Faustino: Un hombre de la Revolución

Por: Mario Mencía Fecha: 2014-02-15 Fuente: CUBARTE

Fallecer cuarenta y tres días antes de cumplir los 73 años de edad, tres décadas después de sus legendarias hazañas, no disminuye en absoluto su caracterización como uno de los más notables héroes de la última etapa insurreccional de la Revolución Cubana. Implica, a la inversa, un mérito mayor: haber dedicado toda su fidelidad, pasión, sencillez, perseverancia y firmeza en los principios que siempre lo peculiarizaron a la edificación de la sociedad justa que soñó y por la que combatió desde sus años juveniles.

La excepcionalidad de su vida le otorgó entre sus compañeros, primero, y después ante el pueblo, el singular privilegio, mezcla de cariño y respeto, de ser identificado por la simple mención de su nombre, sin requerir de apellidos. Como Abel, José Antonio, Frank, Camilo, Celia, Che… bastaba decir Faustino y se sabía de quién se trataba.

Hijo de campesinos precaristas de Islas Canarias, nació el 15 de febrero de 1920 en la finca La Larga de Zaza del Medio, provincia de Las Villas. Su niñez y adolescencia estarán marcadas por la pobreza y las privaciones. Conoce el rigor del trabajo en la tierra ajena, una subsistencia misérrima, y el sufrimiento de enfermedades sin atención médica y sin medicinas. No obstante, asiste a dos lejanas escuelitas rurales a las que va sobre el lomo de un caballo con uno de sus hermanos.

Severidad, exigencia, fatiga, poco tiempo para el descanso y menos para los juegos infantiles. Así irá conociendo los secretos de la tierra que riega con su sudor de niño, mientras forja hábitos de trabajo rudo, disciplina, espíritu de sacrificio, modela una fuerte voluntad que ha de permitirle enfrentar en el futuro las muchas situaciones difíciles por las que transitará su vida.

En ese contexto comienza su incipiente toma de conciencia política. Primero, a partir de la percepción de las grandes diferencias sociales, del contraste entre la miseria y la opulencia, entre los ricos y los pobres. Después, en la confraternidad con las rebeldías y amarguras de los trabajadores del campo. Más tarde, el eco de la Guerra Civil Española y la práctica opresiva de la primera tiranía batistiana (1934-1944) completan la concepción del mundo que lo rodea.

En lucha con ese creciente sentimiento de desigualdad, injusticia, desesperanza y frustración, toma fuerza en él la idea de salir de aquel medio sin perspectivas de superación. Serán los años de alternar el trabajo en el surco con los viajes a una escuela nocturna en Cabaiguán donde estudia la preparatoria; y, más tarde, el bachillerato, en el Instituto de Segunda Enseñanza de Sancti Spí¬ritus.

De esa manera, anhelosamente, ingresa en la Escuela de Medicina de la Universidad de La Habana, única del país, en septiembre de 1942. Para el otorgamiento de la matrícula gratis, que en los primeros años solicita, la investigación corrobora el trabajo del grupo familiar en una reducida finca; que el padre debe entregar la cuarta parte del producto de la cosecha al propietario de la tierra; que solo le queda un promedio de veinte pesos mensuales para todos los gastos después de obtener la comida; y que en la pobre casa de campo viven, además de los padres, nueve hermanos menores de edad.

Es fácil comprender las circunstancias en que se desenvuelve su existencia durante los primeros años de estudios universitarios. Aquellos veinte pesos al mes, único “sobrante” de la economía familiar, es toda su bolsa estudiantil. De ahí paga la renta de un cuarto que comparte con dos alumnos más y la comida en una casa de huéspedes. Y no da para más. Ni los libros ni las conferencias, que ha de pedir prestados. Ni cines ni fiestas, ni el disfrute de otras distracciones usuales en la rutina de un joven estudiante universitario de esa época.

No ha de ser hasta 1946 que obtiene un trabajo mal retribuido en un laboratorio clínico. Pero es suficiente para exonerar a la familia de la obligación de la mesada. Y va rindiendo uno a uno cada examen hasta la última prueba en el curso 1950-1951. Había necesitado nueve años para completar una carrera que se hacía normalmente en siete. Tenía ya 31 años de edad.

Se produce entonces el golpe del 10 de marzo de 1952. Y, con insólito desprecio a su conveniencia económica e impar gesto de dignidad, posterga la presentación de la tesis con la que culminarían unos estudios universitarios tan afanosamente vencidos. No quería que su título fuese avalado por un funcionario de la dictadura batistiana. Y decide obtenerlo únicamente cuando caiga la tiranía. Y así ocurriría. Después de ocho años, ya con 39 de edad, triunfante la Revolución y siendo Ministro de Recuperación de Bienes Malversados, el 18 de junio de 1959 se presenta humildemente ante el Tribunal de Graduación de la Facultad de Medicina, y aprueba el ejercicio de grado que lo acreditó oficialmente como médico. Veía satisfecha por fin su aspiración juvenil. Quince días más tarde, el 8 de julio, su título era firmado por el Ministro de Educación del primer período revolucionario, casualmente, su entrañable hermano de luchas Armando Hart Dávalos.

Desde muy temprano Faustino había militado en la Juventud del Partido Revolucionario Cubano (Auténticos) y era miembro del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxos) desde que esta organización política fue creada por Eduardo Chibás en mayo de 1947. Pero será el golpe del 10 de marzo el acontecimiento cardinal que energiza en él las aptitudes potenciales que han de transformarlo en un notable dirigente revolucionario.

Participa en todas las demostraciones de oposición a la dictadura recién instaurada que tienen como escenario mayor a la Universidad de La Habana: desde las primeras marchas de protesta, al juramento de fidelidad y entierro simbólico de la Constitución, adiestramiento armado, repulsa al ultraje del busto de Julio Antonio Mella, manifestación de las antorchas y otras actividades de homenaje a José Martí en el Año del Centenario de su natalicio. De esos días data un modesto folleto con pensamientos del Apóstol, que imprime con recursos propios y distribuye él mismo por las calles. Ya, desde antes, Martí conforma el paradigma práctico-ideológico de su conciencia ética.

Desde su fundación, en mayo de 1952, pertenece al Movimiento Nacional Revolucionario (MNR), organización insurreccionalista que colapsa con el aprisionamiento de su máximo dirigente, el profesor Rafael García-Bárcena, el 5 de abril de 1953 cuando fracasa la toma de la ciudad militar de Columbia, sede del Estado Mayor del Ejército.

Pudo haber sido uno de los participantes en los sucesos del 26 de julio de 1953 en Oriente. Pero la atención a su madre operada le impide acompañar a quienes lo invitan a participar en un supuesto adiestramiento fuera de la capital.

Con los hermanos Hart Dávalos, Armando y Enrique, los Hidalgo Barrios, Mario y Alonso, y José “Pepe” Prieto, integra un grupo de jóvenes radicales que en 1954 promueven la reactivación del MNR. Mientras tanto, se producen sus primeras aproximaciones al movimiento revolucionario que dirige Fidel, a través de las estrechas relaciones que establece con Haydée Santamaría y Melba Hernández después de la salida de la cárcel de las heroínas del Moncada.

Con sus compañeros del MNR, Faustino ejecuta el espectacular rescate de Gustavo Arcos, un moncadista preso que recibía atención médica en el Hospital Ortopédico de La Habana. Importante mérito, este grupo del MNR vincula a Frank País en un proyecto de sabotajes contra la farsa electoral del 1º de noviembre de 1954. Ya próxima la ejecución del plan, son detenidos el 12 de octubre por la policía y Faustino, quien tenía a su cuidado los explosivos, es condenado a dos años y medio de prisión.

Beneficiado por una Ley de Amnistía Política, el 17 de mayo de 1955 sale del Castillo del Príncipe, dos días después que los asaltantes al Moncada han sido excarcelados del Reclusorio Nacional para Hombres de Isla de Pinos, por efectos de la misma ley. Inmediatamente, él y Armando Hart se relacionan directamente con el jefe de los moncadistas y pretenden la unidad de ambas organizaciones, pero al persistir García Bárcena en su ineficaz método putschista se alinean definitivamente junto a Fidel.

De esta manera, al constituirse la primera Dirección Nacional del Movimiento Revolucionario 26 de Julio, el 12 de junio de 1955, Faustino figura entre sus integrantes. Además de los esfuerzos organizativos del MR-26-7 en todo el país, principalmente en Las Villas, Matanzas y La Habana, Faustino desarrolla importantes ta¬reas de proselitismo, agitación, propaganda y recaudación de fondos durante los meses posteriores a la salida de Fidel para el exilio el 7 de julio de 1955.

Sus condiciones personales pronto empiezan a ser resaltadas por Fidel en una temprana carta del 2 de agosto de 1955: De A.H. (Armando Hart) no he recibido ningún informe negativo. De él tengo el más alto y el mejor de los conceptos. Nos honramos con contarlo en nuestras filas. ¡No pueden imaginarse cuánto me tranquiliza contar con él y con el médico (Faustino) en esta nueva etapa, cuando han caído los mejores compañeros y han desertado otros cobardemente ante la gran jornada de sacrificio que nos espera. El y F. (Faustino) compensan con creces el vacío que dejó el grupito de desertores. Renovarse o morir. Tal vez la más sana norma nuestra es esa; considerar a los hombres por lo que valen y ponerlos en el lugar que les corresponde, sin permitir que nadie se duerma en los laureles. Ellos ocupan hoy el lugar de Abel (Abel Santamaría), de Boris (Reinado Boris Luis), de José Luis (José Luis Tasende), de Guitart (René “Renato” Guitart). ¡Y aún faltan muchos como ellos que irán incorporándose en el camino!

El 15 de agosto de ese año, mediante una iniciativa audaz, Faustino asume la representación del Movimiento y logra que sea aprobada por aclamación la línea insurreccional expuesta por el líder del MR-26-7 en un mensaje enviado desde México que es leído en el congreso de militantes del Partido Ortodoxo que se efectúa en el Teatro Martí de La Habana.

Y en los meses finales de ese año, durante la polémica pública que sostiene con un detractor, Fidel alude de esta manera a Faustino: “Lo ideal hubiera sido una intervención del Médico, con el expediente de su lucha en esta etapa y el prestigio revolucionario y moral de que goza, fundador además del MNR. Eso habría aniquilado al atrevido falderillo que no se sabe si responde a Prío o a Batista, o a los dos.”

Codo a codo con sus compañeros de la Dirección del Movimiento participa tanto en las escaramuzas frente al pacifismo y el electoralismo como en los combates políticos de mayor envergadura contra las gestiones mediacionistas de la Sociedad de Amigos de la República y frente a los intentos claudicantes de la alta dirigencia ortodoxa para acudir a la mesa de negociaciones con los personeros de la dictadura.

Año turbulento 1956. En febrero viaja a México con la más alta recaudación lograda hasta ese instante por el Movimiento en Cuba, ocho mil dólares que dan impulso al proyecto expedicionario. En la estela represiva que sucede al holocausto de un contingente revolucionario que asalta el Cuartel Goicuría de Matanzas el 29 de abril, Faustino es detenido con Pedro Miret y permanece en el Buró de Investigaciones de la Policía Nacional hasta el 22 de mayo. Es cuando alienta la edición de Aldabonazo, primer órgano clandestino de prensa del 26 de Julio, y encabeza con “Ñico” López la manifestación frente a la Embajada de México en protesta por la detención en ese país de Fidel y una treintena de sus compañeros.

En agosto va por segunda vez a México, y participa en las reuniones de Frank País con Fidel Castro en las que empieza a delinearse el plan de acciones para el momento del arribo de la expedición a Cuba que ha de dar inicio a la guerra. El tiempo apremia. Regresa a La Habana. Informa, organiza, coordina. Retorna enseguida a México vía Miami. En McAllen, Texas, junto a Juan Manuel Márquez, está en la entrevista con el ex Presidente Carlos Prío Socarrás y Fidel, quien ha debido entrar clandestinamente en territorio de los Estados Unidos, pasando a nado el río Grande. Pocos días después participa en la segunda ronda de conversaciones de la Carta de México, en las que José Antonio y sus compañeros, a nombre del Directorio Revolucionario, y Fidel, por el Movimiento 26 de Julio, sellan el compromiso de apoyo mutuo entre ambas organizaciones.

Un nuevo traslado a Miami con orientaciones para el Movimiento en Cuba que trasmite a Enrique Hart, y un tránsito fugaz por Ciudad México rumbo a la norteña región de Tamaulipas donde asume la dirección político-administrativa-militar del campamento en que mayor número de revolucionarios estuvieron concentrados durante el exilio.

25 de noviembre. Tuxpan. Yate Granma. Faustino, capitán del Ejército Rebelde que va a emerger históricamente siete días después, es miembro del Estado Mayor del destacamento expedicionario.

Obvio criterio valorativo, la magnitud de la confianza que se le otorga y la dimensión de las responsabilidades que se le confían califican el rango al que ya se ha hecho acreedor en la vanguardia del proceso insurreccional cubano.

Tras el desastre de Alegría de Pío y la dispersión de los sobrevivientes, durante 15 días vaga solo con Fidel y Universo Sánchez, hasta que reagrupada cerca de una veintena de combatientes en la finca Cinco Palmas, en Purial de Vicana, se le asigna la misión de bajar al llano con tres propósitos fundamentales: dar fe de la existencia del destacamento guerrillero y recabar ayuda en las ciudades para su fortalecimiento; reorganizar el Movimiento Revolucionario 26 de Julio en los lugares que sea necesario; y gestionar el traslado de periodistas a las montañas con el fin de que testimonien públicamente la presencia de Fidel y la vigencia de la lucha armada en la Sierra Maestra.

De Santiago de Cuba a La Habana, escala en Santa Clara, viaja con Frank País y va cumpliendo exitosamente las encomiendas, mientras el 17 de enero de 1957 se produce la primera victoria militar del destacamento guerrillero en la desembocadura del río La Plata. El 15 de febrero regresa a la Sierra para asistir a una reunión de la Dirección Nacional del Movimiento. Lleva con él al reportero norteamericano del diario The New York Times Hebert Mathews, quien con una entrevista al jefe de los insurrectos cubanos y tres reportajes de la guerra en Cuba que serán reproducidos en muchos países del mundo— ganará para la Revolución la primera gran batalla publicística del período insurreccional.

En esa primera reunión de la máxima dirigencia del 26 de Julio en la Sierra Maestra, Faustino propone la apertura de un frente guerrillero bajo su mando en la región del Escambray. Aceptado el plan, retorna al llano para seleccionar los hombres y acopiar los recursos que le permitan llevar adelante ese importante proyecto.

Con tal fin, además de la tensión de fuerzas y medios desde el centro del país hasta el occidente, sostiene reuniones con los compañeros del Directorio Revolucionario, especialmente José Antonio Echeverría y Menelao Mora Morales. Pero la inminencia de la puesta en práctica de un plan del Directorio para desatar la insurrección en la capital imposibilita el acuerdo. Y, en efecto, el 13 de marzo se ejecuta el asalto al Palacio Presidencial con su elevado saldo de heroísmo y martirologio. Solidario, Faustino se une a un contingente acuartelado en Santiago de las Vegas, para la toma del aeropuerto de Rancho Boyeros, que no funciona debido a que es desactivada esa operación.

Coincidentemente, en febrero y marzo el Movimiento 26 de Julio sufre serios reveses que desarticulan su aparato recién reorganizado en La Habana. Cae la principal base operativa de acción, la casa de 5ª y A en el Vedado; la policía ocupa el medio centenar de armas que se emplearía para iniciar el frente guerrillero del Escambray; también es detectado y ocupado el primer taller y equipos impresores de propaganda cuando apenas había empezado a editarse el periódico Revolución; y, además, Armando Hart y una veintena de los mejores cuadros de La Habana son detenidos. El 19 de marzo, el propio Faustino es apresado por agentes del Buró de Investigaciones.

Todos esos infortunados acontecimientos dan al traste con su propósito de abrir en esos momentos un segundo frente en Las Villas. Igual ha de ocurrir en junio al proyecto similar manejado por Frank para el norte de Oriente, concebido como parte de la misma táctica de forzar el dislocamiento de las fuerzas militares de la tiranía e impedir así su concentración contra el incipiente Ejército Rebelde que opera en la Sierra Maestra, y que ya el 28 de mayo es capaz de lograr en El Uvero su primer triunfo de envergadura, tras recibir del llano medio centenar de hombres armados, más una parte del armamento que no llegó a emplearse el 13 de marzo en el asalto al Palacio Presidencial.

Este ciclo en la vida de Faustino continúa con la huelga de hambre de los presos políticos del Castillo del Príncipe, que se inicia el 17 de julio. El estoicismo y decisión de los participantes se refleja en una carta del 21 de ese mes que envía a Haydée Santamaría: “Ya sabes en la lucha en que nos encontramos. Es difícil, pero la mantendremos hasta el final. La debilidad es progresiva en casi todos los compañeros, pero mantenemos el espíritu en alto, y la decisión de vencer o morir es firme. Agiten, ayúdennos.”

Después de dos semanas de inusitada resistencia, la Dirección del Movimiento decide que se ponga fin a la huelga de hambre, para evitar la inmolación innecesaria de cerca de cuarenta inclaudicables combatientes. La demostración cesa el 31 de julio. Un día antes, el 30, fue asesinado Frank en Santiago de Cuba. Faustino, que había sido puesto en libertad provisional el 26 y aún se encontraba convaleciente, se quita el suero que le estaban aplicando, se lanza a la calle, reasume la dirección del Movimiento en La Habana y se pone al frente de los preparativos para sumar el occidente a la huelga espontánea que venía desarrollándose desde Oriente.

Sin embargo, el paro en la capital, el 5 de agosto, tuvo escaso resultado. Los sucesos fueron analizados así por Faustino el 9 de agosto, en carta a Léster Rodríguez: “La caída de nuestro inolvidable compañero (Frank) produjo tal impacto dentro y fuera de nuestras filas, que al mismo tiempo que sufríamos por el terrible golpe, teníamos que afrontar la enorme reacción popular que como ola incontenible se extendió por toda la isla”. Y en relación con la huelga en La Habana dice que “no respondió con suficiente fuerza para dar el toque culminante al Paro General que seguro hubiese sido definitivo. Aún no estábamos suficientemente preparados. Pero de todas maneras, ha sido un signo formidable de cuyas consecuencias la tiranía ya no se repondrá. Creemos que en corto tiempo estaremos en condiciones de dar la sacudida final”.

Una lectura cuidadosa a este fragmento devela que la huelga de agosto de 1957 generó un definido criterio conceptual en relación al potencial decisorio de la lucha en las ciudades y, dentro de ella, acerca de la oportunidad para la ejecución de la huelga general en la estrategia diseñada por el Movimiento. Esta concepción ha de resultar el factor fundamental que determinará la promoción de la Huelga del 9 de abril de 1958 como propósito priorizado que, al tiempo que los permanentes esfuerzos logísticos dirigidos al fortalecimiento del Ejército Rebelde, constituirán a partir de ese instante los dos objetivos esenciales del quehacer urbano del Movimiento.

Paréntesis factual, los extensos y complejos planes conspirativos de diferentes grupos militares vinculados al 26 de Julio en La Habana, Cienfuegos y Santiago de Cuba, principalmente a través de Frank y después “Daniel” en Oriente y Faustino en occidente, que debieron culminar en un poderoso alzamiento contra el régimen, se redujeron a la insurrección civil-militar del 5 de septiembre en Cienfuegos. Este nuevo tributo de heroicidad posterior al 26 de julio de 1953, con el sacrificio de cerca de medio centenar de combatientes en una ciudad y un solo día, devino la mayor operación armada urbana revolucionaria que registraría la historia insurreccional, antes de la toma de ciudades de los momentos finales de la guerra.

El período que decursa desde agosto de 1957 hasta abril de 1958 ha de identificarse como el de mayor crecimiento, organización y dinamismo del Movimiento 26 de Julio en la clandestinidad, en el que Faustino y “Daniel” fungen como centros energizantes. Los grupos de Acción se nutren, fortalecen y actúan crecientemente y junto a las Brigadas Juveniles se estructuran en milicias; aumenta la influencia en los sectores laborales y se crea el Frente Obrero Nacional (FON); madura, se expande y radicaliza el Movimiento de Resistencia Cívica; se integra el Frente Estudiantil Nacional (FEN), que logra sostener la huelga en los centros de enseñanza media desde el 3 de marzo hasta avanzado el mes de abril de 1958; el aparato propagandístico alcanza una impresionante potencia, que se expresa entre otros logros en la impresión y distribución de cuatro órganos de prensa (Revolución,Sierra Maestra,Vanguardia Obrera y Resistencia) y centenares de miles de volantes y folletos.

Una miríada de acciones de pequeña, mediana y gran magnitud se suceden. En noviembre de 1957, la poderosa demostración de fuerza de la denominada “noche de las cien bombas” que estremece a la capital, plan en el que participan centenares de combatientes sin que ocurran víctimas o detenidos. En diciembre, la ola de sabotajes a las plantaciones de caña para entorpecer el comienzo de la zafra azucarera. En enero de 1958, un gigantesco incendio en la Esso Standard Oil Company en La Habana, en el que durante 80 horas arden los enormes depósitos de combustible. En esa espiral, el 23 de febrero se efectúa el secuestro de Juan Manuel Fangio, el argentino campeón mundial de Fórmula 1 de automovilismo, una impecable operación armada urbana que proyecta otra vez al plano internacional la lucha revolucionaria que se está llevando a cabo en Cuba.

En tal contexto, la Dirección Nacional se reúne nuevamente en la Sierra Maestra en los primeros días de marzo, y acuerda declarar la huelga general. El llamamiento es firmado por Fidel y Faustino, quien regresa de inmediato a La Habana y, además de acelerar los preparativos propios, efectúa entrevistas con los dirigentes del Partido Socialista Popular Aníbal Escalante y Ursinio Rojas, y con el Secretario General del Directorio Revolucionario 13 de Marzo Faure Chomón, recién llegado al país en la expedición del Scapade con armas y hombres para fortalecer su Frente del Escambray en funcionamiento desde septiembre de 1957 y a los grupos de Acción del Directorio en La Habana.

En definitiva, el 9 de abril de 1958 se produce el intento de huelga general, en el clímax de un notable ascenso de la lucha de masas y de la acción revolucionaria clandestina. Pero los resultados no son los que se esperaban. Al margen de una multitud de paros aislados, parciales, de escasa duración, y de acontecimientos pletóricos de heroísmo como los ocurridos en Sagua la Grande y la Habana Vieja, su balance general se inscribe entre los más serios descalabros del proceso revolucionario.

El 9 de abril incorporaba más de un centenar de mártires al viacrucis insurreccional, simbolizados en la figura de Marcelo Salado. Se sumaban ellos a la extensa legión de combatientes caídos poco antes, en los primeros meses de ese año; dirigentes de la connotación de Orlando Nodarse Verde, Gerardo Abreu “Fontán”, Sergio González López, Arístides Viera, Elcire Pérez; y más de una decena de valientes capitanes de Acción, entre ellos Efraín Alfonso Liriano, Bernardino García Santos, Juan Borrel y Elpidio Aguilar, a quienes seguirían en abril mismo “Pepe” Prieto, Enrique Hart, Oscar Lucero y muchos otros, solamente en La Habana.

A fines de abril, Faustino emprende camino rumbo a la Sierra Maestra por cuarta vez, y el 28 de ese mes llega al Alto de Mompié donde los días 3 y 4 de mayo participa en lo que el Che llamaría una reunión decisiva. Allí se analizan y critican los fallos cometidos en torno a la huelga, y se adoptan importantes acuerdos, como el que determina la radicación de la dirección política y militar del Movimiento 26 de Julio en la Sierra, y su reestructuración funcional sobre la base de la individualización en Fidel de una dirección política y funcional única del Movimiento 26 de Julio, y de un mando militar único del Ejército Rebelde en las montañas y las Milicias de Acción del Llano. También se aprueban varias medidas tendientes a lograr la unidad efectiva de todas las fuerzas revolucionarias y el incremento de sus acciones, de modo que conduzcan a una insurrección armada del pueblo.

Faustino retorna a La Habana para entregar la dirección en la capital a los nuevos compañeros designados, y vuelve para la Sierra es su quinto viaje en los primeros días de junio cuando ya se ha desatado la gran ofensiva militar del enemigo que, alentado por los sucesos de abril, se dispone a liquidar el principal bastión rebelde y en esa dirección ha movilizado cuantiosos recursos bélicos.

El 19 de junio Faustino está en La Pata de la Mesa, campamento de la Columna No. 4 del Che, y poco después arriba a La Plata, donde se encuentra con Fidel. Allí, en la Comandancia General, permanece durante julio y agosto, y se mueve a los escenarios de sucesivos combates y batallas: Santo Domingo, El Jigüe, Arroyones, Las Mercedes.

En dos oportunidades se le asigna la misión de recibir aviones procedentes del extranjero con armas y parque, que aterrizan en improvisados aeropuertos aledaños a la Sierra. En la segunda ocasión, la descarga y el traslado de los pertrechos debe hacerse bajo un fuerte bombardeo, y para evitar que el avión ya averiado caiga en poder del enemigo Faustino lo destruye dándole fuego.

Estará en la entrega del primer contingente de unos doscientos cincuenta heridos y prisioneros de las Fuerzas Armadas de la tiranía que el Ejército Rebelde hace a la Cruz Roja Internacional en Las Vegas de Jibacoa, tras la batalla de El Jigüe (julio 1958).

Constantemente preocupado por el curso de la dura lucha urbana, saca tiempo para alentar a “los compañeros de la Sección Obrera de La Habana”, en un mensaje definitorio al que pertenece este párrafo: “Siempre hemos estado conscientes de la importancia decisiva del proletariado para la Revolución. La Revolución en que no esté ampliamente representada la clase proletaria no puede considerarse verdaderamente como tal. Si los líderes de una revolución pueden no ser específicamente “obreros”, sí tienen que tener su “suerte echada con los pobres de la tierra” para que la revolución tenga sentido, razón y objeto.”

A fines de septiembre, ya derrotada la ofensiva, cuando la Sierra Maestra estaba literalmente limpia de enemigos, Fidel le asigna la jefatura de la Administración Civil del Territorio Libre. Será su oportunidad para dar inicio a la revolución social aún sin que haya finalizado la guerra. Comenzaba así a trasformar en realidad ilusiones largamente alimentadas desde que era un humilde niño campesino. Empezaba para él la época más plena de su agitada vida revolucionaria.

Y podrá escribir el 3 de octubre a Armando Hart, en carta que le dirige al Reclusorio Nacional para Hombres de Isla de Pinos: “El fracaso, con su consecuencia trágica, la conciencia de los errores y, de atrás, culpas y debilidades íntimas dejaron en mi espíritu profunda huella, y con el alma destrozada partí para la Sierra con mis convicciones un poco a la deriva. Me había creído más fuerte y ello me hacía más débil.”

“Pero la Sierra es salvadora. Ha salvado a la Revolución de ser aniquilada y salva a los espíritus enfermos de la muerte. Respirar el aire libre de la montaña oxigena; vivir a plena naturaleza, ejercitar el músculo y la voluntad con el esfuerzo de la vida ruda y el sacrificio pleno, vibrar de nuevo en la emoción de combatir por la libertad en un escenario donde se cae iluminado por el sol y se recibe el abrazo de la tierra agradecida; eso desintoxica, estimula, mejora, recupera, vivifica”.

No obstante la involuntaria inmovilidad durante algunos días a que lo fuerza una urgente apendiceptomía, en menos de tres meses desarrolla un descomunal y complejo trabajo. Bajo su responsabilidad ha quedado la economía, la salud, la educación, la justicia, la seguridad, el transporte, las comunicaciones, los abastecimientos y la organización social de la población del extenso territorio liberado del Primer Frente.

Son tiempos de fundación. Crea nuevas escuelas, nuevos hospitales, pequeñas industrias y talleres, los juzgados, la Policía Rebelde. Controla el comercio. Reglamenta la vida en los campamentos civiles, el sistema judicial, el sistema penitenciario. Especial atención dedica al Departamento de Asuntos Agrarios y Campesinos y a la integración de las Asociaciones Campesinas, a las que dota de un reglamento y un boletín impreso que titula diáfana identidad martiana “Mensaje al Hombre de Campo”. Tendrá el privilegio de disponer las primeras medidas prácticas para la aplicación de la Ley No. 3 del 10 de octubre de 1958 promulgada en La Plata que concede a los campesinos el derecho a la tierra que trabajan.

Ese trimestre ha de ser, además, su más fecundo período epistolar. Abundan las cartas a sus familiares, y a sus compañeros de lucha en las prisiones, en la clandestinidad, en el extranjero; sus informes a Fidel; sus impactantes manifiestos a los campesinos y media docena de emotivas crónicas que difunde Radio Rebelde.

En la segunda quincena de diciembre baja a reunirse con Fidel en el Central América, cuando se combate en Maffo y Palma Soriano, ciudades que pronto quedan en manos del Ejército Rebelde. Allí llega la noticia de la huida del tirano Batista, y estará al lado del Comandante en Jefe cuando este hace el histórico llamamiento a la Huelga General Revolucionaria. Ese mismo día entra a Santiago de Cuba con la invicta Columna No. 1 José Martí, comandada por Fidel.

Era el primero de enero de 1959. Era el primer día de su Revolución triunfante, el de la Cuba futura a la que muchas veces se había referido durante tantos años de lucha y sacrificio.

Ministro de Recuperación de Bienes Malversados del primer gabinete al triunfo de la Revolución, en doce meses Faustino Pérez Hernández revierte al tesoro nacional más de cuatrocientos millones de pesos robados al pueblo por los personeros de la tiranía y los políticos corrompidos. En 1960 vuelve a las montañas y organiza y dirige el Servicio Médico Rural en la Sierra Maestra.

Ese mismo año y el siguiente es, sucesivamente, responsable de baterías de cañones y ametralladoras en la zona de Bacuranao, durante la movilización con motivo de la sucesión de Eisenhower por Kennedy en la presidencia de Estados Unidos; comandante de la zona de Operaciones Dos en la gran limpia del Escambray; co-organizador del Ejército del Centro, miembro de su estado mayor y primer jefe de su sanidad militar; participa en la batalla de Playa Girón; y cursa la Escuela Nacional “Ñico”López del Partido.

Organizador del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, lo preside desde 1962 hasta la fusión de este organismo con el DAP en 1969, año en que pasa a ocupar la primera secretaría del Partido Comunista de Cuba en la región de Sancti Spíritus hasta 1973, cuando es designado Embajador en la República Popular de Bulgaria. Durante esos años, había sido fundador de las Organizaciones Revolucionarias Integradas, del Partido Unido de la Revolución Socialista y del Partido Comunista de Cuba; y desde la integración de este hasta su fallecimiento, el 24 de diciembre de 1992, fue miembro de su Comité Central, así como diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular desde su constitución.

En 1983, al cesar en el servicio exterior, es nombrado jefe de la Oficina de Atención a los Órganos Locales del Poder Popular, adscrita al Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros, cargo que desempeña hasta 1990 cuando es aceptada su petición de desempeñar una responsabilidad más directamente relacionada con la producción, y es designado Director de la Empresa Municipal Agroforestal Plan Victoria de Girón en la Ciénaga de Zapata.

Allí estaría hasta el último día de su vida. Y en todas esas funciones, como expresó Pedro Miret Prieto en su despedida de duelo, Faustino “descolló siempre como trabajador y cuadro ejemplar, disciplinado y creador, austero y exigente, primero que todo, consigo mismo. Solo así es posible comprender la dimensión de alguien que a una edad en que ya muy merecidamente pudiera haber optado por el descanso, solicitó y puso todo el corazón y la energía en una tarea tan hermosa como la restauración y el desarrollo integral de la Ciénaga de Zapata. Porque ser útil a la Patria y a la Revolución fue en todo minuto la razón de ser de su vida.”

Esa razón de ser a la que fue fiel hasta el último minuto de su vida la había sintetizado el propio Faustino muchos años antes en el mensaje que dirigiera el 12 de agosto de 1958 a los combatientes de Santiago de Cuba, con motivo de la caída del entrañable René Ramos Latour, “Daniel”, el 30 de julio en el combate de El Jobal, Sierra Maestra:

Allí pagó la Revolución por una victoria más el alto precio de su vida. Ahora nos manda, junto a Frank y los demás líderes caídos por la redención del hombre. Su alta calidad humana, su clara inteligencia, su fibra de incansable luchador, su certera concepción revolucionaria, completaba su gran capacidad de dirigente. Una vez más nos queda un gran vacío, pero su huella es ya imborrable, y su ejemplo estimula y orienta. Su caída nos duele profundamente, pero es una muerte bella y útil, que impele a continuar con más fuerza, voluntad y entrega, la lucha difícil y hermosa por hacer realidad el sueño de una Cuba libre, justa y feliz, por la que él, para entregarlo todo, dio su vida. No puede haber homenaje más digno a su memoria y a la de todos nuestros muertos gloriosos, que el de la lealtad, en la conducta y el esfuerzo, a los principios e ideales por los cuales lucharon y murieron. Una Revolución creadora y democrática, que llegue a ser realidad y no frustración; he ahí nuestro compromiso y nuestra tarea.

FUENTES REFERATIVAS: Orales Desde el inicio de la década del setenta inicié mis entrevistas a Faustino Pérez. En los últimos años ya estas eran sencillas consultas y conversaciones acerca de aspectos muy concretos de la etapa insurreccional de la Revolución, a veces por teléfono. Una gran parte de la información contenida en el presente artículo está tomada de esos materiales primarios.

También ha servido el contenido de entrevistas hechas a Faustino por otros investigadores, en especial las historiadoras Ana Julia Faya y María Antonia Marqués y el escritor polaco- norteamericano Tad Szulc, al igual que materiales como las respuestas que él dio a un cuestionario del diario El Mundo, en 1960, y la versión taquigráfica de una conversación telefónica (Habana-Sofía, Bulgaria) con Celia Sánchez el 10 de febrero de 1977.

Lo que he conocido sobre Faustino en entrevistas efectuadas a numerosos combatientes de la clandestinidad ha complementado mi imagen sobre su trayectoria revolucionaria. Su enumeración resultaría obviamente extensa.

Bibliográficas

Una relación de las más de cuarenta obras descriptivas y analíticas del proceso insu¬rreccional cubano, publicadas dentro y fuera de Cuba, en las que aparece Faustino resultaría fatigante a los efectos de este artículo.

Incluso, relacionar su mención en medios publicísticos (diarios y revis¬tas), antes del 31 de diciembre de 1958 y con posterioridad al 1º de enero de 1959, rebasaría descomunalmente el objetivo de esta referenciación.

En consecuencia, me limito a destacar que Faustino, al igual que el Che y Jesús Montané, fue uno de los precursores del género testimonial en esta etapa histórica. Ya en 1962 la revista Bohemia publicaun minucioso relato suyo sobre los preparativos en México y la travesía y desembarco del Granma, que fue reproducido en un pequeño tomo por la Editorial Tierra Nueva de La Habana a instancias del Patronato del Libro Cubano. Desde entonces, los títulos que conforman la nómina bibliográfica de la insurrección cubana, hasta obras como Semillas de fuego (Ed. Ciencias Sociales, La Habana, dos tomos, 1990) tendrían que ser incorporados a una compilación acerca de Faustino Pérez

Documentales

De la misma manera suprimo, por demasiado extensa, una relación de documentos consultados. Baste señalar que varios fondos existentes solo en la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado tienen referencias a Faustino en cartas, informes y notas dirigidas a él: Fidel Castro Ruz, Frank País García, René Ramos Latour, Celia Sánchez Manduley, Armando Hart Dávalos, Marcelo Fernández Font y Luis Buch Rodríguez, entre otros. Además de la documentación de su propio fondo con un abundante epistolario distribuido en doce carpetas.

Además del contenido de todos estos fondos, materiales como los siguientes aportaron elementos de importancia para esta síntesis biográfica: …………………………

Temática: Cultura General Publicado en Períodico CUBARTE 01/abril/2014

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