Aniversario 60 del 5 de septiembre: Perpetuar el recuerdo

“(…), el hecho del levantamiento de Cienfuegos significó un aliento moral extraordinario para los combatientes de la Sierra Maestra. Ya la tiranía no podía continuar hablando de la unidad de sus fuerzas armadas”. Fidel, 5 de septiembre de 1977.
Una llamada telefónica alertaba de un error en la sección de efemérides: Septiembre en la historia.

Julio Camacho Aguilera

Del otro lado de la línea la voz del Comandante Julio Camacho Aguilera, quien fuera jefe del levantamiento del 5 de septiembre de 1957 en Cienfuegos, orientada por la dirección del Movimiento 26 de Julio, advertía que se luchaba contra la tiranía de Batista, no la de Machado como publicamos, en la edición del 27 de agosto, por lo cual ofrecemos disculpas a nuestros lectores.

Con la modestia que le caracteriza el Comandante Camacho Aguilera expuso: “Es un deber hacer esa aclaración”. Seguidamente reconoció la importancia del periódico Tribuna de la Habana, del cual fue fundador cuando asumió la tarea de primer secretario del Partido en nuestra provincia y, gentilmente, hizo llegar a nuestra redacción -como contribución a nuestra documentación histórica-, una entrevista publicada en la revista El militante comunista, en 1977, bajo el título: “… Si hay un héroe, ese es el pueblo de Cienfuegos”, de la periodista Marta Matamoros y de la cual reproducimos algunos fragmentos.

P: ¿Qué importancia política y militar le concede usted, en el contexto revolucionario de aquella época, al levantamiento del 5 de septiembre?

J.C.: Desde el punto de vista militar, el plan era ambicioso. Una acción de esa naturaleza no podía llevarse a cabo simplemente para romper la unidad monolítica que Batista decía tener en sus Fuerzas Armadas. El hecho demostró que esa unidad no existía y creó una situación de división, de desconfianza en el seno de sus propias Fuerzas Armadas. Pero nuestro objetivo al planear y desarrollar las acciones no era simplemente ese; sino de mayor envergadura.

Con esta acción pensábamos abrir un segundo frente, puesto que ya existía el de la Sierra Maestra. El objetivo era abrir un segundo frente que sirviera para ampliar la lucha revolucionaria.
(…)

P: Indicábamos dos aspectos: la importancia política y la importancia militar…

J. C.: La repercusión que en toda la nación tiene una acción de esta naturaleza, le da una importancia política de gran relieve.

Esto trae también como consecuencia que se evidencie el grado de organización de la resistencia al régimen de Batista. Es una muestra de que esta resistencia vive, que existe una oposición armada al régimen y, por lo tanto, desde ese punto de vista, también tiene una gran influencia política sobre la población.
Nosotros veíamos en esto una importancia muy grande. Desde el punto de vista militar y desde el punto de vista político. Un frente en Oriente, y otro, en estos primeros meses del año 57, en el centro.

Porque el objetivo no es hacerlo en septiembre, la fecha de septiembre no la ponemos nosotros. El objetivo es abrir el frente desde muchos meses antes, aunque no se logra realizar la acción hasta septiembre. Eso tiene una gran importancia política: hay acciones armadas en Oriente y en el centro; va generalizándose hacia todo el país. Y, por lo tanto, en el pueblo eso tiene una repercusión importante.
P: Es interesante, compañero Camacho, que el revés del primer intento de alzamiento tuvo lugar apenas cuatro meses antes, y sin embargo se logró realizar la nueva acción. Hubo una recuperación muy rápida…

J. C.: Sí, qué sucede. En ningún momento dejó de haber organización, aunque fue muy afectada. En primer lugar, los prisioneros no hablan: son torturados, pero resisten. Eso fue muy importante.

Después, los compañeros que quedaron en Las Villas pidieron ayuda a Oriente. Esto lo supe después, por ellos mismos, porque cuando Frank (País) me envía, no me habla de eso. Vengo a esa misión y la provincia se reorganiza muy rápido, nosotros encontramos un respaldo absoluto en la provincia.

Inmediatamente se activa el contacto con el grupo de la Marina. Nosotros no nos entrevistamos personalmente con ese grupo porque era una situación muy delicada, y no se quería perder la posibilidad en potencia de producir con ellos algo realmente trascendental. Debía esperarse el momento idóneo para repetir el intento.

A pesar del corto tiempo que separaba aquel primer intento de este otro, todo estaba bien organizado: el Movimiento se reorganiza, desarrolla las acciones de sabotaje o atentados, aumenta las fuerzas, recolecta armas, realiza campañas de propaganda, trabaja con el movimiento obrero, en fin, se mantienen las acciones contra el régimen. Una resistencia constante. Esto está logrado de nuevo en Las Villas. Y en el momento que la Dirección Nacional lo estimase, nosotros estábamos en condiciones de producir los hechos.

Ahora, la fecha no la ponemos nosotros. La fecha tiene que ver con otra cuestión que no es de la provincia de Las Villas, sino de La Habana. En este caso el compañero Faustino Pérez, es quien nos informa del plan. Nos enteramos por compañeros de Cienfuegos que en La Habana ha habido reuniones entre marinos y el Movimiento 26 de Julio. Y que hay acuerdos en ese sentido, entre ellos, para producir acciones el 5 de septiembre.

Un compañero de Cienfuegos ha hablado con un marino de La Habana que lo conoce, y es por eso que allá se sabe que hay un grupo en Cienfuegos. Nosotros, que no conocemos de esto, ni hemos participado en esos contactos, acordamos, en una reunión de la Dirección de la provincia de Las Villas, que yo me traslade a La Habana y me entreviste con los compañeros a ver qué hay en concreto. Entonces Guillermo Rodríguez me lleva a La Habana y yo me entrevisto allí con Faustino Pérez.

Era cierto que existía otra actividad de la Marina en La Habana, y que ellos se encontraban en contacto con el Movimiento. Faustino me informa que han acordado que los hechos se produzcan al amanecer del 5 de septiembre. También me explica que iba a salir un mensajero para Las Villas a informarnos y a pedirnos que nos incorporáramos a esa acción, puesto que en La Habana, como dije, ya se conoce que existe este pequeño grupo en Cienfuegos.

Los compañeros de Cienfuegos no saben nada de lo que se planea en La Habana. Después sostienen un encuentro en Manacas, con un representante de la Marina de La Habana, al que asiste del Sol enviado por el jefe del grupo, el cabo Ríos.

(…) Faustino me pregunta si nosotros tenemos inconvenientes en que un oficial de la Marina de La Habana participe en estas acciones, que los compañeros de la Marina de La Habana señalaban a un oficial de apellido San Román. Hasta ese momento, yo no conozco a Dionisio San Román. Le respondo que no tenemos ningún inconveniente, y se nos hace saber que estas acciones se desarrollarán con la finalidad de derrocar definitivamente a Batista, capturarlo o eliminarlo, y entregar el poder al Movimiento 26 de Julio; reconocer a Fidel como líder máximo de la Revolución, de subordinarse a la Dirección de Fidel y del 26 de Julio.(…)

Esto dice del grado de organización que hay en la provincia ya que a pesar del corto tiempo de que disponíamos, y teniendo conocimiento de esto sólo el día 4 de septiembre, que es cuando yo me reúno con Faustino, nosotros estamos en condiciones para llevar a cabo las acciones.

Todavía Las Villas no tiene oficialmente la orden de lanzarse a las acciones al amanecer del día 5; el 4 de septiembre por la tarde esto es así: la orden está en La Habana. Para el regreso, recogemos a San Román en 25 y O, en el Vedado, y partimos para Las Villas.

A las doce de la noche del día 4, la Dirección del Movimiento está esperando en un lugar de Santa Clara y le informo del plan:

Nuestra acción fundamental la desarrollaríamos en Cienfuegos, con la idea de que si se tomaba la ciudad temprano, avanzaríamos sobre Santa Clara. Por otro lado, realizaríamos acciones de apoyo en Santa Clara y en otros puntos.

Cerca de la una de la mañana del día 5 yo salgo para Cienfuegos. Allí nos vemos nuevamente con San Román, “Totico” Aragonés y el resto de los compañeros. Y se comienza a citar a las milicias, a acuartelar a la gente del Movimiento. Y se inician las acciones sobre las 6 y 20 o 6 y 30 de la mañana. (…)

Nosotros consideramos que el hecho que allí se produjo tiene una repercusión positiva, a pesar de que costó tanto derramamiento de sangre. En definitiva, creo que conquistar la libertad y poder materializar los grandes principios cuesta sacrificio y hay que pagar el precio por ello. Y esa sangre, como muchas veces se ha dicho, no se derramó en vano; ha tenido una respuesta como debía tenerla. (…)
A las acciones se incorporan cientos de hombres y mujeres, y los vimos combatir. Y de ahí que nosotros insistimos siempre en que esa fue una acción del pueblo. Lo extraordinario para mí fue la participación del pueblo, la participación de las masas.(…)

Yo recuerdo que tuve que subirme en un tanque, allí en el Cayo, y explicarle a la gente que no había armas ya; y más de trescientas personas pidiendo, exigiendo armas, y ya no había más armas.
Esa voluntad de la gente para luchar y para arriesgarse por los principios que enarbolaba el 26 de Julio; dejar patentizada su rebeldía, su oposición a la dictadura: se vio allí muy claro.

Después del 5 de septiembre se demuestra que las Fuerzas Armadas de Batista están divididas, que no hay esa unidad monolítica de la cual se habla, y empieza a quebrarse por muchas partes la solidez de que hablaba Batista. Y no sólo el 5 de septiembre. A esto contribuye cada una de las acciones que van teniendo lugar en el país.

Por lo tanto, ni esta ni ninguna de las acciones la consideramos un fracaso. No. Yo por lo menos, considero que cada una de estas acciones fueron pasos, consolidando el proceso de lucha contra la dictadura, y que muy lejos de acobardarse, el pueblo se enardece, se une más, participa más, coopera más“(…),

Publicado en Tribuna de la Habana, el 02/09/2017 12:15 PM
Por Raúl San Miguel en la sección Historia
Fotos: Miguel Ángel Meana Coronado y Archivo.
 

5 de septiembre de 1957
La sublevación de Cienfuegos

Se cumplen hoy 55 años de una de las acciones más gloriosas que forman parte del proceso revolucionario liberador iniciado el 26 de julio de 1953 con el asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes: la sublevación de Cienfuegos contra la tiranía batistiana el 5 de septiembre de 1957.
Repitiendo hasta el cansancio la aburrida perorata de la “unidad monolítica del Ejército, la Marina y la Policía”, la odiada pandilla batistiana, protegida por un cordón de bayonetas, acababa de celebrar el 4 de septiembre, “Día del Ejército” del tirano.
El origen de la sublevación de Cienfuegos el 5 de septiembre databa de muy atrás. Ya desde el año 1956, un grupo de marinos, es decir, soldados y cabos de la base de Cienfuegos, había entrado en contacto con el Movimiento 26 de Julio. Y el 30 de noviembre, cuando se aproximaba el desembarco del Granma y cuando tiene lugar el alzamiento de Santiago de Cuba, existía desde entonces la idea de producir un levantamiento similar en la ciudad cienfueguera.
A mediados del mes de julio de 1957, oficiales separados de la Marina de Guerra hicieron contacto con Frank País, en Santiago de Cuba. A la primera entrevista con el inolvidable Responsable Nacional de Acción del Movimiento 26 de Julio, asisten los exoficiales Juan M. Castiñeiras y Fernández Saborí. De aquel contacto surgió una creciente identificación entre la oficialidad joven de la Marina de Guerra y el Movimiento 26 de Julio. Desgraciadamente, el 30 de julio asesinan a Frank, pero la nueva Dirección continuó con aquellos trabajos, y empezó a organizarse el plan definitivo. Era un plan bastante ambicioso.
En los primeros días del mes de agosto se entrevistan por primera vez con Fernández Saborí y Castiñeiras. A este cambio de impresiones asistieron los comandantes rebeldes René Ramos Latour (Daniel), caído heroicamente en la Sierra Maestra, y Faustino Pérez, así como Armando Hart y Haydée Santamaría.
Faustino señaló que después “se convocó a una reunión de delegados por sectores, asistiendo por la Marina de Guerra, Castiñeiras y San Román —Fernández Saborí había sido detenido—, el teniente Sotolongo y Trujillo, por el Ejército; otros por los pilotos de la Fuerza Aérea, el comandante Daniel y nosotros por la Dirección Nacional del Movimiento Revolucionario 26 de Julio. La fecha para la acción fue acordada en la reunión: el 5 de septiembre”.
El plan comprendía acciones simultáneas en La Habana, Cienfuegos, Mariel, Santiago de Cuba y otras poblaciones del país. Fueron designados los responsables de cada acción. Para la misión de Cienfuegos fueron designados Julio Camacho Aguilera, por el 26 de Julio, y Dionisio San Román, por la Marina.
A última hora se sumó un grupo de oficiales de mayor graduación de la Marina. Ese grupo de oficiales se reúne el 4 de septiembre —con motivo de aquellas fechas tradicionales batistianas— en el arsenal de Casablanca, surgen allí las vacilaciones y de manera unilateral, sin avisar al resto de las fuerzas comprometidas, deciden posponer el alzamiento.
Los acontecimientos en Cienfuegos se desarrollaron a partir de las primeras horas de aquel jueves 5 de septiembre de 1957, con vertiginosa rapidez. Los marinos rebeldes del Distrito Naval Sur (Cienfuegos), estrechando filas con los combatientes del Movimiento Revolucionario 26 de Julio, tomaron la importante guarnición naval de Cayo Loco y entregaron armas al pueblo.
El mando revolucionario de Cayo Loco se veía en apuros para contener a centenares de hombres del pueblo, de todas las edades, que acudían en demandas de armas para combatir. Ya habían sido entregadas todas las requisadas en el Distrito Naval, así como en la Policía Marítima y la Nacional. Numerosos soldados del régimen, detenidos por las patrullas en plena calle, habían sido desarmados, y sus revólveres y pistolas se entregaban a combatientes civiles, que esperaban turno para obtener un arma.
Los destacamentos revolucionarios así apertrechados, ocuparon también la jefatura de la Policía Nacional y de la Policía Marítima, en la ciudad de Cienfuegos; mientras patrullas revolucionarias armadas se apostaron en distintos lugares de la urbe, y sostuvieron combates con elementos del ejército mercenario.
Después de tres horas del comienzo de la sublevación —a las nueve y media de la mañana—, los revolucionarios eran virtualmente dueños de la importante ciudad sureña y al régimen solo respondían por entonces el cuartel del ejército, cuya jefatura se alentaba por la noticia de que se estaban enviando grandes refuerzos militares desde Santa Clara.
Los revolucionarios presentaron abnegada resistencia a las fuerzas —superiores en número y armamentos—, enviadas por la tiranía, mientras en las guarniciones navales ocupadas se oponían a los criminales bombardeos de la aviación enemiga.
Se impuso la superioridad de fuerzas y armamento, y la tiranía logró dominar la sublevación, pero solo tras haber pagado un alto precio de pérdidas materiales y no antes de 24 horas de intensa lucha. Luego vendrían las persecuciones, las torturas y los asesinatos de destacados combatientes.
Aun cuando en lo inmediato no se alcanzó la victoria, la insurrección del 5 de septiembre de 1957 constituyó un golpe vigoroso a la tiranía y una demostración —en aquel pueblo armado y combativo—, de las posibilidades de victoria.
La sublevación de Cienfuegos es, por todas esas razones, uno de los episodios más gloriosos en la historia de la lucha revolucionaria iniciada por Fidel con los ataques a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.

Publicado en el periódico Granma el 5 de septiembre de 2012

 

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Fangio, secuestro en La Habana

Por Santiago Senén González
A pocas horas de largarse el Segundo Gran Premio de Cuba, el domingo 23 de  febrero de 1958, el mejor  corredor del mundo fue secuestrado por el Movi-  miento Guerrillero 26 de Julio, comandado por Fidel Castro desde Sierra Maestra.
“Disculpe, Juan -escuchó el piloto de Balcarce la noche anterior a correr el Gran Premio de Cuba, en 1958- me va a tener que acompañar”.
La escena e produjo en el hall del Hotel Lincoln de La Habana, cuando un militante del Movimiento 26 de Julio interrumpió la charla que el quíntuple campeón mundial sostenía con sus mecánicos. Ayudado de una pistola calibre 45, el revolucionario lo obligó a que lo siguiera hasta la calle, donde los esperaba un automóvil.
Fangio había sido invitado a participar en una carrera de autos sport en la isla. La competencia era parte de los eventos deportivos programados por el gobierno cubano para mejorar la imagen del dictador Fulgencio Batista, quien por esos días enfrentaba la más dura crisis de todos sus años de mandato.
Al joven alto y morocho que entró al hall del Lincoln en búsqueda del campeón mundial le temblaba el pulso, pero no dudó en cumplir su cometido. “Yo estaba esperando que el custodio tirara, para arrojarme al suelo, como en las películas de acción”, recordaría Juan Manuel Fangio tiempo después. Nadie disparó; Alejandro D’Tomasso, otro de los corredores, hizo un leve movimiento, como para alcanzar una caja cercana; pero una sugerencia del activista, que le dijo: “Cuidado… haré fuego si se vuelve a mover”, lo convenció de suspender definitivamente sus planes. “¡Otro movimiento y los mato!”, repitió el guerrillero ante los movimientos incómodos de Stirling Moss, otro gran corredor presente en la isla. En tanto, D’Tomasso se quedó muy preocupado por la situación. “Pensé que aquella gente estaba dispuesta a todo”, afirmaría más tarde.
Marcelo Giambertone, el manager de Fangio, recordaría, durante las horas del secuestro, la confianza de ganar la carrera que le había manifestado el campeón antes de bajar al hall del hotel al encuentro con los corredores y el valor que mostró cuando llegaron por él: “entró el hombre de la chaqueta de cuero, y creo que el menos nervioso de todos era Juan Manuel. El siempre ha dado muestras de tener nervios de acero. Hasta sonrió cuando lo encañonaron con la pistola…”.
El Chueco -con la pistola contra la espalda, sin violencia pero con firmeza- fue obligado a salir hasta la esquina, donde lo subieron a un Plymouth negro. Los testigos lo vieron alejarse por la calle Virtudes, mientras otros cómplices, también armados, cubrían la retirada. Le dijeron que si los descubrían las balas pondrían en peligro las vidas de todos. Fangio pidió una gorra, porque pensó que podían identificarlo por “la pelada”, pero no tenían nada, ni siquiera anteojos, así que se acurrucó todo lo que pudo en el piso del auto. Recién en ese momento empezó a convencerse de que se trataba verdaderamente de un secuestro, ya que en un principio dudó, pensando que era la contrapartida de una broma hecha a Giambertone (ver La Broma.).
Después de una hora de recorrer la ciudad, y luego de haber pasado un control policíaco de rutina y cambiado dos veces de vehículo, el corredor argentino era llevado, por fin, al lugar donde permanecería secuestrado hasta después de la carrera. Entraron a una casa por la escalera de incendio; en una habitación había una mujer con un chico; en otra, un hombre herido. Los secuestradores se retiraron, a excepción de dos que quedaron como custodios. Poco tiempo después volvieron a buscarlo, subieron a otro automóvil, y lo llevaron a una nueva casa, en El Vedado, la zona aristocrática de La Habana. En el traslado no le vendaron los ojos, por lo que pudo ver hasta el número de la casa. En el nuevo destino había mucha gente que festejaba el éxito del, operativo; algunos pedían autógrafos al campeón que, sin nada que temer, se atrevió a comentar que no había cenado. Fangio pensaba pasar la noche previa al Segundo Gran Premio en la habitación 810 del Hotel Lincoln (el cuarto, con recuerdos del quíntuple campeón de automovilismo, actualmente lleva su nombre), pero el joven Manuel Uziel, una causa revolucionaria y un arma alejaron al piloto del hotel.
De esa noche recordará, años más tarde, los infinitos pedidos e disculpa que recibió y la cena (patatas fritas con huevo) que le preparó la dueña de casa a condición de que “no sea muy fino”. Al día siguiente, el domingo por la mañana, Faustino Pérez le acercó los diarios; conversaron, y Fangio le pidió que le avisaran a su familia, de lo que Pérez se encargó personal e inmediatamente. La carrera era televisada, pero el corredor rechazó la invitación a mirar: no podía resistir el ruido de los motores y no estar allí.
Amistad y agradecimiento devolvería Fangio a sus captores; creía en el destino, por lo que los sucesos de la carrera del 58, en el Malecón, el circuito costero de La Habana, le harían pensar en su buena suerte: “Cuando las cosas se serenaron un poco y los secuestradores dejaron de pasearme por casas y departamentos, no tuve más remedio que decirles: miren señores (…) quizá ustedes me hicieron un favor”.
El Maserati 450 S con el que debía correr era propiedad de un norteamericano, y ya había corrido en Venezuela. Si bien en el circuito de pruebas, el sábado 24 de febrero, Fangio había marcado el mejor registro de clasificación, el auto tenía algunos problemas.
En la costanera había un salto, y cada vez que el Maserati pasaba por ahí, levantaba vuelo y, al caer, iba de cordón en cordón. Los mecánicos pensaban que eran los amortiguadores, pero después se dieron cuenta de que el coche estaba volcado: midieron una diferencia de más de cinco centímetros en la trocha, entre las ruedas de un lado respecto de las otras.
El corredor argentino había hablado sobre los inconvenientes de su auto con Bertochi, el jefe de mecánicos de Maserati, cuando a punta de pistola, lo sacaron del Lincoln.
Fangio no había sido liberado aún cuando le informaron que la carrera había sido suspendida por un accidente. En la quinta vuelta se despistaron dos autos, muriendo seis personas y cuarenta resultaron heridas.
En carrera a la revolución
Unas pocas horas después del secuestro de Fangio, la noticia ocupaba los titulares de los principales diarios y revistas de América y Europa. La revista cubana Bohemia señalaba: “En París, Londres, Nueva York, Roma, Ciudad México y Buenos Aires se le dieron importantes espacios en las primeras planas. Las agencias cablegráficas especulaban con el sensacional secuestro del más afamado automovilista del mundo”.
La Habana era noticia: el régimen político imperante, las motivaciones del Movimiento 26 de Julio y el estado de tensión en que se vivía quedaron bajo la lupa de todas las capitales del planeta.
Mientras el corredor argentino, a los 46 años, era el piloto que más títulos había ganado en Fórmula 1, y era seguido por multitudes de espectadores, la dictadura cubana debía recurrir cada vez más a la represión ante la imposibilidad de manejar la situación pacíficamente.
La guerrilla avanzaba, y los actos de sabotaje se repetían casi a diario. Veinticuatro horas antes del secuestro d Fangio, un grupo de rebeldes había realizado un audaz golpe contra el Banco Nacional de Cuba sin robar un centavo: simplemente prendieron fuego a millones de cheques. También había circulado la versión de que Castro ofrecía la paz a cambio de elecciones supervisadas por la OEA (Organización de Estados Americanos) y el control militar de la provincia de Oriente. Rumores y actos inesperados se mezclaban para crear un clima de confusión, incertidumbre y expectativa.
El Segundo Gran Premio de Cuba había sido organizado con el propósito de demostrar que en la isla “no pasaba nada”; toda la atención debía fijarse en el circuito El Malecón. Pero el régimen de Batista no había contemplado la posibilidad de que todo el aparato publicitario montado se le volviera en contra.
Los partidarios de la lucha guerrillera y clandestina no estaban dispuestos a desaprovechar su gran oportunidad: el grupo comandado por Fidel Castro había decidido difundir la causa que los movilizaba. Ya un año antes habían planeado el secuestro de Fangio, pero la falta de tiempo y dificultades organizativas habían frustrado la acción. En el 58, a diferencia del año anterior, los revolucionarios estaban organizados, por lo que se decidieron a planificar detalladamente la acción. Según declaraciones de uno de los ideólogos, publicadas en Bohemia, el grupo contaba con toda la información necesaria: “dos horas antes del aterrizaje ya sabíamos el número de la habitación que ocuparía en el Hotel Lincoln. También investigamos el color, chapa y modelo del auto que Fangio tendría a su disposición en La Habana”.
El plan debía llevarse a cabo con mucha precisión, porque el Chueco llegaría sólo dos noches antes de la carrera. El grupo guerrillero aún estaba decidiendo el lugar más preciso; se pensó en ir a buscarlo a su propia habitación, y luego se mencionó la posibilidad de esperarlo a la salida de un programa de TV, al que asistiría el sábado por la noche.
Se resolvió lo último. Tres autos se apostaron a la salida del estudio, pero los amigos, la custodia y el público que rodeaban al corredor obligaron a suspender la operación.
Los obstáculos seguían. Sobre todo, la excesiva vigilancia, que impediría nuevamente concretar el rapto, esta vez a la salida de un cóctel en el Hotel Nacional. Un miliciano, que se encontraba dentro del edificio, informó de un incidente con un fotógrafo que había puesto al descubierto la cantidad de guardias de civil que estaban controlando la reunión.
Durante todo este tiempo Fangio era seguido siempre por un auto. Otros dos estaban ubicados en lugares convenidos, desde donde se comunicaban por teléfono, para reemplazarse, y de ese modo evitar que los identificaran. Pese a los inconvenientes, el operativo estaba montado y el secuestro se iba a realizar. El domingo, en el circuito de pruebas El Malecón, el control policial obligó a reconsiderar la situación: “siempre iba a estar rodeado de amigos y custodios, así que acordamos secuestrarlo en las narices de sus acompañantes”. Así fue como decidieron entrar al Lincoln la noche previa a la carrera.
Horas después, las agencias de información comenzaron a recibir la sorprendente noticia: “Habla el 26 de Julio… Tenemos secuestrado a Fangio… No se alarmen, no hay peligro para su persona.. Seguiremos informando”.
El secuestro fue un duro golpe para los proyectos de Batista. La situación era desconcertante. Se anunció que el propio general – presidente y jefe del Estado Mayor Conjunto asumían la dirección de las investigaciones. En pocas horas se montó un gran operativo, y miles de miembros de los institutos de investigaciones se pusieron a buscar al corredor argentino, analizando todas las pistas posibles. Los testigos fueron sometidos a la inspección de archivos fotográficos con el propósito de identificar a los secuestradores. Las salidas de la capital y los aeropuertos fueron controlados. Pero todo parecía inútil, no se conseguía avanzar en la búsqueda.
Dilema para secuestradores
Después de la carrera, con su objetivo cumplido, los miembros del grupo revolucionario se enfrentaron a un nuevo problema: cómo liberar a Fangio sin que corriera riesgos. El temor provenía de la posibilidad de que la gente de Batista matara al corredor para culpar, y así desprestigiar, a Fidel Castro.
Pensaron en dejarlo en una iglesia, pero el Chueco les pidió que llamaran al embajador argentino. Una mujer y dos jóvenes lo llevaron ante el diplomático, quien era nada menos que el primo de Ernesto Che Guevara (ver La Política, el Destino y …), dejándole una carta en la que manifestaban que no tenían ningún problema con la Argentina, que sus objetivos se restringían al derrocamiento de la dictadura cubana y, nuevamente pedían disculpas.
A 27 horas del secuestro, Fangio -sano y salvo- quedaba en mano de las autoridades argentinas. Una vez libre, recalcó ante los periodistas habaneros lo bien que había sido tratado. Estuvo en tres residencias -sin que le vendaran los ojos en ningún momento-, y en los tres lugares contaba con tantas comodidades como en el hotel. Los reporteros no evitaron las sonrisas cuando el argentino manifestó que había charlado “macanudamente” con sus captores.
El M 26-7 logró publicitarse, tal como lo había planeado, pero también Fangio vio incrementada su popularidad. De La Habana viajó a Miami para descansar algunos días; allí, el intendente le entregó las llaves de la ciudad; luego fue invitado al programa de televisión más popular de la época, en Nueva York.
Le ofrecieron mil dólares por presentarse diez minutos en el programa de Ed Sullivan, junto a Jack Dempsey. El campeón comentaría con ironía que “había ganado cinco campeonatos del mundo, había corrido y ganado en Sebring, pero el secuestro de Cuba fue lo que me hizo popular en Estados Unidos”.
De tu querida presencia… Fangio
Fangio volvió a saber de los revolucionarios cubanos unos meses después del secuestro. Se comunicaron con él cuando se encontraba en una carrera en Indianápolis. En aquel momento le pidieron que intercediera ante el general Fernández Miranda por la captura del que lo obligara a salir del Hotel Lincoln para mantenerlo privado de su libertad por unas horas.
El corredor accedió a la solicitud, dijo al militar que había sido bien tratado, que su vida no había corrido peligro, y pidió que no se tomaran medidas muy severas. Obtuvo la promesa de Miranda de que se iba a ocupar personalmente del caso, y no supo más del tema.
Faustino Pérez había sido el cabecilla de la operación del 58. Llegó en el Granma, el barco en que los revolucionarios, exiliados en México, regresaron para llevar a cabo la insurrección. Pérez fue jefe de la resistencia y, con la revolución en el poder, ocupó diversos cargos. Otros de los participantes en el secuestro no tendrían tanta suerte, como Oscar Lucero y Blanca Niubi, quienes fueron torturados y muertos por la policía de Batista.
“Cuando la revolución triunfe, lo haremos invitado de honor”, le había dicho Arnold Rodríguez, uno de los guerrilleros que intervino en el operativo. Un año y medio después, con Fidel Castro a la cabeza del gobierno, Fangio recibió la prometida invitación. Pero su regreso a Cuba no se concretó en ese momento, sino veinte años más tarde.
Fue en 1981 cuando volvió a visitar ese país, como presidente de la empresa Mercedes Benz, para concretar la venta de unos camiones al gobierno cubano. Lo recibió su amigo, Faustino Pérez, en ese momento ministro de Industria de Cuba. Fidel Castro interrumpió una importante reunión internacional para entrevistarse con él y pedirle disculpas por el operativo del 58.
Con ocasión del vigésimo quinto aniversario de su encuentro con el Movimiento 26 de Julio, Fangio recibiría un telegrama de saludo de sus amigos los secuestradores recordando “aquel episodio” que, “más que secuestro y detención patriótica, sirvió, junto con su noble actitud y su justa comprensión, a la causa de nuestro pueblo, que siente por usted viva simpatía, y en nombre del cual lo saludamos al cabo de un cuarto de siglo”. Unos meses antes -luego de una intervención quirúrgica en la que le implantaron el quíntuple by-pass aorto-coronario- había recibido otro mensaje, en su oficina de la Mercedes Benz, deseando su recuperación. También para su cumpleaños número 80, entre los mensajes de todo el mundo que llegaban a su casa para saludarlo llegó uno de Cuba: lo firmaban “Sus amigos los secuestradores”.
Arnold Rodríguez, otro de los secuestradores, viajaría a Buenos Aires especialmente para ver a Fangio. En 1992 fue invitado al sexto aniversario de la inauguración del museo en honor al piloto. El mismo está en un edificio construido en 1906, detrás de las históricas paredes de la anterior sede comunal de Balcarce.
El Museo -de 5000 metros cuadrados- cuenta con un microcine de 110 butacas, donde pueden revivirse recordadas imágenes de carreras de autos de Fangio. Desde sus comienzos en carreras regionales hasta las que disputara en pistas de todo el mundo, incluyendo las de Turismo Carretera. En el interior del Museo hay también autos, premios y medallas.
Actualmente, en la puerta del Hotel Lincoln, situado en el reparto (barrio) de El Vedado, en la ciudad de La Habana, una placa de bronce recuerda aquellos años: “En la noche del 24-2-58 en este mismo lugar fue secuestrado por un comando del Movimiento 26 de Julio, dirigido por Oscar Lucero, el cinco veces campeón mundial de automovilismo Juan Manuel Fangio. Ello significó un duro golpe propagandístico contra la tiranía batistiana y un importante estímulo para las fuerzas revolucionarias”.
Publicado en Todo es Historia, Nro. 368, en marzo de 1998.

Faustino por el desarrollo hidráulico de Cuba

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La Revolución Cubana ha significado transformaciones profundas en los diversos campos de la actividad y la vida del pueblo cubano. Esta realidad indiscutible se manifiesta con palpable fuerza y concreción en el desarrollo hidráulico del país. La materialización del programa hidráulico de la Revolución, mas conocido como “La Voluntad Hidráulica”, constituyó un reto extraordinario si se toma en cuenta que en la etapa prerrevolucionaria existía un pequeño número de técnicos en esa materia, la inexistencia de investigaciones y estudios para el conocimiento del potencial hidráulico del país, la falta de información sobre el ciclo hidrológico, así como la ausencia de equipos y medios para la construcción de obras hidráulicas.

Estas insuficiencias no impidieron que en la primera década de la Revolución se lograra un impresionante salto en el desarrollo hidráulico del país. Un balance de lo realizado en ese campo obliga a evocar al que fuera fundador y primer presidente del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH) desde agosto de 1962 hasta su fusión con el Desarrollo Agrícola del País (DAP) en mayo de 1969: Faustino Pérez Hernández, para quien “… no hay desarrollo económico ni social sin desarrollo hidráulico”.

Faustino tenía una clara visión de las causas del escaso desarrollo hidráulico prerrevolucionario, al respecto apuntó: “Con una agricultura sobre bases extensivas y atrasadas y sin desarrollo industrial, donde gobiernos corrompidos que nada les importaba el desarrollo de los recursos naturales, era lógico que en esta esfera de la economía el saldo fuera en gran medida despreciable y aún negativo”.

Estaba plenamente consciente de que la creación de una sólida base técnica constituía una insoslayable premisa para emprender verdaderos planes de desarrollo hidráulico. De ahí que en los años iniciales del INRH se imponía la necesidad de la formación de técnicos sobre todo en ramas tales como: Tipografía, Hidrología, Geología, etc; al cesar sus funciones en esa institución se habían dado sólidos pasos en esa dirección y se exhibían halagüeños resultados.

En la búsqueda de respuestas a la tarea planteada intervenían tres concepciones: la primera, la de los técnicos formados y desarrollados bajo viejas concepciones del profesionalismo capitalista, con conceptos establecidos sobre falsos valores de la ética profesional, sin un verdadero dominio sobre esta materia y que ocupaban las posiciones técnicas dirigentes en el Instituto; la segunda, la de los técnicos extranjeros con concepciones de trabajo que no podían adaptarse rápidamente a nuestro subdesarrollo y a nuestra prisa, haciendo un sincero esfuerzo por dotarnos de sus puntos de vista, por buscar las mejores vías de ayuda, y la tercera concepción, la de los técnicos cubanos con más espíritu revolucionario y osadía que conocimientos, sintiendo la necesidad de dominar las nuevas técnicas aplicándolas a nuestras condiciones.

Sobre esta base se tomó una decisión que con el tiempo resultó de gran trascendencia: situar al frente de las tareas técnicas a “… este grupo reducido y pujante de técnicos jóvenes que engrosados posteriormente con graduados de nuestras Universidades (sic) y en el extranjero, sobre todo en la Unión Soviética, han abierto el camino”

Para Faustino no bastaba con que un proyecto de obra hidráulica sea bueno e impecable desde el punto de vista técnico, e incluso hay momentos en que esto no es lo más importante “…cuando se toman en cuenta las realidades y la experiencia y se produce un proyecto acorde a ellas, aunque desde el punto de vista técnicamente puro no sea el más perfecto, ese proyecto es positivo, realista y revolucionario”.

Es decir, le da gran importancia a la concepción revolucionaria con que se encaraba el proyecto de obra. Este enfoque suponía: “…buscar métodos de trabajo, de estudio, de proyectos que se adecuaran a nuestras únicas condiciones: querer vencer el atraso, la ignorancia y el sub-desarrollo (sic) a la vez”.

Esta manera de abordar un proyecto de obra hidráulico significa: “… interpretar la técnica de forma dialéctica, pues no hay proyecto bueno o malo en abstracto, para cada situación concreta y para cada etapa del desarrollo, ha de hacerse un proyecto que responda a la misma. Para mañana, las soluciones que hoy adoptamos pueden resultar inadecuada.

Desde su perspectiva era elemento básico y esencial la formación del personal técnico, al respecto afirmó: “En un frente como el hidráulico, en el que hay que dominar tan diversas disciplinas, cada paso de avance se apoya en los cuadros técnicos. Por ello la capacitación tiene aquí tan decisiva importancia” . En esta dirección se aprecia su énfasis en la importancia de una correcta y adecuada estrategia del desarrollo técnico la que “…debe fundamentarse en el análisis del nivel del desarrollo hidráulico que hemos alcanzado y en sus perspectivas a fin de dirigir acertadamente nuestro esfuerzo”.

Pero su concepción del desarrollo técnico rebasa el estrecho marco de la formación del personal especializado en la actividad de la hidráulica, para él se trataba de formar una conciencia o cultura hidráulica en todo nuestro pueblo, de ahí que, junto a la especialización, debe marchar el interés “… por ensanchar la base de comprensión y conocimiento general de las tareas hidráulicas, entre nuestros trabajadores, en el personal dirigente de nuestro país, entre los estudiantes, en fin, en todo nuestro pueblo.”

Menciona como vías utilizadas en esa batalla por la formación de la conciencia hidráulica: divulgación por la prensa nacional, charlas, conferencias, instituciones, círculos de interés científico-técnicos, exposiciones; publicaciones como libros, folletos, boletines y la revista Voluntad Hidráulica.

En su Informe Final queda plasmada su clara concepción acerca de que el desarrollo hidráulico exige investigaciones y estudios lo que puede apreciarse en las siguientes reflexiones: se requiere de un exhaustivo conocimiento del ciclo del agua en el lugar donde se realizarán las obras: cuánto llueve, cuánto se escurre por los ríos, la magnitud y frecuencia de las grandes crecientes. Al mismo tiempo, se requiere conocer la topografía del área donde se realizarán las obras, para dimensionar éstas, conocer sus volúmenes de trabajo, etc. Unido a lo anterior, se necesita el más acabado conocimiento de las condiciones geológicas de los lugares escogidos, de los materiales con que se construirá cada parte, de las condiciones en que está el agua del subsuelo, de las características de los suelos y de las aguas.

Por último, dos ideas claves que no deben faltar al exponer su concepción sobre el desarrollo hidráulico: la primera, Faustino no concebía ese desarrollo como un fin en sí mismo, pues “… no hay desarrollo económico ni social posibles sin desarrollo hidráulico. El aseguramiento del agua es condición obligatoria del desarrollo agropecuario e industrial y premisa indispensable para el aumento del nivel de vida y del bienestar y la salud del pueblo”. La segunda, el dicho desarrollo ha de ser compatible con la naturaleza, no puede implicar su uso irracional y consiguiente deterioro; esta preocupación es palpable en los análisis que hizo de la salinización de las aguas subterráneas en algunas regiones causada por su explotación indiscriminada en el período prerrevolucionario.

Como se puede apreciar, las concepciones de Faustino acerca del desarrollo hidráulico de Cuba, puestas en práctica en la primera década de la Revolución en el poder, tuvieron un carácter integral e indudablemente están en la base de la voluntad hidráulica de aquellos años.

Por Luís Enebral Veloso, Dagoberto Pérez Pérez y Tomás Díaz del Sol                                      Publicado en el Periódico Escambray de la Provincia Sancti Spíritus

Faustino: Padre como Martí

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De padres buenos está poblado el universo. La historia de Cuba recoge varias páginas de paternidad ejemplar. Martí es uno de ellos. Apenas, la entrega al deber le permitió disfrutar de su José Francisco, sin embargo, asombra ver como ejerció su oficio de padre, no solo con su pequeñuelo, sino con la amorosa María Mantilla a cuya educación se entregó para suplir su orfandad.
Pero nuestra historia es hermosa y cuenta con otros héroes que entregados al cumplimiento de su misión patriótica no dejaron nunca de escribir una hermosa página de amor paterno. Faustino Pérez Hernández, Comandante del Ejército Rebelde, es uno de esos casos.
Este espirituano, que en más de una ocasión se declara discípulo del Maestro, amó entrañablemente a sus hijos. Su oficio de padre también hizo posible momentos de gran belleza. Ahora, y sin pretensión de comparaciones injustas, se intentará establecer un paralelo, cuyo valor brotará únicamente de la lección que habrá de quedar para los padres de hoy.
El 12 de noviembre de 1878, nace el hijo de Martí. El padre experimenta un sentimiento nuevo que lo hace estremecer de alegría. Pero sus actividades conspirativas lo obligan a alejarse del hijo. Una vez más, España lo guarda, ahora con las inclemencias de un invierno que le hacen sentir “fríos de ausencia, nostalgias del hogar que ha quedado atrás”. Estas circunstancias lo compulsan a tomar la pluma: “Es cosa de huir de mi mismo esto de no tener ni suelo patrio en que vivir, ni cabeza de hijo que besar”.
Es este, quizás, el primer momento en que Martí lamenta la ausencia del hijo amado. Algo similar hubo de ocurrirle a Faustino, cuando en el año 1958, desde la Sierra Maestra, escribe a su amigo Armando Hart:
“…De los míos te diré que soy papá de otra preciosa criatura (según la madre) que llevará por nombre Nélida. Los otros dos cachorritos me dicen que están bien y extrañando mucho a papá, que esconde las nostalgias de la ausencia en los recodos de esta tierra accidentada, abonada por tanta sangre, estremecida por tanta lucha, donde palpita tanto anhelo, donde sostiene la esperanza.”
Así anduvieron los héroes con sus ansias de padre no satisfechas. Sin embargo, nunca desaprovecharon cada oportunidad para disfrutar de sus hijos. No hay más que recordar aquellas escenas ocurridas en Nueva York, en el año 1880, en que cada mañana, se escuchaba – en la casa de huéspedes de los Mantillas— el retozar de Martí con su Pepito y todos los apelativos cariñosos con que después lo llamaría en su libro Ismaelillo.
Por su parte, Faustino, robándole minutos al estrecho tiempo de su vida de revolucionario también tuvo lugar para ofrecer su cariño de padre en momento de cama compartida o sobremesas familiares.
Muchas veces ambos héroes salvaron su optimismo a partir del recuerdo de sus hijos. Así le ocurrió al Apóstol en Caracas en 1881, cuando se recuperaba del contundente fracaso de la Guerra Chiquita. Allí, en su cuarto, mirando la foto de su pequeñuelo, prende a la misma un hermoso ramo de flores y toda esa noche la emplea en escribir sus nostalgias de padre.
Esa misma sensibilidad estuvo en el combatiente espirituano, luego del fracaso de Alegría de Pío, cuando refugiado debajo de la paja de la caña, junto a Fidel y a Universo Sánchez, se deja atrapar por los más diversos motivos y entre ellos el recuerdo del hijo:
“…recuerdo con nitidez a un diminuto tomeguín, que cada día, en horas tempranas de la tarde, llegaba saltando de hoja en hoja y se acercaba inquieto y cauteloso como anhelando alguna comunicación. Se me antojaba que nos quería transmitir algún mensaje y entrábamos en un diálogo imaginario y pueril. Acaso traía noticias de la suerte de los otros compañeros (…) o el saludo de aquel pequeñuelo entrañable que en el muelle del puerto, y desde los brazos de su mamá, me despidió meses atrás con tanta insistencia como si adivinara que podría ser el último adiós.”
Otras escenas habrá para el paralelo entre el afecto paternal de estos dos héroes de nuestra historia. Pero ninguno tan valioso como aquella en que dos hijas reciben el regalo de sus amantes padres.
Se trata, primeramente, de dos libros que Martí regala a su hija espiritual, María Mantilla, los cuales hace acompañar de una tierna carta en la que le precisa:
“(…) Y por el correo te mando dos libros (…)” “ Un libro es, L’ Historia Generale, un libro muy corto, donde está muy bien contada, y en lenguaje fácil y limpio, toda la historia del mundo (…)” “El otro libro es para leer y enseñar: es un libro (…), en que está, María mía, lo mejor, y todo lo cierto de lo que se sabe de la naturaleza ahora (…) Donde yo encuentro poesía mayor es en los libros de ciencia, en la vida del mundo, en el orden del mundo, en el fondo del mar, en la verdad y música del árbol.”
Es esto de regalar y recomendar libros un magnífico gesto de padre. Los padres todos debieran regalar libros a sus hijos para llenar la Patria de hombres buenos. Faustino también lo hizo y regaló a una de sus hijas el libro “Martí a flor de labios”, de Froilán Escobar, en cuya primera página le escribe un texto en el que laten dos amores: a su hija y al Maestro. En el mismo le dice:
“Ana Beatriz, Kikín, mi niña, otro abril, otra primavera por tu vida y vuelvo a preguntarme, ¿Qué puedo ofrecerte que te reitere mi cariño: un beso, una flor, un perfume, todas las estrellas? Cualquier cosa sería valida porque también te iría mi corazón. Esta vez te voy a entregar una joya de las que emiten y reflejan luz, este librito es como un talismán que disipa sinsabores y amarguras y como un toque de reconciliación con nuestra especie y una afirmación de la esperanza. Martí se sentiría premiado de su sacrificio con sólo leer este librito.
Recíbelo con todos los anhelos de mi alma.
Tu papá
Así, la paternidad, la capacidad para ser buen padre fue un punto de contacto más entre Faustino y Martí. Así son los héroes: antes que combatientes, buenos seres humanos.

Por Dagoberto Pérez Pérez y Eduardo González Rodríguez                                               Publicado en el Periódico Escambray de Sancti Spíritus, el 25 /Diciembre/2002.

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FAUSTINO PÉREZ HERNÁNDEZ: COMBATIENTE REVOLUCIONARIO EN MAYÚSCULA

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Publicado el 15 febrero, 2017 por Nora SLD

A PROPÓSITO DE LA FESTIVIDAD HOY DE QUIENES SE DESEMPEÑAN EN EL SECTOR DE COMUNALES, NO PUEDO OBVIAR A ESTE HOMBRE QUE TANTO SE CONSAGRÓ A LA REVOLUCIÓN CUBANA, TRUNFANTE EN 1959.
EN MI CASO, MUY PARTICULAR, LO CONOCÍ CUANDO ESTABA AL FRENTE DE LA OFICINA DE ATENCIÓN A LOS ÓRGANOS LOCALES DEL PODER POPULAR.
EN ESA ETAPA SE EDITABA UN BOLETÍN NACIONAL CON TEMAS RELACIONADOS CON LA LABOR GUBERNATIVA, PUBLICACIÓN IMPRESA, EN LA CUAL PUBLIQUÉ EN VARIAS OCASIONES.
A CONTINUACIÓN INSERTO EN MI BLOG PROMARIO, ÁVILATROCHA, EL SIGUIENTE TEXTO DE ECURED, LA ENCICLOPEDIA LIBRE.

Nombre Faustino Pérez Hernández
Nacimiento 15 de febrero de 1920
La Larga, Taguasco Las Villa, Cuba
Fallecimiento 24 de diciembre de 1992
Ciénaga de Zapata, Matanzas, Cuba
Alma mater Universidad de La Habana
Ocupación Médico y político
Partido político Partido Comunista de Cuba
Títulos Doctor en Medicina
Cónyuge Ana Miriam Díaz Fernández
Faustino Pérez Hernández. Combatiente revolucionario cubano, expedicionario del Granma y comandante del Ejército Rebelde.
De procedencia humilde, logró estudiar Medicina en la Universidad de La Habana con muchos esfuerzos. En 1955 integró la dirección nacional del Movimiento 26 de Julio y formó parte de la expedición del yate Granma con grado de capitán. Tras la dispersión de los expedicionarios en Alegría de Pío recibió la orden directa de Fidel de reestructurar el Movimiento 26 de Julio en el llano.
Dirigió desde ese cargo múltiples acciones, entre ellas la huelga general del 9 de abril de 1958. Tras el fracaso de ésta se incorporó a la guerra en las montañas de Oriente con grado de comandante y permaneció allí hasta el triunfo de enero de 1959.
Fue designado entonces al frente del Ministerio de Recuperación de Bienes Malversados y se desempeñó posteriormente como jefe de Sanidad Militar. Estuvo por muchos años al frente del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, cargo desde el cual contribuyó decisivamente al desarrollo del país.
Hombre de carácter firme sostuvo siempre sus convicciones, aún en los momentos en que estas iban contra el criterio de la mayoría. Poseedor de una gran disciplina acató siempre las órdenes directas, aún en momentos de inconformidad, sin abandonar la fidelidad al proceso revolucionario. Fidel, que lo admiraba profundamente, dijo que Faustino Pérez era “la conducta de la Revolución”.
Síntesis biográfica
Nació en la zona rural de La Larga, Taguasco provincia de Las Villas el 15 de febrero de 1920. Hijo de campesinos, conoció de las labores más duras del campo. Debido a su afán de estudiar y voluntad personal, ingresó en la única escuela de medicina existente en ese momento, con 23 años cumplidos.
Con un sinnúmero de dificultades después de años de estudios y ya con 31 años de edad, concluye su carrera. Al producirse el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952 decide no presentar la tesis de grado para que su diploma no estuviera firmado por los usurpadores del poder
Trayectoria revolucionaria
Siendo estudiante se vinculó al movimiento estudiantil. Conoció a Fidel Castro y se incorporó al Movimiento 26 de Julio liderado por este e integró la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio el 12 de junio de 1955, día de su constitución.
Lucha insurreccional
Se trasladó a México con el objetivo de hacer llegar fondos recogidos en Cuba para hacer posible el viaje de los futuros expedicionarios del Granma e inmediatamente se convirtió en uno de ellos. Durante la travesía del Granma le fue conferido el grado de capitán y fue designado al Estado Mayor.
El 5 de diciembre de 1956 fue sorprendido, junto al resto de sus compañeros en Alegría de Pío, cuando descansaba de las penosas marchas tras el desembarco. En el combate con las fuerzas del ejército, Faustino atendió a varios expedicionarios heridos, entre ellos a su colega Ernesto Guevara que había recibido un disparo en el cuello
Junto a Fidel y Universo Sánchez, después de Alegría de Pío, deambuló durante 13 días hasta el encuentro con Raúl Castro y otros compañeros en Cinco Palmas.
Clandestinidad
En prisión junto a Armando Hart
Menos de cuatro semanas después del desembarco llegó a La Habana junto a Frank País, con la orientación de Fidel de reestructurar el Movimiento 26 de Julio en todo el país. Se puso al frente de este en la capital y dirigió relevantes y arriesgadas acciones como el traslado del periodista norteamericano Herbert Matthews hasta la Sierra Maestra[3], el secuestro del campeón mundial de automovilismo Juan Manuel Fangio, la noche de las cien bombas en la capital y la organización de la huelga del 9 de abril de 1958.
En mayo de 1957 fue detenido e ingresó a la prisión del Castillo del Príncipe, donde protagonizó junto a otros compañeros una huelga de hambre a pesar de padecer una úlcera gastrointestinal. La dictadura, preocupada por la repercusión que tendría un desenlace fatal, se vio obligada a decretar la libertad de algunos presos, entre ellos a Faustino Pérez. Después del asesinato de Frank País en julio de 1957 mantuvo contactos con los militares del régimen opuestos a la dictadura que desembocaron en el alzamiento del 5 de septiembre en Cienfuegos .
El llamamiento a la huelga general del 9 de abril de 1958 fue suscrito por Faustino, jefe del llano, junto al Comandante Fidel Castro, que lideraba la lucha en las montañas de Oriente. El fracaso de aquel intento le provocó a Faustino la crítica de muchos que vieron en él al principal responsable del fracaso de la huelga. Fidel, viendo el dolor y la vergüenza que embargaban a Faustino le expresó en carta desde la Sierra Maestra el 27 de abril:
“No existe ninguna razón alguna para que pese sobre ti más amargamente que para cualquiera de nosotros el revés sufrido. Tienes que ser grande para afrontar la injusticia y ser valiente para enfrentar el valor moral sin dejarte llevar por los consejos del amor propio. La calidad de un hombre no puede medirse sino en instantes como estos y quien tenga sangre de luchador nada puede amar tanto como a los momentos difíciles. (…) Tengo la más firme esperanza de que en menos tiempo de lo que muchos son capaces de imaginar habremos convertido la derrota en victoria”
A principios de mayo de 1958, por primera vez, Faustino subió a la Sierra desde que había marchado para hacerse cargo de la dirección del Movimiento en el llano. En la reunión de Altos de Mompié se hizo un análisis de las causas del fracaso de la huelga del 9 de abril y se decidió que toda la dirección del Movimiento 26 de Julio quedara subordinada a la Sierra. Faustino fue sustituido como Coordinador Provincial en La Habana pasando a integrar el ejecutivo de cinco miembros cuyo Secretario General era Fidel y que radicaría en la Comandancia General de la Sierra Maestra.
Faustino se refirió al encuentro de los Altos de Mompié como una discusión ejemplar entre revolucionarios. Luego de la reunión bajó al llano por última vez para arreglar los asuntos concernientes a la reestructuración del Movimiento.
Regresó por última vez a la Sierra ya comenzada la ofensiva batistiana contra el Ejército Rebelde, el 19 de julio. Entró por el campamento del comandante Ernesto Guevara en La Mesa y poco después se reunió con Fidel en La Plata, permaneciendo en la Comandancia General durante julio y agosto. Participó en los combates de Santo Domingo, El Jigüe, Arroyotes y Las Mercedes.
Al ser liberada una buena parte del territorio de la Sierra Maestra le fue encomendada la administración civil del Territorio Libre.
Revolución en el poder
Estuvo junto a Fidel en las horas decisivas en que a través de Radio Rebelde se aniquiló el intento de torpedear el triunfo de la Revolución mediante un golpe de Estado. Tres días después, cuando en la Universidad de Oriente se constituyó el primer gabinete de la Revolución, se le designó como Ministro de Recuperación de Bienes Malversados
Al cesar en el cargo fue nombrado Jefe de Sanidad Militar. Tuvo a su cargo la lucha contra las bandas de alzados contra el gobierno en el Escambray y combatió en Playa Girón contra la invasión mercenaria. También se desempeñó como Presidente del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, Embajador en la República de Bulgaria y Jefe de la Oficina de Atención a los Órganos Locales del Poder Popular.
En los años 70 como fungió como Primer Secretario del PCC en la región de Sancti Spíritus, oportunidad en la que asumió tareas trascendentales para el territorio como la construcción de la presa Zaza y el desarrollo del plan arrocero Sur del Jíbaro.
Últimos años
Por decisión propia pasó sus últimos días con los pobladores de la Ciénaga de Zapata, junto a los que libró sus últimos combates en pro del mejoramiento social y por el fortalecimiento de la Revolución como Director de la Empresa Agroforestal Victoria de Girón. Hasta su muerte el 24 de diciembre de 1992 fue miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba.

Blog de la periodista Nora Susana
Acontecer de la provincia Ciego de Ávila, Cuba y el mundo

 

Estoy orgulloso aunque no haya tirado un tiro

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Domingo, 16 de Abril de 2017
Fidel se molestó y me dijo: «¡Vire y coja el terraplén de Yaguaramas para encontrarse con una dotación de tanques!». Esas palabras retumban en los oídos de Pepe Pérez, un combatiente de Playa Girón que en la crucial batalla estuvo escasos minutos al lado del líder histórico de la Revolución
Las anécdotas que leerán nos refuerzan que la historia de la Revolución Cubana la han protagonizado personas como nosotros mismos: imperfectas. Con temores y dudas.
Mi interlocutor, José Pérez Hernández, en pocas horas me demostró esa verdad, mientras esperábamos en una sala de hospital a donde acudía para aliviar sus achaques de octogenario.
67003-fotografia Pepe Perez-g  «Pepe» Pérez, como se le conoce —sobre todo en su natal Sancti Spíritus—, me habló de tantas cosas que olvidé por un momento los problemas de salud que me condujeron a aquel lugar. Y creo que él también se olvidó de los suyos.
Del Escambray a Girón
Cuando los mercenarios bombardeaban, el 15 de abril de 1961, los aeropuertos de San Antonio de los Baños, la pista de Ciudad Libertad y el actual aeropuerto internacional Antonio Maceo —preludio de la invasión—, hacía aproximadamente una semana que Pepe había regresado de la «limpia» del Escambray. No obstante, el día 16 asistió al acto, en 23 y 12, en la capital con motivo del sepelio de los caídos, en el que Fidel proclamó el carácter socialista de la Revolución.
En la madrugada del 17 de abril, su hermano, el comandante Faustino Pérez, convocó a algunos combatientes que habían participado en la «limpia» del Escambray, entre ellos al primer teniente Fernando Taboada, Ángel García y a Pepe, que en aquel momento no llegaba a los 30 años de edad, para decirles que había problemas en Las Villas; y que se iría de inmediato con Ángel y Taboada para amanecer en el Estado Mayor del Ejército Central en Santa Clara, donde fungía como jefe de Sanidad Militar.
«Orientó que Roberto Paz y yo saliéramos por la mañana y lo esperáramos en el entronque de La Esperanza, para seguir rumbo a Cienfuegos, donde contactamos con las autoridades de Sanidad del municipio que esperaban por Faustino. Luego de ese encuentro tomamos la carretera de Aguada de Pasajeros hasta llegar al entronque del pueblecito Real Campiña.
«Ya en ese lugar se observaban incendios en los caseríos y en las márgenes de las carreteras. Nos bajamos del yipi y fuimos corriendo adonde estaba Faustino, quien iba delante de nosotros con sus dos compañeros y había detenido su auto. Le pregunté qué haríamos y nos dijo que debíamos continuar hasta el central Covadonga».
Pepe recuerda que al llegar al central Covadonga Faustino se reunió de inmediato con el comandante Filiberto Olivera. Él y sus compañeros aguardaron debajo de árboles del batey del central y escucharon los comentarios de la gente, alarmada por los paracaidistas mercenarios que ya se encontraban a escasos kilómetros de donde ellos estaban.
«Al rato salió Faustino y me dijo que llevara en el yipi a dos compañeros y que fuera donde ellos decidieran. Cuando apenas avanzamos un poco observé un camión nuestro ligero de cuatro ruedas parado a la izquierda del terraplén. Transportaba una “cuatrobocas”, lo que me infundió tranquilidad, pero al acercarnos, se escuchó una potente explosión que prácticamente lo destruyó.
«Posteriormente supe que la misión de aquellos dos combatientes a los que yo les manejaba era buscar un lugar para ubicar una batería antiaérea de las que dirigía Pedro Miret, y que al camión le dispararon un bazucazo que provocó la muerte de los tripulantes.
«En la mañana del día 18 de abril fui con Faustino al Estado Mayor General de Operaciones, radicado en el central Australia.
«El 19 de abril volvimos temprano al Australia con Faustino y desde allí salimos en dirección a Playa Larga. Observamos a jóvenes milicianos manipulando unas “cuatrobocas”. Adelantamos hasta cerca de Pálpite, aunque luego regresamos al Puesto de Mando del central Australia y un rato más tarde al del Covadonga.
«De ese último lugar seguimos rumbo a San Blas, donde se combatía muy duro para tomar las posiciones fortificadas creadas por los invasores.
Chofer de Fidel
«Dejamos atrás San Blas, y fue entonces cuando coincidimos con Fidel, quien organizó todos los medios disponibles para proseguir rumbo a Playa Girón: primero los cuatro tanques que allí se encontraban, en los que designó a un jefe para cada dotación. Detrás de los tanques organizó a la infantería.
«Minutos antes de la partida, Faustino, quien ya se encontraba en su tanque, envió a Ángel García para que me dijera que estuviera al tanto, pues Fidel necesitaba el yipi. Me coloqué al lado del vehículo para entregarle la llave a quien me indicara, y en ese momento llegó Fidel y preguntó: “¿Dónde está el chofer?”. Miré a mi alrededor y al no ver a nadie le dije: “Soy yo, Comandante”. “Pues arriba”, me contestó él muy resuelto, y partimos.
«Fidel se montó a mi lado y sus dos escoltas detrás. Me indicó que cogiera el terraplén hacia San Blas, que ya había sido tomado por nuestras fuerzas. Su intención era seguir a Yaguaramas para encontrarse con una dotación de tanques que avanzaba desde esa dirección.
«Al llegar al caserío tomé hacia la izquierda, que era por donde antes yo había entrado a San Blas, pues desconocía que había otro terraplén para acceder. Fidel se molestó y me dijo: “¡Vire y coja el terraplén de Yaguaramas para encontrarse con una dotación de tanques!”. Cumplí la orden bajo una andanada de improperios que estoicamente soporté porque provenían de él.
«Continuamos por el terraplén y el Comandante hizo detener a un camión que circulaba en sentido contrario. Le preguntó al chofer si había visto unos tanques, y ante la respuesta afirmativa del hombre, seguimos adelante y nos encontramos con la dotación que buscábamos.
«Fidel, al bajarse del yipi para abordar al primer tanque, se llevó mi subametralladora y me dejó desarmado. La dotación continuó a toda velocidad rumbo a Playa Girón, y yo la seguí en el yipi. En Girón se encontraban las fuerzas que habían avanzado desde Playa Larga, las cuales habían sido organizadas por Fidel.
«Bajo las orientaciones del Comandante todos los combatientes nos enfrascamos en la eliminación de los focos de resistencia enemiga, los cuales utilizaban como trincheras las casas desbaratadas por la metralla.
«Como yo estaba desarmado me apropié de un fusil Garant que perteneció a alguno de los invasores, el cual tuve hasta que un compañero que conocía lo de mi subametralladora me la hizo llegar cuando ya habían terminado las hostilidades.
«Cuando me encontraba revisando las casas donde se escondían los mercenarios, Faustino me mandó a buscar y me dijo que tenía que llevar a un compañero de la escolta de Fidel al central Covadonga. Partí de inmediato para el Puesto de Mando y cuando el compañero —que resultó ser Cidró Ramos— se encontraba estableciendo comunicación con La Habana llegó Fidel y prosiguió hablando por teléfono.
«En aquellas circunstancias tuve el privilegio de estar cerca de Fidel cuando informaba sobre la derrota causada al enemigo imperialista y la victoria de nuestra Revolución. Recuerdo que cuando terminó de hablar se comió una naranja que le dieron.
«Regresé a Playa Girón y me uní a Faustino y los demás compañeros. Al amanecer del 20 de abril se dio la orden de que todas las armas dispararan para el monte desde la costa. Yo no pude hacerlo, pues no sabía manipular el Garant. Luego del alto el fuego los mercenarios comenzaron a salir masivamente del monte, con los brazos alzados. Fidel le ordenó a Faustino la recogida de la armas abandonadas por los invasores.
«Sobre las 11 de la mañana del mismo día 20, Faustino tuvo necesidad de ir al puesto de Mando de Covadonga y yo lo seguí con Roberto Paz. A unos 200 metros aproximadamente antes de llegar a San Blas había un intenso tiroteo proveniente del monte hacia el terraplén. Los nuestros respondían a unos mercenarios que al parecer no se habían enterado de la derrota.
«Nos bajamos y nos incorporamos al combate. Yo seguía sin entender cómo funcionaba el Garant. Roberto Paz, quien se encontraba a mi lado disparando, me dijo: “Mira Pepe lo que hace Faustino. Vamos para allá”. Resulta que estaba combatiendo cerca de un miliciano al que alcanzó la metralla y lo estaba socorriendo.
«Tras varios intentos por reanimarlo se da cuenta de que ya el cuerpo del héroe estaba sin vida. Cuando la situación se calmó permanecimos un rato en el lugar y posteriormente nos dirigimos hacia Covadonga. Más tarde regresamos a Girón y Faustino continuó cumpliendo con la misión que Fidel le asignó.
«Fue una gesta dura y dolorosa. Siento un sano orgullo de haber participado en la primera derrota propinada al imperialismo en América. No pude disparar un solo tiro, pero ese orgullo de haber estado allí vive siempre dentro de mí».
Marianela Martí­n González – Juventud Rebelde

Fidelidad a toda prueba

Radio Santi Spiritus

El espirituano Faustino Pérez mantuvo toda su vida una fidelidad a toda prueba por la Revolución y en particular por su líder Fidel Castro, con quien cultivó una estrecha hermandad. Estudiosos de la Escuela Provincial del Partido han investigado en profundidad los detalles de esa amistad, cuya génesis se inscribe a inicios de la década del 50, cuando Faustino militaba en las filas del Partido del Pueblo Cubano Ortodoxo, donde conoció al Comandante en Jefe.
Entre sus memorias el combatiente espirituano mencionó alguna vez aquella ocasión en que se discutía en su propio Partido qué hacer con el dinero recogido para pagar la fianza de alguien ya puesto en libertad. Fidel, con su pensamiento práctico, sugirió comprar balas y armas. En ese momento —aseguran los investigadores— se produjo un impacto sugestionador en la conciencia del joven espirituano al estar ante una nueva estrategia para la lucha.
Julio César Rosabal, doctor en Ciencias Históricas y acucioso investigador de la vida del médico y político nacido en La Larga, Taguasco, el 15 de febrero de 1920, confirma su fidelidad al Guerrillero del tiempo y asegura en sus investigaciones que, aunque Faustino no pertenecía al Movimiento o grupo de 25 y O, fue citado para participar en el asalto a los cuarteles orientales, pero no asistió por desconocer la envergadura del encuentro y porque se encontraba enferma su madre.
Faustino decidió pasarse al Movimiento que preparaba el líder revolucionario luego de la amnistía de mayo de 1955. Entonces se convirtió en uno de los nueve invitados por Fidel y uno de los 10 presentes en la histórica reunión fundacional del MR 26-7, en la calle Factoría No. 62, el domingo 12 de junio de 1955.
Al principio le asignaron la responsabilidad de las finanzas. Al salir el líder revolucionario para México, Faustino además quedó encargado de la propaganda, la organización del Movimiento en Las Villas y Matanzas; y —junto con Armando Hart—, de la constitución del Frente Cívico de Mujeres Martianas.
En su autobiografía Faustino contó una anécdota inolvidable: “En febrero del 56 hice mi primer viaje a México llevando más de ocho mil dólares recaudados peseta a peseta por la organización del Movimiento entre los militantes y simpatizantes. La significación de aquello hizo exclamar a Fidel en el propio aeropuerto que ya la expedición estaba asegurada”.
Luego de varias visitas a aquel país, el espirituano asumió la responsabilidad político-administrativa del último campamento de entrenamiento situado en el estado de Tamaulipas, de donde salió con otros más de 30 compañeros hacia el yate Granma en la madrugada del 25 de noviembre con el grado de capitán.
Luego del traumático desembarco en diciembre de 1956 Fidel le orienta bajar al llano para informar que la lucha proseguiría, reorganizar la dirección donde fuera necesario, preparar al Movimiento para apoyar a los compañeros de la Sierra y enviar algún periodista dispuesto a informar la verdad de aquellos sucesos.
Faustino, acompañado de Frank, viajó por la isla y reestructuró todo lo necesario y en febrero de 1957 llevó al periodista norteamericano Herbert Mathews a la famosa entrevista con el líder guerrillero que le dio la vuelta al mundo.
El combatiente de Cabaiguán también resultó el principal responsable y organizador del secuestro de Juan Manuel Fangio, considerado el suceso de mayor alcance internacional que realizó el Movimiento durante la Guerra.
En la Sierra Faustino resultó ascendido al grado de Comandante y lo eligieron miembro de la Dirección Nacional del Movimiento, junto a Fidel y otros cuatro compañeros. Participó como combatiente en los escenarios de lucha y cuando ya esas montañas se encontraban prácticamente libres se le designó como responsable de la Administración Civil allí.
Con el triunfo revolucionario se le designó Ministro de Recuperación de Bienes Malversados, responsable de los servicios médicos en la Sierra Maestra; estuvo junto al líder histórico de la Revolución en el combate de Playa Girón, participó en la Lucha Contra Bandidos, se desempeñó como ministro de Recursos Hidráulicos, dirigió la región Sancti Spíritus, trabajó como embajador en Bulgaria, atendió los Órganos del Poder Popular como diputado a la Asamblea Nacional y durante largos años formó parte del Comité Central del Partido. Suficientes pruebas de que Faustino mantuvo su fidelidad a toda prueba hacia Fidel y la Revolución hasta su muerte en 1992
Radio Santi Spiritus

10 enero, 2017
Mary Luz Borrego