La Huelga del 9 de abril de 1958 (*)

clipart-bandera-cubana-8241-png ¨La Revolución tuvo muchos días tristes, la Revolución tuvo el fracaso del ataque al Moncada, la Revolución tuvo el fracaso del ataque al Goicuría, la Revolución tuvo el fracaso de la insurrección de Cienfuegos, del desembarco del Corynthia, del ataque al Palacio Presidencial, de la dispersión de los expedicionarios del “Granma” y de la huelga frustrada del 9 de abril. No fue el triunfo del pueblo un triunfo fácil. Muchas veces tuvo que sufrir nuestro pueblo la humillación de la derrota y la represión que siguió a cada una de aquellas derrotas. Fidel Castro¨ (**)

Por: Mario Mencía

Parte I 
Ante la imposibilidad de exponer brevemente una crónica abarcadora de los sucesos relacionados con la Huelga del 9 de abril de 1958, cuya re­creación y valoración integral aún faltan en nuestra historiografía, solamente me propongo modestos objetivos: ofrecer un mínimo de información básica, esbozar varias reflexiones en torno a aquel acontecimiento y, de paso, rechazar algunos dudosos criterios que todavía se dan como ciertos casi medio siglo después:
· Que la Huelga del 9 de abril estaba avalada como método por la huelga de agosto de 1933.
· Que lo ocurrido el 1ro de enero de 1959 demuestra la eficacia del método huelguístico para el derrocamiento de la segunda dictadura batistiana.
· Que a principios de 1958 el régimen dictatorial estaba debilitado a tal punto que podría ser liquidado mediante la huelga general.
· Que Fidel Castro tuvo una concepción invariable de la huelga general, y que esta se diferenciaba de la que se asigna esquemáticamente al resto de la dirigencia del MR­26­7 en el llano.
· Que los dirigentes todos del MR­26­7 en el llano sostenían una uniforme e invariable concepción respecto a la huelga general y a la lucha armada en las montañas.
· Que únicamente la dirección del Movimiento en el llano apreció con excesivo optimismo el resultado que tendría la huelga en aquel momento.
· Que factores como la falta de unidad con otras fuerzas antibatistianas fueron suficientes para provocar por ellos mismos el fracaso de la huelga.
Al mencionar la Huelga del 9 de abril me estoy refiriendo a uno de los más importantes planes concebidos para su realización al unísono en todo el país, y que formaba parte del proyecto estratégico insurreccional del Movimiento Revolucionario 26 de Julio desde su integración.
De hecho, el 9 de abril se hicieron coincidir un sinnúmero de paros obreros, patronales y profesionales, acciones armadas y sabotajes de diverso carácter y dimensión en gran parte del territorio nacional. Su resultado en combatientes caídos en acción, apresados, torturados, asesinados, dispersos y exiliados desarticularon sensiblemente el movimiento clandestino.
Hasta donde he podido llegar en los cómputos, 83 revolucionarios perdieron la vida en las ciudades: 1 en Mariel, Pinar del Río; 3 en Matanzas; 4 en Ciego de Ávila, provincia de Camagüey; 14 en Oriente (16,8%), todas en Santiago de Cuba; 27 en Las Villas (32,5%), 14 en Sagua la Grande, 7 en Santa Clara, 3 en Ranchuelo y 3 en Santo Domingo; y 34 en La Habana, el 41,0%, (23 en la capital, incluido Marianao, 7 en El Cotorro y 4 en Güines).
Distintas versiones hacen ascender las pérdidas de vidas de los revolucionarios desde 93 hasta más de 100, pero ninguna ha podido sustentarse —hasta donde conozco— con los nombres de los que cayeron, dónde sucedió y cuándo ocurrió. La cifra de 83 que reporto está respaldada por lugares, fechas y los correspondientes nombres; menos el de un desconocido que murió combatiendo en Sagua la Grande.
Esta cifra de 83 incluye a tres jóvenes milicianos que cayeron la noche del 3 al 4 de abril en Santiago de Cuba, durante un enfrentamiento que duró horas contra las fuerzas represivas, cuando fueron cercados en una casa de la carretera de Cuabitas donde se encontraban acuartelados ya para su participación en la huelga, razón por la que se consideran caídos en ella. (1)
Aún si se incorporaran al cómputo los 13 combatientes que cayeron del Ejército Rebelde en acciones planificadas para apoyar la huelga (2), 5 de la Columna 1 al mando del Comandante en Jefe y 8 del II Frente Oriental “Frank País”, comandado por Raúl Castro, el número aumentaría solo a 96. De los combates realizados con ese fin por el Ejército Rebelde, los que se efectuaron en el poblado de El Cobre el día 11, por tropas del III Frente Oriental “Mario Muñoz” bajo el mando personal del Comandante Juan Almeida Bosque, y los de la ciudad de Guantánamo el día 13 por rebeldes del II Frente y milicianos del MR­26­7, fueron los únicos que ejercieron efecto directo y provocaron el paro general revolucionario por efectuarse en zonas urbanas aunque ya muy tarde, los días 11 y 13 de abril, respectivamente.
En abril de 1958 acababan de cumplirse seis años del golpe militar reaccionario del 10 de marzo. Desde 1952 se habían producido notables acontecimientos revolucionarios en el país. Entre muchos otros, en 1953, el fallido plan de la toma del campamento de Columbia por el Movimiento Nacional Revolucionario el 5 de abril y el asalto a los cuarteles del ejército en Santiago de Cuba y Bayamo, el 26 de julio. En 1955, la excarcelación de Fidel Castro y los demás moncadistas presos, la integración del Movimiento Revolucionario 26 de Julio, la fundación del Directorio Revolucionario; tres grandes protestas y huelgas obreras, la ferroviaria, la bancaria y la azucarera. En 1956, la denominada conspiración militar de “los Puros” el 4 de abril, el asalto al cuartel “Goicuría”, de Matanzas, 25 días después; el cierre de la Universidad de La Habana el 27 de noviembre, que se sostendría durante 25 meses hasta el derrocamiento de la tiranía, y el inicio de la guerra a final de ese año. Y en 1957, el ataque al Palacio Presidencial y la caída con 24 combatientes más del máximo dirigente de la FEU y del Directorio Revolucionario, José Antonio Echeverría, el 13 de marzo, seguida por el asesinato de su sucesor, Fructuoso Rodríguez, el 20 de abril; la masacre de 16 de los expedicionarios del yate Corinthia, incluido su jefe Calixto Sánchez White, el 28 de mayo; la caída de Frank País el 30 de julio; el alzamiento civil militar del 5 de septiembre en Cienfuegos; y el asentamiento en noviembre de un destacamento del Directorio Revolucionario 13 de Marzo en el Escambray.
En abril de 1958, el Movimiento Revolucionario 26 de Julio abarcaba con variable grado organizativo la totalidad del territorio nacional, se extendía ampliamente en el extranjero, y era capaz de asestar fuertes golpes a la tiranía, ganando día a día más apoyo popular. El Ejército Rebelde del Movimiento 26 de Julio había ganado importantes combates, incrementado su efectividad militar frente al ejército enemigo, abierto segundo y el tercer frentes orientales y comenzaba a tener creciente control en algunas de las área Con la rectoría de Fidel, el Movimiento 26 de Julio y el Ejército Rebelde asumían el papel protagónico en el acontecer nacional, presionando definiciones y determinando posiciones —por antagonismo o aproximación— de las organizaciones políticas y revolucionarias y sectores y fuerzas sociales.
El accionar mismo de la tiranía quedaba cada vez más en dependencia de las iniciativas revolucionarias, concretando su riposta a un incremento de la crueldad represiva, sin que por esto pudiese cumplir su objetivo de liquidar a las fuerzas opositoras ni doblegar la rebeldía del pueblo.
Una rápida observación de varios de los más sobresalientes acontecimientos que venían sucediéndose en el país en los meses anteriores a abril de 1958, basta para confirmar esas aseveraciones.
El 22 de octubre ocurría la espectacular fuga de once de los combatientes que se encontraban presos en el Castillo del Príncipe, entre ellos Sergio González López, “El Curita”, el más destacado e influyente jefe de grupo de acción del Movimiento en la capital en aquel momento.
Dos semanas después, la noche del 8 de noviembre, se hacían estallar más de cien bombas en La Habana. Centro de este impactante despliegue de propaganda armada, coordinados por “El Curita” actuaron decenas de hombres y mujeres del aparato de Acción y de las Brigadas Juveniles y Estudiantiles dirigidas por Gerardo Abreu “Fontán”, sin que se produjera la detención siquiera de uno solo de los participantes. El conmocionante suceso comportó previamente peligrosas operaciones de un buen número de combatientes que se dedicaron a la obtención de los explosivos, niples, detonantes, las mechas, al traslado de todos esos materiales desde distintos lugares hasta donde se confeccionaron los artefactos, y su posterior distribución a quienes los harían explotar. Fue una obra maestra del trabajo clandestino.
Antes y después, las pequeñas acciones de sabotaje a tendidos eléctricos y telefónicos, a las líneas férreas, el uso de fósforo vivo en comercios, paraderos de ómnibus, talleres y fábricas, así como alteraciones del orden público por mítines relámpago, la pintura de consignas en paredes, distribución de volantes e infinidad de otras acciones eran cotidianas en todo el país. A ella vendría a agregarse la quema de cañaverales desde diciembre con el inicio de la zafra azucarera, actividad esta que se incrementaría en los tres siguientes meses.
Al comenzar 1958, el derrocamiento de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez en Venezuela, el 23 de enero, tuvo gran repercusión en Cuba. Varios años de lucha del pueblo venezolano habían desembocado en una insurrección popular ­militar culminada en huelga general.
Pero el Movimiento 26 de Julio también sufría reveses. El 10 de enero de 1958 el Coordinador Nacional, Armando Hart Dávalos “Jacinto” , era capturado por efectivos del ejército y, junto a él, Javier Pazos Vea y el Secretario Nacional de Propaganda del Movimiento de Resistencia Cívica, el médico Antonio Buch Santos “Vila”, cuando bajaban de la Sierra Maestra después de una reunión con el Comandante en Jefe.
La Dirección Nacional del 26 de Julio quedaba forzada así a una nueva y urgente reorganización. Marcelo Fernández Font “Zoilo”fue elegido Coordinador Nacional, y Enzo Infante Uribazu “Bruno” pasó a cubrir Propaganda, en tanto que Celia Sánchez Manduley “Norma” era incorporada al ejecutivo como Delegada de la Sierra en calidad de enlace con el llano, aunque se mantenía al lado del Comandante en Jefe. La restante dirigencia nacional quedaba sin alteración: Faustino Pérez Hernández “Fausto”y“Ariel”, Coordinador de La Habana, Vilma Espín Guillois “Deborah”, Coordinadora de Oriente, René Ramos Latour “Daniel”, Acción, Haydée Santamaría Cuadrado “Carín” y “María”, Finanzas, David Salvador Manso “Mario”, Obreros, en lugar de Antonio Torres Chedebau “Ángel”, quien estaba enfermo y debía someterse a una operación quirúrgica. A finales de marzo, Haydée sería designada Responsable de la Sección de Suministros al Ejército Rebelde, y Manuel Suzarte Paz “Martín” pasaría a ser el financiero nacional.
El Movimiento de Resistencia Cívica debió ser igualmente reestructurado. José Antonio Aguilera Maceiras “Cervantes”, su Secretario de Organización, quien al mismo tiempo fungía de Secretario General interino desde que Ángel María Santos Buch partió hacia los Estados Unidos en noviembre de 1957, cubría ahora en propiedad la máxima responsabilidad. Enrique Ortega Arza pasaba a la secretaría de Organización, Antonio Ravelo Nariño se encargaba de Propaganda y Emilio Catasús Rodríguez “René”continuaba como Tesorero, responsabilidad que desempeñaba desde el inicio del MRC. Los cuatro eran de Santiago de Cuba. (3) El ingeniero civil Manuel Ray Rivero “Pedro”, Responsable de La Habana, fue incorporado al ejecutivo nacional como quinto miembro y Secretario Adjunto. (4)
El 25 de enero, día mismo en que un comando clandestino hacía trasmitir por el potente Circuito Nacional de Radio un sorpresivo mensaje del 26 de Julio denunciando los crímenes del régimen, se producía la voladura de uno de los grandes tanques con 400 000 galones de gasolina de alto octanaje de la refinería Esso Belot, de la Standard Oil Company, en el lado este de la bahía habanera. Las enormes llamas y la tromba de humo que se elevaba hacia las nubes, fueron perceptibles a gran distancia durante tres días.
El 4 de febrero, en circular dirigida a los “Comandantes provinciales de las Milicias del Movimiento 26 de Julio”, “Daniel” informaba la puesta en vigor de un reglamento con las medidas a implantar para la transformación de los grupos de acción y sabotaje en una estructura militar jerarquizada así como los procedimientos disciplinarios. (5)
El 7 de febrero ocurría la primera gran pérdida irreparable de ese año: el apresamiento, tortura y asesinato de “Fontán”. Fundador con “Ñico” López de las Brigadas Juveniles y Estudiantiles, había sido su máximo organizador en La Habana.
Al siguiente día, procedentes de la Florida, arribaban a Nuevitas los expedicionarios del Scapade.
Encabezados por el Secretario General del Directorio Revolucionario 13 de Marzo, comandante Faure Chomón Mediavilla, venían con un importante alijo de armamento, una parte del cual fue llevado para el Escambray y el resto hacia La Habana, con vistas a promover acciones armadas coincidentes con una huelga general que también integraba la estrategia del Directorio.
Numerosos hechos de variable magnitud e importancia se sucederían en febrero y marzo de 1958, como la quema de cinco ómnibus interprovinciales Santiago­ Habana realizada por uno de los comandos del fuerte grupo de Acción de Efraín Liriano Alfonso “Cheché”, en su estacionamiento de la capital, el asalto de las oficinas de la Cámara Nacional de las Compensaciones Bancarias del Banco Nacional en La Habana por un grupo del “Curita”, donde se les dio fuego a los cheques y otros documentos que reflejaban conciliaciones por unos 87 millones de pesos, y otras muchas acciones a las que no puedo referirme en aras del espacio disponible. Solo mencionaré brevemente cuatro de ellas.
El secuestro del campeón mundial de automovilismo, el argentino Juan Manuel Fangio, el domingo 23 de febrero, lo que impidió su participación en la carrera que habría de efectuarse como principal atractivo por el 24 de febrero. Fue una impecable operación de propaganda armada, planeada por Faustino Pérez y ejecutada por Oscar Lucero Moya “Noel González”(6)y un pequeño grupo armado en un hotel del centro de la capital. La noticia recorrió el mundo a través de las agencias internacionales de prensa, las que se vieron obligadas a reflejar la situación de guerra revolucionaria aquí existente.
El 24 de febrero se escuchaba por primera vez el impresionante “Aquí Radio Rebelde, desde la Sierra Maestra, Territorio Libre de Cuba”, que noche tras noche, hasta el 1ro de enero de 1959, esperaría ávidamente el pueblo. A la adquisición, traslado y montaje de los equipos y la planta eléctrica para su funcionamiento se habían dedicado muchos recursos económicos y el trabajo de numerosos compañeros de la clandestinidad, igual que al equipamiento y materiales para la edición e impresión en la Sierra Maestra de El Cubano Libre, y los talleres artesanales que también estarían a cargo del Che.
Iniciado en los institutos de Segunda Enseñanza número 1 de La Habana y el de Camagüey el 28 de febrero, a lo que siguió el asesinato de dos alumnos en Santiago de Cuba el 3 de marzo, día mismo en el que van al paro las Escuelas Profesionales de Comercio de La Habana, Marianao y Morón y el Instituto de esta última ciudad, el cese de actividades se generaliza ya el 4 de marzo a todos los centros secundarios del país, en seguimiento al llamado del Frente Estudiantil Nacional. (7) La huelga general así iniciada en este sector duraría hasta avanzado el mes de abril, e incluiría a todos los planteles de enseñanza privada incluidas algunas de sus universidades. (8)
El lunes 3 de marzo, uno de los comandos de “Cheché Alfonso”, mandado por Juan Borrell, ajusticiaba en la Habana Vieja a uno de los más connotados jefes de los delatores a sueldo de la policía.
Esta apretada síntesis de sucesos conformaba la atmósfera política y revolucionaria predominante en el ámbito urbano el 10 de marzo de 1958, cuando se reunieron con Fidel en El Naranjo, Sierra Maestra, losmiembros de la Dirección Nacional del Movimiento que radicaban en el llano (9), y se decidió convocar al pueblo para la huelga revolucionaria.

 NOTAS:
 1. Este párrafo y el siguiente no figuraban en la versión oral .
 2. Tres perdieron la vida el 8 de abril en el combate de San Ramón; exactamente el 9 de abril, en las primeras horas de la madrugada del 8 al 9, cayó el capitán Ciro Frías Cabrera, en el frustrado intento de tomar el cuartel de Imías, en la costa sur entre Guantánamo y Baracoa; el día 10, dos combatientes mueren en El Pozón, Manzanillo; y el 13, siete en tres acciones del II Frente.
 3. Santos Buch, médico y propietario de un laboratorio farmacéutico; Ortega, médico cardiólogo; Catasús, dentista y profesor de inglés del Instituto de Segunda Enseñanza; Ravelo, contador público y profesor de la Universidad de Oriente; y Aguilera Maceiras, pedagogo y Superintendente Provincial de Escuelas.
 4. Ver José María Cuesta Braniella: La Resistencia Cívicaen la guerra de liberación de Cuba. Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1997.
 5. René Ramos Latour: a “Comandantes provinciales de las Milicias del Movimiento 26 de Julio”, febrero 4de 1958. Firma Daniel, Comandante en Jefe de las Milicias del Movimiento 26 de Julio. Fondo René Ramos Latour, documento 263, Archivo de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado de la República de Cuba, en lo adelante OAH.
 6. Antes había utilizado los pseudónimos Omar Sánchez, Narciso Montejo y Héctor García (Renán Ricardo Rodríguez: El héroe del silencio, Editora Política, La Habana, 1986).
 7. Manuel Graña Eiriz: Clandestinos en prisión, obra inédita.
 8. Ricardo Alarcón de Quesada: Intervención en el Panel Testimonial del Primer Seminario “La lucha revolucionaria en La Habana”, patrocinado por la filial provincial de la Unión Nacional de Historiadores de Cuba, la Asociación Nacional de Combatientes de la Revolución Cubana de La Habana y el Comité Provincial de Ciudad de La Habana del Partido Comunista de Cuba, efectuado en el Teatro “Manuel Sanguily” de la Universidad de La Habana, en noviembre de 1988. Transcripción en archivo de Mario Mencía.
 9. En el encuentro con Fidel participaron Marcelo Fernández, “Daniel”, Haydée, David Salvador, Aguilera Maceiras, Faustino, Vilma y Celia. No estuvieron Enzo Infante y Manolito Suzarte

Parte II
Concepción de la huelga general revolucionaria
El recurso de la huelga general revolucionaria había estado en el centro del proyecto revolucionario de Fidel aún antes de la integración del Movimiento 26 de Julio. Formaba parte de sus planes desde los días del asalto al Moncada, y a partir de su salida del reclusorio de Isla de Pinos se integraba explícitamente a su estrategia para el derrocamiento de la tiranía y la toma del poder.
Este aspecto está claramente expresado en sus escritos de esa época: “Insurrección armada, secundada por una huelga general revolucionaria y un sabotaje completo de todos los medios de comunicación del país en el momento de la acción”, definió en carta del 17 de septiembre de 1955 al Frente Cívico de Mujeres Martianas. (1) Obsérvese que ambos factores se conciben actuantes a un mismo tiempo, huelga general y acción armada, solo que la huelga debe secundar a la acción armada.
En los dos factores principales que conforman el centro de su proyecto cuenta con el pueblo. Esta era la esencia de su pensamiento político desde siempre. Mas, ahora, no habla simplemente de lucha armada sino de insurrección armada, lo que equivale a la acción del pueblo con las armas en las manos; esto, a principios de 1958, se representaba principalmente en el Ejército Rebelde y las Milicias de Acción del 26 de Julio; y, por otra parte, al referirse a una “huelga general revolucionaria” está claro que se trata de la incorporación de la organización celular obrera, juvenil y profesional del propio Movimiento 26 de Julio, en primer lugar, y del resto de las masas populares, al enfrentamiento contra la tiranía.
El papel interinfluyente de esos dos factores, insurrección y huelga, había sido aclarado por Fidel en un trabajo que publicó en Bohemia el 10 de noviembre de 1955, en el que tomaba distancia respecto a los fracasados métodos de los años treinta: “El episodio del Hotel Nacional, donde se refugió la oligarquía militar responsabilizada con el machadato —decía Fidel—, no puede compararse ni moral ni históricamente con el ataque al Cuartel Moncada; ni tampoco el combate de Atarés que fue el choque de los movimientos surgidos de la revolución anti­machadista. La Huelga de Marzo [de 1935] fracasó porque no fue unida a una insurrección armada como era lo correcto”, terminaba aseverando. (2)
Dos meses después de su llegada en el Granma, el 20 de febrero de 1957, Fidel esclarece el orden en el que ubica a la huelga general, en un manifiesto de 12 páginas que equivale al primer documento programático de la Sierra Maestra, en uno de cuyos fragmentos se lee:
“El Movimiento Revolucionario 26 de Julio lanza al país las siguientes consignas:
1. Intensificar la quema de caña en toda la zona azucarera para privar a la tiranía de los ingresos con que paga a los soldados que envía a la muerte y compra los aviones y las bombas con que están asesinando a decenas de familias en la Sierra Maestra (…)
2. Sabotaje general de todos los servicios públicos y de todas las vías de comunicación y transporte.
3. Ejecución sumaria y directa de los esbirros que torturan y asesinan a revolucionarios, de los políticos del régimen que con su empecinamiento y terquedad han llevado al país a esta situación y todo aquel que obstaculice la culminación del Movimiento Revolucionario.
4. Organización de la resistencia cívica en todas las ciudades de Cuba.
5. Intensificación de la campaña económica para atender a los gastos crecientes del Movimiento.
6. La Huelga General Revolucionaria como punto culminante y final de la lucha”. (3)
En la etapa preparatoria de la guerra, sin embargo, la única dirigencia del Movimiento dentro del país que no solo había adoptado esta concepción sino que actuó en función de concretarla fue la de Oriente. Bajo las orientaciones y el trabajo de Frank País y Léster Rodríguez sería esta la única provincia donde se estructuró debidamente el frente obrero. No es de extrañar así que —mientras en otros lugares se produjeron paros aislados en unos pocos centros de trabajo—, el 30 de noviembre de 1956 en Santiago de Cuba y Guantánamo se produjera una huelga general, la que se manifestó parcialmente en las demás localidades orientales.
En el segundo trimestre de 1957, después del combate de El Uvero, Frank envía más de una carta a Fidel en la que le expone que considera que existen determinadas condiciones que lo hacen pensar que la huelga general es posible en un plazo inminente. En aquellos momentos, a diferencia de cómo pensaba antes de la guerra, el Comandante en Jefe se muestra cauto, opina que es necesario valorar bien las condiciones, y esperar a que estas se manifiesten con mayores evidencias.
Otros compañeros de la Dirección Nacional del Movimiento ya estaban actuando también en esa misma dirección. El 17 de mayo de 1957 Faustino Pérez, Armando Hart y Carlos Franqui, presos en el vivac del Castillo del Príncipe, en una comunicación al dirigente obrero de La Habana José Pellón Jaen, jefe de la Sección Obrera provincial del Movimiento, clandestino desde el 30 de noviembre de 1956, le informan que sería conveniente efectuar “una reunión urgentísima” de los responsables obreros del 26 de Julio de las provincias a fin de estrechar relaciones con diversos sectores obreros y otras organizaciones revolucionarias y políticas, y considerar “la conveniencia de crear un Comité Unido de Lucha para dirigir la huelga general, y comités en sectores y centros de trabajo netamente obreros.” Los comités obreros debían ser lo más amplios posibles. Había que activar muy urgentemente el trabajo de células en cada centro, con la consigna de agitar, propagar y organizar la huelga y de inmediato sacar “alguna propaganda sobre la huelga.” La importancia y el carácter perentorio que se le asignaba a tal tarea quedan evidenciados en el último párrafo de la comunicación: “Es la hora de las grandes decisiones. Ahora o nunca. Sobre ustedes pesa una gran responsabilidad histórica. Si sabemos aprovechar la oportunidad la victoria será nuestra muy pronto.” (4)
Sin embargo, ningún documento de la clandestinidad es tan explícito en enaltecer el papel de la huelga revolucionaria como el informe de Frank a Fidel el 7 de julio de 1955, en el que relata el arduo trabajo de restructuración del Frente Obrero del Movimiento a partir de Oriente hacia el resto país, provincia por provincia, hasta dejar constituida una Dirección Nacional Obrera, todo en función de viabilizar la huelga revolucionaria. A ese escrito pertenecen los siguientes fragmentos (5):
Siempre se ha hablado de HUELGA GENERAL pero con los aprestos guerreros se descuidaba una y otra vez este aspecto o se trabajaba en él sin fe y de una forma inefectiva. Era necesario inyectar este sector, darle el impulso que necesitaba y se comenzó por Oriente. Ahora la situación ha cambiado, se ha visto que la HUELGA GENERAL es posible, que es necesaria, que es tan importante trabajar en esto como en ACCIÓN y se ha hecho. Existe en este momento una DIRECCIÓN PROVINCIAL OBRERA con sus DIRECCIONES MUNICIPALES funcionando a todo pulmón y con bastante independencia económica y propagandística. (6)
Era necesario que el mismo trabajo se realizara en toda la ISLA y se constituyó una DIRECCIÓN NACIONAL OBRERA que daría la pauta y marcaría el día de la HUELGA GENERAL. Para ello se comenzó con un EJECUTIVO GESTOR que en este caso es el de Oriente, que ya ha organizado en la misma forma de aquí a Camagüey y Santa Clara. (7)
En este momento los delegados de ese EJECUTIVO están en Pinar Del Río, Habana y Matanzas para crear donde no haya, unir donde haya ya algo hecho y llevar la idea y los proyectos del trabajo nacional. (8)De acuerdo con nuestros planes en un mes deben estar creadas y unidas nacionalmente todas nuestras organizaciones obreras. Ese es el momento de hacer efectiva la DIRECCIÓN NACIONAL OBRERA. El EJECUTIVO GESTOR pasaría a serlo en dirigencia y su COORDINADOR, miembro de la DIRECCIÓN NACIONAL DEL MOVIMIENTO (…) En todas las DIRECCIONES OBRERAS hay secciones de SABOTAJE para apoyar en ese momento la acción nacional que se va a desarrollar. Dada la importancia y lo crucial de la misma estas secciones son de militantes del 26. (9)
Igual estructura, a partir de un Comité Gestor, Ejecutivo Gestor, y Dirección Nacional, estaba orientando Frank para reorganizar el Movimiento de Resistencia Cívica:
Inmediatamente después de logradas las DIRECCIONES NACIONALES OBRERAS Y DE RESISTENCIA, pasarán delegados especiales de estas a formar un COMITÉ DE HUELGA cuyo trabajo sería más amplio (…) El objetivo de los delegados de nuestras organizaciones sería el de acoplar todas las figuras, sectores y organizaciones cívicas, políticas, religiosas, comerciales y obreras en un COMITÉ DE HUELGA que tendría visos de no parcializado al 26 pero que desarrollarían los hechos en el momento propicio que nosotros planeamos (…) El papel de los cuadros de acción es también importante y los estamos barajando inteligentemente. (10)
El asesinato de Frank tres semanas después repercutiría desfavorablemente en la debida marcha de todo este plan reorganizativo, sobre todo, del sector obrero del 26 de Julio. Asimismo, la caída de Frank el 30 de julio desencadena una huelga general en Santiago de Cuba que se amplía a toda la provincia de Oriente y se extiende parcialmente por el resto del país, incluida La Habana —el 5 de agosto— donde no puede consolidarse. Este acontecimiento hizo vislumbrar que existían condiciones para la incorporación masiva del pueblo a las huelgas de carácter político, de una parte; y, de la otra, que había un nivel organizativo y movilizativo mayor que el real en el Movimiento 26 de Julio que le permitiría impulsar con éxito un evento de esa naturaleza. No se tuvo suficientemente en cuenta el carácter espontáneo y la elevada carga emotiva que dio origen a ese paro, lo cual equivaldría a un serio error de apreciación.
Preso José Pellón en La Habana, después del frustrado alzamiento militar popular del 5 de septiembre de 1957 en Cienfuegos, llega a la capital Octavio Louit Venzant, como delegado del Ejecutivo Rector Obrero, para responsabilizarse con el trabajo obrero en esta provincia; con una amplia experiencia en estas tareas, de Guantánamo había pasado a organizar sucesivamente Santiago de Cuba, todo Oriente, Camagüey, Las Villas, Pinar del Río y Matanzas.
La tónica que Frank había orientado impartir al trabajo entre los obreros se centraba en la mayor amplitud para la integración de los trabajadores de todas las procedencias políticas en una sola estructura que, sin necesidad de manifestarlo expresamente, estaría bajo el control del Movimiento 26 de Julio. La fachada de tal organización sería la formación de amplios Comités de Huelga. Falta por corroborar si el trabajo que desarrollaron todos los dirigentes obreros y del resto del Movimiento en las provincias y municipios se llevó a cabo cumpliendo estrictamente esas indicaciones, pero hay indicios de que en general no fue así.
En la Dirección Nacional, Armando Hart sí le otorgó importancia según trasciende de una carta que le envía a Fidel dos meses y medio después de la caída de Frank, en la que se lee:
(…) seguiremos una orientación parecida a cuando empezamos el trabajo de Resistencia Cívica, que ha dado por resultado que hoy en día están aglutinándose y trabajando por la Revolución y hasta para el Movimiento gentes que nunca hubieran entrado directamente a trabajar con nosotros. Entre los Comités de Huelga por una parte y el Movimiento de Resistencia Cívica por otra se vertebrará, fundamentalmente, todo lo referente al Paro General, cuya propaganda se hará de esa forma, es decir como Paro, pues lo que se persigue no es específicamente la Huelga Obrera sino la paralización completa del país.
Y concluía Hart:
Además, así tendrá mucho más fuerza. Todo esto son experiencias del Paro de principios de agosto. (11) En definitiva, en los meses siguientes se conformaría el Frente Obrero Nacional (FON), encabezado por la Dirigencia Nacional Obrera del 26 de Julio a la que fue incorporado David Salvador Manso, azucarero camagüeyano que no contribuyó precisamente al carácter amplio que Frank pensó insuflarle a los comités de huelga. El FON se instituyó para la preparación de la huelga general revolucionaria. Igualmente, y con ese mismo fin, se organizaría el Frente Estudiantil Nacional.
De esta manera, el desarrollo concreto del enfrentamiento a la dictadura estimulaba en la dirigencia del Movimiento 26 de Julio soluciones ajustadas al variable ritmo y a las particularidades que iban manifestándose en el proceso mismo de la lucha. Claro que esto fue posible en la medida en que desde un principio se contó con una clara y definida estrategia: la insurrección armada popular. Su expresión armada era el Ejército Rebelde en el ámbito rural y las Milicias de Acción en el escenario urbano. El Frente Obrero Nacional, el Movimiento de Resistencia Cívica y el Frente Estudiantil Nacional venían a ser los vehículos dinámicos sociales para la participación del resto del pueblo en la insurrección; el MRC, el FON y el FEN eran, pues, resultados naturales de la puesta en práctica de una sola estrategia.

 NOTAS:
 1. Carta de Fidel Castro Ruz a “Mi admirada amiga” [Carmen Castro Porta], Septiembre 17 de 1955 [México], firma Fidel Castro. Fragmento tomado de “Carta de Fidel Castro a Carmen Castro Porta”, Carmen Castro Porta: La lección del Maestro, pp. 91­96, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1990.
 2. Fidel Castro: “Sirvo a Cuba. Los que no tienen el valor de sacrificarse”, revista Bohemia, La Habana, Año 47, Nº 47, 20 de noviembre de 1955, p. 59.
 3. “Manifiesto Al Pueblo de Cuba”, firmado en la Sierra Maestra el 20 de febrero de 1957. Fondo Fidel Castro Ruz, documento 96, Oficina de Asuntos Históricos.
 4. Faustino Pérez, Armando Hart y Carlos Franqui: Carta a “Querido Pepe” [José Pellón Jaen], Mayo 17/57. Fondo Faustino Pérez Hernández, Cuaderno 2, folio 4, Oficina de Asuntos Históricos.
 5. Frank País García: Carta a “Estimado Alejandro” [Fidel Castro], Santiago de Cuba, 7 de julio de 1957, firmada “POR LA DIRECCIÓN NACIONAL DEL M­26­7, David”. Fondo Frank País García, documento 91, Oficina de Asuntos Históricos. Se ha respetado la ortografía original.
 6. Ibídem.
 7. Ese Ejecutivo Gestor Obrero lo integraban Antonio “Ñico” Torres Chedebau, ferroviario de Guantánamo, Coordinador; Asterio Pelayo Hernández Pérez, “El Isleño”, azucarero de Palma Soriano, Responsable de Sabotaje; José de la Nuez, “Basilio”, telefónico de Santiago de Cuba, Responsable de Propaganda; y Jorge Gómez Vera, “El Mudo”, bancario de Santiago de Cuba, Responsable de Finanzas.
 8. Los Delegados del Ejecutivo eran “Ñico” Torres y Octavio Louit Benzant “Bejerano” — después “Cabrera”—, ferroviario de Guantánamo.
 9. Ibídem.
 10. Ibídem.
 11. Armando Hart Dávalos: Carta a “Querido Alejandro” [Fidel Castro] Santiago de Cuba, Octubre 16/1957, firma “Darío”. Fondo Armando Hart Dávalos, documento 25, Oficina de Asuntos Históricos.

Parte III y final

Unidad y diferencias en el plano insurreccional
A lo largo del tiempo algunos han opinado que los combatientes de la clandestinidad concebían la lucha solamente en el ámbito urbano, con la acción de las guerrillas en la Sierra Maestra como un factor emblemático de la rebeldía y como garantía para la culminación revolucionaria del proceso insurreccional.
Quienes así piensan hacen abstracción de dos cuestiones fundamentales: que no puede hablarse de los combatientes de la clandestinidad como un todo único, uniforme, con idéntica forma de pensar y de actuar; y que los procesos históricos no son estáticos, van desarrollándose en ajuste a la propia dialéctica de los acontecimientos, debido a lo cual una misma persona puede pensar y actuar de manera distinta con el transcurso del tiempo. Olvidar estas realidades ha configurado el esquema de que únicamente fueron los combatientes de la clandestinidad quienes promovían y confiaban en la huelga general a finales de 1957 y principio de 1958, y que se la impusieron —como si esto fuese posible— al Comandante en Jefe.
En aquellos momentos la potencialidad de la huelga general como factor para el derrocamiento de la tiranía también parece haber sido apreciada en demasía por algún alto mando del Ejército Rebelde. Los siguientes fragmentos y el rango de quien los suscribe así lo demuestran:
(…) Todos estaban de acuerdo en que los acontecimientos se precipitarían para principios de abril, pues el Manifiesto de la Sierra (1) había encendido la chispa y la huelga era una cosa inevitable por la agitación reinante en el país (…) El miércoles 26 de marzo me reuní con los Jefes de las demás Unidades y trazamos los planes finales, estábamos tan optimistas que le pusimos Operación Omega. (2)
Un año después del inicio de la guerra, cuando ya esta se había transformado de veloces acciones de guerrilla nómada a movimiento de columnas, en su conocido documento del 14 de diciembre de 1957 en el que repudia el denominado Pacto de Miami, Fidel opone a la todavía prevaleciente teoría del putsch de los auténticos “la tesis de la huelga general sostenida por el Movimiento 26 de Julio” que él ha elaborado y ajustado. (3)
De ahí que, en medio de la serie de acontecimientos que estaban estremeciendo el país, a principios de 1958 la decisión de desatar la huelga general revolucionaria pasó a ocupar un primer plano. Se consideraba entonces tan favorable el clima de efervescencia política, tan evidentemente débil al régimen y tan suficientemente fuerte al Movimiento, que la dirigencia del 26 de Julio creyó que había llegado el momento en el que podría derrocarse a la tiranía mediante la huelga general.
Otro importante aspecto directamente relacionado con esta temática —y que no puede ser excluido de un estudio a fondo— es el de los escenarios de la lucha, asunto del cual también se han estereotipado ciertos criterios maniqueístas. La distorsión se genera en el tratamiento reduccionista que se aplica al hecho objetivo de que es en el llano o en las áreas urbanas donde necesariamente puede desatarse la insurrección popular y, en ella, la huelga general; pero esto no implica, en absoluto, que el llano se erija necesariamente en contrapartida de la guerra en las montañas, como algunos han pretendido.
Lo cierto es que la alta dirigencia del Movimiento en las montañas y en el llano concebía ambos escenarios y formas de lucha como un mismo proceso. El punto nodular de esta cuestión gira en torno al peso que pudo haberse asignado, en distintos momentos, a estos dos escenarios, en concordancia con lo que en cada uno de ellos estaba ocurriendo.
El Comandante Raúl Castro, por ejemplo, analizaba así este asunto en abril de 1958:
Ante un movimiento de huelga general poca cosa podíamos hacer en el orden bélico con nuestras fuerzas [a 20 días de la constitución del II Frente] sino dar más bien apoyo moral a la misma en determinada zona [Guantánamo]. En vista de la situación lo fundamental sería la huelga y nuestras fuerzas pasarían a un plano secundario (…) (4)
El pensamiento de muchos de los integrantes del Movimiento 26 de Julio en los primeros tiempos de la guerra se refleja, sin duda alguna, en este fragmento de la carta que seis meses después de fracasar la huelga Faustino dirigiría desde la Sierra Maestra a Armando Hart, quien estaba preso en Isla de Pinos, donde se refiere a los últimos acontecimientos que se estaban desarrollando, y recuerda los meses inmediatos posteriores al arribo del Granma. Dice Faustino:
En verdad jamás creí en la posibilidad de lo que he visto, y ese era uno de nuestros principales errores de apreciación al conceder a la lucha en la Sierra poco más que una importancia simbólica, y no percatarnos de su importancia militar. Aún recuerdo que le dije a Fidel cuando vine con Mathews [febrero de 1957] que lo importante es que ellos no pudieran ser detenidos, que se metieran en el fondo de una cueva, pues bastaba con saber que él permanecía [allá] para nosotros poder hacer el resto. (5)
Mas, esa situación, referida al tercer mes de la guerra, cuando la primera columna guerrillera era muy débil y deambulaba sin dominar ningún territorio, no impidió entonces ni después la coexistencia de ambas concepciones. El Movimiento Revolucionario 26 de Julio se había integrado para el derrocamiento de la tiranía, la toma del poder y el desarrollo de la revolución. Una vez iniciada la guerra, toda la actividad estuvo en función de su sostenimiento y ampliación. De lo que no se percataron muchos al principio, como diría Faustino a Hart en la carta citada, es que el Ejército Rebelde iba a erigirse en el eje rector de esa guerra y que, por tanto, devendría históricamente el factor determinante del curso de la insurrección.
Esta concepción, sin embargo, no era rígida, cerrada, ni puede verse como un elemento característico del combatiente urbano. Por un lado, la actividad fundamental del Movimiento —en el país y en el extranjero mediante el Frente Externo— estuvo en función logística del Ejército Rebelde, de su fortalecimiento en armas, hombres, avituallamiento, equipamiento de diversa índole y sostén económico; y por otro lado, la dirigencia del Movimiento tampoco estuvo ajena a iniciativas para su actuación en el escenario rural, aparte del permanente envío de hombres hacia las montañas.
Al ocurrir el arribo del Granma, en diciembre de 1956, el Movimiento hizo llegar a Fidel por intermedio de Celia Sánchez diferentes partidas de dinero que sumaron 6 000 pesos en unos pocos días de ese primer mes de guerra. (6) El aporte económico no se detendría jamás, así como todo tipo de ayuda. Tres meses después, en marzo de 1957, ya Frank le enviaba a Fidel el primer refuerzo de 50 hombres armados; con estos, además de un importante cargamento de armas procedente de La Habana —las no utilizadas por el comando de apoyo del Directorio Revolucionario en el asalto al Palacio— que el Movimiento 26 de Julio también le hizo llegar poco más tarde, la Columna 1 atacaría y tomaría el cuartel de El Uvero el 28 de mayo.
En los fondos documentales de Armando Hart, Faustino Pérez, Frank País, René Ramos Latour, y otros dirigentes dentro y fuera del país, abunda la información que demuestra cómo este soporte económico y material fue constante, aún a expensas de increíbles sacrificios de las necesidades más perentorias de la clandestinidad.
Pero hay más. Otro aspecto no siempre muy recordado avala esta realidad. Los planes y esfuerzos de los dirigentes del llano para iniciar operaciones guerrilleras fuera de las zonas urbanas y establecer nuevos frentes.
No debe olvidarse que el mismo 30 de noviembre de 1956, se pretendió abrir un frente en la Sierra de los Órganos, Pinar del Río, tres días antes de la llegada del Granma. Ese mismo día, en el otro extremo del país, se asentó en la Sierra de Canasta, Guantánamo, una columna al mando de Julio Camacho Aguilera “Carlos Jordán”. (7)Y en el centro de la isla comenzó a operar el comando armado de Víctor Bordón Machado en las zonas suburbanas y rurales en torno a Santa Clara.
En febrero de 1957, cuando Faustino hace su segundo viaje a La Habana después del inicio de la guerra, viene con el propósito fundamental de reclutar hombres y acopiar equipamiento bélico para la apertura de un frente en el Escambray. Los sucesos del apartamento de la casa de 5ª y A en el Vedado, donde fue apresado gran parte de los hombres de acción que sostenían los sabotajes en la capital, con su secuela adicional de la pérdida de un alijo de armas en San Miguel de Padrón que habían sido trasladadas sucesivamente del reparto Mulgoba a 5ª y A, más el aprisionamiento mismo de Faustino por la policía el 19 de marzo, dieron al traste con ese propósito.
Tres meses después, el 28 de mayo, abortó en Cienfuegos el primer proyecto del Movimiento para tomar el enclave naval de Cayo Loco, ocupar las armas e irse hacia el Escambray.
Apenas transcurrido un mes, el 30 de junio, día mismo en que caían en las calles de Santiago de Cuba Josué País García y Floro Vistel Somodevilla, abortaba el plan elaborado por Frank para abrir un segundo frente de guerra al norte de la provincia de Oriente. Fue cuando el ejército sorprendió en la zona del Central Miranda a los militantes del 26 de Julio que allí se concentraban, con el resultado de su dispersión, la caída de un combatiente y la pérdida de las armas.
Una vez más, al producirse el alzamiento del 5 de septiembre de 1957, el Movimiento en Cienfuegos tenía prevista la marcha hacia el Escambray. A pesar de haber controlado la ciudad durante varias horas, la falta de unidad de criterios cuando aún había tiempo todavía para hacerlo impidió la marcha hacia las montañas de las fuerzas revolucionarias.
Los esfuerzos en esa dirección no se detuvieron, y a la altura de abril de 1958 el Movimiento 26 de Julio operaba con pequeños grupos armados en la periferia de numerosas áreas urbanas, principalmente en Oriente, Camagüey, Las Villas y Matanzas.
El mismo 9 de abril de 1958 René Ramos Latour, Jefe Nacional de las Milicias de Acción del Movimiento, al frente de medio centenar de combatientes y con las mejores armas que tenía en Santiago de Cuba asaltaba el cuartel de Boniato. Esta columna se asentaría en la región de la Gran Piedra y, bajo el mando de Belarmino Castilla Mas “Aníbal”, tomaría el cuartel de Ramón de las Yaguas 20 días después y se incorporaría posteriormente al Segundo Frente Oriental Frank País, todavía en estado de incipiente organización.
Posibles causas del revés
La Huelga del 9 de abril de 1958 constituyó el más costoso revés a escala nacional de las fuerzas revolucionarias durante el proceso insurreccional contra la segunda dictadura batistiana. La estructura organizacional del Movimiento 26 de Julio se desarticuló especialmente a nivel de la Dirección Nacional y de la provincia de La Habana, y requeriría varios meses para recuperar la eficiencia y la intensidad de su accionar colectivo.
El enorme salto cuantitativo y cualitativo de su organización al crear el Movimiento de Resistencia Cívica, el Frente Obrero Nacional y el Frente Estudiantil Nacional, la espectacularidad de su propaganda y los impactantes golpes propinados por comandos de acción en el segundo semestre y primeros meses de 1958 conformaron el espejismo de la posibilidad de un fulminante triunfo insurreccional urbano.
Ese criterio tomó fuerza adicional con acontecimientos de masas como la huelga por el asesinato de Frank en agosto de 1957, el respaldo popular al alzamiento civil–militar del 5 de septiembre, y el paro nacional estudiantil que se inició en febrero de 1958, a los que se agregó la concertación de las denominadas organizaciones cívicas, profesionales y religiosas para alzar su voz y pedir la salida de Batista.
Todo esto llevó a hiperbolizar la capacidad de movilización del 26 de Julio y el potencial de sus efectivos de Acción y Sabotaje, con abstracción de la limitada fuerza real que entonces tenía el Ejército Rebelde, mientras en proporción exactamente inversa se minusvaloró la capacidad operacional del aparato militarpolicíaco­represivo de la tiranía en las ciudades y poblados, donde permanecía intacto en aquel momento.
Entre las principales razones que se adujeron entonces como causales del fracaso, Faustino Pérez definiría las siguientes el 13 de abril de 1958: 1. Falta de clima previo a producir por una serie de hechos violentos que hicieran que el paro no fuera más que la culminación lógica del mismo. 2. Método inadecuado para la convocatoria. Por querer mantener en secreto la fecha no se pusieron los cuadros a funcionar en todos los sectores. 3. Escasa intensidad que presentó el sabotaje eléctrico y de las plantas de radio, cuando se esperaba la supresión total de ambos servicios. 4. La actitud un poco cerrada que se mantuvo frente a la posibilidad de coordinación o colaboración por parte de otros factores. (8)
A esas causas Marcelo Fernández agregaría otras nuevas el 21 de abril: 1. Falta de organización interior de los cuadros, especialmente Obreros, Acción y Resistencia. 2. Existencia de una mentalidad errónea en el sentido de que el papel de los obreros se circunscribía a recogerse en sus casas, sin participar activamente en la huelga. 3. Dificultad en la comunicación radial que se suponía mantuviera en contacto a las provincias con el Comité Nacional de Huelga. (9)
Aunque algunas de las razones que entonces se enumeraron (como la falta de comunicación con provincias y la no concertación adecuada de la unidad con otras fuerzas en el sector obrero) en mi opinión carecen en realidad de peso determinante, llama la atención, sin embargo, que otras consideraciones no se hayan tenido en cuenta —ni entonces ni después— como las posiciones un tanto rígidas que unos pocos mantenían entonces en cuanto a los escenarios de la lucha y al método para llevarla adelante, al que ya me referí antes. Sería el Che quien escribiría retrospectivamente en el año 1962 de esas dos cuestiones. Pero, en cuanto al escenario, absolutizando el criterio de que la dirigencia en el llano únicamente concebía la lucha en las ciudades; y, en lo referente al método, sin reconocer la carga de subjetividad que lo llevaban también a él a cometer errores de apreciación y a mantener una conducta hostil respecto a la dirección del Movimiento 26 de Julio fuera de la Sierra Maestra.
En la perspectiva del tiempo transcurrido algunas otras consideraciones aparecen como omisiones.
¿Cómo explicar que Daniel saliera el mismo día de la huelga hacia las montañas con una columna de milicianos armados en dirección geográfica opuesta a donde había que ganar la huelga? Cuando se determinó convocar la huelga, ¿se consideró que ella sería suficiente para provocar la caída de Batista?
¿Qué cantidad de días de huelga se hubiera necesitado para quebrar al régimen? ¿Cómo hubieran accedido al poder las fuerzas revolucionarias con el Ejército Rebelde confinado todavía a las montañas orientales y el aparato policíaco­militar de la tiranía todavía intacto? ¿Solo la huelga hubiera sido suficiente para obligar al ejército, la marina, la policía y demás cuerpos represivos a entregar sus cuarteles y fortificaciones, polvorines, naves aéreas, marítimas y terrestres, y armas y demás medios de guerra?
En tanto se consideró que la huelga general solo podría tener éxito nacionalmente si triunfaba en La Habana. ¿Se tuvo en cuenta la desarticulación sufrida por una gran parte de los efectivos de acción y sabotaje con la reciente pérdida y encarcelamiento de algunos de sus principales cuadros en La Habana?
¿Por qué se siguió adelante sin resolver previamente los problemas de organización, los recelos entre determinados cuadros y la exclusión de otros a la hora de la acción, la inviabilidad de los planes de sabotaje, y la falta casi absoluta de armamento en la capital? ¿Se confió realmente en que el alijo bélico que llegaría en El Corojo (no más de 60 fusiles) sería suficiente para armar a los combatientes capitalinos, paralizar la vida económica, laboral y social de La Habana e inmovilizar a las fuerzas armadas de la tiranía aquí asentadas?
La presencia de estos y otros problemas que se alzaron contra la ejecución del plan estratégico general, llevan a inducir que a la huelga general revolucionaria se le asignó un desmesurado carácter protagónico activo que no podía tener por sí misma en aquel momento, como no lo había tenido antes ni lo tendría después.
Más, no insistiré en esa dirección hasta poder darle el tratamiento requerido en una obra mayor, en la que pueda reflejar una investigación minuciosa y un análisis exhaustivo.
Pero no es necesario esperar esa ocasión para definir la esencia medular de aquel acontecimiento: su concordancia con la vocación patriótica y con la tradición de heroísmo del pueblo cubano. A pesar de la falta de recursos, en todo el país se produjeron paros y acciones de diversa índole, enfrentando a fuerzas mucho más poderosas. Ningún grupo tuvo el armamento mínimo que requería. La inmensa mayoría ni siquiera pudo contar con un arma corta de pequeño calibre. Muchos, capturados en las casas de acuartelamiento donde esperaban las armas para salir a cumplir las misiones que les encomendarían, fueron torturados y asesinados. Solo en Madruga, Sagua la Grande, Santiago de Cuba y Guantánamo, las milicias de Acción mantuvieron el dominio de las calles hasta el segundo día, y únicamente en los dos últimos lugares la huelga pudo sostenerse hasta el 11 y el 13 de abril, respectivamente.
Esto es lo digno de destacar. Porque más que por todos los tropiezos que se alzaron en su contra, la huelga del 9 de abril pasa a nuestra historia como uno de los momentos liminares en los que avanzadas de la vanguardia hacen derroche de espíritu de lucha, decisión, coraje y valentía.
Por sobre cualquier otra consideración, el 9 de abril devino factor acelerante de la derrota del régimen y del triunfo de la Revolución. La tiranía creyó que había aniquilado a las fuerzas revolucionarias en todas
las zonas urbanas del país y arremetió contra el baluarte de la Sierra Maestra y las montañas del noreste oriental, cometiendo un doble error que precipitaría su derrocamiento. En consecuencia, el 9 de abril se inscribe así, como el 26 de julio de 1953, el 30 de noviembre y 2 de diciembre de 1956, como el 13 de marzo y el 5 de septiembre de 1957 en Cienfuegos, por solo mencionar algunos más, entre los acontecimientos que jalonan de gloria el camino de nuestra liberación nacional.

 NOTAS:
 1. Se refiere al manifiesto “Al Pueblo de Cuba”, más conocido como “Manifiesto de los 21 puntos”, fechado el 12 de marzo de 1958 en la Sierra Maestra. Lleva las firmas de Fidel Castro y Faustino Pérez. Fondo Fidel Castro Ruz, documento 1281, OAH.
 2. Raúl Castro Ruz: Diario de Campaña. Ejército Revolucionario “26 de Julio”. Segundo Frente Zona Norte. Columna No. 6 “Frank País”. Comandancia. Informe No. 1, 20 de abril de 1958, 7:00 A.M. Fondo Raúl Castro Ruz, documento 89, OAH.
 3. Fidel Castro: “Señores dirigentes del Partido Revolucionario Cubano, Partido del Pueblo Cubano, Organización Auténtica, Federación Estudiantil Universitaria, Directorio Revolucionario, Directorio Obrero Revolucionario”, Sierra Maestra, dic.[iembre] 14 de 1957, firma Fidel Castro Ruz. Copia manuscrita por Celia Sánchez Manduley. Fondo Fidel Castro Ruz, documento 157, OAH.
 4. Raúl Castro: Diario de Campaña, Informe N˚ 1, citado.
 5. Faustino Pérez: Carta a “Dr. Armando Hart”, Sierra Maestra, Oct.[ubre] 3/958, firma “Fausto”. Fondo Faustino Pérez Hernández, Cuaderno 6, folio 54, OAH.
 6. Celia Sánchez: Cuaderno personal con las primeras anotaciones del inicio de la guerra. Fondo Celia Sánchez Manduley, documento 26, OAH.
 7. Después “Jacobo” y “Gastón”.
 8. Faustino Pérez: Carta a “Querido Zamora y demás compañeros” [de Miami], La Habana, Abril 13/58, firma F. Fondo Faustino Pérez Hernández, Cuaderno 3, folio 18, OAH.
 9. Marcelo Fernández: “Circular de Organización” CO­3, Santiago de Cuba, Abril 21/58, A “los Coordinadores Provinciales y a los Responsables Nacional de Secciones”. Firma: “Zoilo” Coordinador Nacional. Tiene un cuño con la siguiente leyenda: Libertad o Muerte —26 de Julio— Dirección Nacional. Fondo Marcelo Fernández Font, documento 42, OAH.

* Conferencia impartida en el Teatro “Manuel Sanguily” de la Universidad de La Habana el viernes 16 de septiembre de 2005, dentro del ciclo de temas históricos de ese año patrocinado por el Club Martiano “Faustino Pérez” y la Casa de Altos Estudios “Fernando Ortiz”.

(**) Discurso pronunciado por el Comandante Fidel Castro Ruz, Primer Ministro del Gobierno Revolucionario, con motivo de conmemorarse el Primer Aniversario de la Huelga del 9 de Abril, en la Alameda de Paula, el 9 de Abril de 1959. (**). Fotos y párrafo del discurso incluídos por el editor de esta página web.

Fuente: CUBARTE (Publicado en tres partes entre el 9 y el 16/04/2014)

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