Conferencia sobre Faustino efectuada en el Teatro Sanguily de la Universidad de la Habana el 17 de Junio de 2005

Conferencia impartida por el Profesor e Historiador Reynaldo Súarez en el Club Martiano “Faustino Pérez Hernández” (*)

Cuando la Generación del Centenario de José Martí irrumpió en la historia revolucionaria de Cuba, los más jóvenes de la generación patriótica que hizo la última guerra contra España, tenía más o menos la misma edad que aquella tiene hoy. Cuando los más jóvenes que pueblan este teatro hoy estaban naciendo, hace trece años, moría traicionado por el corazón el Comandante Faustino Pérez Hernández, uno de los símbolos de aquella generación rebelde.

Faustino no tuvo la suerte de poder acompañar a su generación y a su pueblo a la última quijotada de la Revolución Cubana: soportar el embate de los vientos de 300 kilómetros por segundo y las olas de 45 kilómetros de alto de la reacción internacional contra Cuba, nacidos del naufragio de toda la flota socialista europea.

Faustino había participado protagónicamente de las quijotadas de venir en el Granma a hacer verdad la determinación de ser libres o mártires antes que acabara 1956; vivió con fortuna inaudita la locura de Fidel Castro de augurar la victoria cuando sólo lo acompañaban dos compañeros y se hallaban bajo la paja seca de la caña de azúcar en Alegría de Pío, rodeados por el Ejército; acompañó a Fidel Castro en la resistencia inteligente y aplastante a la ofensiva del Ejército en el verano de 1958, fruto del fracaso de la Huelga General del 9 de abril, en la que Faustino tuvo una lacerante carga de responsabilidad; participó de la quijotada mayor: desafiar desde un pobre y escaso país la furia del imperio más colosal y oportunista que ha conocido la humanidad, entrando a bordo de un tanque en las arenas de Playa Girón para sellar la primera gran derrota militar de los Estados Unidos en América; dirigió la magnífica y colosal empresa de contener la furia de los ríos del archipiélago cubano y ponerla al servicio de la vida y el desarrollo. Y pese a no tener una muerte epopéyica, escogió morir con sacrificio que le estaba prohibido por el sentido común, los médicos, los amigos, la esposa y los hijos.

Con su muerte, muchos quedaron desolados y huérfanos, no sólo su viuda y sus hijos, sino los combatientes revolucionarios, que con Faustino perdieron a un padrino, a un padre, a la versión varonil de Celia Sánchez; porque si una primera característica quiero resaltar ya es que Faustino siempre tuvo tiempo y ocasión para visitar a los compañeros enfermos o en trances difíciles, para ayudar, para escuchar a todos, incluso a los que perdieron la razón. Sólo su inmensa humanidad, sencillez y pureza explica ese fenómeno extraordinario que he observado extendido entre sus contemporáneos, que cuando le recuerdan y le aluden, en muchas oportunidades le lloran, con lágrimas húmedas o secas, exteriorizadas o reprimidas. Y es que su ausencia se siente hondo. Aún hoy.

Su muerte, y esas lágrimas, sólo se explican por su naturaleza de hombre y por su vida de revolucionario. Permitan entonces que pensando en el mosaico que puebla esta sala, les presente al hombre humilde y desafiante que fue Faustino Pérez Hernández.

Faustino es hijo de dos emigrantes: José Pepe Pérez Leal y Amada Hernández Rodríguez. Pepe Pérez emigró desde Canarias, sólo y casi un niño, a principios de la según da década del siglo XX, huyendo de la pobreza, buscando mejor suerte, y de ser posible fortuna; Amada Hernández emigró desde Río Feo en Pinar del Río, acompañando a sus padres, anteriormente emigrantes canarios, pero a mediados de esa década, sólo que huyendo de la furia de dos huracanes grado 4 que con sus vientos tremendos y su agua incontenida barrieron la tierra una y otra vez de la que sobrevivían.

Ambas huidas posibilitaron que se conocieran y amaran en La Larga, en Zaza del Medio, actual provincia de Sancti Spíritus, y que de los abrazos les naciera, primero Faustino, en 1920, y luego diez hijos más que fueron naciendo por toda la geografía espirituana, hasta que final y definitivamente se establecieran en la finca La Esperanza, en un punto medio entre los cercanos poblados de Guayos y Cabaiguán. Nada hay de casual: Faustino además de ser hijo de aquellos isleños, es el primogénito Pérez Hernández en la gran aventura del tabaco, de la que forma parte.

El tabaco es una plantación esencialmente familiar. Una familia numerosa y disciplinada era una garantía de que la vega, cuando fuera propia, estuviese asegurada. Plantar el tabaco, atenderle, cultivarle, recogerlo, guardarlo, curarlo, despalillarlo, torcerlo, requiere de mucha y especializada y amorosa mano de obra. Y si es la familia, mejor: más barato y más asegurado el amor que se requiere. Eso quisieron e hicieron Pepe Pérez y Amada Hernández en La Esperanza.

A mediados de la década del 20, de La Larga irán a los Tramojos. Allí se verán sometidos a una experiencia traumática: por decisión del mayoral de las tierras que ocupaban y donde habían levantado un pobre bohío, fueron desalojados. En una carreta pusieron sus pocas pertenencias, volviendo unos días a La Larga, a casa de Don Esteban y Manuela, camino de Cruz de Neiva. De todos sus días, aquellos fueron la cruz a la dignidad de hombre honrado y trabajador: Pepe.

En Cruz de Neiva se asentaran en la finca de Antonio Simón. Allí permanecieron hasta finales de los años veinte, en que volvieron a hacer los jolongos y se asentaron en El Obispo, donde Pepe arrendó un lote de tierra para desmontarla, pues la caña estaba invadida por la pica­pica.

La familia iba creciendo cada año y no los dineros, pese al esfuerzo de Pepe. Eran años de aguda crisis económica mundial, con severas repercusiones en la agricultura cubana, y Pepe no lograba un arreglo con alguno de los propietarios de las tierras donde se asentaba en calidad de sitiero que le permitiera estabilidad y perspectiva. Su sueño de inmigrante de una rápida prosperidad se le alejaba, con el peligro de que su fuerza vital decayera antes de levantar una finca propia y que sus hijos entraran en capacidad de asumir parte de la responsabilidad.

En estas circunstancias, Faustino no sólo era la primera, sino la mayor esperanza del isleño. Tenía condiciones físicas y carácter, en buena medida fruto del contagio familiar.

Por fin, en 1931 o 1932, Pepe logró que el hacendado Jesús Fernández Magdalena, ya entonces propietario de la Sociedad “San Pablo”, Compañía Azucarera S.A. y de un centenar de fértiles y productivas caballerías de tierra, consintiera arrendarle algo más de dos caballerías de tierra.

Después de más de treinta años de duro trabajo, en la medianía de los años 40, Pepe, convertido en Don Pepe, comenzó a experimentar una ascendente mejoría.

La familia, de campesinos pobres, fue progresando dificultosamente, a duras penas, hasta adquirir, finalmente, efectuando diversos pagos, la propiedad de la finca, de dos y un cuarto de caballerías a mediados de los años cuarenta.

A los cultivos tradicionales, tabaco para la venta, y maíz y viandas y el ganado mayor y menor para el consumo de la familia y de los trabajadores, en 1944 Don Pepe incorporó la siembra de caña de azúcar que vendía al central La Vega de Guayos. Casi de inmediato Don Pepe aportó capital, asociado con el canario José María Barrios, para adquirir un camión Fargot para el acarreo de la caña hasta la industria. En 1951 pudo comprar su propio camión, un Chevrolet.

Eran aquellos algunos de los síntomas inequívocos de que estaba en pleno proceso de transición de campesino pobre a campesino acomodado. Otros síntomas de la mejoría económica lo representaron la adquisición de un radioreceptor, terminándose los años cuarenta y un televisor a principios de los cincuenta, y una máquina Chevrolet 1958 empezando la década siguiente. El punto culminante de este proceso de mejoría económica de la familia Pérez Hernández se producirá justamente en 1959, cuando a poco de triunfar la Revolución, Don Pepe hizo un primer pago de $ 20 000.00 al latifundista Jesús Fernández para adquirir la finca Las Marías, de 8 caballerías de tierra, colindante con el poblado de Cabaiguán, la que él venía administrando desde hacia varios años. Aquella inversión le iba a permitir realizar el sueño dorado de la inmensa mayoría de los inmigrantes canarios al estilo de Don Pepe: convertirse en hacendado.

Él estaba realizando esta transición justo cuando se dictó la Ley de Reforma Agraria de 17 de mayo de 1959 que proscribió el latifundio e implicó la confiscación de todas las fincas mayores de 30 caballerías de tierra. Jesús Fernández fue uno de los afectados y Las Marías quedó confiscada por el alcance de la Ley de Reforma Agraria que Faustino había firmado en su condición de Ministro de Recuperación de Bienes Malversados. La firma había tenido lugar en las estribaciones de la Sierra Maestra, en la Comandancia General del Ejército Rebelde en La Plata, justo en la oficina guerrillera donde meses antes Faustino había fungido como Responsable de la Administración Civil de los Territorios Libres, siendo el primer Comandante rebelde encargado de aplicar una ley agraria guerrillera, anterior a la de mayo de 1959.

De no haberse producido una revolución social y agraria en Cuba, en la que tanto tuvo que ver y en la que tanto participó su primogénito, Don Pepe, con toda probabilidad, se hubiese convertido en un prominente hacendado cabaiguanense, cuando menos en un hacendado medio, con múltiples relaciones y compromisos con la burguesía local y regional, y sus hijos y nietos posiblemente habrían mutado su proverbial sencillez y humildad.

Esto último no ocurrió, entre otras cosas, porque la transición no se produjo y porque pese a que la familia podía ser conceptuada como de campesinos acomodados, esto sólo era visible en la alimentación y en las propiedades acumuladas, porque el esquema familiar de trabajo constante y austeridad total tocaba a todos. Aún cuando la economía familiar había logrado crear una situación de relativa solvencia, Don Pepe siguió levantándose a las cinco de la mañana a ordeñar sus vacas, entre el fango y el olor a orine y a estiércol. Porque su mundo, su vida, era el olor a tierra recién sembrada y el aroma a tabaco, y no el dinero, que de haberlo querido fácil, fácil lo hubiese tenido con su amigo Jesús Fernández. Y es que así fue Don Pepe, desde los orígenes mismos. Y es que la acumulación fue trabajosa en extremo, fruto de la abnegación y las autolimitaciones, porque el camino de Don Pepe, de la familia y de Faustino hasta llegar a este momento de la historia fue de espinas y fatigas.

En sus inicios, y hasta el final, los Pérez Hernández hacían todo cuanto pudiera aportar algún dinero, por escaso que este pudiera ser: preparaban semilleros de tabaco para su venta; sembraban vegas y las procesaban antes de venderla a distintos comerciantes; compraban escogidas de tabaco para Jesús Fernández con el beneficio de una comisión; compraban, engordaban y vendían ganado, además de los propios; vendían los excedentes de leche; y ahorraban con disciplina de inmigrante fundador.

Durante los años treinta y buena parte de los años cuarenta, Don Pepe, sin ser aún dueño de la tierra que explotaba, daba parte de la finca, a la mitad o a la tercera parte, a los llamados partidarios. Si el camino del progreso económico familiar fue más lento y difícil se debió a la incapacidad de Don Pepe de echarle agua a la leche, para utilizar la expresión de más de uno de los contemporáneos suyos. A no dudarlo, la prosperidad de Don Pepe, quien está lejos de ser un caso típico entre los campesinos cubanos y los inmigrantes canarios, se debió en gran medida a su amistad con el gallego Jesús Fernández, quien finalmente, cuando fue afectado por la Ley de Reforma Agraria que firmó Faustino, tuvo el gesto antes de marcharse del país, común a los hombres de palabra, de devolverle los $ 20 000.00 que Don Pepe le había adelantado por la adquisición de Las Marías, bajo el presupuesto de que el afectado había sido él. Don Pepe no era menos: cuando tuvo la única oportunidad de viajar a Canarias, se las arregló para hacer una escala en Madrid para darle un abrazo en su exilio a Jesús Fernández, entonces en sillas de rueda.

De la misma manera que había ido a visitar en su momento al recluso Segundo Borges al Castillo del Príncipe cuando las autoridades revolucionarias lo procesaron por sus implicaciones criminales con la recién derrocada dictadura de Fulgencio Batista, en 1959.

Ahora, pese a que contaban con mayores recursos que los partidarios y campesinos colindantes, los Pérez Hernández siempre poseyeron lo imprescindible: dos pares de zapatos, uno para ocasiones especiales y uno para el diario, y escasa ropa: con una muda de ropa de vestir. La madre cosía la ropa de los hijos, hasta que se hacía imposible. Por demás, compraban muy limitadamente, y no al contado, sino por crédito, por cosecha. Igual en la farmacia, en las tiendas, en la peletería. Esa disciplina y austeridad familiar fue un recurso esencial para progresar, aunque era consustancial a Don Pepe. Una virtud no siempre comprendida, aunque siempre aceptada y acatada, por todos. No era para menos, Don Pepe era un pater familiae.

Don Pepe era un patriarca campesino, un pater familiae cubano. La relación de los padres estaba basada en el respeto patriarcal, sobre la base de lo que él dijera y más nada. La madre, conocedora de los gustos y caprichos del isleño, se limitaba a hacer exclusivamente lo que él mandaba o aceptaba, sin desafiar o invadir su autoridad. Así fue invariablemente, hasta la muerte de Don Pepe, en 1980.

La severidad en las formas y en la conducta era un modelo de educación, muy extendido entre los campesinos como Don Pepe. El respeto se expresaba de muchas maneras y alcanzaba a la familia y a los conocidos. De esto último da cuenta el hecho de que los hijos de un campesino vecino fumaban en presencia de su padre, pero se abstenían de hacerlo en presencia de Don Pepe. De hecho, sus hijos nunca lo hicieron en su presencia, ni cuando el padre era un anciano y ellos eran personas adultas, casi ancianos también. Fue tal la impronta de aquella exigencia que pese a haber crecido sometidos por el aroma del tabaco, la mayoría de los hijos de Don Pepe nunca fumaron.

Quizás el caso más sintomático y trascendente sea el del propio Faustino, quien a lo largo de su vida fue sometido en innumerables ocasiones a la tentación, primero en las vegas y casas de tabaco de La Esperanza, luego en los círculos universitarios habaneros tan dados a consumir cigarrillos, después en las tensas circunstancias de la clandestinidad en que un cigarro ayuda a controlar la impaciencia o la tensión, y en las duras condiciones climáticas y de soledad de la Sierra Maestra cuando un tabaco es un compañero inestimable, y finalmente cuando triunfada la revolución fumar un puro era tan popular como los grados de Comandante y un atributo del aura rebelde. Pese a la seducción que sobre muchos debió ejercer las interminables bocanadas de humo de Fidel, Camilo y el Che, Faustino se mantuvo intransigente. Esa era la huella sembrada por Don Pepe en La Esperanza.

El trabajo agrícola fue uno de los factores que más contribuyó en la formación de esta severa y coherente personalidad de Faustino. El trabajo fuerte e intenso, desde la más precoz edad.

Justamente, Faustino recordará una infancia en que se vio precisado a realizar las más rudas tareas en la mayor parte de los cultivos agrícolas de la finca. Aún se preguntan los familiares cómo Carlos y Faustino aguantaban aquel trabajo.

La jornada de trabajo comenzaba antes que saliera el sol. A las siete y media u ocho de la mañana el viejo sonaba el fotuto llamando a almorzar, igual que a las dos y media o tres de la tarde para comer y a las siete de la noche, lo que había quedado del almuerzo, como cena. Desde muy pequeño, antes de asistir a la escuela, Faustino laboró en las múltiples faenas agrícolas de las tierras administradas por Don Pepe. Trabajó muy duramente en la plantación y cosecha del tabaco y los otros productos agrícolas. Incluso, en varias temporadas simultaneó este esfuerzo familiar con más trabajo en las escogidas tabacaleras de la región. Eran jornadas de trabajo ininterrumpidas de doce a catorce horas. Cuando la siembra o cosecha lo exigían, se trabajaba de noche, sirviéndose de la luna clara o colocando canecas encima del yugo de los bueyes. Hubo días de descansar dos horas.

Aquella disciplina y exigencia familiar, el rigor del padre y el rigor del trabajo fueron sus primeros maestros y sus primeras escuelas, con un impacto agridulce que Faustino mismo supo captar: En verdad fue dura y estrecha nuestra niñez y juventud, prácticamente sin ocasión para el descanso y mucho menos para el disfrute de juegos o distracciones propias y necesarias a la edad. Sin duda fueron quedando huellas y traumas en nuestros espíritus que gravitaron negativamente en nuestro desarrollo y posibilidades futuras. Al mismo tiempo, también es verdad que aquellas pruebas, aquellos hábitos de trabajo y disciplina, aquel espíritu de sacrificio que se nos inculcó, forjó nuestra voluntad y nos preparó para afrontar después muchas circunstancias difíciles en nuestras vidas. Conocimos de forma directa los secretos de la tierra y la regamos con nuestro sudor. Pudimos ver los beneficios y los frutos del trabajo y creo, que esa fue la lección más valiosa y efectiva para nuestra formación.

Consecuencia de los férreos patrones de conducta que le fueron inculcados y exigidos y de los rigores de la vida campesina a que fue sometido en sus primeros veinte años, a veces, en dependencia de las circunstancias, Faustino podía llegar a manifestar una fuerza extraordinaria, imponiendo su carácter y temperamento de isleño. En él surgieron y se manifestaron algunos rasgos de su personalidad que hizo que algunos que lo conocieron testimonien que había momentos en que Faustino parecía ser un toro que va a embestir. En buena medida, esa era la huella del padre.

Aunque en esta primera aproximación, en la superficie, Faustino parece arrostrar el carácter de Don Pepe, casi todos coinciden que heredó el de Doña Amada: noble, dulce, siempre que las circunstancias lo permitían, aunque fuerte. Y sólo impetuoso en situaciones extremas. A suavizarlo, moldeando un temperamento tierno, aunque casi siempre grave, contribuyeron sus muchos maestros y escuelas, hasta aprobar el bachillerato en 1942.

Según su juicio de adulto, cursó muy malamente la enseñanza primaria, lo que no es de extrañar, dadas las circunstancias: el escaso tiempo del que disponía, la presión a que era sometido y la propia lejanía de la escuela iniciadora. Estudiar le fue sumamente engorroso y sacrificado al niño. Sus labores agrícolas le dejaban muy escaso tiempo para estudiar, con lo cual fue típico en su infancia y adolescencia ver a Faustino, en las noches, después de una agotadora jornada de trabajo, encerrarse en un departamento de la casa donde dormía con su tío Juan y su hermano Carlos, a estudiar, sirviéndose de la tenue luz de una lámpara de carburo o una chismosa.

Faustino asistió por primera vez a la escuela en Cruz de Neiva, la rural y privada del viejo Don Jaime, un inmigrante catalán que peleó en la guerra del 95 en las filas del Ejército Libertador,quien primero tuvo una escuelita en La Vija, que fue donde Faustino asistió por vez primera, y que luego trasladó para Cruz de Neiva. Un modesto colegio al que concurrían algunos hijos de campesinos de la región, entre ellos Faustino.

Mientras la familia Pérez Hernández permaneció en el lugar, el pequeño pudo asistir sin grandes contratiempos. La escuela estaba próxima y su corta edad aún no lo obligaba a grandes jornadas de trabajo. Cuando en 1931-1932 se establecieron en Cañada de Piña, ya él tenía once o doce años y vino obligado a simultanear largas y agotadoras jornadas de trabajo con su continuidad en aquella escuela, con la dificultad añadida de la distancia, pues todos los días debía salir a caballo, en el noble Rosillo, con su hermano Carlos a las ancas, hasta Cruz de Neiva, a unos 7 kilómetros, entre vegas de tabaco, campos de caña de azúcar y monte tupido.

Este esfuerzo, diario y agotador, afortunadamente no duró mucho, pues poco después quedó abierta una escuelita, pegada a la Carretera Central, bordeando los límites de la finca de Don Pepe, a cuya construcción el canario fue de los que más aportó. Esta proximidad garantizó la presencia casi constante de Faustino y también que la transición del trabajo a las clases y de estas al trabajo fuera inmediata, multiplicando sus esfuerzos y eliminando el paseo a caballo.

En esta nueva escuela, la Escuela Pública No. 21, de guano y madera, Faustino asistía a clases junto a treinta o cuarenta hijos de campesinos, todos mezclados, con independencia de los grados en que estuviera. Sólo había una maestra: Celestina Pérez García, pagada con dineros del Estado.

Celestina era de las pocas maestras de la región e impartía clases en solitario a toda la matrícula y grados.

Rápidamente, algunas de las habilidades aprendidas de Don Jaime y Celestina cobraron vida y espacio: Faustino se dio a la tarea de alfabetizar, en los anocheceres, bajo la luz de una lámpara de carburo, por su cuenta, durante cinco meses, a algunos adultos que no habían tenido la posibilidad de asistir a la escuela, y que sólo conocían a los maestros como vecinos o como extraños. De esta manera, en los descansos nocturnos, Faustino alfabetizó a Manuel González, Santiago Cabrera, Anselmo Cabrera, y a su tío Juan, de 26 años.

A mediados de la década del treinta, en la Escuela No. 21, Faustino venció el sexto grado. Hasta esa distancia debió llegar Faustino. Sin embargo, Faustino sorprendió a Don Pepe, y se sorprendió a si mismo, gracias a una tenacidad y optimismo isleño, quizá los mismos que empujaron a principios de siglo a Cuba al adolescente José Pérez Vidal.

Tras vencer los estudios primarios, con 14 o 15 años, simultaneando las labores en la finca del padre, un poco al azar, Faustino asistió por las noches a la escuela que en Cabaiguán tenía José Misas Montalbán, cubano de nacimiento, quien llegó a ser Alcalde por sustitución de aquel poblado. Como Faustino no había cursado la primaria superior de 2 años, el Sr. Misas lo preparó para los exámenes de oposición del Instituto de Segunda Enseñanza de Sancti Spíritus, que era la opción reglamentaria.

El ritual diario hasta poder recibirse de bachiller parece extraído de un manual del mayor esfuerzo. Antes de amanecer, el niño o e adolescente estaba ordeñando las vacas y luego guataqueaba o araba en la finca, hasta la hora de partir para la Academia del Sr. Misas, o el Instituto de Sancti Espíritus, en que se bañaba, vestía y partía a caballo, para luego regresar, y muchas veces reincorporarse a las faenas agrícolas.

A estas alturas, ninguna duda ha de existir acerca de las dificultades, rigores y marcas que debió cargar Faustino. Fue una vida sacrificada y de sufrimientos varios: desde muy pequeño trabajé duramente y sufrí intensamente, como asfixiado por aquel medio sin horizontes ni esperanzas.

Las miserias y desdichas de los demás laceraban profundamente mi sensibilidad de adolescente. Período que Faustino calificará de indescriptible agonía interior, que despertó en él una fuerte e idealista aspiración de servir, un afán de redimir a los pobres de mi pequeña tierra, con ingredientes e influencias de diversas perspectivas, principalmente la martiana, la guiterista y la comunista.

Faustino estaba resuelto a dedicarse al trabajo agrícola, con su padre. Conocía y compartía de cierta forma la intención de Don Pepe de utilizarlo como columna de la producción en la finca,sintiéndose, por otro lado, comprometido con la economía familiar. Ese era su destino. Estaba escrito en las paredes de la casa, en las hojas del tabaco. En esas circunstancias, evadir el destino exigía, al menos, de perseverancia, valor y desprendimiento. Por eso, un poco al azar, realizó el Bachillerato.

Fue a insistencia y convencimiento de los maestros que Don Pepe accedió a que Faustino matriculara el Bachillerato en el Instituto de Segunda Enseñanza de Sancti Spíritus. Faustino no forjó ilusiones en los esfuerzos de su maestra y un vecino por doblegar la reticencia de Don Pepe y lograr una nueva licencia paterna para avanzar en lo académico. De hecho, al primero que hubo que convencer de que había que seguir, que no bastaba ser Bachiller, fue a él mismo. Graves y prolongadas debieron ser sus dubitaciones, su debate entre reservarse para las vegas de tabaco o vencer una larga carrera universitaria y desprenderse del cultivo de la tierra.

Cuando resolvió hacer la Universidad, la interrogante fue qué estudiar. Al cabo, su determinación de servir se impuso y se decidió por la medicina. En Faustino la elección era socialmente motivada. De la misma manera en que Faustino se convirtió en maestro durante cinco meses para alfabetizar a su tío Juani y a otros adultos que trabajaban en la finca. Recibirse de médico sería tan sólo el vencimiento de un requisito y una condición para servir. Faustino debió imaginarse como el médico de aquellas familias pobres que conocía y con las que había interactuado.

Cuando Faustino decidió estudiar medicina, que se cursaba en la Universidad de La Habana, Celestina y Don Caballero, un vecino, personas a la que Don Pepe reconocía solvencia moral y autoridad, hablaron con el isleño para que permitiera que su hijo mayor continuara sus estudios.

Debió ser ardua la tarea de los beneficiarios de Faustino, y larga, por demorada. Finalmente lograron inclinar la tozudez y las reticencias del isleño. Gracias a los propios profesores, fueron palabras de agradecimiento de Faustino, se logró convencer a mi padre de que no tenía sentido parar ahí, que el Bachillerato no servía para otra cosa sino para continuar en la Universidad.

En el verano de 1943, con 23 años, viajó hacia La Habana, a ingresar en el curso académico 1943­-1944, de la Escuela de Medicina de la Universidad de La Habana, como alumno de la llamada enseñanza oficial.

Durante un buen tiempo estuvo dominado por cierto complejo de culpa. Él estaba en la Universidad de La Habana sólo porque los suyos se habían concertado para apoyarle. Y estuvo profunda y eternamente agradecido del apoyo familiar, especialmente de quien tenía tantos derechos como él: su hermano Carlos, a quien póstumamente le concedió el abrazo de agradecimiento: Fue en lucha con un sentimiento de creciente desesperanza y frustración, que en mí comenzó a tomar fuerza la idea de salir de aquel medio y de aquella situación sin perspectivas de superación. Este proceso largo y difícil encierra para mí un gran ejemplo de comprensión y generosidad por parte de la familia, cosa de la cual poco he hablado con anterioridad. Por una parte el viejo, que en su aparente rechazo y desconfianza ante aquella aventura creciente del hijo mayor, acababa siempre accediendo y ayudando y muy especialmente tú, que con los mismos derechos y posibilidades que yo, diste por supuesto que los dos no podíamos separarnos de la ayuda y compañía directa a la familia y te quedaste allí, junto a los viejos y los demás hermanos menores, sin el más mínimo reproche y sí con la más generosa comprensión y apoyo. De esto, que quizá nunca te confesé directamente me he sentido siempre allá en lo íntimo con un sentimiento de eterna gratitud y orgullo. Yo sé que tú percibías que mis afanes no obedecían a una actitud de egoísmo personal, sino al anhelo de poder servir mejor a los míos, a los pobres de nuestra familia y de nuestro pueblo.

Ya sería redundante decir que al principio la carrera de medicina de Faustino se hizo con gran sacrificio económico de la familia, al que cooperaron, incluso, sus hermanos más pequeños. Para que se tenga una idea: Anesio, que tenía 5 o 6 años, aportaría al esfuerzo el peso macho que su padrino le obsequió por el Día de los Reyes.

Cada año era preciso renovar la matrícula, que no era gratis como algunos suponen, sino pagada, tal y como se deriva de varios recibos que se conservan en su archivo, correspondientes a los cursos 1946­-1947 y 1948­-1949. De todos modos, su economía era precaria. Cuando se vinculó a la consulta externa del Hospital Universitario “General Calixto García” en el servicio de ojos para enfermos pobres, se vio obligado a declarar su incapacidad para abonar servicios profesionales.

Para disminuir los costos, en varias oportunidades Faustino se acogió a los descuentos que ofrecían las empresas de transporte integradas en la Asociación Nacional de Porteadores de Pasaje. Queriendo aliviar la carga económica que representaba, rápidamente Faustino buscó opciones de trabajo que le permitieran estudiar y ganar algún dinero con que subsistir.

Ingresó a la Cátedra de Parasitología y Enfermedades Tropicales de la Universidad de La Habana, lo que le posibilitó asistir al laboratorio, a entrenarse. El entrenamiento le posibilitó, a partir de 1944, comenzar a trabajar, simultáneamente a sus estudios, como aprendiz ­ayudante de laboratorio en el llamado Dispensario Médico de Salud o Dispensario Médico Presbiteriano radicado en el número 222 de la calle Salud.

El Faustino que viene a La Habana no sólo ha tenido que trabajar muy duramente en el campo, sino vencer disímiles obstáculos para cultivarse intelectualmente. Llegué, no sin dejar jirones de mí mismo en el camino. Faustino venía ilusionado, fruto del proceso de idealización común a los jóvenes previo a su ingreso a la Universidad. El Faustino que llega a la capital del país es, en sus propias palabras, un guajiro muy ignorante de la situación real que estaba viviendo el país, porque pensábamos que los problemas estaban localizados en el campo, es decir, que las angustias y las privaciones fundamentalmente eran en el campo.

Rápidamente quedó sorprendido, primero, y decepcionado, después, al apreciar que el cuadro de corrupción generalizada se daba en la Universidad de La Habana con parecida intensidad a la que se apreciaba fuera del recinto universitario. La experiencia le afectó: esperábamos encontrar otra cosa y vimos como que todo era un horizonte oscuro. Nos decepcionó ver la conducta de profesores, incluso, de estudiantes. En parte por nuestra idealización de las cosas. Esperábamos cosas mucho mejor.

Este cuadro de corrupción del país y de la Universidad era apreciado de muy distintas maneras. Muchos estudiantes, de una u otra forma, impedidos de modificarlo, terminaban aceptándolo, se amoldaban perfectamente a aquella situación. Faustino, en cambio, confesó que le correspondió en lo personal un largo, decepcionante y angustioso proceso de adaptación, y que de todos modos la situación lo impactó extraordinariamente, me hizo mucho daño e incluso, yo me enfermé, y perdí un año, estando ya en tercer año.

Su desorientación espiritual tuvo rápido reflejo: La necesidad de un asidero me llevó a explorar distintos credos religiosos, pero las puertas de mi alma no se abrían a bendiciones del Señor. 

Ahora mismo no se conoce cuáles son aquellos distintos credos religiosos de los que habla Faustino, aunque lo que sí es seguro que el que con más sustentabilidad abrazó fue el prebisteriano. Quizá por el hecho mismo de que en el Dispensario que en la calle Salud tenía esta Iglesia, Faustino halló la manera de servir socialmente. Lo definitivo es que en la medida en que avanza el tiempo, Faustino será cada vez menos religioso. Mucho debió influir en esta progresiva merma de su fe y de las prácticas litúrgicas, su también progresivo encauzamiento y encuentro espiritual con proyectos políticos que planteaban fórmulas de solución del problema cubano, que sirvieron de catalizador de su radicalismo revolucionario. Eso será un proceso largo y complejo.

Faustino debió graduarse en 1950, con sus compañeros del curso de 1943, pero la pérdida del año, prolongó hasta 1951 el fin de sus estudios de medicina. Curiosamente, en el libro Memorias de Graduados de la Facultad de Medicina correspondiente a ese año de 1950, aparece como graduado, incluso se incluyó una fotografía suya, la número 109. Al pie de su rostro se incluyó un elogio muy singular entre los 145 alumnos elogiados (de 165 graduados) que recibieron semblanzas al pie de sus fotografías por parte de los autores y del editor de libro: Estudiante modelo 1880. Nadie, absolutamente nadie pudo haber recibido una mala acción de él. Bueno, amable, complaciente y estudioso constituía una excepción en el curso. Pero en realidad se graduó nueve años después, tras lo cual hay una historia singularísima.

Cuando se inicia 1952 él ha vencido exitosamente todas las asignaturas, y se encuentra culminando su tesis de grado y acariciando la idea de viajar a los Estados Unidos, como era norma entonces entre los estudiantes cubanos. Por algún tiempo yo estuve pensando también en hacerlo. En su caso la pretensión era cursar una especialidad que vinculara Pediatría y Medicina Preventiva, ramas de la medicina que él quería ligar.

Faustino se iba a tomar a pie juntillas -­porque venía poseído por ello­- las palabras de su profesor Raimundo de Castro y Bachiller en cuanto a la elevada y nobilísima función social del médico y su obligación ética de cumplir celosamente el juramento hipocrático, anteponiendo el sentimiento humano al innoble interés lucrativo.

Hallándose en una fase tan avanzada de su carrera, llama la atención que Faustino no se haya titulado en 1951 o 1952, lo que implicó, además en principio, la renuncia a viajar a estudiar a los Estados Unidos. En realidad, se negó a presentar la tesis de grado, por su resolución a no recibirse de Doctor en Medicina durante la tiranía política. Más preciso: su determinación de no tener un Diploma firmado por el Ministro de Educación de un sistema corrupto, el priísmo o el batistato. De igual manera, no fueron ya razones económicas, sino su actitud personal de no abandonar el país en los momentos de grave crisis política derivada de la conculcación de las libertades y derechos fundamentales ocasionada por el golpe de Estado de marzo de 1952.

En cambio, la mayoría de sus compañeros de matrícula y de los que debieron ser sus iguales en la promoción de 1950 0 1951 o 1952 se integraron al ejercicio de la medicina, como eran sus respectivos proyectos personales originarios, sin que los acontecimientos políticos del país le desmontaran las ambiciones personales.

Aún en los años 1952 y 1953, Faustino siguió ofreciendo consultas médicas, aunque no tenía la titulación correspondiente, pero desechó por completo la idea de realizar estudios de postgraduación o especialización en los Estados Unidos. Él hizo otros cursos dentro de Cuba. Su vinculación con la medicina continuará: en 1954 daba consultas y emitía recetas en la Clínica Bautista de calle 8, número 254, entre 11 y 13, en El Vedado.

No fue hasta 1959, cuando triunfó la Revolución a cuya victoria él se consagró diariamente al riesgo constante de su vida, que presentó ante las autoridades académicas de Clínica Infantil de la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana su tesis: Profilaxis de las enfermedades infecto­contagiosas, enfilada al campo de la Pediatría. Bajo la premisa de que la medicina del futuro será esencialmente preventiva, y convencido de que el estado de abandono sanitario en que ha vivido nuestra patria nos lleva a confrontar el triste problema de encontrar zonas de Cuba donde aún el paludismo es endémico, múltiples casos de fiebre tifoidea y que todos los años mueran gran cantidad de niños debido a enfermedades infecciosas fácilmente controlables si se hiciera una adecuada profilaxis de las mismas, especialmente en las zonas rurales.

Hizo Faustino una apuesta muy personal, muy de su generación: el altruista sacrificio personal en aras de un ideal político por la justicia social. Fue recompensado. La Revolución hizo realidad su sueño político de rescate de la plena soberanía política frente a los Estados Unidos y de justicia social y económica a favor de los pobres y desheredados del archipiélago, y su sueño profesional de concebir, diseñar y aplicar extensivamente un universal sistema sanitario nacional preventivista, y sólo asistencialista cuando fuese menester.

Cuando comenzó a correr los años cincuenta, mientras se acercaba el momento de la graduación de Faustino, Don Pepe se aprestaba a comprar una casa en Guayos para que el médico estableciera su consultorio. Nuevamente fue frustrado, transitoriamente. Después de tantos esfuerzos familiares y tantas expectativas, Faustino no se recibió de médico y se dedicó a subvertir una realidad que Don Pepe, como la inmensa mayoría de los de su condición creyeron era imposible subvertir. Su hijo se hizo, definitivamente, revolucionario. En buena medida, Don Pepe era responsable, sin saberlo, y eso ocurrió en sus narices, sin él advertirlo. Pero no es culpable de advertir que de tanta siembra en Faustino, la de él y la de otros, habría de germinar algo más que un canario o un cubano común y corriente.

Influencia martiana

Sin lugar a dudas, la mayor y temprana influencia ideológica de Faustino le vino de José Martí, a través de sus maestros. Ellos fueron la fuente principal de nutrición del ideario humanista martiano para el niño y el adolescente Faustino, quien tuvo a Martí, a su vez, como un maestro no presencial, aunque sí omnipresente. Con Celestina, Faustino ubicó su aprendizaje de honrar a los próceres de la independencia. Mi maestra tenía una verdadera vocación como pedagoga e inculcaba a sus educandos el amor a la patria. Y es que tuvo Faustino la suerte de que en su humilde escuelita primaria de Cañada de Piña se consagrara una de esas maestras ejemplares que tan fácil es imaginárnosla sirviéndose de las fechas significativas para seducir a sus pupilos con alusiones epopéyicas y elogios cargados de veneración hacia los patriotas más señeros y hacia los padres fundadores de la República. Aquella influencia de Celestina fue mayor, pero no se inicia con ella. Algo por el estilo debió ocurrir con Don Jaime, en Cruz de Neiva. Y no ha de verse como algo casual que sus maestros y sus conocidos, casi todos canarios, fueran devotos martianos, porque ellos sentían doblemente a Martí como de su estirpe: por ser el cubano de mayor dimensión política y por ser hijo de canaria: de Doña Leonor Pérez.

Imposible que aquel guajirito en Cruz de Neiva o en la Cañada de Piña imaginara que cuarenta años después iba a presidir la Comisión Nacional del Centenario de la Guerra de Independencia. O que a cincuenta años de distancia sería convocado una y otra vez por los más fervorosos martianos de la nación, bajo el elogio de digno representante de la estirpe martiana, para disertar sobre el Maestro. E imposible de que imaginara siquiera que estaba recepcionando y proyectando un Martí distinto al que ciertos intereses políticos, ideológicos e históricos habían logrado imponer tras términos como aquel tanto usó entonces y luego el propio Faustino para invocar a Martí: Apóstol.

En su madurez denunciaría aquella operación de castración: Se nos presentó un apóstol completamente idealizado, un soñador romántico, un santo inclusive, envuelto en las brumas inalcanzables de su afiebrada mente poética. Un ser propio para ser divinizado, reverenciado por los niños en las escuelas, esculpido en mármol, pero desprovisto de su filoso pensamiento, de su acción revolucionaria y antiimperialista, oculto su genio político que en definitiva constituía la esencia de su vida. Sin embargo, este ocultamiento no funcionó, entero y dominante.

Lo cierto, y con las explicaciones que merezcan y se encuentren, es que Faustino encontró en Martí muchas respuestas a sus inquietudes políticas y a sus proyecciones casi religiosas de servicio por los pobres. Martí fue para mi el primer estrechamiento político patriótico. Temprano, habíase adentrado fervientemente en la doctrina martiana, cuyas principales obras leyó. Fueron muchas sus lecturas de Martí y de los libros y artículos diversos que sobre él aparecían en los periódicos y revistas de la época. De ellos bebió Faustino en sus intermitentes y dificultadas horas de lectura, para el entorno de los años treinta, con la fortuna de que el momento de arrancada de su intranquilidad intelectual y política coincidiera con un gran esfuerzo de recepción, rescate, rectificación y expansión del ideario humanista y revolucionario martiano.

Sin saberlo, el niño­ adolescente Faustino asistía y participaba del proceso de rescate del otro Martí, cuyo origen sus estudiosos sitúan concomitante con los primeros años de vida de Faustino: la década del veinte.

Si una cualidad supo apreciar tempraneramente Faustino en Martí fue su capacidad de sacrificio, antecedida siempre por su proclividad y entrega al servicio a los demás. Impactante para Faustino fue aquella precoz resolución de luchar contra el crimen cometido en los excluidos y explotados que tomó en el Hanábana, cuando con apenas 12 años de edad, vio traficar, azotar o asesinar a los negros esclavos, y que luego convirtió en poesía siempre recordada y citada por Faustino:

Rojo, como en el desierto, salió el sol al horizonte,

y alumbró a un esclavo muerto, colgado a un ceibo del monte.

Un niño lo vio: tembló de pasión por los que gimen,

y al pie del muerto juró lavar con su vida el crimen.

Como si recordara su propia experiencia, Faustino dijo de Martí que su carácter se fue forjando y acerando a través de la confrontación con esa realidad cotidiana y ascendiendo siempre a planos nuevos y superiores. Y también apreció que el sentido del sacrificio y del deber definen la vida de Martí. La experiencia personal de Faustino no fue tan extrema ni lacerante en su niñez como la del hijo de la calle Paula en el Hanábana, ni de adulto tuvo la técnica martiana de poner en verso hermoso sus recuerdos más íntimos, pero el sentimiento y la resolución frente a los hechos semejantes es el mismo vistos o sufridos en Cruz de Neiva, El Obispo o Cañada de Piña será similar: indignación y vocación de servir a los lacerados al costo del sacrificio personal. Eso contribuye decisivamente a explicar su elección de la medicina como herramienta profesional y su inserción posterior a las tentativas más arriesgadas y temerarias por derrocar la dictadura de Fulgencio Batista.

Llegado Faustino a la plena adultez en el entorno de los primeros años de la década del cincuenta y obligado por el golpe de Estado de marzo de 1952 a una vertiginosa maduración y proyección político ­revolucionaria, Martí aparece como brújula personal. Ya lo había sido, en lo que existe una relativa precocidad con relación a una buena parte de su generación biológico­ política. La justificación radica en que hay mucha singularidad en su biografía, esa grave niñez y adolescencia que hasta aquí se ha introducido al texto, y en la ventaja de que disfrutó al ser Faustino de los más viejos de aquella generación de jóvenes revolucionarios; por ejemplo, le llevará seis años a Fidel Castro y años a Raúl Castro.

Faustino había asistido en su adolescencia al derrumbamiento popular de la dictadura de Gerardo Machado, hecho en el cual Martí no figuró como esencia política aglutinadora ni discursiva. Aún aquella generación revolucionaria, la del 30, no se había apropiado de Martí como poderosa arma político­ revolucionaria, si bien Martí latía e inundaba conciencias. Veinte años después, en 1953, cuando se cumplían los cien años de su natalicio, algunas cosas habían mutado, entre ellas la recepción colectiva de la acción, la palabra y el ejemplo de José Martí para servir de autor intelectual de las acciones revolucionarias, afirmación que acuñó Fidel Castro para los ataques a los cuarteles Guillermón Moncada en Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes en Bayamo, pero que no era propiedad de su grupo revolucionario, sino de toda la generación aquella, aún dispersa y desorganizada, que tenía en común el considerarse con justeza Generación del Centenario.

No hay casualidad. No constituyó un fenómeno artificial, ­dejó dicho Faustino­, que en vísperas del centenario de su nacimiento, cuando se había instaurado en el país una nueva tiranía y llegaba la hora de volver a llamar otra vez a la guerra necesaria, los nuevos mambises llevaran en su arsenal las enseñanzas del Apóstol. En su propia denominación, la Generación del Centenario tomaba como bandera el estandarte martiano. Al asumirlo, asumirá también todo su significado y compromiso. Ya en lo adelante lo veríamos actuante y combatiente como guía de aquellas huestes de vanguardia. Ya no habría hecho, manifestación o denuncia que no llevara el sello de su magisterio.

Y fue a la Fragua Martiana que la Generación del Centenario de Martí, donde primero se solía ir en manifestación de protesta y combate cuando el golpe de Estado truncó las libertades civiles y políticas en marzo de 1952. Casi siempre Faustino era uno de los manifestantes; tal y como ocurrió la noche del 28 de enero de 1953, en que un mar de jóvenes y adultos, con antorchas encendidas, descendió de la Universidad de La Habana hasta aquel simbólico lugar.

Faustino andaba ansioso de ofrecerle un homenaje también individual a su maestro grande. En aquellas jornadas, un afiebrado militante martiano como él, protagonizó lo que con sincera modestia dio en calificar como episodio menor : seleccionar los pensamientos de Martí que consideró de más incidencia ofensiva contra las tiranías e imprimirlos en un plegable que facilitara su lectura apresurada y su distribución bajo la presión de la eventual represión.

Ese día, en que Martí debió cumplir 100 años, Faustino preparó y costeó la edición de un pequeño folleto, reuniendo decenas de frases martianas que estigmatizaban a las tiranías, veneraban la libertad o invocaban la dignidad humana. Aquel suelto titulado Centenario del Apóstol, que costeó con sus escasos dineros y de los cuales distribuyó varios miles de ejemplares fue su minúsculo homenaje personal a Martí. Y también un arma para enfrentar a la dictadura de Fulgencio Batista, por contener una selección de algunos de sus más afilados pensamientos contra la opresión, bajo la premisa de que la patria que sufre reclama el esfuerzo de sus mejores hijos.

Algunas frases martianas contenidas en el cuadernillo serían subrayadas muchas veces por Faustino en sus entrevistas o discursos. De ellas se había apropiado, definitivamente.

Que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre.

El hombre que oculta lo que piensa o no se atreve a decir lo que piensa, no es un hombre honrado.

El hombre que obedece a un mal gobierno y no trabaja para que el gobierno sea bueno, no es un hombre honrado.

El que vive de la infamia o la codea en paz es un infame. Abstenerse de ella no basta, se ha de pelear contra ella.

Ver en calma un crimen es cometerlo.

Los malos no triunfan sino donde los buenos son indiferentes.

El triunfo es de los que se sacrifican.

El verdadero hombre no mira de que lado se vive mejor, sino de que lado está el deber.

El decoro vale más que la hacienda.

Imponerse es de tiranos.

El déspota cede a quien se le encara con su única forma de ceder: desapareciendo. Jamás cede a quien se le humilla.

No hay tirano que afronte a un pueblo en pie.

Levanten el ánimo lo que lo tengan caído: Con treinta hombres se puede hacer un pueblo.

La sangre de los buenos no se vierte nunca en vano.

El que a ser hombre tenga miedo póngase de alquiler.

El lamento es de ruines cuando está enfrente la obra.

Los derechos se toman, no se piden; se arrancan, no se mendigan.

Ha de hacerse en cada momento lo que en cada momento es necesario.

El pequeño documento, de por si valioso, dadas las circunstancias, contenía, además, un gesto muy peculiar en Faustino: la temeridad, pues en lugar de hacerlo en calidad de anónimo, lo firmó con su nombre y primer apellido, luego de incorporar una nota de dos párrafos a los cubanos de buena voluntad que en su momento fue tenida como brava y hermosa.

No limitemos el homenaje a nuestro Apóstol a las palabras o actos aislados de las fechas conmemorativas. Honrémosle permanentemente con nuestra conducta “poniendo de moda la virtud”. Honrémosle con nuestra propia vida, pues “ella es el mejor sermón”.  Nuestra patria sufre la vergüenza de su decoro mancillado y exige el esfuerzo de sus mejores hijos. La hora es de recuento y compromiso. Meditemos en el deber de cada uno y levantémonos a cumplirlo rindiendo a Martí el culto vivo que reclama su ejemplo: Trabajar sin desmayo y limpiamente por una patria libre y digna.

Relación con los comunistas

En la dialéctica de su vida, en sus inicios y luego acompañándolo indefectiblemente, Faustino tuvo como pocos revolucionarios cubanos esa dualidad de influencias y relación: con Martí y con los comunistas, hasta incorporar o absorber ambas sabidurías. Y es que también los viejos comunistas son parte esencial de la biografía de Faustino; de algunos de ellos se nutrió muy tempranamente, y con otros colisionó más de una vez.

Siendo un niño aún, Faustino comenzó una muy provechosa y singular relación­ comunicación con uno de los dirigentes obreros del Partido Comunista, quien estaba llamado a ser en breve símbolo mártir de la clase obrera cubana: Jesús Menéndez Larrondo, quien en esos momentos era líder obrero de la región y de la provincia de Las Villas, siempre integrado al Partido Comunista. En 1932 y 1933, Menéndez organizó y encabezó las llamadas Marchas del hambre. A mediados de la década, para sobrevivir a los planes de eliminación física que se fraguaban contra él, trasladó su actividad laboral, gremial y revolucionaria hacia la región de Cabaiguán, Guayos y Zaza del Medio, que será cuando junto a sus hermanos Carlos y Alfonso, comienza a trabajar en la escogida de tabaco de la finca de Don Pepe.

Aquel trabajo en común le permitió a Faustino escuchar continuamente las ideas y preocupaciones de los obreros comunistas. Sin entender gran cosa de teorías políticas, quedó sensibilizado notablemente con la opción que estos hacían por los pobres. Esa era una reafirmación de lo que había aprendido o aprenderá de Martí. Con estos antecedentes, no es extraño entonces que Faustino fuera uno de aquellos hombres comidos del ansia de remediar los dolores humanos, de los que habló Martí.

Los Menéndez, a los ojos avispados del niño, reunían en sí atributos que estremecían su sensibilidad. Un pasado épico de naturaleza libertaria; una piel que los estigmatizaba en una sociedad asentada en la marginación y discriminación del negro; una procedencia más humilde y explotada que la suya, que los obligaba a deambular por la región matando el tiempo muerto, inteligente y exacta manera de llamar a la multiplicación de la depauperación a la que se veían sometidos los depauperados obreros azucareros cuando se acababa la zafra anual de tres meses; la digna manera de combatir su pobreza: con trabajo constante e incondicional y honestidad a lo Don Pepe; su conciencia de clase y preparación política, y especialmente su resolución rebelde, consecuencia de la interrelación de todo esto.

Y el propio Faustino lo ha admitido: Simultáneamente fuimos percibiendo las grandes diferencias en la forma de vivir de unos con relación a otros, se nos hicieron evidentes la opulencia y la miseria y llegamos a saber que existían los ricos y los pobres. Así, sin conocimiento de causa, sin conciencia clara aún de los motivos, empezamos a compartir las primeras rebeldías, seguramente alimentadas por el contacto con trabajadores que visitaban temporalmente la zona en busca de trabajo, como Jesús Menéndez y sus hermanos.

Faustino participará en calidad de manifestante, siendo casi niño, en la, posiblemente, primera manifestación pública de protesta de los tabacaleros de la región, que debió ocurrir en la segunda mitad de los años treinta. ¿Tenía plena conciencia Faustino de lo que significaba aquella manifestación? Seguramente. No hay ingenuidad posible. Aunque era un adolescente, tenía formación política y conocimiento de las causas y razones de las demandas obreras. Faustino participó por solidaridad y simpatía, aunque sea demasiado ambicioso ubicar sus gritos y su marcha como compromiso político.

Con todos estos antecedentes, una de las cosas más asombrosas y simbólicas en la proyección política de Faustino será no haberse integrado, en ningún momento, al antiguo Partido Comunista (con este nombre o con el de Unión Revolucionaria Comunista o Partido Socialista Popular). Habiendo estado sometido a una influencia tan marcada y protagónica de valiosos y prominentes comunistas de la talla de Jesús Menéndez, hubiese sido totalmente coherente que Faustino se integrara a esta militancia. Sin embargo, no lo hizo, pese a que Carlos sostuvo hasta su muerte que Faustino proyectó desde muy joven todas las características que los comunistas exigían a su selecta militancia: Yo digo que no era comunista de nombre, pero prácticamente lo que él realizaba era una cuestión de comunismo, luchaba por lo mismo que lucha el comunismo. Las ideas de las personas son muy independientes, porque no todos los luchadores del mundo han sido comunistas; sin embargo, luchaban por cosas que venían de acuerdo con la lucha del comunismo. El comunismo es una necesidad histórica, que tuvieron que ponerle ese nombre para unir a los trabajadores, en vías de defender sus derechos. Para mí, Faustino tiene mucho más mérito que muchos que tienen el nombre de comunistas; tiene mucho más mérito porque él no empleaba la palabra solamente, sino la acción, para resolver los problemas.

Muy lamentablemente, este tipo de apreciación estuvo completamente ausente en muchos de los enjuiciamientos sectarios excluyentes de que fue víctima Faustino a partir de finales de los años cincuenta, cuando convertido en un destacado dirigente revolucionario, fue atacado por algunos dirigentes del antiguo Partido Comunista. Eso es un asunto medular de la biografía de Faustino, que ha de resolverse progresivamente, pero siempre a partir de responder una pregunta inicial: ¿por cuáles razones Faustino no ingresa al Partido Comunista a finales de la década del treinta o en la primera mitad de los años cuarenta?

Su militancia en la izquierda.

Por otra parte, algunos eventos políticos de la época influyeron y motivaron las inquietudes políticas e ideológicas y cultivaron la sensibilidad humanista de Faustino, haciéndolo girar, mejor, direccionar, hacia una izquierda militante. Ninguno como la guerra civil española, que se inició cuando él tenía 16 años. El propio Faustino lo admitió: Al venir la Guerra Civil Española cristalizaron mis sentimientos a favor de los republicanos. Y también originó los primeros contratiempos políticos con Don Pepe.

Al desencadenarse la guerra civil en España, consecuencia de la subversión violenta y golpista del orden constitucional republicano por parte de los sectores más reaccionarios del país, Faustino tomó partido de manera consciente, apasionadamente, contra la reacción franquista. La impronta personal que tuvo el acontecimiento fue de tal envergadura que el propio Faustino lo ubicó como el hecho que lo inclinó definitivamente a la izquierda: la guerra española constituyó el hecho que desde sus comienzos contribuyó a fijar definitivamente mi proyección política tomando partido con la pasión de adolescente por la causa de la República Española y aprendiendo a odiar al fascismo y la reacción.

La guerra civil española lo marcó profundamente, no sólo por la impronta ideológica que dejó en él y en muchos, sino porque implicó la ocurrencia de graves contradicciones con su padre. Sin ofrecer razones, un Faustino maduro y curtido, poco dado a la exageración, catalogó esta experiencia de difícil. Llegamos a tener contradicciones en la casa porque mi padre simpatizaba con Franco, confesaría mucho después. No podía ser de otra manera, pues la guerra civil española produjo una ruptura muy profunda en la sociedad ibérica y en Cuba, su última colonia en América, adonde aún llegaban oleadas de inmigrantes económicos de España, y a partir de entonces emigrados políticos.

Y no serían estas las primeras ni las últimas escaramuzas ideológicas y políticas que Faustino tuviera con Don Pepe. Ese tipo de fenómeno, que suele ser muy común al interior de las familias, lo era particularmente en aquella época. Como norma, de un lado hijos ariscos, rebeldes, libertarios; del otro lado, padres conservadores, de cierta manera comprometidos con el estatus quo.

Algunos años después de este trance en torno a la II República Española en la finca de Campiña, en una hacienda ubicada en el corazón de la provincia más ancha de la isla, Oriente, otro emigrante español, este gallego, Don Ángel, comenzaba a tener sus primeras escaramuzas políticas e ideológicas con un hijo particularmente rebelde, dado a desafiar el sistema y a enrolarse en proyectos subversivos internacionales: Fidel Castro. Las diferencias entre ambos casos, básicamente radican en que en Birán esto ocurre entre un padre terrateniente y un hijo eficiente y cómodamente educado en las mejores escuelas religiosas de Santiago de Cuba y La Habana, pagadas gracias a los dineros de la familia; mientras, en Cañada de Piña, Don Pepe no distaba mucho de ser un terrateniente, y Faustino apenas pudo culminar sus estudios públicos, por la estrechez financiera familiar.

Quince años después ambos coincidirán, Fidel como abogado, y Faustino de médico, en el propósito de derrocar a un tirano y producir una revolución social con raíz en Martí, que beneficiara a los excluidos y explotados, afectando los intereses de clase de sus padres, de Don Ángel y Don Pepe, del gallego y del canario. Don Ángel habrá muerto antes de que se produzca la victoria de la causa de su hijo; Don Pepe vivirá ese momento y acompañará, con sus críticas, contradicciones y simpatías, al suyo, y al otro, en el esfuerzo por construir otro modelo de sociedad, socialista.

Pero antes ha de ocurrir un largo proceso político en el que Faustino casi estuvo de incógnito hasta sus postrimerías.

Faustino asistió de espectador al experimento revolucionario del 33, siendo impactado por la prédica y la acción política de Guiteras, cuya obra de gobierno admiró y cuya resolución y métodos revolucionarios compartió. No sólo en él, sino en la juventud cubana en la que caló muy hondo las realizaciones del Gobierno de los Cien Días y la línea insurreccional propugnada por Guiteras a través de Joven Cuba para combatir contra los usurpadores del poder y realizar una profunda revolución social en Cuba.

Por la reunión de todo ello, nacía el hecho de que Faustino tuviera a Guiteras como un paradigma político, y se explica, por ejemplo, que el 8 de mayo de 1940, en la conmemoración que hubo en Cabaiguán del quinto aniversario de su muerte, acto en el cual hicieron de oradores dos guiteristas habaneros: Manuel Bisbé y Luis Orlando Rodríguez, entre los más entusiastas asistentes al acto se encontrara Faustino.

Llegó a ser tanta la trascendencia de su verticalidad revolucionaria posterior que quienes lo conocieron profundamente podrían poner en duda el hecho cierto de que poco después de haber llegado a La Habana, en 1943, queriendo recibirse de Doctor en Medicina, Faustino hiciera activa campaña electoral a favor de las aspiraciones presidenciales del doctor Ramón Grau San Martín; activismo electoral que Faustino ubicó como su primera participación política. La oposición, a la que estaba integrado el recién matriculado joven estudiante de Medicina Faustino Pérez, hizo gobierno.

Muy rápidamente el júbilo se trastocó en mueca, al asistirse al desplome de la esperanza. El prestigio que rodeaba y las ilusiones reformistas que había levantado el flaco profesor de Fisiología, se deshicieron en un santiamén. Las ilusiones de Faustino de que se produjera un cambio político en el país se desvanecieron. El doctor Ramón Grau San Martín traicionó los ideales renovadores propugnados para llegar al poder. Lejos de producir una revolución ética en la administración pública y realizar las proclamaciones progresistas de la Constitución de 1940, el gobierno auténtico fue un reservorio de ladrones y gansters políticos y la conversión de los postulados constitucionales en legislación ordinaria quedó por hacer.

Decepcionado del Partido Revolucionario Cubano (Auténtico), Eduardo Chibás, uno de sus más prominentes senadores, rompe con el partido y crea su propia organización: el Partido del Pueblo Cubano. Chibás prometía cumplir el ideal originario del PRC, por lo que la organización fue conocida como Partido Ortodoxo.

El PPC era una agrupación heterogénea en su composición social y su orientación ideológica. El programa político apuntaba al nervio central de la historia nacional: la ética pública. Chibás propugnaba corregir la inveterada corrupción administrativa y ejecutar las necesarias reformas del sistema capitalista, sin comprometerlo.

Con su prédica, logró el respaldo y el compromiso con su causa de cientos de miles de cubanos, principalmente jóvenes. Los más radicales se pronunciaron por ir más allá del simple adecentamiento de la vida nacional. Como muchos, rápidamente Faustino se insertó, entusiasmado, a los esfuerzos del doctor Chibás, ubicándose entre los del sector más radical. Faustino se incorpora a los ortodoxos por una causa que él mismo quizás no aquilataba en todo lo que significaba: el odio generacional a la politiquería.

Tras eso iba Faustino y una buena parte de los jóvenes ortodoxos. No era todo, pero tampoco era poco, dadas las circunstancias. Como un simple militante en la Ortodoxia, confesó Faustino, trabajé activa y entusiastamente tras las consignas chibasistas de adecentamiento de la vida nacional. En realidad hizo más, pues posteriormente integró varias comisiones técnicas del PPC, tras su afiliación oficial, lo que ocurrió el 14 de julio de 1947, en Cabaiguán. En realidad, fue el primero entre los cerca de novecientos ortodoxos de la zona.

Faustino y su hermano Carlos llevaron a la casa de La Esperanza el interés por las prédicas de Chibás, cuyos discursos comenzaron a ser seguidos por la radio recién adquirida, lo que contribuyó a un gradual proceso de politización de la familia, que tuvo una de sus expresiones más simbólicas en el hecho de que La Universidad del Aire fuera seguida sin falta por los Pérez Hernández en Cabaiguán, y que será justamente el programa que años después, en 1952, convertirá a Faustino en noticia nacional, por primera vez.

Hasta 1952, Faustino estará participando casi anónimamente en las luchas estudiantiles en la Universidad de La Habana, sin jugar un rol destacado. Su primera detención sobrevino a raíz de las protestas estudiantiles y populares contra el aumento del pasaje de los ómnibus decretado por el presidente Carlos Prío Socarrás. La protesta consistía en abordar los ómnibus y negarse a pagar el aumento de pasaje. La policía intervino, deteniendo a un grupo numeroso de estudiantes, entre los que se hallaba Faustino, quien de esta manera inauguró sus visitas en calidad detenido a las estaciones policíacas de La Habana; esta vez, a la 3ra. Estación de Policía.

Faustino estará de anónimo en las jornadas políticas de los años cuarenta. Aunque participa en algunas manifestaciones y se integra a varios proyectos, su nombre no figura en los titulares de la prensa, ni siquiera en el texto de las noticias. Los periodistas no son los responsables, sino la escasa entidad de su protagonismo. Eran los años en que su participación política consistía básicamente en participar en las principales manifestaciones públicas que organizaba la FEU, especialmente en los aniversarios de la muerte de Antonio Guiteras. Paralelamente, trabajaba muy fervientemente en las campañas políticas ortodoxas, que continuamente daban resultados positivos, convirtiéndose en una real alternativa de poder.

Todo iba bien, pero a mediados de 1951 el Partido Ortodoxo sufrió un golpe anonadante. El 5 de agosto, por los micrófonos de la CMQ, Eduardo Chibás pronunció su último discurso, el más dramático del siglo XX cubano. No pudiendo presentar las pruebas prometidas de una de las corrupciones del gobierno auténtico, al parecer Chibás decidió conmover la conciencia nacional, inmolándose. Se efectuó un disparo al pecho tras haberle pedido a sus seguidores avanzar por el camino de “la independencia económica, la libertad política y social.” Once días después, el 16 de agosto, Chibás moría. Faustino quedó consternado, desconcertado. Se estremeció de la cabeza a los pies, frente al cadáver de su líder, tendido en el Aula Magna de la Universidad de La Habana. Fue uno de los cientos de miles de habaneros que acompañó el cadáver hasta el Cementerio de Colón.

En las jornadas de agosto de 1951 los que estaban llamados a tomar las banderas de Chibás no figuraron en los primeros planos ni en las crónicas de los periódicos y revistas. Ellos estaban sumergidos en la masa ortodoxa. Faustino, uno de ellos, continuó trabajando con lo que consideraba eran las fuerzas más sanas y progresistas de la ortodoxia. De todos modos, actuaba apasionadamente en la campaña política de cara a las elecciones de junio de 1952, para las cuales el insípido Roberto Agramonte Pichardo, quien en menos de una década será su compañero de Gabinete, reemplazó a Chibás como candidato presidencial ortodoxo.

Golpe de Estado.

Al permanecer vinculado a los estudiantes y reconocer en la Universidad de La Habana la fuente primera de rebeldía, apenas tuvo noticia del cuartelazo del 10 de marzo de 1952, Faustino se dirigió a la colina universitaria, a explorar los preparativos de resistencia al golpe. Quería saber qué decisiones había tomado y qué orientaciones impartía la Federación de Estudiantes Universitarios. Encontró a los dirigentes reunidos, evaluando la situación, sin pasar a la acción.

Así sería en las jornadas siguientes, lo que mereció un juicio severo de su parte: Para un grupo de nosotros que estábamos impacientes y ansiosos porque se comenzara la lucha contra aquel golpe reaccionario, (…) era incomprensible que pasaran las horas, que pasaran los días, que pasaran reunión tras reunión, sin haberse adoptado una determinación de lucha, una decisión clara frente a los déspotas que asaltaron el poder.

En las semanas y meses siguientes, en las oficinas de la FEU y en diversas dependencias universitarias se produjeron reuniones de concertación y preparativos en busca de la unidad contra el golpe de Estado, para proyectar unas bases programáticas, por lo menos 10 puntos de convergencia para la oposición al régimen. Los estudiantes y los recién graduados estaban en primera fila, acompañados por intelectuales y trabajadores. Allí se dieron cita la mayoría de los jóvenes que en los años siguientes jugaron un papel decisivo en la lucha contra la tiranía: Raúl Castro, Juan Almeida, José Antonio Echevarria, Fructuoso Rodríguez, Faure Chomón, Juan Manuel y Efigenio Ameijeiras, Borís Luis Santa Coloma, Raúl Gómez García, Armando y Enrique Hart. Y también Faustino Pérez.

Acudiendo a los símbolos para combatir la dictadura, el día antes los estudiantes universitarios y los más fervientes opositores iniciaron un movimiento de juramentación de fidelidad ciudadana a la Constitución de 1940. Los estudiantes decidieron velarla, en señal de duelo, en la escalinata de la Universidad de La Habana.

Una inmensa multitud de estudiantes y trabajadores se reunió en la Universidad de la Habana para jurar la Constitución. Vencido el propósito movilizador y denunciador del Velorio a la Constitución de la República, los jóvenes bajaron en manifestación la Escalinata Universitaria, bajaron por San Lázaro y se dirigieron, sin tropiezos hasta la Fragua Martiana. La Constitución iba sobre el pecho de Armando Hart y la bandera nacional era sostenida y agitada por Raúl Castro. Faustino iba entre la masa.

No hubo violencia. Pese al franco carácter antigubernamental, la Policía Nacional se mantuvo a discreción, evitando un incidente. El dictador seguía la política de no arremeter contra la oposición mientras esta no representara un peligro. Concentraba su atención en fortalecer el esqueleto de su poder total. Fue una típica y transitoria maniobra de contención por el procedimiento de dejar hacer bajo ciertos límites. En sintonía con esta política, Batista había disuelto el Congreso Nacional, pero seguía pagando a los congresistas; prohibía los partidos políticos y detenía a sus dirigentes apenas se reunían para concertarse, pero los dejaba en libertad rápidamente, y no autorizaba o prohibía las protestas, pero las consentía.

Justo un mes después Armando Hart y Faustino figurarían en la lista de los primeros opositores lesionados por la violencia batistiana. En la tarde del 4 de mayo de 1952, en la Universidad del Aire, una cuadrilla de sicarios irrumpió en el estudio, agrediendo físicamente a los asistentes, quienes respondieron con energía. Muchos resultaron golpeados y heridos. Aquella violencia fue el bautismo de fuego contra el régimen, al decir de Faustino. Hart recibiría un fuerte golpe en su ojo y Faustino la fractura de un dedo.

Faustino se mantendrá estrechamente vinculado a la actividad revolucionaria de los estudiantes.

El 15 de enero de 1953 participó en la manifestación estudiantil condenando la profanación del busto de Julio Antonio Mella situado frente a la escalinata universitaria. Elementos batistianos embadurnaron subrepticiamente con chapapote el rostro del fundador de la Federación de Estudiantes Universitarios y del Partido Comunista de Cuba. La reacción estudiantil fue atacada por la policía. El estudiante de Arquitectura de la Universidad de La Habana, Rubén Batista Rubio, fue herido de bala, mortalmente. Durante varias semanas agonizó, manteniendo en vilo a la opinión pública cubana. El 13 de febrero expiró, convirtiéndose en el primer mártir de la lucha antibatistiana. Al día siguiente sus compañeros lo llevaron al Cementerio de Colón. La indignación popular estaba en marcha.

En la manifestación en que fue baleado Rubén Batista, Faustino se enfrenta a la policía con los puños; es detenido y golpeado. Recibirá golpes a manos de la policía una y otra vez. No es de los manifestantes que huyen cuando los cuerpos represivos hacen acto de presencia y acometen con sus bastones, o con las balas. Recogiendo dinero para la amnistía de Millo Ochoa, Faustino fue agredido por los cuerpos represivos. En la manifestación de protesta durante el juicio contra Millo Ochoa, líder ortodoxo significado por sus muchos discursos oposicionistas y sus promesas de rebeldía frente al régimen, Faustino volverá a regresar a su casa golpeado.

El MNR.

Aquellas acciones durante las primeras semanas posibilitaron que Faustino se vinculará a los hermanos Hart Dávalos, Armando y Enrique, y otros jóvenes radicales. Nuclearon sus esfuerzos sin producir por sí solos el nacimiento de una organización revolucionaria. Casi inmediatamente con el golpe de Estado, en las aulas y oficinas de la Universidad comenzaron a producirse continuas e interminables reuniones, con la participación de disímiles jóvenes con el propósito de apurar la unidad revolucionaria que permitiera el nacimiento de una especie de réplica de lo que fue en los años 1927 y 1930 el Directorio Estudiantil. El proyecto, del que participa activamente Faustino, no fragua, fracasando una y otra vez las distintas propuestas. Por fin, el 20 de mayo de 1952, en una amplia y abierta reunión que tuvo lugar en un aula de la Facultad de Matemáticas de la Escuela de Ciencias de la Universidad de La Habana, se fundó el Movimiento Nacional Revolucionario. Su líder era el doctor Rafael García Bárcenas.

En el plan de García Bárcenas de tomar el campamento militar de Columbia, a Faustino se le encargó la misión de confeccionar cientos de nicles, los que con un grupo de sus compañeros realizaron en el dispensario de la Iglesia Prebisteriana ubicado en la calle Salud número 222. La acción fracasó y García Bárcenas fue detenido y enjuiciado.

Antes de la detención de Bárcenas, Faustino, Armando Hart y otros habían realizado labores de proselitismo y organización del MNR en distintas provincias; las que fueron multiplicadas posterior al apresamiento del jefe del movimiento. De todos modos, estas gestiones se realizaron no oficialmente, sin el respaldo pleno y sin el deseo expreso de Bárcenas, intransigente en su postura de sólo vertebrar una organización revolucionaria de masas posterior al éxito de su conspiración militar. El encarcelamiento de Bárcenas, lejos de debilitar aún más la frágil estructura del MNR, contribuyó a diseminarlo por el país y fortalecerlo, convirtiéndolo en una organización revolucionaria que concitó el respaldo público, por el prestigio de su líder y por el empeño organizativo de la dirección operativa, principalmente los hermanos Hart y Faustino Pérez.

El 26 de julio de 1953, simultáneamente, los hombres de Fidel atacaron los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo. La violencia ejercida por elementos civiles contra los militares en el cuartel Moncada contrastaba con la violencia entre militares propugnada limitadamente por el doctor Rafael García Bárcenas.

Faustino, curiosamente, pudo haber sido uno de los combatientes el 26 de julio de 1953. Tenía contactos y relaciones revolucionarias con varios de los hombres de confianza de Fidel Castro: Lester Rodríguez, Pedro Miret y Abelardo Crespo, quienes paralelamente mantenían contactos con García Bárcenas. Pero el conocimiento de Faustino de los proyectos de Fidel Castro se limitaba a vagos indicios. El 23 o el 24 de julio me van a buscar para unas prácticas de guerra en el Instituto de La Habana. Creyendo que iban a una nueva práctica de tiro en el campo, ignoraban que iban rumbo a Santiago de Cuba­, Gustavo Arcos y Abelardo Crespo visitaron a Faustino en el laboratorio donde trabajaba en Salud 222 para invitarle a practicar. Como su madre estaba ingresada en la Quinta Canaria, Faustino rehusó acompañarles, aunque insistió en que le volvieran a invitar para el próximo ejercicio.

Con el Moncada, Faustino quedó conmovido, por el dolor por los caídos y la admiración por los hechos. El Moncada marcará a Faustino y lo orienta hacia Fidel. Pronto tiene el primer contacto directo con los combatientes de Santiago de Cuba. En una iniciativa personal muy característica en él, en octubre de 1953 (1), acompañado de su esposa Nélida, viaja a aquella ciudad con la intención de entrar en contacto con los moncadistas, pero sólo logra visitar a tres de los sobrevivientes, quienes se encuentran recluidos en la Colonia Española: Abelardo Crespo, Gustavo Arcos, y José Ponce

Ya en La Habana entrará en vínculos crecientes con varios de los moncadistas que lograron evadir el juicio en la Audiencia de Oriente y que se hallan en libertad. Estos lazos serán intensos con Haydée Santamaría y Melba Hernández , en Jovellar 107, cuando estas son puestas en libertad. También intervendrá en el rescate de Gustavo Arcos del Hospital Ortopédico de la capital.

El Movimiento Nacional Revolucionario de Rafael García Bárcenas, de limitada raíz popular, y quizás el esfuerzo más serio dentro de las conspiraciones con los militares, no produjo nada relevante. De tanta difusión, terminó diluyéndose. Para mediados del segundo semestre de 1954, el MNR recibió otros dos golpes. Frank País, joven radical de Santiago de Cuba, con quien Faustino había tenido contactos para fundar el MNR en Oriente, decidió fundar otra organización revolucionaria, y los cuadros operativos más destacados del MNR en La Habana fueron apresados.

Frank País, acompañado de Vilma Espín Guillois, viajó en octubre de 1954 a La Habana. Iba a comunicar, decepcionado de la inacción del MNR, la decisión de crear la Acción Revolucionaria Oriental, ofreciendo hacer acciones concertadas contra la dictadura. Frank País proponía un plan de acción conjunto para boicotear las programadas elecciones generales del mes de noviembre. Decidieron reunirse para discutir en el Colegio de Maestros Normales Equiparados. Era el 12 de octubre. Vilma y Frank se marcharon. Los dirigentes del MNR continuaron discutiendo, pero la reunión fue interrumpida por la súbita aparición de la Policía. Todos, Armando Hart, Enrique Hart, Bebo Hidalgo, Mario (el abogado) y Faustino Pérez fueron detenidos y conducidos a la estación policíaca. Sin demora, la Policía practicó un registro en el laboratorio de la calle Salud 222, donde tenían escondidas algunas granadas, dinamita e implementos para fabricar artefactos explosivos. Ante la acumulación de evidencias en su contra, Faustino decidió responsabilizarse con todo el arsenal:

­ Lo que hay en Salud 222 es mío exclusivamente.

Faustino fue condenado a tres años y seis meses de privación de libertad por tenencia de explosivos; Armando Hart, Enrique Hart, Bebo Hidalgo y los demás a cuarenta y cinco días de reclusión por reunirse ilícitamente. Recuperará su libertad poco después, con la amnistía política de mayo de 1955.

Fidel Castro y sus compañeros del alzamiento del 26 de julio de 1953, recibieron la libertad el 15 de mayo de 1955. El 17 de mayo, al mediodía, fueron puestos en libertad los presos políticos recluidos en el Castillo del Príncipe, entre ellos Faustino Pérez.

Al día siguiente, Faustino y Armando Hart se entrevistan con Fidel Castro en la casa de 23 y 20, en El Vedado. Planteada la posibilidad de unir las fuerzas y esfuerzos del doctor Rafael García Bárcenas y Fidel, se acordó producir un encuentro de concertación entre ambos. Este tuvo lugar varios días después, al regresar el doctor Bárcenas de su exilio en los Estados Unidos.

Fidel, acompañado por Armando Hart y Faustino Pérez, fue a recibir al doctor Bárcenas al aeropuerto de Rancho Boyeros. Posteriormente se reúnen Fidel, Armando Hart, Faustino Pérez, Gustavo Arcos y Bárcenas, en la casa de este en la calle 19, en El Vedado. En la conversación con Fidel, Bárcenas se mantuvo intransigente en su concepción de lucha. Esta posición no permitía un pacto de unidad. Fidel, por el contrario, se expresó inclinado a la organización de las masas, por la insurrección civil. Para evitar la ruptura, Fidel propuso que Bárcenas trabajara en la organización de la conspiración militar, mientras él acometía la vertebración de un movimiento revolucionario, de civiles, con la participación del pueblo. No significaba una concertación de voluntades, sino la evitación de una ruptura entre dos estrategias encontradas.

Terminada la entrevista Armando Hart y Faustino acompañaron a Fidel de regreso, en su máquina; oportunidad que aprovecharon para comunicarle la determinación de trabajar en sus planes revolucionarios; decisión que habían tomado en el transcurso de la conversación con Bárcenas. Fidel estuvo de acuerdo. Faustino y Hart regresaron a encontrarse con Bárcenas, al que expusieron su determinación de integrarse a los planes insurreccionales de Fidel. El profesor no interpuso objeciones. Poco después casi todas las estructuras y miembros activos del MNR en el país, el grupo dinámico, se vincularon inmediatamente con los esfuerzos de Fidel.

Poco después de tomar la decisión de integrarse a sus planes, Fidel convocó a (..), Armando Hart y a Faustino a una reunión clandestina con los elementos dirigentes. La reunión tuvo lugar en La Habana Vieja, en la calle Factoría. La intención era crear oficialmente la organización revolucionaria. Faustino pasó a formar parte de la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio.

Fidel comprendió que en el clima de relativa distensión creado por la maniobra del régimen, resultaba improcedente recurrir al lenguaje de las armas. Siguiendo una estrategia maestra, Fidel se aprestó a capitalizar la oportunidad.

Faustino quedó confundido con la posición favorable a elecciones generales propugnadas por Fidel. No comprendió la táctica de llegar a un punto sin retorno, en el cual la responsabilidad por la violencia no recayera nunca en los revolucionarios. El creía que la táctica era la insurrección armada. En la intimidad Fidel pensaba y decía que ese era el camino, pero públicamente se manifestaba por caminos políticos; sabiendo que la propia tiranía, en su obstinación, se encargaría de cerrar cualquier vestigio de solución pacífica.

Al propugnar elecciones generales, Fidel sabía que serían inaceptables para Batista, electo fraudulentamente un año antes, en noviembre de 1954. Batista trataría de cubrir su período presidencial de cuatro años, entregando el poder, en todo caso, en febrero de 1959. La esencia de la política de Fidel es recabar, obtener y mantener el apoyo del pueblo. A ello se conduce en sus formas y métodos.

Muchos no comprendieron de inmediato su decisión de pronunciarse por elecciones generales, mientras se aprovechaba del marco que ofrecían las muy cacareadas garantías constitucionales para desenmascarar la naturaleza tiránica del régimen y denunciar los monstruosos crímenes de la tiranía cuando los sucesos de julio de 1953.

Batista no podría permitir las denuncias abiertas contra su gobierno, con lo cual intentaría acallar la voz de denuncia, lo que a su vez sería denunciado, hasta convencer que con Batista no había posibilidades de hallar una salida justa de la crisis nacional. Tras desenmascarar al dictador y a los “opositores” que le hacían el juego, Fidel partió al exilio, el 7 de julio de 1955, a menos de dos meses de haber recobrado la libertad. Había sido suficiente para que la dictadura le cerrara todas las puertas, tal y como había previsto. La responsabilidad de la violencia a que acudiría, en consecuencia, no le atañía. Abandonó el país con la idea bastante precisa de organizar una expedición armada.

Tras desenmascarar al dictador y a los “opositores” que le hacían el juego, Fidel partió al exilio, el 7 de julio de 1955, a menos de dos meses de haber recobrado la libertad. Había sido suficiente para que la dictadura le cerrara todas las puertas, tal y como había previsto. La responsabilidad de la violencia a que acudiría, en consecuencia, no le atañía. Abandonó el país con la idea bastante precisa de organizar una expedición armada.

Pedro Miret, Ñico López, Armando Hart, Faustino Pérez y otros dirigentes veintiseístas lograron que se leyera, al comenzar el congreso ortodoxo, el 15 de agosto de 1955 en el Teatro Martí, un mensaje enviado por Fidel, que era todo un manifiesto. Se pretendía que el Partido Ortodoxo asumiera una posición insurreccional, lo que fue fallido. Lamentablemente, el entusiasmo no pasó a más: una muestra de simpatía nada más, cierto respaldo a lo que se decía, pero sin ninguna cosa más concreta. Los dirigentes del Movimiento 26 de Julio propusieron a algunos dirigentes ortodoxos, López Pérez y Rivadulla, que propusieran a la masa la línea insurreccional propugnada por Fidel, pero no se decidieron. Faustino sorprendió a todos. Resuelto tomó los micrófonos y propuso la adopción de la postura revolucionaria de Fidel. Con aplausos y ovaciones, puestos de pie, la mayoría de los delegados ortodoxos, se pronunciaron a favor.

Faustino gana autoridad al interior del Movimiento. Fidel lo reconoce. En agosto de 1955, refiriéndose a Armando Hart y a Faustino, dirá de ellos que en esta nueva etapa de lucha ocupaban el lugar que Abel Santamaría, Boris Luis Santacoloma, Renato Guitar y otros habían dejado con su muerte heroica: ¡No pueden imaginarse cuánto me tranquiliza contar con él y con el médico en esta nueva etapa…! A finales de ese año, alabará la capacidad de movilización de Faustino: Lo ideal hubiera sido una intervención del médico, con el expediente de su lucha en esta etapa y el prestigio revolucionario y moral de que goza…

Siendo la labor más importante el crecimiento y expansión del Movimiento, Faustino le dedicó muchas jornadas, resolviendo las más enrevesadas dificultades. Acompañado de Ñico López y Aldo Santamaría, cumpliendo la encomienda de la Dirección Nacional, debido al atraso que experimentaba el proceso de vertebración en la provincia, en septiembre u octubre de 1955, Faustino viaja a Matanzas a organizar el Movimiento 26 de Julio. La provincia fue dividida en regiones, al frente de cada una de las cuales se designó a un Coordinador. La situación en Matanzas demandó tiempo y no pocos esfuerzos, dada la labor de zapa jugada por elementos politiqueros de la provincia y cierta resistencia hallada frente a la fórmula insurreccional.

Igualmente Faustino vertebró la nueva organización en la mayor parte de La Habana, cuyo Coordinador fue José Suárez, y desarrolló actividades similares en Las Villas.

Faustino será un baluarte de la Dirección Nacional del Movimiento en el enfrentamiento y neutralización de los dos grandes escollos que la política nacional impondrá en el segundo semestre de 1955: combatir y desbaratar las gestiones mediacionistas de Don Cosme de la Torriente y la Sociedad de Amigos de la República y los frecuentes y desmovilizadores esfuerzos de altos dirigentes ortodoxos por llegar a un arreglo político con el tirano.

A inicios de febrero de 1956, Faustino viaja a Ciudad de México, con la segunda remesa: ocho mil doscientos cincuenta dólares, producto del aporte generoso y sacrificado de cientos de humildes simpatizantes y combatientes de todo el país. Faustino permaneció nueve días en Ciudad de México, a llevar el dinero, informar de las actividades nuestras, recibir orientaciones. Fue tiempo suficiente para conocer la marcha de los preparativos expedicionarios y la precariedad con que se trabajaba.

Fidel lo llevó a la casa del doctor Guevara, a quien le había nacido su primera hija, Hilda Guevara Gadea. Quedó sorprendido por la fluidez que lograban Fidel y el Che en su comunicación, aunque no advirtió en él la extraordinaria capacidad revolucionaria que lo convirtió en poco tiempo en uno de los líderes de la Revolución Cubana. Lo que en febrero de 1956 Faustino ignoraba por completo era que el Che Guevara, que era capaz de, sacrificando la prosperidad familiar y sin exigir nada a cambio, integrarse al proyecto insurreccional de Fidel, en su agudeza, lo hizo desconfiando de la voluntad y capacidad de este para desarrollar una profunda revolución social en Cuba. Igual que desconfiaría de muchos que por su procedencia burguesa o semiburguesa o por sus criterios políticos antisoviéticos o anticomunistas, reales o presumidos, le parecían compañeros de lucha contra la dictadura, pero no en su concepción socialista de solución de los problemas de la sociedad cubana.

Faustino regresó a Cuba, a centrar la atención de fortalecer y desarrollar la organización, en hacer propaganda y agitación. Intenta evitar el cisma al interior del Movimiento que significa la participación de varios cuadros o militantes veintiseístas en los planes auténticos de tomar el cuartel Goicuría de Matanzas. Fracasado aquel heroico esfuerzo bélico, la dictadura desencadena una ola represiva que convierte a Faustino en víctima. Es detenido, al igual que Pedro Miret, permaneciendo detenido hasta el 22 de mayo.

En ese entorno, alienta la publicación de Aldabonazo y encabeza junto a Ñico López la manifestación que frente a la Embajada de México protestaba por la detención de Fidel y varios compañeros por parte de las autoridades policiales mexicanas.

En agosto de 1956 vuelve a México, a reunirse con Fidel. Allí coincide con Frank País. Discuten los planes de desembarco de Fidel en Cuba y el apoyo nacional que ha de ofrecérsele. Se discute el rol que ha de jugar el movimiento clandestino en la recepción de la proyectada expedición.

Al regresar a Cuba, con Frank y Aldo Santamaría viajan en labores organizativas del Movimiento y preparatorias del apoyo al desembarco de la expedición de Fidel. Al volver a La Habana, partió a México a informar a Fidel del estado de la organización y de las condiciones de lucha.Es octubre, ahora vuelve a México vía Cayo Hueso­ Miami.

Acompaña a Fidel y a Juan Manuel Márquez a su encuentro en la ciudad de Mc Allen, Texas,con el expresidente Carlos Prío Socarrás. A su regreso a Ciudad de México participa con Fidel en el encuentro con José Antonio Echevarría, Fructuoso Rodríguez, Faure Chomón y otros para acordar un compromiso político-­militar entre el Movimiento 26 de Julio y el Directorio Revolucionario.

De Ciudad México vuelve a Miami a entrevistarse con Enrique Hart, que ha viajado expresamente desde Cuba, a recibir instrucciones sobre el inminente desembarco en Cuba de Fidel y sus hombres. Al regresar a México, pocos días después, Fidel le impartió la orden de establecer el último y más importante de los campamentos para los futuros expedicionarios, en la frontera con los Estados Unidos, al norte de México.

La última y más importante base de entrenamiento se estableció en Abasolo, al lado del río Sotolomar, un distante y árido paraje del Estado de Tamaulipas, a unos cuarenta kilómetros de la frontera con los Estados Unidos de Norteamérica. Allí recibirían entrenamiento los últimos incorporados. Este campamento se estableció a principios de octubre de 1956. Faustino Pérez era el responsable general, político, y José Smith Comas encargado de la instrucción militar.

En su momento de mayor auge llegó a concentrar a cuarenta y siete combatientes, algunos de los cuales ya habían cumplido una parte del entrenamiento diseñado por el general Alberto Bayo. La mayoría, entre los que se hallaban Camilo Cienfuegos y Efigenio Ameijeiras, iniciaron un intenso programa de entrenamiento, sometidos a condiciones más difíciles y duras de las que encontrarían en Cuba. Al terminarse el entrenamiento y estar listo para salir hacia Cuba, Faustino recibe la misión de preparar y ejecutar el traslado hasta Tuxpan de 33 combatientes.

Recibida de Fidel la orden de trasladar a los combatientes hacia el lugar de embarque, Faustino lo comunicó a José Smith. Procedieron a organizar escuadras de seis combatientes, con un jefe. Les dieron la ruta de ómnibus a seguir: del Rancho María de los Angeles a Abasolo (20­-30 kilómetros), a Ciudad Jiménez, (15­-20 kilómetros), luego a Ciudad Victoria, capital del Estado de Tamaulipas, (40­-50 kilómetros). Allí hicieron noche. Al día siguiente partieron a Tampico, antesala de Tuxpan. Los combatientes hicieron el desplazamiento sin saber que iban a abordar el yate Granma, al que muchos ni siquiera tuvieron oportunidad de ver flotando en las tranquilas aguas del río Tuxpan porque cuando llegaron ya era de noche, bastante oscura.

A bordo del Granma fueron asignados los grados militares. Tuvieron que vencer la disparidad de criterios. Algunos se expresaban favorables a aceptar los grados convencionales del Ejército Nacional, hasta Coronel y General. Fidel se opuso, alegando que estos grados superiores estaban muy despretigiados, porque generalmente se trataba de individuos corrompidos y privilegiados.

Propuso utilizar el grado de Comandante como el de más alta graduación dentro del Ejército Rebelde. La idea ganó el consenso y fue aprobada, designándose a Fidel en calidad de Comandante en Jefe. A Raúl Castro, Juan Almeida, José Smith Comas, Juan Manuel Márquez, Faustino Pérez les fue asignado el grado de Capitán.

Los expedicionarios fueron organizados en tres pelotones, confiados a los capitanes José Smith Comas, Raúl Castro y Juan Almeida. Además existía el Estado Mayor, integrado por Fidel Castro, Juan Manuel Márquez, Ñico López y Faustino Pérez.

El mal tiempo reinante creó una situación en extremo peligrosa para la pequeña y sobrecargada embarcación. Las adversas condiciones de navegación, la inexperiencia y la magra alimentación provocaron un visible estado de depauperación en los expedicionarios. Sin naufragar, llegaron en situación de naufragio, en precario estado físico. Todavía resulta asombroso cómo lograron evitar el desastre, sin más bajas que las producidas por el mareo, las nauseas, las fatigas y los vómitos.

En la mañana del 1 de diciembre se conmocionaron. La radio daba las noticias de los combates habidos en la ciudad de Santiago de Cuba, con la muerte de los revolucionarios Antonio Alomá, Otto Parellada y José Tey; y de otras acciones menores de Guantánamo, Las Villas, Matanzas.

Este conocimiento obró contra la estabilidad de los expedicionarios. La impaciencia los gobernó en las siguientes horas, queriendo llegar a tierra firme. Al amanecer del 2 de diciembre llegaron a las costas cubanas. Después de casi dos horas de luchar por salir de aquel infierno de mangle, fango y agua, fatigados, hambrientos, totalmente enfangados, llegaron a tierra firme. En el barco había quedado parte de la comida y de los equipos. Comenzaron la marcha, necesariamente lenta y penosa, por el deterioro físico. Al principio se logró mantener cierta formación militar, pero en la medida en que fueron avanzando, esta se perdió, porque allí no había posibilidad de  aglutinamiento, sino de ir saliendo en una dirección, ir saliendo como cada uno podía.

Finalmente, después de un esfuerzo colosal, la mayoría de los expedicionarios lograron salir a tierra firme. Al ser contados advirtieron la ausencia de ocho compañeros. Poco después la aviación y la Marina de Guerra comenzaron a disparar contra el Granma, el manglar y los alrededores, lo que obligó a abandonar el lugar y caminar hacia el interior de la isla, sin contactar con los extraviados.

En la mañana del 4 de diciembre se reincorporaron los ocho expedicionarios extraviados en la ciénaga costera. La columna continuó la fatigosa marcha, aprovechándose del monte, durante la noche. Avanzaron poco, dado la depauperación de parte de la tropa, cometiendo un error garrafal: dejar un evidente rastro con el cogollo, la cáscara y el bagazo de la caña de azúcar que muchos comieron mientras caminaban.

Al amanecer del 5 de diciembre, para eludir ser detectados por la Fuerza Aérea del Ejército, acamparon en una pequeña ceja de monte a la orilla de un cañaveral semidemolido. Se trataba de Alegría de Pío, lo que se convertiría en horas en una de las más funestas ironías de la historia de Cuba. Alrededor de las cuatro y treinta de la tarde fueron sorprendidos por el fuego simultáneo de fuerzas de infantería y la aviación.

En la terrible y desigual batalla en medio del cañaveral ardiendo, fue imposible evitar la dispersión y el desastre. Bajo un infierno de balas y de aviones, sin posibilidades de lograr la más mínima formación militar o cohesión del grupo. La orden de Fidel de replegarse hacia el cañaveral no fue escuchada. Faustino fue uno de los que no se replegó. Quedó respondiendo el fuego, como otros combatientes. A su lado cae herido el médico Ernesto Guevara. Faustino se acercó al doctor Guevara. Estaba sobre la tierra, con una hemorragia en el pecho, quejándose de un fuerte dolor. Yo lo miro, pienso que lo han herido profundamente y que le han tomado una de las arterias, la subclavia o la yugular, y aquello era mortal. El dolor interno era la hemorragia interna que tenía. En realidad lo creía perdido, pero atinó a darle ánimo

Los únicos dos médicos de la expedición, casualmente se hayan uno la lado del otro: uno aparentemente con una herida mortal y el otro en actitud de combate. A pocos metros otros combatientes caen muertos o heridos. Hasta el lugar se arrastran otros heridos, en busca del Che, quien es el médico del destacamento, pues Faustino funge como miembro del Estado Mayor.

Ante la imposibilidad del Che de prestar auxilio a los nuevos heridos, Faustino comenzó a evaluar qué hacer con cada uno. Mientras, siguió disparando. Trajeron a otros heridos: Ventosa, herido en el cuello; José Ponce, en una axila, sin posibilidades de atención; Raúl Suárez, con un dedo de la muñeca destrozado, con una gran hemorragia. A este último, el único al que se le podía hacer algo, Faustino le ligó el dedo con su pañuelo un poco más metido dentro del cañaveral.

Como su mochila y fusil habían quedado más cerca de la orilla, Faustino intentó rescatarlos, pero el fuego y la candela que le habían prendido al cañaveral se lo impidieron. La aviación pasaba rasante, que parecía que nos iban a dar en la cabeza. La dejación de su arma en la sorpresa de Alegría de Pío ha sido siempre un hecho relevante en los relatos que sobre el acontecimiento se han hecho. Pero no fue el único, ni mucho menos.

La única retirada posible era hacia el cañaveral. En medio del tableteo de ametralladoras y descargas de fusilería y el asedio de la aviación, hacia él se replegaron, desordenadamente, Fidel y la mayoría de los expedicionarios, incluido Faustino. Dentro del cañaveral, los combatientes quedaron sin mando. No había posibilidad de reagrupamiento. Se produjo una dispersión total, en pequeños grupos o aisladamente, hacia cualquier punto que en criterio de los que se replegaban le pudiera ofrecer seguridad: otros cañaverales o cayos de monte próximos.

Faustino se interna en el cañaveral. Mientras avanza, ignora que corre un peligro mortal, no a sus espaldas, donde ha quedado el enemigo, sino frente a él, donde un diestro combatiente apuntaba hacia él, mirando a través de la mirilla telescópica del fusil. Se trataba de Universo Sánchez, quien había recibido la orden de Fidel de abrir fuego sobre el que suponían un enemigo, cuando se hallara bastante al arbusto donde se hallaban.

En las horas y días siguientes huirán de la persecución del Ejército, y al cabo se someterán a la dura prueba de esperar “enterrados” bajo la paja de caña. Mientras permanecían en silencio, Faustino pensó una y otra vez acerca de cuál debía ser la alternativa revolucionaria a seguir.

Tenía la convicción de que lo correcto era replegarse, no sólo de la zona para salvar la vida, sino bajar a las ciudades a reorganizar la lucha contra Batista. Alegría de Pío había cancelado esta oportunidad insurreccional. No lo dijo. Tuvo la ocasión, pero inconscientemente el propio Fidel no dio oportunidad a que Faustino revelara su pensamiento: Fidel lo fue diluyendo y desapareció de mí:

­ Seguro que vamos a encontrarnos con los compañeros allá, un grupo, y con ese primer grupo vamos a comenzar las primeras acciones que deben ser pequeñas, pero irán creciendo en la medida que tomemos las primeras armas podemos armar a nueva gente, con los campesinos y entonces así vamos desarrollando las acciones.

Parece irreal, pero en aquellas extrañas y dramáticas circunstancias Fidel Castro daba lecciones de fe y de optimismo en los proyectos revolucionarios, para alcanzar el poder y producir una profunda revolución social. Faustino escuchaba a Fidel y por momentos pensó: pero si nosotros somos tres, qué sentido tiene esto, cómo hablar de lucha y de victoria futura. ¿Fidel se habrá vuelto loco? Aquellas jornadas de quietud y cautela fueron muy importantes en la vida de Faustino, entre otras muchas razones, porque le dieron una dimensión definitiva, de formidable combinación del más puro idealismo con realismo político, de Fidel Castro: allí cristalizó mi conocimiento más profundo y mi confianza absoluta en Fidel.

Aquellas jornadas serían de reafirmación de la voluntad de seguir la lucha. Dos hechos eran decisivos en la profundidad de la apreciación: el reencuentro de casi una veintena de expedicionarios y la actitud campesina, expresado en el constante, sostenido y eficiente avituallamiento de los rebeldes y la virtud incorporación a la guerrilla de Crecencio Pérez, Ciro, Ignacio y Sergio Pérez.

El 18 de diciembre, en Cinco Palmas, se produjo el reencuentro de los hermanos Castro y los hombres que los acompañaban. Con Raúl venían cuatro combatientes. Al observar que el grupo traía sus fusiles, Fidel transformó el optimismo que dejó correr entre la paja de caña en las proximidades de Alegría de Pío, en una convicción:­ Ahora si ganamos la guerra.

Estaban en Cinco Palmas, de pie, sin sigilos. Eran solamente ocho hombres. Pero ya Faustino había perdido la capacidad de asombro frente al optimismo de Fidel, y comenzaba a creer.

La tesis de Fidel de no replegarse y de continuar ininterrumpidamente la lucha, se confirmó. Con la inestimable contribución de los campesinos, que, como las noches, se convirtieron en sus mejores aliados ­después se incorporarían las montañas y los bosques­, en El Purial de Vicana,

Fidel Castro logró reunir a la mayor parte de los sobrevivientes no capturados por el Ejército. El número de reagrupados llegó el 23 de diciembre a 17. Los expedicionarios se convirtieron en guerrilleros, y Faustino en su primer “Embajador”.

Reagrupada la fuerza sobreviviente, Fidel decidió enviar a uno de los combatientes a la ciudad a informar a las estructuras de Movimiento 26 de Julio de los acontecimientos recientes, desmintiendo la propalada muerte de Fidel y la liquidación del foco guerrillero, y del propósito de proseguir la lucha y desarrollarla. La misión la cumpliría Faustino Pérez.

La determinación de enviar a Faustino a cumplir tan importante misión no es casual. El trabajo que durante meses Faustino había desarrollado como miembro de la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio, le otorgaban el conocimiento, los vínculos y la autoridad suficiente para desempeñar con un margen muy alto de éxito la labor de reorganización del Movimiento. En el momento en que se le designa, él es miembro de la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio y uno de los capitanes del Estado Mayor de la expedición del Granma.

Llegado el momento, Faustino, vestido con ropas de trabajo de campesino, se dispuso a bajar hacia el llano. La despedida de sus compañeros fue en la talanquera del potrero, a la orilla del cafetal. Estaba dominado por la emoción. Cada abrazo de adios tenía un sabor agridulce. El cauce imprevisto de los acontecimientos tronchaban por lo pronto sus aspiraciones guerrilleras, lo obligó a despedirse de compañeros con los que había vivido jornadas irrepetibles; y lo llevaba al reencuentro con otros muchos combatientes, a un escenario conocido, donde la lucha era igualmente importante. El abrazo de Fidel y Faustino fue cálido. A ambos el oficio de revolucionario les impuso muchas despedidas como aquellas. Por fortuna, esta no sería una despedida definitiva, pues los acontecimientos los volverían a reunir una y otra vez. El próximo encuentro sería no lejos de allí, menos de dos meses después. Pero eso ellos no lo sabían aquella tarde.

La principal misión de Faustino era informar a las estructuras del Movimiento 26 de Julio y a la opinión pública de la existencia beligerante de la guerrilla desembarcada del yate Granma. En segundo orden, debía laborar en el fortalecimiento (revitalización) del Movimiento, lo que incluía la tarea de reorganización donde se hiciera necesario, especialmente en La Habana, y activar el apoyo a la lucha guerrillera. Faustino debía lograr que varios periodistas (no se hizo distinción de si trataba de nacionales o extranjeros) fueran a la Sierra Maestra a reportar la presencia de la guerrilla para terminar con el círculo de desinformación del régimen. Esto implicaba un mundo de tareas.

El primer contacto de Faustino en Manzanillo fue Celia Sánchez, a quien conoció a fines de 1955 en La Habana, en la boda de Mario Hidalgo, acontecimiento que sirvió de cobertura para producir una importante reunión del Movimiento 26 de Julio en la que participaron Armando Hart, Pedro Miret, Celia, Faustino y otros dirigentes clandestinos.

Al día siguiente, 24 de diciembre, Saumell, su esposa y Eugenia Verdecia condujeron a Faustino hasta Santiago de Cuba, a casi doscientos kilómetros. Hubo registros del auto en Veguita y Bayamo, sin complicaciones. Fue llevado a una casa del reparto Vista Alegre, de donde lo condujeron, casi inmediatamente, a la vivienda de María Antonia Figueroa y Cayita Araújo.

Volvió a reeditarse la escena conmovedora, de alegría y curiosidad, vivida con Celia en Manzanillo. Faustino, al que habían dado por muerto, no sólo aparecía, sino que lo hacía cargado de noticias frescas y esperanzadoras. Faustino significaba el estímulo que el movimiento clandestino necesitaba para recomponer el entusiasmo, la fe en el esfuerzo bélico. Haydée era el contacto inmediato y seguro con Frak País, Armando Hart y Vilma Espín. Dos o tres días antes que Faustino, Mongo Pérez había llegado a Santiago de Cuba a confirmar que Fidel estaba vivo. Faustino no llevó pues, la primicia, sino la información detallada, casuística, vivida en carne propia, unida a la dimensión exacta de la voluntad y proyectos guerrilleros de Fidel.

Faustino creyó equivocadamente que resultaría difícil encontrarse con los principales dirigentes clandestinos. La proximidad de los sucesos del 30 de noviembre hacían suponer que estas se hallaran escondidos, sepultados. Tamaña sorpresa se llevó cuando Haydée lo invitó a salir a la calle y, caminando, ir hasta la casa de Vilma Espín donde se encontraban Frank y Armando.

Llegando a la casa, su sorpresa llegó a su climax: Frank y Armando venían caminando en dirección contraria, sin aparente preocupación, en plena calle, en el centro de la ciudad. Se fundieron en abrazos. Para Faustino fue de un impacto tremendo:

  • Señores, pero vámonos de aquí, esto es un disparate, fue la reacción del guerrillero recién llegado a la clandestinidad.

Fueron para la casa de Vilma. El 25 de diciembre, Faustino lo pasó en Boniato, en casa del padre de Vilma. Volvieron a reunirse y decidieron que Frank y Faustino partieran al día siguiente para La Habana. El 26 de diciembre fueron llevados a Palma Soriano donde abordaron el ómnibus que cubría la ruta Santiago­-Habana. Descendieron en Santa Clara a la una de la madrugada del día 27 de diciembre.

En la mañana, el viajante Casanova, enviado por Guillermo Rodríguez, a quién Faustino contactó por teléfono, los llevó para la casa de los suegros de Guillermo, en la entrada de Santa Clara, sobre la Carretera Central. Allí se produjo la primera reunión del Movimiento 26 de Julio en Santa Clara. Posteriormente, visitaron a varios compañeros de la ciudad: Osvaldo Rodríguez, Margot Machado, Dorita Rosel. En la casa de Osvaldo Rodríguez, Faustino se encontró con su hermano Carlos, quien viajó desde Cabaiguán.

En la noche del 27 de diciembre partieron para La Habana, en otro ómnibus de la ruta Santiago­-Habana, a donde llegaron en la madrugada del 28. Desplazarse por La Habana, en la madrugada, era en extremo peligroso. Decidieron esperar el día en el Hotel Bruzón, próximo a la terminal de Ómnibus. En la mañana, Rafael Dujarril y Marina Hart los recogieron y llevaron a la vivienda de Martha Hart, en el reparto Kholy. Allí tuvieron los primeros contactos revolucionarios, y Faustino se encontró con Nélida, su esposa.

A Faustino le correspondió una misión harto compleja: reorganizar y desarrollar la lucha clandestina en la capital del país.

En La Habana radicaba el centro político del régimen, operaban la mayoría de los más experimentados y sagaces jefes militares del régimen, se concentraban las mayores y mejores equipadas unidades militares y los cuerpos represivos y de inteligencia contaban con mayor cantidad de hombres y recursos técnicos, se reunían la mayor parte y más encumbrados elementos políticos, económicos, financieros y sociales que apoyaban a la dictadura.

Como si fuera poco, la capital era la vitrina del país. En ella se concentraban el Cuerpo Diplomático, las grandes empresas extranjeras con negocios en Cuba, los principales medios de comunicación. La Habana tenía un flujo constante de turistas extranjeros, principalmente norteamericanos, y de ella entraban o salían diariamente hacia todo el hemisferio occidental miles de cubanos. Por esto mismo, lo que aconteciera en La Habana tendría una resonancia garantizada, dentro y fuera de Cuba. Si La Habana se insurreccionaba, de seguro todo el mundo comprendería el estado de insurgencia existente en el país. La ciudad actuaría como una caja de resonancia tremenda. Eso lo sabía Fidel cuando designó a Faustino, y lo sabía Fulgencio Batista cuando no escatimó hombres, recursos y esfuerzos para neutralizar y destruir el movimiento clandestino.

Faustino encuentra una situación caótica. La organización se había visto sumamente afectada por las carencias de dirección. Muchos militantes del Movimiento se desligan de hecho de la lucha. Muchos que habían comenzado a colaborar con el Movimiento, faltos de convocatoria, no pasan de cooperar con dinero, pero sin pasar a formar parte de los grupos de trabajo clandestino. La Dirección del Movimiento carecía de planes operativos de envergadura para apoyar el desembarco, primero, y multiplicar la lucha.

La condición de expedicionario ayuda a Faustino a vencer la debilidad del Movimiento. En los días siguientes, Frank y Faustino sostuvieron decenas de reuniones, las que sirvieron para informar la situación de la guerrilla y los planes de Fidel y para recibir informes acerca de la situación en La Habana, donde la dirección del Movimiento 26 de Julio se había desvinculado bastante de una serie de cuadros que eran fundamentales que habían estado trabajando en distintas organizaciones, Estos importantes cuadros del Movimiento, habían comenzado a actuar por su cuenta a raíz del desembarco del Garanma .Estos hombres estaban fuera del control de la dirección del Movimiento 26 de Julio, encabezado por Pepe Suárez. La primera tarea de organización de Faustino consistió en contactar con los principales cuadros revolucionarios vinculados al Movimiento 26 de Julio: Enrique Hart, Sergio González, Bebo Hidalgo, Aldo Vera, José Pellón, Héctor Ravelo, Carlos Franqui, Enrique Oltuski, Abreu Fontán. Nos fue más fácil establecer contacto con estos que con Pepe Suárez y sus próximos.

En aquel grupo, se establecieron los contactos iniciales y las primeras reuniones informativas.

Posteriormente procedieron a reestructurar el Movimiento, lo que se constituyó en una tremenda jornada, difícil, porque inicialmente Pepe Suárez no confiaba en que Fidel estuviera vivo, y que por qué nosotros no teníamos carta de Fidel. En el fondo existía cierta desconfianza, de que si nosotros queríamos mantener secreta esa situación (muerte de Fidel) para mantener un poco la fe y la moral del Movimiento y al mismo tiempo, dirigirlo. Venciendo la oposición de Pepe Suárez, se reestructuró el Movimiento 26 en La Habana.

Fueron sustituidos el Coordinador, Pepe Suárez; el Jefe de Acción y Sabotaje, Verdecia, y el Representante del Movimiento Obrero, José María de Aguilera. Se ratificó en sus cargos a Carlos Franqui, en Propaganda; Federico Bell Lloch, como técnico de Sabotaje, y Gerardo Abreu Fontán, en las Brigadas Juveniles. Enrique Hart simultaneaba dos cargos. Sustituyó a Héctor Ravelo como Coordinador del Movimiento en Habana Campo y fungía como tesorero de ambas estructuras territoriales. Faustino fungía como máximo responsable de la provincia. El Movimiento comenzó un camino de ascenso en su organización y accionar, proceso que fue creciendo ininterrumpidamente hasta abril de 1958.

Aldo Vera es nombrado, por Faustino y Frank, Jefe de Acción y Sabotaje, lo que hizo posible que rápidamente comenzaran las acciones de golpeo en la ciudad. Aldo Vera se convirtió en irreconciliable detractor de Faustino y de la Dirección Nacional. Odón Álvarez de la Campa se convierte en la cabeza pensante y mano derecha de Aldo Vera en Acción y Sabotaje. De todos modos, estas y otras actitudes, fueron neutralizadas con inteligencia, tacto y firmeza por Faustino a lo largo de 1957, cohesionando progresivamente todas las estructuras organizativas del Movimiento 26 de Julio. Uno de los grandes méritos de Faustino fue reducir y neutralizar en lo fundamental las fisuras de unidad de la insurgencia clandestina en La Habana: las proyecciones gurpescas, los conatos de indisciplina, las ambiciones personales. Y hacerlo con tacto, inteligencia, paciencia y firmeza.

Faustino, simultáneamente a la actividad de información y reestructuración inicial del Movimiento en La Habana, estableció contacto con el propósito de llevar periodistas a la Sierra Maestra. Se entrevistó con Sergio Carbó, Director del vespertino Prensa Libre, quien casi de inmediato prácticamente desestimó la posibilidad, alegando la inminencia de la censura de prensa.

A través de Alonso, abogado, amigo muy próximo a Miguel Angel Quevedo, Director de Bohemia, Faustino propuso que una comisión de la prestigiosa revista reportara la existencia de la guerrilla en la Sierra Maestra. Quevedo no contestó de inmediato. Como pasaban los semanas sin tener respuesta de Quevedo, a principios de febrero, aproximadamente el día 10, estableció contactos con Hebert Mathews, periodista de The New York Time.

Faustino conoció de Hebert Mathews a través de Javier Pazos, hijo, de cuyo padre Mathews era gran amigo. Sin creer que Mathews aceptaría, creyendo remota la posibilidad de que el norteamericano tuviera la audacia, cuando los cubanos no habían aceptado. En concreto, si quería entrevistar a Fidel Castro, el Movimiento se lo facilitaría, pero tendría que ser en la Sierra Maestra. Mathews había venido a Cuba con la intención de entrevistar a figuras importantes de la política nacional, tratando de obtener una información amplia y profunda de la realidad. Javier Pazos, hijo, estaba con el doble conocimiento: de las pretensiones del norteamericano y de Faustino. Ya Mathews había entrevistado a Eusebio Mujal, Pelayo Cuervo Navarro, Carlos Marquez Sterling y otros.

Al día siguiente, Javier Pazos le comunicó a Faustino la aceptación inmediata de Mathews. No hubo entrevista entre ambos, sino un nuevo mensaje: partiría el 15 de febrero. Efectivamente, ese día, a las diez de la noche, lo recogieron, junto a su esposa, en el Hotel Sevilla, en Prado. Lilian Mesa manejaba el auto, donde también iban Faustino y Javier Pazos. Emprendieron el viaje por la Carretera Central rumbo a Oriente. A Manzanillo llegaron acerca de las dos de la tarde del 16 de febrero. Almorzaron en un restaurante próximo al parque principal de la ciudad. Fueron para la casa de Pedro Eduardo Saumell, donde se hallaba Vilma Espín, Armando Hart y Haidée Santamaría. Ya Frank País y Celia Sánchez habían partido para el lugar del encuentro con Fidel: la finca de Epifanio Díaz. La coincidencia con aquellos dirigentes del Movimiento no era casual, ellos al igual que Faustino, iban a la Sierra Maestra a la primera reunión de la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio tras el desembarco del Granma.

Fidel ignoraba que Faustino llevaba con él a un periodista, y muy lejos estaría de imaginar que era uno de los principales del The New York Times. Esta circunstancia determinó que Faustino decidiera informar personalmente de ello a Fidel antes de presentar a Hebert Mathews. Pretextando que debía de descansar, Faustino le comunicó a Mathews que permaneciera en la casa.

Fidel y Faustino se saludaron con un abrazo. Fidel se interesó por saber quien era el periodista y sus criterios políticos. Poco pudo argumentarle a su jefe: le dije que habíamos estado conversando durante el camino, no mucho porque él no conversaba mucho, aunque hablaba español, pero no era muy locuaz ni yo tampoco; pero conversamos y él se manifestaba por la vía de la democracia participativa, la libertad y todas esas cosas, pero que me parecía positivo. Felipe Guerra Matos recibió la encomienda de buscar a Mathews en Manzanillo. Ya de noche llegó el periodista y varios compañeros del Movimiento 26 de Julio, entre ellos René Rodríguez.

Hebert Mathews entrevistó a Fidel. El New York Times publicó la primera parte.

Inmediatamente el vocero de la dictadura desmintió que la entrevista se hubiese efectuado, porque Fidel no se hallaba en la Sierra Maestra. Afirmaron que se trataba de un fraude periodístico. The New York Times ripostó publicando el resto de la entrevista, incluyendo una fotografía de su periodista con Fidel Castro. El desmentido del influyente periódico estadounidense no podía ser más eficaz y la dictadura no pudo hacer mayor ridículo en el affaire.

Fidel alcanzó dimensiones continentales y la causa revolucionaria recibió el favor de muchos sectores políticos, intelectuales y sociales de Norteamérica y el resto del hemisferio. Por lo menos se creó una inmensa expectativa sobre los acontecimientos cubanos.

Como por aquellos estaba levantada la censura de prensa, The New York Times circuló en Cuba, y la revista Bohemia publicó la entrevista, multiplicando el impacto de una de los más resonantes éxitos de publicidad de la Revolución. El hecho estimuló considerablemente el fervor y la fe de los combatientes clandestinos y los simpatizantes del Movimiento 26 de Julio, cuya Dirección Nacional se reunió en el mismo lugar y fecha de la entrevista.

Tras la entrevista entre Mathews y Fidel, los miembros de Dirección Nacional se reunieron. Fue un encuentro de importancia trascendental. Acordaron organizar en Santiago de Cuba un refuerzo de hombres y armas para la guerrilla y crear una sostenida red de apoyo a la guerrilla desde el llano: logística y financiera. El llano debía enviar los alimentos, armas, pertrechos, y hombres. Decidieron crear un segundo frente guerrillero en El Escambray.

Faustino propuso abrir un frente guerrillero en El Escambray. Argumentó que en la zona en que se podía comenzar a operar el Movimiento poseía situadas algunas armas, que corríamos el riesgo de perderlas en el traslado y la posibilidad de un plan de ataque a los cuarteles de Manicaragua y Fomento y sabotaje a los centrales cercanos. Ese nuevo frente insurgente quedaría bajo mi jefatura, sostuvo Faustino. El asunto fue objeto de un largo debate. Algunos sostenían que era necesario primero fortalecer el frente guerrillero de la Sierra Maestra y que El Escambray no reunía las mejores condiciones, por ser un lugar muy vulnerable. Faustino había recorrido aquel territorio, lo conocía. En consecuencia, argumentó que sí existían condiciones apropiadas para crear una guerrilla, contando el movimiento clandestino con el armamento mínimo necesario: algunos lo tenían en Las Villas y el resto lo adquirieron en el Reparto Mulgoba, a través de un hombre que guardaba armas de la Organización Auténtica, pero que estaba temeroso. Faustino temía que al trasladar aquellas armas hasta la Sierra Maestra, con los minuciosos controles militares, se perdieran. La tesis de Faustino fue aceptada.

Al terminar la reunión, en pequeños grupos regresaron a Manzanillo, de donde cada uno partió a su entorno clandestino. Frank y Faustino llegaron juntos a Manzanillo; Frank iría a Santiago y Faustino a La Habana.

En Santiago de Cuba, el Movimiento 26 de Julio, encabezado por Frank País, en breve periodo de tiempo y con notable eficiencia, organizó un destacamento de combatientes de refuerzo, cerca de 50 hombres. Celia los recibió y atendió en Manzanillo, en marzo, cuando fueron llevados a la Sierra Maestra. Sin embargo, los planes de Faustino fracasaron: Bajé y fui directo a Trinidad a entrevistarme con los compañeros del Movimiento y di un recorrido por la zona de la posible ubicación del destacamento. De regreso a La Habana, me encuentro que han tomado la fábrica de bombas que teníamos en 5ta. y A y a través de uno de los compañeros apresados en ésta y por un recibo donde constaba la dirección, la policía también detecta una casa en San Miguel del Padrón donde teníamos depositado el grueso de las armas. La captura del principal lote de armas, no significó que detuviéramos, sino que se atrasara la ejecución del proyecto. Esta demora sería fatal.

Aún Faustino hizo nuevos esfuerzos por producir la nueva experiencia guerrillera. En las conversaciones con los dirigentes del Directorio que preparaban el asalto al Palacio Presidencial, Faustino propuso que aquel armamento fuera utilizado para abrir el frente guerrillero del Escambray. En varias oportunidades Faustino quiso persuadir a José Antonio Echeverría y Menelao Mora de que aquellas armas debían ser utilizadas en el proyecto de abrir un frente guerrillero en El Escambray, idea que era más segura de sostenerse, mientras el ataque suicida contra el Palacio Presidencial, de fallar, significaría la perdida de hombres y armas. Los miembros del Directorio Revolucionario no aceptaron la propuesta y continuaron en su proyecto.

El 13 de marzo el Directorio Revolucionario atacó el Palacio Presidencial, acción que Faustino quiso evitar. De forma casual, Faustino se encontró con Calixto Sánchez y Estrada Mayedo, quienes estaban, como parte del plan conspirativo del Directorio Revolucionario, encargados de tomar el aeropuerto de Rancho Boyeros. Faustino se sumó a la acción, abordando la máquina de ellos. En las proximidades de Reloj Club, donde comienza Vento, Faustino decidió regresar a la ciudad, al comprobar que en los baúles de automóviles los conspiradores tienen armas y casi no tienen hombres. Faustino regresa a La Habana y localiza a René de los Santos, quien se hallaba acuartelado, y le ordena: – René, vete con veinte hombres, con los que puedas, para Boyeros, para que participes en la toma del aeropuerto.

René de los Santos y varios hombres del Movimiento 26 de Julio van hasta Rancho Boyeros a apoyar a los combatientes del Directorio Revolucionario, pero no los encuentran allí, porque se han replegado. La acción del Palacio Presidencial había fracasado.

Mientras, Faustino continuaba en la ciudad, poniendo en disposición de combate a los miembros del Movimiento. Encontrándose en la casa de seguridad de calle 21 y 6, llevaron herido a Faure Chamón, chorreando sangre por la acera y él cará. En poco tiempo a la casa continuaron llegando los combatientes del Directorio Revolucionario. Aquello fue una cosa tremenda, una aglomeración de gente. Sin titubear, Faustino se vinculó a ellos.

Un saldo del fracaso del ataque al Palacio Presidencial, favorable al Movimiento 26 de Julio, fue el aprovisionamiento de armas logrado, desde dos fuentes distintas.

Un lote de armas que quedó a bordó de una camioneta en una calle, le fueron confiadas a Sergio González y a Armando Cubría, las que fueron resguardadas en la calle Patrocinio. Por otro lado, avisado Faustino de un lote de armas depositadas en el sótano de un pabellón de la Quinta Covadonga, en El Cerro, se personó en el lugar junto a Marta Cuervo, esposa de Marcelo Salado, la recibió de manos de un enfermero y las trasladó al mismo sitio. Estas armas bien pudieron servir para abrir el proyectado frente guerrillero, pero un fortuito acontecimiento intervino desfavorablemente: la detención de Faustino, y con ella la determinación de enviar las armas hacia la Sierra Maestra.

El 19 de marzo, precisamente cuando se dirigía a la casa de la calle Patrocinio, Faustino fue detenido por Piedra y sus hombres en la Fuente Luminosa. Su auto, guiado por Liliam Mesa, se vio precisado a detenerse justo detrás de varios vehículos del Buró de Investigaciones. Pese la distancia entre los vehículos, al ser reconocido, varios policías se precipitaron sobre su auto y los detuvieron. Mariano Faget se llevó a Lilian Mesa, mientras Faustino quedó en manos de Orlando Piedra. Al oscurecer, fue llevado a las márgenes del río Almendares, en el llamado bosque de La Habana, para interrogarlo.

Fue un diálogo tremendo, muy difícil. Me parecía que aquel era el final. Esa sensación favoreció la determinación de Faustino de jugársela el todo por el todo. Orlando Piedra se jactó de tener todos los hilos de la conspiración en la mano y conminó a Faustino a cooperar para constribuir a la pacificación del país, agregándole que recordara que tenía familia: esposa e hijos. Tuve que hacer un gran esfuerzo para sobreponerme al momento y decirle que yo sabía que le hacía falta a mis hijos en el futuro y a mi mujer, pero que mis propios hijos me agradecerían que me portara como debía hacerlo y no como un cobarde, y que yo pensaba que sus hijos no se sentirían en el futuro muy satisfechos de que él le estuviera sirviendo a una tiranía.

A lo largo de veintiocho días, Faustino permaneció incomunicado en el Buró de Investigaciones.

Cada cierto tiempo, con lamentable frecuencia, fue objeto de interrogatorios por parte del personal del Buró de Investigaciones o de la policía, entre ellos Faget y Ventura Novo. Los interrogatorios tenían lugar, preferentemente de madrugada, cuando dormía. Se le despertaba y los expertos le hacían todo tipo de preguntas, especialmente sobre la ubicación de las armas, los planes militares y políticos del Movimiento, la veracidad del proyecto de abrir un frente guerrillero en El Escambray y la expedición que se suponía vendría de México para apoyar el proyecto.

Durante días rivalizaron el optimismo de Faget, Piedra y Ventura y la preocupación de Faustino, temeroso porque cuando le quitan a uno la conciencia plena puede hablar de eso, sobre todo si le preguntan. Faustino temía una traición del subconsciente. Faget sabía que era probable servirse de ese factor y como último recurso, dos días antes de legalizar la detención de Faustino, enviándolo para el vivac, lo inyectaron con Pentotal sódico. Temía delatar la ubicación de las armas de la calle Patrocinio. Se reconfortaba, sin embargo, pensando en la diligencia de sus compañeros, quien no debían apostarlo todo a su firmeza:

– Si yo he hablado de una dirección, los compañeros deben haber tomado medidas.

Estaba en lo cierto. Enterados de su detención, Marcelo Salado dispuso, como medida de seguridad, el traslado de las armas para una casa próxima al lugar, de la cual la trasladaron casi de inmediato hacia una casa recién alquilada en el exclusivo reparto Miramar. Posteriormente fueron despachadas hacia Santiago de Cuba, ciudad desde la cual una parte fueron llevadas con la complicidad de ricos comerciantes de la Sierra Maestra hasta zona guerrillera. El Ejército Rebelde las utilizó en el ataque al cuartel del Uvero, precisamente la guarnición encargada de la seguridad del lugar por donde fueron desembarcadas escondidas en bidones de grasa para camiones. Otra parte fue enviada para la apertura de un frente guerrillero en Miranda.

El 16 de abril Faustino fue presentado a la prensa, acusado de varios hechos de violencia. En una nueva táctica, se le quiso vincular a Frank Quintana, chivato a sueldo de la tiranía, cuya condición Faustino se encargó de revelar a los periodistas. Fue enviado, con otros revolucionarios, para el Castillo del Príncipe, convertido en prisión. En el Príncipe, Faustino permaneció hasta el 26 de julio cuando fue puesto en libertad en medio de la huelga de hambre de los presos políticos, iniciada el día 17.

Faustino abandonó la cárcel en un precario estado nutricional. Tuvo que someterse a un sostenido e intenso tratamiento con sueros. El 30 de julio aún estaba convaleciente, con un suero puesto, cuando le llegó una noticia desgarradora: en Santiago de Cuba acababa de ser asesinado en el Callejón del Muro el líder de la clandestinidad y Jefe Nacional de Acción y Sabotaje, Frank País. En el mismo instante en que le dan la noticia, disparado, Faustino se arranca el suero y salió a la calle en busca de Armando, Haydée y demás miembros de la Dirección para considerar la situación.

El 31 de julio, Faustino escribe a las integrantes del Frente Cívico de Mujeres Martianas que la situación de los presos que participaban en la huelga de hambre, después de 15 días sin ingerir alimentos, siendo insostenible, demandaba de esfuerzos inmediatos para impedir que los presos se inmolaran: No podemos permitir que el sacrificio llegue al extremo de que algunos mueran.

Ya él les había escrito a los huelguistas pidiendo que suspendieran la huelga, pero temeroso de que no fuera admitida su petición, era necesario que las Mujeres Martianas, con la moral que les da el haber estado desde el principio en la primera línea de fuego, se dirijan también a ellos privada y públicamente en el mismo sentido. La apelación, sin dudas, era dramática. Faustino estaba temeroso de lo peor, en vista de la resolución de sus compañeros de continuar la huelga a cualquier costo, justo en un momento en que el clima de lucha en el país estaba viviendo su momento más alto, con la inminente extensión de la huelga general espontánea desencadenada en Santiago de Cuba por el asesinato de Frank País, uno de los más recios valores de esta generación revolucionaria.

Sólo la sensibilidad humana de Faustino, su compromiso con sus compañeros de lucha, puede explicar esta desesperada intervención a favor del cese de la huelga, incluso, apelando a argumentos insuficientemente convincentes: Creo que ya se ha dado una prueba de coraje y sacrificio sin cuento, y que todo el pueblo conoce ya bien el motivo de la lucha estando ya más preparado para seguirla. Ugalde seguirá en Presidio, pero se ha dado una ejemplar pelea que redundará en beneficio de la lucha general. A partir de un prisma utilitario, lo verdaderamente conveniente para la lucha general hubiese sido la continuación de la huelga de hambre. Sin lugar a dudas, la muerte por inanición de uno de aquellos combatientes hubiese generado una situación política en La Habana en extremo perjudicial para la dictadura y favorable al Movimiento 26 de Julio. Quizás hubiese sido la chispa que se necesitó para incendiar el país. La censura de prensa no hubiese podido acallar la magnitud del hecho. Ni la suspensión de las garantías constitucionales contener una reacción popular. La huelga espontánea de Santiago de Cuba lo probaban. Pero en esta situación, Faustino no hace un cálculo de utilidades políticas que comprometa la vida de sus compañeros: Creo que el estado de protesta general ha sido buena y que va creciendo, pero no con la urgencia que requiere el estado desesperado de los compañeros. Faustino no propuso acallar las protestas de los reclusos políticos, sino evitar la muerte de los huelguistas decretando el cese del ayuno.

En Oriente, el asesinato de Frank País provocó una espontánea y casi total huelga. Faustino y sus compañeros de La Habana quisieron secundar la actitud de los orientales. Decidieron apoyarla, intentando provocar algo similar en La Habana para el 5 de agosto. Se reunieron con los dirigentes obreros, especialmente con Pellón, responsable obrero del Movimiento 26 de Julio en La Habana. Más, no hubo éxito en el esfuerzo movilizador. Muy pobres resultados por falta de condiciones organizativas.

Pero de la experiencia se fortalece una idea: acabar con la dictadura mediante una huelga general. Estas son las valoraciones de Faustino en una carta clandestina dirigida a Léster Rodríguez: no respondió (La Habana) con suficiente fuerza para dar el toque culminante al Paro General que seguido hubiese sido definitivo. Aún no estábamos suficientemente preparados. Pero de todas maneras, ha sido un signo formidable de cuyas consecuencias la tiranía ya no se repondrá. Creemos que en corto tiempo estaremos eren condiciones de dar la sacudida final. En el movimiento clandestino y en Faustino se hizo firme la idea de que una huelga general acabaría, en poco tiempo, el necesario para preparar las condiciones, con la dictadura.

Para muchos resultó sorpresivo que a la muerte de Frank, no lo sustituyera Faustino como Jefe Nacional de Acción y Sabotaje, sino René Ramos Latour, Daniel. En realidad, Fidel sugirió su nombramiento, pero los miembros de la Dirección Nacional radicados en Santiago optaron por designar a Daniel, por el conocimiento y participación en los planes de Frank de estructurar militarmente al movimiento clandestino. En cualquier caso, Faustino tenía encargada una misión tan importante como la que podía ser la Jefatura de Acción y Sabotaje en todo el país.

Pero después de la muerte de Frank, varios oficiales de Marina de Guerra, entre los que se hallaban Orlando Fernández, Saborit, Castiñeiras y San Román, contactaron con Faustino, tal y como lo habían hecho con Frank en Santiago de Cuba. La muerte de Frank favoreció que los esfuerzos conspirativos que hacían coincidir al Movimiento 26 de Julio y a la oficialidad descontenta tuvieran en Faustino a un centro. La conspiración se fraguó a lo largo del mes de agosto, lo que coincidió con el reemplazo de Frank, la correspondencia entre nosotros y los compañeros de Santiago, y la visita de Daniel a La Habana, que propició establecer las líneas de trabajo, en especial la organización de las milicias a partir del aparato de acción: transformar todo el aparato de acción del Movimiento en milicias organizadas militarmente (2).

Frank llevaba los hilos de una conspiración conjunta entre del Movimiento 26 de Julio y oficiales jóvenes descontentos de la Marina de Guerra. Al morir Frank, pronto entran en contacto con nosotros. En el plan de sublevación no sólo participarán oficiales de la Marina, sino que van incorporándose otros en el Ejército y la Policía. La conspiración de La Marina, con los oficiales jóvenes, era vasta, ramificada por todo el país. A finales de agosto la conspiración se había hipertrofiado, con la incorporación a los planes de nuevos contactos de la más alta graduación de la Marina y el Ejército. Aquello significó no sólo una situación de hipetrofia, sino que fuera incontrolable, se fue de las manos de los propugnadores de la conspiración en la Marina de Guerra. Entró gente de más alto grado. Estos nuevos elementos fueron un factor importante para la posposición de la fecha fijada para la acción: el 5 de septiembre. Se producirán acciones de rebeldía de la Marina de Guerra en La Habana, Mariel, Cienfuegos y Santiago de Cuba. En La  Habana, el alzamiento contaría con el apoyo de los combatientes del Movimiento 26 de Julio, pero estos no comenzarían a actuar hasta tanto no vieran los disparos que las fragatas sublevadas hicieran contra el Palacio Presidencial y el Campamento de Columbia. El Movimiento 26 de Julio atacaría la Motorizada y tomaría la emisora CMQ.

En la noche del 4 de septiembre se producen, a espaldas del Movimiento 26 de Julio, nuevas incorporaciones de otros oficiales de la Marina de más alta graduación a este plan, y deciden que el día 5 no es la mejor fecha y avisan a distintas unidades comprometidas de la posposición, de la cual no tiene conocimiento el Movimiento ni los compañeros de Cienfuegos, que eran contacto nuestro.

Esto determina que al amanecer del 5 de septiembre, en Cienfuegos se produzca la proyectada sublevación de marinos y combatientes, la que tiene éxito inmediato. Sin embargo, en la mañana del 5 del septiembre, Faustino no logró hacer contacto con Castiñeiras. Desde temprano, Faustino comenzó a estudiar la situación. En un primer recorrido por la Avenida del Puerto observó las fragatas de la Marina de Guerra, supuestamente comprometidas, atracadas en el puerto. Quiso hacer contacto con Carlos Interián, el contacto dentro de la Marina, pero no logró localizarlo. En un segundo recorrido comprobó que el plan de sublevación de la Marina de Guerra no se fraguó en La Habana. Al no producirse los esperados disparos contra el Palacio Presidencial ni la Ciudad Militar de Columbia, los comandos del Movimiento 26 de Julio no actúan como tienen previsto contra la Motorizada, ni ocupan CMQ. Ante la aparente quietud  observada, Faustino da la orden de desmovilizar a los comandos. En pequeños encuentros con la policía, resultan muertos dos combatientes, ocupado un automóvil y algunas armas.

Posteriormente comienzan a llegar las inquietantes noticias del exitoso alzamiento de Cienfuegos, y su destrucción. Después nos enteramos de que habían actuado en Cienfuegos y nosotros no habíamos activado. Ya se había mandado a retirar la fuerza.

De todos modos, la envergadura del plan general y la resolución de combate de los combatientes comprometidos contribuyeron en gran medida a que se cometieran muy graves y eventualmente dañinas imprevisiones conspirativas: el empleo de algunos vehículos cuyas chapas se hallaban circuladas y en algunos sitios de concentración de los clandestinos complotados, pese a que se utilizaron cerca de un docena de lugares en las inmediaciones del objetivo, se produjo una excesiva reunión de combatientes que podía alertar a las fuerzas represivas. Una acción de ese tipo, en que un grupo de complotados de una estación policíaca, con el apoyo de fuerzas extrañas, pretenden hacerse del control de la unidad, planteaba, además, otras dificultades de coordinación, no resueltas totalmente por los cuadros veintiseístas comprometidos, a saber: que algunas tripulaciones no conocieran debidamente la coordinación existente con las postas y que una vez iniciada la acción, pudiera identificarse adecuadamente a los comprometidos de los elementos desligados de la conspiración para evitar lamentables y fatales consecuencias. El fracaso del plan, privó al Movimiento 26 de Julio de contar para el futuro a importantes mandos intermedios y bajos dentro de los institutos armados.

De todos modos, el Movimiento 26 de Julio logra en el país y en la capital un desarrollo extraordinario. El plan estratégico de Frank País de convertir las Brígadas Juveniles en Milicias se cumple, de la misma manera que el aparato de acción se desarrolla de tal manera que sacude los cimientos de la dictadura, que acalla su resonancia mediante la censura de prensa. La noche de las cien bombas, como dio en llamarse a la más aparatosa y masiva operación clandestina de La Habana, fue la reacción del Movimiento 26 de Julio a la capacidad del régimen, a través de la censura de prensa, de silenciar y limitar los efectos de las aisladas acciones de sabotaje que hasta ese momento tenían lugar: estallaban bombas todas las noches, pero la censura las silenciaba y tenían poca repercusión. Y entonces, ¿cómo hacer que esas acciones se conocieran? Solamente a través de una acción masiva como esa de las cien bombas en la capital, ¡sí que no podían silenciarlas y no la pudieron silenciar! No habrán ni víctimas civiles ni apresados entre los cientos de combatientes que intervienen.

Habrán también otras acciones de gran envergadura: la quema de numerosas plantaciones cañeras, en diciembre, para entorpecer el inicio y desarrollo de la zafra azucarera de la que se nutrían las arcas del régimen; la quema, en enero, de los depósitos de combustible que en Regla tenía la empresa transnacional Esso Standard.

El Movimiento 26 de Julio permea a tres sectores claves: las clases medias, los obreros y estudiantes. Nace el Frente Obrero Nacional (FON); nace el Frente Estudiantil Nacional (FEN) y también se expande por todo el país y se desarrolla impresionantemente la Resistencia Cívica. El aparato de propaganda vive sus mejores momentos. Se abren células en virtualmente todos los medios de comunicación y se comienzan a imprimir con regularidad y en grandes cantidades los periódicos del Movimiento: Revolución y Sierra Maestra, además de dos dirigidos a sectores bien precisos: Vanguardia Obrera y Resistencia. En este ambiente, queriendo repetir el éxito propagandístico del año anterior, en febrero de 1958 fue organizado un nuevo circuito del Premio Internacional de Automovilismo de La Habana. Entre las estrellas del volante invitadas y confirmadas a participar se hallaba Juan Manuel Fangio. Ahora, el Movimiento 26 de Julio en la capital estaba decidido a no fallar en el sabotaje del torneo.

No fue posible consumar una primera idea de secuestrar a Fangio durante las prácticas previas al evento debido al fuerte dispositivo de seguridad montado por la Policía Nacional y los servicios secretos. Los jefes del comando consultaron con Faustino la situación, la dificultad de efectuar el secuestro durante las prácticas o durante el circuito. Decidieron tomar el hotel donde se hospedaba, el Lincoln, en la calle Galiano, y secuestrar a Fangio.

En definitiva, la operación no tuvo que ser tan extrema. El comando revolucionario llegó en tres máquinas hasta el hotel. Un grupo fue hasta la puerta y uno de los combatientes se dirigió directamente hasta donde estaba Fangio, en la barra del bar, y lo encañonó:

  • Es del Movimiento 26 de Julio, que lo invita a venir con nosotros. Y que nadie se mueva.

Todos quedaron paralizados, con las manos en alto. Los miembros del Buró de Investigaciones presentes como seguridad, no tuvieron oportunidad de reaccionar. Fangio obedeció y abandonó el hotel conducido por sus captores.

Faustino visitó la casa de seguridad a entrevistarse con Fangio. Lo encontró

Le dijo: Usted no tenga temor, el pueblo cubano simpatiza con usted y nosotros también, pero lo que queremos es que el mundo conozca que Cuba no está para fiestas. Después que pasen las carreras, usted será puesto en libertad. No le va a pasar nada.

Faustino redactó una nota pidiendo disculpas al pueblo argentino por haber secuestrado a Fangio, uno de sus ídolos, y afirmando que los secuestradores simpatizaban con el secuestrado. Fangio firmó la nota.

Fangio permaneció secuestrado 26 horas. Al quedar en libertad, entre otras cosas, ­caso inusual­, Fangio declaró que si era para bien de Cuba, él se alegraba de su secuestro, y que estaba agradecido de sus secuestradores.

Huelga General Revolucionaria.

En efecto, tras el fracaso militar del 5 de septiembre, cuyas consecuencias son mucho más graves que las que tradicionalmente se le reconocen, el Movimiento 26 de Julio en las ciudades comenzó a trabajar con la mira puesta en producir una situación insurreccional en el país, con epicentro en una huelga general. Se quería materializar una estrategia de lucha que desde el principio concibió la combinación de la acción de masas con operaciones militares. Lo fundamental sería la parálisis del país, consecuencia de la huelga de trabajadores y estudiantes, y lo complementario las acciones armadas, urbanas y rurales.

En agosto, la huelga desencadenada en Santiago de Cuba de forma espontánea, creó la convicción de que las condiciones subjetivas y políticas estaban creadas para convocar en cualquier momento a una Huelga General. Bastaba crear otras condiciones, principalmente organizativas y militares. De hecho, se concibió y trabajó para producirla casi de inmediato. Para el alzamiento cívico­ militar del 5 de septiembre de 1957 se concibió, apenas comenzara la rebelión de los mandos militares comprometidos y los comandos clandestinos, tomar la más importante emisora del país, CMQ, y efectuar un llamado a la huelga y a la insurrección.

En lo organizativo, punto neurálgico, se avanzó considerablemente. La agitación política y la propaganda revolucionaria fueron muy efectivas e hicieron mucho daño a un régimen que se veía obligado a decretar a intervalos la censura de prensa y la suspensión de las garantías constitucionales. Ciertamente, el clima era insurreccional. En sentido opuesto, cada vez que se levantaba la censura de prensa con pretensiones políticas, se lograba que las acciones guerrilleras y clandestinas y los crímenes políticos y la actividad represiva del régimen fueran abordados por la prensa no controlada totalmente por la dictadura, incrementando el clima opositor. De hecho, varias acciones revolucionarias, como el secuestro de Fangio y el segundo combate de Pino del Agua, tuvieron una notable repercusión nacional, y también la negativa de la dictadura de permitir que la prensa nacional acogiera la invitación de Fidel de visitar la Sierra Maestra.

La guerrilla había logrado fortalecerse, multiplicarse e invadir nuevos territorios. La Columna del Che Guevara, la No. 4, se había consolidado militarmente, al Este de donde operaba la Columna madre, la No.1, José Martí, comandada por Fidel, quien a mediados de marzo creó dos nuevas columnas rebeldes: la No. 6, comandada por Raúl Castro que invadió los sistemas montañosos del extremo oriental de la Cuba, fundando el II Frente Oriental Frank País, y la No. 3, del Comandante Juan Almeida Bosque, que en la propia Sierra Maestra, en las proximidades de Santiago de Cuba, fundó el III Frente Oriental Mario Muñoz Monroy.

La capacidad de convocatoria del Movimiento 26 de Julio se incrementó considerablemente, consecuencia de la consolidación militar y los éxitos combativos de la guerrilla, por un lado, y el incremento del accionar clandestino, expresado en la multiplicación, extensión y consecuencias de las acciones bélicas y de sabotaje.

La capacidad de acción militar del movimiento clandestino se multiplicó. Prácticamente, en cada pueblo del país operaban grupos del Movimiento 26 de Julio, dedicados a cumplir el sistema operativo concebido y ordenado por el Jefe Nacional de Acción y Sabotaje, Daniel, que fijaba la realización de acciones de sabotaje diversas (quema de cañas, destrucción de objetivos económicos, interrupción del fluido eléctrico, descarrilamientos de trenes, obstrucción de las comunicaciones, bloqueos de caminos y carreteras, destrucción de vehículos, etc.) y eliminación física de elementos militares caracterizados por participar de crímenes y torturas de prisioneros y de otros individuos que servían a los cuerpos represivos en calidad de fuerzas paramilitares o de confidentes.

Los signos que justificaban el optimismo se daban continuamente. El asesinato en Santiago de Cuba de los estudiantes Antonio Fernández León y Ángel Espino Sarmiento originó una huelga estudiantil que rápidamente se extendió por todo el país. En el mes de marzo el ambiente de la Huelga fue increscendo. La propaganda clandestina fluyó con una facilidad desconocida hasta entonces. El espíritu de colaboración ciudadana se hizo mucho más tangible y general. Vanguardia Obrera y otras ediciones del Movimiento tuvieron que imprimirse en cifras desproporcionadas para las circunstancias, por cientos de miles. El Manifiesto de la Sierra Maestra fue reproducido en trescientas mil copias. Parecido ocurrió con otros documentos. La circulación, clandestina por necesidad, involucró a miles de ciudadanos. El Movimiento 26 de Julio hacía su agosto. Igual ocurrió con las contribuciones, sólo por la campaña del Salario de la Libertad, el último 10 de marzo bajo la tiranía, se recaudaron 100 000 pesos en La Habana.

Algunos hechos apuntaban en esta dirección: en Oriente las fuerzas guerrilleras habían logrado la casi paralización del transporte por ferrocarril y por carretera, la paralización de la zafra azucarera en muchos centrales, en Camagüey los trabajadores ferroviarios llevaban varios días en huelga. Era tal la sugestión, que Marcelo Fernández, en carta de coordinación para la huelga, le dice al Coordinador del Movimiento en la provincia de Las Villas, Sierra: La situación está muy favorable a nosotros. El clima se ha transformado en clímax.En este ambiente, con este clímax, se produce una reunión de la Dirección Nacional del Movimiento en la Sierra Maestra, a principios de marzo. Las conversaciones tuvieron lugar en Santo Domingo, entre el 8 y el 10 de marzo. Faustino y otros cuadros veintiseístas explicaron abundantemente a Fidel la situación del Movimiento 26 de Julio en las ciudades y la opinión común de los dirigentes de la clandestinidad de que las condiciones de convocatoria de la Huelga General estaban creadas. Expusieron su convicción de que la situación revolucionaria para provocar la caída de la dictadura habían legado a su momento clímax. Fidel aceptó como correcta la valoración que realizó Faustino y estuvo conforme en convocar al pueblo a la Huelga General. Fue elaborado un documento contentivo de 21 puntos, elemento que explica que se le conozca de esta manera.

Por su parte, frente al clímax revolucionario creado, la dictadura reaccionó enérgica y criminalmente: una vez más fueron suspendidas las garantías constitucionales y decretada la censura de prensa; se incrementó la actividad de inteligencia y represiva. El incremento de la actividad de los cuerpos represivos comenzó a afectar y comprometer la capacidad militar y organizativa del movimiento clandestino. Al llegar a La Habana, sin que él logre aquilatar el impacto de lo que se avecina, Faustino es recibido con noticias nada halagüeñas. Está en marcha un gran despliegue policial, al que no le concede mayor importancia, porque ya conoce y ha enfrentado los incrementos represivos. Ese mismo día, una noticia lo impacta: en la calle Porvenir cuatro jóvenes clandestinos fueron cazados por la policía y muertos a tiros. Alcides Pérez González, Máximo Asa Concepción, José Luis Dubroc.

En los días siguientes Faustino tendrá una febril actividad organizativa de la Huelga General. El 16 de marzo, Faustino se encuentra con el Jefe de Acción y Sabotaje en La Habana, Sergio González, El Curita. Faustino fue informado de que estaba a punto de desencadenarse un grupo de grandes acciones de sabotaje en la ciudad, que crearían un caos en la producción y los servicios. El plan consistía en volar las plantas energéticas de Tallapiedra, en la parte antigua de La Habana, junto a los muelles del puerto, y la termoeléctrica de Regla, al otro lado de la bahía.

Justo este tipo de acción, en el entorno de la Huelga General, sería un factor fundamental de apoyo para lograr la paralización de la capital, toda vez que por la envergadura y naturaleza de los sabotajes, la ciudad quedaría sin electricidad por un largo tiempo.

Precisamente por ello, Faustino explicó insistentemente al Curita la necesidad de aproximar la realización de aquellos sabotajes al momento de convocar a la Huelga. El Curita comprendía las razones expuestas por Faustino, operativamente inobjetables de cara a la acción fundamental que se había acordado en la Sierra Maestra, pero ofreció resistencia a la petición, alegando una razón de peso: la operación, compleja y peligrosa, ya estaba en marcha…

Suspender la inminente operación entrañaba riesgos en momentos en que La Habana estaba sometida a un gigantesco accionar represivo, que ya había cobrado varias vidas y desarticulados algunas estructuras de base del Movimiento. Finalmente, acordaron suspender momentáneamente las operaciones de sabotaje. El Curita quedó encargado de verificar la suspensión con los comandos implicados. Aunque entraba en el cálculo lógico de posibilidades, ocurrió lo peor: los sabotajes no tendrían lugar y el Jefe de Acción y Sabotaje perdería la vida cuando se encargaba personalmente de cumplir el acuerdo.

El 18 de marzo se produjo un golpe demoledor a la capacidad militar del Movimiento 26 de Julio, la muerte de El Curita. En realidad, con la muerte de El Curita comenzaban los treinta días más amargos y dolorosos en la vida de Faustino Pérez.

Al día siguiente caía abatido en la 5ta. Avenida del reparto Miramar otro valioso cuadro revolucionario de La Habana: Arístides Viera, Jefe del Movimiento 26 de Julio en Marianao. Junto a Viera muere Elpidio Aguilar. Días después, son detenidos y desaparecidos otros dos destacados revolucionarios habaneros: José Pepe Prieto y Cheché Alfonso

La dictadura había golpeado duramente la estructura del Movimiento 26 de Julio en La Habana, comprometiendo su eficacia en lo inmediato: Estas sensibles pérdidas colocaron en aquellos momentos a la dirección del Movimiento en La Habana en una situación difícil para responder a los imperativos de la coyuntura histórica. Llenar con rapidez y eficacia el vacío que dejaron tan experimentados e intrépidos compañeros era prácticamente imposible.

Sin lugar a dudas, la capacidad organizativa de respuesta y acción del Movimiento 26 de Julio en La Habana fue afectada severamente, lo que tuvo como resultado inmediato que los revolucionarios no lograran incrementar, como estaba previsto, el accionar operativo encaminado a aumentar el clima de tensión necesario para desencadenar la Huelga General. Sorpresiva y tardíamente, Marcelo Salado y Oscar Lucero, en cuestión de dos semanas, tuvieron que asumir la coordinación y dirección de las acciones militares. Pese al esfuerzo, no pudieron cumplir con las expectativas creadas en apoyo a la Huelga General. Aquellas pérdidas debilitaron o quebrantaron las posibilidades de acción en La Habana, y comprometieron la capacidad militar para la huelga en la capital. El fracaso de la huelga dio dimensión exacta de ese impacto.

Hacer descansar la Huelga General en el accionar propiciador del Movimiento 26 de Julio, exigía de este una capacidad de fuerza suficiente para poner en jaque a las fuerzas represivas y producir situaciones determinantes para el paro. La fuerza se lograba, en parte, con armas y explosivos.

Los dirigentes veintiseístas contaban con tenerlas suficientemente para el momento de la acción, pero no las tuvieron.

En estas circunstancias, los revolucionarios tomaron una decisión equivocada: no convocar la huelga para la fecha inicialmente concebida: el 31 de marzo, sino aplazarla por más de una semana, para el 9 de abril, después de Semana Santa, como nueva fecha.. La fecha acordada inicialmente, el 31 de marzo, era correcta: se enmarcaba dentro del momento cismático creado tan duramente durante meses y la huelga sería precedida de un evento de carácter religioso que normalmente, por sus características, tenía por efecto mermar notabilísimamente la actividad productiva, escolar y de servicios del país: Semana Santa.

La idea surgió de los miembros de la Dirección Nacional que se hallaban en Santiago de Cuba, quienes sostenían que no podía convocarse a la Huelga, sin que previamente Fidel Castro conociera la fecha, y que dada la complejidad de las comunicaciones con la Sierra Maestra esto no sería posible lograrlo para el 31 de marzo, y recibir importantes alijos de armas para dotar a los combatientes clandestinos. Faustino se negó a aceptar la posposición y rebatió el primer argumento de sus compañeros: No había que avisarle a Fidel, pues en el manifiesto de la Sierra Maestra quedaba plasmado que en cualquier momento, a partir del día primero, se convocaría.

Consultar con Fidel no era necesario, ni en lo jerárquico, porque la guerrilla había iniciado un accionar de obstrucción de las comunicaciones terrestres y de distracción de las fuerzas militares enemigas que no necesariamente dependía de una fecha estrictamente acordada, sino de una lapso de tiempo más o menos largo (semanas. La actividad que en este tipo de evento correspondía a las columnas guerrilleras no significaba, en modo alguno, originar una acción militar decisiva un día determinado, sino una secuencia de acciones de corta o mediana envergadura en la periferia de las principales ciudades próximas a sus lugares de operaciones.

Precisamente, por las características de la Huelga General concebida, Fidel trasladó la responsabilidad de fijar la fecha y de convocar la huelga a la Dirección Nacional en el Llano, que sería la encargada de escoger el momento adecuado.

Faustino discutió por teléfono con Daniel o Marcelo, donde alegó que la reunión no era necesaria, que acababan de regresar de la Sierra Maestra (diez días). Confesó Faustino que él se percata del riesgo de que se desplomaba el clímax de Huelga. Pero cometió un error: no concurrió a discutir con ellos y convencerlos de su error. En su lugar, envió a Luis Buch, quien carecía de ascendencia política para inclinar la balanza a su favor.

Esperar por los alijos de armas previstos, siempre un riesgo, dada la experiencia de meses anteriores en que se prometía y comprometía el aprovisionamiento de armas y finalmente no se concretaban, no necesariamente sería el factor determinante para lograr el éxito de la Huelga General. En agosto de 1933 el componente fundamental en la caída de la dictadura fue la presión popular, desencadenante de la fractura institucional y la intervención del Ejército a favor del cambio.

En efecto, los alijos de armas esperadas no intervinieron durante la Huelga de abril de 1958. El único alijo de armas que finalmente estuvo próximo a llegar a manos de los revolucionarios comprometidos con las acciones militares, que venía en la expedición del yate El Corojo, procedente de México, arribó a costas cubanas, por Pinar del Río, al día siguiente de convocada la Huelga, cuando esta ya había fracasado. El otro alijo de armas que sería conducida a Cuba por vía marítima, en una expedición procedente de Miami y que desembarcaría por Boca de Jaruco, fue interceptado y confiscada por las autoridades federales de los Estados Unidos. Igualmente fracasó el empleo de las armas que se gestionaban a espaldas de las autoridades norteamericanas en la Base Naval de Guantánamo.

Los dirigentes tuvieron que resolver un dilema. Podían convocar a la huelga con varios días de anticipación, creando condiciones organizativas para lograr a partir de esa fecha la parálisis del país, con el apoyo de las acciones violentas, aunque dando posibilidades al régimen de organizar y desencadenar medidas de contención y rechazo a los planes huelguísticos, o mantener el factor sorpresa, impidiendo que la dictadura adoptara medidas preventivas, y confiar que las acciones de eliminación sabotaje de los servicios eléctricos, de transporte, comunicacionales, etc., actuaran como factor decisivo para originar la parálisis del país, secundada por los trabajadores y estudiantes, el pueblo. Se decidieron por la segunda variante.

Del valor de una posible integración de los comunistas al movimiento huelguístico pueden ofrecer testimonio, pese a que no faltan aún los clandestinos veintiseístas que lo nieguen, el hecho inobjetable que nadie como los comunistas cubanos tenían una tradición y una experiencia huelguística, a no despreciar, amén de los cuadros obreros que aún le quedaban tras la división provocada años antes por Mujal y compañía, y que en 1955 ellos lograron vertebrar y controlar una huelga de los trabajadores azucareros no sólo por reivindicaciones económicas, sino de tipo político.

Finalizando el mes de marzo, Faustino recibió a una emisaria de Fidel, Clodomira Acosta Ferrales, quien portaba el llamamiento realizado por Fidel a través de Radio Rebelde, con especial énfasis en lograr la unidad de la oposición de cara a la inminente Huelga General. Faustino orientó a Octavio Louit establecer coordinación con sus pares del Partido Socialista Popular y con los del Directorio Revolucionario 13 de Marzo. Dos meses antes de la Huelga del 9 de abril, por orientación de Faustino comenzó el proceso de concertación con el Directorio, el Partido Socialista Popular y los auténticos.

Faustino se entrevistó con Aníbal Escalante, Carlos Rafael Rodríguez y Ursinio Rojas, para coordinar la Huelga. A mí me parece que fue antes de recibir yo el Manifiesto llamando a la unidad, porque yo le digo a Fidel en una carta del día 2 de abril que estamos realizando las reuniones en los distintos organismos. En la reunión no se llegó a ningún acuerdo. Aníbal y Ursinio insistieron en completar la organización de los comité de huelgas en la base. Faustino replicó la imposibilidad de asumir acuerdos muy cercanos, aunque al parecer, no les trasladó la fecha decidida por el Movimiento para convocar la Huelga. No rompimos, pero no llegamos a ninguna conclusión porque ellos tenían la posición de la cosa más dilatada y de organización de comités en conjunto al nivel de los centros de trabajo.

Con Faure Chomón, Faustino se reunió más de una vez, queriendo coordinar acciones. Entre los puntos de reunión se hallaban el apartamento de Mendoza, Embajador de Cuba en Inglaterra, en Avenida Primera, y hermano del ingeniero Mendoza, casa contigua que sería reiteradamente usada para contactos y reuniones del Movimiento 26 de julio.

No hubo un acuerdo de unidad plena con el Directorio Revolucionario y el Partido Socialista Popular. Hubo disposición de apoyar, pero no integración al plan. Los comunistas querían asegurar el resultado de la huelga, madurarla. Eso significaba postergarla. Faustino no podía acceder: ya había comenzado la cuenta regresiva para lanzarse a la acción y no era posible detener el reloj.

En la noche del 8 de abril el comando de la Huelga General se reunió clandestinamente en el apartamento del ingeniero Mendoza, en la avenida primera del aristocrático Reparto de Miramar para ultimar detalles. En la mañana del 9 de abril, antes de dirigirse a la casa donde funcionaría el Comité de Huelga, en la calle 14, entre 11 y 13, en El Vedado, (Faustino) se dirigió a la residencia del ingeniero Capó donde el Movimiento tenía un importante alijo de armas que debía distribuirse. Allí contactó, con Arnol Rodríguez, Manuel Suzarte y Germán, encargados de la distribución de las armas. En el Comité de Huelga permanecieron Faustino, Marcelo, Buch, Ray y David Salvador. Cerca del mediodía, Faustino decidió hacer un recorrido por lugares estratégicos de La Habana: G y 25, La Habana Vieja, para entrevistarse con Ravelo y otros responsables del Movimiento en la provincia de La Habana (campo). Regresó aproximadamente a las cinco o seis de la tarde. La muerte de Marcelo Salado la conocieron por una comunicación radial.

El Movimiento había logrado conectar por radio tres puntos directrices de la Huelga: la casa de calle 14, G y 25, donde se hallaba Marcelo Salado, y la casa de Piedad Ferrer, donde radicaba el frente de propaganda. La primera comunicación la estableció Boitel aproximadamente a las ocho y media de la mañana. Dos horas después, comunicaron que no podía sostenerse la comunicación porque estaban saliendo por el canal 2. A media tarde volvieron a establecer la comunicación para comunicar que Marcelo Salado había muerto. Al regresar Faustino, confirmó la muerte de Marcelo. Los combatientes estaban impactados.

No sólo era la dimensión de la pérdida, sino la sensación del fracaso de la Huelga. De momento no desecharon la posibilidad de revertir la situación. Con la noche, los grupos de acción podrían operar con mayor facilidad. Pero aquella esperanza fue desvaneciéndose. Al cabo, decidieron evacuar la casa. El único que permaneció en el comando central, por la ayuda u orientación que emergentemente podían brindar, fue Marcelo Fernández, quien insistió en la idea de que alguien permaneciera.

El primero en abandonar el comando general fue Faustino. A los pocos minutos se produjo un intenso tiroteo en las inmediaciones. Sus compañeros pensaron que Faustino había sido sorprendido por las fuerzas represivas y muerto. En realidad el tiroteo se inició por iniciativa de Faustino, quien ante el eventual fracaso de la Huelga, la emprendió a tiros contra una guagua que, descartando el llamado a la Huelga, circulaba a esa hora por 13 y 2. Algunos vieron en esta actitud de Faustino la fuga temeraria de su desesperación ante el evidente fracaso. Sin negar lo temerario, Faustino sostuvo siempre haberlo hecho creyendo que con la acción podía provocar la parálisis del transporte público, y este conducir al desarrollo de la huelga.

Dos días después, el 11 de abril, el comando de la Huelga General pasó balance a los acontecimientos. La reunión tuvo lugar en el apartamento del arquitecto Amigó, en el edificio López Serrano, en 13, entre M y N, en El Vedado. Al pasar revista a los hechos y sus secuelas comprobaron lo que ya tenían perfilado: “La Habana había sido desmantelada en sus cuadros de dirección”, muchos de ellos muertos en la jornada o previamente.

El 9 de abril de 1958 fue similar al 26 de julio de 1953 y al 5 de diciembre de 1956: un costoso y sangriento fracaso militar.

El asalto al Cuartel Moncada (y también al Carlos Manuel de Céspedes), Alegría de Pío y la Huelga General de Abril casi liquidan el proyecto insurreccional de Fidel Castro. Los dos primeros son responsabilidad, conjugada, de Fidel y del azar. El descalabro de la Huelga General, de Faustino. Por lo menos, siempre él lo asumió así, y en la personalización historiográfica, así se ha tenido. Faustino tuvo siempre conciencia de que la Huelga General del 9 de abril de 1958 es una fecha singular en la historia de la Revolución Cubana, uno de los hechos más discutidos y más controvertidos de la etapa insurreccional; no sólo porque abarcó a toda la nación e implicó un sacrificio colectivo sin igual entre el pueblo y porque se saldó con la mayor cifra de muertos entre todas las acciones revolucionarias, sino porque, simbólicamente, fue la frustración del momento de mayor euforia revolucionaria de la lucha, al ser casi total la creencia de que la victoria se iba a lograr.

Reunión en Mompié.

Tras el fracaso de la huelga de abril, se hacía imprescindible un análisis exhaustivo de los factores que lo habían provocado, una readecuación de la táctica y estrategia de lucha y una reorganización de las instancias de dirección del Movimiento 26 de Julio.

El Che no era miembro de la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio. René Ramos Latourt y Faustino le plantearon a Fidel la necesidad de que el Che estuviera presente en la reunión, para que pudiera exponer directamente las críticas que con anterioridad había realizado sobre la labor de los dirigentes de la clandestinidad.

Nos parecía saludable que él estuviera también la reunión en que se iba a analizar las causas del fracaso que él estaba criticando desde la Sierra.

Inicialmente Fidel dice: Bueno, yo conozco lo que el Che dice. No lo creo necesario.

Aunque el Che estaba lejos, después Fidel aceptó y esperamos dos días por él para hacer la reunión. Esa es la importancia que le dimos al Che.

Hubo que esperar dos días porque llegara. Lo hizo el 3 de mayo. De inmediato comenzó la reunión que el Che dio en llamar decisiva.

Se conocen, a grandes rasgos, los temas que fueron discutidos, pero no los contenidos de aquella histórica reunión. Esto ha sido uno de los secretos mejor guardados de la Revolución. Ni siquiera David Salvador, uno de los miembros de la Dirección Nacional involucrado en el debate, quizá el más criticado de los dirigentes clandestinos, pese a que abandonó el país tras entrar en colisión con los elementos más radicales y ahora residente en los Estados Unidos, ha querido acceder a revelar los contenidos y particularidades de la reunión. El Dr. Luis Buch, con quien tuve una relación de trabajo de más de diez años, a quien ayudé a investigar y elaborar sus dos libros de memorias y con quien preparé otros tres libros conteniendo su memoria histórica, cada vez que lo abordaba queriendo conocer los pormenores del asunto Mompié, me daba la misma respuesta: Que te lo cuente Fidel. Yo me lo llevo a la tumba. Fue uno de los dos secretos de la Revolución Cubana que se llevó a su tumba, el 3 de noviembre del 2000.

Allí debió producirse no sólo una reunión decisiva, sino una reunión tremenda. El propio Faustino confesó a Tad Szulc que allí hubo una gran discusión, una fuerte discusión, pero una discusión que, a nuestro juicio, es ejemplo de cómo deben discutirse los problemas dentro de las organizaciones revolucionarias y resolverse.

Allí se analizaron las causas del fracaso, causas que habían sido analizadas por nosotros mismos el día siguiente de la huelga. Si no la tuvimos en cuenta todas, una buena parte que tienen todavía vigencia; que se analizaron y que están incluso escritas en carta a los compañeros del exilio pidiéndoles recursos para continuar la lucha. A pesar del fracaso, seguía el espíritu de lucha en las fuerzas del llano. Las fuerzas de la Sierra quedaron indemnes. Allí no hubo ningún descalabro, pese a que la guerrilla participó en apoyo a la huelga.

Fue una reunión dinámica, con frases duras para analizar los errores reales que se cometieron en la lucha. No hubo plena coincidencia en cuanto a factores, o al peso que tenía cada uno de los factores. El Che consideraba que el problema fue la unidad, factor casi determinante.

Nosotros consideramos que no, que no era el factor determinante, sino la forma equivocada, los mecanismos equivocados que se pusieron en práctica, llamando sorpresivamente a la huelga y lo hicimos a una hora inadecuada, a las once de la mañana, donde están oyendo radio nada más que las ama de casa, y la gente se fue enterando de manera irregular de aquel llamamiento.

Aparte de que habíamos perdido una serie de cuadros fundamentales de la lucha en la capital y que armas que esperábamos no llegaron, sino hasta al otro día.

Se analizaron estas cosas, los distintos puntos de vista, lo que es totalmente normal en una organización revolucionaria. Hay quien dice: “Bueno, el fin.” Primero, que no produjo el fin; se produjo una discusión entre revolucionarios y creo que ejemplar ¡Ejemplar! Se hicieron críticas, se hicieron cambios y no hubo ni un problema de indisciplina. No hubo desunión.

Aquello emergió más unido. No hubo frases ofensivas. Fueron horas de discusión, aunque hay que considerar que Fidel consumió una buena parte de las horas esas.

Fidel evaluó la situación creada. Percatado de la incapacidad momentánea, o definitiva, del movimiento clandestino de ser el factor fundamental para provocar la victoria popular, se decidió a hacer un doble movimiento estratégico.

Primero, unificar el mando de la revolución, subordinando el movimiento clandestino a un comando único, que funcionaría en la Sierra Maestra, encabezado por él e integrado en su mayor parte por los anteriores dirigentes clandestinos. A partir de entonces, la clandestinidad obraría de acuerdo a los intereses estratégicos y misiones tácticas proyectadas desde la Sierra Maestra.

En Mompié se crea un Comité Ejecutivo Nacional del Movimiento 26 de Julio, que a partir de entonces radicaría en la Sierra Maestra, dirigidos personalmente por Fidel. Los nuevos integrantes son Daniel, David Salvador, Aldo Santamaría, Carlos Franqui, Faustino y Fidel.

Faustino debe bajar de la Sierra Maestra y regresar a La Habana a entregar el mando del Movimiento 26 de Julio y volver a la Sierra Maestra a integrarse al Comité Ejecutivo. A René Ramos Latourt, Responsable Nacional de Acción, en consecuencia jefe de las Milicias, pasó a integrar el mando del Ejército Rebelde en calidad de Comandante. Faustino, con el grado de Comandante, quedó asignado a la Comandancia General del Ejército Rebelde. Fidel fue designado Secretario General del Movimiento 26 de Julio, que para nosotros lo había sido todo el tiempo.

Las milicias del Movimiento 26 de Julio estaban bajo el mando del Jefe Nacional de Acción, responsabilidad que a la muerte de Frank País, el 30 de julio de 1957, pasó a desempeñar René Ramos Latourt. Durante la reunión Fidel consideró que las milicias habían adquirido una autonomía extraordinaria, “demasiado grande”. Hubo disparidad de criterios. Los dirigentes del llano defendieron la autonomía de las milicias, sosteniendo su necesidad ante la imposibilidad de consultar todos los asuntos y acciones a la Sierra. Muchas decisiones, como el secuestro de Juan Manuel Fangio, tenían que tomarse con un margen de tiempo mínimo, que hacia impracticable la consulta.

La decisión fue subordinar las milicias al mando directo del Comandante en Jefe, que de hecho lo había sido solamente del Ejército Rebelde, aunque Faustino, Ramos Latourt y los demás dirigentes lo reconocían como tal. Para nosotros, confesó Faustino en 1990, siempre fue así.

Segundo, previendo la contraofensiva batistiana, que se daría principalmente en lo militar contra el bastión inicial y más poderoso del Ejército Rebelde: su columna, organizar meticulosamente una resistencia de desgaste del enemigo en las estribaciones de la Sierra Maestra y que posibilitara el gradual aprovisionamiento militar de la guerrilla, condición que permitiera una enérgica contraofensiva militar, apoyada por el movimiento clandestino, que posibilitara el colapso de la dictadura y el triunfo popular.

Dinámica Sierra­-Llano.

En los dos escenarios de lucha, Sierra y Llano, hubo una dinámica y un desarrollo propio, que fue evaluado por los dirigentes de cada escenario concediéndoles mayor peso táctico y estratégico a su escenario en el objetivo común: derrocar a la tiranía. Cada uno percibe su lucha como la manera más importante para terminar con la dictadura: sin divorcio. Es un problema de acento, es un problema de dimensión. La lucha guerrillera va desarrollándose allá, y los compañeros van experimentando, van viendo el desarrollo, y van confiando que aquella va a ser la forma más importante que va a culminar. Los de aquí, que estamos viendo esta forma, le damos golpes importantes al régimen, que hay una gran efervescencia revolucionaria, confiando en la huelga general como última cosa.

El fracaso de la Huelga General resolvió la disyuntiva, traspasando a la guerrilla la responsabilidad principal en provocar el derrumbe de la dictadura, concentrando en la Sierra Maestra el mando completo y directo de la lucha. A partir de Mompié existieron dos escenarios de lucha, inobjetablemente, pero un solo mando: era lógico que el mando de Fidel fuera el único.

A la Sierra Maestra.

Faustino regresó a La Habana y procedió a entregar el Movimiento a los nuevos cuadros designados para dirigirlo.

Llegó a la Comandancia General de La Plata el 28 de junio en el mismo momento en que comenzaba un gran combate en la zona cercana de Santo Domingo. Fidel y Faustino se saludaron efusivamente, y por iniciativa de Fidel partieron hacia el escenario de la batalla. Caminaron por el monte tupido toda la noche, bajo una pertinaz lluvia. Ya en el lugar, Faustino encontró sobre la tierra un ensangrentado fusil M­1, del que se apropió, sin que Fidel, tan celoso con la adjudicación del armamento, se opusiera.Durante los meses de julio y agosto, la mayor parte del tiempo, Faustino permaneció junto a Fidel en la Comandancia General y en continuos y agotadores desplazamientos por las zonas de combate: El Jigüe, Santo Domingo, El Jobal, Arroyones y Las Mercedes.

En dos oportunidades acudió a recibir las expediciones aéreas que trajeron armamento a la Sierra Maestra. En el segundo vuelo, temerariamente, a tal grado que impresionará al Che, Faustino destruye bajo el fuego enemigo el avión, para evitar que caiga en poder del enemigo.

El saldo de la ofensiva no podía ser más fructífero para la guerrilla. Batista había apostado a destruir el reducto inicial de la insurgencia, y quedó quebrado el régimen. El número de prisioneros fue creciendo por días. Faustino fue comisionado por Fidel, junto con Carlos Franqui para entregar un primer contingente de prisioneros a la Cruz Roja Internacional en el campamento de Las Vegas de Jibacoa.

Fidel organizó la contraofensiva militar. En pocos días quedaron organizadas y partieron hacia el centro de la isla de Cuba dos columnas guerrilleras. Faustino, en cambio, perdió la última oportunidad de ser el Comandante de las guerrillas de El Escambray.

La contraofensiva rebelde no sólo tuvo implicaciones político­ militares para la suerte de la guerra, sino que creó una situación enteramente nueva en la Sierra Maestra: el dominio absoluto del macizo montañoso y sus accesos y periferia. En toda la etapa anterior, de frecuentes combates y presencia alterna del Ejército Rebelde y el Ejército Nacional; de represión indiscriminada y bárbara contra los pobladores; de bombardeos de aldeas y casas campesinas; de dificultades para los abastecimientos de víveres y la producción y mercadería de productos, la población civil se había disgregado. Ahora, cuando definitivamente se produjo un cambio cualitativo en la guerra, se produjo un proceso de reacomodo y asentamiento en sus lugares habituales. Esta situación, naturalmente, originó una realidad socio-­económica que debió ser atendida.

Resultaba obligado garantizar una línea de abastecimientos estables hacia las montañas, lo que exigía un comercio clandestino con los pueblos y ciudades próximas; establecer formas y vías de comunicación adecuadas para recibir información de todo el territorio liberado y dar órdenes y orientaciones a todas las unidades rebeldes dislocadas. Crear escuelas para la población civil, especialmente para los niños, y también para los soldados rebeldes que no estaban en los frentes de batalla. Comenzar a prestar asistencia médica regular, en hospitales de campaña. Establecer un sistema judicial que hiciera de jurisdicción, no sólo penal, sino civil. Crear un cuerpo de policía que controlara y garantizara el orden en la zona liberada.

A la hora de atribuir funciones, fue encargado por Fidel de dirigir lo que dio en llamarse Administración Civil del Territorio Libre, lo que implicaba la atención de las escuelas, hospitales, caminos, orden público, atención a la población campesina de la Sierra Maestra. Esto lo convertía en la primera autoridad administrativa de los territorios liberados por la guerrilla. Faustino pasó a ocupar una casita inmediata a la de Fidel, en la ladera de una de las montañas más altas de la Sierra Maestra, en La Plata, Comandancia General del Ejército Rebelde. Aquella cabaña comenzó a ser conocida como la casa de Faustino, aunque en realidad era la primera sede del gobierno civil de la Revolución Cubana. La modesta edificación era una sola pieza, con paredes de madera, al igual que el piso, sobre pilotes, para contrarrestar el desnivel de la montaña.Además de todo lo ordinario, Faustino le prestó especial atención a los asuntos agrarios, mediante la creación de Asociaciones de Campesinos, para los que crea un medio de comunicación de raíz martiana, Mensaje al Hombre de Campo, y dicta las primeras disposiciones para implementar la Ley Número 3 del Ejército Rebelde, de Reforma Agraria.

Además de atender los asuntos relacionados con la ACTL, Faustino tuvo que prestar atención y ocuparse parcialmente de situaciones diversas que se suscitaban en la clandestinidad urbana. Por su pertenencia al Ejecutivo Nacional que operaba en la Sierra Maestra, su relación directa y orgánica con Fidel y su ascendencia sobre los dirigentes clandestinos, muchos de los problemas del Movimiento 26 de Julio en las ciudades le fueron comunicadas para que ayudara a hallar soluciones.

Faustino será en la Sierra Maestra, también, una especie de Ministro de Relaciones Exteriores del Ejército Rebelde, para el interior de la oposición a Batista, encargado de atender a los visitantes políticos, entre los que se hallaba Carlos Rafael Rodríguez y Pardo Llada.

Por aquellos días, Faustino volvió a confundirse con Fidel. Cuando se supo que Pardo Llada quería subir a la Sierra Maestra, Faustino creyó que había que evitar la contaminación de la politiquería. Sin embargo, Fidel favoreció y decidió que fuera, bajo el criterio de que su presencia ayudaba a la Revolución, además de servirle de asilo político, evitando, con su incorporación a la zona rebelde, que a su regreso Batista lo asesinara incorporándolo inmerecidamente al martirologio revolucionario. Que el tiempo haría lo demás. Tuvo razón.

La Sierra Maestra, como La Esperanza en 1944 y 1945, lo salvó. Por esos días del segundo semestre de 1958 le escribirá a su amigo Armando Hart: El fracaso, con su consecuencia trágica, la conciencia de los errores y, de atrás, culpas y debilidades íntimas, dejaron en mi espíritu profunda huella, y con el alma destrozada partí para la Sierra con mis convicciones un poco a la deriva. Me había creído más fuerte y ello me hacia más débil. Pero la Sierra es salvadora. Ha salvado a la Revolución de ser aniquilada y salva a los espíritus enfermos de la muerte. Respirar el aire libre de la montaña oxigena; vivir a plena naturaleza, ejercitar el músculo y la voluntad con el esfuerzo de la vida ruda y el sacrificio pleno, vibrar de nuevo en la emoción de combatir por la libertad en un escenario donde se cae iluminado por el sol y se recibe el abrazo de la tierra agradecida; eso desintoxica, estimula, mejora, recupera, vivifica.

Ministro de Recuperación de Bienes Malversados.

El 4 de diciembre de 1958, aquejado de apendicitis, Faustino fue sometido a una riesgosa operación de campaña. El Dr. Vallejo actuó como cirujano principal. El afamado ortopédico habanero Dr. Julio Martínez Páez hizo de ayudante de Vallejo, auxiliados, a su vez, por el Dr. Ordaz y un hermano de Vallejo.

Faustino permaneció en la Sierra Maestra hasta finales de diciembre cuando baja a entrevistarse con Fidel, quien dirigía el combate de Maffo y la toma de la estratégica ciudad de Palma Soriano. Faustino se encuentra en Palma Soriano cuando se produce el acontecimiento que precipita el fin de la dictadura: la huida de Fulgencio Batista. Entra a Santiago de Cuba junto a Fidel. Y permanece en la ciudad cuando las tropas rebeldes parten hacia La Habana. En la Universidad de Oriente será nombrado Ministro de Recuperación de Bienes Malversados, el más aplaudido entre todos los ministros que fueron juramentados.

Cuarenta años después, en un discurso público, Fidel Castro reconoció que fue una decisión política de amnistía limitar al 10 de marzo de 1952 la fecha mínima para confiscar bienes malversados, porque si seguimos hacia atrás habríamos tenido que confiscar la mitad de la República, y, realmente, en esos momentos iniciales de la Revolución, no queríamos llevar las medidas de la recuperación a como se habrían podido llevar a cabo desde que se creó aquella caricatura de República de 1902, porque creo que hasta muchos bisnietos habrían tenido que ser confiscados (3).

En su opinión, la amnistía no afectó gran cosa pues los ladrones se marcharon tempranamente a Miami dejando en herencia lo robado, creyendo, como otros que dejaron tras sí sus riquezas, que regresarían en poco tiempo, a lo sumo un año, porque en el enfrentamiento con el grupo de locos haciendo cosas y el vecino todopoderoso, la victoria estaba certificada para los últimos.

Lucha político-­ideológica.

Faustino participara de la lucha ideológica que hubo entre los sectores que apoyaron y acompañaron inicialmente a la Revolución Cubana. Muchos lo ubicaron, mirando desde la extrema izquierda, como parte de lo que dio en llamarse la derecha del Movimiento 26 de Julio, y, en consecuencia, lo hicieron blanco de sus ataques. Varias razones apuntan a desechar esta ubicación político-­ideológica, por simplificadora, y también sectaria.

Antes que todo, hubo al interior del Movimiento 26 de Julio muchos que se incorporaron orientados o determinados por su rechazo a la conculcación de las libertades públicas y la violación de los derechos humanos que representó la dictadura de Fulgencio Batista, pero que apostaban simplemente por la vuelta al régimen político-­constitucional del 9 de marzo, con un adecentamiento de las funciones públicas, y no querían, o querían muy pocas, transformaciones socio-­económicas. En todo caso, eso podría ser la centro­-derecha del Movimiento 26 de Julio, organización en la que resulta muy difícil (casi imposible) hallar lo que comúnmente entendemos por derecha político-­ideológica. En esta ecuación que me atrevo a construir, el centro político estaría integrado por los sectores reformistas negados a cualquier radicalización en el rumbo de la Revolución, firmes en mantener los lazos político-­diplomáticos con Estados Unidos, caracterizados por su anticomunismo militante, que asumieron posiciones o actitudes activas de freno o desestabilización de la Revolución a partir de exigencias de fijar límites o malecón al proceso. Aquí sería posible ubicar a los Miró Cardona, Manuel Urrutia, Manuel Ray, Hubert Matos.

Luego viene la izquierda, con sus muchos matices. Tomando a Fidel como el centro de esa izquierda, sólo posible a partir de su rol arbitral, sería posible identificar una izquierda de la izquierda y una derecha de la izquierda. Entonces sí es posible hablar de que Faustino perteneció a la derecha del Movimiento 26 de Julio: la derecha de la izquierda. Caracterizada por hacer críticas profundas al Partido Socialista Popular, por sus varios errores políticos anteriores y durante la guerra, su subordinación política a los intereses y posiciones de la URSS y a su determinación de ganar oportunistamente espacios políticos y de poder no conquistados en la lucha contra la tiranía; obstáculos y enfrentamiento a la infiltración comunista; críticas a la política exterior de la URSS y del modelo represivo estalinista; aspiración a producir reformas profundas en materia socio-­económica y político – culturales, bajo los límites iniciales, y alcances permitidos por la Constitución de 1940; antiimperialismo militante; intención y esfuerzos por convertir al Movimiento 26 de Julio en el partido de vanguardia de la Revolución; aceptación y acatamiento de la conducción política de Fidel;; actitud mental de aceptar una radicalización delos propósitos iniciales proclamados en La historia me absolverá y los demás documentos programáticos de la insurrección, como respuesta a la agresividad de la contrarrevolución y los Estados Unidos y por la radicalización del liderazgo de Fidel.

Faustino creía que había que fortalecer al Movimiento 26 de Julio, convertirlo en un partido político, en la vanguardia de la Revolución, para que dirigiera la tras transformaciones socio-económicas y político-­culturales que necesitaba la sociedad cubana. Era lo natural, dado el curso que había tenido el proceso político precedente. Otros, a su vez, sacaron sus cuentas y apostaron a sí, también. El Partido Socialista Popular hizo su propio proceso de proyección política, sus cálculos de vanguardismo político en la segunda etapa, y, en consecuencia, captaciones políticas, cabildeos, infiltraciones y maniobras diversas, preparándose para el proceso político que calculaban venía y aspiraban a controlar y dirigir. La izquierda cubana iba a colisionar irremediablemente, con sus consecuencias nefastas para la Revolución. Y si la colisión se producía, los grandes perdedores serían los revolucionarios, los que desde distintos miradores querían una revolución profunda.

La solución la aportó Fidel, al avanzar en silencio, sobre la marcha, maniobrando hacia la conformación, a partir del Ejército Rebelde y del INRA, de un nuevo centro de rotación política: la Revolución misma y no ninguna organización en particular. Después se decretó la defunción de las organizaciones precedentes y el nacimiento de las ORI, del PURS y del PCC.

Pero antes de que eso sucediera, y después, y a pesar de eso, Faustino fue parte activa, y pasiva también, del torbellino que todo proceso de aproximación, concertación y unidad política entre sectores ideológicos muy diversos, implica. Está por investigar con profundidad las incidencias de aquel fenómeno y sus manifestaciones entorno a Faustino.

Pero algo se sabe, aunque no esté suficientemente estudiado: como parte de la lucha sorda –y no tan sorda­ de carácter político­-ideológica que se dio entre los sectores de izquierda, en la que se involucraron y participaron también sectores de centro y de derecha, se produjo una maniobra contrarrevolucionaria de carácter sediciosa, determinada por la ambición y orientada a poner un malecón a la Revolución, la del comandante Hubert Matos Benítez.

Faustino, en antecedentes de las muchas maniobras de los comunistas, de sus esfuerzos, y creyendo en la buena fe de Hubert Matos, lo tuvo como víctima de una conspiración política de los comunistas, en lugar de percatarse de lo que en efecto era: una conspiración contrarrevolucionaria en extremo peligrosa para maleconiar a la Revolución Cubana y catapultarlo como una figura política árbitro de la política cubana. Planteada la situación en el Consejo de Ministros, Faustino salió en defensa de Hubert Matos. La consecuencia inmediata del affaire fue su sustitución, y la de Manolo Ray, como ministro, y un giro a la izquierda de la Revolución, que en semanas comenzó un franco proceso de radicalización en el nombramiento de cuadros. Se pasó de la infiltración de los elementos más radicales ideológicamente hablando, a un franco proceso de situarlos al frente de organismos claves, además de acelerar la infiltración y hacerla más agresiva.

Otra vez la Sierra Maestra.

En estas circunstancias, Fidel le ofreció a Faustino la Embajada en México. Faustino se negó bajo el argumento de que él no se iba a exiliar políticamente, y pide marchar a la Sierra Maestra, a organizar el Servicio Médico Rural. Virtualmente inaugura Faustino el camino del desempeño más sacrificado como destino del cuadro revolucionario cuando es relevado por la comisión de un error.

Para Faustino, una caída, un error, era una razón para servir con más fuerza a la Revolución. Para otros, fue la justificación para su ruptura con la Revolución y su inserción en la contrarrevolución. Sobrevendrán meses y años duros para Faustino en lo político: catalogado por algunos sectarios como un compañero de viaje, querían verle apearse y subirse al tren del exilio.

La gran equivocación, además de su sectarismo y extremismo político, fue no percatarse de que Faustino era un revolucionario en el más estricto sentido de la palabra, y fidelista y convencido de la necesidad de hacer una revolución profunda. Y los límites los ponía Fidel y la realidad. En efecto, con la confianza de Fidel, Faustino regresará de la Sierra Maestra para dirigir uno de los sectores militares en la defensa de La Habana frente a la eventualidad de que a finales de 1960 o principios de 1961, sirviéndose del cambio presidencial yanqui, de Eisenhower a Kennedy, se produjera una invasión del país.

A su regreso le esperaba una extraña designación: recibir el curso de superación político-­ideológica de la Escuela Nacional del Partido “Ñico López”. Personalmente, Fidel fue a buscarlo a la Escuela durante la primera denuncia del sectarismo comunista.

En ocasión del sepelio del Comandante Manuel Piti Fajardo, Faustino hizo su mea culpa de la conducta que mantuvo durante la crisis de Hubert Matos, especialmente en la reunión del Consejo de Ministros. Él estaba confundido y creía que Hubert Matos estaba siendo víctima de un complot de los comunistas (4).

Faustino no era fidelista en sus inicios políticos, ni en su comienzo revolucionario. Se hizo fidelista cuando aquilató en Fidel Castro la capacidad de producir una revolución política y social en Cuba. Faustino no maduró su pensamiento político hasta después del triunfo de la Revolución Cubana. Faustino no es excepción, pero fue excepcional casi toda su vida política. Fue del núcleo más puro de una voluminosa masa que vivió una raigal y coherente evolución política.

En opinión de Enrique Kike Escalona Chávez, Faustino fue severamente cuestionado por extremistas de izquierda y perseguido ideológicamente. ¿Por qué? ¡No lo conocían! No conocían la calidad revolucionaria, la calidad humana, la calidad del combatiente, de sencillez, honestidad y entrega total a la causa revolucionaria de Faustino Pérez. El desconocimiento de eso y el propio germen sectario hace posible que haya ocurrido eso. Faustino demostró ser de esos hombres que se miden no las veces que se caen, sino por las que son capaces de levantarse.

A fines de 1960 y principios de 1961, previo al traspaso presidencial en los Estados Unidos, de Ike Eisenhower a J. F. Kennedy, previendo que fuera lanzado un ataque contra el país, se decretó una alarma de combate. El Comandante Faustino Pérez fue designado al frente del Sector de Bacuranao, bajo la jefatura directa de Antonio Núñez Jiménez. Faustino dispuso todas las medidas defensivas pertinentes, organizando varias baterías de cañones y de ametralladoras.

Al organizarse la gran limpia del Escambray, en 1961, Faustino fue responsabilizado con la zona de operaciones con asiento en La Felicidad. Al crearse el Ejército del centro comandado por Juan Almeida Bosque, Faustino recibió la jefatura de Sanidad Militar. En tal condición participará de los combates de Playa Girón.

Esa tarde luctuosa, Fidel Castro sorprendió a muchos, dentro y fuera de Cuba. Muy pocos sabían, ¿quiénes?, o podían imaginarse, (¿quiénes?), que justo cuando contra el país se iba a lanzar una agresión militar por parte de Estados Unidos, Fidel iba a bautizar la Revolución como socialista.

En uno de los momentos de mayor enardecimiento de la multitud, Fidel proclamó: ésta es la Revolución Socialista y Democrática de los humildes, con los humildes y para los humildes. Eso era grave, en extremo. Esa definición la habían estado buscando afanosamente algunos de los dirigentes revolucionarios que pocos meses antes habían roto con la Revolución, suponiéndola inclinada o determinada a forjar un sistema socialista en Cuba. El fantasma del comunismo había rondado como razón o excusa por muchas cabezas. A otros se les consideraba embroncados con esa posibilidad, entre ellos a Faustino, a quien colocaban, equivocada o interesadamente en el ala derecha de la Revolución, posiblemente, resuelto a romper lanzas apenas se produjeran las definiciones ideológicas y programáticas. Muchos desconfiaban aún de la firmeza política de Faustino, de su capacidad para asimilar la orientación al socialismo que en las sombras Fidel venía promoviendo.

Lo que muchos ignoraban o no podían imaginar era que aquel paso, que lo sorprendió por el momento en que se daba, Faustino lo tuvo como una definición lógica, natural, oportuna y audaz (…) Lo que dos años antes, seguramente, hubiera sido para mí, motivo de incomprensión e inquietud, ya en aquel momento significó un nuevo orgullo y un motivo más de admiración hacia Fidel. Junto a él vibré aquel día de indescriptible emoción, frente al mar de fusiles levantados con que el pueblo enardecido expresaba su total respaldo y la inquebrantable decisión de luchar por la Revolución recién “bautizada” (5).

Dichas estas palabras en 1978, en plena época de construcción del comunismo en Cuba, podría ser tomado por algunos como mera retórica de Faustino –aunque difícil de justificar tal interpretación, conociendo al hombre y su rectitud y honestidad política-­. Sin embargo, existe un hecho que desharía con tal contundencia una interpretación como aquella, que sería, sencillamente, irrebatible. Tres días después de haberse proclamado el carácter socialista, a bordo de un tanque que iba a cumplir una muy riesgosa misión sobre las arenas de Playa Girón, donde habían desembarcado los mercenarios cubanos organizados por los Estados Unidos para derrocar a la Revolución Cubana, previendo que el tanque fuera objeto de un impacto y él perdiera la vida, Faustino sacó de uno de sus bolsillos una pequeña libreta y escribió un muy escueto testamento político: Viva nuestra Revolución Socialista. Patria o Muerte. Y la firmó con su nombre: Faustino Pérez.

Su firma tiene explicación: en caso de muerte quería dejar de forma bien nítida cuál había sido su pensamiento más íntimo. Faustino sabía que a esa hora todavía algunos compañeros del Partido Socialista Popular y del ala más radical del Movimiento 26 de Julio tenían sus dudas y sus desconfianzas ideológicas con él.

Yo fui en un tiempo colocado, no sé si justa o injustamente, en el ala derecha del Movimiento 26 de Julio, pero el problema es que después del triunfo de la Revolución, pasaron muchas cosas. Mucha gente que estaba en el Movimiento 26 de Julio, a unos les pasó lo que me pasó a mí y a otros muchos compañeros les pasó otra cosa (6) .

En agosto de 1961 realizó un viaje por Japón encabezando la Delegación de Cuba a la Conferencia Internacional contra la Bomba Atómica que se celebró en Tokio, oportunidad que aprovechó para visitar a una de las dos ciudades víctimas del genocidio atómico estadunidense: Hiroshima. De regreso a Cuba, visitó la República Popular China, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y la República Popular de Checoslovaquia, con la orientación de conocer cómo se construía el socialismo en aquellas naciones.

En diciembre de 1962 presidió una delegación técnica del INRH a la URSS, que debía servir de punto de lanzamiento del ambicioso programa hidráulico propulsado por Fidel.

En septiembre de 1964 presidió una delegación cubana a los festejos por el XX aniversario de la liberación de Bulgaria del fascismo. A continuación visitó la feria Internacional de Plovdiv y la Feria Internacional de Argel, oportunidad en la que hizo un amplio recorrido por Argelia.

En junio de 1962, Fidel le asignó la organización de lo que dio en denominarse Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos (INRH). Cuando en agosto de 1962 fue constituido oficialmente el organismo, se le designó Presidente, cargo que ostentó hasta mayo de 1969 en que el INRH fue fusionado con el DAP.

Hombre sencillo y sin aspiraciones políticas, más que las de servir con abnegación y ser útil, su designación en 1969 para dirigir políticamente la región de Sancti Spíritus, como espirituano, fue un momento único de realización. Era el regreso a su tierra, el que debió producirse en 1951 en calidad de médico, con una clara proyección preventivista, pero que la agitación política antipriísta y el golpe de Estado y su involucramiento revolucionario impidió. En 1969 lo hizo con capacidad de decidir el curso de los acontecimientos regionales y con la responsabilidad de extender la obra de la Revolución por aquella geografía.

Faustino se consagró al trabajo, desde la humildad suya, no aceptando irse a una casa confortable, sino estableciéndose con su esposa, dos hijos pequeños y los colaboradores que le acompañaron, a un rústico campamento agrícola. Desde allí dirigió la región. Trabajó incansable y eficazmente, pese a la diversidad y complejidad, y a veces el dramatismo, de las tareas que enfrentó, y desde la escasez o precariedad de recursos del momento. Los modestos o grandes resultados que la región tuvo fueron veraces, se correspondían a la realidad. No hubo globos ni excusas. Trabajo y honestidad fueron, nuevamente, sus divisas en el servicio político. Su gran frustración personal debe haber sido no haber estado en el momento fundacional de la provincia de Sancti Spíritus.

Fue sustituido en 1973, por acuerdo del Buró Político, como consecuencia de las contradicciones y encontronazos surgidos con Arnaldo Milián Castro, el Primer Secretario del Partido en la provincia. Está por investigar suficiente y desprejuiciadamente la naturaleza y dimensiones de estas dificultades que hicieron incompatible, políticamente hablando, la permanencia de ambos cuadros revolucionarios en el territorio villareño.

Entonces Faustino aceptó ocupar el cargo de Embajador de Cuba en la República Popular de Bulgaria, país que por sus características geográficas y demográficas, era el que más se asemejaba a Cuba en el palenque socialista europeo con el cual se avanzaba hacia la integración económica. Por el Decreto 3709 de 27 de diciembre de 1972, firmado por Dorticós, Fidel y Roa, fue nombrado Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la República de Cuba ante el gobierno de la República Popular de Bulgaria.

En marzo de 1973 comenzó a desempeñarse como Embajador de Cuba en la república Popular de Bulgaria. En este mismo mes presidió la delegación cubana a la reunión del Pleno del Consejo Mundial por la Paz, en Sofia.

Fue un Embajador austero y activo, que mucho contribuyó a construir puentes de amistad y estrechar relaciones político­-económicas y culturales entre ambas naciones. Culminó en 1977 su labor diplomática, y con ella, quizá, la única posibilidad real que tuvo de hacer una peregrinación íntima a las Islas Canarias, a encontrarse con sus ancestros, con la tierra originaria de su sangre.Pudieron más en él los factores de inhibición por razón de austeridad.

En octubre asistió al Congreso de la Federación Sindical Mundial, en Varna. La delegación cubana fue presidida por Lázaro Peña.

En junio de 1974 participó de la 28 sesión del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), conmemorativa del aniversario 25 del mecanismo de integración de los países socialistas. La delegación cubana estaba presidida por un viejo comunista: Carlos Rafael Rodríguez.

Con la culminación del proceso de institucionalización del país, que implicó la adopción de una Constitución y el establecimiento de la Asamblea Nacional, Faustino es electo Diputado. Hasta el final de su vida será Diputado; en realidad, un modelo de lo que ha de ser un diputado revolucionario: activo, discutidor y profundo, valiente para decir y valiente para votar.

A su regreso de la misión diplomática en Bulgaria, Faustino trabajará cerca de Fidel, apoyándole en diversas tareas y misiones. En 1980 se le confió la Dirección de la naciente Oficina de Atención a los Órganos Locales del Poder Popular adscripta al Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros. Las provincias y los municipios del país, y sus múltiples problemas y necesidades, tuvieron en Faustino a un fluido y eficaz interlocutor. Muchas soluciones no se demoraron o se lograron gracias a la resolución y eficacia de aquel hombre y el reducido equipo de compañeros que le auxiliaban. Fue una ardua labor diaria que Faustino condujo con amor y entusiasmo.

En el verano de 1984, mientras pasaba un cursillo militar en Santiago de Cuba, en vísperas de la rendición de cuenta de su Oficina a la Asamblea Nacional, Faustino sufrió un severo infarto del miocardio. Dramáticamente, logró salvar la vida. El 19 de octubre fue sometido a una riesgosa, complicada y azarosa operación de revascularización coronaria, la primera que tenía lugar en el Centro de Investigaciones Médico Quirúrgicas (CIMEQ). Fue exitosa, pero dio órdenes:

Faustino debía someterse a un tratamiento medicamentoso estricto, una dieta rigurosa, libre de grasas, y un nuevo régimen de vida, sin esfuerzos límites. Era la condición y exigencias médicas –y el era médico­- para garantizar la prolongación de su vida útil, de su vida misma.

En pocas semanas, Faustino se reincorpora a la dirección de la Oficina. Pero la eventualidad de la muerte gravita como nunca antes en su mente.

A un hombre de campo, de tierra y árboles, de sol fuerte y aire natural, trabajar bajo un techo, sentado, leyendo y despachando papeles, supone casi siempre una tortura espiritual indescriptible. En sus muchos días de oficinas, Faustino debió recordar una y otra vez, con nostalgia tremenda, sus días de La Esperanza, de la Administración Civil de los territorios Libres, su Servicio Médico Rural en la Sierra Maestra, la lucha contra bandidos en El Escambray, los días de transformar la topografía nacional para sembrar embalses, los otros en los campos y ciudades espirituanas. Y también, las dos décadas de trabajo reposado y oficinesco, en Bulgaria y en Palacio. Fue suficiente para decidirse: no iba a gastar sus últimas energías y sus últimos años de vida, que sabía cortos por su afección cardíaca, en una oficina. Quería morir de pie y no sentado, trabajando la tierra y no los papeles. Quería morir como había nacido y crecido, libre como el aire de La Esperanza, del que venía inyectado.

Imponer la decisión fue difícil. Primero, convencerse, él, que tanto estimaba el trabajo que hacía en apoyo al gobierno de las provincias y los municipios cubanos, de que debía buscar un puesto de mucha menos responsabilidad e importancia política, pero mayor proximidad a sí. Después, convencer a Fidel; aunque esto no debe haber sido lo más difícil de encarar, pues el Comandante es un guerrillero y lo comprendía, y por solidaridad entre rebeldes, lo apoyaría, pese al posible costo de tal determinación. Quizá lo más difícil fue encarar a la esposa, a los hijos, a los muchos amigos, a los compañeros.

Cuando pidió a Fidel ocupar el lugar dejado por el Comandante Félix Duque en la Ciénaga de Zapata, devorado por el corazón, ya Faustino estaba enfermo del suyo. Muchos combatieron su decisión: Fidel, los amigos de toda la vida, los amigos de la mayor o menor parte de su vida, los conocidos, los familiares más lejanos y más cercanos, la esposa Ana y sus cinco hijos, todos. En definitiva, hubo más de un complot para hacerlo disuadir de su determinación de marchar a un puesto de mayor entrega física, incompatible con su delicado estado médico. Oyó a algunos de los que se decidieron a tratar de disuadirle. Más, nadie pudo disuadirlo. Pudo más su voluntad y obstinación, muy suya, muy isleña, cubano-­canaria, de morir entre los árboles, el agua, las piedras, los guajiros y guajiras, en manos de la naturaleza pura, tal y como había llegado, el 15 de febrero de 1920. Y Faustino fue a la Ciénaga de Zapata: su última batalla revolucionaria, sin dieta controlada y en un esfuerzo límite.

Aquella, su última batalla, consistía en crear y desarrollar el Plan Especial de Desarrollo de la Ciénaga de Zapata, o sea: generar vida, desarrollo y cultura al estilo fundacional de Korimacao, en la región de mayor atraso relativo del país. A la Ciénaga de Zapata, Faustino dedicó los tres últimos años de su vida. Fue un trabajo continuo y difícil, extremo. Debía desarrollar una cultura agrícola en una región donde la agricultura carecía de tradición. Debía desarrollar los recursos propios que permitieran al vasto territorio funcionar en situaciones de opciones mínimas, dado el curso probable de los acontecimientos del país y del mundo. Y Faustino sabía que sólo se podía llamar al trabajo a los ociosos y movilizar el entusiasmo de las masas predicando con el ejemplo.

Eso hizo: queriendo inyectar una nueva cultura productiva, cuando recesaba la jornada laboral y casi todos se iban, él se quedaba, con su ropa de campesino y el machete y el azadón, chapeando la mala hierba y sembrando un huerto colectivo para cosechar habichuelas, pimientos, pepinos, tomate, y todo cuanto hiciera autosuficiente la Ciénaga de Zapata, como lo fue siempre La Esperanza de su infancia.

Aquel era el mismo escenario donde el 19 de abril de 1961, ante la posibilidad de morir en las arenas de Playa Girón, a bordo de un tanque, Faustino escribió su testamento político: Viva la Revolución Socialista, respuesta a los que pudieran dudar de su firmeza y rumbo. Treinta años después, con sudor, Faustino escribió sobre la tierra fértil su canto de vida. Esta última entrega encierra el heroísmo que siempre lo caracterizó y proyecta el mejor servicio que puede prestar un líder: el ejemplo.

Ejemplo que supieron reconocer y valorar oportunamente casi todos quienes le conocieron.

Desde el personaje­-personajillo Isidro Hernández, quien en el libro Memorias de Graduados de la Facultad de Medicina correspondiente al año de 1950, al lado de una fotografía de Faustino, la número 109, incluyó un elogio muy singular entre los 145 alumnos elogiados: Estudiante modelo Nadie, absolutamente nadie pudo haber recibido una mala acción de él. Bueno, amable, complaciente y estudioso constituía una excepción en el curso.

O el Che Guevara, que ya al final de su paso revolucionario por Cuba, dejó escrito y publicado “el alto concepto que siempre nos mereció quien en un momento dado fuera nuestro adversario dentro del Movimiento. Faustino siempre fue considerado un compañero honesto a carta cabal y arriesgado hasta el extremo (…) De su calidad revolucionaria da cuenta toda su trayectoria”.

O Raúl Castro, quien en su diario personal, cuando Faustino bajaba de la Sierra Maestra para dirigir el Movimiento en La Habana en diciembre de 1956, escribió: “su presencia sola purifica cualquier ambiente”.

O Pedro Miret, con Faustino erguido ya definitivamente al hallarse incorporado al Panteón de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, al aseverar, simple y llanamente, que Faustino había sido “humilde y desafiante”.

O Carlos Rafael Rodríguez, quien en una dedicatoria de Letras con Filo, le dijo: A quien respeté sin conocerlo y a quien quise desde que lo conocí.

O Armando Hart Dávalos, quien en esta misma Sala, o en Santiago de Cuba, ya no sé con exactitud, calificó a Faustino de hombre puro, limpio, firme, íntegro. Uno de los ejemplos más sobresalientes de la integridad y honestidad personal.

O Fidel Castro, quien aquilantando el rol de Faustino en la historia de la Revolución, en la mayor intimidad política, dijo lapidariamente: “Faustino es la conducta de la Revolución”.

Les agradezco infinitamente a ustedes, los compañeros de Revolución de Faustino, que me hayan permitido hablarles de él.

Muchas Gracias.

1 Esto ocurrió probablemente el 11 o el 12 de octubre de 1953.

2 Testimonio de Faustino Pérez.

3 Fidel Castro, 28 de septiembre de 2000.

4 Testimonio de Armando Hart, 5 de mayo de 2001.

5 Entrevista para Radio Habana Cuba, 25 de dciiembre de 1978.

6 Entrevista realizada por Tad Szulc, 1 de junio de 1985.

(*) El Profesor e Historiador Dr. Reinaldo Súarez Súarez es autor del libro “Faustino, dejando jirones de sí mismo”, que resultó Premio UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba) de Biografía 2011.

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