René Ramos Latour (Daniel), combatiente de primera línea por la libertad de Cuba

clipart-bandera-cubana-8241-png

Por Armando Hart Dávalos

Correo desde la Isla de la Dignidad

img_1347784367_2216e9184ef17de40f03 Comandante René Ramos Latour (Daniel)

Al recordar a Daniel, no puedo olvidar el papel que jugó en los primeros días de enero de 1958, cuando al bajar de la Sierra Maestra me detuvieron los guardias de la tiranía, porque si aún estoy vivo es en primer lugar gracias a su increíble audacia en la dirección de la operación que impidió el crimen que la dictadura se propuso cometer contra mí, desde el momento mismo de mi detención. Es por ello que en mi libro Aldabonazo pude escribir que la solidaridad de nuestros combatientes en el Llano y la movilización de la opinión pública, bajo la certera dirección de Daniel, me salvaron la vida. Él orientó la ejecución de las tareas con tal precisión que logró el objetivo, y se obtuvo una victoria sobre la tiranía.

Escribo estas líneas a más de cincuenta años de aquellos hechos, con gratitud eterna a todos los que se interesaron, esforzaron y lograron evitar el crimen; de manera muy especial lo hago a los entrañables combatientes del Movimiento 26 de Julio, simbolizados en Daniel, y a los amigos del Movimiento de la Resistencia Cívica.

También en el referido libro Aldabonazo publiqué una carta de Daniel a Fidel, explicándole todos los detalles de mi captura y lo que se proponía el Movimiento; en esa carta, podemos aquilatar mejor su estatura como líder y combatiente revolucionario.

Meses más tarde, justamente el 30 de julio de 1958, Daniel cayó combatiendo heroicamente por la libertad de Cuba, en el Joval, en la Sierra Maestra, en una acción de guerra, cuando sólo faltaba un breve tiempo para el triunfo de la Revolución. Su vida revolucionaria es de las que me hace recordar la observación del periodista H. Matthews cuando afirmó que Batista no sabía el tipo de hombre que se le estaba enfrentando, sin ese tipo de hombre no se puede hacer una Revolución.

Faustino Pérez, mi entrañable compañero de tantas luchas, desde la Sierra Maestra, tras la muerte de nuestro querido hermano escribió un valioso texto titulado Muerte de Daniel, el 12 de agosto de 1958. Por el valor de lo escrito por Faustino, en medio de aquellas dolorosas circunstancias, lo entrego aquí, a los lectores de POR ESTO!, como homenaje a estos dos grandes hombres de la historia de Cuba:

 

“Muerte de Daniel,  por Faustino Pérez

A los valientes y abnegados compañeros y compañeras de Santiago:

“Ha caído Daniel”, con él pierde el movimiento a uno de sus recios valores, la Revolución se ve privada de un combatiente de primera línea, una columna de la Cuba futura. A nosotros se nos fue un hermano. Por mi dolor sé de vuestro dolor, pues el mismo nace de la común identificación, cariño y admiración que le teníamos. Hacía un año exacto de la caída de aquel otro gigante del sacrificio y de la Revolución, de su hermano mayor, de quien él fue su mejor sustituto: Frank País.

Radio Rebelde se proponía dedicar el programa de ese día a rendir tributo al gran líder de la juventud revolucionaria en el primer aniversario de su muerte y le participamos que él no podía estar ausente en tal momento y que le esperábamos allí personalmente. Pero los imperativos de la lucha nos hicieron coincidir en el frente de batalla el día 29 por la tarde. Se le veía contento por las perspectivas de la victoria y evidenciaba su alegría con aquella risa franca y limpia que le brotaba con la espontánea sinceridad con que pensaba, se expresaba y luchaba. Me manifestó su satisfacción por el curso de la lucha y por el espíritu combativo y disciplinado de los muchachos que comandaba.

A la caída del bravo capitán Paz, sus hombres quedaron a las órdenes del comandante Daniel, como todos le conocían aquí y en los demás sectores clandestinos del país, aumentando así su columna hasta 150 hombres. Nos separamos al amanecer del día 30. Habíamos caminado toda la noche junto al Comandante en Jefe del Ejército Rebelde y unos 500 combatientes, desde El Salto y Providencia, lugares donde había terminado el combate anterior, hasta Arroyón, donde libraría el próximo combate. Era el día 30: “sobresaliente día en el Santiago revolucionario”. Frank, Josué, Pepito Tey, Otto, Tony Alomá, Raúl Pujol, etc. Llevaban nuestro recuerdo agradecido, emocionado, adolorido. Las circunstancias no nos permitían rendir más tributo que nuestra entrega a la causa por la que ellos cayeron donde quiera que las mismas nos colocaran. Y allí estaba Daniel, en pensamiento, corazón y brazo, honrando a sus hermanos ya idos, pero que parecían asistirle en la pelea. Sí, estaba en primera línea, pero no podíamos imaginar que el destino en otro de sus misteriosos y trágicos designios le tuviese hecha cita para incorporarlo en breve al ya numeroso ejército de los héroes y mártires de este proceso doloroso, donde se forja un porvenir más alto y feliz para nuestra patria y nuestra América.

La noticia de que estaba herido comenzó a circular por todas las partes, dando lugar a que nosotros nos movilizáramos urgentemente con el afán ansioso de encontrarlo, pero la búsqueda resultó infructuosa. […] A la mañana siguiente la terrible noticia se extendió; ya no cabían dudas ni esperanzas. Todos lo decían con dolor: El comandante Daniel ha muerto; nuestro compañero y hermano caía en pleno combate por la libertad y la Revolución en pleno auge de sus capacidades cuando más falta nos hacía para la obra de creación futura y de lucha presente.

Le conocimos durante un año: Frank, el líder extraordinario y Jefe Nacional de Acción, había sido asesinado y se imponía la difícil tarea de nombrar sustituto para el cargo vacante. No le conocíamos a él y los compañeros de la Dirección Nacional habían pensado en mí para tan espinosa empresa. Santiago, y Oriente en pleno, se levantaban con el grito indignado de huelga en la garganta, proyectándose sobre toda la nación que se solidarizaba en la lucha y el dolor con la indómita y atormentada tierra de los Maceo. Las orientaciones dadas por los compañeros de Santiago fueron correctas. En La Habana, recibíamos la primera carta firmada por Daniel impresionándonos muy favorablemente por la claridad en la información y la expresión y por lo atinado de las sugerencias y orientaciones que revelaban la certera visión organizativa, estratégica y revolucionaria de quien la escribía. Muy pronto nos visitó en La Habana y departimos ampliamente sobre los problemas que afectaban al Movimiento y a la Revolución. Enseguida comprendimos que era el más indicado para sustituir a Frank País, como bien lo habían pensado ya los compañeros responsables de Oriente. De inmediato, se dio a la tarea de organizar nacionalmente a las Milicias del Movimiento de acuerdo con las ideas y planes de Frank y todos conocemos de su entrega entusiasta y total, de su responsable y tesonera labor.

A través de ese año cargado de acontecimientos y responsabilidades, le vimos crecer en capacidad y madurez revolucionaria. La organización toda recibió los beneficios de su acción creadora. Cuando se acordó constituir el Ejecutivo de la Dirección en el Territorio Libre, él fue de los designados, y juntos partimos a cumplir esa nueva función que el deber y la disciplina señalaban. Llegamos aquí en pleno auge de la ofensiva de la Dictadura, y era de vida o muerte para la Revolución el rechazarla. En ello había que poner todos los esfuerzos y energías, por lo que solicitó marchar al frente y se fue al mando de su pelotón. La actividad fue intensa. Se combatió sin cesar. Nuestras armas victoriosas estaban rechazando la ofensiva y había que aplastarla totalmente. Las jornadas de Santo Domingo, El Jigüe, de nuevo Santo Domingo, El Salto, Providencia, Las Vegas, y por último Joval y Arroyón en los preliminares de la batalla final contra la ofensiva, contaron con su presencia vigorosa, serena y agresiva a la vez.

Allí pagó la Revolución por una victoria más el alto precio de su vida.

Ahora nos manda junto a Frank y los demás líderes caídos por la redención del hombre. Su alta calidad humana, su clara inteligencia, su fibra incansable de luchador, su certera concepción revolucionaria, completaron su gran capacidad de dirigente. Una vez más nos quedaba un gran vacío, pero su huella es ya imborrable y su ejemplo estimula y orienta. Su caída nos duele profundamente, pero él tuvo una muerte bella y útil, que impele a continuar con más fuerza, voluntad y entereza, la lucha difícil y hermosa por hacer realidad el sueño de una Cuba libre, justa y feliz, por la que él para entregarlo todo dio su vida. No puede haber homenaje más digno a su memoria y a la de nuestros muertos gloriosos, que el de la lealtad en la conducta y el esfuerzo a los principios e ideales por los cuales lucharon y murieron. Una Revolución creadora, triunfante en la guerra y en la paz, de profunda raíz humana y democrática que llegue a ser realidad y no frustración, de ahí, nuestro compromiso y nuestra tarea.

Aquí en pleno corazón de la Sierra heroica hemos fundado la Biblioteca René Ramos Latour (Daniel), muy modesto homenaje a su memoria, pero que simboliza dentro del escenario de batalla la revolución de la idea y de la acción, el libro y el fusil, que siempre le acompañaban en su función de combatiente. Por su niña y por su esposa, se sentía orgulloso y feliz, a ustedes sus más directos y abnegados colaboradores los llevaba siempre en el recuerdo y frecuentemente en su palabra agradecida. La común identificación, cariño y admiración por el hermano caído, me impulsaron a dirigirles estas líneas, en esta hora de dolor y esperanza.

Les abraza,

Faustino.”

Tomado de la versión digital de la Revista Mexicana “Por Esto”

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s