Ejemplo de heroísmo extraordinario

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faustino p Luchador desde muy temprana edad, en determinado momento uno de los combatientes clandestinos más buscados por la fuerza de la tiranía, integrante de la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio desde que este se fundó, expedicionario del Granma, Comandante de la Sierra, Faustino Pérez Hernández (hoy miembro del Comité Central del Partido), se hallaba en los días de la huelga del 9 de Abril de 1958 entre los principales dirigentes del M-26-7. Los que le conocieron en aquella época le llamaban Ariel, su nombre de guerra. Su relato, pues tiene ese valor excepcional.

El 9 de abril de 1958, el pueblo cubano escribió otra hermosa página de heroísmo. Ese día se desencadenó la huelga general revolucionaria contra la tiranía batistiana. Jóvenes valerosos, escasamente armados, libraron audaces acciones en La Habana, Guanabacoa, Sagua La Grande, Santa Clara, Ciego de Ávila, Camagüey y otras poblaciones del oriente, sobre todo de Santiago de Cuba y del resto del país.

Más de un centenar de combatientes revolucionarios cayeron en combate, otros fueron bárbaramente asesinados en la feroz represión que siguió al fracaso de la huelga armada revolucionaria.

Después del 9 de abril, la tiranía lanzó un ejército de 10 000 hombres contra los combatientes en la Sierra Maestra, que apenas llegaban a 300, y llegó a creer que estaba en el pórtico de la victoria, que podía aplastar a la Revolución. Sufrió una aplastante derrota.

Aquellas acciones del 9 de abril de 1958, como señalara nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro, “no solo constituyeron un ejemplo extraordinario de heroísmo, constituyeron también un ejemplo de cómo un pueblo revolucionario es capaz de recuperarse de cualquier revés”.

Rendimos homenaje hoy a nuestros inolvidables mártires de aquel episodio histórico, reafirmando nuestra decisión de ser cada vez más eficientes en la producción y elevar hasta el infinito la defensa de la Revolución que en otro abril memorable definió su carácter socialista e infligió al imperialismo yanki su primera gran derrota en América Latina.

Más de un centenar de compañeros cayeron, pero nunca olvidé aquella carta que Fidel me envió aquel 24 de abril de 1958:

Tengo la más firme esperanza de que en menos tiempo de los que muchos son capaces de imaginar habremos convertido la derrota en victoria

ALGUNOS ANTECEDENTES

La situación del país a la etapa que precede a la huelga del 9 de Abril, era de franco auge revolucionario.

El proceso iniciado con la clarinada heroica del Moncada quedó abierto de nuevo con el levantamiento de Santiago de Cuba y el Desembarco del Granma, tras la tregua turbulenta y fecunda de la prisión y el exilio.

Todo el año 1957 fue pródigo en hechos, combates y acontecimientos que, si bien muchos no lograron los objetivos inmediatos propuestos, sí contribuyeron a elevar la marea revolucionaria. Fueron incontables las tareas y múltiples las formas que fue adquiriendo la participación popular en la lucha, bajo el influjo y la orientación de la vanguardia que con el Granma y desde la Sierra Maestra seguía consecuentemente el sendero iniciado en el Moncada.

En el año 1958 comienza con el movimiento revolucionario en plena efervescencia. La situación militar de la Sierra Maestra muestra una creciente consolidación, se domina ya un amplio territorio. La solidez política y el prestigio del Movimiento 26 de Julio y de su jefe, Fidel, eran indiscutibles. Ciudades, poblados y campos del país eran escenario de febril actividad y espíritu de lucha contra la tiranía.

A mediados de enero fue apresado, al bajar de la Sierra, junto a otros compañeros, Armando Hart Dávalos, quien fungía como Coordinador Nacional del Movimiento. Personalmente el tirano dictó la orden de “matarlo como a un perro”, pero la rápida y amplia movilización de los distintos sectores de opinión, incluyendo el asalto a emisoras para alertar al pueblo sobre el crimen que se proyectaba, impidieron la consumación del tenebroso plan y constituyó una victoria más para el Movimiento.

El régimen inicia distintos sondeos de paz valiéndose de algunos legisladores, representantes eclesiásticos, de la prensa, etc. A esos fines levanta la censura de prensa y anuncia la intención electorera.

El levantamiento parcial de la censura fue bien aprovechado por Fidel y por el Movimiento. En esas circunstancias se produce, el 16 de febrero, el 2do. Combate de Pino del Agua (dirigido personalmente por el Jefe de la Revolución). El 24 se inaugura Radio Rebelde. En La Habana tenía lugar el secuestro del campeón profesional de autos de carrera, Juan Manuel Fangio, con una gran repercusión nacional e internacional.

A principios de marzo se organizan las nuevas columnas que comandadas por Raúl y Almeida dieron lugar al establecimiento del II Frente Frank País y al III Frente Mario Muñoz, hechos ambos de extraordinaria significación.

En ese ambiente de franco auge de las acciones revolucionarias, de creación de frentes, de solidez política, de desarrollo de la organización de los obreros, de las milicias, de la resistencia cívica, etc., tiene lugar la reunión de la Dirección Nacional del Movimiento en la Sierra Maestra, presidida por Fidel, donde se acuerda la convocatoria a la huelga general revolucionaria.

LA IDEA DE LA HUELGA

La idea de la huelga general apoyada por la acción armada está presente desde el primer momento como culminación lógica de una estrategia de lucha basada enteramente en el pueblo. Diríamos que desde el Moncada esa concepción se expresó en la idea de “arrancar el motor pequeño para echar a andar el motor grande”. Esa idea está presente en todo el proceso mediante las consignas que se enarbolaban por nuestros medios de divulgación y de propaganda, y en propia estructura organizativa del Movimiento 26 de Julio.

Al conmemorarse el XII aniversario del asalto al Moncada Fidel dijo: “Nosotros éramos un puñado de hombres, no pensábamos con un puñado de hombres derrotar a la tiranía batistiana, derrotar a sus ejércitos, no. Pero pensábamos que aquel puñado de hombres podía ocupar las primeras armas para empezar a armar al pueblo, sabíamos que un puñado de hombres podía bastar, no para derrotar aquel régimen, pero sí para desatar esa fuerza, esa inmensa energía del pueblo que sí era capaz de derrotar a aquel régimen”.

En nuestra historia teníamos el antecedente del derrocamiento de la tiranía de Machado por medio de una huelga general revolucionaria. Y más cerca la huelga general espontánea de los primeros días de agosto del 57, respuesta del pueblo al asesinato de Frank País. Ello nos indicó que ya existían las condiciones subjetivas y políticas suficientes, por lo que deberíamos madurar las condiciones organizativas y militares que coadyuvaran al desencadenamiento y al mantenimiento del paro general, hasta provocar la caída definitiva del tirano.

Exactamente un mes después de la huelga con motivo del asesinato de Frank, con vistas a apoyar los hechos de insurrección militar que habrían de producirse en distintos puntos del país (especialmente por parte de la Marina de Guerra) que solo tuvieron lugar en Cienfuegos, el Movimiento se planteó como uno de sus objetivos inmediatos la toma de la más potente emisora de la capital, con el fin de hacer el llamamiento a la huelga y a la insurrección general.

En los meses posteriores, junto al desarrollo y consolidación de la lucha guerrillera en la Sierra Maestra, se fue logrando desarrollar también la organización obrera y clandestina y la agitación general. Todo eso, y el gran prestigio político que había ido ganando el movimiento encabezado por Fidel, nos hicieron pensar que las condiciones mínimas estaban dadas para la acometida final.

LA REUNIÓN EN LA SIERRA

La reunión de la Dirección Nacional del Movimiento, presidida por Fidel, donde se acordó la convocatoria a la huelga, tuvo lugar aproximadamente entre el 10 y el 11 de marzo en las zonas de Santo Domingo y el Naranjo, Sierra Maestra.

Allí informamos a Fidel de la situación en las ciudades, expusimos el criterio de que ya las condiciones estaban creadas, y en general —seguramente con el exceso de optimismo—, dimos nuestra visión en cuanto a la posibilidad de dar el golpe final a la tiranía.

El alto grado de tensión que vivía el país en esos días como consecuencia de las acciones revolucionarias en la Sierra y en el llano, y de la criminal represión de la tiranía, era recogido de una manera u otra por la prensa nacional, debido a que el régimen —mostrando una vez más su inconsecuencia y su debilidad—quería ofrecer la receta de la demagogia electorera y, por ello, levantó parcialmente la censura. Es así, que por ejemplo, hechos como el 2do. Combate de Pino del Agua en la Sierra Maestra y el secuestro patriótico de Fangio, en La Habana, alcanzaron una gran repercusión dentro y fuera de Cuba.

Aquel clima de tensión seguramente influyó en la evaluación que hicimos de nuestras posibilidades.

Nuestros planteamientos fueron considerados por Fidel y se acordó llamar a la lucha final mediante el Manifiesto de los 21 Puntos. Este documento se redactó con fecha 12 de marzo. Posteriormente, a finales del mismo mes, Fidel leyó un llamamiento por Radio Rebelde, el cual nos envió con la heroica Clodomira. Este venía a ser un complemento del anterior, pero hacía énfasis especial en el problema de la unidad revolucionaria.

EN LA VíSPERA

En realidad el momento en que se decide la huelga era, sin duda, de auge y tensión revolucionarios. Simultáneamente se constituyen el II y III Frentes, por aquellos días Fidel desbarata la maniobra “pacificadora” de la tiranía, pues invita a subir a la Sierra a representantes de la prensa y el régimen niega el permiso a los periodistas. La actividad insurreccional estremecía al país. Por otro lado, los crímenes del régimen colmaban de indignación al pueblo. El asesinato de dos estudiantes adolescentes en Santiago de Cuba, Antonio Fernández León y Ángel Espino Sarmiento, provocó una huelga estudiantil que se extendió a todo el país.

Ya todo aquello era demasiado para la tiranía. De nuevo implantó la censura y suspendió las “garantías” que oficialmente había levantado antes, también como parte de la maniobra electorera. Aplicó la más bestial represión.

Al regresar a la capital, el 14 de marzo, la primera noticia que recibo es sobre el asesinato del revolucionario Elcires Pérez y otros tres compañeros, cazados ferozmente en plena calle Porvenir, en Lawton.

El 16 me reúno con Sergio González (El Curita), responsable de acción en La Habana, quien nos informó de la posibilidad de volar las plantas de electricidad de Tallapiedra y de Regla, lo cual dejaría sin fluido a la capital por tiempo indefinido. Analizamos la conveniencia de acercar ese hecho lo más posible a la fecha de la huelga, cuestión que quedó en verificar. Esta fue la última vez que vi al Curita. El 18 Sergio y numerosos compañeros caen en las garras de los esbirros de la tiranía y su cadáver aparece al día siguiente en Alta-Habana, junto a los de Juan Borrell y Bernardino García.

Al día siguiente, Arístides Viera, jefe del M-27-7 en Marianao, y Elpidio Aguilar, se ven obligados a entablar desigual combate en plena 5ta. Avenida de Miramar, y caen heroicamente. Poco después caen los revolucionarios Pepe Prieto y Cheché Alfonso. Téngase en cuenta que pocas semanas atrás había sido capturado y asesinado Gerardo Abreu (Fontán).

De manera que el Movimiento en La Habana, en vísperas de la huelga, sufrió sensibles pérdidas entre sus mejores cuadros. Por lo pronto, el necesario incremento de las acciones previas para elevar el clima de tensión no se logró.

En aquellas circunstancias recayó sobre Marcelo Salado y Oscar Lucero, la tarea de suplir en lo posible el enorme quebranto sufrido por el Movimiento en La Habana en las vísperas mismas de la huelga. Esta fue prevista primero para el 3 de marzo y aplazada después para el 9 de abril, en aras de recibir equipos, parque y dinamita que esperaríamos por distintas vías, pero que en definitiva no llegaron o llegaron después de la fecha indicada.

Estaba proyectado recibir armas por tres vías fundamentales. Desde México por Pinar del Río. Esta expedición, en la que entre otros compañeros vino Jesús Suárez Gayol, llegó el 10 de abril a las costas pinareñas. Otro alijo debió entrar por Boca de Jaruco, desde Miami. Pero fue interceptado y confiscado por el gobierno norteamericano. También mediante una operación clandestina, a espaldas de autoridades yanquis, esperábamos tener algunas armas a través de la Base Naval Yanqui de Guantánamo.

El factor de movilización del pueblo se supeditó excesivamente a las acciones de sabotajes, que —por otra parte— resultaron insuficientes.

LA HUELGA

La huelga estalló. Sería imposible no solo enumerar, sino ni siquiera conocer la cantidad de paros, de intentos de paros, los sabotajes, las acciones y combates realizados ese día, cuya suma (a pesar de su gran cantidad), sincronización y alcance no fueron suficientes para producir el salto hacia la huelga general revolucionaria que desembocara en la victoria.

Sin contar las numerosas acciones de los frentes guerrilleros, incluyendo la presencia de Camilo en los llanos del Cauto, podemos mencionar como hechos más sobresalientes en las ciudades: el asalto a las emisoras de la capital y de varias provinciales, la transmisión por sus canales del llamamiento a la huelga y su posterior interrupción por sabotajes; el conocido y valeroso asalto a La Armería en que caen 4 compañeros; la caída del querido compañero Marcelo Salado en la calle 25 y G, y de más de un centenar de valiosos revolucionarios de todo el país; la voladura de los registros de electricidad en Prado y Ánimas, y en Estrella y Lealtad; paros y sabotajes en varias terminales de ómnibus, especialmente la ruta 4, la 43, la 5, la 58, la 22 y otras; la quema de garajes, gasolineras, guaguas y otros objetivos; cierre del tráfico hasta la capital o viceversa por la zona del puente Alcoy, sabotajes, paros y acciones diversas en Guanabacoa, con dominio de la ciudad durante varias horas por grupos de acción bajo el mando de René de los Santos; paros y sabotajes en fábricas del Cotorro, donde caen Guido Pérez y otros compañeros; interrupción de la carretera central en Madruga; asalto a la emisora provincial de Matanzas, acción dirigida por Enrique Hart, así como sabotajes diversos; el descarrilamiento del tren en Jovellanos; interrupción del tráfico por la carretera en Manacas por las guerrillas de Víctor Bordón, quien la noche anterior atacó al cuartel de Quemado de Güines; paro completo en Sagua La Grande con dominio de la ciudad hasta el día siguiente y numerosos combates y compañeros caídos; paralización del transporte y ferrocarril en Camagüey; sabotaje en la planta eléctrica de Vicente, en Ciego de Ávila y combate también con la caída de varios compañeros; en Oriente la acción combinada de las fuerzas guerrilleras y de la clandestinidad paralizan prácticamente la provincia. Los compañeros de Santiago bajo el mando de René Ramos Latour (Daniel) atacan el cuartel de Puerto Boniato y se establece así una nueva columna guerrillera que, tras atacar victoriosamente el cuartel de Ramón de las Yaguas, se unió —bajo la jefatura de Belarmino Castilla— a las fuerzas de Raúl Castro en el II Frente “Frank País”.

CONVERTIR LA DERROTA EN VICTORIA

La derrota dejó el tremendo saldo de más de un centenar de valiosos compañeros muertos, de cientos de presos, exiliados, sumergidos en la clandestinidad o alzados y —como siempre— detrás de todo revés, junto al dolor por los caídos el desaliento momentáneo de las masas, y el injustificado y sangriento optimismo de las fuerzas de la tiranía. Pero ambos sentimientos estaban llamados a invertirse rápida y definitivamente.

El espíritu del Moncada y del Granma se erguía con toda su fuerza desde los empinados picos de la Sierra Maestra. Apenas quince días después de la huelga, Fidel Castro me envió una hermosa carta en la que me decía:

“Tengo la más firme esperanza de que en menos tiempo de los que muchos son capaces de imaginar habremos convertido la derrota en victoria”.

Y añadía el Jefe de la Revolución:

“Duros sacrificios tenemos por delante. Nuevos y sensibles claros se harán en las filas de los mejores compañeros; golpes muy rudos nos esperan en cada valor y cada afecto que se lleve la muerte: Ciro Frías y Enrique Hart fueron los últimos en la heroica y larga lista. Pero así serán más grandes también los frutos que la patria reciba de una revolución abonada con tanta sangre generosa y más grande la gloria de los que se han sacrificado.

“Aquí nos preparamos para afrontar en próximas semanas la ofensiva de la Dictadura. Derrotarla es cuestión de vida o muerte. El movimiento debe estar muy consciente de esta realidad y concentrar su esfuerzo en defender esta trinchera. La moral de nuestra tropa está altísima; estamos seguros de que resistiremos y deseosos que comiencen el avance.”

Todos conocemos lo que vino después: la más gigantesca ofensiva de la tiranía se estrelló contra el baluarte invencible de la Sierra Maestra. Las proezas militares del Ejército Rebelde se repetirán después en la victoriosa ofensiva revolucionaria; en el I, II y III Frentes, a lo largo de la gloriosa campaña de la invasión, que protagonizaron las columnas de Camilo y Che, todo lo cual produce el colapso final de la tiranía.

Cada combatiente caído fue como una semilla de fuego que germinó y se multiplicó en nuevos combatientes dispuestos a morir por la patria; cada revés evidenciaba la vitalidad y la razón histórica de un proceso que siempre resurgió con nuevas fuerzas y mostró la infalibilidad y la eficacia de una estrategia basada enteramente en el pueblo. La victoria total estuvo hecha de la suma de victorias y derrotas parciales. Esa suma produjo el gran salto histórico del Primero de Enero de 1959.

Tomado del blog Bandera Roja                                                                                                                          miércoles, abril 09, 2008                                                                                                                                                 Fuente: Granma

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