Faustino, sangre de luchador

HÉCTOR RODRÍGUEZ LLOMPART

El 1ro. de octubre de 1957, junto a Marcelo Fernández Font y Ramón Sánchez Parodi, tocamos a la puerta de la casa en la calle Juan Bruno Zayas 163 en la Víbora. El objetivo de la visita era entrevistarnos con Faustino Pérez, jefe del Movimiento 26 de Julio en La Habana.

Debido a una delación, la policía, bajo las órdenes del sanguinario Esteban Ventura Novo, había ingresado minutos antes a la vivienda, sin conseguir su objetivo de detener a los ocupantes: Manolo Suzarte, Benjamín Deyurre, su inquilino, y en especial a Faustino Pérez.

En nuestro peregrinar por los centros policiales de la dictadura junto a otros compañeros apresados en la misma casa, entre ellos Pedro Celestino Aguilera, atacante al Cuartel de Bayamo y Carlos Bermúdez, expedicionario del Granma, nos llevaron primeramente a la 5ta. Estación de Policía, de aquí a la 8va., de esta, nuevamente a la 5ta., después al Buró de Investigaciones y finalmente al Castillo del Príncipe. En más de una ocasión oímos a los esbirros de la dictadura lamentarse de no haber podido aprehender a Faustino porque “por ese muerto sí nos hubieran pagado plata de la gorda”.

A partir de aquel momento fue mayor la admiración que sentimos por aquel compañero que tranquilamente se desplazaba por las calles habaneras, el que ya había sido detenido en cuatro oportunidades, conocido la tortura y la prisión. En cinco ocasiones bajó de la Sierra Maestra y recorrió todo el país con el riesgo que ello entrañaba.

Con razón Armando Hart dijo de él: “Frank en Oriente y Faustino en La Habana son, en mi opinión, los símbolos más altos de la clandestinidad”. He oído decir que Fidel lo calificó como “la conducta de la Revolución”. Una afirmación como esa solo se puede hacer de un combatiente modelo por su rectitud, honestidad, transparencia y fidelidad.

Faustino nació en la zona de Cabaiguán, antigua provincia de Las Villas, el 12 de febrero de 1920; hijo de campesinos, conoció de las labores más duras del campo. Debido a su afán de estudiar y voluntad personal, ingresó en la única escuela de medicina existente en ese momento, con 23 años cumplidos.

Con un sinnúmero de dificultades después de años de estudios y ya con 31 de edad, concluye su carrera. Se produce en ese momento el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952 y decide no presentar la tesis de grado para que su diploma no estuviera firmado por los usurpadores del poder. Después del triunfo de la Revolución culminaría este gran anhelo presentándose ante el Tribunal de Examen de Graduación el 18 de junio de 1959.

Al producirse el golpe de Estado del 10 de marzo seleccionó, imprimió y distribuyó una relación de frases martianas abogando por la lucha, la libertad y la independencia.

Integró la Dirección Nacional del Movimiento el 12 de junio de 1955, día de su constitución.

Se trasladó a México con el objetivo de hacer llegar fondos recogidos en Cuba para hacer posible el viaje de los expedicionarios. Durante la travesía del Granma fue designado al Estado Mayor.

Junto a Fidel y Universo Sánchez, después de Alegría de Pío, deambuló durante 13 días hasta el encuentro de Fidel con Raúl y otros compañeros en Cinco Palmas.

En entrevista que le hiciera Arnol Rodríguez describe aquellos primeros días después del desembarco en los que junto a Fidel logra sobrevivir en un cañaveral debajo de la paja de la caña, sin poderse mover y comunicándose en un susurro, ocasión aquella en que por primera vez oyó en boca del Jefe de la Revolución la frase martiana de que “toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”.

Menos de cuatro semanas después del desembarco llegó a La Habana junto a Frank País, con la orientación de Fidel de reestructurar el Movimiento en todo el país. Regresó a la provincia oriental acompañando al editorialista del New York Times, Herbert Mathews.

Al ser detenido en mayo de 1957 ingresó a la prisión del Castillo del Príncipe, donde protagonizó junto a otros compañeros la huelga de hambre a pesar de padecer una úlcera gastrointestinal. La dictadura, preocupada por la repercusión que tendría un desenlace fatal, se vio obligada a decretar la libertad de algunos, entre ellos a Faustino Pérez.

Después del asesinato de Frank País mantiene los contactos con los militares del régimen lo que dio origen al Alzamiento de Cienfuegos el 5 de septiembre de 1957; no obstante fallan los planes previstos en La Habana debido a la decisión de posponer dichas acciones por parte de la oficialidad de la Marina de Guerra.

El llamamiento a la Huelga del 9 de abril de 1958 es suscrito por Faustino junto al Comandante en Jefe. El fracaso de aquel intento le provoca, además del dolor infinito por la pérdida de valiosos compañeros, la crítica de muchos que vieron en él al principal responsable del fracaso de la huelga.

Fidel, suponiendo el dolor y la desesperación que embargaban a Faustino le expresa en carta desde la Sierra Maestra del 27 de abril: “No existe razón alguna para que pese sobre ti más amargamente que para cualquiera de nosotros el revés sufrido. Tienes que ser grande para afrontar la injusticia y ser valiente para soportar el dolor moral sin dejarte llevar por los consejos del amor propio. La calidad de un hombre no puede medirse sino en instantes como estos y quien tenga sangre de luchador nada puede amar tanto como a los momentos difíciles”.

 Con su visión extraordinaria Fidel agregaba: “Tengo la más firme esperanza de que en menos tiempo de lo que muchos son capaces de imaginar habremos convertido la derrota en victoria”. Ocho meses y tres días después tuvo lugar el triunfo revolucionario el 1ro. de Enero de 1959.

A principios de mayo de 1958, por cuarta vez, Faustino subiría a la Sierra, ahora para participar en la reunión de Mompié en la que se analizaron las causas del fracaso de la huelga del 9 de abril. Posteriormente el Che le llamaría a aquel encuentro una “reunión decisiva”. Faustino se refirió a ella como una “discusión ejemplar entre revolucionarios”.

En Mompié se adoptaron trascendentales acuerdos, entre ellos determinar la radicación de la dirección política y militar en la Sierra y su reestructuración funcional sobre la base del reconocimiento del papel de vanguardia del Ejército Rebelde. Faustino fue sustituido como Coordinador Provincial en La Habana pasando a integrar el Ejecutivo de cinco miembros cuyo Secretario General era Fidel y radicarían en la Comandancia General de la Sierra Maestra.

Regresa por quinta vez a la Sierra. Comenzada la ofensiva batistiana contra el Ejército Rebelde, el 19 de junio llega al campamento del Che en La Mesa y poco después se reúne con Fidel en La Plata, permaneciendo en la Comandancia General durante julio y agosto.

Se mueve a los escenarios de combate en Santo Domingo, El Jigüe, Arroyones y Las Mercedes.

En octubre de 1960 el Che, que como se conoce no era un hombre dado a los elogios, nos habló de la valentía y sangre fría de dos compañeros: Faustino y Rogelio Acevedo.

Refiriéndose a Faustino, relató detalles de su actuación en el desembarco de armas y la quema de un avión el 29 de agosto de 1958 en Cienaguilla.

Al ser liberada una buena parte del territorio de la Sierra Maestra le fue encomendada la Administración Civil del Territorio Libre.

Está junto a Fidel en las horas decisivas en que a través de Radio Rebelde se desbarata el intento de torpedear el triunfo de la Revolución mediante un golpe de Estado. Tres días después, cuando en la Universidad de Oriente se constituyó el primer gabinete de la Revolución, se le designó como Ministro de Recuperación de Bienes Malversados. Iniciaba entonces un rico historial como cuadro de la Revolución en el poder.

Fuentes:

-Biografía de Faustino (inédita) de Enrique Oltusky Ozacki y Reynaldo Suárez Suárez

-Entrevista de Arnol Rodríguez a Faustino Pérez

Publicado en Diario Granma 11/Febrero/2010

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