El duro oficio de ser Hombre por Arnol Rodríguez

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“Haber tenido la oportunidad de contar con la amistad de Faustino Perez, constituye de por sí un permanente mensaje de integridad, firmeza, confianza en el futuro y ternura.

Mas de una vez, al verlo actuar y conversar con el, me vino a la mente aquello de José Martí que leí, siendo niño aún, acerca del oficio de ser hombre.

Mantengo frescos en mi memoria los últimos meses de su vida y recuerdo, con bastante claridad, aquellos años de insurrección cuando nos conocimos, y que gran cosa, no hay diferencia en la conducta de aquel Faustino y este que acaba de dejarnos físicamente.

Cuando ya pasaba de los 72 años y después de haberse enfrentado a las más diversas dificultades a lo largo de su existencia, todo en Faustino seguía siendo, en lo esencial, exactamente igual.

Era extraordinariamente responsable ante cada una de las tareas que tenía por delante, ya fueran inherentes a su cargo o sencillamente se tratara de alguna encomienda de los muchos compañeros que constantemente acudían a el.

En uno de sus relatos de guerra, el Che nos trae una breve muestra del Faustino valiente y arriesgado, al describir el instante en que, herido el, este acude a su lado como médico para auxiliarle, pero también como combatiente que, de rodillas junto a el, se enfrenta a los tiros con los tiros.

Pienso en el Faustino de aquellos meses de 1957 y 1958 en la muy complicada Habana insurreccional y hoy, con el valor de la reflexión que sólo se alcanza en la distancia de los años, se engrandece su imagen al constatar como supo realizar su tarea de coordinador del 26 de Julio con inteligencia, persistencia y valor, mucha honestidad, comprensión con las actitudes de todos y extraordinario estoicismo ante resultados adversos.

Son muchas las anécdotas y vivencias, todas con sentido constructivo, que pudiéramos decir de el y que, estamos seguros habrán de recogerse y difundirse como corresponde. Pedro Miret lo dijo en la despedida de duelo, Faustino constituye una vida que debe conocerse.

Pienso en el amigo y compañero, y me viene a la memoria cuando nos sorprendía un domingo o cualquier otro día festivo para invitarnos a ir a ver a algún compañero enfermo, o alguno otro que lo había estado localizando sin poder dar con el.

Lo recuerdo en el seno de su familia, en su hogar, y de inmediato me viene a la mente la austeridad con que vivía y el rigor que se exigía a sí mismo.

Faustino tenía la virtud de ver y vivir la vida en positivo, no importa cuán difícil fuese una circunstancia. Tenía presente lo negativo que pudiera haber, pero exaltaba el lado bueno de casa cosa y de cada persona. Este rasgo era casi automático en su proceder.

Por ahora, y en espera de la necesaria biografía de su rica personalidad, que alguno de sus muchos amigos historiadores habrá de hacer, digamos que supo ejercer en todo momento de su intensa y vital existencia el nada fácil oficio de ser hombre.”

 

Publicado en el periódico Juventud Rebelde el 27/Diciembre/1992.

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