60 años después: Vivencias de los expedicionarios del yate Granma en diciembre de 1956

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(I)
Viernes, 02/12/2016 17:07 PM
Domingo 2 de diciembre de 1956: Han transcurrido siete azarosos días por un mar embravecido desde la salida de Tuxpan, México. Desembarcan Fidel y otros 81 expedicionarios del yate Granma por Los Cayuelos, a dos kilómetros de Las Coloradas, el lugar previsto. Comienza una odisea para esos hombres que venían a cumplir la promesa del Líder revolucionario: Seremos libres o seremos mártires.
Apenas queda combustible en los tanques para unos minutos de navegación. Fidel pregunta si ese que se vislumbra es territorio firme de Cuba. Ante una positiva respuesta del capitán, le dice: “Bueno, entonces ponme los motores a toda velocidad y enfila por ahí mismo hacia la costa hasta donde llegue”.
Más o menos a las 6:30 a.m., encalla la embarcación a unos sesenta metros de la orilla. Bajan de la nave con el agua a la cintura o el pecho. Les espera “la peor ciénaga que jamás haya visto u oído hablar de ella”, según escribió Raúl Castro ese día en su diario. Ahora la lucha es contra el mangle.
Lecho fangoso, movedizo, traicionero. Andan más de una hora y apenas han avanzado. Largo rato después, desfallecidos, con las manos heridas por las espinas y los filos de las hojas que desgarran los uniformes, acompañados por una nube de mosquitos y jejenes, llegan a tierra firme. Cada uno por un lugar distinto. Luis Crespo descubre a lo lejos una casa y hacia allí se dirigen.
“No tenga miedo, dice el jefe al dueño, yo soy Fidel Castro. Estos hombres y yo venimos a libertar a Cuba”. El campesino se ofrece a preparar algo de comer, pero se escuchan unos disparos a lo lejos y Fidel da la orden de reiniciar la marcha. Llegan a un montecito y permanecen ocultos para esperar al pequeño grupo de Juan Manuel Márquez, el segundo jefe de la expedición. Poco después vuelve a ordenar: “avanzar a toda costa, aun en caso de dispersión, hacia la Sierra Maestra”.
Alrededor del mediodía la vanguardia de la columna tropieza con otro campesino. Ofrece agua a cada uno en la medida que van pasando. Extenuados, hambrientos detienen la marcha, descansan Relata Raúl en su diario: “Avanzamos por una manigua de mucha hierba, pero de pocos árboles. Había que tirarse en el suelo cada rato. Ese día no habíamos probado bocado alguno de comida. Estuvimos dando varias vueltas completamente perdidos hasta que valiéndonos de las orientaciones del primer campesino pudimos orientarnos algo. Dormimos todos extenuados esa noche y sin comer. Faena inmensa la de ese 2 de diciembre.”
(Fuente Diario de la guerra. Diciembre de 1956…)
(II)
Sábado, 03/12/2016 10:52 AM
Lunes 3. Pienso que fue la bulimia la que despertó a los hombres del Granma, quienes agotados durmieron la noche y madrugada anterior a la intemperie. “Al levantarnos sentíamos como si la tierra se moviera; eran los efectos del barco, que aún nos duraban. Seguimos caminando en fila india. El avión Catalina de la Marina nos obligaba a escondernos a ratos”, describe así Raúl Castro en su diario.
Caminan por un bosque y seguidamente el diente de perro les rompe las botas. El andar se hace harto difícil. Llegan a la casa de Zoilo Pérez Vega. La familia sacrifica gallinas y hace caldo para los más débiles, cocina yuca y brinda panales de miel. Los recién llegados sacian la sed y llenan las cantimploras de agua, algunos de miel, recogen boniatos crudos y prosiguen la marcha hacia el sureste en busca de una trocha en el monte que divide las tierras de la BeattieSugarCompany de las de otros latifundios.
“Ya oscureciendo, apunta Raúl, y después de una agotadora jornada con varios intervalos de pequeños descansos por un trillo muy bien protegido por los árboles que los cubrían arriba, llegamos a un claro del bosque, donde tres campesinos están haciendo carbón. Pero resultó que cuando estos vieron a nuestra vanguardia, con el negrito Armando (Mestre), camuflajeado con yerbas en la cabeza y una ametralladora en la mano, se dieron a la fuga y hasta dejaron las hachas.” Crespo salió tras los carboneros y no regresó.
Pernoctan en el bosque, algunos preparan algo de comer con lo existente en el lugar. Continúa describiendo Raúl. ” Partimos con la tristeza de perder a un compañero más (…) Ya habíamos perdido a nueve compañeros por extravío, sin tener un solo combate. (…) distribuimos las guardias y a dormir. Se sentían unos cangrejos grandísimos caminar por las malezas que parecían tanques de guerra pequeñitos”.
(Fuente Diario de la guerra. Diciembre de 1956…)
(III)
Lunes, 05/12/2016 10:18 AM
Martes 4. La noche del día 3 para el 4 reinó la intranquilidad entre los expedicionarios. Saben que ya los guardias de la tiranía andan tras ellos; además, desconocen el destino de nueve compañeros. Al escuchar disparos piensan si no habrán caído en una emboscada. Al amanecer conocen por Crespo que el grupo de Juan Manuel Márquez está a salvo en la casa de un campesino. Este les dice que cerca hay una bodega y hasta allá varios encaminan los pasos y compran algunos alimentos. Los demás esperan la llegada de Juan Manuel. Inmensa la alegría al encontrarse. Alrededor de las 8:00 a.m.. Fidel ordena continuar la marcha.
Recoge el diario de Raúl: “Partimos en fila india todo el destacamento. Íbamos por un camino que después se convirtió en vereda. En poco tiempo tuvimos que ocultarnos más de 30 veces de los aviones.”
Arriban a la vivienda de dos campesinos. De nuevo hay comida: arroz, bacalao, yuca, papas y un pedazo de chivo comprado esa misma mañana. Calman el hambre y la sed, por el momento. Comienza a oscurecer y emprenden la marcha, siempre hacia el Este.
En una bodega al final del bosque adquieren galletas, chorizos y cigarros. Se internan en los cañaverales de la New Niquero Sugar Company. Poco después despiden a dos campesinos que les habían servido de guías, y un rato más tarde, para despistar, se desvían hacia un lugar que ya conocían. Reseña Raúl: “Consistía en ir por las guardarrayas a la izquierda y el lindero del bosque a la derecha, y desde ahora caminaríamos siempre de noche y dormiríamos de día. Cuando hubiéramos dejado atrás esa zona, doblaríamos hacia el noreste y cruzaríamos un llano de cañaverales como de 30 kilómetros. A Las doce de la noche nos acostamos: dormimos en el cañaveral”.
En las notas del diario del Che de ese día se lee: ”Empezamos la marcha con paso lento. (…) Salimos por la noche y caminamos hasta las 12:30. Hacemos un alto en un cañaveral tres horas. Se come mucha caña, se dejan rastros, caminamos hasta el amanecer.” Habían llegado a las cañas de Alegría de Pío.
(Fuente Diario de la guerra. Diciembre de 1956…)
(IV)
Lunes, 05/12/2016 13:23 PM
Miércoles 5. La traición delata la presencia de los expedicionarios por los alrededores de las cañas de Alegría de Pío. A las 4:30 p.m. se desata la debacle. Elocuentes palabras de Raúl de ese día en su diario:”Fuimos sorprendidos por el ejército, y como a esa hora, de nuestra tranquilidad nos sacó un disparo primero y después una descarga cerrada, degenerando en nutridos tiroteos que duró largo rato. Como las balas atravesaban el follaje de los arbolitos que nos protegían y muchas silbaban picaban y silbaban cerca de nosotros, la confusión y el correcorre eran tan grandes, que lo único que tuve tiempo fue de agarrar mi canana de balas y mi fusil, dejando abandonada, como todo el mundo, la pesada mochila”.
Diferente reacción la de los compañeros ante la inesperada situación. Una parte responde al fuego; otros buscan mayor resguardo. El enemigo conmina a rendirse. Ahí surge la histórica respuesta de Juan Almeida, jefe del pelotón del centro: “Aquí no se rinde nadie”. Continúa el combate. Raúl Suárez dispara frenéticamente. Es el primer herido. Un disparo le destroza la muñeca izquierda., se la venda Faustino Pérez. También recibe un balazo en el pecho José Ponce y Emilio Albentosa, en el cuello. Al Che le dan a sedal en el cuello cuando rescata una caja de balas de otro compañero, cae al suelo cubierto de sangre. Faustino se le acerca y cree que le han roto la arteria yugular.
Humberto Lamothe, Oscar Rodríguez e Israel Cabrera son las primeras bajas. Quizás dos murieron en acción y uno asesinado. Fidel ordena la retirada a quienes aún están combatiendo y sigue disparando. La idea no era enfrentar al enemigo, sino llegar a la Sierra Maestra. Trata de reagrupar la columna a fin de hacer una retirada organizada. Es grande la confusión entre los hombres, pierden contacto. La dispersión del contingente es total. Los soldados observan su repliegue y le siguen tirando, prenden fuego a las cañas mientras la aviación ametralla el lugar hasta hacerse de noche.
Setenta y nueve expedicionarios abandonan el campo de batalla con la tristeza del revés sufrido. Muchos quedan solos, algunos en pequeños grupos. Desconocen cuál ha sido el desenlace del fatídico encuentro y si Fidel ha salido ileso. Muchos reafirman la decisión de proseguir hacia la Sierra Maestra, compromiso contraído con el máximo líder. Emprenden el difícil y riesgoso camino de la supervivencia.
Con Fidel está y juntos siguen disparando Universo Sánchez, y después llega Juan Manuel Márquez. Ya todos se han ido. Avanzan a tramos hacia el Este, pero en uno de ellos no aparece Juan Manuel. Universo regresa dos veces a buscarlo, infructuosamente. Continúan. De pronto ven aparecer una figura y se disponen a tirarle. A través de la mirilla telescópica ven que es Faustino y lo llaman. Se internan en un bosque y pasan toda la noche en guardia. Escuchan los pasos de los guardias por la zona.
Raúl, Ciro Redondo, Efigenio Ameijeiras, René Rodríguez, Armando Rodríguez y César Gómez mantienen sus armas. Echan a andar entre las cañas. Una vez ven a Miguel Saavedra y otros compañeros detrás de ellos, después no los vieron más. Señala Raúl en su diario: “Al parecer, se detuvieron y tomaron otro rumbo., aún se sentían disparos de fuego a discreción y algunas ráfagas de ametralladoras. Tres aviones del Ejército volaban en esos instantes sobre nuestras cabezas en forma de círculo.
En breve tiempo atravesamos dos cañaverales, escondiéndonos varias veces en los plantones de caña al paso de los aviones que volaban bastante bajo y por fin logramos alcanzar el bosque, extenuados y con sed. Ya de noche, por un rato, siguieron sintiéndose los aviones y algo más tarde ruido de camiones. Decidimos dormir, cosa que fue imposible por el frío, las pesadillas que me daban relacionadas con el problema de la sorprendida que nos dieron, y porque era un terreno, el lugar que escogimos para dormir, de piedras dentadas y de mosquitos”. La preocupación por la suerte de Fidel y los demás compañeros es la causa esencial del insomnio.
Junto con Almeida han salido el Che, Ramiro Valdés, Reynaldo Benítez y Rafael Chao. En breves minutos, cruzando guardarrayas, penetran en la espesura. Sobre el diente de perro andan rumbo al Este. Hacia la meta trazada. Lo suponen. La noche, el extremo cansancio, el hambre, la sed, los tambalean y tienen que detenerse. El Che anota en su diario: “Nos internamos en la selva y caminamos oyendo el ruido de los cañaverales incendiados. Debimos hacer un alto pues no teníamos orientación ninguna”.
La noche de ese aciago día, alrededor de cincuenta jóvenes decididos a triunfar o vencer, la pasan no muy lejos unos de otros, sin saberlo. Lo tupido del bosque los oculta.
(Fuente Diario de la guerra. Diciembre de 1956…)
(V)
Wednesday, 07/12/2016 13:43 PM
Jueves 6. Faustino convence a Fidel de volver a los cañaverales, porque allí, y no en el monte donde están, encontrarán con que calmar la sed y el hambre. Ambos y Universo atraviesan campos de caña. Son descubiertos por la aviación. Corren. Sobre el lugar donde estaban, a cincuenta metros, cae la metralla enemiga. Siguen corriendo hasta un cayo de la planta gramínea y se cubren con paja. El sueño quiere vencer al conductor del destacamento, quien antes de cerrárseles los ojos por la falta de sueño, se coloca la punta del cañón del fusil debajo de la barbilla y el dedo en el primero de los gatillos. Asegura que vivo no lo capturarán. Duerme varias horas. Al hacerse de noche, emprenden la marcha hacia el Este. En un cañaveral más crecido, a un kilómetro, vuelven a acostarse, con hambre y sed, tapados otra vez con la paja de las cañas.
El grupo de Raúl desconoce que uno de los propósitos del ametrallamiento que escucha es sobre Fidel y sus dos acompañantes. Sus integrantes despertaron temprano y ese día él escribe varias veces, en una dice: “Detienen el pequeño bombardeo y yo sigo escribiendo y mientras esté con vida, que tal vez se acabe hoy o mañana, seguiré reportando en mi diario, en el instante, si no estoy corriendo, las cosas que vayan ocurriendo”. Más adelante anota: “Están ametrallando el bosque. ¡Bueno, esto es emocionante, peligroso y triste! En otra parte: “¡Confío en que la naturaleza nos proteja hasta que podamos salir de este cerco!”. La única comida de esa jornada será una papa cruda para los seis y no tienen agua. “Creo que esta noche tendremos que alejarnos de aquí de todas formas, ya que tenemos cuatro amenazas: los aviones, los soldados, el hambre y la sed, sin contar el cansancio y la falta de dormir. Los aviones vuelan hasta el oscurecer”.
En el inhóspito sitio –diente de perro- donde pernoctaron Almeida y quienes van con él es imposible seguir. Además, casi no les queda agua y el único alimento para seis: una lata de leche condensada que llevaba en un bolsillo Reynaldo Benítez, al sacarla estaba vacía. Sin darse cuenta la había colocado boca abajo y casi toda se había derramado. De día permanecen ocultos y caminan de noche.
Encuentran una cueva grande y allí se esconden. Para la posteridad, el Che dejó las siguientes líneas sobre ese día: “Oímos ruido de combate a poca distancia. Los aviones ametrallaban. Salimos a la noche orientándonos por la Luna y la Estrella Polar hasta que se perdieron y dormimos”. Ignoraban que el ruido de los ametrallamientos iba dirigido principalmente a Fidel.
(Fuente Diario de la guerra. Diciembre de 1956…
(VI)
Wednesday, 07/12/2016 13:46 PM
Viernes 7. Los soldados siguen dando vueltas alrededor del cañaveral donde están Fidel, Faustino Pérez y Universo Sánchez. Ellos inmóviles. Si se mueven el ruido y el agitar de las hojas de las cañas pueden delatarlos. El líder del Movimiento 26 de Julio piensa en sus compañeros. ¿Los habrán capturado, asesinado, cuántos habrán podido escapar…? Para llegar a la Sierra Maestra faltan por atravesar muchos kilómetros de campos llenos de peligro.
Sabe que el mayor trofeo para la dictadura de Fulgencio Batista es él. Está consciente de que el enemigo ha puesto todos sus recursos en la búsqueda de los expedicionarios, sobre todo en los lugares de acceso a la montaña. No obstante la adversidad, la idea de subir hasta esa ansiada meta está en su mente y lo hará aunque sean solo tres hombres y dos armas. Por ello arrostrará cualquier sacrificio. Por el momento, agotados, acalambrados, sedientos, hambrientos permanecerán bajo la paja. De esa manera, los contrarios creerán que serán fácil presa.
No muy lejos, Raúl y sus acompañantes esperan que acabe el acoso de la aviación y el cerco para proseguir el avance. Continúan dentro del bosque, que los protege, y relativamente cerca de los campos de caña, única vía de conseguir algo para ingerir y calmar el hambre y la sed. Han tomado las medidas necesarias para no ser sorprendidos por los guardias, que, al parecer, deben estar por la orilla de donde ellos se encuentran.
A las ocho de la mañana escribe: “De los aviones que esperábamos, que a estas horas ya estarían dando vueltas, nada. Estábamos acostumbrados a la bulla de los aviones y a sus ráfagas, que la tranquilidad de hoy nos mete miedo”
Muestra de su sentido del humor hasta en los peores momentos, anota: “Anoche un cangrejo me despertó, mientras me comía los pelos de la coronilla de mi cabeza. Si me los sigue comiendo hoy parecería un cura.” (…) Hoy como a las seis a.m., llegamos al cañaveral, tres nos cubrieron la retirada y en operación rápida los otros tres arrancaron algunas cañas; esa será nuestra comida de hoy.” Y más tarde: “Ya nos comimos nuestra ración de caña, bastante mala y escasa, pero es peligroso volver al cañaveral. (…) Hoy por la mañana sentí un ligero y pasajero mareo, debe ser debilidad, ya son muchos días sin comer.”
Almeida y su grupo prosiguieron andando sobre el diente de perro y otros obstáculos del monte. Al Che es a quien más afecta la sed, porque ha perdido mucha sangre por la herida en el cuello. Utiliza la bombita del nebulizador antiasmático para sacar algunas gotas de agua corrompida de los agujeritos de una piedra, que solo sirve a los compañeros para mojarse los labios. Pasan el día en blanco, mientras el estómago y su estado de extenuación se los recuerda. Apunta el argentino que después sería también cubano: “Nos internamos en la selva rumbo al Este. Tomando agua en los huecos de los arrecifes de coral (…) No comimos nada.”
(Fuente Diario de la guerra. Diciembre de 1956…)
Nota: Este día son asesinados once combatientes: Miguel Saavedra Pérez, en Alegría de Pío; René Bedia Morales y Eduardo P Reyes Canto, en Pozo Empalado; y. en Boca del Toro, por el sanguinario Julio Laurent, del Servicio de Inteligencia Naval, y fuerzas bajo su mando: Miguel Cabañas Perojo, Noelio Capote Figueroa, Cándido González Morales, Antonio –Ñico- López Fernández, René O Reiné García, Tomás D Royo Valdés, José R Smith Comas y Raúl Suárez Martínez. (Fuente: De Tuxpan a La Plata. Sección de Historia de la Dirección Política de las FAR).
(VII)
Viernes, 09/12/2016 16:00 PM
Sábado 8. Con la misma convicción de vencer o morir en el empeño de libertar a Cuba, Fidel y los dos compañeros que quedaron junto con él afrontan los rigores de la supervivencia. Ocultos en el mismo cañaveral, físicamente agotados por el cansancio, el hambre y la sed, no pierden la esperanza de llegar al destino propuesto: la Sierra Maestra. Esperan la oportunidad de emprender de nuevo la marcha.
Desconoce que un grupo de expedicionarios ha sido asesinado. Quienes están con Raúl realizan la misma operación del día anterior: buscar el único alimento posible: cañas. Oyen ladridos de perros y a gallos cantando. Piensan en que cerca debe de haber una casa y de ser verdad lograr alguna información; sin embargo no lo hacen, porque escuchan algunos disparos y ruido de camiones. Caminar por terreno tan agreste y con sueño acumulado, más la falta de comida los mantiene muy débiles.
Raúl: “El avión dio una vuelta ahora bastante cerca. Quisiera escribir ahora -11:15 a.m.- mil cosas que se me ocurren y sobretodo detallar lo más posible nuestra situación, pero temo que se me agote el poco papel que tengo y no pueda seguir fielmente este ¨Diario¨.(…)
“Hay dos aviones dando vueltas, pero sobre ninguna zona determinada, parece que tratan de localizar a alguien, lo que nos hace albergar la esperanza de que el grueso de nuestro destacamento, el ´Antonio Maceo¨, se haya salvado. (…) Hemos decidido firmemente esperar aquí pase lo que pase, hasta que se aclare la situación por esta zona.
Pasando hambre y sed. Solo comiendo caña.”Llegan Almeida y sus compañeros al borde de las terrazas superiores de la costa, a la altura de Punta Escalereta. Bajar es peligroso.
Buscan un lugar mejor para hacerlo. Rodillas y manos destrozadas por el filo de las piedras. Se acaba la luz del día y todavía no han llegado abajo. “Seguimos rumbo al Este -redacta el Che-. Al mediodía avistamos el mar bajo unos farallones de arrecifes muy grandes y con selva intrincada. Al anochecer hicimos alto sin poder llegar abajo”. Ignoran que José Smith y otros compañeros bajaron por ese lugar y fueron asesinados.
(Fuente Diario de la guerra. Diciembre de 1956…)
Nota: Este día asesinan a Luis Arcos Bergnes, José R. Martínez Álvarez y Armando Mestre Martínez, en Macagual; Félix J Elmuza Agaisse; Santiago Hirzel González y Andrés Luján Vázquez, en un lugar no precisado. (Fuente: De Tuxpan a La Plata. Sección de Historia de la Dirección Política de las FAR).
(VIII)
Sábado, 10/12/2016 14:09 PM
Domingo 9. Intenso el calor. Por la noche, frío y humedad. El Líder no aguanta más hablar en susurros y comienza a conversar de sus planes revolucionarios y el futuro. Ni el agotamiento, el hambre y la sed han menguado sus ideales de ver libre a la Patria y el compromiso de triunfar o morir en el empeño.
Para Raúl y los reunidos con él la jornada pasa igual que las anteriores. Prosigue el vuelo de dos aviones y no lejos se oyó un disparo. Escribe en su diario: “Hoy fue el cumpleaños de Ciro (Redondo), brindamos con caña. Nos acostamos temprano, aún no había oscurecido completamente.”
Al fin logran tocar la arena tras peligrosa y forzosa bajada desde el farallón, Almeida y sus compañeros. Caminan por la orilla del mar hacia el Este. En una playita formada por el batir de las olas y el tiempo, se meten y bañan. Continúan su andar. Comen pequeñas frutas de tunas que encuentran. Divisan un ranchito y él y el Che se aproximan. Almeida, con el fusil preparado por si son soldados.
Sorpresa. Ahí están Camilo Cienfuegos, Pancho González y Pablo Hurtado, quienes han seguido, paralelamente, el mismo camino. Preguntan por los demás, en particular por Fidel. Al reiniciar la marcha, son ocho hombres, todos armados.
Lunes 10. Perciben más tranquilidad en el movimiento de los soldados. El jefe del Movimiento 26 de Julio considera, al llegar la noche, seguir la marcha. Él y sus otros dos acompañantes atraviesan las guardarrayas tras asegurarse que no hay peligro. Andan cuatro kilómetros al Nordeste. Su hermano –Raúl- ha tomado la misma decisión: emprender el camino hacia la Sierra Maestra. En un bohío que divisan no lejos hay soldados. No se acercan. En su diario anota: “(…) a la 1:35 de la tarde partimos rumbo al Este, siempre por los bosques y esquivando los caminos, tratando siempre de encontrar algún bohío por el camino; comimos yuca y maíz crudos y la inevitable y salvadora caña. Oscureciendo nos internamos más en el bosque y nos acostamos”.
Sin haber clareado el día, salen bordeando la orilla del mar Almeida y el resto de los patriotas con él. Al subir el Sol solo han recorrido un kilómetro. Nadie ha desechado el propósito de llegar al sitio previsto por Fidel. Allí se reunirán días después. Solo el desgaste físico los hace llevar un paso lento.
Che narra lo acontecido en las horas transcurrida del día 10: “Al amanecer nos internamos en la selva a buscar agua, conseguimos muy poca. Los que habían comido cangrejo sufrieron mucha sed. De nuevo seguimos por la noche hasta llegar a una bahía que luego supimos se llamaba Boca del Toro. Oímos cantar gallos, esperamos el amanecer”.
Todos los de los tres grupos mencionados enfilan sus pasos, por diferentes caminos, hacia el mismo objetivo.
(Fuente Diario de la guerra. Diciembre de 1956…)
(IX)
Domingo, 11/12/2016 20:57 PM
Martes 11.Tras pasar la noche con las mismas incomodidades de los días anteriores, Fidel, Faustino Pérez y Universo Sánchez, atraviesan sigilosamente entre dos casas donde hay soldados. La Sierra les sirve de referencia en el avance. Arriban al Alto de Conveniencia. Bajando la pendiente viene el río Toro y después ya estarán en el inicio del ansiado objetivo. En la bajada ven como a cien metros otra casa, mas el jefe determina detenerse, aunque aún es de noche. Se turnan para observarla.
Por otra parte, la tropa junto a Raúl internada en el monte se pone en camino en la mañana. A los lejos ven el mar. Llegan cerca de una casa. Un campesino apiña leña. Escuchan el sonido de un radio y patas de caballo y ven un soldado que llevaba algo en la cintura. Oyen voces: “Vengan a comer los seis primeros (…) traigan los platos de campaña”, escribe Raúl. Evidentemente, allí había soldados.
Desconocían que era la vivienda del campesino Manolo Capitán*, que delató a varios compañeros el día 7.
Más adelante, relata: “A la una menos tres minutos nos encontramos frente al último cañaveral, detrás de él la airosa majestad de la Sierra Maestra, nuestra ansiada meta. En cinco minutos cruzamos en línea recta, la única vez que hicimos esto con un cañaveral. (…)
Después de atravesar la caña y una pequeña y estrecha faja de monte, nos encontramos con las primeras fajas o laderas de montañas cultivadas. Vienen a ser algo así como las estribaciones de la Sierra.”
Descansan. Siguen caminado hasta llegar al borde de una pendiente. Prosigue la narración de Raúl: “Después fuimos descendiendo al fondo de la ladera y vinimos a dar a un despeñadero que tenía como unos 700 metros, pero se podía bajar con cuidado (…). Fui el primero en bajar”.
Los combatientes que van con Almeida reciben una inyección de energía al contemplar en la lejanía la Sierra Maestra. Pasados unos minutos ven una casa. Camilo, Che y Benítez se aproximan y regresan a donde está Almeida. Han visto a un soldado. Desechan la idea de ir a pedir agua y comida. Era la de Manuel Fernández, conocido como Manolo Capitán. Ya le había parecido al Che demasiado buena y desde el principio estuvo en desacuerdo en acercarse, pues podía ser amigo de los guardias.
Es pleno día cuando se esconden en la hendidura de una roca. Desde allí contemplan la Boca del Toro y el cambio de la guardia de marinos en un guardacostas. Sienten como si estuvieran encerrados. Ni se mueven. Toman la escasa agua que les queda. Resulta para todos el día más difícil desde la llegada a Cuba.
Al caer la noche salen del escondite. Suben por una de las terrazas del farallón. Comen mazorcas de maíz tierno. El hambre disminuye un poco. Bajan al río. Es ya medianoche cuando están a su lado, se tiran al suelo y meten las cabezas en el agua, toman el añorado líquido hasta saciar la sed..Rebosan las cantimploras, cruzan y empiezan a escalar por el otro lado, por las faldas de la loma del Muerto. En un llano de la pendiente, en un montecito poco poblado, se hace de día.
*Fusilado por traidor en 1957.
(Fuente Diario de la guerra. Diciembre de 1956…)
(X)
Wednesday, 14/12/2016 10:07 AM
Miércoles 12. Tras horas de observación, como a las cuatro de la tarde Fidel pide a Faustino Pérez bajar hasta la vivienda y pedir comida para veinticinco personas. Una treta para despistar. Viven allí Daniel Hidalgo y su esposa, campesinos humildes que sufren los abusos de los dueños y los guardias.
No forman parte de la red creada por Celia para ayudarlos al tocar tierra cubana ni pertenecen al M-26-7. Bastó saber de quiénes se trataba para enseguida ofrecerles de cuanto tenían.
A Universo Sánchez les dan unas alpargatas y puede quitarse la yerba de entre las medias que usaba a modo de botas. Les informan lo escuchado acerca del desembarco y de los asesinatos por parte de los gendarmes de varios expedicionarios. La noticia los entristece. Ya de noche emprenden la marcha.
Un amigo de Daniel Hidalgo los guía por el río Toro, caminos y lomas hasta la de la Yerba.
Neno, hermano de Daniel Hidalgo, hace días da atención a Ernesto Fernández; cuando llega con los campesinos a llevarle el desayuno, encuentran a otros cinco: Raúl y sus compañeros. Regresan y a eso de las dos de la tarde les traen bastante almuerzo y agua. Arriban con él Baldomero Cedeño y Crescencio Amador. También les hablan de los asesinatos de otros combatientes. Lo que queda del día descansan.
“Por la noche decidimos dormir en un platanal que estaba a unos 30 metros más abajo, porque en las piedras no se podía dormir bien”, anota Raúl en su diario. “La noche estaba magnífica, sin frío y sin mosquitos. Vine a dormirme como a las doce. Parece que la digestión me molestaba, ya que hacía días el estómago no trabajaba. Lloviznó un poquito a las 11.”
Quienes van con Almeida, avanzan divididos a fin de no ser sorprendidos. Sobre sus cabezas ven volar a baja altura una avioneta, desde donde, por altoparlantes, escuchan que dicen algo. Seguro no han descartado que haya expedicionarios y los instan a rendirse. Eso significa que hay otros iguales que ellos, sin haber sido detectados.
Nada comen ese día. Prosiguen. En Las Guásimas oyen música de orquesta. Ramiro y Che se aproximan. Escuchan a alguien pedir un brindis por otros debido a su extraordinaria actuación en esos días.
Evidentemente son guardias que celebran haber dado alevosa muerte a patriotas a partir del 5. Ante la evidencia, siguen hacia el alto del lugar adonde están. Caminan muy lento, solo la voluntad les imprime alguna fuerza, pero su estado no le permitirá insistir en el empeño si no prueban alimentos.
Jueves 13. Al fin, Fidel y Raúl, cada uno por su lado, encuentran la red organizada por Celia Sánchez para recibir la expedición del Granma.
El Líder llega adonde viven los hermanos Tejeda, integrantes de esa red. Antes allí habían dado atención a Gino Donne y Rolando Moya (escaparon de la persecución). Rubén Tejeda y Eustiquio Naranjo conducen a Fidel hasta la vivienda de Enrique Verdecia. Este les ofrece comida, poco tiempo después continúan avanzando. Desde la noche anterior han recorrido más de diez kilómetros.
Monta guardia Universo en la entrada de un pequeño campamento en el monte. Ve acercase a un campesino con un cubo en una mano y mira a todas partes. El combatiente le da el alto, registra lo que lleva el recipiente. Es Adrián García, el padre de Guillermo, quien al saber de la presencia de los expedicionarios por la zona salió a llevarles comida. Reconoce a Fidel por las fotos que ha visto en Bohemia hace tiempo, aunque este le da por nombre Alejandro.
Al poco rato muchos vecinos conocen que él está vivo, y esa misma tarde se le presentan unos veinte jóvenes decididos a sumárseles. Accede a recibirlos una vez que estén reunidos y organizados todos los sobrevivientes. Fidel permanece en el mismo lugar, aunque su presencia ya es conocida. Se siente seguro y entre gente de confianza., además espera a un guía para cruzar la carretera de Pilón a Niquero. En este sitio el enemigo tiene tendido su cerco principal.
Raúl y los demás que están con él continúan recibiendo atención de los campesinos. Neno Hidalgo les comunica que circulan informaciones no verificadas de que quizás Fidel este vivo y que ha pasado por la zona. El jefe del grupo pide un práctico para comenzar el avance de nuevo. Escribe en su diario: “(…) Aquí pasamos un día muy contentos y llenos de esperanzas de encontrarnos en la Sierra con Fidel y nuevas aventuras.” Lo planificado no tiene éxito. Anota: “Lamentablemente ya no podemos irnos hoy. No encontraron al guía”.Esa noche los sorprende un aguacero y los empapa.
La pasan –dice-” tiritando de frío y calados hasta los huesos”. Con lo que tienen tapan las armas. Esta vez lo cangrejos le comieron la manga derecha de su camisa.
Les llegó la suerte a Almeida y sus compañeros. Han llegado de noche a una casa amiga, la de Alfredo González, adventista miembro de los campesinos organizados para ayudar a los expedicionarios. Comienza, se lee en las anotaciones del Che: “un festival ininterrumpido de comida”.
Las luces del alba los sorprenden y no pueden continuar camino. Vecinos cercanos, enterados de su presencia, van a verlos. Algunos les llevan más comida. Su aspecto de once días de tantas vicisitudes es deplorable. Una señora –Ofelia- se echa a llorar. “Denle una tacita de café, que ella se ha emocionado al vernos” sugiere el Che.
El argentino redacta en su diario: “Al caer la tarde (del día 12) emprendimos la marcha con rumbo norte y en dirección a un pueblo que luego supimos era Pilón. A la 1 de la mañana, contra mi consejo se fue a un bohío, nos recibieron muy bien y nos dieron de comer, la gente se enfermó de tanto comer. Pasamos el día encerrados. Vinieron a vernos muchos adventistas. (…) Nos enteramos de que hay 16 muertos, 8 de ellos en Boca del Toro, todos asesinados al rendirse. (…) Sabemos que se han entregado 5 compañeros y están vivos. (…) Sabemos que grupos de compañeros han pasado rumbo a las montañas”.
Al hacerse oscuro, ArgelioRosabal y el hijo de Ofelia, Ibrahim Sotomayor, les entregan ropa de campesinos. Les plantean que es mejor dejar las armas, escondidas, hasta tanto puedan recogerlas.
Almeida y Che mantienen sus pistolas ametralladoras. Pablo Hurtado está enfermo y hasta le es imposible pararse Se queda en casa de Alfredo, junto con las armas.
(Fuente Diario de la guerra. Diciembre de 1956…)
(XI)
Jueves, 15/12/2016 13:29 PM
Viernes 14. Guillermo García va al encuentro de Fidel. Le da detalles de todo lo preparado para recibir la expedición, de algunos de los asesinados, capturados o de aquellos que han establecido contacto con los campesinos colaboradores. El jefe revolucionario desea atravesar la carretera de Pilón de inmediato. Ante los argumentos de Guillermo determina esperar al día siguiente, cuando, le dice el recién llegado, el Ejército piensa levantar el cerco.
Luego, en unión de un hijo y un sobrino de Crescencio Pérez –Ignacio y Baurel- el grupo avanza hasta La Manteca. Intercambian opiniones mientras esperan el momento de cruzar la carretera.
Guillermo sale en busca de comida y de seguir localizando hombres del Granma. No obstante la eficiencia demostrada como colaborador y los pormenores dados por Guillermo, el recelo de guerrillero no lo abandona y enseguida suben a una lomita cercana. Desde allí le es posible estar a la mira de cuanto les rodea.
El guía esperado por Raúl no llega, determina continuar. Lo hacen sin Ernesto Fernández, enfermo y con los pies muy lastimados. Al pasar por Las Guásimas conocen de la existencia de guardias y, a campo traviesa, inician el ascenso de las primeras estribaciones de su deseada y esperada meta: la Sierra.
“Seguimos subiendo y bajando hasta las dos de la madrugada, en que completamente exhaustos de cansancio, nos acostamos al lado de un maizal, aprovechando yerba seca que había allí, para hacer un nicho más cómodo que los anteriores”, escribe en su diario, y finaliza: “Creo que nos será difícil localizar a F (Fidel) pero lo lograremos”.
Mientras Almeida, Che, Pancho González y Chao descansan y se alimentan en la casa de Argelio Rosabal, Alfredo González se va de lengua sobre lo sucedido en su casa, alguien lo escucha y avisa a los guardias. Poco después estos se presentan y se llevan detenido a Pablo Hurtado, y junto con él las armas escondidas. Rosabal conoce del hecho por la noche, le avisa a Guillermo, quien más tarde traslada a los compañeros hacia Palmarito, donde vive Carlos Mas. Che continúa anotando en su diario cuanta información van recibiendo y concluye: “De Fidel no hay noticias concretas”. Hasta que el líder no haya cruzado la carretera de Pilón, Guillermo no les dirá que está vivo y avanza hacia la Sierra.
Después de lo acontecido con Pablo Hurtado y por temor a que la guardia registre todas las viviendas, Freddy Sotomayor, hermano de Ibrahim, esconde a Camilo –estaba en su casa- en un pozo ciego, y a Ramírez y Benítez -quienes pernoctaban en la vivienda de Ofelia Arcís- debajo de unos bejucos de guaniquique.
Sábado 15. Día trágico. Capturan a Juan Manuel Márquez en Estacadero.
Desde Alegría de Pío había quedado solo. Sin orientación anda por cañaverales y montes con sed, hambre, fatiga. En San Ramón lo asesinan. El Ejército, creyéndose vencedor, quita el cerco.
A las ocho de la noche Fidel echa a andar, alegre al saber que Guillermo encontró al grupo de Almeida. Llegan a la carretera de Pilón y, con extrema cautela, la cruzan por una alcantarilla.
Avanzan 30 kilómetros, subiendo y bajando lomas, cruzando pequeños ríos, siembras… Alcanzan la cima de la loma de la Nigua. Hacen un alto. Fidel se queda dormido al instante. Es mucha la tensión y el agotamiento de los días transcurridos. Casi han llegado a su destino.
Oculto próximo a una casa en el área de Los Chorros, permanece el grupo de Raúl. Como solo caminan por la noche, al caer la tarde inician el avance. Según lo escrito en su diario, él y Ciro Redondo llegan a un bohío, donde el dueño le dice haber tenido escondidos a dos compañeros, pero era tanta la miseria que solo tenían para brindarles un poquito de frijoles negros que, seguramente, habían guardado para el almuerzo del otro día.
Julián Morales, el campesino que los ha atendido, los lleva hasta una tienda más adelante, donde les dan abundantes víveres. Raúl deja una carta de agradecimiento al dueño, Luis Cedeño, en la que expone la ayuda ofrecida por él para que le sea pagada cuando triunfe la Revolución. El hecho muestra su convicción en el triunfo. Vuelven a lo de Morales y hacen una gran comida. A las nueve de la noche emprenden de nuevo la marcha hacia el nordeste, después al norte, en busca de La Manteca, desde donde había marchado hacía unas horas Fidel para cruzar la carretera de Pilón.
Leemos en su diario: “Seguimos la ruta por trillos, y fue increíble lo que avanzamos en dos horas y media. Llegamos hasta seis kilómetros de Pilón, y ya cuando divisamos sus luces, desde la guardarraya de un cañaveral, nos desviamos hacia las montañas, por las que unas veces caminábamos por trillos y otras por el bosque, hasta que de nuevo encontrábamos otro caminito. La Luna llena de estos días seguía en toda su plenitud”.
En una cueva en el monte han escondido los campesinos a Camilo Cienfuegos, Ramiro Valdés y Reinaldo Benítez. Allí, a pocos kilómetros de la casa de Sotomayor, los siguen atendiendo. A Almeida y Che, quienes permanecen ocultos en la finca de Carlos Mas, les llega esa noche un recado de Guillermo García. Deben mantenerse en ese lugar, les dice, pues ya se ha establecido comunicación con Faustino Pérez.
El Che anota: “Hay indicios de que se va a dar con Alejandro (Fidel)”.A la vez, Almeida manda a decir a Camilo que lo encuentren en Palmarito. Su intención es reunir a todo su grupo y tratar de encontrarse con el resto de los hombres que se hallan a salvo también.
La misma noche del 15 los tres supervivientes salen de la cueva y encaminan sus pasos hacia la casa de Carlos Más.

(Fuente Diario de la guerra. Diciembre de 1956…)

(XII)
Viernes, 16/12/2016 09:29 AM
Domingo 16. Casi a las 7:00 a.m. Llegan Fidel y sus compañeros a la casa de Mongo Pérez. Uno de los prácticos va hacia donde este está y le informa del acontecimiento. Enseguida vuelve, conversan. El jefe insurrecto pide a Guillermo salir en busca de otros expedicionarios y recoger las armas que encuentren o estén guardadas. Entre unas palmas nuevas, en un pequeño campo de caña, cercano, fija el campamento. Descansan. Por primera vez le es posible dormir sin preocupaciones de ser sorprendidos.
El grupo de Raúl se instala en La Manteca después de haber andado la madrugada. Ingieren yuca cruda. Escuchan un tiro. Los ve un niño y cambian la posición. Anota en su diario: ”Tuvimos que bajar por tremendos farallones, y en forma de cadena íbamos pasándonos los rifles y nuestra pequeña jabita, que ya lo único que contenía era un poco de aceite, ajo, sal y un poquito de café, además del machete, algunas laticas vacías”.
Avanzan sin detenerse. Esconden un fusil sobrante. Raúl hace un croquis del sitio donde lo deja a fin de recuperarlo después a través de Guillermo. Agotadora marcha. Ante ellos la carretera de Pilón a cuatro kilómetros de la alcantarilla atravesada por Fidel.
“Salimos a un maizal, nos comimos dos o tres mazorcas crudas –escribe-, y al subir por una cañada, nos topamos con la carretera. Sale Armando a explorar y nos confundió, pues como este tramo era de mejor aspecto, pensó que el anterior era un camino y esta de ahora es la verdadera carretera. Y medio confundidos e incrédulos, volvimos a pasar. Subimos una hondonada pedregosa y debajo de unos arbolitos en un pequeño bosque nos acostamos como a las once de la noche. Aunque teníamos la ropa algo mojada, por lo extenuados que estábamos dormimos enseguida.”
Guillermo regresa para conducir a los siete bajo el mando de Almeida hasta la casa de Mongo Pérez y seguir buscando armas por distintos lugares. Al encontrarse Fidel en un punto protegido, seguro, les corrobora lo que ya pensaban. Anota Che: “Se confirma la presencia de Alejandro. La reunión será en las montañas”.
Lunes 17 El lugar previsto por Celia y demás organizadores de la red para el recibimiento del Granma, entre los campesinos de la zona, es Cinco Palmas, en la finca de Mongo Pérez. Ese engranaje posee varias ramificaciones, todas las cuales acaban en esa propiedad.Raúl y demás expedicionarios cruzan la carretera. Como a un kilómetro van a una casa donde son bien acogidos. El dueño, Santiago Guerra, les brinda comida y se ofrece para ayudarlos a seguir. Él les indica el camino hasta Purial de Vicana, pero eran tantos los que cruzaban, escribe Raúl, “que por fin nos perdimos: también para suerte nuestra”. Avanzada la madrugada han transitado por cuatro kilómetros más allá de donde habían planificado. No saben que llegaron a 1 300 metros de Fidel.
El paso de los hombres de Almeida es lento. Camilo y Ramiro van enfermos del estómago, por eso se quedan en la casa de Perucho Carrillo. Los restantes cinco prosiguen, porque piensan cruzar la carretera de Pilón. Al enterarse de la presencia de soldados por la zona, vuelven y pernoctan en medio de un sembrado de yuca, cerca de donde están sus dos compañeros.
Martes 18. Amanece. Reina la tranquilidad donde está Fidel con sus acompañantes. A eso de las diez de la mañana un muchacho le trae una cartera que le han dejado en la casa de Mongo. Dentro tiene la licencia de conducción mexicana de Raúl. ¡Qué alegría! “¿Dónde está mi hermano?”, pregunta. Y añade “¿Anda armado?” Faustino y Universo se aproximan contentos. Alguien plantea que debe tenerse cuidado no vaya a ser un ardid para coger desprevenido a Fidel.
Este busca una solución. Escribe en un papel al muchacho los apodos de Ernesto Guevara – Che- y el dominicano Mejías –Pichirilo-. Si te los dice bien, ese es Raúl. Así lo hace. Va hasta la vivienda de Hermes Cardero, donde está el grupo de Raúl, y regresa por la tarde contento con una respuesta positiva para el jefe guerrillero, que a partir de entonces es todo impaciencia. Mas, debe aguardarse a la noche para traer a los compañeros, que llegan a medianoche.
Bajo las palmas nuevas del cañaveral de Mongo Pérez – Cinco Palmas- se unen los hermanos en un fuerte abrazo y tiene lugar el histórico diálogo: “-¿Cuántos fusiles traes?, inquiere Fidel.” –Cinco”, responde Raúl.” –¡Y dos que tengo yo, siete! ¡Ahora sí ganamos la guerra!, dice Fidel”. Conversan, se cuentan todo lo que han pasado, inquieren por los demás expedicionarios y hablan sobre el futuro.
Todo el día 18 Almeida y los suyos esperan ocultos en el mismo lugar. Vecinos llegan a saludarlos y ofrecer ayuda. Él piensa seguir avanzando por la noche. Aparece Guillermo con indicaciones de que esperen. El eficientísimo campesino-colaborador se hace acompañar de Chao para ir a recoger unas armas que han aparecido.

(Fuente Diario de la guerra. Diciembre de 1956…)

(XIII)
Lunes, 19/12/2016 12:08 PM
El jueves 20, tras el encuentro de los grupos de Fidel y Raúl en Cinco Palmas, acuden a visitarlos vecinos confiables de la zona, pero desconocen que uno de ellos es el máximo jefe del M-26-7. Charlancon ánimo. Junto a Crescencio Pérez, a quien han mandado a buscar, viene Calixto Morales. Este permanece en el campamento. Fidel envía a Mongo Pérez a Manzanillo y Santiago de Cuba a informar de su llegada a ese lugar, a Celia, Frank y otros dirigente del Movimiento y levarles orientaciones.
En una de sus jocosidades, Raúl le dice a Severo Pérez que “cuando triunfe la Revolución le vamos a hacer un monumento a usted cargando esos tres cubos de comida”. (Se cumplió: en Cinco Palmas existe el
reconocimiento al campesino Severo, su hijo Omar y Crescencio Pérez). Almeida y sus compañeros comienzan a avanzar, de nuevo, en busca de la carretera de Pilón. Lo acompañan Carlos Más y otros dos colaboradores. La atraviesan y marchan hasta Las Cajas.
Fidel conversa con varios residentes en la zona comprometidos con el Movimiento. Raúl expresa: “Tienen una organización bastante buena y estamos perfeccionándola, sobre todo los enlaces y el espionaje.
Cualquier movimiento en todos estos alrededores nos es inmediatamente comunicado”. Esperan por Almeida. Temen que en el último tramo les suceda algún percance. Trasladan el campamento hacia un cafetal tras un campo de caña, donde están aún más resguardados, y además, se acercan a un arroyo, donde podrán darse un buen baño.Nada han ingerido de alimento en todo el día Almeida y sus compañeros.
A las 5 p.m. el jefe del grupo y Benítez salen a buscar comida. Al no aparecer el guía previsto desde Cinco Palmas, después de comer siguen andando con algunas indicaciones de un campesino. En
horas de la madrugada, toman el camino más corto de la loma de la Nigua y llegan al cafetal de Mongo Pérez en la madrugada del viernes 21, donde los esperan Fidel y los otros ocho expedicionarios.
Ahora suman 15 los sobrevivientes del Granma, más Rafael Chao, quien salió con Guillermo a continuar rescatando armas, y Calixto García y Carlos Bermúdez, que esperan la orden de Fidel para incorporarse. Hay otros en camino. Pero ese día solamente existen siete fusiles. El jefe guerrillero, aun cuando prevalece la alegría del encuentro, reprende a los seis nuevos integrantes por haber dejado las armas.
Escribe Raúl: “Los compañeros llegados hoy presentan el mismo aspecto de nosotros hace unos días, cansados y desnutridos. Nos mataron un lechoncito que comimos en fricasé. Ya se vislumbran más esperanzas. Somos 16 contando al H (Crescencio Pérez), aunque no todos están armados, ya que los últimos solo traían una pistola ametralladora. El Che; muy mejorado hasta ahora, tenía esta noche por falta de Medicina, un ataque de asma. Oímos disparos lejanos. Nuestro servicio de información investigó que dos soldados borrachos los dispararon al aire”. Che anota: “Pasamos el día en espera de armas que tienen que
llegar (…) Me da un ataque de asma y paso mal la noche”.
Sábado 22. Cambian otra vez el lugar del campamento. Reciben las armas localizadas por Guillermo y Chao. Este se queda. Apunta en su diario Raúl que llegan “varios campesinos con ocho armas más, envueltas en sacos y una pistola ametralladora, una ametralladora Thompson sin peine. Inmediatamente se limpiaron”. De vuelta Mongo Pérez. Da detalles a Fidel de lo conversado con Frank y Celia. Le entrega ropas, botas, medicinas, …, además de un poco de dinero mandado por ella.Los rodea el cariño de todos los locales de la zona en quienes Mongo ha confiado. “Es admirable cómo se desviven por atendernos y
cuidarnos estos campesinos de la Sierra, apunta Raúl. Toda la nobleza y la hidalguía cubana se encuentran aquí”. El domingo 23 hace siete días del arribo de Fidel, Universo y Faustino, pero el líder determina
seguir esperando por la incorporación de más expedicionarios, rescate de otras armas y el contacto directo con el M-26-7 en el llano.
En lo redactado por Raúl se lee: “Pasamos el día normal. Por la tarde se dio una falsa alarma de presencia próxima de soldados. La mayoría reaccionó bien. Algunos hubo rezagados. La maniobra, por la seriedad que se rodeó, quedó bien”. Al rato de transcurrido el ejercicio sorpresivo indicado por el jefe, arriban Enrique Escalona, Rafael Sierra y Eugenia Verdecia, enviados desde Manzanillo. Cien balas, tres fulminantes y nueve cartuchos de dinamita trajo la mujer debajo de su saya.
Ellos dan cuenta a Fidel de la actividad del Movimiento y él les imparte nuevas disposiciones. Hace hincapié en la urgencia de armas y parque para mayor desarrollo de los planes y el aumento de los combatientes. Se van por la noche. Los acompaña Faustino a quien él da instrucciones de ir para La Habana a reorganizar el M-25-7 y llevarles sus indicaciones a los jefes clandestinos. Se las da en Santiago a Frank, Armando Hart, Vilma Espín, Haydée Santamaría y María Antonia Figueroa.
(Fuente Diario de la guerra. Diciembre de 1956…)

Publicado en Tribuna de la Habana Por Argentina Jiménez

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