La Huelga del 9 de Abril de 1958 en mi memoria

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Correo desde la Isla de la Dignidad

images hart Por Armando Hart Dávalos

Para rendir tributo de agradecimiento y respeto a los héroes y mártires de abril de 1958, lo primero es situar y evaluar adecuadamente aquel grandioso intento de huelga general, aquel empeño utópico de tomar el cielo por asalto, en el marco histórico de la Revolución iniciada en el Moncada. El 9 de abril de 1958 representa una fecha clave, cargada de enseñanzas en la gestación y la fragua de la Revolución Cubana. Aquellos años forjadores comenzaron con el rechazo por parte de los estudiantes y los trabajadores al golpe militar del 10 de marzo de 1952, cuando Batista, al servicio del imperio, destruyó la democracia que por decisión unánime la nación le había dado al país en la Asamblea Constituyente de 1940.

El sistema pluripartidista y las instituciones fundamentales de la llamada sociedad civil de la neocolonia tenía su destino unido a los intereses imperialistas y se sumaron al golpe o lo combatieron sólo verbalmente sin poder ofrecer una respuesta adecuada. Los imperialistas, en la década de 1950, sólo disponían de la ilegalidad y el crimen y de su alianza con la peor escoria de la población que representaban los violadores de las leyes, es decir, los mandos militares integrados fundamentalmente por asesinos y criminales de la peor especie.

Los estudiantes y trabajadores interpretando el sentimiento nacional rechazaron el régimen ilegal instaurado en el país y, a la vez, a las instituciones políticas y sociales de la sociedad neocolonial, que por venalidad y entreguismo resultaron impotentes para enfrentar la nueva situación creada con el cuartelazo. Los jóvenes sabían que éste no había sido la causa, sino la consecuencia de la quiebra total de la democracia en Cuba y conocían que en el fondo estaba la subordinación económica y política del país al imperialismo norteamericano.

Era un sentimiento muy arraigado y radicalizado entre los héroes y mártires que asaltaron el Moncada, de los que estuvieron presentes el 30 de noviembre y el 2 de diciembre, de los que llevaron a cabo la hazaña del 13 marzo de 1957 y una larga serie de acciones combativas contra el gobierno, y en quienes organizaron y gestaron el empeño generoso de promover la Huelga de Abril en aquel año de las batallas decisivas. Era el repudio a la vieja politiquería, a la corrupción y el entreguismo lo que sirvió de base a la unidad de la juventud, del pueblo y de los revolucionarios. Sobre estos fundamentos y con la genial conducción de Fidel, la Generación del Centenario organizó y promovió una Revolución que conmovió al mundo y que será siempre antecedente de las vanguardias revolucionarias de nuestra América. Sus enseñanzas no deben olvidarse, porque sólo de esta manera podrán ser útiles a Cuba y a América, y la principal de ellas está en las formas de hacer política, de unir al pueblo, heredadas de Martí y que Fidel desarrolló y enriqueció.

La tradición patriótica y antiimperialista que nace en las entrañas mismas de nuestra Revolución se revela con fuerza cuando se analiza el origen, formación y ulterior desarrollo de la Revolución triunfante el 1º de enero de 1959. Las circulares, artículos de prensa y materiales políticos en general, preparados en la clandestinidad desde antes del 30 de Noviembre y después de aquella fecha son la prueba irrefutable de que los combatientes del Movimiento 26 de Julio marchábamos a un enfrentamiento definitivo con el imperialismo y de que la idea de la revolución social había penetrado en todos nosotros de forma radical.

Fuera del país se tejió la leyenda de que nuestro proceso podía haber derivado hacia una revolución burguesa. A los que tal cosa han pensado, les invito a que reflexionen sobre las consecuencias de la ejecución de nuestro programa. Solamente la promulgación y la aplicación rigurosa de las leyes complementarias de la Constitución de 1940, significaban una oposición radical a los intereses de la oligarquía nacional y el imperialismo. Baste decir que en ella se disponía de la abolición del latifundio. También sirva para confirmar esta tesis el análisis de la composición social de los cuadros más representativos de la Dirección y de los combatientes de filas. Su extracción no era burguesa; pertenecían a las masas trabajadoras, a las capas medias, en su mayoría de escasos recursos, a los campesinos pobres y a los desempleados.

El tema clave del 9 de abril se refiere a la unidad entre los revolucionarios y el pueblo. Hoy podemos hablar con mayor serenidad, claridad y objetividad de tan importante y compleja cuestión, porque la unidad del país se ha logrado y consolidado y se mantiene como la fuerza principal en defensa de la Revolución. Pero las nuevas generaciones de cubanos que vivirán bien entrado el siglo XXI, deben estudiar el proceso recorrido en favor de la unidad nacional hasta el presente con sus reveses y victorias. En la historia de Cuba, ella sólo se alcanzó de manera eficaz y duradera a partir de la acción y la sabiduría de dos grandes personalidades: José Martí y Fidel Castro. Cómo lo lograron y con cuáles métodos eficaces alcanzaron tales fines esa es, precisamente, la principal enseñanza política que el pueblo cubano de ayer y de hoy deja a América y al mundo y, en especial, al futuro de Cuba.

El problema de la unidad entre los revolucionarios está planteado como un gran reto desde los tiempos de La Demajagua y Guáimaro, estuvo vivo como tragedia en los días del Zanjón y alcanzó en la Protesta de Baraguá una de sus enseñanzas más altas. En la rebeldía de Maceo está la esencia de la unidad revolucionaria cubana. Entiéndase bien que sin un pensamiento radicalmente revolucionario no hay posibilidad de garantizar la cohesión de esta nación. La cuestión estuvo viva, activa y contradictoria en el proceso de la tregua fecunda y se reveló en los debates de Maceo, Martí y Gómez en 1884 y en lo que debieron ser las discusiones memorables que con infinito respeto recordamos de La Mejorana. El problema de la unidad se presentó como tragedia en 1898, cuando los imperialistas yanquis se introdujeron en nuestra guerra y crearon la división dentro de las fuerzas revolucionarias.

A lo largo de la república neocolonial faltó durante más de medio siglo la unidad popular, faltó en 1933, faltó en el proceso anterior al 10 de marzo, se alcanzó, al fin, a partir de 1953. El programa del Moncada fue la piedra angular de la unidad revolucionaria cubana. Y ¿Cuál fue el contenido presente en las aspiraciones del Movimiento 26 de Julio que como una constante recorre la historia de Cuba durante casi 45 años? Se halla en que se fusionaron las mejores tradiciones éticas de la sociedad cubana con las necesidades de medidas emancipadoras económicas y sociales. Sentido ético de la vida y programa de redención humana y social estuvieron presentes en la médula de aquellos acontecimientos, y son la piedra angular de la cohesión nacional ayer, hoy y mañana

A 56 años del gran torbellino revolucionario de la Huelga de Abril cumplo con el deber de expresar el juicio de quien como yo, estaba inmerso en el vórtice mismo y en las raíces más profundas de todos aquellos sucesos.

En abril de 1958 estaba yo en la cárcel de Boniato, a donde había sido conducido tras mi detención a principios de enero, cuando bajaba de la Sierra Maestra, después de encontrarme con Fidel y los guerrilleros para analizar importantes problemas que decidirían el futuro político del Movimiento 26 de Julio y sus relaciones con el resto de las organizaciones oposicionistas. Es decir, precisamente, por cuestiones relacionadas con la unidad antibatistiana. Por eso afirmé en mi libro Aldabonazo, que estando allí en la cárcel de Boniato viví este acontecimiento trascendental para nuestra lucha: la Huelga de Abril, y sobre estos hechos dije: “es la fecha más significativa de la lucha revolucionaria del Movimiento 26 de Julio en el Llano. Su análisis nos lleva a caracterizar el papel y la influencia ejercida por el clandestinaje en la guerra de liberación y a esclarecer históricamente lo que se quiso decir cuando se habló de la Sierra y el Llano.

La Huelga no era simplemente la intención de un grupo o de varios de ellos. Resultó el intento de todo un pueblo por derrocar la tiranía y establecer el poder revolucionario. Se tomaron varias medidas para asegurarla, entre otras, tener suficientemente fortalecidos los cuadros obreros del 26 de Julio para asumir la responsabilidad de la integración de los comités de huelga, con orientaciones muy precisas, en tal sentido.

Entre los comités de huelga por una parte y el Movimiento de Resistencia Cívica por la otra, se vertebraría todo lo referente al paro general; lo que perseguíamos no era solamente la huelga obrera, sino la paralización completa del país. Todo esto iba acompañado de un plan de acción que debía precipitar el paro general.

No voy a extenderme en los numerosos hechos que tuvieron lugar en aquellos momentos. Sólo diré que en los meses iniciales de 1958 y hasta el momento mismo de la huelga fue creciendo la rebeldia popular; el movimiento de masas y las acciones de sabotaje cobraron fuerza inusitada a lo largo y ancho del país, y el propio día de los acontecimientos se produjeron hechos rebeldes en las más diversas regiones de la nación.

El auge de la protesta cívica creció de tal forma que la dictadura tuvo que suspender las “garantías constitucionales” y “la libertad de prensa”, con que hipócritamente se trataba de vestir. Para situar el 9 de Abril en su justo lugar, resulta imprescindible subrayar la existencia de los dos escenarios donde se desarrolló la lucha revolucionaria cubana en los años 1957 y 1958, y que cada uno de ellos proyectó, de forma diferente, la naturaleza del proceso que transcurría.

Tales diferencias hay que analizarlas en el marco de un movimiento de cambios y ajustes prácticos, que se van reflejando en la visión de los revolucionarios que buscan un camino certero en la lucha contra el enemigo. En la Sierra, la visión de los guerilleros fue desarrollándose de una forma que condujo a la victoria. En las ciudades, los cuadros y combatientes fuimos generando una concepción que condujo al desenlace del 9 de Abril. Este fue el resultado histórico de una estrategia gestada en el Llano a partir de la huelga en las ciudades, para con el golpe decisivo de las Fuerzas Armadas en las montañas, provocar el derrocamiento de la tiranía. Tal estrategia no resultó válida para alcanzar el objetivo planteado, y más tarde sucedió a la inversa. Tras vencer la feroz ofensiva lanzada contra la Sierra después del revés de abril, con el avance de las tropas rebeldes se derrumbó el régimen, y posteriormente la huelga general consolidó la victoria popular.

Con independencia del énfasis que cada uno de los escenario señalados le daba a la acción, a través de la cual se produciría la victoria, para todos estaba claro que eran la insurrección armada de las masas, la huelga general revolucionaria, el programa del Movimiento 26 de Julio y el liderazgo indiscutible de Fidel los que servían de fundamento a la Revolución.

Para entender el proceso pre y post abril resulta útil la lectura de una hermosa carta que me envió Faustino Pérez desde la Sierra Maestra en octubre de 1958, y que leí emocionado en la cárcel de Isla de Pinos dos meses después. En ella escribió párrafos cargados de patriotismo, honestidad, sinceridad, porque en ellos plasmó detallada y profundamente su reflexión acerca de lo sucedido. Diríamos también que en estas líneas está viva la poesía en la forma raigal que la llevan dentro los hombres de acción de su estirpe y su cultura. El espíritu se le desgarró con el revés, pero creció hasta la gloria en contacto con la Sierra Maestra y como un rayo de luz y de esperanza hacia el mañana, es decir, hacia hoy, entonces me dijo textualmente:

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“Armando, esta Sierra es salvadora. Ha salvado a la Revolución de ser aniquilada y salva a los espíritus enfermos de la muerte. Respirar el aire libre de la montaña oxigenada, vivir a plena naturaleza, ejercitar el músculo y la voluntad con el esfuerzo de la vida difícil y el sacrificio pleno, vibrar de nuevo en la emoción de combatir por la libertad en un escenario donde se cae iluminado por el sol y se recibe el abrazo de la tierra agradecida; eso desintoxica, estimula, mejora, recupera y vivifica”.

Posteriormente con fecha 24 de diciembre de 1958 le respondí al hermano desde la cárcel de Isla de Pinos:

“Querido Faustino: Claro que hubo errores, pero éstos no pueden afectar particularmente a nadie porque habría que analizar y profundizar en toda la estrategia y significado del 26 de Julio para comprender por qué las cosas ocurrieron como ocurrieron. Lo que entonces ocurrió o dejó de ocurrir, los acontecimientos de febrero, marzo y abril, sus errores y sus grandezas no corresponden a nadie en especial, sino que son errores y grandezas de la misma esencia y naturaleza de nuestra generación revolucionaria, dispuesta a todo o nada, que hoy, con mayor fuerza y poder, con la seguridad de vencer, enarbola para su gloria, para su dicha más legitima, porque responde a una exigencia histórica, los que contigo tienen el privilegio, tan envidiado desde aquí, de poder gozar de los acontecimientos de estos meses llenos de un dolor que sólo se equilibra con la grandeza sin igual de las páginas que están ustedes escribiendo. Para mí, puedo decírtelo con la convicción de quien todo lo somete al pensamiento, no creo que haya mejores posibilidades históricas de realizar lo que queremos. Y sobre todo porque, sinceramente, cada día Fidel se agiganta más y porque estoy seguro de que Cuba le va a deber mucho su felicidad de mañana a la más saludable decisión del Movimiento, a la integración de la Dirección en la Sierra y el íntimo contacto de todos ustedes, porque sólo la integración revolucionaria puede salvar a Cuba y puede ser lo que nos justifique y nos explique ante esos que ya no vivirán más que en el recuerdo y en el sello de la obra que nosotros construyamos”.

Se ha hecho en otras ocasiones un digno recuerdo de los diversos combatientes caídos, pero en esta oportunidad quiero referirme específicamente al hombre que todos tenemos en el corazón, cuando oímos hablar de la Huelga de Abril: Faustino Pérez, permítaseme describir la imagen que de él conservo en mi memoria: “Faustino se convirtió en el líder natural de la lucha clandestina en la capital. Era respetado por los grupos de acción y tenia una gran capacidad para relacionarse con todos los medios sociales y políticos. Frank en Oriente y Faustino en La Habana son, en mi concepto, los símbolos más altos de la clandestinidad como apoyo a la Sierra Maestra. Me unía a Faustino una amistad entrañable, pues juntos habíamos estado en el Movimiento Nacional Revolucionario (MNR), en los hechos de Salud 222, y con idéntica concepción política habíamos participado en diversas contingencias. Ambos nos habíamos incorporado a la organización del Movimiento 26 de Julio desde mediados de 1955.

Fue un hombre hecho de una sola pieza: revolucionaria y patriótica. Limpio, auténtico, sagaz. Poseía serenidad al hablar y escuchar a los demás. Guardaba el fuego de un temperamento rebelde e intransigente frente a toda injusticia. Si a Ñico López ese fuego se le desbordaba como un formidable agitador político y social, a Faustino, con idéntica pasión por las relaciones humanas, las llamas le salían pausadamente del alma y las traducía en hechos y actos, y en un hablar sereno.

Tenía la fibra humana necesaria para tratar con las demás personas, lo cual constituía el centro de su vocación revolucionaria. Era un genuino político martiano. Aunque mantuviese criterios diferentes estaba capacitado para discutir, actuar y entender a los demás. Nada más ajeno a todo sectarismo que su conducta y vida como revolucionario. En frase elocuente, Pedro Miret lo caracterizó ante su tumba como “humilde y desafiante”. ¡Qué difícil es unir en una sola alma estas dos virtudes! Si a lo desafiante no va unida la humildad desaparece toda posible virtud. Lo que integra estos valores es el sentido humanista de la vida, que él poseía con ternura y firmeza.

Hombre cabal en el sentido más estricto de la expresión, su pasión por el trabajo con la gente constituía uno de sus principales méritos. Es difícil encontrar conjugados el carácter combatiente y la capacidad de comprender a las personas en sus variados matices. Sólo lo logran quienes tienen un sentido concreto de lo humano como lo primero y más importante que debemos defender los revolucionarios”.

En homenaje a tantas y tantas gentes que estuvieron presentes en el corazón de la vida revolucionaria cubana de aquella década, cargada de genuina espiritualidad, constituye un deber revelar las piezas del gran rompecabezas de la historia de esos años forjadores. Un olvido o desconocimiento significaría un vacío en la memoria histórica de la Revolución que limitaría en el presente y en el futuro extraer lecciones útiles para la Patria. Cuando un pueblo pierde la memoria es como si un hombre se olvidase de todo su pasado y andará entonces en las tinieblas; es más, si el proceso aquí descrito quedara desfigurado no podría comprenderse, en toda su riqueza y originalidad, el camino abierto por Fidel.

Con la mente puesta en los compañeros caídos y en los que combatieron con heroicidad y decisión en aquellos días sagrados de abril, ratifico hoy, en las nuevas circunsatncias históricas, nuestro eterno agradecimiento y compromiso de que seguiremos luchando por las mismas ideas e idénticos principios a los que ellos levantaron en alto aquel día memorable de la Revolución Cubana.

(Tomado de la Página Web “Por Esto” de México)

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