Mensaje del Dr. Armando Hart Dávalos a la clausura del taller conmemorativo del aniversario 60 de la primera Dirección Nacional constituída por el movimiento 26 de Julio. 12/06/2015

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hart           Queridas compañeras y compañeros:

Cuando evoco la fecha fundacional de aquella primera Dirección Nacional del Movimiento de la Generación del Centenario —que ya había recibido el nombre de 26 de Julio en homenaje a los héroes y mártires de la gloriosa fecha del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes— recuerdo, como conté en mi libro Aldabonazo, que Fidel nos habló de la expedición y de la huelga general y de que había que constituir una dirección de apoyo a estos empeños; también nos explicó, que la dirección debía quedar integrada por los compañeros de diferentes tendencias que habían aceptado el plan.

Recuerdo, de la misma forma, que una noche, semanas antes de su partida hacia México, se produjo una reunión en una casa situada en la calle Factoría No. 62. Fue en esa reunión cuando, por primera vez, a través de un planteamiento de Fidel, conocí que la organización se denominaría Movimiento 26 de Julio.

Allí quedó constituida la Dirección del Movimiento en Cuba, presidida por Fidel e integrada por: Raúl Castro —no estuvo presente pues tuvo que salir para México—, Pedro Miret, Jesús Montané, Faustino Pérez, Haydée Santamaría, Melba Hernández, José Suárez Blanco, Pedro Aguilera, Luis Bonito, Antonio (Ñico) López y yo. Fidel señaló también que en Santiago contábamos con un compañero de grandes condiciones. Recuerdo que antes de que terminara la frase le dije: «Ése es Frank País»; efectivamente, un compañero de tan extraordinarias condiciones en Oriente no podía ser otro que Frank País García.

No puedo olvidar que el proceso de integración de la Dirección del Movimiento se caracterizó por la unidad. Nosotros proveníamos de otra organización y fuimos recibidos con amplio espíritu de colaboración. Desde el comienzo, Faustino y yo pudimos trabajar muy ligados a Pedro Miret, Ñico López, Jesús Montané, Haydée Santamaría, Melba Hernández y otros muchos compañeros.

También es muy significativo que se conozca que la Dirección del Movimiento, constituida en 1955, y los cuadros más importantes agrupados a su alrededor en el trabajo clandestino, provenían esencialmente de dos vertientes de la Ortodoxia: los que habían participado en el Moncada; bajo el liderazgo de Fidel o que habían estado bajo su influencia política en el seno del Partido del Pueblo Cubano, y los que procedíamos del MNR, que por entonces estaba prácticamente disuelto y cuya bandera principal había sido Rafael García Bárcena. Estas corrientes políticas tenían su origen en el amplio movimiento de masas que había generado en el país Eduardo Chibás. Todos los compañeros de la Dirección constituida entonces en Cuba permanecieron fieles a la Revolución.

Desde Oriente, María Antonia Figueroa, fungió como tesorera, en esa provincia, el centro de todo el Movimiento era Frank País, quien tenía, como se ha explicado, una extensísima red clandestina en casi toda la región. Junto a Frank laboraban Vilma Espín, Julio Camacho Aguilera, Léster Rodríguez, Taras Domitro, Pepito Tey, Tony Alomá, Otto Parellada, Arturo Duque de Estrada, Enzo Infante, Agustín Navarrete, Carlos Iglesias y decenas de cuadros. En esta provincia era donde más había avanzado la organización.

En La Habana teníamos los más importantes encuentros y puntos de contacto en la casa de Jovellar 107, en el tercer piso. Allí vivían Melba Hernández y sus padres, quienes trabajaban con todos nosotros de manera intensa y decidida. Esta casa se comunicaba por el fondo con el apartamento de Pedro Miret y su esposa.

La casa de Melba había sido visitada por Cayita Araújo y María Antonia Figueroa. Ellas se entrevistaron con Fidel y un grupo de nosotros; allí se habló de la historia de Cuba, de Martí, de Maceo, de los próceres, de las luchas por la independencia. Fue una hermosa jornada cargada de recuerdos patrióticos. Durante la misma Fidel esbozó el proyecto revolucionario que había concebido.

María Antonia Figueroa se refirió a ese encuentro en una entrevista que la revista Santiago publicó:

[… ] me reuní en la casa de Jovellar 107- casa de la compañera Melba Hernández con Fidel, Haydée Santamaría, Armando Hart, Jesús Montané y otros; es decir, los compañeros que formaban la incipiente dirección de lo que iba a ser, a partir de ese momento, el Movimiento Revolucionario 26 de Julio.

En esta reunión, que duró aproximadamente entre siete y diez horas, Fidel nos expuso los lineamientos del Movimiento. Nos leyó la carta de despedida al pueblo de Cuba, puesto que ya él estaba próximo a partir al exilio de México para preparar la insurrección armada. Nos informó también del viaje que pensaba hacer a los Estados Unidos siguiendo la misma ruta que en el siglo pasado siguió José Martí [… ].

Otro lugar muy frecuentado por aquellos días eran las oficinas del Partido del Pueblo Cubano, en Prado 109. Hasta aquel sitio íbamos Faustino, Ñico, Pedro, Haydée, Montané, Melba y otros compañeros. Organizábamos reuniones, hacíamos labor de captación para nuestra causa, y salíamos discutiendo nuestras ideas por el Malecón hasta llegar a Jovellar 107.

Igualmente, vienen a mi mente tres documentos de la época que, recogieron de manera clara e impecable, los propósitos del naciente movimiento, sus principios y objetivos. La impronta de Fidel se evidencia en cada uno de ellos y su lectura al cabo de seis décadas nos permite llegar a valiosas conclusiones y enseñanzas, confirmándonos la capacidad y habilidad política desplegada desde entonces por nuestro líder histórico, combinada sabiamente con la firmeza, la lealtad a las más entrañables ideas cubanas y una extraordinaria visión de futuro. En ese caso podemos decir que nunca a la inteligencia le faltó el valor, ni al valor le faltó la inteligencia.

El día 8 de agosto de 1955 se suscribió por Fidel, en nombre del Movimiento Revolucionario 26 de Julio, el documento conocido como Manifiesto número 1 del 26 del Julio al Pueblo de Cuba, encabezado por dos pensamientos, uno de José Martí y otro de Antonio Maceo, los que constituyeron así todo un símbolo. Merece la pena recordar aquí sus palabras iniciales:

“Bajo este nombre de combate, que evoca una fecha de rebeldía nacional, se organiza hoy y prepara su gran tarea de redención y de justicia el movimiento revolucionario cubano. Por acuerdo expreso de sus dirigentes se me confió la redacción de este primer manifiesto al país y los que en lo sucesivo verán la luz en forma clandestina.

Al cumplir esta misión que me impone el deber, no vacilo en asumir la responsabilidad que implica calzar con nuestra firma estas proclamas que serán una constante arenga al pueblo, un llamado sin ambages a la revolución y un ataque frontal a la camarilla de criminales que pisotea el honor de la nación y rige sus destinos a contrapelo de su historia y de la voluntad soberana del pueblo”.

Pocos meses más tarde, el día 10 de diciembre de 1955, vio la luz también desde México, el Manifiesto número 2, que hacía un resumen de la intensa actividad del Movimiento desde sus inicios, dictaba normas y exhortaba a la imprescindible recaudación de fondos para la lucha. Entre otras cosas decía: “no somos malversadores, si no somos ricos, ¿cómo vamos a obtener los recursos indispensables para la lucha, si no es pidiéndoselos al pueblo? ¿Y cómo vamos a pedirle al pueblo si no le hablamos al pueblo y le decimos para qué se quieren esos recursos?”

Luego en la edición de la revista Bohemia, del 1º de abril de 1956, bajo el título de “El Movimiento 26 de Julio” y con fecha 19 de marzo, aparece el que, a nuestro juicio, constituye el más esclarecedor de los documentos, correspondiente a la etapa anterior al desembarco del Granma, algunos de cuyos párrafos finales —leídos a estas alturas de la Revolución cubana— resultan conmovedores y nos permiten concluir que tanta lucha, tanto sacrificio, tantos heroísmos y tanta sangre derramada no han sido en vano. Estos dicen así:

“Ahora la lucha es del pueblo. Y para ayudar al pueblo en su lucha heroica por recuperar las libertades y derechos que le arrebataron, se organizó y fortaleció el Movimiento 26 de Julio. ¡Frente al 10 de marzo, el 26 de julio!”

[…] El Movimiento 26 de Julio es la organización revolucionaria de los humildes, por los humildes y para los humildes.

El Movimiento 26 de Julio es la esperanza de redención para la clase obrera cubana, a la que nada pueden ofrecerle las camarillas políticas; es la esperanza de tierra para los campesinos que viven como parias en la patria que liberaron sus abuelos; es la esperanza de regreso para los emigrados que tuvieron que marcharse de su tierra porque no podían trabajar ni vivir en ella; es la esperanza de pan para los hambrientos y de justicia para los olvidados.

El Movimiento 26 de Julio hace suya la causa de todos los que han caído en esta dura lucha desde el 10 de marzo de 1952 y proclama serenamente ante la nación, ante sus esposas, sus hijos, sus padres y sus hermanos que la revolución no transigirá jamás con sus victimarios.

El Movimiento 26 de Julio es la invitación calurosa a estrechar filas, extendida con los brazos abiertos, a todos los
revolucionarios de Cuba, sin mezquinas diferencias partidaristas y cualesquiera que hayan sido las diferencias anteriores.

El Movimiento 26 de Julio es el porvenir sano y justiciero de la patria, el honor empeñado ante el pueblo, la promesa que será cumplida”.

Compañeras y compañeros:

El pueblo cubano mantendrá el compromiso de seguir extrayendo lecciones de esta valiosa historia y seguirá siendo muy necesario que el pueblo norteamericano y el mundo conozcan las esencias más profundas de estos hechos para que como dijo el Apóstol cubano no olviden jamás que: “Un error en Cuba, es un error en América, es un error en la humanidad moderna”.

¡Gloria eterna a los héroes y mártires de la Patria! ¡Viva el Partido Comunista de Cuba! ¡Vivan Fidel y Raúl!

HASTA LA VICTORIA SIEMPRE

Junio de 2015

 

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