Las fotografías que estremecieron a Batista

Las fotografías de Fidel Castro vivo, combatiendo en la Sierra Maestra y con el periodista Herber Matthews entrevistándolo, publicadas en el diario New York Times a finales de febrero de 1957, estremecieron al dictador  Fulgencio Batista y fueron el palo periodístico más grande de su época.

Ello fue posible gracias a la astucia de un pequeño grupo de jóvenes revolucionarios que burlando la estrecha vigilancia de los servicios secretos batistianos organizaron la reunión, el aseguramiento y el traslado del periodista Matthews desde su llegada a La Habana hasta Manzanillo.

NYT   Primera plana del New York Times dando a conocer que Fidel vivía y la lucha continuaría hasta la victoria.

Después, en jeep y a pie atravesaron las líneas enemigas para encontrarse con el Jefe Rebelde en las estribaciones de la Sierra Maestra. Terminada la entrevista regresaron al periodista a su país sano y salvo, con su libreta de notas y un rollo de película impresionado con las imágenes de un reportaje que seria famoso.

Unas semanas antes, el 2 de diciembre de 1957, Fidel Castro y su pequeño ejército de ochenta y dos hombres habían desembarcado en la costa de Las Coloradas, en la antigua provincia de Oriente, con el propósito de derrotar la feroz tiranía de Batista. La dictadura, movilizó a tres mil soldados, decenas de aviones y unidades navales para aniquilar aquel puñado de valientes que vestían el uniforme verde olivo. Y casi lo logran, porque al tercer día fueron sorprendidos en Alegría de Pío por las tropas batistianas y ferozmente bombardeados y ametrallados por la aviación. Unos murieron en el ataque, otros fueron hechos prisioneros (la mayoría asesinados después de su captura) y el resto pudo dispersarse en pequeños grupos por los montes aledaños.

Los jefes militares de Batista creyeron que nadie había escapado con vida de aquel infierno y si alguien lo hubiera logrado, no le quedaría ganas de continuar la lucha, así que pregonaron con bombo y platillo la muerte de Fidel y el exterminio de la guerrilla. Ningún periodista pudo verificar la información porque desde los sucesos revolucionarios del 30 de noviembre en Santiago de Cuba, previos al desembarco del Granma, la prensa fue sometida a una férrea censura impuesta por la dictadura y sólo podía publicar las capciosas noticias que emitía el Buró de Prensa Militar o la Oficina de Prensa del Palacio Presidencial. Charles Mc. Carthy corresponsal de la agencia norteamericana de noticias United Press Internacional se hizo eco de los rumores y mentiras oficiales y transmitió al mundo la falsa noticia de la muerte de Fidel.

Sin embargo, varios jóvenes revolucionarios lograron evadir aquel mortífero cerco entre ellos Fidel y Universo Sánchez quienes con sus armas se internaron en los montes contiguos a Alegría de Pío. Faustino Pérez que había perdido el fusil durante el combate (*) los encontró y se unió a ellos. Después de trece días de penosas jornadas, Fidel, Faustino y Universo llegaron a un lugar conocido por Cinco Palmas donde campesinos amigos los reunieron con otro grupo, el de Raúl  Castro, Ciro Redondo, Efigenio Ameijeiras, Armando Rodríguez y René Rodríguez. Luego del emocionante encuentro, los apretados abrazos y la alegría incontenible, Fidel le preguntó a su hermano -¿Cuantos fusiles traes? y Raúl respondió: – Cinco. El Jefe de la Revolución, sorprendió a todos con esta histórica frase de suprema confianza en el triunfo:- ¡Y dos que tengo yo, son siete! ¡Ahora si ganamos la guerra!

El día 21, se unió otro grupo más de expedicionarios que venía al mando de Juan Almeida e integrado por el Che, Camilo Cienfuegos, Ramiro Valdés, Reinaldo Benítez, Pancho González, Pablo Hurtado y Rafael Chao. También se incorporaron a la guerrilla algunos campesinos animados por los ideales de Fidel.  Ya sumaban una veintena de combatientes y se dispusieron a presentar batalla, medir fuerzas y vencer. El 17 de enero a las 2 y 30 de la madrugada atacaron  el cuartel de La Plata. Dos horas mas tarde rindieron el lugar aprovisionándose de armas, municiones y alimentos. Era el primer triunfo de Fidel y sus bisoños rebeldes en la Sierra Maestra.

Cinco días más tarde, el 22 de enero, la guerrilla obtuvo otra victoria al  emboscar y aniquilar la vanguardia de la columna del teniente Ángel Sánchez Mosquera que venia persiguiéndolos. Estas dos victorias fueron muy importantes para la pequeña tropa pero no se divulgó a causa de la censura.

Era imprescindible que el pueblo conociera la verdad y supiera que Fidel y los rebeldes estaban vivos, activos y obtenían victorias que la tiranía callaba. Con ese fin el 23 de enero de 1957 Fidel envió a Faustino Pérez a La Habana con la misión de que subiera algún periodista a la Sierra.  Faustino habló con Sergio Carbó, director de Prensa Libre, y con Miguel Angel Quevedo, de Bohemia, pero ambos se mostraron escépticos. El gobierno batistiano había prorrogado la censura de la prensa y no permitía publicar ninguna noticia de los rebeldes so pena de represalias gubernamentales.

Como esa vía estaba vedada se dispusieron a  encontrar a un periodista extranjero que estuviera dispuesto a emprender la tarea y publicar la noticia en otro país.

Faustino supo que el destacado economista Felipe Pazos conocía a Ruby Hart Phillips corresponsal del New York Times en La Habana y a través de su hijo Javier, miembro del Movimiento, le pidió su colaboración.  El lunes 4 de febrero Ruby Hart fue a la oficina de Felipe  Pazos en el  edificio Bacardí para escuchar de Faustino Pérez, René Rodríguez y Javier Pazos la noticia de que Fidel vivía y estaba dispuesto a recibir a un periodista en la Sierra. Ruby se ofreció de inmediato, pero la convencieron de que era una empresa demasiado difícil y peligrosa para una mujer. Ella lo comprendió y les aseguró que alguien de su periódico vendría rápidamente. Al llegar a su oficina telefoneó a Herber Matthews, jefe de la plana editorial del diario, y en jerigonza periodística le dio a entender la importante y exclusiva noticia.

PPL  Primera Plana del periódico Prensa Libre con la fotografía de Fidel y los titulares que negaban se hubiera realizado la entrevista de Matthews.

Matthews tenía una envidiable historia profesional. Fue corresponsal de guerra en Abisinia y España, se destacó por sus trascendentales reportajes y alcanzó importantes premios periodísticos entre ellos  el “John Moors Cabot”, que le otorgó la Universidad de Columbia. Su sagacidad periodística le indicó que la noticia a que se refería Ruby Hart debía ser una tremenda historia y decidió venir el mismo. El 9 de febrero Matthews y su esposa Nancy llegaron a La Habana y se hospedaron en el hotel Sevilla.

Mientras Faustino y sus compañeros preparaban  cuidadosamente el viaje a la Sierra en coordinación con Celia Sánchez, Matthews se informaba de la situación que atravesaba el país conversando con representantes de distintos sectores sociales, económicos  y políticos, estableciendo también contactos con José Antonio Echeverría y otros revolucionarios.

El viernes 15 de febrero a las diez de la noche Lilliam Mesa, manejando su automóvil Plymouth, junto con Faustino Pérez y Javier Pazos recogieron a  Matthews y a su esposa en el hotel  y emprendieron el viaje por la Carretera Central hasta Camaguey. Luego de desayunar en la ciudad continuaron hasta Bayamo. Durante todo el trayecto no vieron nada anormal pero al salir de esta última ciudad hacia Manzanillo el panorama cambió. A lo largo del camino había numerosas patrullas, puntos de control y registros, pero ellos no despertaron sospechas por la vestimenta turística de los americanos y el aire despreocupado de los acompañantes. A las 2 de a tarde llegaron a la casa de Pedro Eduardo Saumell en Manzanillo.

Mientras tanto Fidel elegía cuidadosamente el lugar donde se iba a producir la entrevista. La finca de Epifanio Díaz, un campesino de probada lealtad que  junto con su familia colaboraba estrechamente con los expedicionarios le pareció el más propicio. El lugar, conocido por los Chorros, estaba situado al sur de Purial de Jibacoa, donde el terreno comienza a elevarse hasta formar las faldas de la Sierra Maestra. La vegetación podía ocultar a su pequeña tropa y a la vez permitía observar cualquier movimiento del enemigo.

MyF Este retrato de Fidel y Matthews realizado por René Rodríguez durante la famosa entrevista en la Sierra Maestra fue publicado en el New York Times. Ello desmoronó las mentiras de Batista.

A las siete de la noche del sábado 16, Felipe Guerra Matos manejando su jeep recogió en la casa de Saumel en Manzanillo a Matthews quien se acomodó en el asiento delantero. Detrás se sentaron René Rodríguez con una modesta camarita fotográfica de cajón, Javier Pazos, Quique Escalona y Nardi Iglesias. La esposa del periodista, Nancy, se quedó en la casa.

Salieron rumbo a Yara. A la salida del poblado los detuvo una patrulla apostada a un lado de la carretera. Guerra Matos les explicó a los guardias que el señor que iba a su lado era un industrial americano que estaba interesado en comprar la arrocera de Gómez, (un apellido muy conocido en la zona por sus grandes negocios). Los soldados los dejaron continuar el viaje. Pasaron por el Central Estrada Palma, Guasimilla,  el Caney y Cayo Espino hasta las cercanías del arroyo Tio Lucas, donde  tuvieron que  continuar a pie. Era medianoche y al cruzar el  arroyo Matthews resbaló y cayó. Rápidamente Guerra Matos lo ayudó a incorporarse. Por suerte no le pasó nada y continuaron la marcha hasta llegar a la finca alrededor de las cinco de la mañana. Lo recibió Juan Almeida que le explicó que Fidel estaba en el Estado Mayor y vendría al amanecer.

Cuando empezó a aclarar el día llegó Jefe de la Revolución acompañado de Vilma Espin y Javier Pazos que fungirían como  los interpretes. Después de los saludos y la presentación de sus acompañantes se sentaron bajo una improvisada cobija de yaguas y comenzó la histórica entrevista. Fidel le explicó lo acontecido desde su desembarco en Las Coloradas, sus reveses, los asesinatos de sus hombres al caer prisioneros, como había podido reagrupar y organizar a sus hombres en pequeños grupos y dar golpes efectivos a fuerzas muy superiores en hombres y armamentos que eran  asesoradas por el ejercito norteamericano. Profundizó en su programa político y popular, el crecimiento de la guerrilla y el apoyo del pueblo. Matthews escribía rápidamente en una pequeña libretita de notas y en un momento de la entrevista Rene Rodríguez se acercó discretamente con la camarita que había traído y los retrató.  Antes de la despedida René fotografió a Fidel con su fusil de mira telescópica.

Guerra Matos, René Rodríguez y Javier Pazos  llevaron al periodista de vuelta a Manzanillo. Por el camino fueron interceptados por el ejército y de nuevo las explicaciones de Guerra Matos convencieron a los guardias continuando el camino hasta llegar a la casa de Saumell donde esperaba ansiosa la esposa del periodista. Era alrededor de las cinco de la tarde. Matthews estaba gozoso, le hervía su sangre de periodística y a pesar del cansancio, las incidencias del viaje y la mala noche decidió continuar viaje a Santiago de Cuba porque la noticia era tan importante que no permitía demoras. Saumell llevó en su auto al matrimonio, acompañados  por Javier Pazos, hasta el aeropuerto santiaguero y volaron a la capital. Al día siguiente, 18 de febrero, con las notas y el rollo de película escondidos en la faja de Nancy partieron de regreso a Nueva York.

El domingo 24 de febrero los teletipos de la redacción de Prensa Libre anunciaron con repetido repiqueteo un flash urgente. El periodista Rafael Pérez Pereira leyó eufórico la noticia ¡Fidel está vivo! gritaba ¡Lo ha publicado el New York Times, con fotografía y todo! Corrió a la dirección y dio la noticia y la idea de comprar un periódico,  fotocopiar la fotografía y publicarla, ya que la censura se iba a levantar el día 26 según había anunciado el gobierno. La iniciativa fue aceptada y Pérez Pereira fue rápidamente a la librería Diamont News situada en la calle Neptuno entre Prado y Zulueta (en la manzana que hoy ocupa el Hotel Parque Central) donde se recibía y distribuía ese diario a los suscriptores y se vendía al público junto con otros diarios y revistas extranjeras. Cuando llegó a comprar un ejemplar se encontró que los agentes del SIM (Servicio de Inteligencia Militar de la tiranía) estuvieron allí y se habían entretenido en recortar y destruir el espacio que contenía la información de Matthews.

El distribuidor, que era cubano, estaba enfurecido por la forma insolente en que irrumpieron en su establecimiento y a pesar de sus enérgicas  protestas, por la fuerza, mutilaron arbitrariamente los diarios. Pereira se le identificó y le preguntó si había alguna manera de adquirir ese diario para reproducir la foto en su diario. Él le respondió que podía contar con el ejemplar de la edición doméstica que recibía en sobre aparte como representante del periódico norteamericano, el cual no fue descubierto por los esbirros.

Pérez Pereira salió contentísimo y triunfante para la redacción de su diario. Ya tenía la foto de Fidel en la Sierra que se publicaría el día que levantarían la censura. La censura cesó el 26  a las doce de la noche, hora en que se imprimían en la rotativa los diarios matutinos con fecha del día 27. Este día, el 27, ya no vino el censor y se pudo confeccionar, emplanar y tirar el periódico con las noticias de la Sierra y la foto de Fidel copiada del periódico que había conseguido Pérez Pereira. Al lado de la foto plantaron los siguientes titulares: “Matthews no se ha entrevistado con Fidel Castro, afirma el Ministro de Defensa Dr. Verdeja”. “El gobierno no le consta  que Fidel Castro vive o no, añade”  “Ingenuo que Matthews no se hubiera retratado con Castro, agrega”.  “El gobierno afirma responsablemente que no existen tales fuerzas como las que describe el señor Matthews agrega”, “Las informaciones que contiene el trabajo de Matthews han sido tomadas de fuerzas revolucionarias afines, con las que estuvo en contacto, añade Verdeja”.

El Ministro de Defensa de Batista fue el primer sorprendido al leer en la mañana del 28 de febrero aquellas declaraciones que no había dado. Y llamó al Director del Prensa Libre para pedirle explicaciones. Este le respondió que esas declaraciones las había enviado la Oficina de Prensa del Palacio Presidencial. Verdecia fue al Palacio colérico y quedó patitieso cuando supo que la nota con su firma la había dictado el propio Batista.

A la silenciosa indignación del resignado ministro se le añadió además el ridículo al ver sobre la mesa del “General” el ejemplar del New York Times de ese día,  28 de febrero, con la fotografía de Fidel y Matthews en las montañas orientales durante la entrevista y que echaba por tierra categóricamente las declaraciones que le atribuían.

La entrevista de Fidel en la Sierra Maestra realizada por Matthews y acompañada con fotografías de Rene Rodríguez, significó:

. Para Fidel la ocasión de dar a conocer al mundo las razones de su lucha y el triunfo de la verdad sobre las mentiras de la tiranía

. Para Matthews la entrevista más famosa de su carrera periodística.

. Para Faustino Pérez, Celia Sánchez, Javier Pazos, René Rodríguez, Vilma Espin, Nardo Escalona, Lilliam Mesa, Felipe Guerra Matos, Pedro Eduardo Saumell, Quique Escalona, Felipe Pazos y una decena de arriesgados revolucionarios más, una exitosa operación clandestina en las barbas de la tiranía que repercutió internacionalmente.

. Para René Rodríguez la oportunidad de ser el primer fotorreportero de la Sierra y captar las fotos más celebres de aquellos momentos.

. Para el mundo el conocimiento de la lucha de un pueblo por su libertad   y el reportaje más sensacional de su época

. Para la tiranía el principio de su fin y el mayor ridículo de su desgobierno.

. Para el pueblo cubano la certeza de que Fidel vivía y cumpliría el legado de Marti y el programa del Moncada.

Fuentes:

  • Pedro Álvarez Tabio y Otto Hernández: “Un entrevista que hizo historia” Periódico Granma 17 de febrero de 1977, pp 4 y 5.
  • Pedro Alvarez Tabio: “Diario de la Guerra 1” Oficina de publicaciones del Consejo de Estado, la Habana 2010, pp. 303-372
  • Conversación con Rafael Pérez Pereira el día 1 de agosto de 1997.

Viernes, 04 de marzo de 2011                                                                                                                           Grandes momentos del fotorreportaje cubano                                                                                                      Jorge Oller Oller

(Cubaperiodistas) © 2005-2006 Unión de Periodistas de Cuba

(*) Nota del Editor de la Página Web                                                                                                                       Es conocido por escritos del Ché y por otros testimonios, que durante el combate de Alegría de Pío al que se refiere, vió en momentos a Faustino Pérez  “disparando su pistola ametralladora” desde una guardaraya, si no atendiendo a los compañeros heridos, entre ellos al propio Ché, siendo uno de los últimos que abandonaron el lugar. También, que combatientes reunidos en otros grupos, perdieron sus armas en el “desastre”, según narra el propio Ché en su libro “Pasajes de la Guerra Revolucionaria” .

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