RESEÑAS

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libro_de_faustino50f93b7a68191_crop  Portada del libro Faustino, dejando jirones de sí mismo, Premio UNEAC de Biografía 2011

Antes de comenzar con el propósito de este trabajo, deseo referirme a que en los últimos tiempos ha surgido un movimiento de historiadores que se ha propuesto develar y exponer las diversas fuentes, no solo las de carácter objetivo, sino también subjetivas que mueven a los hombres a arriesgar la vida o dejarse torturar y matar por fidelidad a sus ideales, aunque desde el fuero interno de sus respectivas personalidades únicas e indivisibles.

Por mucho tiempo el abuso de “la objetividad” dañó las indagaciones históricas y nos quedamos en un “determinismo”, que suplantó un valioso “arsenal” de espíritus, herencias, carencias, desproporciones e influencias de las diversas individualidades humanas. Lo cual quiere decir que “todo el legado anterior a los futuros hechos condenaba el devenir como un destino manifiesto. Al devenir, estábamos condenados. Lo que ocurrió debía ocurrir con pelos y señales, tiempo y forma, fechas y parajes, muertos y heridos”. Por otra parte, y a fin de cuentas, lo que ocurrió, ocurrió, “objetivamente”.

Faustino, dejando jirones de sí mismo, Premio UNEAC de Biografía 2011 es obra de Reinaldo Suárez Suárez (San Germán, Holguín, 1967), un historiador que admiramos desde la fascinante lectura de su pieza La complejidad de la rebeldía (2010), análisis, desde el género testimonio, de los avatares del combatiente revolucionario Enzo Infante Uribazo. (Santiago de Cuba, 1930).

Infante Uribazo, compañero de Frank, Vilma y René Ramos Latour, integra junto a Fidel Castro el dueto de únicos sobrevivientes de la crucial reunión de Altos de Mompié, en abril de 1958, después de la derrota de la Huelga General, las penas, glorias, dudas y opiniones desde el fracaso, expresadas por este combatiente, la sospecha, la culpa, y el perdón a través de una floresta signada por el desasosiego a lo Pessoa que marcaron su vida dejaron una profunda huella en los lectores.

Con esta pieza magistralmente investigada, indagada y escrita, Suárez dejaba el terreno expedito para Faustino, dejando jirones de sí mismo, que ya desde el rótulo anuncia “la complejidad” de un hombre que en su trayecto revolucionario es sometido a toda suerte de laceraciones espirituales, morales y físicas, en la medida en que este combatiente no optó por el hedonismo revolucionario de juego con el peligro y la muerte, y adoptó el sacerdocio de un canon de conducta muy comprometido con su fuero interno decididamente presbiteriano, el cual repugna del tráfico de ideas, de tendencias oportunistas, componendas políticas o impío “espíritu práctico”.

Hace poco, leí un volumen de memorias de un internacionalista cubano en Angola, este decía “A las misiones internacionalistas acudimos tres grupos de revolucionarios: los de convicción, los que iban por hombría y los oportunistas”.

Nada quedaba al azar, esas tres fuerzas eran reales y sin ellas no se podía ganar la guerra, también recordaba la misma estructura sociopolítica desde el 68 y hasta hoy, por eso en las filas insurrectas desde aquel entonces y hasta la década del 50 del siglo XX, podían coincidir Gómez y Maceo, Banderas y Sanguily, Limbano Sánchez y Vicente García, Humberto Rodríguez y Camilo Cienfuegos, Pompilio Viciedo y Enrique Villegas, Aldo Vera y Frank País, José Antonio Echeverría y Jorge Valls.

Faustino Pérez, (según Suárez) “íntegro, temerario, y en ocasiones controvertido” fue el tercer oficial del Granma, líder de la clandestinidad en La Habana (Esa ciudad-estado que reunía en los años 50 las tres cuartas partes de la represión y la economía del país), responsable de la Administración Civil de los Territorios Libres, desde la Sierra Maestra, ministro al triunfo revolucionario de Recuperación de Bienes Malversados, el más popular del primer gabinete revolucionario porque tenía que ver con la eliminación de la corrupción republicana y el mensaje de “vergüenza contra dinero” que movió a la Generación del 50 a las luchas anticapitalistas.

De él dijo el presidente Raúl Castro: “es magnífico para estos ajetreos de guerrilla”… “Además, su presencia sola purifica cualquier ambiente”. Aleida March, compañera del comandante Ernesto Che Guevara, expresó lo siguiente: “conocí frente a mi casa a Faustino Pérez, que era presbiteriano como yo, hombre noble, de una bondad a flor de piel, quien me inspiró tal confianza, a pesar de mi timidez, que le pedí sin muchas explicaciones ingresar en el Movimiento 26 de Julio”.

Ernesto Che Guevara que discrepó fuertemente con Faustino, el médico que le revisó su herida en la emboscada de Alegría de Pío, el 5 de diciembre de 1956, aseveró sobre este: “el alto concepto que siempre mereció quien en un momento dado fuera nuestro adversario dentro del Movimiento. Faustino siempre fue considerado un compañero honesto a carta cabal, y arriesgado hasta el extremo… De su calidad revolucionaria da cuenta toda su trayectoria”.

El ex campeón mundial de automovilismo Juan Manuel Fangio, retenido por los comandos de Faustino en febrero de 1958 dejó su testimonio. “Yo no podré olvidar nunca a ese hombre. Era el jefe de la operación de mi secuestro. Ya yo estaba en la casa del reparto Nuevo Vedado y como a las siete de la mañana me despertó Faustino. Iba a darme excusas en nombre del Movimiento 26 de Julio y a explicarme los motivos que habían tenido para secuestrarme. Fue muy gentil conmigo. Me lució un hombre sincero y de convicciones. Hablamos largo rato y a pesar de mi situación le confieso que le tomé simpatía…”

Para Armando Hart, fue “un hombre puro, limpio, firme, íntegro. Uno de los ejemplos más sobresalientes de la integridad y honestidad personales”.

Arnold Rodríguez Camps, otro de los dirigentes del Movimiento 26 de Julio en La Habana opinó: “Rendía culto permanente al sentido de la ética, divisa fundamental de su proceder público y privado. Para él la ética  era su religión, que brotaba de su naturaleza y de su formación: formación que en determinada medida él mismo se había dado (…)”.

“Por la expresión de su honestidad, su voluntad y la práctica de la ética, podría pensarse  que por momentos se excedía en su enjuiciamiento y en su acción ante determinados hechos, o que no actuara dentro de los límites pertinentes y con el tacto necesario (…)”.

sierra_faustino_fidel Faustino Pérez con Fidel Castro en la Sierra Maestra.       Foto: Ecured

“Probablemente llegó a tener conciencia de esas circunstancias, sin lamentarse ni resentirse: sentimientos que aborrecía. Si alguna preocupación pudo haber tenido fue que en señaladas ocasiones, no fuera bien interpretado en sus propósitos. Para más de un compañero fue tozudo, cabeciduro, al plantear categóricamente su criterio, pero puede afirmarse que por encima de todo, siempre prevaleció en su conducta el ser consecuente consigo mismo y con los ideales revolucionarios (…) Faustino era un radical que buscaba la armonía entre todos”.

Fidel Castro concluye este cuadro de impresiones con un aserto de mucho calado, que resume y amplifica ejemplarmente toda la grandeza y las posibles contradicciones de la generación del 50 en un solo hombre: “Faustino es la conducta de la Revolución”. Hombre de convicción, modelo revolucionario que como reflexionara Armando Hart en su elogio al Mayor General Vicente García: “No son los únicos que hacen la historia”.

Este volumen de Ediciones Unión de la UNEAC, de casi 400 páginas es el primer tomo de una trilogía que abarcará toda la vida y obra del comandante del Ejército Rebelde Faustino Pérez Hernández, quien fuera también fundador del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos donde se concretó toda la voluntad revolucionaria en este campo decisivo de la economía, diplomático y jefe de la Oficina de Atención a los Órganos Locales del Poder Popular.

Por: Jorge Smith Mesa                                                                                                                                                      CUBARTE 2013-01-18

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