Faustino Pérez Hernández, honestidad y entrega

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Revista Médica Electrónica
versión On-line ISSN 1684-1824
Rev.Med.Electrón. vol.40 no.2 Matanzas mar.-abr. 2018

ARTÍCULO HISTÓRICO

Faustino Pérez Hernández, honestidad y entrega

Faustino Pérez Hernández, honesty and consecration

Est. Mabelis Pérez del Castillo,I Est. René Javier Marrero Vega,I Lic. Joel Juan Vega Díaz,II MSc. Francisca Magdalena Rolo Mantilla,II Lic. Sonia Fuentes García,II Lic. Iraida Santana SantanaIII

I Universidad de La Habana. La Habana, Cuba.
II Centro Provincial de Información de Ciencias Médicas Laudelino González González. Matanzas, Cuba.
III Universidad de Ciencias Médicas de Matanzas. Matanzas, Cuba.

RESUMEN

La historia de Cuba la han hecho sus mejores hijos. Entre los que contribuyeron protagónicamente a la etapa que condujo al triunfo de 1959 y la construcción de la sociedad socialista se destaca Faustino Pérez Hernández, fruto de la tierra espirituana ligado a la historia matancera por más de una página de honestidad y entrega. El principal hospital de la provincia de Matanzas, ubicado en su capital, lleva su nombre. El presente trabajo pretende, en su brevedad, despertar la necesidad de conocer más profundamente su vida y su obra.

Palabras claves: Faustino Pérez Hernández, personalidades, Revolución cubana, historia.

ABSTRACT

Cuban history has been made by its best children. Faustino Perez, born in Sancti Spiritus and linked to Matanzas by more than one page of honesty and devotion, is among the ones who played the most important roles in the stage leading to the triumph of 1959 revolution and the socialist construction. The main hospital of the province of Matanzas, located in its capital, is named after him. The current work pretends to arouse the necessity of knowing deeply his life and his work.

Key words: Faustino Pérez Hernández, personalities, Cuban revolution, history.

INTRODUCCIÓN

A honrar y reconocer a los hombres que dedicaron sus vidas a sus conciudadanos y al bien de la humanidad convocaron dos de los más destacados cubanos consagrados a esa tarea: José Martí y Fidel Castro. El presente trabajo pretende cumplir ese postulado resaltando la personalidad de Faustino Pérez Hernández, un hombre que supo hacerlo sencilla, humana y humildemente, según los principios morales y humanos que le fueron inculcados desde la cuna, con los que se identificó y comulgó al estudiar la obra martiana y por los que se rigió durante toda su vida. Vida fructífera, de luchas, trabajo, honradez y entrega, que lo condujo a vincularse directamente con la provincia de Matanzas, cuyo hospital docente se enorgullece de llevar su nombre.

DESARROLLO

Antecedentes familiares

Nació Faustino el 15 de febrero de 1920, en la finca La Larga, Zaza del Medio, en la actual provincia de Sancti Espíritus. Fue el primer vástago de la familia formada por una pareja de campesinos pobres, José Demetrio Pérez Leal, inmigrante canario, y Amada Julia Hernández Rodríguez, cubana nacida en Pinar del Rio, también de ascendencia canaria, y que entre trabajo, miseria y necesidades dieron vida a otros diez hijos.1

Como casi todos los emigrados canarios llegados a Cuba, José Pérez procedía de una familia campesina pobre, y a la agricultura, la actividad que mejor conocía se dedicó en la Isla. Su historia, como la de tantos campesinos en Cuba, estuvo marcada por la necesidad de trabajar durante prolongadas jornadas, bajo el sol y la luna, para sacarle con sus manos y sudor a la tierra ajena el sustento para sí y la familia, siempre en busca de las mejores posibilidades. No escaparon, él y su familia, al desalojo, un fenómeno común en la época que el propietario de tierras utilizaba para deshacerse de los que trabajaban en sus terrenos, entre otras cosas para aprovechar los terrenos atendidos culturalmente y apoderarse de cosechas y productos gratuitamente.

La familia Pérez Hernández vivió en varios lugares- Los Tramojos, Cruz de Neiva, El Obispo-, hasta asentarse finalmente, a inicios de la década de 1930, en una finca arrendada denominada Cañada de Piña, cercana a la flamante Carretera Central, entre los poblados de Cabaiguán y Guayos, y que posteriormente comenzó a llamarse La Esperanza, probablemente por las grandes esperanzas puestas en ella por sus arrendatarios. Esperanzas que iban acompañadas de trabajos y obligaciones ineludibles para toda la familia.

Mientras los varones se dedicaban a las actividades agrícolas que sus fuerzas y madurez les permitían paulatinamente, las hembras se iban incorporando a las actividades domésticas y de atención al ganado menor y las aves de corral. Con solo once años Faustino era ya el boyero que conducía las yuntas durante la preparación de la tierra, junto a otras tareas que venía haciendo desde edades más tempranas como sembrar, escardar, guataquear, recoger cosechas, abrevar, ordeñar y alimentar el ganado, seguido de cerca por sus hermanos menores.

Faustino estudiante

Los hermanos Pérez Hernández, a diferencia de otros niños campesinos de la época residentes en zonas más apartadas de la geografía cubana, tuvieron la posibilidad de estudiar. Faustino comenzó a asistir a una escuela rural existente en Cruz de Neiva, propiedad de un catalán excombatiente del Ejército Libertador en la Guerra de 1895, cuando la familia aún vivía cerca y los pocos años de Faustino le permitían estar exento de muchas obligaciones en la finca. Cuando comenzaron a vivir en Cañada de Piña, al adolescente se le hizo más difícil la asistencia a la escuela, al enfrentar una mayor cantidad de tareas agrícolas que le tomaban más tiempo y tener que recorrer a caballo, con su hermano Carlos a la grupa, los siete kilómetros existentes hasta ella. En varias ocasiones, el combatiente revolucionario se referiría con cariño y agradecimiento a la escuela “rural y privada de Don Jaime” donde aprendió sus primeras letras.1

Posteriormente la asistencia se hizo más fácil al trasladarse los escolares Pérez Hernández a una escuela recién creada en las cercanías de la finca en que trabajaban y vivían, la escuela pública número 21, donde cursaron Faustino y Carlos hasta el sexto grado. De su maestra, Celestina Pérez, el futuro revolucionario admiró y recordó siempre la inteligencia, capacidad, abnegación y patriotismo. Ella y su anterior maestro le inspiraron la idea de alfabetizar, en horario nocturno robado al cansancio y el sueño, a varios adultos vecinos y jornaleros de la finca que no habían podido estudiar, con el resultado de cuatro personas alfabetizadas: Manuel González, Santiago Cabrera, Anselmo Cabrera y Juan Pérez Leal, tío paterno de Faustino. La influencia y el prestigio alcanzados por la humilde maestra rural propiciaron que el joven continuara estudiando en los niveles superiores e ingresara a la Universidad más adelante.

Los estudios posteriores de Faustino Pérez podrían atribuirse al azar. No los había previsto su familia ni el mismo. Para la inmensa mayoría de los niños campesinos de la época terminar la enseñanza primaria era casi imposible. Los más de ellos ni siquiera matriculaban. De los matriculados, muchos abandonaban al aprender los rudimentos de la escritura, la lectura y las matemáticas. En las escasas escuelas rurales la matrícula y continuidad de estudios era muy baja debido a las carencias y a la temprana incorporación de los niños al trabajo para ayudar a las familias. Sin embargo, a lomo de caballo, en horarios irregulares, poniendo el máximo de esfuerzo y aplicación, el joven y curtido Faustino logró vencer los objetivos de la escuela primaria superior asistiendo a una escuela que en Cabaiguán existía, y en el curso académico 1938-1939 matriculó en la Escuela Superior de Segunda Enseñanza de Sancti Espíritus, devenida Instituto de Segunda Enseñanza en el siguiente curso. Mas la necesidad de asumir sus labores y obligaciones en la finca familiar, sumada a la carga sicológica de considerar que sus familiares se sacrificaban para permitirle estudiar, provocaron que los estudios transcurrieron casi de forma libre. Sus resultados académicos fueron bajos, pero el 19 de agosto de 1942 le era emitido el título de Bachiller en Ciencias y Letras, registrado en el folio 40, número 36813 del Ministerio de Educación (denominado entonces Secretaría de Educación).1

Si graduarse de bachiller fue algo no planificado ni esperado por la familia o Faustino, mucho menos lo sería la continuidad de estudios universitarios. Sin embargo, el consejo y la insistencia de personas influyentes del medio social y el vecindario familiar, lograron convencerlo primero a él y después al padre, y a la convocatoria de este último la familia acordó sacrificarse una vez más en aras de que uno de sus integrantes continuara estudios en la universidad.

A la hora de decidir qué estudiar el joven se decantó por la carrera de Medicina, llevado por su determinación de ser útil y servir, la misma que lo condujo a la obra alfabetizadora que emprendió anteriormente. Así pues, se convierte en alumno de primer año de la Escuela de Medicina de la Universidad de La Habana, en el curso académico 1942-1943.

Comienza una nueva etapa en la vida del futuro revolucionario. Por primera vez fuera del seno familiar, con recursos económicos limitados que trata de ahorrar al máximo pues lo hacen sentir en deuda con sus padres y hermanos, Faustino vive en carne propia las necesidades del estudiantado pobre: convivir estrechamente en cuartos de pensiones paupérrimas, pobre alimentación, onerosas matriculas, elevado costo de textos y materiales escolares, escasez de muchos de ellos, profesores corruptos y mediocres, corrupción del sistema en general. Y cae de lleno en el efervescente medio universitario, siempre propicio a la lucha y la rebeldía.

El joven campesino llega a La Habana con la ilusión de encontrar un medio social mejor del que había conocido en su campiña natal. Sin embargo encuentra condiciones de pobreza, desigualdad, opresión y corrupción parecidas y mayores en proporción con el tamaño de la gran urbe. Por estos años, paulatinamente, cuaja y se desarrolla su conciencia política.

Los estudios universitarios de Faustino Pérez Hernández se vieron marcados por todo esto, y además por la forma en que habían transcurrido sus estudios anteriores. Muy difícil le fue enfrentarse y aprobar las materias universitarias. Difícil convivir con el sentimiento de frustración social. Y difícil sentir que no rendía lo esperado, con todos los miembros de la familia sacrificándose laboral y económicamente por sus estudios.

Para ayudarse económicamente y como vía para garantizar la práctica de sus conocimientos, el estudiante trabaja en el Laboratorio de Análisis Clínico del Dispensario Médico Presbiteriano, sito en la calle Salud 222, a partir del segundo año de la carrera. De la experiencia y conocimientos obtenidos allí se valió para redactar la tesis presentada y defendida en 1959 para obtener el título de medico: “Profilaxis de las Enfermedades Infecto-Contagiosas”. Y es que, a pesar de haber aprobado todos los exámenes de las materias correspondientes en diciembre de 1950, Faustino no defendió la tesis hasta después del triunfo de la revolución que contribuyó a hacer, por su renuencia a recibir su título de un ministro golpista y corrupto.

Faustino revolucionario

La simiente del revolucionario se hayan en el conocimiento del pensamiento y la obra martiana inculcados tempranamente por los primeros maestros de Faustino, el uno un excombatiente independentista y la otra una humilde maestra rural. Eso unido al sentido de honradez, justicia, y honor inculcado y vivido en el seno familiar.

Ambos factores contribuyeron a la participación solidaria del adolescente, aun sin filiaciones políticas, en una marcha-protesta popular de los trabajadores tabacaleros de la zona donde vivía en reclamo de mejoras salariales, a mediados de la década del 30. Los organizadores de la protesta, los hermanos Jesús, Carlos y Alfonso Menéndez Larrondo –reconocido líder y mártir proletario el primero- conocían y habían trabajado codo a codo con Faustino en las escogidas de tabaco de la región.1,2

Otro paso en el desarrollo de su madurez política resultó su toma de partido por los combatientes republicanos durante la Guerra Civil española, habida cuenta que hacerlo significó contraponerse a su padre, autoridad y guía de toda la familia, que era partidario de los franquistas.

Pero es el veinteañero estudiante universitario el que comienza a participar en la vida política partidista del país. Vota por primera vez en las elecciones de 1944, y lo hace por el candidato del Partido Revolucionario Cubano (PRC), conocido como Autentico, Ramón Grau San Martin, que gana las elecciones. Como muchísimos otros cubanos pronto se arrepentiría de ello. El accionar político y administrativo corrupto, el despotismo, el fraude, el nuevo auge del bonchismo y otros males políticos y sociales contrarios a la propaganda electoral autentica, lo decepcionan. Faustino se afilia a la Ortodoxia chibasista y hace proselitismo por ella.

Integrado a las luchas estudiantiles, participa junto a otros estudiantes universitarios en la protesta por el aumento del pasaje en los ómnibus y por primera vez es víctima de la represión política al ir a parar a la cárcel.

Tras el golpe de estado del 10 de marzo, frustrada la esperanza ortodoxa que compartía, su accionar político aumenta en vinculación con el movimiento estudiantil. Está presente en la jura de la Constitución del 40, en su velorio en la escalinata universitaria y su posterior entierro en el Rincón Martiano, actividades simbólicas mediante las cuales el estudiantado universitario expresaba su repudio a la dictadura recién instaurada. Es coprotagonista del enfrentamiento a los esbirros que asaltaron la estación de radio desde donde se transmitía “La Universidad del Aire”, programa utilizado por los estudiantes universitarios para denunciar la ilegalidad e inmoralidad del régimen. Y presente está el 15 de enero de 1953 en la protesta por la profanación del busto de Julio Antonio Mella, durante la cual los estudiantes son reprimidos fuertemente y cae mortalmente herido el primer mártir de la Revolución: Rubén Batista Rubio.

La profundización de las ideas políticas de Faustino para 1952, puede medirse por su incorporación en calidad de fundador al Movimiento Nacional Revolucionario (MNR) liderado por el profesor universitario Rafael García Bárcenas, una de las alternativas políticas más válidas que se presentaban, pues sus objetivos eran derrocar la tiranía por medio de la sublevación armada de sectores militares opuesto al batistato. Desde sus filas acopió medios y materiales de guerra y se preparó para participar en el frustrado asalto al cuartel de Columbia. Así mismo tomó parte en la edición del periódico Vanguardia, vocero clandestino del MNR.

En el año del centenario del natalicio de José Martí, Faustino pone de manifiesto una vez más su filiación martiana, su decisión de lucha y su valentía personal: selecciona pensamientos martianos que condenaban la dictadura y exaltaban la lucha por la libertad y los publica en un folleto con el título de Centenario del Apóstol;3 su firma refrenda la autoría de la compilación.

Forma parte de los jóvenes que participan en la histórica manifestación que partió de la escalinata universitaria hasta el monumento a Martí en el Parque Central el 28 de enero de 1953, protagonizada por Fidel y otros moncadista y en la nocturna marcha de las antorchas que inauguró la patriótica tradición reeditada cada año por la vanguardia de la sociedad cubana.1,2

A partir de 1953 el nombre de Faustino Pérez Hernández aparece o subyace en cada una de las páginas gloriosas de la historia patria. No estuvo presente en los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes el 26 de julio de 1953, pero visita a los moncadistas heridos que estaban ingresados en la Colonia Española en Santiago de Cuba y e integra el comando del MNR que rescata a Gustavo Arcos, moncadista convaleciente bajo custodia policial en el Hospital Ortopédico de La Habana.

La lectura de La Historia me Absolverá, su coincidencia con los ideales y objetivos expuestos allí por Fidel, conducen a Faustino a un acercamiento más y más profundo al grupo moncadista. Se convierte en asiduo visitante del apartamento de la calle Jovellar donde vivían Melba Hernández y Haydeé Santamaría.

En 1954 va a prisión al ser juzgado por la ocupación de uniformes militares, dinamita, granadas y niples en el laboratorio que dirigía en la calle Salud 222. Junto a él cayeron presos los hermanos Armando y Enrique Hart Dávalos, José (Pepe) Prieto y otros compañeros, pero Faustino no dudó en asumir la responsabilidad.2 Condenado a tres años y medio, sale en libertad como resultado de la amnistía a los presos políticos decretada en mayo de 1955 por el gobierno debido a la presión popular y la proximidad de elecciones, la misma por la cual son liberados Fidel y sus compañeros ex-asaltantes del Moncada del Presidio Modelo.

Su posición, para entonces, en la vanguardia revolucionaria cubana la demuestra su inclusión en la Dirección Nacional del Movimiento Revolucionario 26 de Julio (M-26-7) desde su fundación el 12 junio de 1955. En esa primera Dirección Nacional su nombre figuraba junto al de Fidel Castro, Melba Hernández, Haydeé Santamaría, Antonio (Ñico) López, Pedro Mirét Prieto, Jesús Montané, Armando Hart, Juan Manuel Márquez, Pedro C. Aguilera González, José A. (Pepe) Suarez Blanco y Luis Barreto Milián, una muestra de la confianza y reconocimiento que se le tenían.

Una de las primeras acciones que acomete Faustino Pérez desde esta responsabilidad, junto a aquellos compañeros que no se vieron obligados por la persecución batistiana a emigrar a México con Fidel, es llevar a cabo la organización del M-26-7 en todo el país, en la total clandestinidad. Su impronta y dotes organizativas se reflejan también en la dirección y edición de Aldabonazo, primer órgano divulgativo e informativo del Movimiento y en Revolución, su sucesor.

En 1956 las actividades clandestinas y responsabilidades de Faustino lo hicieron viajar en varias oportunidades a México con el consiguiente riesgo de ser detenido. En febrero es el portador de los primeros fondos recaudados por el movimiento en su primer semestre de actividad: 8 000 dólares destinados a organizar la expedición armada.4

En septiembre regresa y participa en las reuniones efectuadas entre el M-26-7 y el Directorio Revolucionario representados por José Antonio Echeverría, Fructuosos Rodríguez, Faure Chomón y otros, en busca de coordinar acciones y unificar criterios entre las dos agrupaciones revolucionarias. El resultado de esas reuniones fue la firma de la Carta de México.

Durante esta visita, Fidel, Frank País y Faustino conciben y acuerdan el plan de acciones a desarrollar en Cuba en apoyo al planificado desembarco revolucionario.

Los últimos viajes del año tuvieron lugar en octubre. A inicios del mes llega brevemente a México portador de fondos una vez más y, sin llegar a Cuba, lleva instrucciones de Fidel a los dirigentes del Movimiento en Miami. Al regresar, Fidel le asigna la responsabilidad de dirigir política y administrativamente el campamiento de entrenamiento de Abasolo, en Tamaulipas. En los días previos a la partida del yate Granma desde Tuxpan, Faustino y José Smith Comas, entrenador militar de Abasolo, conducen a los combatientes entrenados hasta el lugar de embarque.

A bordo del Granma, con el grado de capitán, Faustino comparte con Juan Manuel Márquez la jefatura del Estado Mayor, en una Jefatura de la expedición encabezada por el Comandante en Jefe, Fidel Castro, los jefes de columnas José Smith Comas, Juan Almeida Bosque y Raúl Castro Ruz y otros compañeros en otros cargos.

Tras la odisea de la travesía y el desembarco, los expedicionarios reciben su bautismo de fuego el 5 de diciembre en Alegría de Pio. Los testimonios de sus compañeros sitúan a Faustino, no solo defendiéndose bravamente con su pistola ametralladora, sino prestando auxilio a los heridos dondequiera que se encontraban, como médico combatiente.

Al final del combate Faustino se encuentra solo. Sobre esta experiencia escribiría posteriormente: “(…) jamás olvidaré los silenciosos y fervientes diálogos bajo la paja de la caña con la muerte en acecho, jamás ha dejado de influirme y ayudarme aquella gran lección de fe. Fidel nunca dio cabida a la idea de la derrota, siempre mantuvo la convicción del reencuentro, del reinicio y desarrollo de la lucha, de la victoria del pueblo”.2

Al anochecer del propio día 5, Faustino se encuentra con Fidel y Universo Sánchez, y juntos comienzan a desplazarse con todo cuidado en dirección a las montañas de la Sierra Maestra. Varios días después, entran en contacto con Guillermo García Frías, Ignacio Pérez, Mongo Pérez y otros campesinos, y son conducidos a Purial de Vicana, donde se reencuentran con los grupos encabezados por Raúl Castro y Juan Almeida. Este reencuentro pasó a la historia de nuestro país con el nombre de encuentro de Cinco Palmas, debido a que el lugar era conocido también con ese nombre.5

En Cinco Palmas recibe Faustino el encargo de llevar a las ciudades la noticia de que Fidel vivía y el núcleo guerrillero proseguiría la lucha, así como de tratar de enviar a la Sierra Maestra a periodistas dispuestos a informar nacional e internacionalmente ese hecho, para contrarrestar la desinformación oficial de que Fidel y sus compañeros expedicionarios habían muerto todos.

En cumplimiento de ello, en febrero de 1957 Faustino realiza otro riesgoso viaje a la Sierra Maestra para participar en una reunión de la Dirección Nacional del Movimiento. Consigo lleva al periodista del New York Times, Herbert Matthews, quien entrevistaría a Fidel el 17 de febrero. Con la publicación de la entrevista el 24 de febrero, de dos artículos valorativos de la situación general en Cuba en días siguientes y de una foto de Matthews departiendo con Fidel el día 28, se dio a conocer al mundo la vigencia del foco guerrillero, y se propinó un duro mentís internacional a la versión oficial del gobierno dictatorial de Batista que se empeñaba en negar la veracidad de la noticia.

También en Cinco Palmas, Faustino recibe la misión de reorganizar la dirección del M-26-7 donde fuera necesario para que el Movimiento en todo el país encaminara su actividad a brindar apoyo a los combatientes de la Sierra Maestra. Para cumplirla, a finales de 1956 Faustino se entrevista con Celia Sánchez en Manzanillo, con Frank País, Armando Hart, Haydeé Santamaría y Vilma Espín en Santiago de Cuba, y en unión de Frank acometen la reestructuración del M-26-7 en Santa Clara y La Habana.

El arrecio de la persecución policiaca posterior al frustrado asalto a Palacio por el Directorio Revolucionario, en apoyo al cual Faustino -a nombre del Movimiento- había organizado varias acciones, conduce a su detención el 19 de marzo de 1957.2 Durante 28 días permaneció incomunicado y esposado en una celda, bajo torturas y amenazas constantes.

Tras ser trasladado al Castillo del Príncipe, protagonizó y dirigió una masiva huelga de hambre de presos políticos entre los que estaban también Sergio González (el Curita) y Arístides Viera (Mingolo). Su participación en esta huelga generó gran preocupación entre familiares y compañeros, teniendo en cuenta la úlcera estomacal que Faustino padecía. Se observa a Faustino (sentado, tercero de derecha a izquierda) durante la huelga de hambre. Figura

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La repercusión mediática y social de la huelga provocó la salida en libertad condicional de un grupo de combatientes, Faustino entre ellos, el 26 de julio de 1957.

El asesinato de Frank País el 30 de julio repercute profundamente en Faustino: existía entre los dos una identificación política absoluta, una estrecha amistad y hermandad forjadas en la fragua del accionar clandestino compartido y una admiración y reconocimiento mutuo al coraje y la valentía derrochada por ambos. La pérdida hace que Faustino concientice la importancia de preservar la vida de cada revolucionario ante la nueva etapa de lucha que se avecinaba, y solicita a sus compañeros que en El Príncipe continuaban la huelga de hambre que la abandonen.

En representación de la Dirección del Movimiento, coordina con oficiales de la Marina de Guerra en La Habana, Santiago de Cuba, Cienfuegos y Mariel el apoyo a la sublevación planificada para el 5 de septiembre de 1957. Finalmente la sublevación se produce solo en Cienfuegos, donde los marinos y miembros del M-26-7 toman la ciudad durante todo un día. En el resto del país la acción no se produce debido al aplazamiento acordado por los jefes militares de la conspiración y no comunicado al Movimiento.

A finales de 1957 e inicios de 1958 Faustino está enfrascado en el proceso de preparación de la Huelga General Revolucionaria. Al frente del Movimiento 26 de julio en La Habana, organiza, dirige y participa personalmente en múltiples acciones. “La Noche de las Cien Bombas” estremeció la ciudad y demostró el arrojo, organización y eficacia de los combatientes clandestinos en noviembre de 1957. El 23 de febrero, un comando dirigido por Faustino secuestró al campeón mundial argentino de Fórmula 1, Juan Manuel Fangio, demostrando la capacidad de acción del Movimiento y desmintiendo las aseveraciones del gobierno batistiano de su control de la situación en el país.6

Convocado por Fidel, Faustino sube a la Sierra nuevamente a principios de marzo de 1958, para participar en una reunión de la jefatura del Movimiento donde acuerdan declarar la Huelga General en el mes de abril. Faustino es delegado para informar los planes y solicitar el apoyo del Partido Socialista Popular y del Directorio Revolucionario, lo que lleva a cabo a su regreso a La Habana.

Finalmente la huelga se declara el 9 de abril, y a pesar de las numerosas acciones realizadas en todo el país, fracasa con grandes pérdidas entre sus participantes. Resultó un duro revés por el que Faustino, en su honradez y conciencia, se culpó y fue culpado por muchos compañeros. Según el estudioso de la vida de Faustino, Dagoberto Pérez Pérez, fundador en Sancti Spíritus de la Cátedra Faustino Pérez, en carta enviada a Armando Hart el 3 de octubre de 1958, le expresaba: “No quedaba ilesa mi sensibilidad ante la caída de tantos combatientes, promesas en crecimiento que se pierden para la obra de creación futura y realidades necesarias de la lucha presente.”7 El compañero Fidel, que le conocía profundamente y con su intuición y capacidad de análisis presentía lo difícil que debía ser para Faustino ese hecho, le escribió el 25 de abril: “… tienes que saber ser grande para afrontar la injusticia y ser valiente para soportar el dolor moral sin dejarte llevar por los consejos del amor propio. La calidad de los hombres no puede medirse sino en instantes como estos, y quien tenga sangre de luchador nada puede amar tanto como a los momentos difíciles.”7

No obstante el fracaso, la huelga contribuyó al despertar de la conciencia patriótica y revolucionaria del pueblo, a su unidad y decisión de lucha por un lado, y a la subestimación por parte del régimen militar de la beligerancia y potencial de lucha del pueblo y el Ejército Rebelde, factores que conducirían finalmente al triunfo revolucionario del Primero de Enero.

El 3 de mayo de 1958, la Dirección Nacional del Movimiento 26 de julio se reúne en Altos de Mompié, y se analizan los errores cometidos en la organización y desarrollo de la Huelga del 9 de Abril. Con su proverbial honestidad y ética, Faustino reconoce su cuota de responsabilidad en ella. Allí Faustino es ratificado en la dirección del Movimiento con los grados de Comandante.8

El 28 de junio vuelve a la Sierra hasta el triunfo definitivo.4 En correspondencia con el reconocimiento a su valor, osadía y honestidad le son encomendadas riesgosas e importantes misiones. Junto a Fidel participa en el combate de Santo Domingo y se mueve hacia diversos escenarios de lucha, participa en la recepción de aviones con armamento y municiones y en la entrega de prisioneros a la Cruz Roja Internacional. Cuando el territorio liberado en la Sierra adquiere una dimensión importante, y como realización de los futuros planes de la Revolución en el poder, es designado por Fidel responsable de la Administración Civil del Territorio Liberado, que fundó escuelas y hospitales, construyó caminos, organizó a los campesinos, instauró el orden público y jurídico, organizó e implantó un sistema impositivo, y otras medidas que fueron el preludio a la obra de la Revolución tras el triunfo.

A finales de diciembre está junto a Fidel cuando se libraban los combates de Maffo y Palma Soriano, y entra con Fidel a Santiago de Cuba el día 1ro de enero por la noche.

Tras el triunfo, Faustino Pérez integra el primer Gobierno Revolucionario, nombrándosele Ministro de Recuperación de Bienes Malversados (MRBM). En menos de seis meses de trabajo, este ministerio recuperó veinte millones de pesos en efectivo y cincuenta millones en bienes materiales. En el acto de conmemoración de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes el 26 de julio de 1959, en el propio Moncada, Faustino hizo entrega de esa suma a Fidel para la Reforma Agraria. Para finales de 1959 el MRBM había recuperado más de 400 millones de dólares.2

La experiencia acumulada y los éxitos obtenidos por Faustino al frente de la Administración Civil del Territorio Liberado y su preparación médica coadyuvan al planteamiento de una nueva misión a inicios de 1960: la organización del Servicio Médico Rural en la Sierra Maestra, actividad que acomete con ímpetu y entrega, y desarrolla exitosamente.

Desde los primeros años de la Revolución las agresiones protagonizadas, organizadas y dirigidas por los gobiernos estadounidenses y sus instituciones proliferaron. Todo el pueblo cubano y su dirigencia se alzaron y dieron la respuesta adecuada a cada una de ellas.

En la lucha contra los bandidos que azotaban el Escambray, Faustino fue designado jefe de una de las zonas de operaciones, la número 2, y estableció su comandancia en La Felicidad.

El 4 de abril de 1961, en aras de fortalecer las Fuerzas Armadas Revolucionarias, se crea el Ejército Central por orden del Comandante en Jefe Fidel Castro, con jefatura en Santa Clara. Al frente del mismo es designado el Comandante Juan Almeida Bosque, y en la Jefatura de Sanidad Militar de su Estado Mayor fue designado el comandante Faustino Pérez Hernández. Como parte de esta fuerza, estuvo presente en los combates que rechazaron el desembarco mercenario por Playa Girón.

De vuelta a las actividades administrativas, Faustino organiza el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos9 y está al frente de él desde el 10 de agosto de 1962, fecha de su fundación, y hasta mayo de 1969. Su obra creadora está presente en decenas de presas, embalse y otras obras hidráulicas a todo lo largo y ancho del país. Posteriormente, también funda los Servicios Comunales.

Miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba desde su constitución en 1965, Faustino fue ratificado en el Primer, Segundo, Tercer y Cuarto Congresos.

En el período comprendido entre 1969 y 1973, Faustino fungió como Primer Secretario del Comité Regional del Partido Comunista de Cuba en Santi Spíritus y la labor desarrollada le hizo merecedor del respeto y agradecimiento del pueblo espirituano. El Hospital Pediátrico, el jardín zoológico provincial, el plan arrocero Sur del Jíbaro, la presa Zaza son el resultado de su gestión.10

Entre marzo de 1973 y marzo de 1977, con la misma responsabilidad, entrega y dedicación que caracterizó siempre su desempeño, Faustino fue embajador de la República de Cuba en la República de Bulgaria con loables resultados.

Posteriormente fue designado Jefe de la Oficina de Atención a los Organos Locales del Poder Popular adscrita al Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros, cargo que desempeño hasta 1989. En este último año, a pesar de la edad y una enfermedad cardiaca, solicita su liberación y asignación como Jefe del Plan de Desarrollo de la Ciénaga de Zapata. Hasta su muerte, el 24 de dicembre de 1992, se dedicó a impulsar el desarrollo económico y social de la Cienaga de Zapata, uno de los lugares más aislados y míseros de la Cuba pre-revolucionaria.2,11

CONCLUSIONES

Faustino Pérez Hernandez no será olvidado nunca por los cubanos porque la obra de su vida dejó improntas en muchas páginas gloriosas de la historia reciente de la Patria. Sirva de conclusion a este trabajo la siguiente valoración de Armando Hart Dávalos, compañero de luchas y de ideas, aparecida en el artículo periodístico “Faustino Pérez: paradigma de revolucionario”: “Hombre cabal en el sentido más estricto de la expresión, su pasión por el trabajo con el pueblo era una de sus principales cualidades. Es a veces difícil encontrar conjugados el carácter combatiente y la capacidad de comprender a las personas (…). Solo lo logran quienes tienen un sentido concreto de lo humano como lo primero y más importante que debemos defender los revolucionarios”.11 Así fue Faustino y debe conocersele para seguir su ejemplo.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1- Suárez Suárez R. Faustino dejando jirones de sí mismo. La Habana: Ediciones Unión; 2012.

2- Cátedra Faustino Pérez. Comandante Dr. Faustino Pérez Hernandez. Sintesis biográfica.

3- González Rodríguez E, Pérez Pérez D. Pasión martiana de Faustino. Escambray. 20 May 2000; Variada:4.

4- Borrego ML. Faustino Pérez Hernández. Hermandad a prueba del tiempo [Internet]. La Habana: Artículos de Prensa y de otros medios de difusión escritos; 2005 [citado 29 Mar 2018]. Disponible en: https://faustinoperezhernandez.wordpress.com/category/articulos-de-prensa-y-de-otros-medios-de-difusion-escritos/
5- De Alegría de Pío a Cinco Palmas. Grupo de Fidel. Granma. 21 Dic 2006; Especial: 4-5.

6- García PA. FAUSTINO PÉREZ: Ser revolucionario, razón de su vida. Bohemia digital [Internet]. 23 Dic 2017 [citado 29 Mar 2018]. Disponible en: http://bohemia.cu/historia/2017/12/faustino-perez-ser-revolucionario-razon-de-su-vida/
7- Perez Perez D. Tienes que saber ser grande. Escambray. 10 Abril 2004; Variada:4.

8- Infante Urivazo E. La reunión de Altos de Mompié. Granma. 3 May 2008; Especial: 3-6.

9- Borrego JA. El Comandante Faustino. Granma. 15 Feb 2005; Nacionales:3.

10- Redacción Escambray. Faustino Pérez Hernández: Paradigma para la actualización del modelo económico cubano. Escambray [Internet]. 24 Dic 2012 [citado 29 Mar 2018]. Disponible en: http://www.escambray.cu/2012/faustino-perez-hernandez-paradigma-para-la-actualizacion-del-modelo-economico-cubano/
11- Hart Dávalos A. Faustino Pérez: paradigma de revolucionario. Juventud Rebelde. 13 Feb 2010; Opinion:2.

Recibido: 2/4/18
Aprobado: 5/4/18

Mabelis Pérez del Castillo. Universidad de la Habana. La Habana, Cuba. Correo electrónico: joeldias.mtz@infomed.sld.cu

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Faustino Pérez, humilde y desafiante

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El líder de la Revolución cubana, Fidel Castro, junto a 15 sobrevivientes del desembarco del Granma y varios campesinos partió desde Cinco Palmas para iniciar la lucha guerrillera en el centro de la Sierra Maestra el 25 de diciembre de 1956.
Sin embargo en aquel grupo había una ausencia inexplicable para los que desconocían que el expedicionario Faustino Pérez días antes y por indicación de Fidel, partió clandestinamente para la capital con la peligrosísima misión de fortalecer el movimiento insurreccional en la ciudad en la que se hizo legendario aquel médico de 36 años.
Faustino nació el 15 de febrero de 1920 en Zaza del Medio, en la antigua provincia de Las Villas, y desde niño trabajó para ayudar a la familia en el cultivo del tabaco y gracias a su esfuerzo y espíritu de superación pudo matricular la carrera de medicina en la Universidad de la Habana, pero subordinó su proyecto personal de vida a la Revolución y posterior al golpe del 10 de marzo de 1952, decidió no presentar su tesis de graduación para que su título no estuviera firmado por un personaje batistiano.
En la lucha estudiantil contra la dictadura conoció a Fidel y a Armando Hart e integró la primera Dirección Nacional del 26 de Julio en 1955, con la que participó en la organización de la insurrección en el país y en correspondencia partió para Méjico, regresó en el Granma y tras el Combate de Alegría de Pío y la dispersión acompañó al Comandante en Jefe junto a Universo Sánchez hasta reencontrarse en Cinco Palmas con los del grupo de Raúl Castro, con Juan Almeida, Ernesto Che Guevara y otros combatientes.
Después del triunfo revolucionario, Armando Hart escribió que “Faustino se convirtió con el tiempo en el líder natural de la lucha clandestina en La Habana; era respetado por los grupos de acción y tenía una gran capacidad de relación con todos los medios sociales y políticos. Frank en Oriente y Faustino en La Habana son, en mi opinión, los símbolos más altos de la clandestinidad en apoyo al combate en la Sierra Maestra”.
Ante las narices de los aparatos represivos de la dictadura, que prácticamente tomaron La Habana, y a fuerza de arrojo e inteligencia el destacado dirigente fue Jefe del Movimiento 26 de Julio en la capital y organizó y ejecutó acciones contra los cuerpos represivos , sabotajes y operaciones exitosas de gran complejidad como el traslado del periodista Herbert Matthews a la Sierra Maestra, y el secuestro del campeón mundial de automovilismo, Juan Manuel Fangio, durante una carrera realizada en febrero de 1958 y que demostró al mundo la pujanza del movimiento 26 de Julio frente a la dictadura.
Después del fracaso del intento de una insurrección generalizada en La Habana y otras ciudades del país durante La Huelga de Abril de 1958 y tras un análisis crítico de los errores, Faustino , según Hart, “muestra una vez más de su honestidad y firmeza revolucionaria regresa a La Habana para entregar la dirección a otros compañeros y se reincorpora el 28 de junio de 1958 a la Sierra Maestra, bajo las órdenes de Fidel, donde finaliza la guerra”.
Al triunfo de la Revolución, cuando era necesario garantizar la sensible misión de que volvieran al pueblo las riquezas y bienes malversados por los ladrones y esbirros de la dictadura y burgueses, fue nombrado Ministro de Recuperación de Bienes Malversados, institución que en 1959 recuperó 400 millones de pesos, resultado en el que se destacó por promover con su ejemplo personal en sus colaboradores total honradez en la administración de los recursos del pueblo, otro de los legados del destacado luchador.
También se desempeñó en tareas de la defensa como jefe de sanidad del Ejército Central, por lo que participó en los combates de Playa Girón y en la Lucha Contra Bandidos hasta que en 1962 se le asignó la fundación, por indicación de Fidel, del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos y bajo su dirección se construyeron las primeras presas y obras ingenieras en que descansa ese sistema.
Fue miembro del Comité Central del PCC y diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular. Se desempeñó como dirigente del Partido en
Sancti Spíritus y como embajador de Cuba en Bulgaria de 1973 a 1976.
Al sentirse enfermo no se resignó a retirarse al descanso, aunque lo realizado en sus más de 50 años de lucha revolucionaria le daba ese derecho, y asumió un programa de desarrollo social de la Ciénaga de Zapata en lo que fue su último servicio a la Revolución cuando lo sorprendió la muerte el 24 de diciembre de 1992.
El destacado dirigente Pedro Miret ante su tumba lo caracterizó como humilde y desafiante.
Otros adjetivos no podrían ser más precisos para sintetizar la vida de Faustino Pérez, quien aceptó el doble desafío de dar la vida si fuera preciso en las duras circunstancias de la lucha en el llano y la Sierra y que tras el triunfo, de forma callada, sencilla, sin estridencia y con total honradez se dedicó a construir los sueños e ideales con los que acompañó siempre a Fidel.

Creado el Sábado, 23 Diciembre 2017 10:03 | Jorge Wejebe Cob

A 60 años del secuestro de Fangio “Yo le manejé a Fangio aquella noche”

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ÁNGEL FERNÁNDEZ VILA
Hace ahora 60 años nuestro entrevistado participó en el espectacular secuestro del campeón mundial de Fórmula Uno. En otros momentos instaló casi 20 imprentas clandestinas, se alzó en la Sierra Maestra y cumplió misiones médico-militares en las guerras de Vietnam y Angola
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Ángel Fernández Vila mostró entusiasmado sus archivos. (Foto: ANARAY LORENZO COLLAZO)

Por RAFAEL PÉREZ VALDÉS

Estamos viviendo una noche sensacional. La fecha: domingo 23 de febrero de 1958. La hora: 10:33. Hace un rato, a las 8:55 p.m., un comando del Movimiento 26 de Julio secuestró, de forma muy espectacular, al automovilista argentino Juan Manuel Fangio, cinco veces campeón mundial de Fórmula Uno. Y, quizás, el deportista más famoso del planeta.

El objetivo es impedir que el dictador Fulgencio Batista trate de demostrar, con otra maniobra publicitaria como la competencia Segundo Gran Premio, que en Cuba no pasa nada. Tienen a Fangio en un apartamento del Vedado. Ahora, en medio ya de búsquedas intensas de los órganos represivos, llega la arriesgada hora de trasladarlo para una casa en Nuevo Vedado.

Faustino Pérez (Ariel), máximo dirigente del 26 en La Habana, y de la Operación Fangio, de la cual es el estratega, imparte ya la orden inaplazable. Lo van a llevar Oscar Lucero (Héctor), jefe de la acción; Manuel Uziel (Ramírez), el que lo sacó a punta de pistola del lobby del hotel Lincoln, y atemorizó a la escolta policial; Arnol Rodríguez (Fernando), al frente en todo el país de la Propaganda; y, al timón, Ángel Fernández Vila (Horacio), responsable provincial de Propaganda de esa organización clandestina. En el Chevrolet verde azuloso de 1954, propiedad del conductor, sientan a Fangio atrás, entre Héctor (a la izquierda) y Ramírez (a la derecha); delante van Fernando y al timón, nuestro entrevistado.

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Juan Manuel Fangio en el I Gran Premio de La Habana 1957, el cual ganó, un año antes de su secuestro. (Foto: Autor no identificado)

Un dato curioso: no tenía una cartera dactilar oficial (o Licencia de Conducción), sino una falsa con otro nombre hecha por el 26, y en realidad no se había sometido a los exámenes establecidos.

Recordando

Horacio tiene hoy 85 años de edad (¡se mantiene todavía trabajado como profesor!). Es médico, coronel retirado de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, fundador del Partido Comunista de Cuba (“mi mayor orgullo”). Y aceptó con gusto sumergirse en los recuerdos de lo ocurrido hace ahora seis décadas exactas.

“Yo le manejé a Fangio aquella noche. Cuando salimos, enseguida notamos una búsqueda muy intensa. La policía y los tigres de Masferrer daban vueltas desesperados, con sus automóviles con chapas de la Florida, asomados por las ventanillas, llevando armas largas, ametralladoras, fusiles. Me impresioné un poco. Quería llevarlo lo antes posible. Entonces, para mi sorpresa Fangio me tocó por el hombro, y me dijo: ‘Pues ándele despacio y verá que todo sale bien’. Los cinco, pese a la tensión del momento nos reímos”.

Faustino había dicho: “No podemos perder a ningún compañero, pero al que no puede pasarle nada es a Fangio”, advirtió. Y cuando lo vio le ofreció disculpas más de una vez, le explicó las razones del operativo, la situación del país. “Cuba no está para fiestas”, le afirmó.

La casa se encuentra en Norte No. 42, entonces un barrio de clase media, con una calle en forma de herradura. Las propietarias, Silvina Morán (ya fallecida), y sus hijas Aymée (de 21 años de edad) y Agnes (de 17) se encargaron de convencer a la madre sobre la necesidad de llevarlo ahí.

“En todo momento disfruté de las comodidades que puede ofrecer un hotel”, escribió horas después Fangio. Silvina manifestó una vez: “Esconderlo equivalía a una sentencia de muerte”. Y Agnes, en la casa que permutaron buscando más espacio, en la Víbora, consultada para este trabajo apuntó: “Vivíamos rodeados de batistianos. Logramos convencer a nuestra madre. Si nos descubrían nos mataban a todos”.

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Hace pocos días Fernández Vila volvió a la casa de Norte No. 42. (Foto: ANARAY LORENZO COLLAZO)

Fernández Vila recordó otros pormenores: “El jefe de la custodia, en aquella casa, fue Marcelo Salado. No porque nos preocupara Fangio, que nunca intento escapar, era un hombre muy pacífico, con gran sentido del humor, y un deportista muy bueno. Más bien era para que no entrara nadie. Si llegaba la Policía aquello iba a ser un carnaval, con consecuencias fatales para todos, aunque siempre pensamos, y tomamos las medidas pertinentes con la seguridad, de que no iban a descubrir el lugar”.

Emocionado

Vienen enseguida otros recuerdos sobre las tareas de Propaganda durante su vida clandestina:

“Lo primero que estudiaba, antes de montar una imprenta, era cómo defendernos o por donde escapar. Nos cogían una y montábamos otra. Las instalábamos en casas alquiladas por compañeros del 26, o en algunos lugares que nos prestaban, como casas de médicos. En la imprenta más grande que tuvimos pusimos en los bajos una carpintería, con compañeros que vinieron de Guantánamo. Uno de ellos era carpintero, el cual se unió a otros dos que teníamos. Estaba ubicada en Tulipán 203, esquina a la Calzada del Cerro. Tenía aire acondicionado, era a prueba de ruidos. Y con una ventana atrás, por el piso alto, que daba a los tejados. Había un registro de la zanja real por el que se salía a una cuadra de allí”.

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Así quedó reflejado el secuestro en BOHEMIA.

Y siguió hablando emocionado: “Esa imprenta fue la más segura que tuvimos. Funcionó nueve meses. Teníamos un sistema de aviso eléctrico: un timbrazo si había algún posible peligro, dos si entraba la Policía. Si podíamos, escapábamos, y si no, combatíamos. Contábamos allí con una ametralladora y pistolas. Ese lugar cayó por una colilla tirada por un muchacho impresor del Movimiento que vivía en el local. Por el incendio llegó la Policía y descubrió la imprenta. Era el 8 de septiembre de 1958, día de la Caridad del Cobre. De no ser por la colilla habría estado funcionando cuando triunfó la Revolución”.

Vida dura

Los siete hermanos de Ángel Fernández eran del 26. “Sí, claro, sabíamos del peligro que corríamos al estar dentro de la lucha. Pero nos sentíamos oprimidos, sin futuro, sin dignidad. Los cubanos estábamos abochornados. No se puede olvidar que nuestras escuelas eran muy martianas, nos enseñaban de José Martí, Antonio Maceo, Máximo Gómez y otros patriotas que lucharon por la independencia. Vimos en la lucha una salida. Mi padre, cortador de vidrios, empleado cuando le aparecía el trabajo, le era muy difícil, como único sostén, mantener a aquella numerosa familia. Se vio obligado, en muchos momentos, a entregar nuestras cédulas para ser utilizadas en beneficio de un candidato electoral. Esto era necesario para acceder a algunos servicios municipales: ingreso en un hospital, becas, obtención de una plaza para trabajar, y otros servicios que no estaban al alcance de la gente pobre y honrada”.

Casi no hace pausas y sigue a la carga:

“Sabíamos de la posibilidad de caer presos. Vivíamos con la tensión de ser capturados, que muriéramos resistiendo las torturas a que nos someterían. Si nos sorprendían lo mejor era tirar, para no ser capturados vivos. Cuando yo iba a buscar papeles para la imprenta llevaba debajo de estos la pistola. Si me interceptaban los soltaría y tendría el arma lista para no dejarme apresar”.

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Fernández Vila después del triunfo de la Revolución. (Foto: Cortesía del entrevistado)

Y hablando de papeles: él tenía un nexo muy importante con BOHEMIA. “Un compañero, llamado Delfín, que trabajaba en la revista, nos suministraba los picos de los rollos que dejaba la rotativa, los que mandábamos a cortar y garantizábamos, sin otros riesgos, el papel para nuestra prensa clandestina”.

¿Cómo vivían los clandestinos, se alimentaban, hacían el amor? Eran jóvenes: ¿Cómo se divertían?

“La vida era bastante dura. Casi todos estábamos ya clandestinos. No vivíamos en nuestras casas. Lo fundamental no era tener una compañera, ni una actividad intelectual. Estábamos muy metidos en la lucha. A veces, por poner ejemplos, almorzábamos una papa rellena y de comida un pan con queso crema. En ocasiones, para llamar menos la atención, nos acompañaban muchachas, y de ese roce podía surgir alguna relación amorosa”.

Méritos

Una trayectoria tan larga, y de tanta consagración, es casi imposible de resumir. Aquí van solo algunos puntos…

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Fidel redactando la orden para el compañero Fernández Vila (a la derecha) para concentrar a los mercenarios derrotados y dispersos en Playa Girón. (Foto: Cortesía del ENTREVISTADO)

Vila fue retenido por los cuerpos represivos de la tiranía en el aeropuerto de Santiago de Cuba. La valiente y decidida conducta de sacerdotes impidió que fuese torturado y asesinado… Tuvo un peso decisivo en la elaboración y creación de periódicos clandestinos… Estuvo con Fidel en Radio Rebelde, en Palma Soriano, cuando el Comandante en Jefe convocó al pueblo a la huelga general revolucionaria… Recuerda una inolvidable conversación con el líder de la Revolución, en septiembre de 1959, en la que este le anuncia la necesidad de desactivar al 26 de Julio, para posibilitar la amplia participación de todas las organizaciones revolucionarias y todo el pueblo en la obra revolucionaria… Cumplió misiones médico-miliares en las guerras de Vietnam y Angola.

Quizás por su consagración a la Revolución Ángel Fernández se demoró en formar una familia. Se casó en 1970, con 39 años de edad. “Yo inicié, según afirma mi esposa, eso que se calificó de titimanía. Ella, Dinorah Álvarez Molina, tenía entonces 23”. Ahora llevan 48 años de matrimonio, tienen un hijo, Ernesto Fernández Álvarez, nombre puesto en honor al Che, y un nieto, llamado Alejandro, por el seudónimo utilizado por Fidel.

A la esposa, matancera de origen campesino, quien fuera especialista del secreto militar en la retaguardia de las FAR, le comentamos la visible educación en el trato de Fernández Vila, el buen carácter, la tranquilidad que emana de él, que era difícil imaginar detrás a alguien con una pistola montando imprentas. Y ella nos aclaró que “estos momentos de calma, tranquilidad, paciencia, son excepciones en él. Viene de una familia muy fuerte y esa característica es hereditaria”. Aceptó darnos una fórmula para lograr un matrimonio tan largo y no habitual en la actualidad: “Llenarse de amor, comprensión y, sobre todo, mucha paciencia”.

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En un momento de la entrevista. (Foto: Anaray Lorenzo)

¿Y qué hace en el tiempo libre?, le preguntamos a nuestro entrevistado. “Me gusta mucho escribir. Y la música clásica, a la cual es un error llamarle culta: las óperas, sinfonías, el ballet. Siempre tengo puesta la emisora CMBF”.

En la actualidad funge, repetimos que con 85 años de edad, como profesor de Medicina del Desastre y Preparación para la Defensa, en la Universidad de Ciencias Médicas de La Habana.

Regresemos al secuestro

Hasta donde se conoce quedan solo otros tres sobrevivientes de la Operación Fangio: las ya mencionadas hermanas Aymée y Agnes Afont, y Manuel Núñez, único aún vivo de los que estuvieron en el lobby del hotel.

¿Volvió Ángel Fernández Vila a ver a Fangio luego de aquella noche sensacional? Sí, 23 años después, cuando en 1981 el famoso ex campeón visitó La Habana. Y, con su habitual sentido del humor, dijo: “A mí me manejó un jovencito delgado, con peladito alemán, de bigote, por cierto, muy mal chofer”, nos cuenta ahora Horacio también con una sonrisa. “Creo que tenía razón. Yo era un mal chofer”. Pero lo importante, con la policía enloquecida buscándolos, es que lo trasladó con seguridad al lugar orientado.

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Momentos significativos en la vida de Ángel Fernández

Fidel, frente a los micrófonos de Radio Rebelde, en Palma Soriano, convocando al pueblo a la huelga general revolucionaria. Fernández Vila es el que aparece a la izquierda de la foto. (Foto: Cortesía del ENTREVISTADO)
Fidel, frente a los micrófonos de Radio Rebelde, en Palma Soriano, convocando al pueblo a la huelga general revolucionaria. Fernández Vila es el que aparece a la izquierda de la foto. (Foto: Cortesía del ENTREVISTADO)

-Encuentro con el Comandante Raúl Castro en la comandancia de Mayarí Arriba, en octubre de 1958.

-Participación en el secuestro de Juan Manuel Fangio.

-Conocer a Fidel, en los alrededores de Palma Soriano, cuando el Comandante en Jefe dirigía el minado de los caminos para impedir la llegada de refuerzos de la tiranía.

-La presencia en el momento en que Fidel, subido a un tanque de guerra, en el Helechal, pronuncia una patriótica y valiente alocución a las tropas, que, encabezadas por él, se disponían al asalto de Playa Girón.

-La entrega por el Consejo de Estado, a propuesta del entonces ministro de las FAR, Raúl Castro, de la 2da. Orden por el servicio a la Patria en las FAR, firmada por Fidel.

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“¡Tenemos hombres armados..!

Manuel Núñez (Manolo), quien no pertenecía a la Sección de Propaganda, sino a la de Acción y Sabotaje, es reconocido como el único sobreviviente de los que estuvo aquella noche en el lobby del Lincoln. Tiene 89 años de edad. Vive en Viñales. Y, gracias a la magia del teléfono, nos contó:

“Todos estábamos armados. Mi tarea fue detener al que intentara oponerse, incluida la escolta de Fangio. Gritar… ¡Qué nadie se mueva! ¡Qué nadie salga en cinco minutos! Tenemos hombres armados fuera. ¿Por qué corría peligros así, que me podían costar la vida? Por la terrible situación en Cuba. Un ejemplo personal: la mía fue una de las 13 familias desalojadas en la Finca El Rosario, en Viñales. Había asesinatos, atropellos, falta de libertad”.

Recuerdan a Faustino Pérez en su 98 cumpleaños

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Una representación del pueblo de Cabaiguán rindió tributo al expedicionario del Granma y titán de la lucha clandestina con motivo del cumpleaños del héroe, fallecido el 24 de diciembre de 1992

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Trabajadores rindieron homenaje a Faustino con una ofrenda floral junto a su estatua. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

Con una ceremonia político-cultural junto al monumento que perpetúa su memoria, los cabaiguanenses rindieron tributo de recordación este jueves al Comandante Faustino Pérez Hernández, hijo de este pueblo, venido al mundo el 20 de febrero de 1920 en la finca La Larga, en los límites con el vecino municipio de Taguasco.

Integrantes del sindicato que agrupa a los trabajadores de Servicios Comunales en Cabaiguán —quienes precisamente en esta fecha celebran su día—, depositaron una ofrenda floral al pie de la estatua de Faustino, en el nacimiento del paseo central de la ciudad, la cual lo representa con el uniforme verde olivo y los grados de Comandante del Ejército Rebelde.

La integrante de la Organización de Pioneros José Martí, Vanesa Jiménez Mir, inició el acto con el número Canción a Faustino en presencia de Reinaldo Pérez Hernández, hermano de quien fuera titán de la lucha clandestina en La Habana durante la dictadura de Fulgencio Batista (1952-1958), así como de dirigentes de la provincia y el municipio y candidatos a delegados a la Asamblea Provincial del Poder Popular y a diputados a la Asamblea Nacional.

Las grandes cualidades del médico, luchador revolucionario y dirigente partidista de origen campesino fueron abordadas por Eduardo González Rodríguez, presidente de la cátedra que se honra de llevar el nombre del héroe de Cabaiguán, instituida para preservar su legado hace ya algunos años.

Para estimular a los mejores trabajadores de los Servicios Comunales en el territorio, la miembro del Buró del Partido en Sancti Spíritus, Bárbara Ajeno Díaz y el vicepresidente del Consejo de la Administración Provincial, Roberto Fajardo Veloso, entregaron certificados de reconocimiento a un grupo de ellos.

Al pronunciar las palabras centrales, José Martínez Hernández, presidente de la Asamblea Municipal de Gobierno, recordó instantes trascendentales de la vida de Faustino Pérez, como la fundación del Movimiento 26 de Julio en Cabaiguán, la cual se efectuó en la segunda mitad de 1955 por iniciativa suya y con el apoyo de su hermano Carlos Pérez, de Félix Hurtado Manso y Diego Viera, quienes se destacarían luego por sus acciones contra el régimen.

Martínez subrayó la importancia de las tareas actuales que acometen los cabaiguanenses, como la producción de alimentos para el abastecimiento local, el resarcimiento de lo dañado por el huracán Irma y el proceso eleccionario, en todo lo cual deben estar presentes el espíritu y la voluntad de lucha legados por aquel hombre a quien Fidel definiera como “la conducta de la Revolución”.

PASTOR GUZMÁN
15 febrero, 2018

Faustino Pérez: Ser revolucionario, razón de su vida

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El Che lo calificaba de compañero honesto a carta cabal y arriesgado hasta el extremo, mientras que para Fidel era la conducta de la Revolución

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En el año de su muerte (1992), unos periodistas colombianos de visita en Cuba quisieron entrevistarlo. No lo hallaron en una oficina de La Habana con aire acondicionado y todas las demás comodidades, sino en un paraje agreste de la Ciénaga de Zapata, en plena labor rodeado de lugareños y vistiendo como ellos.

Ante la extrañeza de los visitantes, Faustino respondió: “Ciertamente, yo podría estar en La Habana, pero me siento más cómodo en este medio donde puedo hacer más de manera más directa, aunque sea modestamente, algo por los que necesitan que se haga algo. Esa es la razón… Esta no es de una responsabilidad tan alta, pero nos sentimos bien; es útil y con eso basta. Lo importante es que seguimos teniendo el espíritu de pelea de cuando vinimos en el Granma, aunque por cuestiones de edad no las mismas fuerzas ni las mismas energías”.

Esa conducta, aclaraba a los periodistas, se identificaba con los principios que predicaba el Che. “Yo diría que nosotros nos sentimos felices y reconciliados con el ser humano, cuando constatamos que estamos siguiendo el camino de hombres como el Che, Martí, Bolívar. Es decir, sabemos que estamos en el buen camino cuando nos vemos transitando en esa dirección”.

No es de extrañar que a Faustino el Guerrillero Heroico lo calificara de “compañero honesto a carta cabal y arriesgado hasta el extremo. De su arrojo tengo pruebas presenciales”; y solía contar cómo en la Sierra, bajo la metralla, “quemó un avión que nos había traído armas desde Miami, descubierto por la aviación enemiga… para evitar que cayera en manos del Ejército (batistiano)”.

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Entretanto, su compañero de luchas en la clandestinidad, Arnol Rodríguez, gustaba hablar de su integridad, firmeza, mucha honestidad y confianza en el futuro. Era extraordinariamente responsable ante cada una de las tareas que tenía por delante, agrega; y prefería entonces citar una afirmación de Fidel: “Faustino Pérez encarna la conducta de la Revolución”.

Para Pedro Miret, descolló “como trabajador y cuadro ejemplar, disciplinado y creador, austero y exigente, sobre todo consigo mismo […] ser útil a la Patria y a la Revolución fue en todo minuto la razón de su vida”.

Faustino Pérez Hernández nació el 15 de febrero de 1920 en un hogar numeroso de campesinos consagrados a la tierra, en la actual provincia de Sancti Spíritus. Conoció de pequeño la explotación. Siempre tuvo la pasión de instruirse. Matriculó por la libre el bachillerato y alternaba el estudio con las labores de la escogida de tabaco. Se fue a La Habana en 1943, a hacerse médico y para pagar la carrera, trabajaba como aprendiz ayudante en un laboratorio de la calle Salud. Su sueño era dedicarse a la Pediatría. Pero Cuba estaba desgobernada entonces por la tiranía batistiana y tuvo que convertirse en combatiente (terminó de graduarse en 1959).

Integrante del Movimiento Nacional Revolucionario (MNR) de García Bárcenas, cayó preso con una sanción de más de tres años. Salió de la cárcel con la amnistía de 1955; ese año Fidel creó el Movimiento 26 de Julio y Faustino estuvo entre sus fundadores. Expedicionario del Granma, permaneció junto con Fidel en la dispersión de Alegría de Pío. Después del reagrupamiento de Cinco Palmas, el Comandante en Jefe lo seleccionó como delegado del M-26-7 en La Habana.

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Una vez le preguntaron qué significaba para él la figura de Fidel: “La posibilidad de haber conocido a un prócer, a un líder extraordinario… Tiene la capacidad de hacerse sentir compañero y al mismo tiempo maestro, jefe, líder; porque esa es una de las características de Fidel: se siente hermano, se siente compañero. Eso es para nosotros. Los cubanos tenemos el privilegio de tener a Fidel como guía, como líder de esta Revolución y como forjador de una nueva generación de revolucionarios. Es decir, significa tanto para nosotros, él es la Revolución”.

Faustino reorganizó el Movimiento en la capital. Según Arnol Rodríguez, “con él alcanzan un gran desarrollo e impulso integral todos los frentes (de la clandestinidad) y la Resistencia Cívica. No hay un solo mes que no ocurra una acción importante en La Habana”, y para fundamentarlo, menciona la Huelga del 5 de agosto (1957), la noche de las 100 bombas, el secuestro de Fangio…

Tras el revés de la huelga del 9 de abril, Fidel ordenó a Faustino marchar a la Sierra. A propuesta del Jefe de la Revolución, instituyó la administración civil del territorio libre, creó escuelas y hospitales en intrincados parajes, fomentó organizaciones campesinas, organizó la recaudación de fondos para la Revolución.

Después del triunfo, fungió como titular del Ministerio de Recuperación de Bienes Malversados y luego se fue de nuevo a la Sierra Maestra, al frente del Servicio Médico Social, un viejo sueño que compartía con el también comandante René Vallejo desde la etapa insurreccional, como puede verse en la correspondencia de la época entre ellos.

Se le vio siempre dispuesto a asumir la tarea que le encomendaran Fidel y la Revolución. Así, organizó el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, dirigió el Partido en su Sancti Spíritus natal, trabajó con el Poder Popular, representó diplomáticamente a Cuba en Bulgaria, puso todo su corazón y energía en el desarrollo integral de la Ciénaga de Zapata. En esta tarea le sorprendió la muerte, el 24 de diciembre de 1992

En el encuentro con periodistas venezolanos anteriormente mencionado, el cual se publicó en forma de entrevista en la revista venezolana Superguía Dominical, Faustino expresó: “Para muchos ya desapareció el socialismo, para nosotros los cubanos no. Creemos que todavía el futuro tiene mucho que ver con el socialismo y el socialismo con el futuro y me parece que Cuba está demostrándolo y lo va a demostrar mucho más hacia delante”.

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Pedro Antonio García
Bohemia
Fuentes consultadas
Testimonios y datos ofrecidos en el año 2000 al autor de este trabajo por la familia de Faustino Pérez, Arnol Rodríguez y Pepe Díaz. Los textos periodísticos La última entrevista del comandante Faustino (Superguía Dominical, marzo de 1993) y Siempre soldado de primera línea, de Pedro A. García (Granma. 15 de febrero de 2000).

Fuente: http://bohemia.cu/historia/2017/12/faustino-perez-ser-revolucionario-razon-de-su-vida/

Aniversario 60 del 5 de septiembre: Perpetuar el recuerdo

“(…), el hecho del levantamiento de Cienfuegos significó un aliento moral extraordinario para los combatientes de la Sierra Maestra. Ya la tiranía no podía continuar hablando de la unidad de sus fuerzas armadas”. Fidel, 5 de septiembre de 1977.
Una llamada telefónica alertaba de un error en la sección de efemérides: Septiembre en la historia.

Julio Camacho Aguilera

Del otro lado de la línea la voz del Comandante Julio Camacho Aguilera, quien fuera jefe del levantamiento del 5 de septiembre de 1957 en Cienfuegos, orientada por la dirección del Movimiento 26 de Julio, advertía que se luchaba contra la tiranía de Batista, no la de Machado como publicamos, en la edición del 27 de agosto, por lo cual ofrecemos disculpas a nuestros lectores.

Con la modestia que le caracteriza el Comandante Camacho Aguilera expuso: “Es un deber hacer esa aclaración”. Seguidamente reconoció la importancia del periódico Tribuna de la Habana, del cual fue fundador cuando asumió la tarea de primer secretario del Partido en nuestra provincia y, gentilmente, hizo llegar a nuestra redacción -como contribución a nuestra documentación histórica-, una entrevista publicada en la revista El militante comunista, en 1977, bajo el título: “… Si hay un héroe, ese es el pueblo de Cienfuegos”, de la periodista Marta Matamoros y de la cual reproducimos algunos fragmentos.

P: ¿Qué importancia política y militar le concede usted, en el contexto revolucionario de aquella época, al levantamiento del 5 de septiembre?

J.C.: Desde el punto de vista militar, el plan era ambicioso. Una acción de esa naturaleza no podía llevarse a cabo simplemente para romper la unidad monolítica que Batista decía tener en sus Fuerzas Armadas. El hecho demostró que esa unidad no existía y creó una situación de división, de desconfianza en el seno de sus propias Fuerzas Armadas. Pero nuestro objetivo al planear y desarrollar las acciones no era simplemente ese; sino de mayor envergadura.

Con esta acción pensábamos abrir un segundo frente, puesto que ya existía el de la Sierra Maestra. El objetivo era abrir un segundo frente que sirviera para ampliar la lucha revolucionaria.
(…)

P: Indicábamos dos aspectos: la importancia política y la importancia militar…

J. C.: La repercusión que en toda la nación tiene una acción de esta naturaleza, le da una importancia política de gran relieve.

Esto trae también como consecuencia que se evidencie el grado de organización de la resistencia al régimen de Batista. Es una muestra de que esta resistencia vive, que existe una oposición armada al régimen y, por lo tanto, desde ese punto de vista, también tiene una gran influencia política sobre la población.
Nosotros veíamos en esto una importancia muy grande. Desde el punto de vista militar y desde el punto de vista político. Un frente en Oriente, y otro, en estos primeros meses del año 57, en el centro.

Porque el objetivo no es hacerlo en septiembre, la fecha de septiembre no la ponemos nosotros. El objetivo es abrir el frente desde muchos meses antes, aunque no se logra realizar la acción hasta septiembre. Eso tiene una gran importancia política: hay acciones armadas en Oriente y en el centro; va generalizándose hacia todo el país. Y, por lo tanto, en el pueblo eso tiene una repercusión importante.
P: Es interesante, compañero Camacho, que el revés del primer intento de alzamiento tuvo lugar apenas cuatro meses antes, y sin embargo se logró realizar la nueva acción. Hubo una recuperación muy rápida…

J. C.: Sí, qué sucede. En ningún momento dejó de haber organización, aunque fue muy afectada. En primer lugar, los prisioneros no hablan: son torturados, pero resisten. Eso fue muy importante.

Después, los compañeros que quedaron en Las Villas pidieron ayuda a Oriente. Esto lo supe después, por ellos mismos, porque cuando Frank (País) me envía, no me habla de eso. Vengo a esa misión y la provincia se reorganiza muy rápido, nosotros encontramos un respaldo absoluto en la provincia.

Inmediatamente se activa el contacto con el grupo de la Marina. Nosotros no nos entrevistamos personalmente con ese grupo porque era una situación muy delicada, y no se quería perder la posibilidad en potencia de producir con ellos algo realmente trascendental. Debía esperarse el momento idóneo para repetir el intento.

A pesar del corto tiempo que separaba aquel primer intento de este otro, todo estaba bien organizado: el Movimiento se reorganiza, desarrolla las acciones de sabotaje o atentados, aumenta las fuerzas, recolecta armas, realiza campañas de propaganda, trabaja con el movimiento obrero, en fin, se mantienen las acciones contra el régimen. Una resistencia constante. Esto está logrado de nuevo en Las Villas. Y en el momento que la Dirección Nacional lo estimase, nosotros estábamos en condiciones de producir los hechos.

Ahora, la fecha no la ponemos nosotros. La fecha tiene que ver con otra cuestión que no es de la provincia de Las Villas, sino de La Habana. En este caso el compañero Faustino Pérez, es quien nos informa del plan. Nos enteramos por compañeros de Cienfuegos que en La Habana ha habido reuniones entre marinos y el Movimiento 26 de Julio. Y que hay acuerdos en ese sentido, entre ellos, para producir acciones el 5 de septiembre.

Un compañero de Cienfuegos ha hablado con un marino de La Habana que lo conoce, y es por eso que allá se sabe que hay un grupo en Cienfuegos. Nosotros, que no conocemos de esto, ni hemos participado en esos contactos, acordamos, en una reunión de la Dirección de la provincia de Las Villas, que yo me traslade a La Habana y me entreviste con los compañeros a ver qué hay en concreto. Entonces Guillermo Rodríguez me lleva a La Habana y yo me entrevisto allí con Faustino Pérez.

Era cierto que existía otra actividad de la Marina en La Habana, y que ellos se encontraban en contacto con el Movimiento. Faustino me informa que han acordado que los hechos se produzcan al amanecer del 5 de septiembre. También me explica que iba a salir un mensajero para Las Villas a informarnos y a pedirnos que nos incorporáramos a esa acción, puesto que en La Habana, como dije, ya se conoce que existe este pequeño grupo en Cienfuegos.

Los compañeros de Cienfuegos no saben nada de lo que se planea en La Habana. Después sostienen un encuentro en Manacas, con un representante de la Marina de La Habana, al que asiste del Sol enviado por el jefe del grupo, el cabo Ríos.

(…) Faustino me pregunta si nosotros tenemos inconvenientes en que un oficial de la Marina de La Habana participe en estas acciones, que los compañeros de la Marina de La Habana señalaban a un oficial de apellido San Román. Hasta ese momento, yo no conozco a Dionisio San Román. Le respondo que no tenemos ningún inconveniente, y se nos hace saber que estas acciones se desarrollarán con la finalidad de derrocar definitivamente a Batista, capturarlo o eliminarlo, y entregar el poder al Movimiento 26 de Julio; reconocer a Fidel como líder máximo de la Revolución, de subordinarse a la Dirección de Fidel y del 26 de Julio.(…)

Esto dice del grado de organización que hay en la provincia ya que a pesar del corto tiempo de que disponíamos, y teniendo conocimiento de esto sólo el día 4 de septiembre, que es cuando yo me reúno con Faustino, nosotros estamos en condiciones para llevar a cabo las acciones.

Todavía Las Villas no tiene oficialmente la orden de lanzarse a las acciones al amanecer del día 5; el 4 de septiembre por la tarde esto es así: la orden está en La Habana. Para el regreso, recogemos a San Román en 25 y O, en el Vedado, y partimos para Las Villas.

A las doce de la noche del día 4, la Dirección del Movimiento está esperando en un lugar de Santa Clara y le informo del plan:

Nuestra acción fundamental la desarrollaríamos en Cienfuegos, con la idea de que si se tomaba la ciudad temprano, avanzaríamos sobre Santa Clara. Por otro lado, realizaríamos acciones de apoyo en Santa Clara y en otros puntos.

Cerca de la una de la mañana del día 5 yo salgo para Cienfuegos. Allí nos vemos nuevamente con San Román, “Totico” Aragonés y el resto de los compañeros. Y se comienza a citar a las milicias, a acuartelar a la gente del Movimiento. Y se inician las acciones sobre las 6 y 20 o 6 y 30 de la mañana. (…)

Nosotros consideramos que el hecho que allí se produjo tiene una repercusión positiva, a pesar de que costó tanto derramamiento de sangre. En definitiva, creo que conquistar la libertad y poder materializar los grandes principios cuesta sacrificio y hay que pagar el precio por ello. Y esa sangre, como muchas veces se ha dicho, no se derramó en vano; ha tenido una respuesta como debía tenerla. (…)
A las acciones se incorporan cientos de hombres y mujeres, y los vimos combatir. Y de ahí que nosotros insistimos siempre en que esa fue una acción del pueblo. Lo extraordinario para mí fue la participación del pueblo, la participación de las masas.(…)

Yo recuerdo que tuve que subirme en un tanque, allí en el Cayo, y explicarle a la gente que no había armas ya; y más de trescientas personas pidiendo, exigiendo armas, y ya no había más armas.
Esa voluntad de la gente para luchar y para arriesgarse por los principios que enarbolaba el 26 de Julio; dejar patentizada su rebeldía, su oposición a la dictadura: se vio allí muy claro.

Después del 5 de septiembre se demuestra que las Fuerzas Armadas de Batista están divididas, que no hay esa unidad monolítica de la cual se habla, y empieza a quebrarse por muchas partes la solidez de que hablaba Batista. Y no sólo el 5 de septiembre. A esto contribuye cada una de las acciones que van teniendo lugar en el país.

Por lo tanto, ni esta ni ninguna de las acciones la consideramos un fracaso. No. Yo por lo menos, considero que cada una de estas acciones fueron pasos, consolidando el proceso de lucha contra la dictadura, y que muy lejos de acobardarse, el pueblo se enardece, se une más, participa más, coopera más“(…),

Publicado en Tribuna de la Habana, el 02/09/2017 12:15 PM
Por Raúl San Miguel en la sección Historia
Fotos: Miguel Ángel Meana Coronado y Archivo.
 

5 de septiembre de 1957
La sublevación de Cienfuegos

Se cumplen hoy 55 años de una de las acciones más gloriosas que forman parte del proceso revolucionario liberador iniciado el 26 de julio de 1953 con el asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes: la sublevación de Cienfuegos contra la tiranía batistiana el 5 de septiembre de 1957.
Repitiendo hasta el cansancio la aburrida perorata de la “unidad monolítica del Ejército, la Marina y la Policía”, la odiada pandilla batistiana, protegida por un cordón de bayonetas, acababa de celebrar el 4 de septiembre, “Día del Ejército” del tirano.
El origen de la sublevación de Cienfuegos el 5 de septiembre databa de muy atrás. Ya desde el año 1956, un grupo de marinos, es decir, soldados y cabos de la base de Cienfuegos, había entrado en contacto con el Movimiento 26 de Julio. Y el 30 de noviembre, cuando se aproximaba el desembarco del Granma y cuando tiene lugar el alzamiento de Santiago de Cuba, existía desde entonces la idea de producir un levantamiento similar en la ciudad cienfueguera.
A mediados del mes de julio de 1957, oficiales separados de la Marina de Guerra hicieron contacto con Frank País, en Santiago de Cuba. A la primera entrevista con el inolvidable Responsable Nacional de Acción del Movimiento 26 de Julio, asisten los exoficiales Juan M. Castiñeiras y Fernández Saborí. De aquel contacto surgió una creciente identificación entre la oficialidad joven de la Marina de Guerra y el Movimiento 26 de Julio. Desgraciadamente, el 30 de julio asesinan a Frank, pero la nueva Dirección continuó con aquellos trabajos, y empezó a organizarse el plan definitivo. Era un plan bastante ambicioso.
En los primeros días del mes de agosto se entrevistan por primera vez con Fernández Saborí y Castiñeiras. A este cambio de impresiones asistieron los comandantes rebeldes René Ramos Latour (Daniel), caído heroicamente en la Sierra Maestra, y Faustino Pérez, así como Armando Hart y Haydée Santamaría.
Faustino señaló que después “se convocó a una reunión de delegados por sectores, asistiendo por la Marina de Guerra, Castiñeiras y San Román —Fernández Saborí había sido detenido—, el teniente Sotolongo y Trujillo, por el Ejército; otros por los pilotos de la Fuerza Aérea, el comandante Daniel y nosotros por la Dirección Nacional del Movimiento Revolucionario 26 de Julio. La fecha para la acción fue acordada en la reunión: el 5 de septiembre”.
El plan comprendía acciones simultáneas en La Habana, Cienfuegos, Mariel, Santiago de Cuba y otras poblaciones del país. Fueron designados los responsables de cada acción. Para la misión de Cienfuegos fueron designados Julio Camacho Aguilera, por el 26 de Julio, y Dionisio San Román, por la Marina.
A última hora se sumó un grupo de oficiales de mayor graduación de la Marina. Ese grupo de oficiales se reúne el 4 de septiembre —con motivo de aquellas fechas tradicionales batistianas— en el arsenal de Casablanca, surgen allí las vacilaciones y de manera unilateral, sin avisar al resto de las fuerzas comprometidas, deciden posponer el alzamiento.
Los acontecimientos en Cienfuegos se desarrollaron a partir de las primeras horas de aquel jueves 5 de septiembre de 1957, con vertiginosa rapidez. Los marinos rebeldes del Distrito Naval Sur (Cienfuegos), estrechando filas con los combatientes del Movimiento Revolucionario 26 de Julio, tomaron la importante guarnición naval de Cayo Loco y entregaron armas al pueblo.
El mando revolucionario de Cayo Loco se veía en apuros para contener a centenares de hombres del pueblo, de todas las edades, que acudían en demandas de armas para combatir. Ya habían sido entregadas todas las requisadas en el Distrito Naval, así como en la Policía Marítima y la Nacional. Numerosos soldados del régimen, detenidos por las patrullas en plena calle, habían sido desarmados, y sus revólveres y pistolas se entregaban a combatientes civiles, que esperaban turno para obtener un arma.
Los destacamentos revolucionarios así apertrechados, ocuparon también la jefatura de la Policía Nacional y de la Policía Marítima, en la ciudad de Cienfuegos; mientras patrullas revolucionarias armadas se apostaron en distintos lugares de la urbe, y sostuvieron combates con elementos del ejército mercenario.
Después de tres horas del comienzo de la sublevación —a las nueve y media de la mañana—, los revolucionarios eran virtualmente dueños de la importante ciudad sureña y al régimen solo respondían por entonces el cuartel del ejército, cuya jefatura se alentaba por la noticia de que se estaban enviando grandes refuerzos militares desde Santa Clara.
Los revolucionarios presentaron abnegada resistencia a las fuerzas —superiores en número y armamentos—, enviadas por la tiranía, mientras en las guarniciones navales ocupadas se oponían a los criminales bombardeos de la aviación enemiga.
Se impuso la superioridad de fuerzas y armamento, y la tiranía logró dominar la sublevación, pero solo tras haber pagado un alto precio de pérdidas materiales y no antes de 24 horas de intensa lucha. Luego vendrían las persecuciones, las torturas y los asesinatos de destacados combatientes.
Aun cuando en lo inmediato no se alcanzó la victoria, la insurrección del 5 de septiembre de 1957 constituyó un golpe vigoroso a la tiranía y una demostración —en aquel pueblo armado y combativo—, de las posibilidades de victoria.
La sublevación de Cienfuegos es, por todas esas razones, uno de los episodios más gloriosos en la historia de la lucha revolucionaria iniciada por Fidel con los ataques a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.

Publicado en el periódico Granma el 5 de septiembre de 2012

 

Fangio, secuestro en La Habana

Por Santiago Senén González
A pocas horas de largarse el Segundo Gran Premio de Cuba, el domingo 23 de  febrero de 1958, el mejor  corredor del mundo fue secuestrado por el Movi-  miento Guerrillero 26 de Julio, comandado por Fidel Castro desde Sierra Maestra.
“Disculpe, Juan -escuchó el piloto de Balcarce la noche anterior a correr el Gran Premio de Cuba, en 1958- me va a tener que acompañar”.
La escena e produjo en el hall del Hotel Lincoln de La Habana, cuando un militante del Movimiento 26 de Julio interrumpió la charla que el quíntuple campeón mundial sostenía con sus mecánicos. Ayudado de una pistola calibre 45, el revolucionario lo obligó a que lo siguiera hasta la calle, donde los esperaba un automóvil.
Fangio había sido invitado a participar en una carrera de autos sport en la isla. La competencia era parte de los eventos deportivos programados por el gobierno cubano para mejorar la imagen del dictador Fulgencio Batista, quien por esos días enfrentaba la más dura crisis de todos sus años de mandato.
Al joven alto y morocho que entró al hall del Lincoln en búsqueda del campeón mundial le temblaba el pulso, pero no dudó en cumplir su cometido. “Yo estaba esperando que el custodio tirara, para arrojarme al suelo, como en las películas de acción”, recordaría Juan Manuel Fangio tiempo después. Nadie disparó; Alejandro D’Tomasso, otro de los corredores, hizo un leve movimiento, como para alcanzar una caja cercana; pero una sugerencia del activista, que le dijo: “Cuidado… haré fuego si se vuelve a mover”, lo convenció de suspender definitivamente sus planes. “¡Otro movimiento y los mato!”, repitió el guerrillero ante los movimientos incómodos de Stirling Moss, otro gran corredor presente en la isla. En tanto, D’Tomasso se quedó muy preocupado por la situación. “Pensé que aquella gente estaba dispuesta a todo”, afirmaría más tarde.
Marcelo Giambertone, el manager de Fangio, recordaría, durante las horas del secuestro, la confianza de ganar la carrera que le había manifestado el campeón antes de bajar al hall del hotel al encuentro con los corredores y el valor que mostró cuando llegaron por él: “entró el hombre de la chaqueta de cuero, y creo que el menos nervioso de todos era Juan Manuel. El siempre ha dado muestras de tener nervios de acero. Hasta sonrió cuando lo encañonaron con la pistola…”.
El Chueco -con la pistola contra la espalda, sin violencia pero con firmeza- fue obligado a salir hasta la esquina, donde lo subieron a un Plymouth negro. Los testigos lo vieron alejarse por la calle Virtudes, mientras otros cómplices, también armados, cubrían la retirada. Le dijeron que si los descubrían las balas pondrían en peligro las vidas de todos. Fangio pidió una gorra, porque pensó que podían identificarlo por “la pelada”, pero no tenían nada, ni siquiera anteojos, así que se acurrucó todo lo que pudo en el piso del auto. Recién en ese momento empezó a convencerse de que se trataba verdaderamente de un secuestro, ya que en un principio dudó, pensando que era la contrapartida de una broma hecha a Giambertone (ver La Broma.).
Después de una hora de recorrer la ciudad, y luego de haber pasado un control policíaco de rutina y cambiado dos veces de vehículo, el corredor argentino era llevado, por fin, al lugar donde permanecería secuestrado hasta después de la carrera. Entraron a una casa por la escalera de incendio; en una habitación había una mujer con un chico; en otra, un hombre herido. Los secuestradores se retiraron, a excepción de dos que quedaron como custodios. Poco tiempo después volvieron a buscarlo, subieron a otro automóvil, y lo llevaron a una nueva casa, en El Vedado, la zona aristocrática de La Habana. En el traslado no le vendaron los ojos, por lo que pudo ver hasta el número de la casa. En el nuevo destino había mucha gente que festejaba el éxito del, operativo; algunos pedían autógrafos al campeón que, sin nada que temer, se atrevió a comentar que no había cenado. Fangio pensaba pasar la noche previa al Segundo Gran Premio en la habitación 810 del Hotel Lincoln (el cuarto, con recuerdos del quíntuple campeón de automovilismo, actualmente lleva su nombre), pero el joven Manuel Uziel, una causa revolucionaria y un arma alejaron al piloto del hotel.
De esa noche recordará, años más tarde, los infinitos pedidos e disculpa que recibió y la cena (patatas fritas con huevo) que le preparó la dueña de casa a condición de que “no sea muy fino”. Al día siguiente, el domingo por la mañana, Faustino Pérez le acercó los diarios; conversaron, y Fangio le pidió que le avisaran a su familia, de lo que Pérez se encargó personal e inmediatamente. La carrera era televisada, pero el corredor rechazó la invitación a mirar: no podía resistir el ruido de los motores y no estar allí.
Amistad y agradecimiento devolvería Fangio a sus captores; creía en el destino, por lo que los sucesos de la carrera del 58, en el Malecón, el circuito costero de La Habana, le harían pensar en su buena suerte: “Cuando las cosas se serenaron un poco y los secuestradores dejaron de pasearme por casas y departamentos, no tuve más remedio que decirles: miren señores (…) quizá ustedes me hicieron un favor”.
El Maserati 450 S con el que debía correr era propiedad de un norteamericano, y ya había corrido en Venezuela. Si bien en el circuito de pruebas, el sábado 24 de febrero, Fangio había marcado el mejor registro de clasificación, el auto tenía algunos problemas.
En la costanera había un salto, y cada vez que el Maserati pasaba por ahí, levantaba vuelo y, al caer, iba de cordón en cordón. Los mecánicos pensaban que eran los amortiguadores, pero después se dieron cuenta de que el coche estaba volcado: midieron una diferencia de más de cinco centímetros en la trocha, entre las ruedas de un lado respecto de las otras.
El corredor argentino había hablado sobre los inconvenientes de su auto con Bertochi, el jefe de mecánicos de Maserati, cuando a punta de pistola, lo sacaron del Lincoln.
Fangio no había sido liberado aún cuando le informaron que la carrera había sido suspendida por un accidente. En la quinta vuelta se despistaron dos autos, muriendo seis personas y cuarenta resultaron heridas.
En carrera a la revolución
Unas pocas horas después del secuestro de Fangio, la noticia ocupaba los titulares de los principales diarios y revistas de América y Europa. La revista cubana Bohemia señalaba: “En París, Londres, Nueva York, Roma, Ciudad México y Buenos Aires se le dieron importantes espacios en las primeras planas. Las agencias cablegráficas especulaban con el sensacional secuestro del más afamado automovilista del mundo”.
La Habana era noticia: el régimen político imperante, las motivaciones del Movimiento 26 de Julio y el estado de tensión en que se vivía quedaron bajo la lupa de todas las capitales del planeta.
Mientras el corredor argentino, a los 46 años, era el piloto que más títulos había ganado en Fórmula 1, y era seguido por multitudes de espectadores, la dictadura cubana debía recurrir cada vez más a la represión ante la imposibilidad de manejar la situación pacíficamente.
La guerrilla avanzaba, y los actos de sabotaje se repetían casi a diario. Veinticuatro horas antes del secuestro d Fangio, un grupo de rebeldes había realizado un audaz golpe contra el Banco Nacional de Cuba sin robar un centavo: simplemente prendieron fuego a millones de cheques. También había circulado la versión de que Castro ofrecía la paz a cambio de elecciones supervisadas por la OEA (Organización de Estados Americanos) y el control militar de la provincia de Oriente. Rumores y actos inesperados se mezclaban para crear un clima de confusión, incertidumbre y expectativa.
El Segundo Gran Premio de Cuba había sido organizado con el propósito de demostrar que en la isla “no pasaba nada”; toda la atención debía fijarse en el circuito El Malecón. Pero el régimen de Batista no había contemplado la posibilidad de que todo el aparato publicitario montado se le volviera en contra.
Los partidarios de la lucha guerrillera y clandestina no estaban dispuestos a desaprovechar su gran oportunidad: el grupo comandado por Fidel Castro había decidido difundir la causa que los movilizaba. Ya un año antes habían planeado el secuestro de Fangio, pero la falta de tiempo y dificultades organizativas habían frustrado la acción. En el 58, a diferencia del año anterior, los revolucionarios estaban organizados, por lo que se decidieron a planificar detalladamente la acción. Según declaraciones de uno de los ideólogos, publicadas en Bohemia, el grupo contaba con toda la información necesaria: “dos horas antes del aterrizaje ya sabíamos el número de la habitación que ocuparía en el Hotel Lincoln. También investigamos el color, chapa y modelo del auto que Fangio tendría a su disposición en La Habana”.
El plan debía llevarse a cabo con mucha precisión, porque el Chueco llegaría sólo dos noches antes de la carrera. El grupo guerrillero aún estaba decidiendo el lugar más preciso; se pensó en ir a buscarlo a su propia habitación, y luego se mencionó la posibilidad de esperarlo a la salida de un programa de TV, al que asistiría el sábado por la noche.
Se resolvió lo último. Tres autos se apostaron a la salida del estudio, pero los amigos, la custodia y el público que rodeaban al corredor obligaron a suspender la operación.
Los obstáculos seguían. Sobre todo, la excesiva vigilancia, que impediría nuevamente concretar el rapto, esta vez a la salida de un cóctel en el Hotel Nacional. Un miliciano, que se encontraba dentro del edificio, informó de un incidente con un fotógrafo que había puesto al descubierto la cantidad de guardias de civil que estaban controlando la reunión.
Durante todo este tiempo Fangio era seguido siempre por un auto. Otros dos estaban ubicados en lugares convenidos, desde donde se comunicaban por teléfono, para reemplazarse, y de ese modo evitar que los identificaran. Pese a los inconvenientes, el operativo estaba montado y el secuestro se iba a realizar. El domingo, en el circuito de pruebas El Malecón, el control policial obligó a reconsiderar la situación: “siempre iba a estar rodeado de amigos y custodios, así que acordamos secuestrarlo en las narices de sus acompañantes”. Así fue como decidieron entrar al Lincoln la noche previa a la carrera.
Horas después, las agencias de información comenzaron a recibir la sorprendente noticia: “Habla el 26 de Julio… Tenemos secuestrado a Fangio… No se alarmen, no hay peligro para su persona.. Seguiremos informando”.
El secuestro fue un duro golpe para los proyectos de Batista. La situación era desconcertante. Se anunció que el propio general – presidente y jefe del Estado Mayor Conjunto asumían la dirección de las investigaciones. En pocas horas se montó un gran operativo, y miles de miembros de los institutos de investigaciones se pusieron a buscar al corredor argentino, analizando todas las pistas posibles. Los testigos fueron sometidos a la inspección de archivos fotográficos con el propósito de identificar a los secuestradores. Las salidas de la capital y los aeropuertos fueron controlados. Pero todo parecía inútil, no se conseguía avanzar en la búsqueda.
Dilema para secuestradores
Después de la carrera, con su objetivo cumplido, los miembros del grupo revolucionario se enfrentaron a un nuevo problema: cómo liberar a Fangio sin que corriera riesgos. El temor provenía de la posibilidad de que la gente de Batista matara al corredor para culpar, y así desprestigiar, a Fidel Castro.
Pensaron en dejarlo en una iglesia, pero el Chueco les pidió que llamaran al embajador argentino. Una mujer y dos jóvenes lo llevaron ante el diplomático, quien era nada menos que el primo de Ernesto Che Guevara (ver La Política, el Destino y …), dejándole una carta en la que manifestaban que no tenían ningún problema con la Argentina, que sus objetivos se restringían al derrocamiento de la dictadura cubana y, nuevamente pedían disculpas.
A 27 horas del secuestro, Fangio -sano y salvo- quedaba en mano de las autoridades argentinas. Una vez libre, recalcó ante los periodistas habaneros lo bien que había sido tratado. Estuvo en tres residencias -sin que le vendaran los ojos en ningún momento-, y en los tres lugares contaba con tantas comodidades como en el hotel. Los reporteros no evitaron las sonrisas cuando el argentino manifestó que había charlado “macanudamente” con sus captores.
El M 26-7 logró publicitarse, tal como lo había planeado, pero también Fangio vio incrementada su popularidad. De La Habana viajó a Miami para descansar algunos días; allí, el intendente le entregó las llaves de la ciudad; luego fue invitado al programa de televisión más popular de la época, en Nueva York.
Le ofrecieron mil dólares por presentarse diez minutos en el programa de Ed Sullivan, junto a Jack Dempsey. El campeón comentaría con ironía que “había ganado cinco campeonatos del mundo, había corrido y ganado en Sebring, pero el secuestro de Cuba fue lo que me hizo popular en Estados Unidos”.
De tu querida presencia… Fangio
Fangio volvió a saber de los revolucionarios cubanos unos meses después del secuestro. Se comunicaron con él cuando se encontraba en una carrera en Indianápolis. En aquel momento le pidieron que intercediera ante el general Fernández Miranda por la captura del que lo obligara a salir del Hotel Lincoln para mantenerlo privado de su libertad por unas horas.
El corredor accedió a la solicitud, dijo al militar que había sido bien tratado, que su vida no había corrido peligro, y pidió que no se tomaran medidas muy severas. Obtuvo la promesa de Miranda de que se iba a ocupar personalmente del caso, y no supo más del tema.
Faustino Pérez había sido el cabecilla de la operación del 58. Llegó en el Granma, el barco en que los revolucionarios, exiliados en México, regresaron para llevar a cabo la insurrección. Pérez fue jefe de la resistencia y, con la revolución en el poder, ocupó diversos cargos. Otros de los participantes en el secuestro no tendrían tanta suerte, como Oscar Lucero y Blanca Niubi, quienes fueron torturados y muertos por la policía de Batista.
“Cuando la revolución triunfe, lo haremos invitado de honor”, le había dicho Arnold Rodríguez, uno de los guerrilleros que intervino en el operativo. Un año y medio después, con Fidel Castro a la cabeza del gobierno, Fangio recibió la prometida invitación. Pero su regreso a Cuba no se concretó en ese momento, sino veinte años más tarde.
Fue en 1981 cuando volvió a visitar ese país, como presidente de la empresa Mercedes Benz, para concretar la venta de unos camiones al gobierno cubano. Lo recibió su amigo, Faustino Pérez, en ese momento ministro de Industria de Cuba. Fidel Castro interrumpió una importante reunión internacional para entrevistarse con él y pedirle disculpas por el operativo del 58.
Con ocasión del vigésimo quinto aniversario de su encuentro con el Movimiento 26 de Julio, Fangio recibiría un telegrama de saludo de sus amigos los secuestradores recordando “aquel episodio” que, “más que secuestro y detención patriótica, sirvió, junto con su noble actitud y su justa comprensión, a la causa de nuestro pueblo, que siente por usted viva simpatía, y en nombre del cual lo saludamos al cabo de un cuarto de siglo”. Unos meses antes -luego de una intervención quirúrgica en la que le implantaron el quíntuple by-pass aorto-coronario- había recibido otro mensaje, en su oficina de la Mercedes Benz, deseando su recuperación. También para su cumpleaños número 80, entre los mensajes de todo el mundo que llegaban a su casa para saludarlo llegó uno de Cuba: lo firmaban “Sus amigos los secuestradores”.
Arnold Rodríguez, otro de los secuestradores, viajaría a Buenos Aires especialmente para ver a Fangio. En 1992 fue invitado al sexto aniversario de la inauguración del museo en honor al piloto. El mismo está en un edificio construido en 1906, detrás de las históricas paredes de la anterior sede comunal de Balcarce.
El Museo -de 5000 metros cuadrados- cuenta con un microcine de 110 butacas, donde pueden revivirse recordadas imágenes de carreras de autos de Fangio. Desde sus comienzos en carreras regionales hasta las que disputara en pistas de todo el mundo, incluyendo las de Turismo Carretera. En el interior del Museo hay también autos, premios y medallas.
Actualmente, en la puerta del Hotel Lincoln, situado en el reparto (barrio) de El Vedado, en la ciudad de La Habana, una placa de bronce recuerda aquellos años: “En la noche del 24-2-58 en este mismo lugar fue secuestrado por un comando del Movimiento 26 de Julio, dirigido por Oscar Lucero, el cinco veces campeón mundial de automovilismo Juan Manuel Fangio. Ello significó un duro golpe propagandístico contra la tiranía batistiana y un importante estímulo para las fuerzas revolucionarias”.
Publicado en Todo es Historia, Nro. 368, en marzo de 1998.