Mensaje del Dr. Armando Hart Dávalos a la clausura del taller conmemorativo del aniversario 60 de la primera Dirección Nacional constituída por el movimiento 26 de Julio. 12/06/2015

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hart           Queridas compañeras y compañeros:

Cuando evoco la fecha fundacional de aquella primera Dirección Nacional del Movimiento de la Generación del Centenario —que ya había recibido el nombre de 26 de Julio en homenaje a los héroes y mártires de la gloriosa fecha del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes— recuerdo, como conté en mi libro Aldabonazo, que Fidel nos habló de la expedición y de la huelga general y de que había que constituir una dirección de apoyo a estos empeños; también nos explicó, que la dirección debía quedar integrada por los compañeros de diferentes tendencias que habían aceptado el plan.

Recuerdo, de la misma forma, que una noche, semanas antes de su partida hacia México, se produjo una reunión en una casa situada en la calle Factoría No. 62. Fue en esa reunión cuando, por primera vez, a través de un planteamiento de Fidel, conocí que la organización se denominaría Movimiento 26 de Julio.

Allí quedó constituida la Dirección del Movimiento en Cuba, presidida por Fidel e integrada por: Raúl Castro —no estuvo presente pues tuvo que salir para México—, Pedro Miret, Jesús Montané, Faustino Pérez, Haydée Santamaría, Melba Hernández, José Suárez Blanco, Pedro Aguilera, Luis Bonito, Antonio (Ñico) López y yo. Fidel señaló también que en Santiago contábamos con un compañero de grandes condiciones. Recuerdo que antes de que terminara la frase le dije: «Ése es Frank País»; efectivamente, un compañero de tan extraordinarias condiciones en Oriente no podía ser otro que Frank País García.

No puedo olvidar que el proceso de integración de la Dirección del Movimiento se caracterizó por la unidad. Nosotros proveníamos de otra organización y fuimos recibidos con amplio espíritu de colaboración. Desde el comienzo, Faustino y yo pudimos trabajar muy ligados a Pedro Miret, Ñico López, Jesús Montané, Haydée Santamaría, Melba Hernández y otros muchos compañeros.

También es muy significativo que se conozca que la Dirección del Movimiento, constituida en 1955, y los cuadros más importantes agrupados a su alrededor en el trabajo clandestino, provenían esencialmente de dos vertientes de la Ortodoxia: los que habían participado en el Moncada; bajo el liderazgo de Fidel o que habían estado bajo su influencia política en el seno del Partido del Pueblo Cubano, y los que procedíamos del MNR, que por entonces estaba prácticamente disuelto y cuya bandera principal había sido Rafael García Bárcena. Estas corrientes políticas tenían su origen en el amplio movimiento de masas que había generado en el país Eduardo Chibás. Todos los compañeros de la Dirección constituida entonces en Cuba permanecieron fieles a la Revolución.

Desde Oriente, María Antonia Figueroa, fungió como tesorera, en esa provincia, el centro de todo el Movimiento era Frank País, quien tenía, como se ha explicado, una extensísima red clandestina en casi toda la región. Junto a Frank laboraban Vilma Espín, Julio Camacho Aguilera, Léster Rodríguez, Taras Domitro, Pepito Tey, Tony Alomá, Otto Parellada, Arturo Duque de Estrada, Enzo Infante, Agustín Navarrete, Carlos Iglesias y decenas de cuadros. En esta provincia era donde más había avanzado la organización.

En La Habana teníamos los más importantes encuentros y puntos de contacto en la casa de Jovellar 107, en el tercer piso. Allí vivían Melba Hernández y sus padres, quienes trabajaban con todos nosotros de manera intensa y decidida. Esta casa se comunicaba por el fondo con el apartamento de Pedro Miret y su esposa.

La casa de Melba había sido visitada por Cayita Araújo y María Antonia Figueroa. Ellas se entrevistaron con Fidel y un grupo de nosotros; allí se habló de la historia de Cuba, de Martí, de Maceo, de los próceres, de las luchas por la independencia. Fue una hermosa jornada cargada de recuerdos patrióticos. Durante la misma Fidel esbozó el proyecto revolucionario que había concebido.

María Antonia Figueroa se refirió a ese encuentro en una entrevista que la revista Santiago publicó:

[… ] me reuní en la casa de Jovellar 107- casa de la compañera Melba Hernández con Fidel, Haydée Santamaría, Armando Hart, Jesús Montané y otros; es decir, los compañeros que formaban la incipiente dirección de lo que iba a ser, a partir de ese momento, el Movimiento Revolucionario 26 de Julio.

En esta reunión, que duró aproximadamente entre siete y diez horas, Fidel nos expuso los lineamientos del Movimiento. Nos leyó la carta de despedida al pueblo de Cuba, puesto que ya él estaba próximo a partir al exilio de México para preparar la insurrección armada. Nos informó también del viaje que pensaba hacer a los Estados Unidos siguiendo la misma ruta que en el siglo pasado siguió José Martí [… ].

Otro lugar muy frecuentado por aquellos días eran las oficinas del Partido del Pueblo Cubano, en Prado 109. Hasta aquel sitio íbamos Faustino, Ñico, Pedro, Haydée, Montané, Melba y otros compañeros. Organizábamos reuniones, hacíamos labor de captación para nuestra causa, y salíamos discutiendo nuestras ideas por el Malecón hasta llegar a Jovellar 107.

Igualmente, vienen a mi mente tres documentos de la época que, recogieron de manera clara e impecable, los propósitos del naciente movimiento, sus principios y objetivos. La impronta de Fidel se evidencia en cada uno de ellos y su lectura al cabo de seis décadas nos permite llegar a valiosas conclusiones y enseñanzas, confirmándonos la capacidad y habilidad política desplegada desde entonces por nuestro líder histórico, combinada sabiamente con la firmeza, la lealtad a las más entrañables ideas cubanas y una extraordinaria visión de futuro. En ese caso podemos decir que nunca a la inteligencia le faltó el valor, ni al valor le faltó la inteligencia.

El día 8 de agosto de 1955 se suscribió por Fidel, en nombre del Movimiento Revolucionario 26 de Julio, el documento conocido como Manifiesto número 1 del 26 del Julio al Pueblo de Cuba, encabezado por dos pensamientos, uno de José Martí y otro de Antonio Maceo, los que constituyeron así todo un símbolo. Merece la pena recordar aquí sus palabras iniciales:

“Bajo este nombre de combate, que evoca una fecha de rebeldía nacional, se organiza hoy y prepara su gran tarea de redención y de justicia el movimiento revolucionario cubano. Por acuerdo expreso de sus dirigentes se me confió la redacción de este primer manifiesto al país y los que en lo sucesivo verán la luz en forma clandestina.

Al cumplir esta misión que me impone el deber, no vacilo en asumir la responsabilidad que implica calzar con nuestra firma estas proclamas que serán una constante arenga al pueblo, un llamado sin ambages a la revolución y un ataque frontal a la camarilla de criminales que pisotea el honor de la nación y rige sus destinos a contrapelo de su historia y de la voluntad soberana del pueblo”.

Pocos meses más tarde, el día 10 de diciembre de 1955, vio la luz también desde México, el Manifiesto número 2, que hacía un resumen de la intensa actividad del Movimiento desde sus inicios, dictaba normas y exhortaba a la imprescindible recaudación de fondos para la lucha. Entre otras cosas decía: “no somos malversadores, si no somos ricos, ¿cómo vamos a obtener los recursos indispensables para la lucha, si no es pidiéndoselos al pueblo? ¿Y cómo vamos a pedirle al pueblo si no le hablamos al pueblo y le decimos para qué se quieren esos recursos?”

Luego en la edición de la revista Bohemia, del 1º de abril de 1956, bajo el título de “El Movimiento 26 de Julio” y con fecha 19 de marzo, aparece el que, a nuestro juicio, constituye el más esclarecedor de los documentos, correspondiente a la etapa anterior al desembarco del Granma, algunos de cuyos párrafos finales —leídos a estas alturas de la Revolución cubana— resultan conmovedores y nos permiten concluir que tanta lucha, tanto sacrificio, tantos heroísmos y tanta sangre derramada no han sido en vano. Estos dicen así:

“Ahora la lucha es del pueblo. Y para ayudar al pueblo en su lucha heroica por recuperar las libertades y derechos que le arrebataron, se organizó y fortaleció el Movimiento 26 de Julio. ¡Frente al 10 de marzo, el 26 de julio!”

[…] El Movimiento 26 de Julio es la organización revolucionaria de los humildes, por los humildes y para los humildes.

El Movimiento 26 de Julio es la esperanza de redención para la clase obrera cubana, a la que nada pueden ofrecerle las camarillas políticas; es la esperanza de tierra para los campesinos que viven como parias en la patria que liberaron sus abuelos; es la esperanza de regreso para los emigrados que tuvieron que marcharse de su tierra porque no podían trabajar ni vivir en ella; es la esperanza de pan para los hambrientos y de justicia para los olvidados.

El Movimiento 26 de Julio hace suya la causa de todos los que han caído en esta dura lucha desde el 10 de marzo de 1952 y proclama serenamente ante la nación, ante sus esposas, sus hijos, sus padres y sus hermanos que la revolución no transigirá jamás con sus victimarios.

El Movimiento 26 de Julio es la invitación calurosa a estrechar filas, extendida con los brazos abiertos, a todos los
revolucionarios de Cuba, sin mezquinas diferencias partidaristas y cualesquiera que hayan sido las diferencias anteriores.

El Movimiento 26 de Julio es el porvenir sano y justiciero de la patria, el honor empeñado ante el pueblo, la promesa que será cumplida”.

Compañeras y compañeros:

El pueblo cubano mantendrá el compromiso de seguir extrayendo lecciones de esta valiosa historia y seguirá siendo muy necesario que el pueblo norteamericano y el mundo conozcan las esencias más profundas de estos hechos para que como dijo el Apóstol cubano no olviden jamás que: “Un error en Cuba, es un error en América, es un error en la humanidad moderna”.

¡Gloria eterna a los héroes y mártires de la Patria! ¡Viva el Partido Comunista de Cuba! ¡Vivan Fidel y Raúl!

HASTA LA VICTORIA SIEMPRE

Junio de 2015

 

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60 aniversario del Desembarco del yate “Granma”: 02/12/1956-02/12/2016

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Expedicionarios

Estado Mayor

Comandante en jefe

1- Fidel Castro Ruz

Jefes de Estado Mayor

2- Capitán Juan Manuel Márquez Rodríguez
3- Capitán Faustino Pérez Hernández

Jefe de Intendencia

4- Pablo Díaz González

Ayudantes

5- Félix Elmuza Agaisse
6- Armando Huau Secades

Jefe de sanidad

7- Teniente Ernesto Guevara de la Serna

Oficiales adscritos al Estado Mayor

8- Capitán Antonio López Fernández
9- Teniente Jesús Reyes García
10-Teniente Cándido González Morales

Otros integrante del Estado Mayor

11-Onelio Pino Izquierdo
12-Roberto Roque Núñez
13-Jesús Montané Oropesa
14-Mario Hidalgo Barrios
15-César Gómez Hernández
16-Rolando Moya García

Pelotones

Jefe pelotón de vanguardia

17-Capitán José Smith Comas

Jefe pelotón del centro

18-Capitán Juan Almeida Bosque

Jefe de pelotón de retaguardia

19-Capitán Raúl Castro Ruz

Jefes de escuadra Primer pelotón

20-Horacio Rodríguez Hernández
21-José Ponce Díaz
22-José Ramón Martínez Álvarez

Jefes de escuadra Segundo pelotón

23-Fernando Sánchez-Amaya Pardal
24-Arturo Chaumont Portocarrero
25-Norberto Collado Abreu

Jefes de escuadra Tercer pelotón

26-Gino Doné Paro
27-Julio Díaz González
28-René Bedia Morales

Integrantes de los Pelotones

29-Evaristo Montes de Oca Rodríguez
30-Esteban Sotolongo Pérez
31-Andrés Luján Vázquez
32-José Fuentes Alfonso
33-Pablo Hurtado Arbona
34-Emilio Albentosa Chacón
35-Luis Crespo Castro
36-Rafael Chao Santana
37-Ernesto Fernández Rodríguez
38-Armando Mestre Martínez
39-Miguel Cabañas Perojo
40-Eduardo Reyes Canto
41-Humberto Lamothe Coronado
42-Santiago Liberato Hirzel González
43-Enrique Cuélez Camps
44-Mario Chanes de Aramas
45-Manuel Echevarría Martínez
46-Francisco González Hernández
47-Antonio Mario Fuentes Alfonso
48-Noelio Capote Figueroa
49-Raúl Suárez Martínez
50-Gabriel Gil Alfonso
51-Luis Arcos Bergnes
52-Alfonso Guillén Zelaya Alger
53-Miguel Saavedra Pérez
54-Pedro Sotto Alba
55-Arsenio García Dávila
56-Carlos Israel Cabrera Rodríguez
57-Carlos Bermúdez Rodríguez
58-Antonio Darío López García
59-Oscar Rodríguez Delgado
60-Camilo Cienfuegos Gorriarán
61-Gilberto García Alonso
62-René Orestes Reiné García
63-Jaime Costa Chávez
64-Norberto Godoy de Rojas
65-Enrique Cámara Pérez
66-Raúl Díaz Torres
67-Armando Rodríguez Moya
68-Calixto García Martínez
69-Calixto Morales Hernández
70-Reinaldo Benítez Nápoles
71-René Rodríguez Cruz
72-Jesús Gómez Calzadilla
73-Francisco Chicola Casanovas
74-Universo Sánchez Álvarez
75-Efigenio Ameijeiras Delgado
76-Ramiro Valdés Menéndez
77-David Royo Valdés
78-Arnaldo Pérez Rodríguez
79-Ciro Redondo García
80-Rolando Santana Reyes
81-Ramón Mejias Castillo
82-José Morán Losilla 

Fuente: Ecured

Nota de Faustino a Fidel escrita en 1991 desde la Ciénaga de Zapata, un año antes de su fallecimiento, con motivo del 35 aniversario del desembarco,  y que reproducimos hoy como homenaje a este 60 aniversario, y como actual tributo al Comandante en Jefe 

20150707_1558372 de diciembre de 1991

Fidel: A 35 años de la gran aventura, siento el deseo íntimo de expresarte el orgullo de saberme soldado de tú causa y la felicidad de seguir combatiendo si no con la misma fuerza física, sí con el mismo espíritu y la más profunda convicción y entrega.
– Gracias por tú ejemplo insuperable y permanente
– Gracias por tú absoluta consagración a la causa del pueblo
– Gracias por tú inconmovible fé en la victoria
Con la mayor admiración y cariño,
Faustino

Del legado de Chibás*

chivas Eduardo Chibás                                                 clipart-bandera-cubana-8241-png

En justa afirmación histórica, el compañero Fidel Castro proclamó durante la conmemoración del centenario de La Demajagua, que “en Cuba sólo ha habido una Revolución”, la iniciada por Carlos Manuel de Céspedes el 10 de octubre de 1868 y que nuestro pueblo lleva adelante en la actualidad.

Consecuentes con esa concepción estratégica de nuestras luchas centenarias, el gran movimiento encabezado por Eduardo Chibás, que sensibilizó a la mayoría de los cubanos a combatir contra las inmoralidades y vicios de la politiquería de la seudorrepública, se inscribe con toda justicia en ese único gran proceso de nuestra historia. No debemos olvidar que aquellas masas populares de la ortodoxia chibasista fueron cantera principal para la organización de las nuevas fuerzas revolucionarias llamadas a dar la batalla final bajo la guía de Fidel, por la liberación definitiva de nuestro pueblo.

Este acto a la memoria de Eddy Chibás transcurre en momentos difíciles para la Revolución que ha llevado adelante su ideario cívico de combate. Hoy, a cuarenta años de su muerte, la vida de Chibás continúa siendo fuente de inspiración en la lucha por una patria mejor. Su tenacidad y la fe en el pueblo son dos características de su personalidad que le acompañaron siempre. La circunstancia de su muerte prueba, lo que aquí afirmamos con su llamado del último aldabonazo:

Cubanecesita despertar. […].                                                                                                                Cuba tiene reservado en la historia un grandioso destino […] sólo espera la gestión honrada y capaz de un equipo gobernante que esté a la altura de su misión histórica.

Antes, en vida de Chibás, como ahora con la Revolución en el poder, el principal enemigo del pueblo cubano movía sus poderosos recursos para impedirle salir adelante.

Nuestro país no escapó a la política trazada por Washington para todos aquellas estados o personas que pudieran afectar intereses de los Estados Unidos.

En la Cuba de postguerra, el accionar político de Chibás conducía al enfrentamiento con el imperialismo norteamericano. Combatir la corrupción política y administrativa y pronunciarse por el rescate de nuestra soberanía y de las riquezas del país, concitaba la animosidad de los Estados Unidos.

Tan fortalecido en su dominio político y económico emergieron los Estados Unidos de la Segunda Guerra Mundial que propugnaban la negación de la personalidad nacional de los estados como elemento de reblandecimiento ideológico que les llevaba a afirmar que se vivía “el siglo americano”. Durante esos años, en ese país se inició un proceso de reorganización de las empresas transnacionales, de concentración de capitales que les llevó a priorizar la necesidad de extender las inversiones para dar salida a la acumulación de dineros ociosos atesorados en los bancos estadounidenses. Los grandes monopolios crecían y se reorganizaban, y su voracidad reclamaba mayores tasas de ganancias. Simultáneamente exigían garantías para sus inversiones y creían hallarlas en las fuerzas armadas y en los jefes militares más allegados y sometidos.

Como una mercancía más se exportó a América Latina la política norteamericana de “guerra fría”, que derribó gobiernos e implantó tiranías militares y fortaleció las ya existentes de Anastasio Somoza en Nicaragua, Tiburcio Carías en Honduras, y Rafael Leónidas Trujillo en Santo Domingo. Washington no permitía ni siquiera el surgimiento de gobiernos de corte nacionalista en la América Latina de los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial.

Este es el teatro regional donde alcanza su máxima popularidad el quehacer cívico político de Eduardo Chibás. Para algunos era estridente y polémico en demasía, pero la mayoría veía en él al único capaz de convertir en realidad su consigna de “Vergüenza contra dinero” y de usar la escoba “para barrer todos los males del país”.

Para los analistas yanquis, Chibás y su movimiento ortodoxo les resultaban impredecibles y contradictorios. Sin embargo, en Washington intuían que combatir el peculado, la corrupción y a los funcionarios venales en Cuba, era una señal de peligro para sus intereses en la isla.

Rechazar los pactos políticos con quienes tuvieran sus manos manchadas de sangre y dinero mal habido, constituía una seria amenaza al control norteamericano, acostumbrado a utilizar a unos y otros de los políticos cubanos en beneficio de Washington y Wall Street. No gustaba al imperialismo que quien, aunque a veces llegó a discrepar y a polemizar con los comunistas, enarbolara sin embargo parecidas proyecciones o coincidían incluso, en ocasiones, en el apoyo a los mismos candidatos. Le molestaba al imperio las incursiones de Chibás por países de Suramérica como Argentina y Brasil, y su amistad con el legendario comunista Luis Carlos Prestes.

Pero aún tendrían en los Estados Unidos, en su temor a Chibás, mucho de qué hablar cuando en 1950 viajó a Nueva York y en la cuna de Wall Street aseguró durante una conferencia de prensa que si su partido ortodoxo ganaba la presidencia del país, serían nacionalizadas empresas norteamericanas tales como las compañías de teléfonos, electricidad, ferrocarriles y otros servicios públicos.

De esta manera, se ratificaba lo sostenido en el programa del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos) acerca de la necesidad de nacionalizar el transporte y otros servicios a la población en manos extranjeras. La propia tesis elaborada en 1948 por la Juventud Ortodoxa, con la anuencia de Chibás, identificaba a los gobiernos del primer período republicano en Cuba como “cómplices del imperialismo norteamericano”.

El odio imperialista se concitó aún más contra Chibás en la misma medida en que sus campañas de repudio a las empresas extranjeras subían de tono. Durante una encendida polémica contra la filial en Cuba de la Electric Bond and Share, la compañía cubana de Electricidad, Chibás fue condenado a seis meses de cárcel, pero la movilización popular logró casi inmediatamente su excarcelación.

Evidentemente, a Chibás no le asustaba lo que pudieran pensar de él en los Estados Unidos. A los pocos días de fundarse la ortodoxia en un discurso radiado a todo el país por su hora doctrinal, el 18 de julio de 1947, Chibás se refirió a cómo ingresaban a la ortodoxia algunos elementos:      […] estos millonarios del Partido del Pueblo Cubano, grandes terratenientes y abogados de poderosas compañías y trusts, parece que no fueron sinceros al ingresar en la ortodoxia, sino que vinieron a ella en busca de senadurías. Cuando se dieron cuenta de que yo sí soy sincero, de que no soy un demagogo, sino de que pretendo cumplir seriamente las bases programáticas fundamentales que dieron origen al movimiento ortodoxo y llevar adelante, sin contemplaciones con los latifundistas, nuestro programa de reforma agraria en beneficio de los campesinos y acabar de veras con la corrupción administrativa, la bolsa negra, el trust de la carne y los demás monopolios, se han espantado ante la posibilidad de que yo llegara a ser presidente […].

En el temor a Chibás coincidían los imperialistas con los batistianos y los peores elementos del gobierno de Carlos Prío Socarrás. Los capitalistas expresaban su aprehensión haciendo emigrar sus dineros. En 1951 se conoció que “algunos cubanos” están haciendo inversiones en Nueva York y sacando su dinero de Cuba porque “le tienen menos miedo a la bomba atómica que al triunfo de Chibás en 1952”.

Está claro que el análisis de una personalidad no puede hacerse sin tomar en cuenta la posición que asume ante los acontecimientos históricos de la época en que transcurre su incursión política protagónica.

Así, en los años que siguen al fin del conflicto mundial, levanta su voz en apoyo y reclamo de lucha en favor del diferencial azucarero y la cláusula de garantía que tanto disgustó a los Estados Unidos. Y cuando el Tribunal Supremo declaró inconstitucional el Decreto Gubernamental afirmó que en Cuba se produciría “[…] una revolución, pues el pueblo estaba dispuesto a desconocer el fallo para lograr la independencia económica de nuestro país”.

La vida de Chibás transcurrió en ese caminar revolucionario que lo ubicó en todo momento al lado de lo que consideró justo y más progresista. Tenía dieciocho años cuando comenzó sus estudios de Derecho en la Universidad de La Habana en 1926. A poco (1927) integró el primer Directorio Estudiantil contra la Prórroga de Poderes, profundamente permeado de las ideas de Julio Antonio Mella, a quien conoce en el alto centro docente. Detenido en varias oportunidades, fue expulsado de la Universidad y se vio obligado a exiliarse. En Nueva York fundó la Unión Cívica de Exilados Cubanos que editó el periódico Libertad. El 27 de diciembre de 1932 desembarcó por Punta Guano, cerca de Matanzas, con varios compañeros, armas y parque, pero la persecución a la cual fue sometido por Machado lo obligó a exiliarse nuevamente, luego de varias semanas en Cuba. A la caída de la tiranía machadista jugó un papel importante en la designación de varios funcionarios del gobierno que sucedió a Carlos M. de Céspedes Quesada, y que tuvo a Antonio Guiteras como su máximo exponente revolucionario. El asesinato del estudiante Mario Cadenas lo distanció de Ramón Grau San Martín, a quien conminó a que renunciara a la presidencia desde una emisora, dando inicio así a la comunicación radial con eficacia demoledora, cuando aún este medio masivo daba sus primeros pasos en Cuba.

Durante los once años que median entre 1934 y 1944 no descansó en su lucha contra la bota militar batistiana, los personajes de la vieja política y la embajada de los Estados Unidos. De nuevo es condenado a seis meses de prisión. Aceptó la sanción del Tribunal de Urgencia declarando que luchaba “[…] por expulsar del poder a los que nuevamente implantaban los métodos machistas”.

Fundó Izquierda Revolucionaria para enfrentar a Batista luego del asesinato de Guiteras. En 1937 se integró al partido auténtico. Es de los pocos que avizoró la demagogia del Plan Trienal de Batista cuando muchos lo aplaudieron, y razonó que si el Diario de la Marina apoyaba dicho plan, este era contrario a las conveniencias del pueblo, porque el periódico representaba los peores y más retardatarios intereses del país. En 1939 fue electo delegado a la Asamblea Constituyente.

Entre 1940 y 1944 combatió a Batista, ahora trocado en presidente civil, porque sabía que la mentalidad militarista batistiana no podía abandonar sus viejos moldes fascistoides y de entrega y sumisión total a los Estados Unidos.

Al ocupar Grau la presidencia en 1944 volvió por sus fueros de independencia de criterios y le apoyó. Fue su máximo vocero en defensa de todas las medidas que tendieran al rescate de nuestra soberanía, de sus riquezas y en pro de las reivindicaciones sociales que con tanta urgencia reclamaba Cuba. Además se manifestó por la política de trueques comerciales que eliminó al intermediario yanqui; estuvo por la devolución de las bases militares que usaron los Estados Unidos en territorio cubano durante la Segunda Guerra Mundial; apoyó la cláusula de garantías y el diferencial azucarero. Asimismo, incitó a Grau a la destitución de los militares que permanecían en el Ejército que había dejado Batista; aplaudió los resultados de la Conferencia de la Organización Internacional de Comercio efectuada en La Habana entre noviembre de 1947 y abril de 1948 por su marcado acento tercermundista que condujo a que los Estados Unidos jamás firmaran su acta final, con lo cual sus acuerdos beneficiosos para los países pobres nunca pudieron hacerse efectivos.

Ya antes, como miembro de la delegación de Cuba a la Conferencia de Chapultepec, entre febrero y marzo de 1945, la revista norteamericana Newsweek calificó al grupo de cubanos como “un racimo de hombres salvajes”, precisamente donde la actividad patriótica, independiente, de Chibás se había hecho sentir para impedir que Cuba fuera a la zaga de la política exterior norteamericana.

Cuando Grau San Martín tuerce su camino envanecido por el triunfo electoral de 1946 que le dio amplia mayoría en el Congreso y por las presiones yanquis de “la guerra fría”, fundó en 1947 el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos) para “[…] rescatar el programa y la doctrina de la Revolución Cubana: nacionalismo, socialismo y antimperialismo”.

La nueva organización política “[…] capitaliza enseguida una gran parte del descontento nacional y arrastra considerables masas de jóvenes y sectores del pueblo”. En una entrevista a Blas Roca, en mayo de 1948, el líder comunista cubano dijo que la popularidad de Chibás tenía su base en dos razones fundamentales muy sentidas del pueblo: “[…] su ataque invariable contra la inmoralidad administrativa y su repulsa no menos constante del crimen político”. Y además expresa: “Chibás es, en definitiva, el heredero de la mística que el pueblo forjó en torno a Grau y seguirá creciendo políticamente”.

El regreso de Batista desde su cómodo turismo en los Estados Unidos en noviembre de 1948, lo puso en guardia. Creyó que sólo respondía a conciliábulos con el presidente y que el retorno del ex general a Cuba no sería “oposicionismo”, sino “cooperativismo”.

Chibás no pudo descifrar a tiempo la terrible conspiración que se urdía entre los sectores oligárquicos del país, el imperialismo yanqui y las ambiciones personales batistianas.

En 1950 resultó electo senador mediante una impresionante votación popular y poco más de un año después, conturbado, creyó hallar en la muerte la mejor forma de llevar a su pueblo al combate definitivo por su liberación. Así protagonizó lo que él mismo denominó como su último aldabonazo, produciendo con su dramática determinación una conmoción nacional sin precedentes.

Del legado de Chibás expresó Fidel en 1959:      La Historia de la Revolución, la historia del 26 de Julio, está íntimamente ligada a la historia de esta tumba. Porque debo decir que sin la prédica de Eduardo Chibás, sin lo que hizo Eduardo Chibás, sin el civismo y la rebeldía que despertó en la juventud cubana el 26 de julio no hubiera sido posible.                                El 26 de julio fue, pues, la continuación de la de obra de Chibás, el cultivo de la semilla que él sembró en nuestro pueblo. Eduardo Chibás no nos había abandonado, Eduardo Chibás estaba con el pueblo. Su obra estaba latente en el corazón del pueblo y sobre esta base se edificó la revolución triunfante.

Hoy, cuando su reclamo de libertad política, independencia económica y justicia social han sido ampliamente cumplimentados por la Revolución, podemos reafirmar ante su tumba nuestra consigna de combate y victoria: “¡Socialismo o Muerte, Patria o Muerte, Venceremos!”.

* Palabras pronunciadas por Faustino Pérez en el 40º aniversario de la muerte de Eduardo Chibás, el 16 de agosto de 1991. Publicado en laRevista de la Biblioteca Nacional José Martí.

Palabras de homenaje a Celia

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DISCURSO DEL COMPAÑERO FAUSTINO PÉREZ HERNÁNDEZ, MIEMBRO DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA, DURANTE EL ACTO CELEBRADO EN EL PALACIO DE LA REVOLUCIÓN, EL 11 DE ENERO DE 1985
Compañeras y compañeros:
Siempre nos es difícil hablar de lo entrañable. A veces nos sucede que, de lo que se puede decir mucho, solemos hablar poco. Hoy hablaremos poco.
Lo sencillo y lo lntimo, lo natural y hermoso, lo vital y espontáneo, llevan en sí mismo la elocuencia de su significado, y ese es el marco propio para evocar a Celia.
Para quien, entre las muchas virtudes que adornaron su vida, se destacó por su compañerismo solidario, por su exquisito buen gusto, por su sensibilidad ante lo bello y muy particularmente por las formas sencillas y cubanas de lo bello, y además por ser una apasionada de la historia, este es un acto lleno de simbolismo y significación.
El ejemplo, el aliento y la enseñanza qtre brotan de nuestros héroes, ha sido y es una de las más formidables armas con que ha contado nuestro pueblo a lo largo de su lucha ya más que centenaria. La cercanía y la presencia cotidiana de esos héroes nos estimula y nos enseña, su compañía nos fortalece y compromete. Mucho más aún en días como estos de magnas conmemoraciones, en los cuales el acercamiento parece borrar el episodio de Ia muerte.
Martí nos enseñó que ,”La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida…”, y pocas veces se nos presenta tan cabal la certeza de esa frase, como en el caso de esta grande y a la vez entrañable compañera y hermana que hoy nos congrega. Presente siempre con su ejemplo de total entrega y lealtad infinita a Cuba, a  la revolución y a Fidel, Celia jámas ha dejado de estar entre nosotros. Si acaso hoy, aniversario de su partida física, su presencia se torna más cercana, más ejemplar, más comprometedora.
Pero con ella nos encontramos cada día y a cada paso. Su huella creadora está presente y viva en incontables lugares de toda Cuba. Si vamos a la Comandancia de La Plata o a cualquier lugar de la Sierra Maestra, allí sentimos su palpitante compañía, si visitamos el parque “Lenin”, allí está su presencia inevitable e inconfundible; y así en Turiguanó y en La Güira, en el Palacio de las Convenciones y en Guamá, en el Campamento de Pioneros y en Cayo Largo, en incontables lugares y obras de beneficio social y popular. Este propio Palacio de la Revolución está marcado por su sello personalísimo. Tal parece que continúa aquí entre nosotros como siempre, ocupándose de lo grande y de los detalles, como en cada obra suya en que puso su empeño, su corazón y su vida.
Hablar de Celia es hablar de la revolución misma. Es hablar de su pueblo patriota que nunca dejó morir a Martí ni a Céspedes, ni a Agramonte, ni a Maceo, ni a Gómez, del pueblo revolucionario que no ha dejado morir a sus héroes y que no dejará morir jamás a Celia.
Cuando en el año 1953, la Generación del Centenario rescató al Maestro en el Moncada, Celia lo llevó a lo alto del Turquino como anticipación magnífica de la gesta que comenzaría tres años después en esas propias montañas.
Hablar de Celia es hablar de toda la lucha que condujo al triunfo de la revolución y es hablar también de la gigantesca batalla que comenzó con la victoria del 1ro de Enero. Ella está presente y es parte de cada avance, de cada éxito, de cada peldaño ascendido por nuestro pueblo. Su aliento está presente en cada victoria e incluso en el dolor de cada revés está su dolor, y junto con él su imperturbable confianza en la siguiente victoria, su inalterable confianza en el pueblo y en Fidel.
Con inspirada anticipación, con el rigor y el celo de quien se siente hacedor y custodio de la historia, Celia conservó todas las notas y documentos que hoy guarda la Oficina de Asuntos Históricos como un tesoro testimonial de la revolución misma, escrita al paso, por quienes la hicieron.
Numerosos lugares podrán ser y serán hoy como este, marco del homenaje que le rinde su pueblo en este quinto aniversario de su partida. En cualquier lugar de la patria se podrá encontrar este mismo amor por su recuerdo, este mismo compromiso ante su ejemplo.
Nos toca a los trabajadores de este centro el privilegio de grabar su querida imagen en este hermoso relieve surgido de la maestría,la dedicación y el amor del joven escultor Abdalá Jalil.
Admiraremos cada día su presencia cariñosa y firme como invitándonos a continuar siempte adeIante.
Honremos su recuerdo siendo continuadores de su ejemplo, siendo merecedores de haberla tenido a nuestro lado. Hagámosla vivir por siempre con nosotros en nuestra lucha, en nuestro esfuerzo, en nuestro empeño revolucionario, en nuestra entrega, confianza y lealtad con Cuba y con Fidel.
Compañeras y compañeros:
Cada época, cada año, cada momento traen su reclamo y tienen sus exigencias. El esfuerzo y el sacrificio de todos los que han luchado hicieron posible nuestro presente pródigo en realizaciones y posibilidades. Hoy, quizás más que nunca antes, se requiere de la participación de todos en la gran batalla por el futuro, en la gran batalla por la defensa y la producción, por el ahorro y la eficiencia.
Fidel ha dado la orden de ofensiva en la guera económica de todo el pueblo y en ella está también entre las primeras combatientes la compañera Celia.
Junto con ella enfrentemos victoriosamente esta batalla de hoy. Cada uno en nuestro puesto de trabajo, en nuestra trinchera.  Junto con Celia, venceremos.
Celia, Heroína de la Revolución Cubana
Publicado por Editora Politica / La Habana 1985

Carta póstuma a mi hermano Carlos

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Agosto de 1991

Hermano!:

El dolor es tan grande y tan honda la pena, que la palabra se me hace casi imposible y me parece superflua, torpe e insuficiente para expresar lo que siente el alma lacerada. Pero es necesario que tu vida se diga y se muestre tu ejemplo, para que prevalezcan en nuestro recuerdo sobre las desgarraduras y los traumas que ha dejado en nuestro espíritu, este tú último año tan aciago y cruel y tan inmerecido.

Fuiste para mí el más cercano y entrañable compañero de toda la vida. Nos separaban apenas dos años del momento que vinimos a este mundo y fuimos los mayores de 10 hermanos.  Así crecimos juntos hasta la juventud. Después ya no importaba que estuviéramos en lugares distantes o que transcurrieran silencios prolongados entre nosotros, siempre nos sabíamos compartiendo en lo esencial los mismos criterios, los mismos sentimientos y luchando por la misma causa.

Ahora quiero recordarte desde que aún muy niños realizábamos juntos aquellas labores mas sencillas del trabajo en el campo, que se fueron haciendo mas complejas y duras al paso del tiempo, siempre bajo la rigurosa y eficaz tutela de nuestro querido papá.

Recuerdo cuando comenzamos a asistir a la primera escuelita rural y privada del viejo Don Jaime en Cruz de Neiva cuya distancia de la casa cubríamos montados ambos en el  noble caballo rosillo y cuando años después ya mudados para CaPiña y mas crecidos pasamos a la escuela pública con la maestra Celestina, donde los dos llegamos a alcanzar el sexto grado. Ello demuestra que nuestro entrañable viejo, junto a su severidad y exigencia respecto al trabajo, también se preocupaba porque fuéramos a la escuela y alcanzáramos al menos la enseñanza primaria, cosa difícil en aquellos tiempos y circunstancias.

En verdad fue dura y estrecha nuestra niñez y juventud, prácticamente sin ocasión para el descanso y mucho menos para el disfrute de juegos o distracciones propias a la edad. Sin duda fueron quedando huellas y traumas en nuestros espíritus que gravitaron negativamente en nuestro desarrollo y posibilidades futuras. Al mismo tiempo también es verdad que aquellas pruebas, aquellos hábitos de trabajo y disciplina, aquel espíritu de sacrificio que se nos inculcó, forjó nuestra voluntad y nos preparó para afrontar después muchas circunstancias difíciles de nuestras vidas.

Conocimos de forma directa los secretos de la tierra y la regamos con nuestro sudor. Pudimos ver los beneficios y los frutos del trabajo y creo, que esa fué la lección más valiosa y efectiva para nuestra formación.

Simultáneamente fuimos percibiendo las grandes diferencias en la forma de vivir de unos con relación a otros, se nos hicieron evidentes la opulencia y la miseria y llegamos a saber que existían los ricos y los pobres.

Así, sin ningún conocimiento de causa, sin conciencia clara aún de los motivos, empezamos a compartir las primeras rebeldías, seguramente alimentadas por el contacto con trabajadores que visitaban temporalmente la zona en busca de trabajo, como Jesús Menéndez y sus hermanos, coincidentemente con el impacto de la Guerra Civil Española y de los aires demagógicos y engañosos de la propaganda Grausista. No fue ajeno a esa sensibilización política nuestro fraterno tío Juaniquí, quien ahora a los 85 años visita por primera vez a su pequeño terruño Canario y que aún no sabe que al regreso ya no te verá.

Fue en lucha con un sentimiento de creciente desesperanza y frustación, que en mí comenzó a tomar fuerza la idea de salir de aquel medio y de aquella situación sin perspectivas de superación. Fue así que comencé a asistir a una escuela nocturna propiedad del Sr. Misas en Cabaiguan, donde un poco al azar hice la preparatoria que me condujo al bachillerato en Sancti Spiritus y luego a la Universidad de la Habana.

Este proceso largo y difícil encierra para mí un gran ejemplo de comprensión y generosidad por parte de la familia, cosa de la cual poco he hablado con anterioridad. Por una parte el viejo, que en su aparente rechazo y desconfianza ante aquella aventura creciente del hijo mayor, acababa siempre accediendo y ayudando y muy especialmente tú, que con los mismos derechos y posibilidades que yo, diste por supuesto que los dos no podíamos separarnos de la ayuda y compañía directa a la familia y te quedaste  allí, junto a los viejos y los demás hermanos menores, sin el más mínimo reproche y sí con la más generosa comprensión y apoyo. De esto, que quizás nunca te confesé directamente me he sentido siempre allá en lo íntimo con un sentimiento de eterna gratitud y orgullo.

Yo sé que tú percibías que mis afanes no obedecían a una actitud de egoísmo personal, sino al anhelo de poder servir mejor a los míos, a los pobres de nuestra familia y de nuestro pueblo. Por ello ya resultó tan natural y fácil nuestra plena identificación política en los nuevos horizontes que se fueron abriendo en el país, primero a través de la Ortodoxia Chivasista y después frente al Golpe Castrense de Batista. Por ello estuviste entre los primeros en abrazar la lucha revolucionaria  en Cabaiguan y fuiste fundador del M.N.R. y después del Movimiento 26 de Julio. Por  ello, caíste en manos de los esbirros batistianos en ocasión del desembarco del Granma y por ello ejercías la jefatura del Movimiento cuando la Columna Invasora Ciro Redondo irrumpió en la zona y te convertiste en un factor de apoyo importante reconocido y respetado por el Ché.

Guardo en lo más profundo de mi recuerdo aquel encuentro nuestro en Santa Clara cuando después del alzamiento de Santiago y del desembarco del Granma pasamos Frank y yo y tuvimos ocasión de abrazarte y ratificarte la decisión de Fidel y de todos nosotros de continuar la lucha hasta la Victoria pese a todos los reveses y dificultades. Nos separamos con la convicción de que tú serías cabalmente consecuente con aquellos objetivos.

Después del triunfo proyectaste todos tus esfuerzos fundamentales hacia el sector azucarero, primero en el pequeño central San Pablo de Zulueta, pronto racionalizado y después en el Abel Santamaría de Encrucijada. Allí se te vió desplegar tus energías e iniciativas junto a Joaquina la mamá de los Santamaría, donde además de atender las tareas del central y velar por su creciente eficiencia, estimulaste el surgimiento de obras de beneficio social y embellecimiento del batey, produciendo en breve tiempo cambios significativos en la fisonomía del entorno.

Pero fue seguramente en el Remberto Abad Alemán, de  Guayos, donde dejaste la huella más profunda y creadora de tú trabajo. Fue allí donde lograste conjugar los beneficios de tú experiencia práctica con los conocimientos técnico-teóricos alcanzados en numerosos cursos y seminarios del MINAZ, cuyos resultados se reflejaron en la creciente eficiencia lograda por esa pequeña-gran industria. !Con cuanto orgullo y gratitud te oí hablar en muchas ocasiones incluso al final de tus días, de ese colectivo de trabajadores y de la confianza en que los cuadros allí formados junto a ti eran capaces de seguir mejorando y perfeccionando el trabajo !. Cuando ya jubilado y minado por la enfermedad constatabas la buena marcha del Central se te iluminaba el rostro de alegría al ver cumplidas tus esperanzas.

Por eso no me resultó extraño aunque sí emocionante cuando en la noche del 13 de agosto, allí en la Casa de los Combatientes que tanto amaste y que presidiste hasta el final, cubierto tú cuerpo inerte por la bandera de la Patria, rodeado de tus seres queridos y de una gran representación de tú pueblo y a tus pies las condecoraciones y medallas numerosas; se me acercó un trabajador y me dijo conmovido:¨Ud. ve todas esas medallas y condecoraciones, pues yo le digo que ahí faltan la más grandes, las que les otorgamos con el corazón los obreros del central Remberto Abad Alemán¨.

Podrían recogerse muchos testimonios sobre tú dedicación y amor al trabajo, sobre tú entrega a la Patria  y a la Revolución,  tú devoción hacia Fidel y el Ché y un cariño muy especial hacia  Abel y Haydé de lo cual dan fé los nombres de tus dos hijos menores.

Pasaste por el trabajo , la lucha y la vida con bravura, pero con modestia.  Tú valentía fue serena y esencial, no hubo en ti ni aspavientos ni espectacularidades.

El culto a la amistad y a la familia fue otra de tus hermosas cualidades. Uno de tus gestos de los últimos años revela tú grandeza. Nuestro jovial y querido hermano Dago era obrero destacado del Central dirigido por ti y el 15 de febrero de 1986 su noble corazón dejó de latir. Vivía angustiado en una casa de condiciones precarias y su anhelo mayor era poder ofrecer a su familia una vivienda decorosa. Tú que ocupabas una casa del Central estabas construyendo una con esfuerzo propio durante varios años para cuando te jubilaras, pero al morir Dago paralizaste la tuya y volcaste todos tus esfuerzos y posibilidades extras a resolver aquel sueño del hermano ausente dando el más bello ejemplo de solidaridad familiar y humana. Fue entonces que continuaste trabajando en tú vivienda hasta terminarla al cabo de años, cuando ya terminó también tú vida de forma tan dolorosa e injusta.

Ya van siendo demasiados los golpes recibidos por nuestro dolorido y sensible corazón. Sin contar la enorme legión de hermanos caídos en la lucha revolucionaria que constituyen otro tipo de dolor, son numerosos los seres más íntimos y cercanos desaparecidos sin razón de longevidad. Ninguno fue tan triste y lacerante como el caso de nuestra hermana Elita, aquel ser dulce y generoso con quien me siento en deuda permanente por no haber sabido orientar y ayudar adecuadamente a sus hijos tan necesitados.

!Que admirable ejemplo el de esa viejita nuestra que con sus 93 años afronta con toda entereza  las más tremendas pruebas. !Que corazón y que carácter tan noble y fuerte a la vez el de esa madre que ha vivido siempre para los demás!. En medio de su inmenso dolor, ella sigue siendo ejemplo e inspiración para vivir.

Muchas veces hasta los éxitos y las cosas hermosas y los motivos de alegría duelen, y es cuando sentimos que nos faltan muchos que debieran disfrutarlos. Ahora te me sumas tú en lugar preminente, a esa lista infinita de los que nos dejan el vacío físico pero que nos lo llenan con el aliento y el recuerdo de su vida y de su ejemplo.

Es entonces que nos sentimos consolados y fortalecidos para seguir la lucha por la causa de su pueblo, de su patria, de su Revolución.

!Gracias hermano y hasta siempre!