Faustino: Padre como Martí

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De padres buenos está poblado el universo. La historia de Cuba recoge varias páginas de paternidad ejemplar. Martí es uno de ellos. Apenas, la entrega al deber le permitió disfrutar de su José Francisco, sin embargo, asombra ver como ejerció su oficio de padre, no solo con su pequeñuelo, sino con la amorosa María Mantilla a cuya educación se entregó para suplir su orfandad.
Pero nuestra historia es hermosa y cuenta con otros héroes que entregados al cumplimiento de su misión patriótica no dejaron nunca de escribir una hermosa página de amor paterno. Faustino Pérez Hernández, Comandante del Ejército Rebelde, es uno de esos casos.
Este espirituano, que en más de una ocasión se declara discípulo del Maestro, amó entrañablemente a sus hijos. Su oficio de padre también hizo posible momentos de gran belleza. Ahora, y sin pretensión de comparaciones injustas, se intentará establecer un paralelo, cuyo valor brotará únicamente de la lección que habrá de quedar para los padres de hoy.
El 12 de noviembre de 1878, nace el hijo de Martí. El padre experimenta un sentimiento nuevo que lo hace estremecer de alegría. Pero sus actividades conspirativas lo obligan a alejarse del hijo. Una vez más, España lo guarda, ahora con las inclemencias de un invierno que le hacen sentir “fríos de ausencia, nostalgias del hogar que ha quedado atrás”. Estas circunstancias lo compulsan a tomar la pluma: “Es cosa de huir de mi mismo esto de no tener ni suelo patrio en que vivir, ni cabeza de hijo que besar”.
Es este, quizás, el primer momento en que Martí lamenta la ausencia del hijo amado. Algo similar hubo de ocurrirle a Faustino, cuando en el año 1958, desde la Sierra Maestra, escribe a su amigo Armando Hart:
“…De los míos te diré que soy papá de otra preciosa criatura (según la madre) que llevará por nombre Nélida. Los otros dos cachorritos me dicen que están bien y extrañando mucho a papá, que esconde las nostalgias de la ausencia en los recodos de esta tierra accidentada, abonada por tanta sangre, estremecida por tanta lucha, donde palpita tanto anhelo, donde sostiene la esperanza.”
Así anduvieron los héroes con sus ansias de padre no satisfechas. Sin embargo, nunca desaprovecharon cada oportunidad para disfrutar de sus hijos. No hay más que recordar aquellas escenas ocurridas en Nueva York, en el año 1880, en que cada mañana, se escuchaba – en la casa de huéspedes de los Mantillas— el retozar de Martí con su Pepito y todos los apelativos cariñosos con que después lo llamaría en su libro Ismaelillo.
Por su parte, Faustino, robándole minutos al estrecho tiempo de su vida de revolucionario también tuvo lugar para ofrecer su cariño de padre en momento de cama compartida o sobremesas familiares.
Muchas veces ambos héroes salvaron su optimismo a partir del recuerdo de sus hijos. Así le ocurrió al Apóstol en Caracas en 1881, cuando se recuperaba del contundente fracaso de la Guerra Chiquita. Allí, en su cuarto, mirando la foto de su pequeñuelo, prende a la misma un hermoso ramo de flores y toda esa noche la emplea en escribir sus nostalgias de padre.
Esa misma sensibilidad estuvo en el combatiente espirituano, luego del fracaso de Alegría de Pío, cuando refugiado debajo de la paja de la caña, junto a Fidel y a Universo Sánchez, se deja atrapar por los más diversos motivos y entre ellos el recuerdo del hijo:
“…recuerdo con nitidez a un diminuto tomeguín, que cada día, en horas tempranas de la tarde, llegaba saltando de hoja en hoja y se acercaba inquieto y cauteloso como anhelando alguna comunicación. Se me antojaba que nos quería transmitir algún mensaje y entrábamos en un diálogo imaginario y pueril. Acaso traía noticias de la suerte de los otros compañeros (…) o el saludo de aquel pequeñuelo entrañable que en el muelle del puerto, y desde los brazos de su mamá, me despidió meses atrás con tanta insistencia como si adivinara que podría ser el último adiós.”
Otras escenas habrá para el paralelo entre el afecto paternal de estos dos héroes de nuestra historia. Pero ninguno tan valioso como aquella en que dos hijas reciben el regalo de sus amantes padres.
Se trata, primeramente, de dos libros que Martí regala a su hija espiritual, María Mantilla, los cuales hace acompañar de una tierna carta en la que le precisa:
“(…) Y por el correo te mando dos libros (…)” “ Un libro es, L’ Historia Generale, un libro muy corto, donde está muy bien contada, y en lenguaje fácil y limpio, toda la historia del mundo (…)” “El otro libro es para leer y enseñar: es un libro (…), en que está, María mía, lo mejor, y todo lo cierto de lo que se sabe de la naturaleza ahora (…) Donde yo encuentro poesía mayor es en los libros de ciencia, en la vida del mundo, en el orden del mundo, en el fondo del mar, en la verdad y música del árbol.”
Es esto de regalar y recomendar libros un magnífico gesto de padre. Los padres todos debieran regalar libros a sus hijos para llenar la Patria de hombres buenos. Faustino también lo hizo y regaló a una de sus hijas el libro “Martí a flor de labios”, de Froilán Escobar, en cuya primera página le escribe un texto en el que laten dos amores: a su hija y al Maestro. En el mismo le dice:
“Ana Beatriz, Kikín, mi niña, otro abril, otra primavera por tu vida y vuelvo a preguntarme, ¿Qué puedo ofrecerte que te reitere mi cariño: un beso, una flor, un perfume, todas las estrellas? Cualquier cosa sería valida porque también te iría mi corazón. Esta vez te voy a entregar una joya de las que emiten y reflejan luz, este librito es como un talismán que disipa sinsabores y amarguras y como un toque de reconciliación con nuestra especie y una afirmación de la esperanza. Martí se sentiría premiado de su sacrificio con sólo leer este librito.
Recíbelo con todos los anhelos de mi alma.
Tu papá
Así, la paternidad, la capacidad para ser buen padre fue un punto de contacto más entre Faustino y Martí. Así son los héroes: antes que combatientes, buenos seres humanos.

Por Dagoberto Pérez Pérez y Eduardo González Rodríguez                                               Publicado en el Periódico Escambray de Sancti Spíritus, el 25 /Diciembre/2002.

unnamed                      Foto Revista Bohemia- Diciembre /1956

 

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