra, en uno de cuyos fragmentos se lee:
“El Movimiento Revolucionario 26 de Julio lanza al país las siguientes consignas:
1. Intensificar la quema de caña en toda la zona azucarera para privar a la tiranía de los ingresos con que paga a los soldados que envía a la muerte y compra los aviones y las bombas con que están asesinando a decenas de familias en la Sierra Maestra (…)
2. Sabotaje general de todos los servicios públicos y de todas las vías de comunicación y transporte.
3. Ejecución sumaria y directa de los esbirros que torturan y asesinan a revolucionarios, de los políticos del régimen que con su empecinamiento y terquedad han llevado al país a esta situación y todo aquel que obstaculice la culminación del Movimiento Revolucionario.
4. Organización de la resistencia cívica en todas las ciudades de Cuba.
5. Intensificación de la campaña económica para atender a los gastos crecientes del Movimiento.
6. La Huelga General Revolucionaria como punto culminante y final de la lucha”. (3)
En la etapa preparatoria de la guerra, sin embargo, la única dirigencia del Movimiento dentro del país que no solo había adoptado esta concepción sino que actuó en función de concretarla fue la de Oriente. Bajo las orientaciones y el trabajo de Frank País y Léster Rodríguez sería esta la única provincia donde se estructuró debidamente el frente obrero. No es de extrañar así que —mientras en otros lugares se produjeron paros aislados en unos pocos centros de trabajo—, el 30 de noviembre de 1956 en Santiago de Cuba y Guantánamo se produjera una huelga general, la que se manifestó parcialmente en las demás localidades orientales.
En el segundo trimestre de 1957, después del combate de El Uvero, Frank envía más de una carta a Fidel en la que le expone que considera que existen determinadas condiciones que lo hacen pensar que la huelga general es posible en un plazo inminente. En aquellos momentos, a diferencia de cómo pensaba antes de la guerra, el Comandante en Jefe se muestra cauto, opina que es necesario valorar bien las condiciones, y esperar a que estas se manifiesten con mayores evidencias.
Otros compañeros de la Dirección Nacional del Movimiento ya estaban actuando también en esa misma dirección. El 17 de mayo de 1957 Faustino Pérez, Armando Hart y Carlos Franqui, presos en el vivac del Castillo del Príncipe, en una comunicación al dirigente obrero de La Habana José Pellón Jaen, jefe de la Sección Obrera provincial del Movimiento, clandestino desde el 30 de noviembre de 1956, le informan que sería conveniente efectuar “una reunión urgentísima” de los responsables obreros del 26 de Julio de las provincias a fin de estrechar relaciones con diversos sectores obreros y otras organizaciones revolucionarias y políticas, y considerar “la conveniencia de crear un Comité Unido de Lucha para dirigir la huelga general, y comités en sectores y centros de trabajo netamente obreros.” Los comités obreros debían ser lo más amplios posibles. Había que activar muy urgentemente el trabajo de células en cada centro, con la consigna de agitar, propagar y organizar la huelga y de inmediato sacar “alguna propaganda sobre la huelga.” La importancia y el carácter perentorio que se le asignaba a tal tarea quedan evidenciados en el último párrafo de la comunicación: “Es la hora de las grandes decisiones. Ahora o nunca. Sobre ustedes pesa una gran responsabilidad histórica. Si sabemos aprovechar la oportunidad la victoria será nuestra muy pronto.” (4)
Sin embargo, ningún documento de la clandestinidad es tan explícito en enaltecer el papel de la huelga revolucionaria como el informe de Frank a Fidel el 7 de julio de 1955, en el que relata el arduo trabajo de restructuración del Frente Obrero del Movimiento a partir de Oriente hacia el resto país, provincia por provincia, hasta dejar constituida una Dirección Nacional Obrera, todo en función de viabilizar la huelga revolucionaria. A ese escrito pertenecen los siguientes fragmentos (5):
Siempre se ha hablado de HUELGA GENERAL pero con los aprestos guerreros se descuidaba una y otra vez este aspecto o se trabajaba en él sin fe y de una forma inefectiva. Era necesario inyectar este sector, darle el impulso que necesitaba y se comenzó por Oriente. Ahora la situación ha cambiado, se ha visto que la HUELGA GENERAL es posible, que es necesaria, que es tan importante trabajar en esto como en ACCIÓN y se ha hecho. Existe en este momento una DIRECCIÓN PROVINCIAL OBRERA con sus DIRECCIONES MUNICIPALES funcionando a todo pulmón y con bastante independencia económica y propagandística. (6)
Era necesario que el mismo trabajo se realizara en toda la ISLA y se constituyó una DIRECCIÓN NACIONAL OBRERA que daría la pauta y marcaría el día de la HUELGA GENERAL. Para ello se comenzó con un EJECUTIVO GESTOR que en este caso es el de Oriente, que ya ha organizado en la misma forma de aquí a Camagüey y Santa Clara. (7)
En este momento los delegados de ese EJECUTIVO están en Pinar Del Río, Habana y Matanzas para crear donde no haya, unir donde haya ya algo hecho y llevar la idea y los proyectos del trabajo nacional. (8)De acuerdo con nuestros planes en un mes deben estar creadas y unidas nacionalmente todas nuestras organizaciones obreras. Ese es el momento de hacer efectiva la DIRECCIÓN NACIONAL OBRERA. El EJECUTIVO GESTOR pasaría a serlo en dirigencia y su COORDINADOR, miembro de la DIRECCIÓN NACIONAL DEL MOVIMIENTO (…) En todas las DIRECCIONES OBRERAS hay secciones de SABOTAJE para apoyar en ese momento la acción nacional que se va a desarrollar. Dada la importancia y lo crucial de la misma estas secciones son de militantes del 26. (9)
Igual estructura, a partir de un Comité Gestor, Ejecutivo Gestor, y Dirección Nacional, estaba orientando Frank para reorganizar el Movimiento de Resistencia Cívica:
Inmediatamente después de logradas las DIRECCIONES NACIONALES OBRERAS Y DE RESISTENCIA, pasarán delegados especiales de estas a formar un COMITÉ DE HUELGA cuyo trabajo sería más amplio (…) El objetivo de los delegados de nuestras organizaciones sería el de acoplar todas las figuras, sectores y organizaciones cívicas, políticas, religiosas, comerciales y obreras en un COMITÉ DE HUELGA que tendría visos de no parcializado al 26 pero que desarrollarían los hechos en el momento propicio que nosotros planeamos (…) El papel de los cuadros de acción es también importante y los estamos barajando inteligentemente. (10)
El asesinato de Frank tres semanas después repercutiría desfavorablemente en la debida marcha de todo este plan reorganizativo, sobre todo, del sector obrero del 26 de Julio. Asimismo, la caída de Frank el 30 de julio desencadena una huelga general en Santiago de Cuba que se amplía a toda la provincia de Oriente y se extiende parcialmente por el resto del país, incluida La Habana —el 5 de agosto— donde no puede consolidarse. Este acontecimiento hizo vislumbrar que existían condiciones para la incorporación masiva del pueblo a las huelgas de carácter político, de una parte; y, de la otra, que había un nivel organizativo y movilizativo mayor que el real en el Movimiento 26 de Julio que le permitiría impulsar con éxito un evento de esa naturaleza. No se tuvo suficientemente en cuenta el carácter espontáneo y la elevada carga emotiva que dio origen a ese paro, lo cual equivaldría a un serio error de apreciación.
Preso José Pellón en La Habana, después del frustrado alzamiento militar popular del 5 de septiembre de 1957 en Cienfuegos, llega a la capital Octavio Louit Venzant, como delegado del Ejecutivo Rector Obrero, para responsabilizarse con el trabajo obrero en esta provincia; con una amplia experiencia en estas tareas, de Guantánamo había pasado a organizar sucesivamente Santiago de Cuba, todo Oriente, Camagüey, Las Villas, Pinar del Río y Matanzas.
La tónica que Frank había orientado impartir al trabajo entre los obreros se centraba en la mayor amplitud para la integración de los trabajadores de todas las procedencias políticas en una sola estructura que, sin necesidad de manifestarlo expresamente, estaría bajo el control del Movimiento 26 de Julio. La fachada de tal organización sería la formación de amplios Comités de Huelga. Falta por corroborar si el trabajo que desarrollaron todos los dirigentes obreros y del resto del Movimiento en las provincias y municipios se llevó a cabo cumpliendo estrictamente esas indicaciones, pero hay indicios de que en general no fue así.
En la Dirección Nacional, Armando Hart sí le otorgó importancia según trasciende de una carta que le envía a Fidel dos meses y medio después de la caída de Frank, en la que se lee:
(…) seguiremos una orientación parecida a cuando empezamos el trabajo de Resistencia Cívica, que ha dado por resultado que hoy en día están aglutinándose y trabajando por la Revolución y hasta para el Movimiento gentes que nunca hubieran entrado directamente a trabajar con nosotros. Entre los Comités de Huelga por una parte y el Movimiento de Resistencia Cívica por otra se vertebrará, fundamentalmente, todo lo referente al Paro General, cuya propaganda se hará de esa forma, es decir como Paro, pues lo que se persigue no es específicamente la Huelga Obrera sino la paralización completa del país.
Y concluía Hart:
Además, así tendrá mucho más fuerza. Todo esto son experiencias del Paro de principios de agosto. (11) En definitiva, en los meses siguientes se conformaría el Frente Obrero Nacional (FON), encabezado por la Dirigencia Nacional Obrera del 26 de Julio a la que fue incorporado David Salvador Manso, azucarero camagüeyano que no contribuyó precisamente al carácter amplio que Frank pensó insuflarle a los comités de huelga. El FON se instituyó para la preparación de la huelga general revolucionaria. Igualmente, y con ese mismo fin, se organizaría el Frente Estudiantil Nacional.
De esta manera, el desarrollo concreto del enfrentamiento a la dictadura estimulaba en la dirigencia del Movimiento 26 de Julio soluciones ajustadas al variable ritmo y a las particularidades que iban manifestándose en el proceso mismo de la lucha. Claro que esto fue posible en la medida en que desde un principio se contó con una clara y definida estrategia: la insurrección armada popular. Su expresión armada era el Ejército Rebelde en el ámbito rural y las Milicias de Acción en el escenario urbano. El Frente Obrero Nacional, el Movimiento de Resistencia Cívica y el Frente Estudiantil Nacional venían a ser los vehículos dinámicos sociales para la participación del resto del pueblo en la insurrección; el MRC, el FON y el FEN eran, pues, resultados naturales de la puesta en práctica de una sola estrategia.

 NOTAS:
 1. Carta de Fidel Castro Ruz a “Mi admirada amiga” [Carmen Castro Porta], Septiembre 17 de 1955 [México], firma Fidel Castro. Fragmento tomado de “Carta de Fidel Castro a Carmen Castro Porta”, Carmen Castro Porta: La lección del Maestro, pp. 91­96, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1990.
 2. Fidel Castro: “Sirvo a Cuba. Los que no tienen el valor de sacrificarse”, revista Bohemia, La Habana, Año 47, Nº 47, 20 de noviembre de 1955, p. 59.
 3. “Manifiesto Al Pueblo de Cuba”, firmado en la Sierra Maestra el 20 de febrero de 1957. Fondo Fidel Castro Ruz, documento 96, Oficina de Asuntos Históricos.
 4. Faustino Pérez, Armando Hart y Carlos Franqui: Carta a “Querido Pepe” [José Pellón Jaen], Mayo 17/57. Fondo Faustino Pérez Hernández, Cuaderno 2, folio 4, Oficina de Asuntos Históricos.
 5. Frank País García: Carta a “Estimado Alejandro” [Fidel Castro], Santiago de Cuba, 7 de julio de 1957, firmada “POR LA DIRECCIÓN NACIONAL DEL M­26­7, David”. Fondo Frank País García, documento 91, Oficina de Asuntos Históricos. Se ha respetado la ortografía original.
 6. Ibídem.
 7. Ese Ejecutivo Gestor Obrero lo integraban Antonio “Ñico” Torres Chedebau, ferroviario de Guantánamo, Coordinador; Asterio Pelayo Hernández Pérez, “El Isleño”, azucarero de Palma Soriano, Responsable de Sabotaje; José de la Nuez, “Basilio”, telefónico de Santiago de Cuba, Responsable de Propaganda; y Jorge Gómez Vera, “El Mudo”, bancario de Santiago de Cuba, Responsable de Finanzas.
 8. Los Delegados del Ejecutivo eran “Ñico” Torres y Octavio Louit Benzant “Bejerano” — después “Cabrera”—, ferroviario de Guantánamo.
 9. Ibídem.
 10. Ibídem.
 11. Armando Hart Dávalos: Carta a “Querido Alejandro” [Fidel Castro] Santiago de Cuba, Octubre 16/1957, firma “Darío”. Fondo Armando Hart Dávalos, documento 25, Oficina de Asuntos Históricos.

Parte III y final

Unidad y diferencias en el plano insurreccional
A lo largo del tiempo algunos han opinado que los combatientes de la clandestinidad concebían la lucha solamente en el ámbito urbano, con la acción de las guerrillas en la Sierra Maestra como un factor emblemático de la rebeldía y como garantía para la culminación revolucionaria del proceso insurreccional.
Quienes así piensan hacen abstracción de dos cuestiones fundamentales: que no puede hablarse de los combatientes de la clandestinidad como un todo único, uniforme, con idéntica forma de pensar y de actuar; y que los procesos históricos no son estáticos, van desarrollándose en ajuste a la propia dialéctica de los acontecimientos, debido a lo cual una misma persona puede pensar y actuar de manera distinta con el transcurso del tiempo. Olvidar estas realidades ha configurado el esquema de que únicamente fueron los combatientes de la clandestinidad quienes promovían y confiaban en la huelga general a finales de 1957 y principio de 1958, y que se la impusieron —como si esto fuese posible— al Comandante en Jefe.
En aquellos momentos la potencialidad de la huelga general como factor para el derrocamiento de la tiranía también parece haber sido apreciada en demasía por algún alto mando del Ejército Rebelde. Los siguientes fragmentos y el rango de quien los suscribe así lo demuestran:
(…) Todos estaban de acuerdo en que los acontecimientos se precipitarían para principios de abril, pues el Manifiesto de la Sierra (1) había encendido la chispa y la huelga era una cosa inevitable por la agitación reinante en el país (…) El miércoles 26 de marzo me reuní con los Jefes de las demás Unidades y trazamos los planes finales, estábamos tan optimistas que le pusimos Operación Omega. (2)
Un año después del inicio de la guerra, cuando ya esta se había transformado de veloces acciones de guerrilla nómada a movimiento de columnas, en su conocido documento del 14 de diciembre de 1957 en el que repudia el denominado Pacto de Miami, Fidel opone a la todavía prevaleciente teoría del putsch de los auténticos “la tesis de la huelga general sostenida por el Movimiento 26 de Julio” que él ha elaborado y ajustado. (3)
De ahí que, en medio de la serie de acontecimientos que estaban estremeciendo el país, a principios de 1958 la decisión de desatar la huelga general revolucionaria pasó a ocupar un primer plano. Se consideraba entonces tan favorable el clima de efervescencia política, tan evidentemente débil al régimen y tan suficientemente fuerte al Movimiento, que la dirigencia del 26 de Julio creyó que había llegado el momento en el que podría derrocarse a la tiranía mediante la huelga general.
Otro importante aspecto directamente relacionado con esta temática —y que no puede ser excluido de un estudio a fondo— es el de los escenarios de la lucha, asunto del cual también se han estereotipado ciertos criterios maniqueístas. La distorsión se genera en el tratamiento reduccionista que se aplica al hecho objetivo de que es en el llano o en las áreas urbanas donde necesariamente puede desatarse la insurrección popular y, en ella, la huelga general; pero esto no implica, en absoluto, que el llano se erija necesariamente en contrapartida de la guerra en las montañas, como algunos han pretendido.
Lo cierto es que la alta dirigencia del Movimiento en las montañas y en el llano concebía ambos escenarios y formas de lucha como un mismo proceso. El punto nodular de esta cuestión gira en torno al peso que pudo haberse asignado, en distintos momentos, a estos dos escenarios, en concordancia con lo que en cada uno de ellos estaba ocurriendo.
El Comandante Raúl Castro, por ejemplo, analizaba así este asunto en abril de 1958:
Ante un movimiento de huelga general poca cosa podíamos hacer en el orden bélico con nuestras fuerzas [a 20 días de la constitución del II Frente] sino dar más bien apoyo moral a la misma en determinada zona [Guantánamo]. En vista de la situación lo fundamental sería la huelga y nuestras fuerzas pasarían a un plano secundario (…) (4)
El pensamiento de muchos de los integrantes del Movimiento 26 de Julio en los primeros tiempos de la guerra se refleja, sin duda alguna, en este fragmento de la carta que seis meses después de fracasar la huelga Faustino dirigiría desde la Sierra Maestra a Armando Hart, quien estaba preso en Isla de Pinos, donde se refiere a los últimos acontecimientos que se estaban desarrollando, y recuerda los meses inmediatos posteriores al arribo del Granma. Dice Faustino:
En verdad jamás creí en la posibilidad de lo que he visto, y ese era uno de nuestros principales errores de apreciación al conceder a la lucha en la Sierra poco más que una importancia simbólica, y no percatarnos de su importancia militar. Aún recuerdo que le dije a Fidel cuando vine con Mathews [febrero de 1957] que lo importante es que ellos no pudieran ser detenidos, que se metieran en el fondo de una cueva, pues bastaba con saber que él permanecía [allá] para nosotros poder hacer el resto. (5)
Mas, esa situación, referida al tercer mes de la guerra, cuando la primera columna guerrillera era muy débil y deambulaba sin dominar ningún territorio, no impidió entonces ni después la coexistencia de ambas concepciones. El Movimiento Revolucionario 26 de Julio se había integrado para el derrocamiento de la tiranía, la toma del poder y el desarrollo de la revolución. Una vez iniciada la guerra, toda la actividad estuvo en función de su sostenimiento y ampliación. De lo que no se percataron muchos al principio, como diría Faustino a Hart en la carta citada, es que el Ejército Rebelde iba a erigirse en el eje rector de esa guerra y que, por tanto, devendría históricamente el factor determinante del curso de la insurrección.
Esta concepción, sin embargo, no era rígida, cerrada, ni puede verse como un elemento característico del combatiente urbano. Por un lado, la actividad fundamental del Movimiento —en el país y en el extranjero mediante el Frente Externo— estuvo en función logística del Ejército Rebelde, de su fortalecimiento en armas, hombres, avituallamiento, equipamiento de diversa índole y sostén económico; y por otro lado, la dirigencia del Movimiento tampoco estuvo ajena a iniciativas para su actuación en el escenario rural, aparte del permanente envío de hombres hacia las montañas.
Al ocurrir el arribo del Granma, en diciembre de 1956, el Movimiento hizo llegar a Fidel por intermedio de Celia Sánchez diferentes partidas de dinero que sumaron 6 000 pesos en unos pocos días de ese primer mes de guerra. (6) El aporte económico no se detendría jamás, así como todo tipo de ayuda. Tres meses después, en marzo de 1957, ya Frank le enviaba a Fidel el primer refuerzo de 50 hombres armados; con estos, además de un importante cargamento de armas procedente de La Habana —las no utilizadas por el comando de apoyo del Directorio Revolucionario en el asalto al Palacio— que el Movimiento 26 de Julio también le hizo llegar poco más tarde, la Columna 1 atacaría y tomaría el cuartel de El Uvero el 28 de mayo.
En los fondos documentales de Armando Hart, Faustino Pérez, Frank País, René Ramos Latour, y otros dirigentes dentro y fuera del país, abunda la información que demuestra cómo este soporte económico y material fue constante, aún a expensas de increíbles sacrificios de las necesidades más perentorias de la clandestinidad.
Pero hay más. Otro aspecto no siempre muy recordado avala esta realidad. Los planes y esfuerzos de los dirigentes del llano para iniciar operaciones guerrilleras fuera de las zonas urbanas y establecer nuevos frentes.
No debe olvidarse que el mismo 30 de noviembre de 1956, se pretendió abrir un frente en la Sierra de los Órganos, Pinar del Río, tres días antes de la llegada del Granma. Ese mismo día, en el otro extremo del país, se asentó en la Sierra de Canasta, Guantánamo, una columna al mando de Julio Camacho Aguilera “Carlos Jordán”. (7)Y en el centro de la isla comenzó a operar el comando armado de Víctor Bordón Machado en las zonas suburbanas y rurales en torno a Santa Clara.
En febrero de 1957, cuando Faustino hace su segundo viaje a La Habana después del inicio de la guerra, viene con el propósito fundamental de reclutar hombres y acopiar equipamiento bélico para la apertura de un frente en el Escambray. Los sucesos del apartamento de la casa de 5ª y A en el Vedado, donde fue apresado gran parte de los hombres de acción que sostenían los sabotajes en la capital, con su secuela adicional de la pérdida de un alijo de armas en San Miguel de Padrón que habían sido trasladadas sucesivamente del reparto Mulgoba a 5ª y A, más el aprisionamiento mismo de Faustino por la policía el 19 de marzo, dieron al traste con ese propósito.
Tres meses después, el 28 de mayo, abortó en Cienfuegos el primer proyecto del Movimiento para tomar el enclave naval de Cayo Loco, ocupar las armas e irse hacia el Escambray.
Apenas transcurrido un mes, el 30 de junio, día mismo en que caían en las calles de Santiago de Cuba Josué País García y Floro Vistel Somodevilla, abortaba el plan elaborado por Frank para abrir un segundo frente de guerra al norte de la provincia de Oriente. Fue cuando el ejército sorprendió en la zona del Central Miranda a los militantes del 26 de Julio que allí se concentraban, con el resultado de su dispersión, la caída de un combatiente y la pérdida de las armas.
Una vez más, al producirse el alzamiento del 5 de septiembre de 1957, el Movimiento en Cienfuegos tenía prevista la marcha hacia el Escambray. A pesar de haber controlado la ciudad durante varias horas, la falta de unidad de criterios cuando aún había tiempo todavía para hacerlo impidió la marcha hacia las montañas de las fuerzas revolucionarias.
Los esfuerzos en esa dirección no se detuvieron, y a la altura de abril de 1958 el Movimiento 26 de Julio operaba con pequeños grupos armados en la periferia de numerosas áreas urbanas, principalmente en Oriente, Camagüey, Las Villas y Matanzas.
El mismo 9 de abril de 1958 René Ramos Latour, Jefe Nacional de las Milicias de Acción del Movimiento, al frente de medio centenar de combatientes y con las mejores armas que tenía en Santiago de Cuba asaltaba el cuartel de Boniato. Esta columna se asentaría en la región de la Gran Piedra y, bajo el mando de Belarmino Castilla Mas “Aníbal”, tomaría el cuartel de Ramón de las Yaguas 20 días después y se incorporaría posteriormente al Segundo Frente Oriental Frank País, todavía en estado de incipiente organización.
Posibles causas del revés
La Huelga del 9 de abril de 1958 constituyó el más costoso revés a escala nacional de las fuerzas revolucionarias durante el proceso insurreccional contra la segunda dictadura batistiana. La estructura organizacional del Movimiento 26 de Julio se desarticuló especialmente a nivel de la Dirección Nacional y de la provincia de La Habana, y requeriría varios meses para recuperar la eficiencia y la intensidad de su accionar colectivo.
El enorme salto cuantitativo y cualitativo de su organización al crear el Movimiento de Resistencia Cívica, el Frente Obrero Nacional y el Frente Estudiantil Nacional, la espectacularidad de su propaganda y los impactantes golpes propinados por comandos de acción en el segundo semestre y primeros meses de 1958 conformaron el espejismo de la posibilidad de un fulminante triunfo insurreccional urbano.
Ese criterio tomó fuerza adicional con acontecimientos de masas como la huelga por el asesinato de Frank en agosto de 1957, el respaldo popular al alzamiento civil–militar del 5 de septiembre, y el paro nacional estudiantil que se inició en febrero de 1958, a los que se agregó la concertación de las denominadas organizaciones cívicas, profesionales y religiosas para alzar su voz y pedir la salida de Batista.
Todo esto llevó a hiperbolizar la capacidad de movilización del 26 de Julio y el potencial de sus efectivos de Acción y Sabotaje, con abstracción de la limitada fuerza real que entonces tenía el Ejército Rebelde, mientras en proporción exactamente inversa se minusvaloró la capacidad operacional del aparato militarpolicíaco­represivo de la tiranía en las ciudades y poblados, donde permanecía intacto en aquel momento.
Entre las principales razones que se adujeron entonces como causales del fracaso, Faustino Pérez definiría las siguientes el 13 de abril de 1958: 1. Falta de clima previo a producir por una serie de hechos violentos que hicieran que el paro no fuera más que la culminación lógica del mismo. 2. Método inadecuado para la convocatoria. Por querer mantener en secreto la fecha no se pusieron los cuadros a funcionar en todos los sectores. 3. Escasa intensidad que presentó el sabotaje eléctrico y de las plantas de radio, cuando se esperaba la supresión total de ambos servicios. 4. La actitud un poco cerrada que se mantuvo frente a la posibilidad de coordinación o colaboración por parte de otros factores. (8)
A esas causas Marcelo Fernández agregaría otras nuevas el 21 de abril: 1. Falta de organización interior de los cuadros, especialmente Obreros, Acción y Resistencia. 2. Existencia de una mentalidad errónea en el sentido de que el papel de los obreros se circunscribía a recogerse en sus casas, sin participar activamente en la huelga. 3. Dificultad en la comunicación radial que se suponía mantuviera en contacto a las provincias con el Comité Nacional de Huelga. (9)
Aunque algunas de las razones que entonces se enumeraron (como la falta de comunicación con provincias y la no concertación adecuada de la unidad con otras fuerzas en el sector obrero) en mi opinión carecen en realidad de peso determinante, llama la atención, sin embargo, que otras consideraciones no se hayan tenido en cuenta —ni entonces ni después— como las posiciones un tanto rígidas que unos pocos mantenían entonces en cuanto a los escenarios de la lucha y al método para llevarla adelante, al que ya me referí antes. Sería el Che quien escribiría retrospectivamente en el año 1962 de esas dos cuestiones. Pero, en cuanto al escenario, absolutizando el criterio de que la dirigencia en el llano únicamente concebía la lucha en las ciudades; y, en lo referente al método, sin reconocer la carga de subjetividad que lo llevaban también a él a cometer errores de apreciación y a mantener una conducta hostil respecto a la dirección del Movimiento 26 de Julio fuera de la Sierra Maestra.
En la perspectiva del tiempo transcurrido algunas otras consideraciones aparecen como omisiones.
¿Cómo explicar que Daniel saliera el mismo día de la huelga hacia las montañas con una columna de milicianos armados en dirección geográfica opuesta a donde había que ganar la huelga? Cuando se determinó convocar la huelga, ¿se consideró que ella sería suficiente para provocar la caída de Batista?
¿Qué cantidad de días de huelga se hubiera necesitado para quebrar al régimen? ¿Cómo hubieran accedido al poder las fuerzas revolucionarias con el Ejército Rebelde confinado todavía a las montañas orientales y el aparato policíaco­militar de la tiranía todavía intacto? ¿Solo la huelga hubiera sido suficiente para obligar al ejército, la marina, la policía y demás cuerpos represivos a entregar sus cuarteles y fortificaciones, polvorines, naves aéreas, marítimas y terrestres, y armas y demás medios de guerra?
En tanto se consideró que la huelga general solo podría tener éxito nacionalmente si triunfaba en La Habana. ¿Se tuvo en cuenta la desarticulación sufrida por una gran parte de los efectivos de acción y sabotaje con la reciente pérdida y encarcelamiento de algunos de sus principales cuadros en La Habana?
¿Por qué se siguió adelante sin resolver previamente los problemas de organización, los recelos entre determinados cuadros y la exclusión de otros a la hora de la acción, la inviabilidad de los planes de sabotaje, y la falta casi absoluta de armamento en la capital? ¿Se confió realmente en que el alijo bélico que llegaría en El Corojo (no más de 60 fusiles) sería suficiente para armar a los combatientes capitalinos, paralizar la vida económica, laboral y social de La Habana e inmovilizar a las fuerzas armadas de la tiranía aquí asentadas?
La presencia de estos y otros problemas que se alzaron contra la ejecución del plan estratégico general, llevan a inducir que a la huelga general revolucionaria se le asignó un desmesurado carácter protagónico activo que no podía tener por sí misma en aquel momento, como no lo había tenido antes ni lo tendría después.
Más, no insistiré en esa dirección hasta poder darle el tratamiento requerido en una obra mayor, en la que pueda reflejar una investigación minuciosa y un análisis exhaustivo.
Pero no es necesario esperar esa ocasión para definir la esencia medular de aquel acontecimiento: su concordancia con la vocación patriótica y con la tradición de heroísmo del pueblo cubano. A pesar de la falta de recursos, en todo el país se produjeron paros y acciones de diversa índole, enfrentando a fuerzas mucho más poderosas. Ningún grupo tuvo el armamento mínimo que requería. La inmensa mayoría ni siquiera pudo contar con un arma corta de pequeño calibre. Muchos, capturados en las casas de acuartelamiento donde esperaban las armas para salir a cumplir las misiones que les encomendarían, fueron torturados y asesinados. Solo en Madruga, Sagua la Grande, Santiago de Cuba y Guantánamo, las milicias de Acción mantuvieron el dominio de las calles hasta el segundo día, y únicamente en los dos últimos lugares la huelga pudo sostenerse hasta el 11 y el 13 de abril, respectivamente.
Esto es lo digno de destacar. Porque más que por todos los tropiezos que se alzaron en su contra, la huelga del 9 de abril pasa a nuestra historia como uno de los momentos liminares en los que avanzadas de la vanguardia hacen derroche de espíritu de lucha, decisión, coraje y valentía.
Por sobre cualquier otra consideración, el 9 de abril devino factor acelerante de la derrota del régimen y del triunfo de la Revolución. La tiranía creyó que había aniquilado a las fuerzas revolucionarias en todas
las zonas urbanas del país y arremetió contra el baluarte de la Sierra Maestra y las montañas del noreste oriental, cometiendo un doble error que precipitaría su derrocamiento. En consecuencia, el 9 de abril se inscribe así, como el 26 de julio de 1953, el 30 de noviembre y 2 de diciembre de 1956, como el 13 de marzo y el 5 de septiembre de 1957 en Cienfuegos, por solo mencionar algunos más, entre los acontecimientos que jalonan de gloria el camino de nuestra liberación nacional.

 NOTAS:
 1. Se refiere al manifiesto “Al Pueblo de Cuba”, más conocido como “Manifiesto de los 21 puntos”, fechado el 12 de marzo de 1958 en la Sierra Maestra. Lleva las firmas de Fidel Castro y Faustino Pérez. Fondo Fidel Castro Ruz, documento 1281, OAH.
 2. Raúl Castro Ruz: Diario de Campaña. Ejército Revolucionario “26 de Julio”. Segundo Frente Zona Norte. Columna No. 6 “Frank País”. Comandancia. Informe No. 1, 20 de abril de 1958, 7:00 A.M. Fondo Raúl Castro Ruz, documento 89, OAH.
 3. Fidel Castro: “Señores dirigentes del Partido Revolucionario Cubano, Partido del Pueblo Cubano, Organización Auténtica, Federación Estudiantil Universitaria, Directorio Revolucionario, Directorio Obrero Revolucionario”, Sierra Maestra, dic.[iembre] 14 de 1957, firma Fidel Castro Ruz. Copia manuscrita por Celia Sánchez Manduley. Fondo Fidel Castro Ruz, documento 157, OAH.
 4. Raúl Castro: Diario de Campaña, Informe N˚ 1, citado.
 5. Faustino Pérez: Carta a “Dr. Armando Hart”, Sierra Maestra, Oct.[ubre] 3/958, firma “Fausto”. Fondo Faustino Pérez Hernández, Cuaderno 6, folio 54, OAH.
 6. Celia Sánchez: Cuaderno personal con las primeras anotaciones del inicio de la guerra. Fondo Celia Sánchez Manduley, documento 26, OAH.
 7. Después “Jacobo” y “Gastón”.
 8. Faustino Pérez: Carta a “Querido Zamora y demás compañeros” [de Miami], La Habana, Abril 13/58, firma F. Fondo Faustino Pérez Hernández, Cuaderno 3, folio 18, OAH.
 9. Marcelo Fernández: “Circular de Organización” CO­3, Santiago de Cuba, Abril 21/58, A “los Coordinadores Provinciales y a los Responsables Nacional de Secciones”. Firma: “Zoilo” Coordinador Nacional. Tiene un cuño con la siguiente leyenda: Libertad o Muerte —26 de Julio— Dirección Nacional. Fondo Marcelo Fernández Font, documento 42, OAH.

* Conferencia impartida en el Teatro “Manuel Sanguily” de la Universidad de La Habana el viernes 16 de septiembre de 2005, dentro del ciclo de temas históricos de ese año patrocinado por el Club Martiano “Faustino Pérez” y la Casa de Altos Estudios “Fernando Ortiz”.

(**) Discurso pronunciado por el Comandante Fidel Castro Ruz, Primer Ministro del Gobierno Revolucionario, con motivo de conmemorarse el Primer Aniversario de la Huelga del 9 de Abril, en la Alameda de Paula, el 9 de Abril de 1959. (**). Fotos y párrafo del discurso incluídos por el editor de esta página web.

Fuente: CUBARTE (Publicado en tres partes entre el 9 y el 16/04/2014)