Faustino Pérez: La lealtad de un hombre terco

En la Ciénaga de Zapata pasó los últimos años de vida el Comandante espirituano que defendió sus ideas a riesgo de cualquier perjuicio personal. Solo le   importaba el bien de la patria

Juanita Perdomo Larezada /  Foto: Noryis / 23-12-2012 / 20:08

  (… Faustino siempre fue   considerado un compañero honesto a carta   cabal y arriesgado hasta el extremo…)   El Che   

Hay privilegios que se alojan en la   piel y se funden en la carne, privilegios   largos, infinitos, inmortales.   Hay privilegios que nunca terminan.   Trabajar con el Comandante Faustino   Pérez, aprehenderlo, hacerlo su héroe,   resultó el privilegio de Oscar Verdeal   Carrasco.

“Tenía entonces que consternarme   su muerte. Aquel 24 de diciembre de   1992 marcó el fin de un momento definitorio   en la persona que ahora soy. Su   deceso forjó en mí la necesidad de ir a   los escenarios donde combatió, quería   hurgar en sus facetas de combatiente…

“Empecé a estudiar su vida, a encontrar   en libros, recortes de periódico   anécdotas que me había contado…   Leí sobre sus días de expedicionario   del yate Granma, en la Huelga de   Abril, de líder de la lucha clandestina   en La Habana, su labor al frente   del Instituto Nacional de Recursos   Hidráulicos, y del Ministerio de Recuperación   de Bienes Malversados…

“Lo confieso, no imaginé tanta   grandeza cuando escuché que sería el   director de la empresa municipal agropecuaria   Victoria de Girón”.

Entonces, poco, casi nada sabía Oscar   de aquel hombre alto, flaco, de grandes   espejuelos, que llegaba a la Ciénaga   de Zapata dispuesto a amarla como el   que más. Era febrero de 1990, el mes de   su cumpleaños.

“Al comité de base se le ocurrió   festejarle los 70 años… Pero aquel   día demoró en aparecer…”. Faustino   se desvió del camino, buscó kilómetro   adentro la recóndita comunidad   de Santo Tomás y, al amparo de   abrazos, del contacto con el pueblo,   celebró primero allí su nacimiento   siete décadas atrás en Sancti Spíritus.   “Ese gesto lo reveló como un   auténtico revolucionario”.

Oscar revive ese tiempo, lo   aprieta en la garganta, lo convierte   en palabras. Ignora si fue cuando   vino al velorio de Félix Duque,   el anterior director, que Faustino   pidió trabajar al frente del plan de   desarrollo, no lo sabe bien Oscar,   nunca le preguntó.

“A los 70, sobre todo si se tiene   la salud resentida, dice, cualquiera   imagina que llegó la hora del descanso…   “Pero un Comandante como   él no se lo permitiría…”.

Su última trinchera

Soñaba con una Ciénaga igual que   el resto del país. Con esa convicción   impulsó el plan de desarrollo que ya   existía. Para lograrlo, señala, enseñó   el único poder que ostentó, el del   ejemplo.

“A la hora de ilustrar esto no me   canso de repetir la vez en la que   debía elegir en qué casa viviría…   Nadie se iba a molestar si aceptaba   la mejor. Faustino optó por una de   madera y guano, pero ahí no acabó   la historia. Rechazó el aire acondicinado   con aquella sorprendente   pregunta: ¿Qué cenaguero tiene alguno?   Mira, a duras penas aceptó   un par de ventiladores.

“Nos reíamos con los cuentos de   que a la hora de ver la televisión, la   familia se envolvía en sábanas, al   estilo árabe, para huir de los mosquitos   que todo el mundo conoce que   aquí los hay por miles. Su filosofía   le hacía negar lo que no alcanzara   para el resto…”.

Por lo que representa en lo espiritual   y en la propia dimensión de   su personalidad, suele resumirse el   aporte de Faustino a la creación del   conjunto artístico Korimakao, el   proyecto cultural fundado por el actor   Manuel Porto, perdurable hasta   hoy para suerte de la Ciénaga. “El   Comandante hizo tanto y más también…,   renovó aspectos esenciales   de la vida de sus pobladores…”.

“Convencido defensor del medio   ambiente, del uso racional de los   recursos naturales, lo vi sufrir con   cada incendio forestal, combatirlo,   prevenirlo. Le costaba aceptar que   en algunos casos nada se podía hacer,   eso lo desesperaba.

“Una vez supo de uno mientras   estaba solo con el ingeniero Águedo   Cárdenas, le propuso tomar el helicóptero   y lanzarse en aquella zona   de peligro donde varios compañeros   extinguían el fuego. ¡Qué difícil   resultó convencerlo de lo contrario!

“Siempre que puedo, hablo de   cómo la intervención suya varió   proyectos perjudiciales en la conservación   de los valores de la región.   Por ejemplo, logró que reubicaran   una torre para mejorar la señal televisiva   fuera de Las Salinas, reconocido   refugio de fauna, en especial   de aves migratorias.

“Tampoco permitió la ampliación   del Dique Sur, la salida natural   de las aguas de la Ciénaga al mar, lo   que hubiese provocado inundaciones   y la ruptura del necesario equilibrio   ecológico de la zona”.

Sin embargo, precisa, en el orden   práctico lo recordamos y muy   bien, porque ayudó a poner fin a   uno de los problemas que más entorpecía   la vida de los cenagueros,   la escasez de agua potable.

“La construcción de la conductora   de San Isidro, en Jagüey Grande,   a Playa Larga, aquí en la Ciénaga,   terminó con la angustia que implicaba   esperar a que todos los días, de   un municipio a otro, una caravana   de siete, ocho, 10 pipas transportara   el líquido.

“Nadie mejor que un médico, y   él lo era, entendería la magnitud de   la obra hidráulica… Aquí la gente   no olvida esa devoción por los demás   que lo llevó a pensar siempre   en los humildes”.

Ocupar el puesto de asesor jurídico   de la empresa municipal agropecuaria   Victoria de Girón incluía   acompañarlo a recorridos, reuniones,   estar muy cerca de él. En uno   de esos encuentros, a inicios del   período especial, Faustino pasó un   aprieto que no olvidaría jamás.

“Su hijo lo convenció de usar los   zapatos que le había regalado. Se los   puso, subió al carro y echó a andar…   aquella reunión seguía su curso   normal cuando el ambiente se puso   malo, los trabajadores comenzaron   a quejarse de la falta de botas…   Mira, él no sabía dónde esconder los   pies para que no le vieran las botas   nuevas que otros reclamaban… Eso   mortificó su austera existencia… Se   sintió avergonzado”.

Asegura Oscar que Faustino fue   dirigente sensible y objetivo a la   vez. De una honestidad a prueba de   todo, “humilde y desafiante”.

No postergaba la atención de   cualquiera que solicitara verlo.   “Nunca lo vi alterarse, dar golpes   en la mesa u ofender para imponer   autoridad. Ese no fue su estilo…”.

¿Y los defectos. Cuáles defectos   tenía?

“Perfecto no hay nadie, pero lo   definieron como un hombre químicamente   puro”. Oscar me muestra un   documental. “Escúchelo. Dice Enzo   Infante, que lo tuvo por jefe en la lucha   clandestina, que era terco, tozudo…   una idea que sostiene también su   biógrafo, profesor de la Universidad   de Oriente, Reynaldo Suárez.

Oiga lo que afirma: “Faustino es   un ejemplo de coherencia política,   por una parte está su lealtad absoluta   a Fidel y al proyecto socialista   cubano, y por la otra está su rectitud,   defender las ideas en las que   cree, y defenderla incluso al costo   de ser criticado, o incluso al costo   de un puesto público. En ese sentido   es cabeza dura… Pero esa es la conducta   de la Revolución cubana… es   la conducta de este pueblo…”.

Afirma Oscar que la cercanía a   Faustino lo hizo mejor revolucionario.   “Fui su alumno, aunque él jamás supo   que fue mi profesor. No tuve tiempo   de decírselo. Aquel diciembre salió de   la oficina para el hospital. No volvió…   Han pasado 20 años…”.

Publicado en TRABAJADORES

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