Vida y obra revolucionaria de Faustino Pérez

Vida y obra revolucionaria de Faustino Pérez
Reinaldo Suárez
Realmente, estoy ante dos dilemas, y ante un gran problema.
He preparado una larga exposición, que se suponía iba a leer
ante ustedes; pero me he encontrado con un auditorio que seduce y
obliga a arrancarse las ideas sin otro auxilio que la pasión. El dilema
es: ¿leo o improviso? Improviso, pues. No voy a utilizar el material
escrito, en vista del tiempo y del escenario que tengo frente a mí.
Si hiciéramos una fotografía de este teatro, observaríamos
que vamos desde las canas y el escaso cabello hasta el pelo negro
y tupido. Y es que, afortunadamente, en las tres o cuatro primeras
filas, tenemos, quizás, a lo que a mi modo de ver es la síntesis de
aquella república de generales y doctores, de revolucionarios y exrevolucionarios:
la Generación del Centenario de José Martí, que de
aquella República, es la mejor y mayor creación. A continuación, y
hasta el final de la sala, está la nueva generación de una revolución
que no se frustró. El nuevo dilema consiste en para quién hablo:
¿para los compañeros de Revolución de Faustino? ¿Para los compañeros
de mi generación, los que nacimos con la revolución? La
perspectiva puede ser distinta y distinto el énfasis, de acuerdo con
la intención discursiva. Hablaré, esencialmente, para los de mi generación
revolucionaria.
El gran problema que enfrento es que aún para mí, Faustino
sigue siendo un gran misterio. Un gran misterio para muchos, incluso
en su generación revolucionaria.
Voy a compartir, sobre todo para los de mi generación, unos
atisbos de la extensión y complejidad de ese misterio que es Faustino
Pérez. Permitan que acuda inicialmente a algunas frases o conceptos
que sobre Faustino se han escrito o pronunciado, porque en
ellas tendremos una idea ilustradora de lo que el hombre encierra.
Mas, no venceré, en modo alguno, las exigencias que estos enunciados
obligan, por razón del tiempo y las carencias historiográficas.
Si introduzco estas opiniones sobre Faustino es para construir
la idea de que es necesario investigar su biografía personal y revolucionaria
para dar con las claves que justifican aquellas opiniones
y conceptos.
Hay un personaje-personajillo, Isidro Hernández, sin el cual
no se puede escribir la historia de la Universidad de La Habana y
especialmente de su Escuela de Medicina —afortunadamente están
muchos ex estudiantes y estudiantes de Medicina en este teatro—
que escribió en el Libro Memoria de la graduación de 1950, refiriéndose
a Faustino: “Estudiante modelo 1880. Nadie, absolutamente
nadie, pudo haber recibido una mala acción de él. Bueno, amable,
complaciente y estudioso, constituía una excepción en el curso”.
Eso está escrito bajo una fotografía de Faustino, la número 109 en
ese libro de memorias de graduados, sólo que Faustino no se graduó
en 1950, sino nueve años después, porque en lugar de graduarse
como los editores previeron, escogió el camino de los
revolucionarios, renunciando a una graduación en tiempo. Pero eso
no lo sabía Isidro Hernández en el momento de construir las semblanzas
de los graduados.
Otra construcción pertenece al Che Guevara, ya al final de su
paso revolucionario por Cuba, cuando dejó escrito y publicado,
refiriéndose a Faustino: el “alto concepto que siempre mereció quien
en un momento dado fuera nuestro adversario dentro del movimiento.
Faustino fue siempre considerado un compañero honesto
a carta cabal y arriesgado hasta el extremo. De su calidad revolucionaria
da cuenta su trayectoria”.
O Raúl Castro, quien en su diario personal, el 23 de diciembre
de 1956, cuando Faustino perdía la oportunidad de convertirse en
guerrillero porque recibió determinadas misiones en el llano, escribió
al verlo salir de El Purial de Vicana: “Su presencia sola purifica
cualquier ambiente”.
O Pedro Miret, con Faustino erguido ya definitivamente, al
hallarse a punto de incorporse al Panteón de las Fuerzas Armadas
Revolucionarias, exactamente el 24 de diciembre de 1992, cuando
aseveró, simple y llanamente, que Faustino había sido “humilde y
desafiante”.
O Carlos Rafael Rodríguez, quien en una dedicatoria a Faustino
de su libro Letra con filo le escribió: “A quien respeté sin conocerlo
y a quien quise desde que lo conocí”.
O Armando Hart, en esta misma sala o en Santiago de Cuba,
no me acuerdo ya, cuando dijo que Faustino había sido “un hombre
puro, limpio, firme, integro, uno de los ejemplos mas sobresalientes
de la integridad y honestidad personal”.
O Fidel Castro, quien aquilatando el rol de Faustino en la historia
de la Revolución, en la mayor intimidad política dijo, lapidariamente:
“Faustino es la conducta de la revolución”. Esta última
frase se ha establecido, aunque hasta ahora no se han develado
públicamente las circunstancias precisas en que fue pronunciada.
Espero hacerlo en breve, apenas la fuente me lo autorice.
Todas estas palabras y estos conceptos no se dicen impunemente
y estos conceptos no se establecen por tantas personas,
algunas de tanto nombre, tan exigentes en sus criterios, de no ser
por el hecho tangible de que van dirigidas a quien las merece sobradamente.
Por lo menos, eso creo, muy firmemente.
¿De qué se trata? Cómo construir en 60 minutos, una imagen,
un retrato de Faustino que justifique, aunque sea a medias, ese
palenque de conceptos, en especial para los de mi generación. Confieso
que en la estatura actual de mi conocimiento sobre Faustino,
y en la escasez de tiempo, ese retrato, con pretensiones definitivas,
no es posible aún. Tendrá que esperar, hasta que concluya la investigación
en curso y arme la biografía del hombre y del rebelde.
Hoy sólo discurriré por construir algunos esbozos de la porción
más desconocida de la biografía de Faustino para sus compañeros
de generación, quienes por los avatares de la insurrección y los
vaivenes de la Revolución, y por las muchas deudas historiográficas,
han estado impedidos de conocer la raíz del hombre y del
revolucionario. Para quienes militamos en este balcón generacional,
casi todo es desconocido.
Faustino no era un genio político, en modo alguno. Faustino
no era un hombre extraordinario por su proyección más inmediata,
por su capacidad de irradiar energía política. La virtud de Faustino
estaba escondida en él, en la humildad y en la sencillez. Va oculta,
sumergida, y sólo aflora con el paso del tiempo, por su entrega y
rectitud, pero nunca por un brillo político excepcional. La dimensión
política que llegó a tener fue construida grano a grano, hoja a
hoja, con la paciencia de un tabacalero.
Si de algo estoy convencido a estas alturas del conocimiento
que ya comienzo a tener sobre Faustino es que por su origen y por
su formación como hombre, Faustino era como uno cualquiera de
nosotros. No tenía más aptitudes ni tamaño original que el que un
hombre común tiene. Sólo su conducta y su actitud ante la vida,
ante la realidad, lo levantaron, lo convirtieron en el hombre que ha
merecido aquellas palabras.
¿Quién es Faustino? El fruto amoroso de un hombre y una
mujer que llegaron huyendo a una geografía desconocida. José Pérez
Leal, Pepe, canario que vino huyendo de la Palma, en las Islas
Canarias; huía de la miseria y venía en busca de progreso material.
Amada Hernández Rodríguez, hija de canarios que vivían en Río
Feo, Pinar del Río, provincia y habitantes a quienes dos ciclones
grado cuatro destrozaron en la primera mitad de la segunda década
del siglo XX. Entonces, no había procesos de recuperación postciclónicos
y la familia decidió huir de Pinar del Río, del azote de los
ciclones. Fueron a dar a La Larga, en Zaza del Medio, provincia
actual de Sancti Spíritus. Allí también se había establecido Pepe
Pérez Leal. Se conocieron, y de los abrazos les nació Faustino, el
15 de febrero de 1920. Después hubo muchos abrazos más, con
mucha suerte. Hubo diez abrazos más, porque los Pérez Hernández
fue una familia de once niños, aunque uno murió muy temprano y
por lo común es secuestrado en el registro de las referencias historiográficas
familiares.
¿Qué eran los Pérez Hernández? Campesinos muy pobres y
eran, sobre todo, fruto de la gran aventura del tabaco. Habían ido
tras la ruta del tabaco espirituano, y a eso se dedicó la familia. Al
principio, sin un sitio exacto. Vivieron en La Larga, en Cruz de
Neiva, en Los Tramojo, en El Obispo, todos rastros rurales sin
presencia prominente en los mapas de la época. Y finalmente en
un punto intermedio entre Cabaiguán y Guayos, conocido por
Cañada de Piña, en la finca La Esperanza, que era propiedad de
un hacendado de origen gallego, Jesús Fernández, que le arrendó
dos caballerías y un cuarto de tierra al canario Pepe Pérez Leal,
en 1931, cuando ya Faustino tenía 11 años. Comenzó a gestarse
el acto económico fundacional de la familia Pérez Hernández, que
trascendió gracias al elevamiento que dos décadas después tuvo
el primogénito.
Pepe Pérez vino a Cuba tras el progreso material que le estaba
negado en sus tierras, y trabajó de manera impresionante. Y con él,
sus hijos y los partidarios a los que a su vez subarrendaba porciones
de la finca. ¿Qué hacían los Pérez Hernández para abandonar la
pobreza que los perseguía y que en una ocasión condujo a un doloroso
desalojo? Sembraban tabaco, criaban ganado, frutos menores
y ahorraban kilo a kilo. Día tras día todos, como si fueran uno, y
bajo la exigencia patriarcal de Pepe Pérez. Fue larga la estadía de
los Pérez Hernández en la pobreza profunda. Así fue, por lo menos,
hasta mediados de los años 40.
Exactamente en el año 1944, sirviéndose de las consecuencias
económicas favorables que la segunda guerra mundial produjo
para el sector azucarero de la economía cubana, con el aumento de
los precios del azúcar —aunque en su escasa cultura e información
probablemente Pepe Pérez no adivinara la dimensión y las arterias
de la macroeconomía que facilitaría su vida y la de los
suyos—, el canario se estimula para sembrar también caña de azúcar.
Comienza a partir de finales de la década del 40 un crecimiento
de la economía familiar que permite que diez años después,
terminando los años 50, Pepe Pérez y los suyos hayan dejado de
ser, definitivamente, una familia pobre, convirtiéndose, cuando
menos, en campesinos medios, en franca expansión económica.
Entonces Pepe Pérez era propietario de un camión, y en su casa se
empieza a experimentar algo inusual para los campesinos cubanos:
tener radio, televisión, refrigerador, luz eléctrica. En 1958 aparece
una máquina Chevrolet, y en 1959 Pepe Pérez está listo para el
gran salto económico; ya entonces puede adelantar veinte mil pesos
a Jesús Fernández para incorporar a la finca La Esperanza, que
ya era de su propiedad desde finales de los años 40, su gran ambición:
8 caballerías de tierra de la finca Las Marías en las proximidades
de Cabaiguán. Pero en ese momento, en que está a punto de
consumarse el gran sueño, la utopía económica de Pepe Pérez de
convertirse en hacendado, en la casita que en la Comandancia General
del Ejército Rebelde en La Plata —en el corazón de la Sierra
Maestra— donde a lo largo de la segunda mitad del año 1958 Faustino
dirigió la administración civil de los territorios libres, el gabinete
revolucionario, encabezado por el doctor Fidel Castro, firmaba
el acta de defunción de ese sueño capitalista: la Ley de Reforma
Agraria. En la casa guerrillera del hijo se firmó la ley que destrozó
la ilusión de hacendado del padre. Entre los firmantes más fervorosos
y firmes se hallaba Faustino.
En realidad, fue la tercera gran frustración económica que
Faustino le ocasionó a Pepe Pérez. Las anteriores databan de 1942
y 1951. En verdad, Pepe Pérez siempre perdonó a su hijo las frustraciones
que le produjo.
La primera frustración se produjo cuando Faustino se sacudió
la sentencia de su destino: ser un pichón de canario dedicado al
cultivo del tabaco.
Cultivar tabaco es una faena esencialmente familiar y Pepe
Pérez se esmeró en tener una familia numerosa y trabajadora, una
condición esencial para vencer en la gran aventura del tabaco. Faustino,
al ser el primogénito, se convirtió en el horcón del padre para
el empeño agrícola tabacalero. En consecuencia, fue sometido al
rigor del trabajo agrícola desde que era un niño, en jornadas que
empezaban antes de que saliera el sol y terminaban después que se
ponía. Así fue durante muchos años.
Faustino llevaba escrito en las paredes de su cuerpo, en su
piel, que debía dedicarse en la finca del padre a la cultura del tabaco.
Así que fue de casualidad, y con un esfuerzo personal extraordinario,
que hizo malamente la enseñanza primaria. Al inicio,
montando a caballo y recorriendo 7 kilómetros de ida y 7 kilómetros
de regreso, con su hermano Carlos a las zancas, para reincorporarse
al trabajo de la finca.
Después una escuela pública se abrió cerca de la finca. Modesta
escuela donde fue inyectado de Martí por su maestra Celestina.
Lo cierto es que cuando terminó la enseñanza primaria debió
quedar ahí porque no era interés del padre la continuidad de estudios
y Faustino tenía, además, conciencia de que debía dedicarse a
contribuir a edificar la economía familiar.
Por eso es que él, en alguna que otra autobiografía, dijo que
por azar había llegado a la Universidad de La Habana. Al azar, por
varias razones. La primera es que a finales de los años 30, todavía
Pepe Pérez era el campesino sin tierras que tiene una finca arrendada,
que no ha hecho la acumulación de la que he hablado anteriormente;
es, por añadidura, el campesino inculto que ahorra kilo
a kilo, y los kilos no alcanzan para mandar a su hijo mayor, uno de
los horcones del trabajo en las vegas, a la capital provincial, Santa
Clara, y tener que pagar la matrícula, el alojamiento y la comida.
El adolescente Faustino se resigna a quedarse en la finca, a no
continuar los estudios. Afortunadamente, siendo ya un jovenzuelo
abren el Instituto de Segunda Enseñanza en Sancti Spíritus, y esto
posibilita el bachillerato, recibiéndose como Bachiller en Ciencias y
Letras en 1942. Ahí debió quedarse, era su decisión personal, no
iba a seguir estudiando. Sin embargo, en su entorno logran convencer
a Faustino que acepte continuar estudios, ahora en la Universidad
de La Habana. Cuando Faustino acepta y hace la elección
más próxima con su proyección personal: estudiar Medicina, ya
estoy hablando de un Faustino de 22 años; es preciso convencer al
canario Pepe Pérez que renuncie a tenerlo encorvado en las vegas
de tabaco. Se produce la primera gran frustración económica de
Pepe Pérez: el canario acepta que Faustino haga los estudios superiores
en la capital del país. No es poco: la decisión fue un mundo
de renunciación a su destino de proyección productiva.
Faustino será uno de los tantos estudiantes de café con leche
de la Universidad de La Habana. Vendrá con una mensualidad de 20
pesos que posibilita el arrendamiento de una habitación junto con
dos compañeros, muy cerca de la Universidad, con lo que paga
alojamiento y alimentación. Estudiará por libros prestados, por notas
de clase; con el concurso y la ayuda de Dios, de la suerte y de
sus amigos. En 3 ocasiones solicitará que le den matricula gratis; y
en tres ocasiones el Decano de la Facultad de Medicina de la Universidad
de La Habana se la niega, pese a que los investigadores de
la empresa privada que hizo la comprobación de la exactitud de las
razones económicas alegadas por Faustino habían declarado que
efectivamente la economía familiar era tan precaria que no era posible
sufragar sus gastos en La Habana.
El Faustino que viene a La Habana está gobernado por la ilusión.
En su reducido mundo de guajiro, Faustino cree que los problemas
se concentran en los problemas inmediatos que él conoce,
que el mundo se reduce a su realidad. Llega a una Habana enorme
que lo devora, y comprueba que los hombres no son tan virtuosos
como los canarios que lo han rodeado toda la vida, que la corrupción
está por todas partes, que en la Universidad de La Habana se
practica el pistolerismo, que la corrupción toca a las puertas de la
propia Facultad de Medicina y él es una de las víctimas. Y unido a
ello, un conflicto lacerante con la familia de la novia y algunas
dificultades en la comunicación con su padre.
Faustino es impactado tremendamente. Y el impacto lo lleva a
una crisis espiritual, a una enorme depresión, que determina que
pierda su tercer año de la carrera. Faustino regresa en el tercer año
de Medicina a La Esperanza, desesperanzado, abatido. Se recupera
en un año y al cabo reingresa a la Escuela de Medicina. Ya para esa
época ha vencido la cátedra de Parasitología y Enfermedades Contagiosas.
Está preparado y comienza entonces a ganarse la vida,
limitadamente, por supuesto, en el dispensario médico que en la
calle Salud 222 tenía la Iglesia Presbiteriana de La Habana. Unido a
esta aproximación al alivio financiero, la crisis espiritual que ha
sufrido lo lleva a explorar más de un credo religioso, especialmente
una aproximación religiosa con los presbiterianos. Y si he dicho
más de un credo religioso es porque lo afirma Faustino en alguna
que otra referencia a su pasado, aunque yo no he hallado pruebas
de la pluralidad de la afirmación.
Aunque Faustino se recupera y vuelve a las aulas, no se recupera
del todo, espiritualmente. La salida religiosa que Faustino encuentra
en lo inmediato para la crisis espiritual, para la gran
frustración personal frente a la realidad, no es suficiente. No ofrecen
los credos a los que se acerca la solución de los problemas que
encuentra en la realidad. Entonces Faustino comienza a proyectarse
políticamente. ¿Cómo?
En realidad, desde antes de la crisis espiritual él había comenzado
a proyectarse políticamente, respaldando a lo que fue la gran
primera gran esperanza política de este pueblo: el doctor Ramón Grau
San Martín, quien en 1944 se enfrentó electoralmente a Fulgencio
Batista, y ganó arrolladoramente. Y es que Grau San Martín arrastraba
en su beneficio el espíritu y el sentimiento revolucionario frustrados
de los años 30; Grau San Martín representaba las conquistas
políticas y sociales de la revolución de los cien días; la ambición y
posibilidades de cambios de la nación cubana. Grau San Martín, además,
representaba la conquista de algo que marcó a la generación de
jóvenes de los años 50, que fue el aliviadero político de la frustración
revolucionaria de los años 30: insertar en el texto de la Constitución
de 1940 el programa básico de la izquierda cubana de aquella década.
Por representar todo eso, Faustino respalda a Grau San Martín
en su campaña presidencial, y respalda para gobernador de la provincia
de Las Villas al doctor Ramiro Capablanca. Tras el evento
comicial y la victoria auténtica sobreviene una gran frustración política
de Faustino, y de muchos, de miles.
Ramón Grau San Martín es un fraude político. Y con el fraude
político que representa Grau San Martín, Faustino no hace sino
sumar razones a su crisis espiritual. Afortunadamente para él insurge
una nueva esperanza, que es un político disidente del Partido
Auténtico, quien enarbola los conceptos originales del Partido Revolucionario
Cubano, quien clama por volver a la esencia, a la raíz;
que exige ser coherente con el discurso político, y, sobre todo,
pide adecentar éticamente la política nacional: Eduardo Chibás Rivas.
En consecuencia, en un momento en que ya ha sobrepasado
las mayores precariedades materiales, por sí mismo y por la mejoría
experimentada en La Esperanza; ha conjurado los conflictos con la
familia de la novia; ha hallado en los presbiterianos asidero a muchas
de sus preocupaciones y orientación y reservorio a su proyección
ético-moral; ha logrado estabilizar sus estudios de Medicina, y está
más hecho y amplio como individuo, Faustino se incorpora al Partido
del Pueblo Cubano, a los ortodoxos. Hará campaña proselitista
para incorporar jóvenes a los ortodoxos y para inscribir al Partido en
el registro electoral. Y seguirá a Eduardo Chibás en su prédica de
moral política y reformas socioeconómicas. Pero Faustino no existe
en el mapa político nacional, ni siquiera en el mapa ortodoxo. Es un
militante discreto, tranquilo, anónimo, sin pretensiones.
Así, se encuentra, a principios de los años 50, sumergido ya
en una actividad política que ha pasado inadvertida porque por no
aclaradas razones Faustino nunca hizo referencia a ello y porque
no era un hombre protagónico, sino un ortodoxo humilde, sencillo,
de la masa. En tal rol y posicionamiento, Faustino asistirá a la muerte
de Eduardo Chibás, en agosto de 1951, cuando como consecuencia
de un oscuro y no resuelto affaire político —que huele a una
trampa política muy bien montada, pues tras hacer unas denuncias
por corrupción, que a la postre no pudo probar, contra el ministro
priísta de Educación, Aureliano Sánchez Arango—, Chibás acudió
al suicidio ante los micrófonos de la radio nacional con la intención
de movilizar al pueblo y a sus seguidores. Ese asunto sigue siendo
una asignatura pendiente de la historiografía cubana.
A esa altura, existe un episodio de la vida de Faustino que
sus compañeros de generación y sus propios familiares desconocen.
Lo he establecido muy recientemente. Es un protagonismo
de Faustino, muy interesante, a dos meses del suicidio de Eduardo
Chibás.
En octubre de 1951, Faustino se integró a uno de los proyectos
que los ortodoxos crearon en su convencimiento —y las encuestas
así lo decían— de que iban a formar gobierno a partir de
las elecciones de junio de 1952. En octubre de 1951 se creó la
comisión médica con el objetivo central de elaborar la política sanitaria
del gobierno ortodoxo. La comisión comenzó a sesionar en la
calle Prado, y se dividió en diez subcomisiones para elaborar un
proyecto de política sanitaria nacional. Sin dudas, con una victoria
ortodoxa Cuba iba a experimentar una reforma sanitaria. En eso se
trabajaba, y Faustino es uno de los diseñadores de tal política. Por
lo menos es convocado y participa, lo que es muy significativo,
especialmente porque Faustino, que yo sepa, jamás hizo referencia
a esa participación suya en la política ortodoxa.
En la noche del primero de octubre de 1951 la sección médica
del Partido Ortodoxo, que comenzó a reunirse todos los días 15 y
30 de cada mes en Prado 109, designó las comisiones encargadas
del estudio y desarrollo de los aspectos fundamentales del programa
de salubridad y asistencia social, propósito que inicialmente, el
26 de septiembre, introdujo el doctor Chelala Aguilera. En esta oportunidad
fueron designados los responsables de cada una de las diez
comisiones de trabajo. Para el estudio de la situación en hospitales,
asilos y creches, el doctor Raúl Trillo; control de productos alimenticios
y farmacéuticos, doctor Juan Trillo; vivienda campesina,
el doctor Oliva; lucha anticancerosa, doctora Blanca Fuentes;
lucha antituberculosa, doctor Jorge López Valdés; carrera sanitaria,
hospitalaria y mutualismo, el doctor Sánchez Suárez; toxicomanía
y alcoholismo, el doctor Osvaldo Ponce de León; urgencia y
homicultura, la doctora Berta Portocarrero; codificación de las ordenanzas
sanitarias, el doctor Rafael Valdés. La última de las comisiones
sanitarias, en realidad la tercera en ser adjudicada, fue para
el estudio de las unidades sanitarias, y le fue asignada a Faustino.
Esta confianza y responsabilidad delatan un creciente protagonismo,
que hasta ahora ha permanecido en el desconocimiento para
sus compañeros y estudiosos.
Para uno de los encuentros de la comisión médica, Faustino
preparó y ofreció una conferencia, centrada en la necesidad y urgencia
de diseñar e implementar un programa de medicina preventiva,
lo que él dio en llamar la medicina del futuro. Este es un
segmento de sus primeras palabras, ese día, ante sus pares, los
galenos ortodoxos:
“La humanidad es azotada por dos grandes enemigos, las enfermedades
y la guerra. El tributo que paga en vidas y penalidades
es incalculable. Han pensado ustedes en los sufrimientos que se
ahorrarían a la humanidad si las energías y recursos que hoy se
disipan para nuestra propia destrucción se destinaran en pro de la
salud y felicidad de los pueblos. Todos debemos luchar contra la
enfermedad y contra la guerra. Todos podemos hacer algo en pro
de la salud y de la paz. Pues bien, en la lucha contra las enfermedades
y a favor de la salud no hay medio más seguro y eficaz que el
que nos brinda la medicina del futuro, la medicina preventiva”.
El concepto de Faustino era amplio: salud física, mental y
emocional y también la salud social. Su argumento más sólido era
la afirmación de que la persona integralmente saludable es la más
feliz y el más feliz es más útil y el más útil —son sus palabras—,
sirve mejor a su familia, a su patria, y a su Dios. Hizo una propuesta:
medidas generales de higiene, con base en la nutrición y la vacunación
preventiva.
Este es un Faustino consagrado a una idea de cambio y reforma
de lo que conoce, aunque no completamente: la medicina. En
esta fecha, ya Faustino debía ser médico, entre otras cosas, porque
los galenos de la comisión médica del Partido Ortodoxo lo tratan
y lo reconocen como un par. Pero Faustino no se ha recibido
de médico.
Su último examen lo ha vencido, después de una azarosa e
irregular carrera de Medicina, el día 16 de diciembre de 1950. De
acuerdo con el reglamento de la Facultad de Medicina de la época,
después que un estudiante vencía su último examen disponía de
seis meses para presentar su tesis. Faustino había estado trabajando
en su tesis La profilaxis de las enfermedades infectocontagio-
sas, referida a la pediatría, porque él tenía calculado hacer su tesis,
graduarse e ir a los Estados Unidos a realizar estudios adicionales
que le permitieran especializarse en las dos materias: pediatría y
enfermedades infectocontagiosas. Era su gran aspiración como
profesional, como médico.
Pero a estas alturas, paralelamente involucrado en el proyecto
político de los ortodoxos, en medio de la gran pugna política de
Chibás con el Ministro de Educación de los auténticos, que termina
con la muerte del líder ortodoxo, Faustino deja transcurrir el tiempo
exigido sin presentar su tesis. Todos apuestan a que lo hará, y
que será sin dificultades, al seguro; a tal extremo que en las memorias
de la graduación de ese curso, preparadas por Isidro Hernández,
aparece una fotografía de Faustino —creo recordar que es la
109— como graduado, y con el texto que ya referí al inicio. ¿Qué
ocurrió? Es una gran incógnita en su historia personal.
Faustino siempre sostuvo que no se graduó de médico hasta
después del triunfo de la Revolución porque no quiso que su título
lo firmara el Ministro de Educación de la dictadura. Sin embargo,
evidentemente, debió presentar la tesis y graduarse de médico antes
de que se produjera el golpe de Estado, lo cual no corrobora su
afirmación. Tras estudiar su biografía y apropiarme de algunas claves
de su personalidad, la conclusión a la que llego es que no se
graduó de médico porque fuera un ministro de Educación de la
dictadura quien le firmara el título, sino porque no quería que un
presunto ministro corrupto lo firmara. Como él aspiraba a que los
ortodoxos fueran gobierno, parece haber apostado a que fuera el
Ministro de Educación ortodoxo quien firmara su título de Doctor
en Medicina. La aseveración anterior está sometida al debate y a la
aportación histórica.
Lo cierto es que se produce el golpe de Estado y no hay gobierno
ortodoxo. En tal situación, con la conculcación de las libertades
y derechos políticos fundamentales, y el establecimiento de
un régimen de fuerza en el país, Faustino, definidamente, renuncia
a la idea de titularse de médico. Es más, acude al ejercicio médico,
pero sin pretensiones de buscar la titulación, y al cabo abandona el
ejercicio médico para consagrarse de cuerpo entero al ejercicio
insurreccional. Fue a la Escuela de Medicina buscando alivio a un
sector del drama de la pobreza; terminará hallando en la insurrección
con propósitos revolucionarios solución a todo el problema de
la pobreza. Pero eso es un proceso personal, no el fruto de un
decreto repentino.
Durante dos o tres años, hasta 1954, Faustino conspira contra
Batista y ejerce la medicina, en La Habana. Primero en Salud
222, en el Dispensario Médico Presbiteriano de La Habana; luego
en la Clínica Bautista de El Vedado y también en un consultorio que
comenzó a montar con muchas dificultades en El Cotorro.
Aquí es que sobreviene la segunda frustración económica de
Pepe Pérez Leal, porque en 1951 el canario estaba listo para adquirir
una casa en Guayos y montar el consultorio médico de su hijo
cuando Faustino, de pronto y contra todos los pronósticos y deseos
familiares no regresa a La Esperanza. No va a regresar porque
está involucrado en la lucha política; primero, para lograr que tome
el poder un gobierno popular, un gobierno que rectifique la política
nacional y que consagre las conquistas plasmadas en la Constitución
del 40; después, porque se entrega a la lucha frente al zarpazo,
al usurpador de las libertades públicas y tercero, porque su
reducido ejercicio médico tiene lugar en La Habana.
A partir de ahí nace el Faustino heroico y epopéyico del que
normalmente estamos habituado a oír. Es el Faustino que no va a
los locales del Partido Ortodoxo cuando Batista usurpa el poder,
sino se va a la Universidad de La Habana, donde estaba el centro
gravitacional de la lucha política de la época. Y viene a la Universidad
de La Habana a preguntar, como muchos de su generación:
¿qué vamos hacer? ¿Cuál es la respuesta a aquella pregunta que
muchos se hicieron en las jornadas de marzo de 1952? Ustedes
conocen la historia: sobrevino todo el cabildeo, las indecisiones y
la frustración por una reacción revolucionaria inmediata que no se
produjo.
Faustino participará, coetáneamente con su práctica médica,
en las luchas contra la dictadura. Cuanta marcha hubo desde la
Escalinata universitaria, cuanto acto de protesta frente a la dictadura
se originó en estos predios, casi en todos ellos estuvo Faustino.
Estuvo en el velorio de la Constitución y después en el traslado
de la Constitución asesinada por el golpe de Estado y los Estatutos
Constitucionales de abril hasta la Fragua Martiana, aquel oasis de
amor bravío, a lo martiano, donde años antes había conquistado a
Nélida Plá, con la que tendría tres hijos, los hijos de la insurrección:
José, Zaza y Faustinito.
Faustino estará en las reuniones que en la Escuela de Matemáticas
se estaban dando para tratar de generar una organización que
reuniera y empujara a la juventud que estaba deseosa de rescatar las
libertades que se habían perdido con el golpe de Estado. Como el
proyecto se fue alargando, y se diluyó finalmente, Faustino se incorporará
a lo que si nació, el 20 de mayo de 1952: el Movimiento
Nacional Revolucionario que organizó el doctor Rafael García Bárcena
con el propósito de producir un contragolpe de Estado, o sea,
tomar el cuartel de Columbia, tomar el poder y reencauzar al país en
el marco constitucional de 1940, cuyo texto se intentaría cumplir.
Faustino estará entre los primeros que recibieron golpes a
manos de los sicarios de Batista, cuando en la Universidad del Aire,
en mayo de 1952, un grupo de sicarios enviados por los cuerpos
represivos arremetió contra los jóvenes presentes, entre ellos Armando
Hart. Después, el 15 de enero de 1953 volverá a recibir
golpes, en la manifestación en la que resultó herido mortalmente el
estudiante de Arquitectura Rubén Batista; muerte que originará la
explosión revolucionaria de las masas.
Faustino estuvo buscando el vínculo y el vehículo de integración
para luchar insurreccionalmente contra la dictadura. A su pesar,
equivocó la elección, estuvo en el Movimiento Nacionalista
Revolucionario (MNR). Su líder, el doctor Rafael García Bárcena
concibió un proyecto de asalto al cuartel general del ejército, en la
Ciudad Militar de Columbia, para abril de 1953, pero a partir de una
concepción equivocada, una concepción verdaderamente putschista
de tomar el poder: apoderarse de Columbia con el apoyo de los
militares y después convocar al pueblo, y no a la inversa, organizar
a las masas, organizar a la juventud, organizar al pueblo para derrocar
a la dictadura. Definitivamente, no estará Faustino integrado
al movimiento revolucionario que organiza Fidel Castro y que el
26 de julio de 1953 termina con el asalto al Cuartel Moncada.
Fue invitado a prácticas de tiros unos días antes del asalto al
Cuartel Moncada. Pero Faustino ignoraba que se trataba de un plan
insurreccional de ejecución inmediata o inminente. Él estaba en
contacto conspirativo con algunos de los compañeros, Abelardo
Crespo, Gustavo Arcos, que se nuclearon en torno a Fidel, y la
invitación que le hicieron de hacer una práctica de tiro en el Instituto
de La Habana era en realidad para ir a asaltar el Cuartel Moncada.
Como su madre estaba enferma en la Quinta Canaria, Faustino
se excusó, prometió ir a la próxima práctica de tiro. Pero esa práctica
no se produjo porque con los asaltos a los cuarteles Moncada
y Carlos Manuel de Céspedes, con las consecuencias que ustedes
conocen, el proceso histórico cubano sufrió un cambio de órbita
geoestacional.
A partir de las acciones revolucionarias del 26 de julio de 1953,
Faustino comienza a operar en dos direcciones en su proyección
política, finalmente coincidentes y compatibles. Una, se mantiene
en el MNR e incluso va a integrar con los hermanos Hart, —Armando
y Enrique— y los hermanos Hidalgo —Bebo y Mario—, el
equipo dinámico que trata de revitalizar el Movimiento Nacionalista
Revolucionario y que trata de empujar a García Bárcena a asumir
un cambio de actitud y de proyección política que movilice y organice
a las masas y deseche el mecanismo putschista. Dos: paralelamente,
Faustino reincide y profundiza sus relaciones con los
moncadistas. La historia es más o menos conocida: en octubre de
1954 el MNR recibe un golpe anonadador desde el punto de vista
político-militar y organizativo, otro más, cuando el grupo dinámico
es desarticulado al momento de producir una concertación entre el
grupo de La Habana y los orientales para sabotear las elecciones
del mes de noviembre, y van a prisión Hart, y varios compañeros y
Faustino, quien permanecerá en recluido hasta la amnistía política
de mayo de 1955.
Faustino no recobrará la libertad hasta el 17 de mayo de 1955,
con la amnistía que benefició a todos los presos políticos, incluidos
a los moncadistas quienes, en lo fundamental, habían recibido
su libertad dos días antes. De inmediato se produce la concertación
entre Armando Hart, Faustino y otros del MNR con Fidel, la
negativa de García Bárcena de redireccionarse en su proyección
insurreccional o política y la decisión de casi todos los emenerreístas
de incorporarse al naciente Movimiento 26 de Julio. Eso significará
ya la muerte histórica del Movimiento Nacional Revolucionario
como organización. Con el nacimiento del Movimiento 26 de Julio,
Faustino se integra como uno de los miembros de la Dirección
Nacional, el 12 de junio de 1955 en la reunión de la calle Factoría.
Como ventiseísta Faustino tendrá una ingente actividad de
reclutamiento, de proselitismo político, que incluye coadyuvar a
que la mayor parte posible de los emenerreístas que ellos lograron
nuclear a lo largo del país pasen a las estructuras del 26 de Julio, y
captar nuevos miembros. Junto a ello, la labor de agitación, de
recaudación de fondos, etcétera. Y se produce un hecho, nada despreciable
históricamente: la primera equivocación de cálculo político
de Faustino con relación a la capacidad de liderazgo de Fidel
Castro. Más que esto, no tomar bien temprano la seña en la jugada
política del doctor Fidel Castro.
Cuando Fidel sale de prisión sosteniendo que la vía no es insurreccional,
que la lucha debe ser política, forzar a Batista a convocar
a elecciones limpias, a la vez que se le hace objeto de las
denuncias de los crímenes del Moncada y de otras inmoralidades y
crímenes, en realidad se trata de una táctica política para que Batista
se vea obligado a cerrar el camino legal, desnudando el sistema
dictatorial, justificándose y legitimándose el camino de la
violencia revolucionaria, que es la creencia y la convicción más
profunda en lo político. No basta tener razón, preciso es justificarla,
legitimarla. Faustino, en ese momento no comprende la posición
de Fidel, no comprende el arte escondido detrás de la táctica
transitoria. Fidel busca legitimar la violencia revolucionaria, hacer
que la insurrección no sea la elección de los revolucionarios, sino
una consecuencia del sistema dictatorial. Dicho en otros términos,
que el camino de la violencia sea el fruto de la necesidad y no de
una elección política. Faustino está convencido de que a Batista
solo se le depone por la violencia, por lo que no comprende el
discurso táctico. En efecto, ocurre que Batista, quien se siente
poderoso, invulnerable, cierra los caminos políticos, haciendo inviable
un recurso pacífico de solución. Es una victoria política de
Fidel Castro, en el sentido de que justifica el recurso extremo cuando
se han cerrado las posibilidades de entendimiento. Con el tiempo,
Faustino reconocerá el valor ético y la corrección política de la
táctica de Fidel.
Fidel se ve obligado a salir al exilio, y Faustino es de los miembros
de la Dirección Nacional que permanece en Cuba en esas labores
de proselitismo, de agitación, etcétera, y será uno de los
compañeros que desempeñará un papel determinante en la vertebración
del Movimiento 26 de Julio en Cuba, especialmente en
Matanzas, en parte de La Habana y parte de Las Villas; a tal extremo,
que ya para el segundo semestre de ese año, en una carta,
Fidel Castro reconocerá que hay dos elementos: Armando Hart y
Faustino Pérez, el médico, que han venido a sustituir en el interior
del Movimiento a los moncadistas que en esa fecha estaban desertando.
Fidel compara la actuación de Armando Hart y de Faustino
con el papel que en otros momentos habían desempeñado en la
conspiración Abel Santamaría, Renato Guitart y Boris Luis Santa
Coloma. Fidel comienza a justipreciar el valor del rol de Faustino
en el interior de la lucha insurreccional cubana.
Es una etapa en que Faustino se crece realmente, como se
crece en el Teatro Martí cuando la dirigencia juvenil de los ortodoxos
no asimila la petición de Fidel de asumir una posición insurreccional.
El 15 de agosto de 1955, Faustino toma la palabra, arenga
a la masa ortodoxa y logra que por aclamación se asuma al Manifiesto
del 26 de Julio, el manifiesto insurreccionalista que Fidel ha
enviado desde México.
Hay toda una consagración de Faustino a preparar la lucha
contra Batista que lo lleva, entre otras cosas, a dejar de ejercer
definitivamente la medicina. Tuvo en ese momento, finales de 1955,
que tomar una decisión tremenda, y la tomó. Tiene una familia:
hijos y esposa, y una revolución por delante. La decisión es ponerse
al servicio integro de la revolución. La familia, por supuesto,
comprenderán ustedes, sufrió las carencias, penalidades y consecuencias
de esa elección revolucionaría. Es el proceso histórico
que conduce a que Faustino se convierta en miembro destacado de
la expedición del Granma, en unos de sus capitanes, miembro del
Estado Mayor.
En el año 1956 Faustino trabajará intensamente en Cuba y
viajará en varias ocasiones a México. Recibe muestras inequívocas
de confianza de Fidel Castro, al invitarlo a participar de la segunda
reunión con el Directorio Revolucionario para acordar un plan de
acción conjunta para la insurrección en Cuba; y es invitado a participar
de la espinosa y difícil reunión con el ex presidente Carlos
Prío Socarrás, en Texas. También una prueba inequívoca de la
confianza en Faustino es su designación como jefe del campamento
de Abasolo, donde se va a entrenar el grueso de los expedicionarios.
Es tanto el recorrido político de Faustino a estas alturas, que
será uno de los jefes militares de la expedición; en realidad, de
acuerdo con versiones que no tengo confirmadas, en el segundo
jefe de la expedición militar que viene a cumplir la palabra empeñada
de ser libres o ser mártires antes de que finalice el año 1956.
Con el desembarco tiene un raro y casi inaudito privilegio.
Tras el descalabro de Alegría de Pío, en la dispersión tremenda que
se produce, en la confusión del combate, tiene la suerte de ir a dar
con Fidel y estar escondido con él y con Universo Sánchez durante
días, tratando de escapar de la persecución del ejército, debajo de
unas pajas secas de cañas de azúcar. Ocurrió allí algo que marcó a
Faustino hasta el último día de su vida: la confianza ilimitada y
absoluta en la voluntad y la orientación política de Fidel Castro.
Cuando en aquellas circunstancias tremendas, Fidel Castro comete
una de sus quijotadas, de sus aparentes locuras políticas; cuando
eran solamente tres combatientes, virtualmente con dos fusiles,
rodeados por el ejército, con la expedición destrozada, Fidel habla
de la certeza en la victoria militar, está impulsando y empujando a
quienes le acompañaban en aquellas extraordinarias circunstancias
a tener fe absoluta en la lucha y en su final victorioso. Lo único
cuerdo era pensar en salvarse, y Fidel Castro está hablando de victoria.
Una quijotada. Y Faustino bebe de aquel optimismo y de aquella
fe. En más de una ocasión confesó cuánto le marcó, para siempre,
aquella odisea de sobrevivencia, enterrados en la paja de caña de
Alegría de Pío, con Fidel Castro dictando una clase de optimismo
revolucionario.
Faustino acompaña a Fidel en el proceso de reagrupamiento
de los expedicionarios, y el 23 de diciembre de 1956, cuando la
guerrilla existe propiamente y se dispone a internarse en la Sierra
Maestra, el guerrillero Faustino es deconstruido como resultado de
una necesidad político-militar resultante de su papel político previo
en el interior de la Revolución: en lugar de seguir avanzando hacia
la Sierra Maestra le piden que baje a la ciudad. Deja de ser el capitán
del ejercito revolucionario del Movimiento 26 de Julio para bajar
a informar al movimiento clandestino de que la guerrilla está
viva, que la guerra comienza; tiene que lograr que los periodistas
suban a la Sierra Maestra a informar de la presencia combatiente
del ejercito revolucionario y debe trabajar en la reorganización del
Movimiento, especialmente en la provincia de La Habana, donde
las acciones de respaldo al desembarco no fueron tan intensas ni
tan numerosas como que se quisieron. A eso viene Faustino con
Frank a La Habana.
Llega a La Habana y comienza un complejo proceso. Faustino
es en ese momento una especie de delegado de la Dirección Nacional
en La Habana y contribuirá a la reorganización del Movimiento
26 de Julio. Entre otras decisiones, se produce la sustitución del
coordinador del Movimiento 26 de Julio en La Habana, José Suárez,
Pepe, por su responsabilidad política en la inercia del Movimiento
en respaldo al desembarco del Granma. En su lugar se
nombra a Héctor Ravelo, cargo que ocupará hasta la caída de la
casa de seguridad de Quinta y A. Durante ese período, Faustino se
mantendrá en labores de coordinación o de delegación de la Dirección
Nacional, y no como coordinador, como muchos creen y sostienen.
Se produce la reunión de la Dirección Nacional del Movimiento
26 de Julio el 17 de febrero de 1957 en la Sierra Maestra, con
dos acontecimientos importantes en la biografía personal de Faustino:
la presencia —llevado por él— del editorialista de The New
York Times, Hebert Mathews, quien dará a conocer al mundo y, en
buena medida, a Cuba la presencia combatiente de la guerrilla veintiseísta;
y dos acuerdos sobresalientes, que el movimiento clandestino
de Santiago de Cuba envíe un destacamento de refuerzo a la
guerrilla de la Sierra Maestra, que se cumplirá un mes después, y la
apertura de un segundo frente militar a la dictadura en Las Villas,
confiándosele a Faustino la responsabilidad. De producirse, Faustino
será el Comandante del ejercito revolucionario en Las Villas,
congruente con el papel que ha desempeñado hasta entonces en la
Revolución.
Este propósito, finalmente, fracasa porque se suceden varios
fracasos: cae la casa de Quinta y A, con su saldo de pérdida de
cuadros y logística; los planes conspirativos del Directorio Revolucionario
de sublevarse en La Habana, atacando el Palacio Presidencial
para dar muerte a Fulgencio Batista, están tan avanzados, y operan
en dirección no coincidente con la proyección insurreccional del
Movimiento, que impide una sumatoria de sus hombres, planes y
armas al proyecto guerrillero; y también cae preso el propio Faustino
el 19 de marzo, cuando estaba en franco proceso conspirativo para
trasladar hacia Las Villas las armas que estaban en San Miguel del
Padrón. Este fracaso del plan guerrillero villareño cambia por completo
el posible escenario revolucionario para Faustino.
Faustino va a prisión; estará recluido en el Castillo de El
Príncipe hasta el 26 de julio de 1957, cuando, como consecuencia
de la huelga de hambre de los presos políticos, la dictadura se
ve obligada a ponerlo en libertad provisional. Estaba en una situación
precaria de salud, cuando el 30 de julio asesinan a Frank
País en Santiago de Cuba. En esa ocasión, Faustino tiene uno de
esos gestos que tanto lo caracterizaron, esos gestos que proyectan
su arrojo y valor personal: se arranca el suero y sale a tratar
de organizar la respuesta revolucionaria de La Habana, a la respuesta
revolucionaria que los orientales habían desarrollado: una
huelga general espontánea en Santiago de Cuba. Faustino y sus
compañeros intentaran convertir la huelga espontánea de Santiago
en una huelga general en todo el país, especialmente en La
Habana. Pero el aparato del Movimiento 26 de Julio no logra movilizar
al pueblo de La Habana, no logra que prenda la huelga en
La Habana el 5 de agosto, como se convocó. Lamentablemente
esa huelga consume la energía inicial y termina; crea, eso sí, un
precedente de la capacidad del pueblo.
Aunque no es nombrado en lugar de Frank País, tal y como
pensaba y sugirió Fidel, Faustino contribuye decisivamente en el
proceso de desarrollo de las potencialidades revolucionarias de la
capital, y es cuando La Habana logra superar los personalismos
iniciales, la proyección de grupo que hubo en algún que otro momento,
e inicia un ascenso sostenido de su capacidad insurreccional.
El Movimiento 26 de Julio en La Habana se expande y fortalece
considerablemente. Y también en todo el país, a partir, principalmente
de las concepciones organizativas de Frank País. Se crean
el Frente Obrero Nacional, el Frente Estudiantil Nacional, la Resistencia
Cívica; el aparato de acción de las brigadas juveniles se transforma
en milicias urbanas; se incrementa vertiginosamente la
capacidad insurreccional de la organización clandestina.
El desarrollo del frente clandestino en La Habana permite
realizar esa hazaña tremenda, de que en una noche de noviembre
de 1957 estallen 100 bombas en la capital, en distintos puntos,
con la intervención de cientos de combatientes y que ninguno sea
apresado y que tampoco haya víctimas. La capacidad militar posibilita
la exitosa ejecución del secuestro de Juan Manuel Fangio,
en el que Faustino, además de lo puramente militar, es en buena
medida responsable de un hecho formidable, que mucho habla de
los valores morales, éticos y de la irradiación de virtudes de los
combatientes clandestinos que el lidera: convertir al secuestrador
en beneficiario de los secuestradores. Que Fangio haya salido de
aquella aventura y frustración deportiva que fue su secuestro en
un amigo de la causa revolucionaria de sus secuestradores, es un
manantial, un universo simbólico de lo que humana y revolucionariamente
portaban los combatientes revolucionarios y un especial
Faustino. Fangio hace creíble por sí solo aquello que escribió
Raúl Castro el día que Faustino salio de la manigua rumbo a la
ciudad: que su presencia sola purifica cualquier ambiente. El secuestro,
que en sí mismo es un acto deleznable, en el caso de
Fangio fue purificado, en primera instancia, con la proyección
del secuestrado hacia los secuestradores. Ese es un mérito personal
de Faustino Pérez.
Lo cierto es que este despliegue de las posibilidades revolucionarias
de la lucha insurreccional urbana van creando condiciones
que, en la interpretación del movimiento clandestino, permiten
la convocatoria a una huelga general revolucionaria para derrocar a
la dictadura.
Esa Huelga fracasa por la concurrencia de un grupo de circunstancias;
y no solamente es el fracaso político de la Huelga,
son sus consecuencias: mueren más de 100 revolucionarios. Esa
será, con independencia de su responsabilidad política, la espina
clavada en el corazón y en el espíritu de Faustino a lo largo de la
vida. El 9 de abril será el día más luctuoso y triste a lo largo de su
vida. Lo lacera, lo marca. Faustino no es responsable de todos los
errores de la Huelga, pero él asume toda la responsabilidad. Y no
sólo la asume, se siente plenamente responsable; a su manera, que
es una forma especial de sentir la culpa: honda y permanente.
En esas circunstancias, se produce la reunión difícil, tremenda,
en los Altos de Mompié —que me atrevo a comparar solamente
con el encuentro de Maceo, Gómez y Martí en La Mejorana—. En
los Altos de Mompié la Dirección de la Sierra Maestra y del Llano
analizan, de forma abierta y cruda, el desarrollo, las consecuencias
y sobre todo las causas del fracaso de la Huelga, y se toma la
decisión estratégica de concentrar en la Sierra Maestra y en Fidel
Castro la conducción de la Revolución; cambiar la estrategia de
derrocamiento de la dictadura, ya no a partir de una huelga general,
sino a partir de las posibilidades militares del Ejército Rebelde, con
el recurso de una huelga general para rematar al régimen. Se toma
la decisión de que varios cuadros del movimiento clandestino, entre
ellos, Faustino, suban a la Sierra Maestra, donde se crea un
comité, ejecutivo dirigido por Fidel, e integrado, entre otros, por
Faustino y René Ramos Latour. En realidad, ese ejecutivo no va a
funcionar y la Revolución será dirigida por Fidel desde la Comandancia
General.
Faustino viajará a La Habana, entregará la conducción de los
asuntos del Movimiento y subirá a la Sierra Maestra a integrarse a
la Comandancia General. Sube a la Sierra Maestra con una carga
emotiva incalculable. Se siente responsable del fracaso de la Huelga,
de que la dictadura siga viva, de las decenas de valiosos combatientes
muertos. Él está vivo y muchos de sus hombres muertos.
Algunos de los capitanes y combatientes de la clandestinidad, incluso,
piden que Faustino sea enjuiciado por su responsabilidad
política en la Huelga general. Es lo de menos, porque el verdadero
juez es él mismo. Tanto, que arrastrará por siempre una exagerada
carga de responsabilidad. Tengo la convicción de que de haber
permanecido en la lucha clandestina, Faustino habría buscado su
inmolación revolucionaria. Recordar aquel gesto del 9 de abril, cuando
ya era evidente el fracaso de la Huelga, de salir pistola en mano
en tratar de parar el tránsito, en el corazón mismo de la ciudad, sin
otro apoyo que su espíritu.
Acompañará a Fidel en los meses de julio y agosto virtualmente
en casi todas las acciones que tienen lugar; recibirá algunas
misiones especiales, como el recibimiento de dos expediciones aéreas
que van a respaldar los avances estratégicos de la Revolución,
en uno de los cuales, realiza un acto de tal temeridad que asombra
a un temerario, al Che Guevara, cuando bajo el fuego quema el
avión averiado, lo que arrancara un sentimiento de respeto de su
entonces adversario en el interior del Movimiento, el Che; participará
también en la entrega de prisioneros del enemigo a la Cruz
Roja Internacional.
Al cabo, cuando es derrotada la ofensiva del ejército y se inicia
la conocida contraofensiva revolucionaria, que salen las columnas
de Camilo y el Che hacia Las Villas, Faustino permanece en la
Sierra Maestra como responsable del primer gobierno o la primera
administración que tuvieron los territorios liberados de Cuba. A
instancias de Fidel, Faustino crea la Administración Civil del Territorio
Libre, cargo que desempeñará hasta diciembre de 1958 cuando
se produce la caída de la dictadura.
Al constituirse en la Universidad de Oriente, en Santiago de
Cuba, el primer gabinete revolucionario, Faustino es nombrado
ministro de Recuperación de Bienes Malversados, el más asombroso
ministerio que posiblemente haya conocido la historia del mundo
occidental. Un ministerio que en su letra orgánica tenía un año
de vida y que debía, desde la nada, sin personal, sin oficinas, sin
documentos, sin presupuesto, recuperar los bienes mal habidos del
régimen precedente. En once meses, con un millón de pesos invertidos,
Faustino será el ministro que recaudará para el patrimonio
nacional el equivalente de 400 millones en bienes, muebles e inmuebles,
en valores y en dinero.
A estas alturas, en noviembre de 1959, Faustino es sustituido
como ministro, como consecuencia de complejas contradicciones
políticas que se producen en el interior de las fuerzas revolucionarias,
que merecen estudio detenido y agudo y exposición amplia y
minuciosa.
En esas muy difíciles circunstancias, pide volver a la Sierra
Maestra, ahora a organizar el Servicio Médico Rural. O sea, Faustino,
envuelto en una nueva crisis, con componentes políticos y
afectivos, vuelve al campo, a la campiña, el equivalente de la finca
La Esperanza en su crisis de 1944, porque el campo, para el guajiro
que sigue siendo, tiene un efecto restaurador. La Sierra Maestra,
como La Esperanza en 1944 y 1945, lo salvó en el segundo semestre
del 58, y en los primeros meses de 1960 volverá a salvarlo. Por
supuesto, que no es solo por razones afectivas y espirituales, pero
no tengo tiempo para más explicaciones.
Quiero compartir con ustedes un pequeño párrafo que ayuda
a comprender la clave última de Faustino. Ocurre que tras la Huelga
de Abril, Faustino va a la Sierra Maestra. Escribió entonces:
“…la Sierra es salvadora. Ha salvado a la Revolución de ser aniquilada
y salva a los espíritus enfermos de la muerte. Respirar el aire
libre de la montaña, oxigena. Vivir a plena naturaleza, ejercitar el
músculo y la voluntad con el esfuerzo de la vida ruda y el sacrificio
pleno, vibrar de nuevo en la emoción de combatir por la libertad en
un escenario donde se cae, iluminado por el sol y recibe el abrazo
de la tierra agradecida, eso desintoxica, estimula, mejora, recupera
y vivifica”. Le vuelve —en la dimensión de las nuevas circunstancias—
a ocurrir en 1960.
Al regresar de la Sierra Maestra, ocupará responsabilidades
militares y estará en las arenas de Playa Girón a bordo de un tanque.
Antes de entrar en ellas toma una pequeña libreta de notas y
casi como respuesta a los que desconfiaron de su capacidad para
estar con una revolución socialista hasta el final de sus días, que
no fueron pocos ni poco tiempo, escribirá: Viva la Revolución Socialista.
Para que no haya equívocos, firma: Faustino Pérez.
Ese, sostienen algunos —y yo aún no lo asumo definitivamente—
es su testamento político: lacónico y universal. Faustino había
sido ubicado en la derecha del Movimiento 26 de Julio y había sido
víctima de desconfianzas ideológicas. Tres días antes de escribir
esta oración, Fidel Castro había proclamado, ante el pueblo armado
que enterraba a sus primeros muertos por la agresión imperialista
utilizando cubanos a sueldo, que se moriría por una revolución
socialista de los humildes, por los humildes y para los humildes.
Cuando iba rumbo a una posible muerte a manos de los enemigos
reales, Faustino, en el silencio y la discreción de una simple libreta
de notas, previendo su muerte y el juicio de la posteridad, decidió
esclarecer definitivamente su posicionamiento en el ajedrez político
cubano: con Fidel y su opción socialista. Fue una elección natural
y sincera, que cultivó en sí desde los días de La Esperanza.
En efecto, estuvo con la Revolución Socialista hasta el final
de sus días. Ya sea a partir 1962, al fundar el Instituto Nacional de
Recursos Hidráulicos (INRH) que logró represar la furia de los
ríos cubanos y evitar otro Flora, —o sea, la muerte de miles de
cubanos como consecuencia del desbordamiento de los ríos, de la
furia de las aguas—; gracias a Faustino y a sus compañeros del
INRH somos quizás el país que esgrime la menor tasa de víctimas,
porque se represó la furia de la naturaleza. Después dirigirá el Partido
en su tierra natal, aunque no tendrá la posibilidad de hacerlo en
el momento trascendental de ver a Sancti Spíritus convertida en
provincia, porque por determinadas circunstancias políticas con el
secretario del Partido en la antigua provincia de Las Villas, Arnaldo
Milián Castro, Faustino será sustituido a finales de 1972.
A poco, irá a desempeñar el cargo de embajador en la República
Popular de Bulgaria. A su regreso, en 1977, será el segundo
de Osmani Cienfuegos en el Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros.
A partir de 1980, funda otro organismo esencial de la Revolución,
la Oficina de Atención a los Órganos Locales del Poder
Popular, cargo que desempeñará hasta 1990 cuando toma la decisión
de ir a la campiña a morir, en su trinchera más amada.
Ocurrió que en 1984, Faustino fue emboscado; el corazón le
hizo una trampa. Cuando estaba en Santiago de Cuba en un cursillo
militar de preparación para enfrentar la eventualidad de que la administración
de Ronald Reagan se atreviera a ejecutar sus planes de
destrucción de la Revolución Cubana, Faustino sufrió un infarto
del miocardio. De forma casi espectacular fue salvado por el doctor
Aldereguía, que la suerte quiso fuera el hijo del doctor Gustavo
Aldereguía, su profesor en la Escuela de Medicina de la Universidad
de La Habana cuarenta años antes. Fue trasladado a La Habana
y el 19 de octubre de ese año se le sometió a la primera operación
de revascularización coronaria que se efectuaba en el CIMEQ. Salvó
la vida, pero pese a ser un hombre relativamente joven, 64 años,
sabía que estaba condenado a una muerte temprana. Permaneció
en el cargo de Jefe de la Oficina de Atención a los Órganos Locales
del Poder Popular hasta 1990, seis años más.
¿Qué ocurrió? Faustino sabía que estaba irreversiblemente
enfermo, entonces ya tenía 70 años, y le ocurrió como al Che cuando
tenía 37 o 38 años, tenía miedo de ponerse viejo para apostarse en
el lugar donde quería morir como revolucionario: el Che, luchando
en otras tierras. Faustino tenía miedo morir sentado leyendo papeles
en una oficina de gobierno.
Faustino quería regresar a la tierra, a las piedras, al aire, a los
árboles. Faustino quería regresar al ambiente en el que había nacido.
Como rebelde y revolucionario, morir allí, en su ambiente natural.
Claro, el corazón, los médicos, los familiares, los compañeros,
le dieron ordenes: dieta estricta y ningún esfuerzo límite. No podía
ir a la Sierra Maestra, ya las laderas eran un obstáculo insuperable.
Escogió ir a la Cienaga de Zapata a fundar instituciones, a desarrollar
hábitos agrícolas en una población que no los tenía, a preparar
a los cienagueros para la cultura y para la vida, para la paz y para la
guerra. Allí vieron muchos a Faustino, después que se acababa la
jornada laboral, pese a las prohibiciones médicas, laborando la tierra.
Se le fue la vida. Murió el 24 de diciembre de 1992, tal y como
había querido morir, luchando. Fue feliz en su muerte escogida.
Gracias.

(Exposición realizada por el Historiador Reynaldo Suárez y publicada en el libro “Memorias de la Revolución” de la Editorial Imagen Contemporánea en edición del 2007)

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