Palabras de homenaje a Celia

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DISCURSO DEL COMPAÑERO FAUSTINO PÉREZ HERNÁNDEZ, MIEMBRO DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA, DURANTE EL ACTO CELEBRADO EN EL PALACIO DE LA REVOLUCIÓN, EL 11 DE ENERO DE 1985
Compañeras y compañeros:
Siempre nos es difícil hablar de lo entrañable. A veces nos sucede que, de lo que se puede decir mucho, solemos hablar poco. Hoy hablaremos poco.
Lo sencillo y lo lntimo, lo natural y hermoso, lo vital y espontáneo, llevan en sí mismo la elocuencia de su significado, y ese es el marco propio para evocar a Celia.
Para quien, entre las muchas virtudes que adornaron su vida, se destacó por su compañerismo solidario, por su exquisito buen gusto, por su sensibilidad ante lo bello y muy particularmente por las formas sencillas y cubanas de lo bello, y además por ser una apasionada de la historia, este es un acto lleno de simbolismo y significación.
El ejemplo, el aliento y la enseñanza qtre brotan de nuestros héroes, ha sido y es una de las más formidables armas con que ha contado nuestro pueblo a lo largo de su lucha ya más que centenaria. La cercanía y la presencia cotidiana de esos héroes nos estimula y nos enseña, su compañía nos fortalece y compromete. Mucho más aún en días como estos de magnas conmemoraciones, en los cuales el acercamiento parece borrar el episodio de Ia muerte.
Martí nos enseñó que ,”La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida…”, y pocas veces se nos presenta tan cabal la certeza de esa frase, como en el caso de esta grande y a la vez entrañable compañera y hermana que hoy nos congrega. Presente siempre con su ejemplo de total entrega y lealtad infinita a Cuba, a  la revolución y a Fidel, Celia jámas ha dejado de estar entre nosotros. Si acaso hoy, aniversario de su partida física, su presencia se torna más cercana, más ejemplar, más comprometedora.
Pero con ella nos encontramos cada día y a cada paso. Su huella creadora está presente y viva en incontables lugares de toda Cuba. Si vamos a la Comandancia de La Plata o a cualquier lugar de la Sierra Maestra, allí sentimos su palpitante compañía, si visitamos el parque “Lenin”, allí está su presencia inevitable e inconfundible; y así en Turiguanó y en La Güira, en el Palacio de las Convenciones y en Guamá, en el Campamento de Pioneros y en Cayo Largo, en incontables lugares y obras de beneficio social y popular. Este propio Palacio de la Revolución está marcado por su sello personalísimo. Tal parece que continúa aquí entre nosotros como siempre, ocupándose de lo grande y de los detalles, como en cada obra suya en que puso su empeño, su corazón y su vida.
Hablar de Celia es hablar de la revolución misma. Es hablar de su pueblo patriota que nunca dejó morir a Martí ni a Céspedes, ni a Agramonte, ni a Maceo, ni a Gómez, del pueblo revolucionario que no ha dejado morir a sus héroes y que no dejará morir jamás a Celia.
Cuando en el año 1953, la Generación del Centenario rescató al Maestro en el Moncada, Celia lo llevó a lo alto del Turquino como anticipación magnífica de la gesta que comenzaría tres años después en esas propias montañas.
Hablar de Celia es hablar de toda la lucha que condujo al triunfo de la revolución y es hablar también de la gigantesca batalla que comenzó con la victoria del 1ro de Enero. Ella está presente y es parte de cada avance, de cada éxito, de cada peldaño ascendido por nuestro pueblo. Su aliento está presente en cada victoria e incluso en el dolor de cada revés está su dolor, y junto con él su imperturbable confianza en la siguiente victoria, su inalterable confianza en el pueblo y en Fidel.
Con inspirada anticipación, con el rigor y el celo de quien se siente hacedor y custodio de la historia, Celia conservó todas las notas y documentos que hoy guarda la Oficina de Asuntos Históricos como un tesoro testimonial de la revolución misma, escrita al paso, por quienes la hicieron.
Numerosos lugares podrán ser y serán hoy como este, marco del homenaje que le rinde su pueblo en este quinto aniversario de su partida. En cualquier lugar de la patria se podrá encontrar este mismo amor por su recuerdo, este mismo compromiso ante su ejemplo.
Nos toca a los trabajadores de este centro el privilegio de grabar su querida imagen en este hermoso relieve surgido de la maestría,la dedicación y el amor del joven escultor Abdalá Jalil.
Admiraremos cada día su presencia cariñosa y firme como invitándonos a continuar siempte adeIante.
Honremos su recuerdo siendo continuadores de su ejemplo, siendo merecedores de haberla tenido a nuestro lado. Hagámosla vivir por siempre con nosotros en nuestra lucha, en nuestro esfuerzo, en nuestro empeño revolucionario, en nuestra entrega, confianza y lealtad con Cuba y con Fidel.
Compañeras y compañeros:
Cada época, cada año, cada momento traen su reclamo y tienen sus exigencias. El esfuerzo y el sacrificio de todos los que han luchado hicieron posible nuestro presente pródigo en realizaciones y posibilidades. Hoy, quizás más que nunca antes, se requiere de la participación de todos en la gran batalla por el futuro, en la gran batalla por la defensa y la producción, por el ahorro y la eficiencia.
Fidel ha dado la orden de ofensiva en la guera económica de todo el pueblo y en ella está también entre las primeras combatientes la compañera Celia.
Junto con ella enfrentemos victoriosamente esta batalla de hoy. Cada uno en nuestro puesto de trabajo, en nuestra trinchera.  Junto con Celia, venceremos.
Celia, Heroína de la Revolución Cubana
Publicado por Editora Politica / La Habana 1985
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